22 nov. 2013

HERIDAS DE LENGUA... (Dialogos con Antonio Villegas)

Solemos comenzar con un saludo, de esos de tú a tú, ràpidos, riéndonos gráficamente (ya se sabe, jajajaja)... Antonio es uno de los interlocutores más amenos que he conocido, yo soy de poco sintetizar (ya me lo dijo Paco Díaz también), me disperso mucho, pero con Antonio no... Con Antonio solemos ser de preguntas- respuestas, o respuestas-preguntas, y muchas risas. Las conversaciones son divertidas, y en una de ellas, hace unas noches, salió el tema de las heridas,  y sin proponérmelo yo dije eso de "heridas de lengua"... Antonio me sugirió que era un buen título para un libro, y luego nos dedicamos a desmenuzar las heridas de la lengua, esas que los dos sabíamos por qué se habían colado en la conversación, pero que, en un tono de humor del que siempre hacemos gala, conseguimos llevarlas a otro extremo, y es que, cuando la inteligencia se suma a la ironía suelen dar como resultado intercambios de opiniones de lo más variopintas. Las heridas de la lengua, esa que es daga y es puñal, la que apuñala a salivazos fuera de sitio y de lugar, la lengua que no se detiene ante nada, que es cobarde a veces, por eso hiere a la espalda, por eso se esconde en esquinas y se refugia en portales, para que su ataque sea secreto, a oscuras, en silencio, resguardándose en la boca una vez cometido el crimen. Las lenguas irrefrenables, esas que manejamos sin mucha lógica, sin medida, sin orden ni concierto. La lengua hiere, tanto o más que un arma blanca, porque el arma blanca, el puñal, la daga, la espada, hieren el cuerpo y en el cuerpo se ven las cicatrices y se curan. La lengua hiere al honor, al respeto, a la integridad psíquica y emocional, la lengua hiere a la dignidad, hiere los más íntimo que tiene una persona. Y esas heridas no son visibles, pero van lacerando el alma y van destruyendo la mente... Y a esas heridas comenzamos refiriéndonos.
Luego, de forma magistral, (porque ambos lo somos, valga la poca modestia) invertimos el significado, para hacer de un tema doloroso un tema sensual, las heridas de lengua, que yo sugerí que pueden ser otras, tal vez porque cuando charlas con un amigo, cuando la mirada se entristece y tu alter ego te avisa de que puedes cerrar los ojos y sufrir, sueles dar la vuelta a la tortilla, que se dice vulgarmente, y encuentras, en esos rincones divertidos, talentosos y semiprohibidos de la mente, la rendija por donde escapar del hastío que algunas lenguas provocan, y buscas unas mejores heridas de la lengua, las heridas de los besos, las de la caricia labial, bucal y lingual, las del roce sensual, erótico y provocativo que una lengua sugerente puede llevar a cabo en su recorrido cuando su ataque no pretende anular, ni hundir, ni envilecer, sino enloquecer, excitar, desear, amar y poseer. Decididamente me gustan más estas heridas, porque esas heridas, las heridas de la lengua amante son bálsamo para el dolor y acicate para los sentidos, porque en definitiva, las heridas de la lengua, esas que de verdad nos duelen, son palabras lanzadas al viento, frases dichas por lenguas podridas, y a mí, sinceramente, me gustan más que me hieran las lenguas sanas... Fue una conversación de risas, como suelen ser todas cuando al otro lado se tiene una mente rápida, una mente honesta, forjada en mil batallas (nunca mejor dicho) que sabe de la experiencia del dolor; siempre es grato comprobar que, las heridas de lengua, la mayoría de las ocasiones, no pasaron de ser un simple salivazo, un taco de impotencia o un insulto desmerecido para quien no podemos herir de otra forma mucho más digna, más valiente y más honesta... Gracias a Antonio Villegas, escritor, que me hace ver que los caballeros existen, que sigue viva la hidalguía, que hay quien sigue poniendo picas en Flandes y que hay quien sabe, a estas alturas de la vida, usar el noble acero toledano...