24 abr. 2017

UNA MUJER DE GRAN CONTORNO... (Experiencia personal)

Para no dar muchos rodeos, basta decir que ha estallado la primavera, y con ella, últimamente, ha estallado la moda de las compras por internet. Nunca sabremos cómo comenzamos, bueno, yo sí, y casi todas, una amiga nos habla de lo bien que le ha ido, nos enseña un modelito divino de la muerte, una pieza de bisutería extraordinaria y la comodidad de no tener que moverte de casa, y el precio. Páginas de ropa súper barata con modelitos dignos de la mejor boutique. Y aquí, una servidora, hace caso a sus amigas, así que ¿por qué no? Vamos a adentrarnos en una página chulísima que tiene mi talla, aunque eso parezca imposible, al menos eso creía, porque la talla venía, es decir que era la misma talla que yo busco y rebusco en cualquier boutique o grandes almacenes. Y allá fui, unas blusas monísimas en las que ya me imaginaba embutida luciendo tipo (es un decir, no es una frase literal, que conste) y además por un precio escandaloso de bajo. Así que llevé a cabo, paso a paso, todos los trámites hasta recibir el correo confirmando el pedido y avisándome de que estaba en camino… Y esperé… Y llegaron. Me puse contentísima mientras firmaba el recibo del paquete, subí rauda hasta mi dormitorio, me planté delante del espejo y desembalé las blusas de sus envoltorios llenos de papel de burbujas… La primera me dejó un poco pensativa, dubitativa, que diría un amigo mío, la miré como cuatro o cinco veces, cogida por los hombros con mis manos, frente a mis ojos… yo allí no entraba ni de coña, fruncí el ceño y miré la talla, era mi talla… Había dos posibilidades, una era que yo, en dos semanas hubiera engordado seis o siete tallas, otra que la página en cuestión no diera tallaje legal, es decir, que jugara con la ilusión de futuras compradoras. Mi hermosa blusa gris (y alguna amiga puede dar fe de que es verdad) había sido confeccionada para la Barbie, y yo soy más Nancy rural… Bueno, había que probar con la segunda, una maravillosa blusa roja, de tul, con topos en el mismo color, que me iba a servir para combinar con un pantalón pitillo blanco (sí, una servidora usa pantalón pitillo aunque parezca pantalón puro habano, sin cachondeos jajaja)… También, a primera vista pensé que no era mi talla, pero había que probar, la veía un poco más grande, cosa que tampoco entendía, si las dos eran de la misma talla, ¿cómo una era la equivalente a una 38 y la otra a una 44 más o menos? Bueno, misterios de la sastrería. Intenté ponérmela, me costó pero entró, bueno, parecía más bien un corsé, el problema, el gran problema fue quitármela, intentar sacarla, cogiéndola por el bajo e intentando ascender hasta arriba… Craso error, al intentar colarla por completo dentro del desparrame de mollitas acumuladas se me quedó atascada entre el pecho y el cuello, y ahora el problema era sacarla, porque intenté desesperadamente mover los brazos que semíembutí en unas mangas estupendas de encaje y tul, llegada hasta aquí yo ya estaba roja como amapola, intentaba  que la blusa saliera sin mucho destrozo. Cuando conseguí deshacerme de la estupendísima blusa notaba que me faltaba el aire, sudaba (perdón, pero es que sudaba) con desesperación y mi respiración se había acompasado a los latidos desbocados de mi corazón… Bueno. Tuve mi experiencia. No fue una experiencia religiosa sino desastrosa. Superada la primera decepción, cuando comprobé que mi volumen no es el que la engañosa talla decía reparé en otro de los productos adquiridos a través de la fantástica boutique cibernética, una camisa genial, sport, de cuadritos, pasó como un rayo la imagen de la modelo que la lucía, le quedaba de muerte, y como un fugaz rayo también me la puse y me la quité. No me derrumbé en la cama porque una tiene dignidad y sabe encarar las derrotas, he aceptado deportivamente que las modelos que lucieron las blusas que me enamoraron tienen treinta años menos que yo y treinta kilos menos, así pues, no debo de culparlas, pobres ellas, que son niñas estupendas que se ganan su sueldo dignamente, me debo de culpar yo que creí que la firma en cuestión sería honesta con las tallas… Quedaba la prueba de fuego, un camisoncito lila, estupendo, sensual (sí, sensual, aunque ustedes no lo crean las cincuentonas también usamos esas ropas interiores tan sexis jajaja), al menos ese suponía que me estaría bien… Y me entró, del todo, me coloqué todo en su sitio, porque hay edades en que determinadas partes femeninas (masculinas también, aunque les pese a los señores) van a su aire, comprobé entusiasmada que me quedaba bien, más que nada porque es suelto y no se ajusta a curvas, o lo que en un tiempo fueron curvas, porque ahora todo es, más bien, un camino zigzagueante. Al menos una de las prendas internautas me quedaba bien, o casi, porque si comienzo a reparar en el conjunto confirmo que no es legal colocarle semejante camisoncito a una niña de veinti pocos años y que una señora de cincuenta y pocos se quede extasiada con la visión… Como toda fábula, toda vivencia, toda derrota, esto tiene también su moraleja, su resumen final, su conclusión rotunda y para siempre: Me niego de ahora en adelante a comprarme ropa por internet. Yo sé que hay señoras a las que les gusta, les queda bien, les va de lujo, pero mi experiencia ha sido nefasta. Regresaré a los percheros de boutique, a los vestidores en los que si alguna prenda no te sale puedes pedir auxilio, desconfiaré de toda talla cibernética que puede ser manipulada y hundirme en la más vil miseria, por aquello de que soy de buen contorno, contorno en general, no voy a especificar porque viéndome se sabe que me refiero al completo. Así pues, y sabiendo que la devolución es imposible, tengo amigas con tres o cuatro tallas menos que yo, les voy a dedicar el regalo, seguro que a ellas les queda de muerte, no tendrán que descoyuntarse cuando se quiten las prendas, ni emitirán quejas mientras se embuten en ellas. De todo se aprende, yo he aprendido lo bonito que es ir de compras a pie, mirando escaparates y luego pasear las bolsas sabiendo que todo lo que ellas contienen queda como anillo al dedo, aunque el dedo tenga dimensiones hermosas también se hacen anillos a medida.