15 may. 2017

Y SE REPITIÓ LA DEBACLE... (Una opinión personal)

Si soy sincera tengo que decir que me había olvidado de que el Festival de Eurovisión seguía en vigor y se seguía celebrando. Soy poco de ver televisión, ni siquiera sé la forma de elección de las canciones que concurren a dicho evento. Mis recuerdos “eurovisivos” se remontan a casi siglos atrás, yo recuerdo de niña a Karina, a Salomé, más mayorcita a Mocedades, a Sergio y Estíbaliz, a Betty Missiego, y ya, en mi juventud a Sergio Dalma, Azúcar Moreno, para llegar al colofón con Rosa López, no, no me he olvidado de Remedios Amaya, que, mucha risa mucha risa, pero paseó el arte flamenco; que no gustara fue otra cosa, pero arte lo tenía y lo tiene, al menos así lo veo yo, hay que tener arte y valor para presentarse delante de Europa entera, bailar descalza y cantar igual que se canta en las Cuevas del Sacromonte, que, dicho sea de paso y pese a quien pese, son visitadas por miles de turistas que, no nos votarían en el Festival pero se dejan el dinero en ver arte andaluz puro y duro… Llegada aquí mi corta memoria “eurovisiva” y sin olvidar aquello del Chiquiliquatre (que eso sí fue para olvidar), me encuentro las redes saturadas con críticas al chico que nos ha representado en esta ocasión. Se habla de que hizo un “gallo”, de que la canción no valía un duro, y no sé por qué, pero no me sorprendo. Cuando se da a elegir al pueblo a través de las redes nos olvidamos del cachondeo que se genera, dejar en manos de la idiosincrasia virtual la elección me parece, como mínimo, irresponsable. España, (y lo digo bien, España) siempre envió a dicho festival a cantantes consagrados, otra cosa luego fue la suerte, pero decir que la canción de Portugal era buena ya me parece un poco temerario. Se nos olvidan voces como Abba, Celine Dion o Mocedades, o Sergio Dalma, o Raphael, por poner unos ejemplos válidos. Lo cutre de Eurovisión no viene dado por los intérpretes sino por quienes los colocan en un escenario que les viene grande a la inmensa mayoría. Se ha cerrado el kiosco del buen gusto y lo extravagante comienza a hacer estragos para hacernos olvidar que estamos delante de un Festival de Música, música, que se nos ha olvidado incluso lo que es la música. España habla un idioma, el español, el castellano o como se le quiera llamar, pero se instauró la moda de mezclar inglés, no sé por qué se hizo o se permitió, desde aquel “Voulez-vous danser avec moi” de José Vélez en París, no sé el motivo, nos dio por incluir frases en lenguas extranjeras. Tal vez el deseo de empatizar con los lugareños nos llevó a la ridícula manía de dejar a un lado nuestra lengua, segunda lengua más hablada del mundo… Siguió Rosa López con su “Europe`s living a celebration”, y ya nos acostumbramos a decir alguna frase inglesa, aunque no tuviéramos ni idea, como es mi caso… Y llegamos a este muchacho, Manel, al que las redes han crucificado, las mismas redes que, supongo, votarían para que acudiera. Es decir, se confirma el refrán “nadie es profeta en su tierra”, no porque el Festival se haya celebrado aquí, que no ha sido así, sino porque los mismos que votaron ahora lo juzgan, he leído que la letra era malísima, que la voz era malísima, que la puesta en escena malísima… ¿por qué ha ido este muchacho a Eurovisión entonces? Se sabe que Rosa López, con una voz impresionante, con un coro de lujazo (no olvidemos que salían de una escuela de famosos, que no de música) tampoco fue lo que se esperaba. A veces pienso que la osadía se paga… Eurovisión fue Julio Iglesias, Raphael, Paloma San Basilio… ¡ahí es nada! Hemos osado creer que cualquier cosa vale, Portugal fue lo menos malo, sinceramente, no sé si con el corazón en la mano o no, pero España ha tenido muchas canciones, muchos intérpretes que debieron de ganar, que fueron buenos, que han seguido siendo buenos, que son, ahora, intérpretes de renombre. Eurovisión ha acogido a grandes voces, las mencionadas ya, y, de verdad, escuchar ahora, en estos años en los que todo se decide virtualmente, algunas interpretaciones, algunas puestas en escena, algún vestuario, me da mucha pena. Siempre creí que Eurovisión era una Gala, la Gran Gala de la Música en Europa. Esta mañana he escuchado, visualizado, reparado en muchas de las interpretaciones, se me quitaron las ganas de seguir, me daba cierta pena. Como dije al principio, hace años que no veo el Festival, de hecho, es cierto, creí que España ya no participaba en estas líderes, que se había retirado. Me picó la curiosidad cuando vi los muros de mis amigos, cuando supe que había quedado en último lugar. Sé que se habla de que Portugal ganó por sencillez, sin grandes estruendos, tal vez ahí esté el quid de la cuestión, en que menos es más, y se nos está olvidando. No se trata de mucha música, se trata de voz, y, quizás, las redes, están llenas de demasiado ruido y pocas nueces… No sé si España volverá a Eurovisión, pero yo, si tuviera voto decisivo, preferiría amarrar al puerto la nave, dar un descanso y plantear el tema de forma diferente, creo que con algunos ridículos ya es suficiente, y no hablo del ridículo de Manel Navarro, que fue quien dio la cara, sino de quienes votaron sin tener en cuenta que Eurovisión no es un concierto “botellonero” ni un evento para hacer aerobic en la playa. Siento mucho que este chico se tenga que volver con el sentimiento del fracaso, que se le esté desollando virtualmente, siento que haya sido la cabeza de turco para pagar, musicalmente hablando, la falta de responsabilidad a la hora de decidir qué voz va a defender a un país, repito, musicalmente hablando… ¿De verdad toda la culpa es de Manel Navarro? ¡¡ No sé yo, no sé… !!