12 jun. 2017

HASTA PRONTO... (Un respiro para vivir)

Viene bien respirar sin prisa, de esas ocasiones en que pateas una ciudad y te das cuenta de que no hay nada mejor que hacer que dar pasos cortos, detenerse a mirar hacia arriba, a los tejados, esos que rara vez observamos, ocupados como estamos en nuestra vida pegada al asfalto. Y después bajar la vista hasta el suelo, un suelo empedrado de historia y de siglos, de esos pies descalzos que lo caminaron, mujeres de cabeza cubierta y faldas oscilantes entre sonidos quebrados de telas gruesas que reservan para los escogidos las piernas morenas de la raza de mujer que parió esa ciudad a fuerza de orgullos y de luchas… Es bonito pasear así, cogida de una mano, escuchando historias, aferrada a un brazo de vez en cuando para no caer, aceras tan estrechas que es imposible caminar a dúo, y limoneros que se escapan entre muros que los tienen cautivos, la cautividad permanente del Sur, de los soles que abrasan en veranos perdidos, rememorar a cada paso aquellas historias hebreas, judías, árabes, escuchar cascos de caballos rompiendo la soledad y el silencio de callejuelas ocultas, tan angostas que es difícil imaginar cómo serían aquellas escapadas y aquellas batallas. Córdoba es así. Es tímida, ha sido descubierta cuando ya se decidió que era Patrimonio de la Humanidad, que tiene en cada uno de sus rincones la belleza y la solera, y el derecho propio. Se abastece de mil lenguas, de una diversidad cultural increíble, el mismo lugar que se pisa ha sido Sinagoga, y pasó a ser refugio de Almanzor y después para los Grandes de Castilla… Piedra sobre piedra, igual que su Mezquita, columna contra columna, erguidas, como sus olivos. Pasear Córdoba es hacer del andaluz la bandera y el idioma, y reclamar el Califato, este Sur sí que es Reino propio, porque así se vivió y así se decidió. Patios que dan vida y rezuman paz, y calma… Y así ha sido, la calma para alejarme un poco del mundanal ruido, de este jolgorio popular en el que, en ocasiones, convertimos nuestras vidas, olvidamos los silencios, los ecos de nuestros pasos, el murmullo de los besos y el choque de las manos, y hay que recuperarlo. Tal vez por eso creo que es el momento de hacerlo, dejar que el tiempo me devuelva virgen a la memoria y se lleve lo que dolió, y me crezca con lo que se vivió. Recorrer Córdoba, que será escenario pletórico de mi última novela, que he procurado respirar para hacer que mis protagonistas la respiren . Y de allí a acá, decidiendo darme un margen, el justo para recuperar mi lugar, el que a veces olvidamos que tenemos, ignorar que existen redes, indiferente a pantallas y mensajes subliminales de los que todos nos hacemos eco porque nuestro psiquis así lo exige cuando pasamos los cuarenta días de rigor en algún desierto putrefacto que amenaza con contagiarnos la picajosa sarna de la maldad humana. Es bueno dejar todo eso atrás, olvidar para que nos olviden, desaparecer para que no nos encuentren, caminar de puntillas para que no nos escuchen. Escapar y dejar al mundo con sus devaneos y sus intercambios solapados… y escribir… ¿Qué me traje de Córdoba? La certeza de que es el momento, de que llegó el “Hasta luego”, ese que deseé tanto poder decir. Cuatro años escribiendo en un blog casi a diario, cuatro años en los que el alma se fotografía entre letras, cuatro años de sentimientos y de historias… son muchos años para quien no cogió jamás un ordenador hasta hace cinco años. Y eso es demasiado. Digo hasta pronto y desaparezco por el escenario sin demasiada pena ni gloria, intento seguir escribiendo, seguir ejerciendo mis papeles al margen de la literatura. Intento ayudar en lo que puedo, que no es mucho, intento animar a quienes están a mi lado. Yo yo yo, porque si el yo falla fallan las expectativas que los demás puedan tener en nosotros. Me voy porque tengo que amar, que besar, que acariciar, que caminar, que reír… y escribir, me esperan mis personajes reales, quienes me aman, quienes me odian y seguirán odiándome, quienes me conocen para compartir, quienes sólo conocen de mí mi rostro y mi nombre, quienes se me cruzan en la calle, quienes me comentan mis escritos… Paz. Necesito paz, hay vuelcos en la vida que son difíciles de salvar, cuando se salvan se sabe que, después del triple salto mortal, hay que demorarse un poco en reponerse del impacto. Así pues, digo “Hasta pronto”. Me retiro a mis aposentos, a asomarme a una reja forjada, a escuchar el murmullo de la plebe fuera, a ser mera observadora de fiestas, bailes, contubernios y confabulaciones. Detrás de la reja, escucharé el agua de fuentes cristalinas y la risa de la inocencia. Y escribir… A quienes leéis mi Blog, gracias, volveré pronto, cuando los astros de alineen y así lo decidan, mientras tanto, sed felices, cuando suceda en mi vida algo digno de ser recogido así lo haré, mientras tanto sigue mi ruta, íntima, sin demasiados sobresaltos, los justos para, como digo, respirar, porque todos los sobresaltos son necesarios para removernos por dentro… Feliz verano, sed felices, o, al menos, hay que intentarlo.