3 sept. 2017

DE UNA GORDITA A CARMEN BORREGO... (Desde la simpatía)

Hay noticias de la “beauty people” que me dejan un poco sorprendida, no por nada, sencillamente porque todavía conservo la capacidad para la sorpresa. Tal vez mi sorpresa venga porque no suelo ver los programas de cotilleos y cuando me encuentro con uno que salta mientras hago zapping me deja pegada a la pantalla, con la boca abierta, los ojos como platos, incapaz de asimilar de forma rápida lo que mis asombrados oídos están escuchando. En esta ocasión sucedió con Carmen Borrego, la hija de la señora Teresa Campos, una señora que debe de rondar los cincuenta años, una edad estupenda para pasar de “historias peregrinas” y no dar la importancia vital que está dando a unas fotos… ¿Qué fotos? Pues parece ser que se han publicado unas fotos en las que la pequeña de las Campos luce su hermosura en bañador… y parece ser que se ha enfadado porque las fotos no están divinas de la muerte, y porque cree que se han reído de ella, o que se han reído literalmente en las redes de sus redondeces, de su cara rellenita o de sus poses… Y digo yo… ¿por qué se enfada la gente por eso? Somos mujeres reales, ellas… ella, debería de dar ejemplo, es decir, pasar, reírse, no pasa nada, señora Borrego, usted tiene kilos de más, algunos neuronas de menos, no sé quién debería de ofenderse más, yo luzco también mi cuerpo serrano, no me importa aparecer en fotos en bañador, con mi barriga, mis mollitas tipo muñeco michelín, no pasa nada, señora Borrego, estar gorda es una cualidad o característica del ser humano, ser delgada también, o rubia, o morena, los adjetivos los hemos convertido en insultos nosotros, los humanos, no pasa nada, señora Borrego… Tampoco sé por qué la llamo señora, yo soy mayor que usted, igual en edad soy mayor, pero igual soy igual que usted en kilos, y los arrastro, y los luzco, y me río, y vivo con ellos, con mi capacidad para no sentir remordimientos por comerme un helado, no me enfado porque alguien me haga una foto poco agraciada y la comparta en público en las redes, porque esa, les guste o no a los demás, esa soy yo. Si no me gustan mis lorzas puedo pasarme a dieta el resto de mi vida, o someterme a una cirugía de la que no me garantizarían que quedara hecha una sílfide, así pues, como me gusta disfrutar la vida porque mi salud aún me lo permite, disfruto de un bocata de atún, de un batido de chocolate, de un cocido, y soy gorda. Esto, señora Borrego, es como una terapia de desintoxicación, hay que decir “Hola, soy Encarni Barrera y soy gorda”, y no pasa nada. No se enfade porque crea que su valor profesional cae por unas fotos en bañador, si hay gente que piensa eso es porque esa gente carece de valor, todos sabemos que la tele saca a gente guapa, maquillada, pintadita, con ropas estupendas, y que, cuando estamos en la playa no hay maquillaje, ni ropas que disimulen tripas o papadas, pero le aseguro, señora Borrego, que no pasa nada… Las famosas como usted, precisamente, serían las que deberían de tratar temas como este con la mayor naturalidad del mundo, usted puede decidir si quiere dejar peso, si quiere operarse, si no lo hace es porque (supongo) se encuentra bien así, entonces… ¿Por qué ese enfado por sus mollitas? ¿Tanto le importa que un puñado de gente que no la conoce hable de sus kilos? Usted tiene una edad en la que ya debería de tener constancia de su personalidad, de sus prioridades, de su valía, saber que estar gorda o delgada tienen la importancia que cada cual deba darle. Vivimos en una sociedad estética, hemos creído a pies juntillas que la sensualidad, el sex appeal, el poder de conquista sólo están en manos de mujeres delgadas, esbeltas, jóvenes, sin arrugas, con botox… somos rebaño, y mujeres que tienen en su poder el cambiar concepciones van y se ponen de morros con periodistas que las sacan en bañador, mujeres famosas que han aparecido en otras ocasiones, maquilladas, en fiestas, en realitys… Creo que hay que desdramatizar las fotos de mujeres gorditas, porque somos muchas, porque caminamos por la calle, porque estamos en playas, porque ya no tenemos las prietas carnes de los quince o los veinte, pero las tuvimos, porque tenemos la edad de reírnos de nosotras, y haremos bien a las demás, la vida es una, no vamos a vivir otra vez, sólo esta, cuando muramos moriremos para siempre… señora Borrego, lamentablemente ustedes han vivido la dureza de la enfermedad, y, sinceramente, creo que sus fotos en bañador son estupendas, estupendas comparadas con las de su hermana durante su enfermedad, gordita, sí, pero sana… Hágame caso, si leyera esto, no se preocupe por unas fotos en las que aparece con papada, no es malo, ni lo es su barriguita, ni sus senos. Ríase, diga que es porque es feliz, porque vive, porque, afortunadamente, vive… No responda con que la han sacado fea, la fealdad, como la belleza, no son exclusivas de la juventud, sino de los ojos que a usted la miren, los ojos con los que se mire usted. La belleza está en la actitud… Señora Borrego, estar gorda no es delito, no es sinónimo de fealdad, créame, tampoco deberíamos de sentirnos tan ofendidas por unas fotos, porque esas fotos son de una mujer real, que lejos de sus apariciones en televisión estaba en una playa pública, como si en lugar de fotógrafos profesionales las hubiera hecho su vecino de hamaca, es igual, usted está en un lugar público. No se enfade, no merece la pena, a las gorditas nos viene bien ver a personas conocidas que pasean sus cuerpos, más bellos  (según algunos) o menos bellos (según algunos) sin complejos, asumiendo, aceptando, felices… De gordita a gordita, ¡viva!, señora Borrego, viva feliz, sana, agradecida por haber superado usted misma una enfermedad, acumular kilos, como acumular años, es señal de que, por suerte, todavía estamos aquí…