18 ago. 2018

HA CAÍDO FEDERICO... (Poesía. Homenaje a Lorca)

La luna llena de agosto con su blancura espumada,
con sus ojos misteriosos y la sonrisa borrada,
ha acogido la agonía de las letras de su alma,
los ojos negros clavados en la noche imaginaria
que lo arrancó de la vida y lo alejó de Granada.
Y ha caído Federico en esa tierra abonada
que recogió el primer llanto perdido en Sierra Nevada,
unas gotas carmesí recorren los arriates
en donde las azucenas quedan manchadas de sangre;
un llanto lejano duele y un grito cercano late,
y se ha rasgado la noche, y la luna que se cae,
un disparo que hace eco en la arboleda y la carne,
y las tierras granadinas van proclamando su duelo
Fuente Vaqueros se viste de eternos negros pañuelos...
Ha caído Federico, Bernarda Alba enlutada,
el poeta en Nueva York a través de la ventana
gime con lágrimas moras por la suerte de Granada;
y un cante jondo retumba entre romances gitanos,
donde las bodas son sangre y Yerma acuna en sus brazos
a Ignacio Sánchez Megías y su capote sudario.
Adiós, Federico, joven, poeta y gallardo,
granadino que recibe de la crueldad los balazos,
de las estrellas el beso, y del agua su descanso,
adiós, Federico, niño, adiós a tus versos nardos,
a tu sonrisa serena... te dejaron sin camino
para recorrer tus años.

29 jul. 2018

FAMILIARES Y TRASTOS VIEJOS, POCOS Y LEJOS... (Refrán popular)


Hace dos meses que no aparezco en vivo y en directo por este rinconcito mío, íntimo y personal, tal vez porque decidí tomarme un tiempo, porque andaba terminando novela, porque necesitaba tiempo para mi vida personal… ¡en fin! por esas mil cosas que nos van retrasando la vida constantemente… Hasta esta mañana. Como suele pasar muy a menudo en este íntimo y personal Blog, siempre sucede que, después de una charla, según el tema que se toque, me ponen ruedecitas en la mente los amigos que se alternan al teléfono y con los que comparto diálogos… Y, como sucede otras veces, eché mano al refranero… Hoy toca uno de esos refranes a los que mi abuela Tita recurría en muchas ocasiones, “Familiares y trastos viejos, pocos y lejos”. Cuando era niña no comprendía muy bien aquello de desear bien lejos a algunos familiares… hasta que se crece, hasta que se observa, hasta que comprendes que la sangre, esa que se comparte entre miembros de un mismo clan y que por tanto es la misma, deja de ser la sangre familiar para convertirse en la sangre traidora, de ahí el dicho de que la traición nunca viene de un ajeno, viene y duele cuando llega de la propia familia. Y es que familia tengas y la entretengas, esto no es un refrán, es una frase que me surgió esta mañana, porque, últimamente, después de vigilar como "vieja del visillo" estas redes benditas y malditas, después de conocer situaciones y saber de no preguntas y no intereses, he llegado a la conclusión de que, efectivamente, a veces, la familia, esa que debería de apoyar, animar, preocuparse, interesarse, defenderte, cobijarte, alentarte, comprenderte y sobre todo RESPETARTE, termina convirtiéndose en el público de tu película, esa que, en ocasiones, esta vida nuestra, nos lleva a intentar protagonizar en secreto y en silencio. Vano intento, porque esa familia, la que está ávida de noticias porque en sus vidas tampoco pasa nada digno de mención, está a la que salta, para poder comentar en petit comité nuestros avatares, petit comité quiere decir nuestros familiares que están en consonancia unos con otros, porque luego están los que están a la greña unos con otros, los que se niegan a compartir mesas en eventos “familiares” a los que, verdaderamente, hay ocasiones en las que es mejor no asistir… Y así desglosaba yo el refrán simpático y guasón de mi abuela, comprendiendo que, efectivamente, a veces es mejor tener a los familiares bien lejos, igual que a los trastos viejos, porque, por avatares de la vida, llega un momento en el que se nos pone encima de la mesa su inutilidad, ya no sólo para hacernos un favor, sino para, como mínimo, preocuparse por nuestra salud, así pues, si nada se aporta mejor se deporta… Hicimos recorrido ambos, mi contertulio y yo, de las tertulias familiares sobre nuestros estados, de nuestras posiciones, de nuestras ideas, eso sí, sin haberlas corroborado con nosotros mismos, por lo que, digamos, se usa la suposición, o el chismorreo por terceras partes, porque los familiares que sí están conectados entre sí tienen la virtud de que, si no lo sabe uno lo sabe otro, y si no lo saben comienzan tirando de lo que fulanito o menganito les ha dicho, que eso suele ser “palabra de Dios”… Inutilidades familiares, porque luego viene el siguiente paso: “hacerse el tonto”, es decir, preguntar sin preguntar, admiración falsa haciendo que no se sabe lo que es vox populi entre ellos, inutilidades familiares, porque, llegado el caso, cuando una o uno deciden cortar el nexo sanguíneo y dejar sin “diario hablado” al resto de la consanguinidad estos familiares se sorprenden y se preguntan “¡qué han hecho ellos!”, y es entonces cuando tenemos esas dos opciones simples: hacernos nosotros los tontos y no dar explicaciones a quienes no las merecen, o soltarles los “zasca” uno detrás de otro, porque, muchas veces, cuando nos decidimos por la prudencia comenzamos a acumular puntos para un alegato final que podría rematarse con un: Trastos viejos bien lejos, y eliminar lo de familiares, porque llegamos al punto de que de familia tenemos los apellidos y poco más. Sin contar con que en todas las familias está el sobrino preferido, el nieto preferido, el hijo preferido, el hermano preferido… y en este orden podemos cambiar añadir a las preferencias lo de el  hijo, hija, hermana, hermano, sobrina, sobrino, tía o tío “político/a”, que también puede pasar, porque, como dije al principio, se olvida de que a nuestra sangre, por principio, le debemos el respeto… Hay refranes verdaderos, lo que ocurre es que tienen que pasar años, tienen que vivirse situaciones, tienen que ocurrir hechos para vayamos comprobando cuánta de razón tenían las abuelas y el por qué surgieron esos refranes… y si no basta con darse una vuelta, cada uno por su cercado, y descubriremos veces en las que se nos abandonó a nuestra suerte, en las que no se respondió como se debía, veces en las que se nos decepcionó, aunque luego hayamos intentado olvidar y tapar, veces en las que nos hemos enfrentado, en las que se ha retirado el saludo, en las que se ha comentado a nuestra espalda, en las que  hemos solicitado no compartir mesa, en las que hemos olvidado que nuestra sangre estaba en un hospital, en las que hemos cotilleado con otros familiares situaciones íntimas del resto… Y con todo esto, después de dos meses de ausencia, me basta decir que habrá que ir cribando, porque, después de todo, los lazos de sangre no son nada. Hay otro refrán, “Hace más el que quiere que el que puede”, y una reflexión que siempre he hecho mía: La familia te cae por imposición, incluidos los hijos, que no tienen obligación de quererte, los amigos, la gente que no tiene consanguinidad se escoge, y lo demás, visto lo visto, como los trastos viejos… pocos y lejos…

22 may. 2018

CON LA IGLESIA HEMOS TOPAO... (Opinión personal)


 Soy de educación católica, apostólica y romana, criada en una familia practicante, fui catequista en una etapa de mi vida, me casé por convicción por la Iglesia, he bautizado a mis hijos y han hecho la Primera Comunión… A ellos no, es decir, a ellos no los he educado en la férrea educación cristiana de esa de prohibir, limitar, acotar y fanatizar. A ellos los educo en libertad. Mire usted por dónde nos encontramos con que el señor Willy Toledo (que no es que sea santo de mi devoción precisamente) ha sido llamado “al orden” porque un grupito elitista de abogados católicos se han sentido muy dolidos, muy humillados, muy insultados por unas palabras que, seamos sinceros, más de uno suelta en algún momento de su vida, pero ¡claro!, lo hizo en público, en las redes, que es lo más público del mundo mundial, es decir, vamos a ir sintetizando, un señor en un bar, durante un partido de fútbol suelta las frasecitas y es sólo un desahogo futbolero, igual que si lo hacen los jóvenes en un parque, o un padre ante las notas de su hijo, o una ama de casa cuando se corta un dedo o entra en la habitación de un hijo adolescente, y no pasa nada, pero ciertas cosas no se pueden decir en las redes porque ofenden a un grupo clasista que, sin embargo, no admiten como ofensas las violaciones a niños, los abusos sexuales de los que el clero tiene ejemplos con nombres y apellidos, no se ofenden cuando la Iglesia apoya o apoyó actos terroristas, no se sienten ofendidos de que haya hambre en el mundo mientras la jerarquía eclesial nada en riqueza… eso no. Se ofenden porque, por desgracia, este Código nuestro sigue en el Medievo, le falta el artículo de condenar en la hoguera y ya estaría completo, recoge unos artículos que permiten defender los sentimientos cristianos. En este país en el que hemos sufrido el fanatismo religioso, que se nos llena la boca de libertad de opinión y de culto… En este país que es LAICO, por lo tanto no tiene tinte religioso, en este país en el que no se pueden hacer canciones en las que se mencione a un Dios en concreto, pero que no pasa nada si se hace contra cualquier otro, pues sí, en este país se denuncia a un señor, sea el que sea, por una advocación determinada a una Virgen; antaño, creo que sobre los ochenta, el señor Ángel Garó ya hablaba en sus chistes de “la Virgen del cuello de pana”, pero no pasaba nada, porque eso no es falta de respeto. No es falta de respeto los chistes sobre el clero, curas y monjas, todos los hemos hecho, TODOS… A partir de ahora habrá que tener cuidado, podría ser que dijéramos algún improperio divino con oídos puntillosos, abierto el melón ya todo es comer, y nos veamos como el señor Toledo, como el joven de Jaén que pintó a un Cristo a su manera, con su libertad de expresión, que todos la tenemos. No nos atrevemos a hacerlo con según qué Profetas, con según qué Dioses, porque podemos estar en la picota, y criticamos la intransigencia de ciertas religiones. Nos jactamos de que nosotros tenemos libertad, pero… con la Iglesia hemos topao, o con un grupo de personas que se detienen en cuatro memeces mientras el mundo se hunde a su alrededor… Ya que son abogados católicos, mi sugerencia sería que limpiaran un poco el pozo, que defendieran a víctimas de abusos en colegios, que exigieran que se pida perdón por ciertos actos, que esos sí que son graves, y que, por tanto dañaron los sentimientos de niños y de sus familias, que tuvieron que callar porque no había ningún grupo de abogados que pudieran plantarle cara a ese Coloso que es la Iglesia rancia en donde nunca se han cuestionado si estaban dañando los sentimientos ajenos. Conozco personas en las que ciertas frases son normales, que salen sin querer, no lo considero una ofensa, ni ahora, que me alejé un poco del olor a incienso, ni con anterioridad, jamás lo consideré una ofensa a mis sentimientos católicos, mis sentimientos son míos, como el amor. Si me enamoro de una persona respetaré a quien no le caiga bien, no me van a herir los sentimientos porque sea criticada, mis sentimientos son míos, no los tiene que reglar un Código ni un Juez, los sentimientos son personales. Ese grupo de abogados tan católicos, apostólicos y romanos deberían de saber que una de las normas para una buena confesión es el “examen de conciencia”, que se den una vueltecita por la suya, que comiencen a vivir en el año dos mil dieciocho, en un país que no hace distinción por religión, laico y aconfesional, en donde conviven ateos con practicantes, en donde nos ponemos las manos en la cabeza ante el fanatismo, en donde cada cuál puede decir lo que quiera, defender lo que crea, y en donde los sentimientos no se llevan a juicio, porque si así se hiciera habría etnias que no saldrían de los Juzgados por las veces que se las ofende… A todo esto, como diría mi abuela, se le llama “no tener ná mejor que hacer”. Supongo que habrá católicos que se sientan ofendidos, yo, como siempre, hablo por mí misma… Hay quien es más Papista que el Papa y así nos va. Pues nada, a seguir dándole cancha en los juzgados a temitas tan importantes para el país, que entre sentencias indecentes y ofensas indecentes se nos está yendo la vida.

19 may. 2018

EL NIÑO QUE LLEGÓ CON EL OTOÑO... (Para mi hijo Alberto)


Es el niño que llegó con el otoño, con el otoño de mi vida, con la estación que antecede al invierno, esa que está llena de tardes en las que el calor del verano se vuelve olvidadizo, y el viento comienza a ser gélido en las horas matutinas. Alberto nació para traer calor estival, de ese olvidado, para sembrar de color mi otoño, igual que la primavera. Fue un niño inesperado que me dejó lágrimas de negación a lo evidente, que me enseñó a sopesar, y pensar, a decidir por mí misma, a poner encima de la mesa mis dudas y mis miedos. Me hizo cuestionarme la generosidad de dar vida y renunciar a parte de esa mía, tan relajada ya, tan indiferente ya, cuando ya has hecho los deberes y los hiciste bien. La vida me presentaba otra reválida, una más, en ese otoño en el que yo creía que ya todo lo sabía… He hablado mucho de mi maternidad tardía, igual lo que nunca dije es hora de que vaya lanzándolo fuera, para así recordarlo siempre. Mis llantos a solas, “¿por qué?”, fácil respuesta, porque eso sucede, porque el cuerpo, mientras tiene vida responde, porque es fácil creer que todo se sabe, que son cosas que no van a suceder. “¿Y ahora qué?”, pues volver a empezar, dejar atrás lo aprendido, dejar aparcado mi trabajo, dedicarme a recuperar las veladas y aceptar el sueño, colocar un pecho en una boca y admirar la succión de quien ha crecido dentro de ti.
Alberto hace mañana su Primera Comunión; alejada ya de decisiones dictatoriales fue libre para decidir por él mismo, como libre ha sido su hermano en cada decisión de su vida, como libre soy yo y lo es su padre. Lejos de una gran fiesta, como fue la de su hermano, en esta ocasión se va a centrar todo en él y en su familia, la suya, porque luego, con los años, descubrimos que cada uno tenemos una y no podemos adherir la de la otra parte como tal, en la vida suceden situaciones que nos enseñan que cada cual porta una sangre. Ha sido un niño despierto, con una inmadurez del lenguaje que le hizo asistir a logopedia, demasiado ágil mentalmente para que su pequeña lengua fuera capaz de resolver las cuestiones cerebrales. Es un forofo del fútbol, no le gusta demasiado estudiar, estudia lo justito para ir sacando sus cursos, mis regañinas, sus aceptaciones de que así es, “es que estudiar me gusta poco, mamá”… Es un niño cariñoso, de esos de besos continuados, los que ya comenzaban a faltarme, porque los hijos, cuando crecen, olvidan besarnos, a no ser para la foto de rigor o porque dependan de nuestro “Money”, o porque saben que tienen caprichos que ya, a una edad, resultan puro egoísmo. Esa es la ventaja de un niño pequeño, que no conoce el interés, te quiere por cómo eres con él, no sólo a los padres, también a quien se acerca con una sonrisa y le bromea, pero también le puede reñir cuando toca. Alberto mañana habrá crecido lo suficiente como para celebrar un Sacramento por él mismo, sin que nadie lo haya empujado. No sé si seguirá su camino entre la práctica de la religión católica, poco a poco será él quién decida. A mí, sinceramente, a estas alturas, lo que me preocupa es que es un niño que crece sano, que acepta decisiones de adultos, que puede soltar una lágrima porque hay cosas que no comprende, pero que no pone malas caras, que sonríe a quien se acepta en casa, que habla con una naturalidad pasmosa de y con personas anexionadas, que no entra en diferencias clasistas ni raciales, al contrario, defiende a quien sabe que se puede estar marginando… Me cuestioné si nacería o no, tenía la opción de elegir, sopesé los pros y los contras, en aquel tiempo, aquel invierno en el que mi vientre volvió a acoger la vida veía pocos pros, todo lo veía en contra. Me hablaban de que perdería la libertad, de que una mujer a los cuarenta y cuatro, con un crío, perdería para siempre su derecho a decidir su propia independencia, me hablaron de escasez de fuerza física, de hartazgo, de que estamos preparadas para ser abuelas ya no madres… Me dijeron tanta tontería junta que decidí ser rebelde, como siempre lo fui, y aposté por la vida, por perder mi libertad, por dejar de ser una mujer independiente, por centrarme en criar y amamantar, por tomar Ibuprofeno para la escasez de fuerza, y para pedir a la vida que no me hiciera abuela demasiado pronto… Y acerté. Del todo. Soy madre, lo de abuela supongo que llegará cuando mi hijo mayor lo decida, yo no tengo ni voz ni voto, ni lo quiero, seguiré siendo madre, mi hijo, cuando lo decida será padre, pero nadie me podrá quitar las dos experiencias maternales, la de la juventud, en plena primavera de la vida, y la del otoño, cuando nada esperaba ya. Alberto me trajo alas, me trajo risas, muchas, me trajo distinto concepto del amor, del materno y del de pareja, me trajo la capacidad para saber lo que quería, pero sobre todo lo que no quería, me trajo la ausencia de culpa, esa que nos persigue a las madres de vez en cuando, ya no me siento culpable cuando le dejo unos días al cuidado de su padre o de su hermano, hago caso a su frase más habitual, “Lucha por tus sueños, mami, y sé feliz”, y cuando eso te lo dice un niño de nueve años sabes que lo dice de verdad. Los hijos a esa edad no tienen la manipulación paterna o materna a cuestas, se dejan llevar únicamente por el cariño, y mañana será un día grande, como grande fue aquel otro día, cuando supe que mi vientre no era “añejo”, sino que era capaz de crear vida, de parir con la facilidad de los veinticinco, de recuperarme como cuando fui madre a los veintiocho, un día grande en el que aposté por la Vida cuando todo estaba en contra. Y acerté. Alberto es mi bastón, mi bastión, mi almohada cuando el llanto me asalta y me abraza, mis oídos cuando su curiosidad pregunta, mi compañero diario, mi otro corazón, el que late al igual que el mío… Será un día grande para él, tendrá a toda su familia, a esa que sólo se la reúne en las grandes ocasiones. Y espero que sea feliz, que el beso que me dé mañana lleno de nervios esté revestido de todos los besos que le he ido dando desde que nació, de los que me da cuando regreso de mis viajes, de los que le doy la noche anterior a irme, de los que abarcan todo mi espacio cuando estoy escribiendo y me abraza por detrás… La maternidad tardía es sólo la que se impone, la que no se decide, la que no se comprende por mentes obtusas que creen que la madurez es vejez, cuando no se piensa que se puede aprender de ellos, de los que vienen, que nos pueden dar mucha ilusión, mucha fuerza y muchas ganas de luchar y de continuar… Mi deseo para mañana es mirar a mi hijo, ver su ternura, que no la pierda nunca, ni el respeto hacia los demás, ni esos besos que regala a quien se acerca a él, ni esa sonrisa a las nuevas personas que tiene que ir acogiendo en su pequeño mundo, que no pierda la capacidad de dar amor… que sea feliz, tan feliz como me ha hecho ser a mí durante estos nueve años, desde aquel otoño que se tiñó de primavera.

16 may. 2018

ENVEJEZCO O HE MADURADO... (Reflexión intimista nocturna)


Hay noches así, suaves. De esas en las que comprendes que es necesario repasar las horas vividas unos instantes antes. Me hago mayor. Igual por eso añoro tanto lo ido. Igual por eso es que me embeleso repasando objetos en un dormitorio juvenil, de esos de medallas y copas, y títulos enmarcados, y libros en estantes, libros que fueron infantiles primero para luego ir tintándose de juventud… Baldas con CD de música incomprensible para una madre que creció entre románticos sones cuando nos despertábamos con la movida madrileña y sus no importar a nadie lo que hiciéramos… Hay días para recorrer tiempos y espacios y darnos cuenta de que hemos envejecido, o madurado, el caso es que hemos vivido, se nos ha llenado el rostro de arrugas bellas, no porque Adolfo Domínguez dijera que lo eran, sino porque hemos descubierto que lo son porque son nuestras arrugas, llenas de sonrisas y de llantos. Creo que me hago vieja, o madura, según se mire, porque rejuvenezco cuando el brazo de mi hijo mayor rodea mis hombros mientras charlamos almorzando, porque nunca hago fotos de esos momentos, porque sé que no le gusta que le rompan el tiempo en el que me cuenta y yo le cuento, es madurar. Darse cuenta de que se alejó de aquel jovencito tímido al que le costaba enfrentarse al público, del joven deportista que nunca ganaba jugando al tenis pero que en baloncesto era bueno, el que ha seguido compitiendo en balonmano… Recuerdos de casi media vida, tiene media vida, la vive feliz y libre, a su manera, no da demasiadas explicaciones, no tiene por qué, ha escalado por él… Y yo me hago vieja o madura, según se mire, supongo que estoy madurando mientras un niño que aún no tiene diez años me anima a “conseguir tus sueños, mami”, de eso se trata, de inculcarles que las mamás que tienden lavadoras y planchan, las que les ayudan con las tareas y les riñen, también tienen sueños, y también aman, y también cantan canciones actuales. Madurar es darse cuenta de que nada importa fuera del vallado de la calma conseguida, porque se trabajó para tener serenidad, y la serenidad se ha conseguido. Porque ya no se discute, sino que se dialoga, porque han sido necesarios dar pasos para comprender que, si alguien desea un segundo intento tendremos que haber dejado el camino sin ensuciar, porque nadie que fue humillado, ni ridiculizado, nadie al que se puso en la picota y delante de la plebe para su escarnio, nos va a dar una segunda oportunidad. Porque antes de dañar debimos de pensar si, en algún momento, desearíamos volver a sentarnos y dialogar… Madurar es no faltar el respeto, porque esa falta de respeto nos puede cerrar puertas que creímos que siempre estarían abiertas. Madurar es comprender que el paso del otro es libre, como libre es el nuestro. Que las caminatas compartidas terminan pero que el camino que el otro decide es tan respetable como el nuestro. Que no importa quién lo dijo antes, importa que lo que se dijo es lo que se sentía, y cuando no se siente se padece, y hay situaciones que padecerlas es morir lentamente… Madurar es descubrir que los amigos huyen cuando les desestabilizas la vida, cuando no comulgan con la decisión tomada, cuando se convierten en juez y parte… Madurar es aceptar que había pocos amigos, que huyen cuando no respetan, que estuvieron mientras se formó parte del rebaño, iguales pasos, iguales miradas. Me gusta estar madurando, me gustan mis arrugas, me gustan mis descubrimientos aunque algunos me hagan daño, aunque me hayan costado lágrimas… Madurar me ha ayudado a mirar a los ojos a las personas que sí apoyaron, las que estuvieron siempre, las que apenas armaron algarabía ni hicieron ruidos, volver a reencontrarme con la mano tendida que acompañó en silencio y en ausencia, pero que, en la tempestad ha subido al bote y vino a rescatarme… Igual me hago vieja, o igual he madurado, he reconocido que no me equivoqué con la decencia y con la honestidad de quien acompañó mis días, es bueno escoger bien al principio, y conocer bien, porque puede que, en el futuro, dependas de esa persona para conseguir la paz que todos necesitamos… Hoy fue un gran día, estar con mis hijos siempre hace grande al día. Compartir con ellos y con su padre unas horas me da la certeza de que algo sí hice bien, algo lo hice muy bien. Y eso, pase lo que pase en mi vida, es algo que nadie me puede quitar, porque ni él ni yo lo hemos permitido… Y es que, como dije, cuando alguien pretende sentarse enfrente de quien estuvo en tu vida cuando pasa un tiempo prudencial, debe de haberse asegurado de no haber manchado el nombre, la vida, la dignidad de la persona que ocupó tu espacio… Hoy en día es complicado madurar, somos demasiado soberbios, nos llenamos de Verdad, contagiamos a los que nos rodean de la toxicidad de creernos superiores, ignoramos que, en algún momento, la Vida, nos puede hacer ver que lanzamos un órdago y nos salió mal la jugada, y entonces no podremos limpiar el agua que ensuciamos, porque esa agua nos habrá contaminado… Hoy fue un gran día, he descubierto que estoy envejeciendo y que estoy madurando, y, sinceramente, ambas cosas me gustan, igual es porque mi boca se mantuvo callada, mis dedos no señalaron y mis pies continuaron camino, despacio, como suelen ser los pasos de las personas que se hacen mayores…

5 may. 2018

FRASES CUESTIONABLES... (Reflexión personal)


Todas y todos (por eso del lenguaje sexista) hemos colocado frases lapidarias en nuestros muros y redes respectivas, ¡y es que nos encanta la rotundidad que encierran! “Cada cual tiene lo que merece”, “Recoges lo que siembras”, “La vida te devolverá lo malo que has hecho”… y así hasta el infinito y más allá. Creo que nos hemos creído (valga la redundancia) eso del karma, de que lo malo que haces vuelve a ti multiplicado y lo bueno cuadruplicado… Creo que no… Honestamente, por mucho que los maestros en terapias, chacras, cenit azulados, montes escalados me lo digan, creo que están equivocados… Pienso en mi padre, por ejemplo. Murió de cáncer… ¿mi padre tuvo lo que se merecía? ¿Tienen lo que se merecen los niños enfermos? ¿Tienen lo que se merecen los pobladores del Tercer Mundo? ¿A los corruptos se les ha devuelto mal por mal, es decir, han recogido lo que han sembrado?... No, esto no va así, por mucho que nos gusten las frasecitas en sí, por mucho que, cuando algo bueno nos sucede, pensemos que es el karma nuestro de cada día… Puede ser cierto (de hecho yo lo creo) que una persona que es serena, que da calma, que trata con amor, esté más en paz consigo misma, pero una persona cuyo carácter es ese (es decir, CARÁCTER,  y no otra cosa) no le cuesta actuar así, porque así es, la que es soberbia, prepotente, vengativa, avariciosa, envidiosa, no será castigada, aunque reparta egoísmo, aunque levante calumnias, aunque acuse, aunque robe, aunque vaya presa, aunque tenga trapicheos inconfesables, no, eso no la hará recibir daño, ni dolor, ni golpes. La vida reparte, en el reparto unos ganan y otros pierden, unos están en la cima en algunos planos, otros en el escalón más bajo en otros. No se ven las miserias humanas, se suelen ocultar para que no parezcamos leprosos cuando vestimos ropajes caros. Nuestra cara más cruel no la mostramos, la vida nos paga según toca. Podemos haber sembrado odio y haber recogido amor, hay quien sembró dolor y recibió caricias, hay quien sembró caricias y recibió bofetadas, hay quien caminó recto en su vida y pasó hambre, hay quien acumuló riqueza con mezquindad y recibió aplausos como persona emprendedora y brillante… No, no todos tenemos lo que nos merecemos, no es cierto que se recoge lo que se siembra, si así fuera miles de personas honestas no estarían en el umbral de la pobreza, ni habría niños muertos, ni habría padres que sufren por ellos, ni habría personas justas que reciben golpes mientras quienes las golpean reciben risas y jaleosos ánimos de quienes los rodean… La vida no es justa, no podemos pedirle que sea justa, porque la vida en sí es una injusticia. Cada cual intenta labrar la suya, moverse en los valores adquiridos, quien se educó para tratar con una sonrisa a los demás lo hará, quien vivió en su casa el grito de la posesión seguirá ejerciéndola, quien mamó amabilidad derramará amabilidad a su paso, quien creció entre vanidades hará que quien esté a su lado crezca de forma igual… no es la vida, es la persona, esa persona con la que nos cruzamos, con la que compartimos, con la que convivimos, y corremos el riesgo de inocular el virus que poseamos, si poseemos un bichito bueno inocularemos lo mismo, antes o después, pero llegará, de ahí ese refrán español “Dos que duermen en el mismo colchón se vuelven de la misma opinión”, y eso sí que no es una frasecita, sino un refrán sabio y castizo, y si no hagan un recorrido por las personas a las que conocen, cuando una buena persona abandona a un tóxico termina desintoxicándose, si una buena persona se amarra a nuestra vida terminamos sabiendo que es eso lo que nos gusta de ella, lo que nos transmite… nadie da lo que no tiene, eso sí, pero no todo el mundo recoge lo que siembra, eso no… Aunque hay otro refrán por ahí, o dos, que sí que serían ciertos, “Quien siembra vientos recoge tempestades”, porque se extrapola a la parte negativa del ser humano, pero no hay ninguno que diga que quien siembra amor recoge amor, eso no, o aquel otro del “De aquellas aguas vienen estos lodos”, esto sí, pero no se tiene lo que se merece, porque todos pensamos que merecemos lo mejor y no se tiene, o no todos los tenemos, porque todo es cuestión de perspectivas. Una mala persona puede serlo para sus enemigos, o para aquellos a los que sus enemigos incluyan en su órbita, pero puede resultar una buena persona para aquellos que la quieren, por lo tanto, a la afirmación “Tiene lo que se merece” habría que preguntar a un bando u otro… Y es que, por estas redes, cuando se escribe algo se escribe en subjetivo, con el añadido de que queremos hacer nuestros las constelaciones estelares y creer que van escribiendo caminos, y, por desgracia, el único camino seguro que hay en esta vida es que cada quién es cada quién y cada quién va haciendo el camino que elige o el que el Destino le pone, lo bueno o malo que le pase, lo que siembre será problema suyo, lo que recoja será cuestión de la tierra en la que caiga la siembra, del agua con la que se riegue y de los cuidados de quién la reciba… El alma humana, o el espíritu, o el “fondo” (ese palabro tan andaluz) es demasiado personal como para generalizar por algo tan impersonal como redes tecnológicas… Creo… ya nunca tengo certeza de nada J

26 abr. 2018

HUBO SENTENCIA... NO HUBO JUSTICIA (Reflexión personal)


Las Leyes son las que son, es decir, tenemos un Código Penal que permite admitir unos abusos sexuales y que quiere que nos traguemos que, si los envuelven en los conceptos legales de que ellos eran más y ella se podía defender menos queda de lujo para emitir sentencia. Los jueces, es normal, usan términos legales, pero, digamos, que coloquialmente, esto es lo que hay… Me parece indignante, por usar una palabra floja y no ofensiva, que se parapeten detrás del Código Penal que, recordemos, también contiene el delito por Violación. Es decir, que una niña que no llega a la veintena, que igual iba pasada de copas, cae en manos de cinco tíos como cinco robles, uno de ellos militar, el otro guardia civil, y se deja hacer porque físicamente no puede luchar contra diez brazos, diez piernas y cinco penes, y porque mentalmente tampoco está en las condiciones óptimas… Ahora bien, si la chica se hubiera resistido a ser penetrada anal, vaginal y oralmente, si hubiera opuesto resistencia y se le da un golpe y se la deja muerta, entonces sí… entonces, tal vez, porque ya tampoco estoy tan segura, igual la habíamos enterrado toda España y estos cinco muchachos estarían acusados de violación y de homicidio involuntario, porque visto lo visto, capaces hubieran sido de no acusarlos de asesinato… Y todo esto me lo digo a mí misma como mujer, que ya es penoso, pero sobre todo como persona. Llegada a este punto, una servidora, si en algún momento me paso de copas, si me tropiezo con cinco machos de los que abundan y mucho, uno de ellos agente de la Ley, se supone que no puedo pedir ayuda, que no me la van a dar, que van a “abusar sexualmente” de mí porque si no les arranco los ojos y las orejas nadie va a creer que yo me negué, aunque diga que no, porque se ve que los señores jueces, en lugar de haber ido directamente al Código Penal y sus artículos sobre violaciones se han quedado en lo de abusos sexuales que viste más, con el agravante de que uno de ellos decidió absolver a todos por tan gran gesta y sólo imputar a uno por hurto, que tampoco por robo. Y en este punto ya los nervios se me disparan, porque la pregunta de rigor es “¿Tan poco valemos las mujeres?”, se nos niega el derecho a ponernos una minifalda, a pintarnos, a mover las caderas como nos plazca, a salir de noche, a beber, a emborracharnos. Miremos sus derechos, ellos sí que pueden, nadie los viola, nadie abusa de ellos sexualmente, se emborrachan, van con el torso fuera, incluso hacen gestos obscenos cuando están en estados “lamentables”, y no les pasa nada… Y hay más, porque, por desgracia esto no ha hecho más que comenzar, es que son una contradicción andante, señores jueces, así pues se acepta la alegación de la defensa de que la muchacha siguió su vida, pero en el momento en que cinco indeseables la están penetrando se le pide que grite, que se revuelva, que ejerza violencia sobre ella ¿cómo? Señores jueces, ¿ustedes imaginan lo que una niña de diecinueve años puede sentir rodeada de cinco bestias que la están usando para su uso y disfrute? ¡Cinco, señores jueces! ¡Cinco tíos! No me hablen de que el Código Penal dice. No me lo digan. El Código Penal recoge el delito de Violación, se lo repito. Y ustedes deben de velar por el Derecho. Y se han pasado por el forro el Derecho de la víctima para minimizar los daños de los culpables. Me da igual que ahora se diga que se debe de reformar el Código Penal, ustedes tenían delante veinticinco años de condena y se han cogido a lo mínimo, ¡cacho machistas! ¿Ustedes han visto la película “Acusados”? Pues ustedes deberían de ser juzgados por alentar, animar, e ignorar. No me merecen ningún respeto, ninguno. Tenían mensajes, tenían un video, vieron a una niña penetrada por cinco animales y se han quedado tan frescos condenándolos a nueve años. Leyeron los mensajes ¿vieron arrepentimiento en ellos por esos abusos sexuales? ¿En algún mensaje han leído que están avergonzados? Hubo violación, lo digan ustedes o no, ojalá el Supremo les dé un guantazo en todos los morros y se decida a hacer justicia, porque en esa niña se hará justicia a muchas niñas, porque ya no saldrá barato violar a una niña borracha en lugar de ayudarla, porque esa niña no tendrá que resistirse poniendo en riesgo su vida para que alguien la tome en serio, porque, señores jueces, ella no debe de demostrar su inocencia, porque ella era y es inocente, y ustedes tenían en sus manos todo para poder imputar a los culpables. Lamentable la imagen que han dado a toda España, a todas las mujeres, esas que soportaron antaño violaciones por parte de sus maridos, las niñas que cedieron a violaciones y abusos porque no podían denunciar, a las mujeres que tienen que evitar miradas de machos dominantes. Una auténtica vergüenza para el país. Todavía no me puedo creer que puedan haber comido tranquilos, que puedan dormir tranquilos, que puedan mirar a sus hijas o a sus mujeres tranquilos… Hay un Código Penal, había leyes para ponerlas encima de la mesa y en cambio, señores jueces, ustedes han decidido llevarnos a las mujeres de nuevo al paredón y a la prehistoria. Gracias por el ejemplo, otros vendrán que harán lo mismo.