29 nov. 2017

MANADA O JAURÍA... (Opinión personal)

Se ha escrito ya todo, se han publicado todo tipo de artículos en todas las redes habidas y por haber, por especialistas blogueros, por articulistas, por periodistas… No sé qué algo nuevo puedo decir yo, pero quería decirlo. Durante días enteros hemos visualizado el horror que puede sufrir una niña de dieciocho años a través de frases, de notas sobre su declaración, de la referencia a videos que nadie más que la judicatura ha visto. Muchas mujeres hemos mimetizado, hemos apretado los dientes, hemos fruncido el entrecejo con dolor y con rabia. Pensé escribir sobre la violación grupal (presunta me parece absurdo, la verdad) de los muchachitos autollamados La Manada justo al empezar su juicio, decidí esperar, quería escuchar, quería saber, necesitaba saber que en este país había justicia, poca, pero alguna. Quería escuchar opiniones. Algunas me parecieron penosas venidas de bocas femeninas que acusaban a una niña de dieciocho años de salir con sus amigas, al cine, de hacerse una foto, porque hicieron suyo uno de los puntos de la defensa de esta jauría, manada no, jauría, porque se lanzaron contra una víctima que, puede ser más inocente o menos, pero sólo dependía de ella mientras que cinco hombres, hombres, con su fuerza física y su bruta deseo de sexo, la acorralaban en un rellano. Algunas voces femeninas leídas por estas redes de Dios parecía como si le negaran el pan y la sal, como si fuera ella la que tenía que demostrar su inocencia. Ella denunció. Por lo tanto, aceptadas las pruebas son ellos, esa manada, los que tienen que defender la suya… y mal lo han hecho… Escuchando a su abogado defensor me reafirmaba, día tras días, en que estos cinco individuos no han podido escoger mejor a quien los va a llevar a estrellarse contra las rejas de una cárcel, aunque menudo papelón le han dado a este señor que los ha llamado “imbéciles” para decir después que eran buenos chicos. Abogado, este señor, que ha basado uno de los puntos de su defensa en que, durante una felación, no se abren los ojos, hasta tal absurdo hemos llegado a escuchar. Los detalles sobre la violación claman al cielo, penetraciones dobles, felaciones a cinco varones, jaleándose unos a otros, y eso que no hemos visto los videos, porque, encima, les quedó tiempo y ganas de grabar, sin consentimiento de la víctima ¡por supuesto! unos videos que luego revisarían para disfrutar de su hazaña… ¡que asco! Yo no tengo hijas, tengo sobrinas. Yo soy mujer. Tengo hijos varones. No sé lo qué pensarán de sus hijos esas madres. Como madre intento que mi hijo tenga decencia y la practique, respete a una mujer y tenga con ella sexo consentido, no le eduqué para saltarse límites morales de los que las mujeres, como personas, tenemos derecho… Ninguna mujer, ni cinco mujeres, ha violado nunca, grupalmente, a ningún hombre, a ningún chico, al menos no se conoce. No sé qué pensarán esas madres de sus hijos, no sé qué sentirán. Cuando una madre es conocedora de un delito de maltrato tan vil, tan miserable, tan humillante para una mujer, cuando sabe que su hijo puede perder la libertad y tendrá que cargar toda su vida con unos hechos que han marcado a una niña para siempre, como mínimo, si esa madre tiene honor, sentirá las mismas ganas de vomitar que han sentido la mayoría (doy un margen para las que –allá ellas- piensen que la chica fue culpable) de las mujeres de este país… Me he sorprendido en algunos foros con los comentarios de los varones, sorprendida y apenada. Un porcentaje mínimo de varones recriminando totalmente el acto, escudándose en la frase “primero tiene que hablar la Justicia”. ¡No! Primero hablamos las mujeres, las que pedimos respeto para una niña, las que sabemos que tendrá que seguir su vida, sí, señor abogado, salir con amigas, ir al cine, conocer a un chico, mantener relaciones sexuales consentidas, ponerse mini, colocarse escote, porque todo eso, señor abogado defensor de La Manada, entra dentro del derecho a vivir de cualquier ser humano. Hacer lo que se desee sin cometer un delito, y por hacerlo no estar incitando a que se cometa con una mujer una violación grupal grabada. No tener que soportar mensajes whatseados posteriormente jactándose de su “hazaña”… necesitamos a hombres que rechacen, que denuncien, que renieguen de los “lobos” de manadas de esta índole… En enero seguramente se conocerá el veredicto. No sé si se les condenará o se les indultará, si yo fuera la madre de esa niña, si yo tuviera hijas, pediría que se pudran en la cárcel. Como soy madre de varones pero soy mujer, pido que no salgan jamás en libertad. Porque los ejemplos criminales tienen que tener castigos ejemplares. Esa chica, señor abogado defensor, esa chica, señores todos, tiene el mismo derecho a salir que lo tuvieron quienes le infligieron una humillación tal que, lo dudo, consiga olvidar. El mismo. Dos meses antes de entrar en prisión, en Pozoblanco, la Manada salía de caza. No podemos permitir manadas, porque nos despedazarán, sin miramientos, sin cargos de conciencia, sin arrepentimientos, sencillamente porque la mujer mantuvo silencio, porque cerró los ojos, porque no habló… porque no pudo hablar, ni abrir los ojos mientras cinco lobos le arrancaban el alma a tiras… Señor abogado defensor, aprenda más sobre sexo femenino, por favor, que usted está muy verde.
 

31 oct. 2017

RIMAR ETERNO... (Poesía)

Eternamente tuya,
a pasos cortos y tragos largos,
a respiraciones lentas
y besos contados.
Eternamente tuya
sin balances, sin registros,
sin codazos que alerten del duermevela,
eternamente obstinado.
Eterna en tu piel de bronce,
y entre tu sexo mojado,
eterna en tus labios suaves
con sabor a ron amargo.
Eternamente perdida
entre tu sombra y mi hallazgo,
perdida en la tenue luna
que nunca encuentra tu abrazo.
Eternamente entregada
a tu beso asesinado
por tu caricia traidora,
a tu sentencia y portazo
de la cancela oxidada
que guardan tus negros párpados.

25 oct. 2017

EDADES DE FAJAS... (Reflexión para desterrar traumas)

Una servidora ha llegado a la edad de la faja, sí, esa prenda que se ajusta al cuerpo y mete michelines (o lo pretende), esas fajas body que se pegan a la piel como si de una segunda piel se tratara. En verano ya comprobé que era imposible meterme en algo así, era como si el material escogido fuera el neopreno, se adhería al cuerpo manteniendo el calor, que en época estival hubiera superado con creces los 40º. Así que desistí. Tampoco es que me avergüence de usar faja, o body faja, muchas, muchísimas mujeres la usan aunque no lo confiesen, sobre todo cuando la edad ha dejado la musculatura como un globo desinflado, hay infinidad de prendas en el mercado para meter mollitas o el nombre que a cada una más nos guste… Así que, ahora, con la llegada de temperaturas más bajas, hice el intento de adaptarme a la nueva prenda en cuestión… No fue tarea fácil. Es decir, la descripción de un body faja es algo así como un trabajo de ingeniería aeronáutica, con ballenaje incluido, con corchetes en zonas sensibles y, en mi caso, con tirantes del grosor de un cinturón ancho, eso sí, decorado con encajitos en la zona del busto, un poco incomprensibles, porque alguno se introduce hacia adentro y el picor puede ser insoportable. Ninguna queja, la faja body en cuestión costó un dineral, que se diría antaño, la dependienta la mostró como si fuera la joya de la Corona, y por tanto debe de hacer milagros, o eso espero. He introducido mis piernas por los huecos destinados a ellas y he tirado hacia arriba. Hay quien se la coloca introduciéndola por la cabeza, pero se corre el riesgo de que tienes que abrocharla entre las ingles y la postura es algo así como una sesión de contorsionismo a la que una servidora no está habituada, mis vértebras pueden crujir de un momento a otro, por no hablar de los michelines abdominales que no van a dar lugar a quedarse ahogados entre pecho y piernas, así pues prefiero tirar del tejido hacia arriba hasta acomodarlo a mi cintura (o lo que queda de ella) y más arriba, acomodar mis pectorales en la ubicación exacta y procurar que las puntitas estupendas queden fuera para evitar la posterior picazón… Esta tarea que parece bastante normal es altamente ardua, porque el dichoso tejido no se desplaza con facilidad, más bien se va quedando pegado por todos los centímetros por los que pasa. Cuando he conseguido colocar los bajos (dicho con moderación y todo el respeto hacia semejante parte) el segundo paso es la espalda, una misión semi imposible, porque mis brazos tienen una medida determinada y sobre todo porque, mi flexibilidad no es muy allá que digamos (por no decir nula directamente)… Me ha llevado casi diez minutos colocarme la faja body. El resultado no me ha satisfecho mucho, pero al menos mis laxitudes quedan apretadas y no viajando a su aire según me muevo, es decir, he conseguido meterlas en vereda, como vulgarmente se dice, eso sí, con el consabido saliente de las mollitas de la espalda y las de las piernas. Pero la grasa abdominal ha quedado apretada de tal manera que ahora es un todo compacto y único, y no kilos y kilos de grasita danzando a sus anchas… Ahora el resultado hay que probarlo con un vestido encima, porque hay que reconocer que hoy en día los exteriores de las fajas body`s son de lo más sensual, recuerdan aquellos corsés sexis del cine, son coloridos, alejados del color carne horroroso que bajaba la moral y todo lo demás nada más verlos, ahora los hay en burdeos, marinos mezclados con blancos, rosas fucsia, salmón, lilas, una gama estupenda con bordaditos colocados estratégicamente para que la tarea de quitarlos sea más llevadera, ya que larga es, se mire por donde se mire. No es malo ni vergonzante hablar de ropa interior, es bueno reírse de  una misma, puede que no cause risa descubrir que alguna señora rebuscó en nuestros bolsos y aireó delante de su señor esposo las bragas que usábamos, eso no se hace porque está muy feo aparte de ser de una, no pésima, sino nula dignidad, ausente autoestima y ninguna educación, porque eso se hace para infravalorar a otra mujer. Pero, en este caso, hablar de ropa interior, de edades determinadas, de que hay braguitas faja que algunas señoras deberíamos de usar porque (sinceramente) otras prendas se nos pueden perder entre nuestras orondas carnes, es la cosa más normal del mundo; vamos a los mercadillos, oteamos los horizontes en puestos de ropas íntimas, las mostramos a las amigas, pedimos su opinión, metemos las manos en el interior y estiramos para ver si nuestro trasero entrará ahí cómodamente, y todo esto a la vista de los señores que pasean y otean a su vez, porque también lo hacen. Así pues, ¿por qué no va a ser normal que una señora metida en carnes y años se coloque una faja body sexi y sensual, aunque haya perdido diez minutos, pero sonría picaronamente pensando en cómo se la van a quitar? Pues sí, mi experiencia con las fajas no ha hecho más que empezar, aunque perdiera peso, porque las señoras delgadas también las usan, porque es bueno para la espalda sujetar vértebras (aparte de grasas), y porque tampoco se acaba el mundo después de haber estado cincuenta y tres años con mis redondeces a su libre albedrío, es el momento de enjaularlas un poquito, porque ya tengo bastante con que mi mente anda revuelta, prefiero ir atando y sujetando cabos. Eso sí, si os animáis acudid a una buena lencería, porque, os aseguro, vuestras parejas, a esta edad, pueden flipar en colores con el resultado, y encima puede ser novedad excitante, que nunca se sabe… Y el resultado exterior, seguro, os gustará mucho.

24 oct. 2017

VUELA SIEMPRE... (Para mi hijo Martín)

Con motivo de su Graduación escribí un poema para mi hijo mayor, de todo lo escrito hasta ahora, junto a la poesía dedicada a mi padre, es la que consiguió hacerme llorar mientras la escribía… Por mi hijo siempre, que ya vuela solo, ojalá sus alas se sigan haciendo fuertes con cada batir…

"Vuela siempre"

Te he dado alas desde mi seno,
nunca intenté modificar tu cauce,
eres rio nuevo que brota sereno
desde los latidos que te dio mi sangre.
Me he bebido tu llanto silencioso,
acaricié tus dedos en tus sueños,
soñé que escalabas las montañas
hasta llegar triunfal a tu Universo,
y sonreí con tu sonrisa adolescente,
quizás no fui de besos despiadados,
ni de coronar con laurel tu frente;
más siempre mi corazón estuvo atado
al devenir en paz de tu corriente.
Abre las alas y vuela siempre,
que nadie rompa la cometa ilusionada
del proyecto de vida que te marques,
mantén siempre generosa la mirada
y entrega todo aquello que la vida
te regaló sin pedirte nunca partes.
Nunca olvides la raíz que te sostiene,
nunca olvides el sendero de tus padres,
nunca olvides los besos que te dieron,
ni dudes jamás de que eres dueño
de su corazón, de su vida y su desvelo.
Cuando la vida decida que me vaya,
recuerda que te tuve entre mis brazos,
que has sido la meta de mis labios
que has sido el timón de mi velero,
que fui siempre el motor callado
que te meció al ritmo de mis besos,
y besa mi frente y dime adiós despacio,
sin estruendos, como fue en los años
en los que tu voz en mi oído era el eco.
Te he dado lo poco que tenía,
un alma, un corazón, una esperanza,
una ilusión, un camino y una guía,
y lo puse todo en la mochila
del hueco de las manos de tu vida.
Vuela siempre, abre las alas,
jamás dudes del amor que hay en mis ojos,
jamás dañes, jamás juzgues, nunca humilles,
sigue la estela que ellos te dejaron,
las sombras de los que se fueron
pero siguen protegiendo y encauzando.
Respeta a quien a ti se acerque,
acaricia la mano que te tiendan,
no desprecies a quien esté debajo,
la vida sólo es una ruleta.
Dio el árbol del que sales buenos frutos,
y te entregó las llaves de tu historia
para que seas leal con tus ancestros,

Sé valiente, sé libre, abre tus alas,
para que seas de nuestra sangre honra.
mírate en mis ojos para siempre,
tu madre velará siempre tu sueño,
y vigilaré para que el mal no te despierte.
(Encarni Barrera)

23 oct. 2017

VEJEZ... (Poesía)

Es el crujido del tiempo,
el de los huesos y la desgana,
el lamento de los labios,
el palpitar de la almohada
que me recuerda los años
que acumulé en las espaldas.
Y la sangre ya no grita,
ahora gime y se resbala
entre las sienes canosas
y entra las venas hinchadas.
Y las arrugas me surcan,
y se meten en mi cama,
van apagando la hoguera
me voy quedando sin llama,
esa vejez que me acecha
entre esquinas olvidadas.
Ya no soy quien fui,
quien fui se quedó perdida
entre la espuma y el alba,
quien fui se quedó tan lejos
que ni sombra ya me avala.
Envejecer en silencio,
el reflejo que regala
la imagen que en el espejo
se difumina y se marcha,
y saber que fuimos rosa
de primavera olvidada,
que fuimos agua en las olas
que acariciaron las playas.


22 oct. 2017

SEÑALES AMATORIAS... (Reflexión con cierta guasa)

“Viajando” por esas páginas que te advierten de que hay artículos que “te podrían interesar” anoche decidí entretenerme leyendo varios. Todos iban dirigidos a conocer los pasos para descubrir si un hombre te es infiel, si un hombre está interesado en ti, si un hombre te ama… y llegada a este último ya me preguntaba abiertamente por qué sólo se escriben artículos para que nosotras sepamos las “señales” que ellos lanzan y no se escribe sobre las que nosotras lanzamos, en un ataque de ironía decidí que nosotras somos más listas y no se nos notan, aunque después de averiguar que eran redactoras (supongo) o articulistas femeninas decidí que eran poco de fiar, porque, no sé por qué, pero no creo que conozcan al suficiente número de varones de distintas clases, edades, profesiones, localizaciones, como para poder escribir sobre la mayoría. Un artículo en concreto me llamó la atención, ese del cómo se nota que un hombre te quiere. A mis años ya he decidido que un hombre me quiere cuando me lo dice, me lo demuestra, me riñe, me discute, me encela, me enfada, me cabrea, me besa apasionadamente, me regala una flor sin motivo aunque sea de tarde en tarde, me bromea sobre kilos, arrugas y años, ¡en fin!, que un hombre ama a una mujer cuando la vida es vida con ella, cuando puede dormirse en el sofá con babilla incluida y ronquidos acompañando sin tener que estar divino, cuando no tiene que matarse en un gimnasio porque la señora en cuestión le cocina (o no, o simplemente le anima) platos suculentos o le ha preparado una cañita con tapita acoplada para cuando llegue del trabajo, aunque esto suceda de muy tarde en tarde porque ella está demasiado ocupada viviendo también su vida para contarle luego, acompañándole con su cañita respectiva, y verle escuchar con un poco de fastidio… Pero eso sí, no hace falta que te mande señales, porque ya, la señora en cuestión se habrá dado cuenta de que es amada porque él no ha protestado mientras ella tarda una hora en arreglarse, porque él ha esperado una hora entre boutiques y grandes almacenes para que ella encuentre los zapatos perfectos, cuando él se ha hecho algún que otro kilómetro sólo para poder celebrar un aniversario, o un cumple, o una noche romántica, o cuando él ha buscado un lugar estupendo que le escuchó a ella de pasada para pasar un fin de semana… Total, que eso de reducir en siete pasos las señales que un hombre lanza cuando ama a una mujer me parece una solemne tontería que igual va bien para una niña de veinte porque el niño en cuestión no la escucha, ocupado más en el último éxito de reggaeton. Otro de los puntos “fatales” del artículo en sí era algo tan desconcertante como que ellos, los chicos o señores, si una amiga o amigo de la muchacha o señora les cae mal no lo dirán… ¡qué barbaridad! ¿Cómo que no? Yo me permito la total libertad si amo a un señor de opinar en privado sobre sus amigos, y pido lo mismo para mí, es decir, sinceridad, soy libre de dar mi opinión sincera, otra cosa muy distinta es que intente influir, los amigos de uno u otro son tema personal, por tanto respetable, porque entra dentro de la libertad de elección de cada uno. Cada uno de los puntos, bien expuestos, es una obviedad tras otra. Luchar juntos, ni se discute; soportarnos en nuestros peores días, pues igual que nosotras a ellos; que somos más sensibles ¿y qué?, habrá que admitir también que podemos impregnar sensibilidad… Sigo pensando que estos artículos están escritos por mujeres jóvenes para mujeres jóvenes o muy jóvenes; sigo pensando que nos excluyen a las señoras de cierta edad, al menos a las señoras que sabemos qué queremos de un señor, qué buscamos, qué no queremos, y que tenemos ya un recorrido como para entender que unos y otros no se rigen por puntos ni por señales, sino por sentimientos y emotividad, que no podemos pasarnos los días vigilando para ver si cumplen esos siete puntos, que parecen siete Sacramentos, sino que el recorrido lo hacen muchos puntos, que unos se nos escapan pero que están ahí, sabemos ya de largo que un hombre es capaz de llorar por la mujer a la que quiere, que puede rogar perdón por una canallada que a los veinte puede ser imperdonable, que no es tan importante que nos soporten en los peores días sino que ya, a cierta edad, hemos comprobado que es lo normal, que es normal que luchen junto a nosotras porque nosotras también luchamos junto a ellos, porque, después de todo el amor se trata de eso, de luchar. Pero también, a mi edad, a la edad estupenda de muchas mujeres, sabemos que una relación no falla porque se den tres señales, ni siete, ni once, una relación falla porque en un momento una de las partes descubre que el horizonte se le quedó pequeño, o que ya no ama, o que se estancó. Y, esas articulistas jóvenes, deberían de exponer que cuando se rompe una relación no pasa nada, que no son tan importantes las señales anteriores como el saber encarar una situación que entra dentro de la normalidad de la vida… Artículos que me quedan lejos, muy lejos, que me hacen sonreír, porque, en algún momento, tal vez, yo hubiera leído ávida y crédula, como aquellos años en los que devoraba la Súper Pop y sus consejos. Es bonito leer consejos sabiendo que ya los superaste, que nada te enseñan, que eres capaz de dar una opinión distinta, pero sobretodo, es un poco frustrante que haya mujeres que escriben sobre señales lanzadas por hombres a muchachitas jóvenes, porque, estoy segura, ninguna mujer madura (no en cronología sino en mentalidad) necesita que le expliquen los puntos para descubrir cuando son amadas, más bien deberían de preguntar a esas mujeres estupendas porque podrían dar lecciones magistrales de lo que es, realmente, el amor.

21 oct. 2017

EN EL REINO DE TUS CIELOS... (Poesía)

En el Reino de tus cielos
las nubes dicen tu nombre,
el sol amanece eterno,
la luna nunca se esconde.
En el Reino de tus cielos
no existen ni el Sur ni el Norte,
los caminos son cometas
que ponen luz en mi bosque,
y tus manos mariposas,
y tus ojos destellos de luz y bronce.
En el Reino de tus cielos
el deseo se hizo hombre,
el amor se hizo silencio,
los besos vagaron tibios
en tu cintura y mis montes.
En el Reino de tus cielos
busco el fuego que derrita
los glaciares de mi cuerpo
ungidos en tu agua bendita.
En el Reino de tus cielos
busco a Dios aunque no exista.