23 mar. 2017

AHORA SÍ, MI DERECHO A RÉPLICA... (Confesión íntima y personal)

Se dice que la paciencia es la mejor virtud del ser humano, hay quien dice también que todo llega, no sé si ambas cosas son verdad o quienes las dicen es porque las comprobaron de forma espontánea y aleatoria. Soy paciente. No hace mucho que lo soy, es decir, no nací siendo paciente, más bien todo lo contrario, he sido una impaciente empedernida que hacía suyo aquel refrán de “Melón tajada en mano”, pero la vida me enseñó a cambiar, a permanecer tranquila mientras todo llegaba, a creer que habría un lapsus, un error, un movimiento en falso que dejara al descubierto a quien fue entre esquinas, zigzagueando, para intentar destrozar vidas cuando pensó que tenía la verdad en la mano, sin ni siquiera confirmar, sin ni siquiera tener la duda razonable que todo juicio requiere para absolver o enviar al patíbulo… Todo esto se va cinco años atrás, cuando a través de una llamada se intentó poner patas arriba mi vida y la de mi entorno, cuando en lugar de culpar a quien había dentro se arremetió contra quien se sospechaba por el simple hecho de un equívoco que no se tomó la molestia de descifrar, cinco años en los que se recurrió a una “amiga” que dejó los números de su teléfono para que fueran guardados como oro en paño año tras año, supongo que la dueña del número supuso que ya había pasado demasiado tiempo como para recordar aquella inocente triquiñuela, ese número de nueve cifras a las que, en más de una ocasión, lo confieso, estuve a punto de enviar el escueto mensaje que dijera “Gracias por ayudar a quien ha intentado destrozar mi vida”,  esa melena rubia y amplia sonrisa que ayer quedó frente a mí y frente a la persona que también fue vigilada, espiada, vapuleada y enjuiciada,
en la foto de perfil de un contacto de whatsapp, porque durante cinco años ese número ha ido conmigo en cada uno de los teléfonos que pasaron por mis manos, porque supe que, en algún momento, la vida me devolvería la justicia del conocimiento, de poner rostro a una voz que me interrogó sobre un nombre de mujer que no era el mío con el único fin de que otra persona escuchara mi voz y pudiera volcar sobre mi persona sus celos enfermizos y su rabia… Errores, errores al enviar, errores al suponer, errores al olvidar. Yo no olvido según qué situaciones, según qué culpas, según qué acusaciones, según qué mensajes, no olvido según qué insultos, según qué palabras. No olvido porque toda esa retahíla atacó a los seres a los que quiero. Durante cinco años necesitaba poner rostro a la maldad humana, a eso de creer que no importa nada, que todo es válido, a esa idea mezquina de creerse a pies juntillas una historia sin más pruebas que unas letras que no se sabe si fueron al destinatario equivocado. La soberbia nos lleva a eso, a fiarnos del primer indicio… ¿Alguien ha visto la película “Doce hombres sin piedad”? Deberían de verla, sentarse y meditar cuántas de pruebas son necesarias para acusar, cuántas de pruebas fehacientes, palpables, rotundas, cuántas de pruebas se necesitan para culpar… Y descubrí ese rostro, una amplia sonrisa con una melena rubia. Una sonrisa amplia que desconoce cuánto dolor provocó porque ella, lo único que hizo, fue hacer de cobaya humana para que otra persona vaciara su despecho y su ruindad sobre de quien sospechó, sin tener la más mínima prueba… ¡qué cruel es la vida…!, ¡o qué justa!... Se ha hecho justicia, porque actuar con maldad a veces conlleva encontrarse con la soledad más absoluta, encontrarse con que se derriban las estructuras perfectas, con que lo idílico no existe, con que todos podemos perderlo todo por no haber sabido cuidarlo, encontrarse con que podemos insultar, podemos gritar, podemos humillar, podemos injuriar, incluso podemos hacerlo ocultando nuestra verdadera identidad tras un seudónimo recurrente, podemos llamar “Fulana” a quien nos aviva el odio, no por nada, sencillamente porque hemos perdido y tenemos que poner una diana para hacerla objetivo de nuestras carencias… Descubrí a Juanita Pérez, tampoco era tan difícil, dejé todo tal y como estaba, no suelo tocar los lugares de delitos, los dejo tal y como el ejecutor los dejó, dejo las huellas intactas, sencillamente me tomo tiempo, no permito que la soberbia me invada, no inoculo odio porque no se me enseñó a odiar, he aprendido que la vida es larga, que hay que mimar con caricias lo que se quiere, ganarse el respeto, dar pasos pequeños sin la prepotencia de creerse con la verdad absoluta, doy un voto de confianza a la duda, nunca creo lo que mis ojos no han visto y mis oídos no han escuchado, creo que todas las personas tienen derecho a la privacidad, no espío móviles ni robo mensajes, ni invado espacios de otras personas para insultarlas… La paciencia… He aprendido la paciencia en cinco años, he batallado con palabras duras, he guardado silencio, he tragado lágrimas y he leído insultos públicos, y podría decirlos, enumerar uno a uno, los insultos hacia mí y los míos, y hacia alguna otra persona que debería de recibir gratitud y respeto… He cerrado el puzle, coloqué la penúltima pieza con Juanita Pérez, ahora he cerrado el puzle; con la libertad que me da tener en mi posesión un número de teléfono que me llegó por una llamada desleal, deshonesta, miserable y vil, podría publicar dicho número y su correspondiente foto, melena rubia, sonrisa abierta, y acento catalán. Podría publicar la captura de pantalla de quien me insultó a través de plataformas, nombre y apellidos, pero no lo haré. Me basta con el desahogo puntual, en público, igual que se hizo conmigo, pero sin acusar, sin exigir, sin transmitir todo el dolor que yo tatué en mi piel… Cinco años. Sigo en mi vida. Tranquila, serena, sonriendo, viviendo, disfrutando, soñando… Cinco años de espera, de paciencia, de preguntarme una y otra vez por qué a mí, por qué yo, por qué un error me dejó delante de la más cruel representación de la envidia. Supongo que, como cualquier mortal, necesitaba la terapia del desahogo, no suelo reflejar situaciones íntimas dolorosas en mis entradas en este Blog que es un espejo, que es la vida según Encarni, pero, de vez en cuando, una vez superados obstáculos, una vez asimilado que todo pasa por algo, que no hay mal que por bien no venga, una vez comprendido que quien calla no siempre otorga, sino que espera el momento para poder hablar mejor, una vez que he caminado entre espinos y cerrado los ojos para aprender eso de a palabras necias oídos sordos, una vez que he sido consciente de que mi grado de maldad es mínimo, o mi grado de respeto hacia mí misma es máximo, decidí recurrir al legal derecho al pataleo, al griterío de las masas, a dejar constancia de que he descubierto a quien estuvo escondida detrás de un número de móvil después de haber cedido a la petición indigna de quien nada tenía contra mí más que el deseo de reflejar su ira… Como moraleja he aprendido que siempre, siempre, tenemos que comprobar, cuando acusamos, que estamos ante la presa exacta, he aprendido a no creerme indicios, a no juzgar sin ver, a respetar sentimientos, a valorar lo que la vida me ha dado. He aprendido que, tal vez, eso del karma no es tan descabellado, que hay personas que reciben el boomerang que lanzan. Y, sobre todo, aprendí a quererme, a valorarme, a dar importancia a personas, a observar y a desechar lo inútil y lo insano, a no dejarme impactar ni influenciar por palabras, porque comprobé que no hiere quien quiere sino quien puede, y, llegada a este punto de mi vida, descubrí que me pueden herir muy pocas personas, tan pocas que se pueden contar con los dedos de una sola mano. La vida me enseñó la paciencia, no tengo prisa, todo llega, todo llegará, todo ha llegado, simplemente se trató de tiempo… En estos cinco años no perdí mi tiempo, esperé, escribí tres novelas, vi crecer a mi pequeño, mi hijo está a punto de terminar su carrera y yo aprendí a volar en libertad.

16 mar. 2017

MEMORIA PROPIA... (Reflexión personal)

No puedo por menos que sorprenderme de la ligereza con la que, últimamente, todo el mundo recuerda pasados íntimos y privados de personas y personajes públicos… o no. No sé el motivo, pero parece un virus de esos inoculados con una lentitud y una precisión milimétrica, tanto que nos ha dado por evocar relaciones amorosas de monarcas eméritos, de personajes del mundo de la farándula, de políticos… ¡un no parar! Incluida alguna que otra persona conocida a la que se le asigna eso de “cría fama…”. No me gusta el regreso al pasado sistemático para hundir a personas, criticarlas o hacer de su vida el eje de conversaciones, ¡cómo si no hubiera nada mejor qué hacer…! Bueno, igual no lo hay y por eso tenemos que recurrir a lo que fulano o mengano hicieron hace tantos años que Noé estaba con la fabricación del Arca. Yo siempre he partido de la base de que todos tenemos pasado, unos mejor, otros peor, y de que todos los pasados no son malos, hubo errores y hubo aciertos, como en botica, tampoco es necesario resaltar lo malo porque nos interesa, o nos crea morbo, o nos hace parecer interesantes a ojos ajenos, y olvidar lo bueno que se hizo. Somos un poco cuadriculados por aquello de que olvidamos muy pronto lo malo de nuestro pasado para evocar el error ajeno. Y en la otra punta de la cuerda está esa manía beata de juzgar la vida privada, es decir, que siempre, no sé por qué arte de birlibirloque, recurrimos a historias ajenas privadas, pero ¡eso sí!, que nadie nos recuerde las nuestras, porque hemos llegado a un término tal de perfección que nosotros, ¡válgame Dios!, nunca cometimos fallos en esos terrenos encenagados del corazón. Lo último ha sido escandalizarnos porque un monarca confesó que estaba enamorado estando casado… ¡qué barbaridad! ¡vaya novedad! ¿Y qué…? ¿Es el único? ¿Nadie en la faz de la tierra ha estado o está o estuvo enamorado estando casado? Parece como si hubiéramos descubierto la cepa de la sarna. A mí, sinceramente, que un señor, monarca o no, confiese semejante “delito” me pone una sonrisa extensa, quizás porque no me dedico al mundo del “revisteo” ni de la política, que tampoco entiendo qué tiene qué ver que el corazón de un hombre esté ocupado por una señora para que realice el trabajo para el que ha sido designado de forma correcta. Olvido que, en este país que grita que es laico, que abolió el delito de adulterio, que se llena la boca hablando de libertad, en donde las separaciones están a la orden del día, sigue subsistiendo bajo manta el olor a antiguo, a cera, a confesionario y a amancebamientos varios… Y no sólo el monarca, también lo extiendo a los españolitos de a pie que tienen que soportar que se recurra a su pasado, aquel que se quedó en las cavernas de la historia personal, para que, de vez en cuando, las vidas que no tienen vida recurran a algún entretenimiento, y nada más recurrente que sacar los trapos sucedidos en años inmemoriales para tener algo con lo que pasar el tiempo… Sinceramente, me aburro. Me aburro soberanamente desde que una señora rubia de largas piernas y sus comparsas comenzaron a hablar de infidelidades, me aburro desde que en una tertulia normal y corriente se recurre a hurgar en pasados sin conocer ni una mínima parte, rescatar fallos olvidando aciertos… Yo siempre suelo decir aquello de “Si te lo hicieran a ti ¿qué pensarías?”, o a tus hijos. Si fuéramos conscientes de nuestro pasado no nos quedaría ninguna gana de resucitar el de los demás, sobre todo cuando ese pasado no ha hecho daño a nadie, no ha involucrado a nadie, en un pasado en el que no se ha matado a nadie, ni se ha robado, ni se ha insultado, un pasado en el que, sencillamente, hemos tenido vida privada e íntima. Nos estamos volviendo más papistas que el Papa, y lo peor es que nos enorgullecemos por ello, ponemos el tablero de ajedrez en el centro de la mesa y ¡hala!, sonó la hora de mover las piezas a nuestro antojo, y ya, si nos envalentonamos, seremos capaces de encadenar el pasado de tres o cuatro personas, de esas de las que conocemos el nombre, pero que fulanito o menganito nos ha contado los milagros realizados hace tantos años que tenemos que entrecerrar los ojos para descubrir si habíamos nacido. Pues sí. Así somos. Una de dos, o todos fuimos santos, o no tenemos memoria propia, o nos mueve la envidia, o nos gusta fastidiar, o, lo que es peor, no sabemos respetar las vidas ajenas, o todo el pax completo, que también sería para analizarnos profundamente… Todos tenemos pasado. El pasado es pasado. La vida privada de las personas es privada, igual que la nuestra, lo que sentimos, lo que sintamos, lo que vivimos, lo que vivamos, corresponde a nuestra privacidad, a nuestra intimidad, seamos quienes seamos, todos tenemos el mismo derecho al respeto. Y es que, últimamente, esa es una de las palabras que menos se escuchan y, desde luego, de las que menos se tienen en cuenta. He llegado a un punto en el que, creo, que para saber qué hicimos, qué fuimos, lo mejor es preguntar a los demás, porque, sinceramente, la memoria sobre nosotros mismos, nos está fallando demasiado. Como reza una frasecita por las redes, si nos creemos sin defectos ahí está el mayor defecto.

6 mar. 2017

LA NIÑA ROTA Y LOLI ALBERO GIL... (Agradeciendo siempre)


Gracias a la escritora y amiga, Loli Albero Gil, por una reseña completa, es todo un orgullo que ella, que escribe desde el corazón, hable así de lo que con el corazón fue escrito... Mil gracias.




Reseña de LA NIÑA ROTA
Con la reseña de hoy, daré por concluida mi deuda con mis amigos escritores de Facebook.
Ya dije que lo haría por orden de lectura y el último fue “La niña rota”, la tercera novela de Encarna Barrera, una espléndida novela que me puso los pelos de punta ya en su primera página. ¿Me imagináis con los pelos de punta, con mi abundante melena? :D. En realidad, se trataba de otros “pelos”, los filamentos del espíritu, que se erizan por el efecto de las emociones que provocan determinadas lecturas.
Encarna Barrera —ya lo dije en algún comentario hace poco— es mi escritora favorita en la actualidad. Porque además de escribir muy bien, impregna cada página de lo mismo que yo hago cuando escribo: un derroche de sentimientos que no se pueden detener y hace de sus obras algo distinto a todo lo publicado y conocido en el mercado, tan laureado y tan vacío, demasiadas veces.
¡Me siento tan identificada con cuanto ella escribe! Uno puede valorar la impecable escritura de alguien, sentir admiración por un escritor y su obra, pero… si encima se identifica con lo que lee… ¡eso ya es la bomba!
En “La niña rota” mi identificación no consiste en que yo haya vivido nada de lo que ella cuenta, pero sí el modo de verlo, de tratarlo, de exponerlo, de desarrollarlo… Y las emociones, siempre a flor de piel, y siempre tan desbordantes. ¿Cómo podemos ser tan parecidas Encarna y yo a la hora de producir una novela? No nos conocíamos hasta hace un año y poco. Incluso ahora tampoco mantenemos otro contacto que el de algún comentario al azar. Una vive en el sur y la otra en el norte. Y sin embargo… ¡cuánta sintonía, es como si fuéramos la misma persona a la hora de hilar historias!
Me siento realmente intrigada por ello. Y contenta, muy contenta. Tener un alma gemela en Literatura es tan importante como tenerla en la vida.
Así pues, “La niña rota” es un novelón, doy fe de ello. Si en “Las manecillas del reloj” me subyugó, tengo que reconocer que, en este breve tiempo, su estilo se ha depurado aún más y su escritura es magnífica. La historia que nos cuenta nos atañe a todos los españoles, porque todos somos hijos o nietos de aquellas personas que, en un bando u otro, vivieron la tragedia más grande de España: la guerra y la posguerra. En lo meramente histórico, lejos de incidir en lo escabroso del asunto —de lo que habría para parar un tren— Encarna no es que haya hecho una novela rosa, pero la pergeñó de un modo tan elegante y sutil como ceñida a los hechos, terribles, pero atenuados, en especial por la personalidad magnánima de doña Leonor, que envuelve la trama en una atmósfera de complicidad absoluta con el lector, desde el primer párrafo.
Ello no significa que su autora haya pasado por alto el drama. No, en absoluto. El drama está ahí, la crítica también, pero en una armonía tan perfecta que asombra y leer se convierte en una necesidad, para saber cuánto antes qué pasará con Lola, con don Felipe, con Adora…
¡Cuánto amor y cuántas emociones bullen en cada página de “La niña rota”! Y van de generación en generación, como sucede en la vida misma. Se me saltaban las lágrimas según avanzaba por ese paisaje de familias atravesadas de amor e imposibilidad, de luchas y de derrotas, de pequeñas victorias, de dolor y compensaciones, de angustia y de esperanza…
Lloré leyendo esta magnífica novela, y lo hice no sólo por verme en muchos de sus pasajes, sino por los que quise y quiero y sé que vivieron situaciones de gran parecido, el denominador común de un país de posguerra. Por eso, mi insistencia en decir que todos, de algún modo, estamos dentro de “La niña rota” y si alguien dice que no, será que o no tiene memoria o sentimientos, ambas cosas muy tristes.
Mi enhorabuena más sentida para Encarna Barrera y su tercera novela, digna de aparecer en lo mejor de la crítica y hasta en el cine. Tu colega dixit.
Loli Albero Gil

5 mar. 2017

GALLITOS DE INTERNET... (Reflexión íntima)

Se ha convertido en una costumbre entre señores, generalmente, eso de solicitar amistad a una señora sin conocerla, sin tener intereses comunes, ni espacios comunes, ni letras comunes, ni amigos comunes… bueno, amigos no, amigas sí. Esos señores que envían solicitud de amistad a una señora que, de repente, siente la curiosidad de saber quién es el señor en cuestión, esa señora (una servidora) a la que le gusta informarse antes de aceptar, más que nada porque ya, a estas alturas, una servidora se fía de pocos perfiles y pocas fotos. Han pasado por su listado de solicitudes hasta tres perfiles falsos de la misma persona, dos de ellos enmascarados en señoras cuando yo, una servidora, ya sabe que es un señor. Bicheo el listado expuesto al público del solicitante y me encuentro, con mi sonrisa irónica colocada, con un número impresionante de amigas del señor en cuestión, pocos varones, casi ninguno, mujeres, todas, la mayoría, de “buen ver”, que se dice en mi pueblo, por lo que, al menos, me queda el consuelo de que soy del agrado visual de alguien. No sé qué buscan este tipo de hombres en una mujer a la que no le une nada, ni siquiera la curiosidad de lo que escribe, de eso estoy segura. Tengo en mi grupo de amigos virtuales a estupendos señores que escriben, con los que comparto lectura de lo creado, a amigos de infancia, a conocidos de mi tierra, a amigos de amigas que me dan confianza total, no sé si alguno de estos “gallitos” de corral se me habrá colado, siempre suele suceder, esquivan los controles y los filtros y se instalan entre los “elegidos”. Hablaba con mi amiga Loli Correa sobre este tipo de hombres, gallitos donjuanescos que buscan la conquista. Mujeres que aceptan amistades peligrosas sin mirar y sin valorar en qué las van a hacer crecer, qué les van a aportar, qué van a entregar ellas que sea del interés del señor y que no sea sexo, citas, halagos… ¿Por qué somos tan poco precavidas? Igual hay que diferenciar entre dos grupos de féminas. Las que, por una baja autoestima se encuentran halagadas de que un señor que carece de foto de perfil, que tiene buena labia, que puede mentirles como un bellaco, las que necesitan un poco de fuego, un poco de aventura, un poco de atención y deciden que puede valer la pena… En el polo opuesto pueden estar las que tienen una autoestima por las nubes, las que creen que son irresistibles y, por lo tanto, no se extrañan de que el señor en cuestión y todos los señores del mundo mundial se sientan atraídos por su persona, porque, aparte  de ser guapas de morirse son inteligentes “que te cagas” (con perdón) y ningún mortal puede resistirse a ser “su amigo”… Creo que, el problema, es que nos cuestionamos muy poco, vivimos en las redes como si fuera el mundo real, hemos creado un mundo paralelo y pensamos que podemos caminar por sus calles como si fuéramos de rebajas. Olvidamos aquella frase mía, en una de mis entrevistas, “en internet se miente más que se habla, es un auténtico cocedero de mentiras”, visitamos un perfil masculino que nos ha solicitado amistad y pasamos por alto que no tenga foto de perfil, ni que tenga estado civil, ni que tenga localización… porque damos por hecho que así, el solicitante, está salvaguardando su intimidad y su privacidad. Sólo nos interesa que, en un grupo y en otro de féminas, ese señor se ha interesado por nuestra persona, en el primer caso por nuestra humilde presencia, en el segundo por nuestra divinidad estupenda. Internet, sobre todo facebook, está lleno de perfiles falsos, de esos que se crean para golismear muros ajenos, para encubrir nuestro verdadero yo, de esos para conquistar o que nos conquisten. Y, lamentablemente, esto no va así. Esto va de redes cibernéticas, de perfiles que no existen, de señores incapaces de conquistarnos de frente, de señoras que no son (o somos) tan estupendas en la vida real, de fotos que, a las siete de la mañana tienen la legaña puesta, de empresas que no existen y situaciones económicas engordadas para deslumbrar a la pobre mariposa que se acerca a la araña… Hay relaciones que han funcionado, ¡claro que sí!, de esas relaciones en las que, ni el señor se escudó en una foto en blanco, ni la señora se creyó que era, ni la más fea del baile ni la más guapa del mundo. Relaciones nacidas de conversaciones con listados de amigos con paridad, o casi, amigos y amigas en el mismo número, o casi. Nunca un listado compuesto de señoras o señores, según el sexo. Ha sido muy interesante dialogar con Loli, conocer historias hace crecer, madurar, coger datos, saber qué sucede, cómo sucede, siempre es enriquecedor tener conocimiento. Todas y todos tenemos en nuestro listado de agregados a quienes no participan, a quienes no se destacan, a quienes nunca se muestran, tenemos algún que otro perfil falso, tenemos a quien nos vigila, nos espía, nos sigue, nos anima, es decir, a todo el repertorio de usuarios de redes. Pero, eso sí, tenemos que aprender a ser selectivos, sobre todo para evitarnos sorpresas desagradables, preguntar por privado a los amigos comunes, interesarnos por quiénes son los solicitantes, movernos con cautela. Los años deberían de traer engarzada
la autoestima propia, ni alta ni baja, la justa para sabernos únicas, saber cribar y saber separar. Y, sobre todo, saber que la realidad es una cosa y la vida internauta es otra. Y, como dije en mi cuenta de facebook, una servidora no agrega perfiles dudosos, a señores que no me merecen la más mínima confianza, y las malas experiencias ajenas, de esas de las que me nutro (y mis amigas saben cuando me leen que son las suyas) quedan para otra entrada, o para tomarlas como pinceladas para mis novelas. Los gallitos de corral deben de quedarse ahí, en su ego primario. Los donjuanes ya aburren, para conquistar a una señora, si la señora es de valía, un hombre siempre irá de cara, de frente, no necesitará, jamás, esconderse detrás de ficticios datos que pueden comprobarse con un mínimo de inteligencia.

26 feb. 2017

QUIERO VERTE BAJO TIERRA... (El dolor del alma. Maltrato)


Abrir este artículo con una frase llena de demencia, de locura, de crueldad. "Ojalá te vea bajo tierra"... Sólo una frase para describir el odio, la violencia verbal y mental...


Ocasiones hay en las que la rabia te atenaza el alma, te enturbia los ojos y te hace maldecir por lo bajo cuando el deseo es gritarlo a los cuatro vientos. Dos meses del nuevo año en los que más de veinte mujeres han perdido la vida a manos de sus ex parejas, parejas, compañeros, maridos o alguna de esas palabras que no deberían de usarse cuando de maltrato y odio se trata. Lo peor es que te llegue un caso concreto, que alguien a quien tienes cariño te derrame encima de la mesa un caso más, y esta vez pones cara, porque conoces, pones voz y pones sonrisa, y odias a quien está haciendo la vida insoportable a una mujer… Una mujer que no da el perfil, eso tan recurrente, ese perfil que parece ser vital a la hora de denunciar. ¿Se saben la historia ustedes? Yo creía que la sabía, pero que duro es cuando alguien que te toca el corazón te la narra, cuando descubres que no es una mujer detrás de una pantalla de televisión, si no alguien que ni siquiera podría sospechar… Les voy a contar la historia. Una historia más. Una mujer, una pareja, una vida cómoda, una educación exquisita por parte de ella, dos hijos en común, un trabajo estupendo, una economía holgada… y un buen día comienzan los primeros síntomas de que algo no va bien. Desprecios, maltrato silente, el peor, años soportando un maltrato psicológico que no se sabe muy bien que lo es hasta que desemboca en un maltrato físico, este sí se sabe que lo es, es necesario llegar al golpe para comprender que, anteriormente, casi sin notarlo, hubo otros golpes que no se vieron… Una historia más. Hay muchas así, de las que permanecen calladas por miedo, ¿cuántas conocemos? Es distinto leerlo en un periódico, escucharlo en un programa de televisión, ver un rostro desconocido a saber que ese rostro golpeado es un rostro al que se le profesa cariño, un bello rostro de mujer dulce que, sencillamente, no daba el perfil… Una mujer que denuncia, que, de repente, pierde su trabajo, un trabajo que le permitía mantener a sus hijos, una mujer que tiene que ponerse en manos de profesionales, psiquiatras, médicos, que tiene que acudir a un cuartel de la Guardia Civil en el que se le informa que no pueden vigilar constantemente a un maltratador, una mujer que recibe amenazas de muerte, para ella y para sus hijos… Es duro cuando es cercano, es duro cuando es lejano, el mismo caso de muchas más, tantas que no pueden vigilarlos, hay cosas más importantes que hacer que velar por las vidas. No pagar la manutención de sus hijos durante dos años, una orden de busca y captura que no se lleva a cabo porque hay otras prioridades, orden de alejamiento de quinientos metros, quinientos miserables metros que son tres zancadas… Nos preocupamos de las injusticias económicas, nos olvidamos de las injusticias vitales, las que se cobran vidas, las que destrozan familias, las que llevan a una mujer al miedo más bestial, el que se instala cuando se sabe que su vida, la vida de sus hijos, la vida de sus amigas, la vida de su familia pueden peligrar… Una mujer que intenta recomenzar su vida, intentar volver a respirar y que siente como una mano invisible la asfixia. Una mano invisible por ahora, porque sabe que, en un momento preciso, en un suspiro, esa mano puede ser real…

Hay momentos que me gustaría olvidar, momentos en los que desearía dar marcha atrás al reloj, regresar al pasado tranquilo de la niñez, recuperar el aire y el viento que nos rozó los rostros infantiles. ¡Qué distinto todo cuando sufres en los ojos el dolor de otros ojos que conoces! Pedía poder escribir, poder reivindicar, poder reclamar el derecho a la vida sin vomitar la rabia, la ira, la frustración, la impotencia… Hay voces sin sonido, ojos sin luz, llantos ocultos, hay quien no da el perfil, quien calla y lucha, y sufre y teme. Hay días que se tornan grises, el conocimiento es poder, nos decían, el conocimiento es dolor, cuanto más se sabe más se sufre, decía mi abuela, y es real, real el sufrimiento que da el conocimiento de que el maltrato, ese del que hablan los informativos, ese que la Justicia ha decidido acariciar sin ni siquiera dar un tirón de orejas, existe, existe ahí, detrás de la puerta, frente a nosotros, tapado, oculto, solapado en separaciones que parecen ser normales. Y mientras tanto, mientras todo esto pasa, mientras aparecen números en los informativos, alguien a quien respeto, aprecio y valoro se despide pidiendo no ser una más de las que engrosen esa lista fatídica que aumenta desbocadamente. Una más de las que denunciaron, de las que pidieron ayuda, de las que apenas tienen para sacar a sus hijos por delante. Una más de las que intentan apartar a sus hijos de guerras que ellas ni buscaron ni crearon… Y mientras rumeo me viene su nombre rebotado contra el cerebro, un nombre que está lleno de dignidad, un nombre más que no puede nombrarse, porque en este país se puede morir por decir la verdad, en este país se puede aparecer muerta, o tener que llorar la pérdida de un hijo porque hubo quien no hizo su trabajo bien, o porque se decidió que hay otras prioridades más importantes que las de luchar a favor de la vida y de la justicia… Ha anochecido con tristeza. Tal vez todos conozcamos a alguna, tal vez hayamos escuchado su voz, su risa, sepamos de su recorrido de vida, tal vez ni sospechemos que su infierno está devorando su vida, que vive con el miedo entre las venas, con los ojos espantados buscando a quien puede arrancarle la vida, y aun así tiene que callar… y es que, desde hace tiempo, en este país, hemos aprendido que las víctimas no tienen derecho a hablar, porque si lo hacen podrían insultar con todo el derecho a jueces, agentes del orden, magistrados, legisladores, a todos los que levantaron el brazo y arrancaron el corazón, y recordemos, cuando hay un brazo ejecutor también es culpable quien lo amparó, quien lo impulsó con su indiferencia y con su silencio. Le pedí su fuerza y su coraje para poder escribir, si es cierto lo de la transmisión de energías ella, ellas, todas, tienen las mías. Porque en cualquier momento una persona puede convertirse en el verdugo perfecto al que las leyes amparan y las fuerzas del orden ignoran. Vergonzoso. Por ella. Por todas.

23 feb. 2017

CELEBRANDO ANDALUCÍA... (Por mi gente güena)

Os dejo una primicia... Es la poesía que mañana recitaré en el Instituto de Montejícar con motivo de la celebración del Día de Andalucía... Os la dejo como preludio de un puente para celebrar, pero también para reivindicar nuestra esencia, nuestros derechos, nuestra tierra y nuestro sentir. "Ser andaluz es la forma que tengo de ser persona" (Carlos Cano)....
SOMOS ANDALUCES.
"Somos esa boca que calla entre olivos,
la sal de una playa tan llena de olvidos
que claman las olas y braman los vientos,
que gritan gargantas cantando lamentos.
Somos esa tierra llena de colores,
los trinos de alondras, olor de las flores,
la historia que vive en piedras eternas,
y los arco iris de dulces tormentas.
Somos los acentos de pueblos que fueron
las huellas del sol, los blancos almendros,
las nieves de cimas que marcan el tiempo
y somos las notas que forman conciertos.
Somos ocho hembras de raza y de casta,
de batas de cola, sudor y labranza,
de callos en manos que buscan sustento,
somos la caricia de brazos mineros.
Y somos las redes de los pescadores,
la pluma que escribe, la mente que sueña,
los ojos que miran, los labios que besan.
Somos andaluces, somos centinelas
de un país que vive de tierra hacia afuera,
de mar hacia adentro, nobleza del alma,
somos la alegría que mueve las barcas,
somos andaluces, corazones puros,
bailamos con sones de duende y de embrujo,
somos andaluces, y es Andalucía
la luz que nos duele, la luz que nos guía,
la madre que sufre por los hijos idos,
la mujer que llora en cielos infinitos". (Encarni Barrera)

22 feb. 2017

RECORDANDO AL CAMINANTE... (Dejó camino abierto)

Hace tres años yo escribía unos versos para recordar el 75 aniversario de su muerte. Hoy los rescato, tomé como primer verso lo último que se encontró escrito por su mano silenciosa y su alma sabia... ¡Va por él!

A ANTONIO MACHADO... (75 años de su muerte).



Estos días azules y este sol de mi infancia..
esta larga agonía, esta muerte macabra,
estas sombras ajenas, y estos pies tan cansados…
Y esta madre querida, y esos cielos lejanos…

Se quedó el agua fría en esa fuente eterna,
en ese patio blanco, en Soria y en Baeza,
se callaron los gritos y lloraron las lunas,
y los álamos tristes ocultaron su angustia;
los gorriones detuvieron sus trinos,
los olivares verdes gritaron al camino
que había muerto Machado tan lejos de su tierra,
sin Guiomar, sin Leonor, sin su Castilla Vieja…

Vociferó el loco, gritó sus mil quimeras,
jamás duró cien años ni la risa ni la pena;
siempre habrá un hombre bueno algo desaliñado
que pagué su comida y pague su camastro,
encontraré el camino que anda el caminante,
me perderé en la tierra negra de Alvargonzález…
La Lola se ha quedado llorando junto al Puerto,
febrero le ha robado a un galán poco apuesto,
maltrecho, muy cansado de luchar contra el aire,
de perseguir estrellas y de cantar Cantares…
Murió el maestro humilde, el hombre taciturno,
nos dejó junto al mar,
con los bolsillos llenos de ganas de volar,
muy lejos de ese patio lleno de limoneros,
muy lejos de esos mares de plata y nazarenos
que cantan su saeta buscando una escalera…
Se nos fue Don Antonio, un maestro, un poeta,
una sombra pequeña paseando Baeza,
un corazón cansado que se murió de pena,
y lloramos su muerte, y esperamos su vuelta,
y se tiñen de luto las letras de poemas…
Se nos fue don Antonio y se instaló la ausencia.