18 oct. 2018

SEÑORA TEJERINA, NO CON INOCENTES... (Reflexión personal)


Cuando estoy muy enfadada intento respirar hondo y mirar hacia adentro, intento descubrir si la persona, la situación, el momento que me ha hecho enfadar contiene o mantiene algún átomo de razón… Pero no, es que hoy me he enfadado porque soy andaluza, tengo un niño de diez años y a la señora Isabel García Tejerina le ha dado por las comparativas, esas que, si yo fuera política o me dedicara a ella, en cualquiera de los partidos existentes, me abstendría bastante de sacar a la luz. Hoy, a esta señora, le ha dado por comparar los conocimientos académicos de los niños andaluces con los que tienen adquiridos los niños de ocho años de Castilla León. Da igual, los niños castellanos no tienen culpa de que esta señora haya abierto la boca demasiado y soltado la chorrada que ha soltado, igual podría haber puesto de ejemplo a los niños valencianos, o murcianos, o aragoneses, o catalanes, da igual mientras se los compare con niños de Comunidades gobernadas por su partido… porque, precisamente, de eso es de lo que se trata, de gobernar. Lo lamentable es que, para desacreditar la docencia andaluza usa a los niños, es decir, que en lugar de irse al Parlamento Andaluz, tomarse un café con Susana Díaz, lanzarle a la cara lo que realmente piensa, ella no, la señora Tejerina se planta con un par delante de los medios y utiliza a los niños andaluces para atacar a los gobernantes de Andalucía… Señora Tejerina ¡pa té ti co! Y no es que no sepa escribir, es que lo escribo así para que se lea despacito, porque ni despacito entendería usted lo que es la dignidad después de haber soltado su perlita. Porque, a través de su comentario, no sé si se ha dado cuenta, usted no está desprestigiando a la Junta de Andalucía, está desprestigiando a la ilustre y dignísima comunidad docente de mi Comunidad, ha humillado a los niños y ha ofendido a sus padres. Ha dejado a la altura del betún a profesores válidos y valiosos, los que sí se preocupan de que “sus niños” no sean dañados, los que se dejan la piel educando y soportan berrinches, y soportan timideces, intentan igualar y educar. Esos, señora Tejerina, son los “políticos” a los que usted ha atacado, a los que con pocos medios se enfrentan a clases con un número de alumnos superior al que debería de ser, los que se enfrentan a problemas de recortes no sólo en el colegio, también en los hogares de “sus niños”… No compare, señora Tejerina, porque le podemos sacar a relucir a usted y a los que se sonríen con guasona sorna con usted, comparativas con las que no saldrían muy bien parados. No voy a hacer mención a los Máster de los que sus amigos han presumido hasta que se ha descubierto el pastel, esa, igual, es la “superioridad” en conocimientos de la que usted presume… ¡¡un gran honor, sí, señora!!, un gran honor tener esas titulaciones que le han servido para hacer comparativas con niños de diez años… Señora, yo creo, como madre, que aparte de que mi hijo adquiera conocimientos también me gusta que aprenda educación, y sobre todo respeto. El mismo respeto que usted nos ha faltado a todos los andaluces al mencionar a los niños, padres, abuelos, docentes. Y no, no me enfado por esto. Me enfado porque estoy cansada de que se utilice a los niños, los únicos que no pueden defenderse, los mayores, incluidos los jubilados, podemos salir a la calle y gritar, aunque no sirva para nada, pero podemos gritar, los niños no, ellos nos miran, como hoy me miró mi hijo para preguntarme “si los niños andaluces de su edad eran más tontos que el resto de niños españoles”, eso, podría jurarlo sobre una Biblia, es la respuesta de un niño andaluz de diez años a su comentario inofensivo… y por ahí no paso, no sé si el resto de los padres pasarán, pero, lamentándolo mucho, le he perdido el respeto, a usted y a quienes creen que un sillón, unos votos, merecen la pena aún usando la inocencia infantil… No, no es inofensivo su comentario, los niños andaluces de diez años ven la televisión, y escuchan, y sienten y padecen, y son inteligentes, y saben que se les ha comparado para mal… ¿De verdad se siente orgullosa? Debería de pedir perdón, usted y quienes no han callado su boca, perdón a los docentes andaluces, a los niños andaluces y a los padres andaluces, y luego, cuando haya pedido perdón, sáquense los ojos unos y otros, rómpanse el alma por ese voto, por ese sillón, por el poder y su puñetera madre, pero deje a los niños en paz, porque para hablar de comparativas, de conocimientos, de clase y de respeto tienen muchos que lavarse la boca, tienen mucho que aprender y mucho por respetar. No mida la altura de sus logros políticos en los conocimientos académicos de los niños, porque, como persona, sinceramente, ha quedado a la altura del betún. Un aplauso a los docentes andaluces, a los compañeros de mi hijo, niños de diez años de toda la Comunidad Andaluza, niños alegres, niños amados, niños inteligentes y vivos, y un aplauso a quien no utiliza a los más débiles para engordar su Ego. Matriculese en respeto, señora Tejerina, le hace mucha falta, se lo digo con toda la humanidad de una madre y de una andaluza.

12 oct. 2018

CON ESO ME CONFORMO... (Reflexión personal)


Aparece en unas de esas páginas que pululan por las redes, un artículo en el que una señora de ciento nueve años desvela el secreto de su longevidad a que jamás estuvo con un hombre… Me he quedado un poco perpleja conociendo a personas que sobrepasaron la centena rodeados de familia, hijos, nietos, biznietos y tataranietos, y entonces me surge la duda de quién tiene razón, los que declaran haber llegado tan lejos porque tuvieron personas a las que dieron vida y que les dieron vida a su vez, o creer a esta honorable dama que declara que lo mejor es no amar a un semejante hasta el punto de compartir parte de su vida, a besar entregando el alma, a despertar y recibir un abrazo… Hubo, por supuesto, comentarios de todo tipo, de los que afirmaban que eso podía ser cierto (todos estos comentarios realizados por mujeres), los que opinaban que nada tenía que ver una cosa con la otra (ambos sexos) y los que declaraban que igual podía opinar un señor que hubiera llegado tan lejos cronológicamente. Supongo que la señora en cuestión tuvo una vida rica, hizo lo que le dio la real gana, no se involucró en vidas ajenas doloridas, ya que, según parece el sufrimiento envejece, de ser así no la veo yo empatizando con los que sufren. Así pues, si llevó una vida regalada alejada del sexo masculino, alejada del sufrimiento ajeno, de las realidades dolorosas cotidianas, dedicada exclusivamente a su paz, a SU paz, es decir, a ella sola, sinceramente, con todos mis respetos, yo prefiero estar menos presente en el mundo y vivir más. Porque vivir, para mí, no es enclaustrarse en un caparazón, dejar pasar la oportunidad de amar a seres vivos con los que se interactúe en igualdad de condiciones, no me valen los animales, que pueden dar mucha compañía pero te privan de momentos únicos también necesarios. He decidido que prefiero vivir menos tiempo, no quiero tener muchos años y declarar que jamás me besaron, que jamás me hicieron el amor, que jamás me acarició una mano con ternura o con deseo. Respeto profundamente el secreto desvelado de la longevidad de la dama, pero cada cuál tenemos nuestro concepto de vida. Y aparte de esto, que es sencillamente una opinión personal de alguien que quiere razonar lo irrazonable, también pienso en el Destino, ese que nos hace nacer en un lugar determinado, un día determinado a una hora determinada, y lo mismo pasa con la muerte. Ni el nacer ni el morir están escritos ni tienen lógica, nacemos y morimos porque somos juguetes del azar. Se muere joven por una mala jugada del Destino, porque llegó nuestra hora, independientemente de cómo hayamos vivido. Se nace porque dos personas ajenas a nosotros, los que pasarán a ser nuestros padres, decidieron que era el momento de concebir o les llegó la noticia como una sorpresa agradable o no ¡vete tú a saber! Nacemos sin permiso, sin que medie nuestra decisión, morimos de igual manera. Lo demás es todo azar, genética o las mil maneras de explicar lo que la Naturaleza decide por ella misma. Lo que sí me entristece es que una señora que llega a una edad avanzada no hable de compartir, de entregar, de amar, sobre todo de amar, porque amar da vida, puede quitarla, pero también la regala, el corazón es un músculo, pero también es el órgano ilógico que canaliza los sentimientos, igual es eso, igual es que si no se desgasta dura más. Pero ¿para qué queremos que dure más si no nos hace sentir? Creo que esta señora se ha perdido muchas cosas, momentos bonitos, tristes, sorprendentes, amargos, tiernos… Se ha perdido risas y llantos, comunicación, camino, es decir, creo que se ha perdido la Vida… Ignora, por otro lado, que las mujeres de opción sexual distinta tampoco comparten su vida con un hombre, lo hacen con una mujer, en este caso ¿también están llamadas a ser longevas? ¿O es que ha ocultado que pudiera ser esa su opción sexual?
Hacer parecer al varón como el detonante del envejecimiento prematuro o la muerte es, desde mi punto de vista, una auténtica barbaridad. Igual podrían pensar ellos. Si aparece un señor diciendo que su longevidad se debe a que siempre se mantuvo lejos de una mujer ya habríamos puesto el grito en el cielo, lo tacharíamos de machista, de misógino, y esto no es así. No me puedo creer, no puedo porque en mi concepción de la vida el amor importa y mucho, que una señora jamás se haya sentido atraída, como mínimo, por un señor, que jamás haya soñado con un señor, y si eso ha ocurrido y no se llegó a ser correspondida el sufrimiento es mayor, por lo cual la paz no existe… Todos estos conceptos banales, tan quiméricos, tan flotantes, están para eso, para banalizar y opinar, para plantearnos qué vida queremos, para pensar que, efectivamente, el dicho de que mejor calidad que cantidad, es totalmente cierto. Al final de la vida seremos lo que hayamos amado, nos llena de vida lo vivido, si tenemos descendencia será bonito recordar que dejamos amor. Hubo quien comentó que esta señora declaraba sin saberlo que era una egoísta. No lo sé, cada cual, como digo, vive como decide, pero, lo que sí sé, es que el hombre complementa, igual que lo hace la mujer, hombre y hombre, mujer y mujer o mujer y hombre, dos personas se complementan siempre, si sale bien te ayuda a sonreír, si sale mal te enseña a vivir… Deseo que esta señora siga cumpliendo muchos años. Yo sólo pido que mi complemento me haga sonreír, y cuando se termine mi vida decir que lo mejor del mundo es vivir en paz con alguien que te la pueda trasmitir y besarte por las noches y al amanecer… Creo que con eso me conformo.

6 sept. 2018

UNA BONITA FAMILIA... (Reflexión personal)

Es que seguimos sin enterarnos, es decir, vemos parejas diferentes a lo que, allá por el pleistoceno nos enseñaron que era una familia: un papi, una mami y unos retoños... Esto ha sido así durante tanto tiempo que el cerebro es incapaz de asimilar que todo ha cambiaro (para bien, gracias a Dios o a la vida), hay quien sigue pensando que una familia es algo estructurado tal y como nos lo metieron a fuerza de repetirlo. Y que esos miembros componen una unidad feliz, al menos cuando se muestran fotos... Y me rebelo, me rebelo porque cuando leo el comentario de "bonita familia" caigo en la cuenta de que esa misma descripción usada como halago no se le hace a una foto con una mamá sola y sus hijos, o a un papá solo con sus retoños. Creemos que esto no pasa ¿verdad? Creemos que hemos evolucionado una barbaridad... pues ya les digo yo que no. Basta observar y recorrer un poquito por estas redes en las que se comentan fotos de "bonitas familias", que tampoco sabemos si son bonitas o no, porque lo que está claro es que un papi y una mami con sus hijos no van a fotografiarse sacándose los ojos, que eso quedaría feo... Tenemos familias preciosas formadas por dos mamis, dos papis, una mami y sus hijos, un papi y los suyos, un papi con otra mami y retoños de ambos, una mami con un señor y los hijos de los dos... y son bonitas. Son bonitas porque una familia son personas que conviven, que deciden compartir y respetar la diferencia ¡a ver si nos enteramos! Nos hemos instalado en el hogar perfecto en el que  si el papá se va ya está incompleto, o si falta la mamá, y eso, por suerte, ya hace tiempo que cambió. Ni ellos son cabezas de familia ni nosotras somos cónyuges acompañantes. Una mamá forma una familia si se queda sola con sus hijos, una familia, para nada diferente, ya nada es diferente, todas las familias son iguales, igual de bonitas, igual de respetables, igual de unidas. Una foto con padres e hijos es tan bonita como una con madre e hijos o padre e hijos. La única diferencia es que es monoparental, cosa que, en ocasiones, es preferible cuando la convivencia con la otra parte hacía de la familia un territorio apache total y absoluto... Un halago de "bonita famila" debería de ser para toda foto en la que aparezcan dos, tres, cuatro o cien miembros y sean felices. Y quien piense lo contrario tiene mucho que aprender sobre lo que es en realidad la belleza familiar, esa que se crea y se basa en el amor... Cuando aparezco en una foto con mis hijos constituyo una "bonita familia", ni me falta ni me sobra nadie, estamos los justos, no necesito que se me apostille sobre la ausencia paterna, como al padre de mis hijos no es necesario que se le apostille en una foto en la que no aparezco sobre la mía... Hemos avanzado tanto que damos por hecho muchas cosas, hasta que aparecen frases y comentarios reiterativos que intentan hacer ver, sibilinamente, que una foto puede estar incompleta en cuanto a "bonita familia" porque la imagen aparece cercenada, y eso, con todos mis respetos a quienes lo crean, no es así. Ya no. Bendita libertad que nos otorgó la posibilidad de ser felices solas o acompañadas, con un hijo o con diez, sin necesidad de un señor, y que eso también es una familia... Y mi foto, desde luego, es también la de una bonita familia, para mí la mejor, porque es la mía, mis dos hijos, y como decía el refrán "a ti te encontré en la calle"...

18 ago. 2018

HA CAÍDO FEDERICO... (Poesía. Homenaje a Lorca)

La luna llena de agosto con su blancura espumada,
con sus ojos misteriosos y la sonrisa borrada,
ha acogido la agonía de las letras de su alma,
los ojos negros clavados en la noche imaginaria
que lo arrancó de la vida y lo alejó de Granada.
Y ha caído Federico en esa tierra abonada
que recogió el primer llanto perdido en Sierra Nevada,
unas gotas carmesí recorren los arriates
en donde las azucenas quedan manchadas de sangre;
un llanto lejano duele y un grito cercano late,
y se ha rasgado la noche, y la luna que se cae,
un disparo que hace eco en la arboleda y la carne,
y las tierras granadinas van proclamando su duelo
Fuente Vaqueros se viste de eternos negros pañuelos...
Ha caído Federico, Bernarda Alba enlutada,
el poeta en Nueva York a través de la ventana
gime con lágrimas moras por la suerte de Granada;
y un cante jondo retumba entre romances gitanos,
donde las bodas son sangre y Yerma acuna en sus brazos
a Ignacio Sánchez Megías y su capote sudario.
Adiós, Federico, joven, poeta y gallardo,
granadino que recibe de la crueldad los balazos,
de las estrellas el beso, y del agua su descanso,
adiós, Federico, niño, adiós a tus versos nardos,
a tu sonrisa serena... te dejaron sin camino
para recorrer tus años.

29 jul. 2018

FAMILIARES Y TRASTOS VIEJOS, POCOS Y LEJOS... (Refrán popular)


Hace dos meses que no aparezco en vivo y en directo por este rinconcito mío, íntimo y personal, tal vez porque decidí tomarme un tiempo, porque andaba terminando novela, porque necesitaba tiempo para mi vida personal… ¡en fin! por esas mil cosas que nos van retrasando la vida constantemente… Hasta esta mañana. Como suele pasar muy a menudo en este íntimo y personal Blog, siempre sucede que, después de una charla, según el tema que se toque, me ponen ruedecitas en la mente los amigos que se alternan al teléfono y con los que comparto diálogos… Y, como sucede otras veces, eché mano al refranero… Hoy toca uno de esos refranes a los que mi abuela Tita recurría en muchas ocasiones, “Familiares y trastos viejos, pocos y lejos”. Cuando era niña no comprendía muy bien aquello de desear bien lejos a algunos familiares… hasta que se crece, hasta que se observa, hasta que comprendes que la sangre, esa que se comparte entre miembros de un mismo clan y que por tanto es la misma, deja de ser la sangre familiar para convertirse en la sangre traidora, de ahí el dicho de que la traición nunca viene de un ajeno, viene y duele cuando llega de la propia familia. Y es que familia tengas y la entretengas, esto no es un refrán, es una frase que me surgió esta mañana, porque, últimamente, después de vigilar como "vieja del visillo" estas redes benditas y malditas, después de conocer situaciones y saber de no preguntas y no intereses, he llegado a la conclusión de que, efectivamente, a veces, la familia, esa que debería de apoyar, animar, preocuparse, interesarse, defenderte, cobijarte, alentarte, comprenderte y sobre todo RESPETARTE, termina convirtiéndose en el público de tu película, esa que, en ocasiones, esta vida nuestra, nos lleva a intentar protagonizar en secreto y en silencio. Vano intento, porque esa familia, la que está ávida de noticias porque en sus vidas tampoco pasa nada digno de mención, está a la que salta, para poder comentar en petit comité nuestros avatares, petit comité quiere decir nuestros familiares que están en consonancia unos con otros, porque luego están los que están a la greña unos con otros, los que se niegan a compartir mesas en eventos “familiares” a los que, verdaderamente, hay ocasiones en las que es mejor no asistir… Y así desglosaba yo el refrán simpático y guasón de mi abuela, comprendiendo que, efectivamente, a veces es mejor tener a los familiares bien lejos, igual que a los trastos viejos, porque, por avatares de la vida, llega un momento en el que se nos pone encima de la mesa su inutilidad, ya no sólo para hacernos un favor, sino para, como mínimo, preocuparse por nuestra salud, así pues, si nada se aporta mejor se deporta… Hicimos recorrido ambos, mi contertulio y yo, de las tertulias familiares sobre nuestros estados, de nuestras posiciones, de nuestras ideas, eso sí, sin haberlas corroborado con nosotros mismos, por lo que, digamos, se usa la suposición, o el chismorreo por terceras partes, porque los familiares que sí están conectados entre sí tienen la virtud de que, si no lo sabe uno lo sabe otro, y si no lo saben comienzan tirando de lo que fulanito o menganito les ha dicho, que eso suele ser “palabra de Dios”… Inutilidades familiares, porque luego viene el siguiente paso: “hacerse el tonto”, es decir, preguntar sin preguntar, admiración falsa haciendo que no se sabe lo que es vox populi entre ellos, inutilidades familiares, porque, llegado el caso, cuando una o uno deciden cortar el nexo sanguíneo y dejar sin “diario hablado” al resto de la consanguinidad estos familiares se sorprenden y se preguntan “¡qué han hecho ellos!”, y es entonces cuando tenemos esas dos opciones simples: hacernos nosotros los tontos y no dar explicaciones a quienes no las merecen, o soltarles los “zasca” uno detrás de otro, porque, muchas veces, cuando nos decidimos por la prudencia comenzamos a acumular puntos para un alegato final que podría rematarse con un: Trastos viejos bien lejos, y eliminar lo de familiares, porque llegamos al punto de que de familia tenemos los apellidos y poco más. Sin contar con que en todas las familias está el sobrino preferido, el nieto preferido, el hijo preferido, el hermano preferido… y en este orden podemos cambiar añadir a las preferencias lo de el  hijo, hija, hermana, hermano, sobrina, sobrino, tía o tío “político/a”, que también puede pasar, porque, como dije al principio, se olvida de que a nuestra sangre, por principio, le debemos el respeto… Hay refranes verdaderos, lo que ocurre es que tienen que pasar años, tienen que vivirse situaciones, tienen que ocurrir hechos para vayamos comprobando cuánta de razón tenían las abuelas y el por qué surgieron esos refranes… y si no basta con darse una vuelta, cada uno por su cercado, y descubriremos veces en las que se nos abandonó a nuestra suerte, en las que no se respondió como se debía, veces en las que se nos decepcionó, aunque luego hayamos intentado olvidar y tapar, veces en las que nos hemos enfrentado, en las que se ha retirado el saludo, en las que se ha comentado a nuestra espalda, en las que  hemos solicitado no compartir mesa, en las que hemos olvidado que nuestra sangre estaba en un hospital, en las que hemos cotilleado con otros familiares situaciones íntimas del resto… Y con todo esto, después de dos meses de ausencia, me basta decir que habrá que ir cribando, porque, después de todo, los lazos de sangre no son nada. Hay otro refrán, “Hace más el que quiere que el que puede”, y una reflexión que siempre he hecho mía: La familia te cae por imposición, incluidos los hijos, que no tienen obligación de quererte, los amigos, la gente que no tiene consanguinidad se escoge, y lo demás, visto lo visto, como los trastos viejos… pocos y lejos…

22 may. 2018

CON LA IGLESIA HEMOS TOPAO... (Opinión personal)


 Soy de educación católica, apostólica y romana, criada en una familia practicante, fui catequista en una etapa de mi vida, me casé por convicción por la Iglesia, he bautizado a mis hijos y han hecho la Primera Comunión… A ellos no, es decir, a ellos no los he educado en la férrea educación cristiana de esa de prohibir, limitar, acotar y fanatizar. A ellos los educo en libertad. Mire usted por dónde nos encontramos con que el señor Willy Toledo (que no es que sea santo de mi devoción precisamente) ha sido llamado “al orden” porque un grupito elitista de abogados católicos se han sentido muy dolidos, muy humillados, muy insultados por unas palabras que, seamos sinceros, más de uno suelta en algún momento de su vida, pero ¡claro!, lo hizo en público, en las redes, que es lo más público del mundo mundial, es decir, vamos a ir sintetizando, un señor en un bar, durante un partido de fútbol suelta las frasecitas y es sólo un desahogo futbolero, igual que si lo hacen los jóvenes en un parque, o un padre ante las notas de su hijo, o una ama de casa cuando se corta un dedo o entra en la habitación de un hijo adolescente, y no pasa nada, pero ciertas cosas no se pueden decir en las redes porque ofenden a un grupo clasista que, sin embargo, no admiten como ofensas las violaciones a niños, los abusos sexuales de los que el clero tiene ejemplos con nombres y apellidos, no se ofenden cuando la Iglesia apoya o apoyó actos terroristas, no se sienten ofendidos de que haya hambre en el mundo mientras la jerarquía eclesial nada en riqueza… eso no. Se ofenden porque, por desgracia, este Código nuestro sigue en el Medievo, le falta el artículo de condenar en la hoguera y ya estaría completo, recoge unos artículos que permiten defender los sentimientos cristianos. En este país en el que hemos sufrido el fanatismo religioso, que se nos llena la boca de libertad de opinión y de culto… En este país que es LAICO, por lo tanto no tiene tinte religioso, en este país en el que no se pueden hacer canciones en las que se mencione a un Dios en concreto, pero que no pasa nada si se hace contra cualquier otro, pues sí, en este país se denuncia a un señor, sea el que sea, por una advocación determinada a una Virgen; antaño, creo que sobre los ochenta, el señor Ángel Garó ya hablaba en sus chistes de “la Virgen del cuello de pana”, pero no pasaba nada, porque eso no es falta de respeto. No es falta de respeto los chistes sobre el clero, curas y monjas, todos los hemos hecho, TODOS… A partir de ahora habrá que tener cuidado, podría ser que dijéramos algún improperio divino con oídos puntillosos, abierto el melón ya todo es comer, y nos veamos como el señor Toledo, como el joven de Jaén que pintó a un Cristo a su manera, con su libertad de expresión, que todos la tenemos. No nos atrevemos a hacerlo con según qué Profetas, con según qué Dioses, porque podemos estar en la picota, y criticamos la intransigencia de ciertas religiones. Nos jactamos de que nosotros tenemos libertad, pero… con la Iglesia hemos topao, o con un grupo de personas que se detienen en cuatro memeces mientras el mundo se hunde a su alrededor… Ya que son abogados católicos, mi sugerencia sería que limpiaran un poco el pozo, que defendieran a víctimas de abusos en colegios, que exigieran que se pida perdón por ciertos actos, que esos sí que son graves, y que, por tanto dañaron los sentimientos de niños y de sus familias, que tuvieron que callar porque no había ningún grupo de abogados que pudieran plantarle cara a ese Coloso que es la Iglesia rancia en donde nunca se han cuestionado si estaban dañando los sentimientos ajenos. Conozco personas en las que ciertas frases son normales, que salen sin querer, no lo considero una ofensa, ni ahora, que me alejé un poco del olor a incienso, ni con anterioridad, jamás lo consideré una ofensa a mis sentimientos católicos, mis sentimientos son míos, como el amor. Si me enamoro de una persona respetaré a quien no le caiga bien, no me van a herir los sentimientos porque sea criticada, mis sentimientos son míos, no los tiene que reglar un Código ni un Juez, los sentimientos son personales. Ese grupo de abogados tan católicos, apostólicos y romanos deberían de saber que una de las normas para una buena confesión es el “examen de conciencia”, que se den una vueltecita por la suya, que comiencen a vivir en el año dos mil dieciocho, en un país que no hace distinción por religión, laico y aconfesional, en donde conviven ateos con practicantes, en donde nos ponemos las manos en la cabeza ante el fanatismo, en donde cada cuál puede decir lo que quiera, defender lo que crea, y en donde los sentimientos no se llevan a juicio, porque si así se hiciera habría etnias que no saldrían de los Juzgados por las veces que se las ofende… A todo esto, como diría mi abuela, se le llama “no tener ná mejor que hacer”. Supongo que habrá católicos que se sientan ofendidos, yo, como siempre, hablo por mí misma… Hay quien es más Papista que el Papa y así nos va. Pues nada, a seguir dándole cancha en los juzgados a temitas tan importantes para el país, que entre sentencias indecentes y ofensas indecentes se nos está yendo la vida.

19 may. 2018

EL NIÑO QUE LLEGÓ CON EL OTOÑO... (Para mi hijo Alberto)


Es el niño que llegó con el otoño, con el otoño de mi vida, con la estación que antecede al invierno, esa que está llena de tardes en las que el calor del verano se vuelve olvidadizo, y el viento comienza a ser gélido en las horas matutinas. Alberto nació para traer calor estival, de ese olvidado, para sembrar de color mi otoño, igual que la primavera. Fue un niño inesperado que me dejó lágrimas de negación a lo evidente, que me enseñó a sopesar, y pensar, a decidir por mí misma, a poner encima de la mesa mis dudas y mis miedos. Me hizo cuestionarme la generosidad de dar vida y renunciar a parte de esa mía, tan relajada ya, tan indiferente ya, cuando ya has hecho los deberes y los hiciste bien. La vida me presentaba otra reválida, una más, en ese otoño en el que yo creía que ya todo lo sabía… He hablado mucho de mi maternidad tardía, igual lo que nunca dije es hora de que vaya lanzándolo fuera, para así recordarlo siempre. Mis llantos a solas, “¿por qué?”, fácil respuesta, porque eso sucede, porque el cuerpo, mientras tiene vida responde, porque es fácil creer que todo se sabe, que son cosas que no van a suceder. “¿Y ahora qué?”, pues volver a empezar, dejar atrás lo aprendido, dejar aparcado mi trabajo, dedicarme a recuperar las veladas y aceptar el sueño, colocar un pecho en una boca y admirar la succión de quien ha crecido dentro de ti.
Alberto hace mañana su Primera Comunión; alejada ya de decisiones dictatoriales fue libre para decidir por él mismo, como libre ha sido su hermano en cada decisión de su vida, como libre soy yo y lo es su padre. Lejos de una gran fiesta, como fue la de su hermano, en esta ocasión se va a centrar todo en él y en su familia, la suya, porque luego, con los años, descubrimos que cada uno tenemos una y no podemos adherir la de la otra parte como tal, en la vida suceden situaciones que nos enseñan que cada cual porta una sangre. Ha sido un niño despierto, con una inmadurez del lenguaje que le hizo asistir a logopedia, demasiado ágil mentalmente para que su pequeña lengua fuera capaz de resolver las cuestiones cerebrales. Es un forofo del fútbol, no le gusta demasiado estudiar, estudia lo justito para ir sacando sus cursos, mis regañinas, sus aceptaciones de que así es, “es que estudiar me gusta poco, mamá”… Es un niño cariñoso, de esos de besos continuados, los que ya comenzaban a faltarme, porque los hijos, cuando crecen, olvidan besarnos, a no ser para la foto de rigor o porque dependan de nuestro “Money”, o porque saben que tienen caprichos que ya, a una edad, resultan puro egoísmo. Esa es la ventaja de un niño pequeño, que no conoce el interés, te quiere por cómo eres con él, no sólo a los padres, también a quien se acerca con una sonrisa y le bromea, pero también le puede reñir cuando toca. Alberto mañana habrá crecido lo suficiente como para celebrar un Sacramento por él mismo, sin que nadie lo haya empujado. No sé si seguirá su camino entre la práctica de la religión católica, poco a poco será él quién decida. A mí, sinceramente, a estas alturas, lo que me preocupa es que es un niño que crece sano, que acepta decisiones de adultos, que puede soltar una lágrima porque hay cosas que no comprende, pero que no pone malas caras, que sonríe a quien se acepta en casa, que habla con una naturalidad pasmosa de y con personas anexionadas, que no entra en diferencias clasistas ni raciales, al contrario, defiende a quien sabe que se puede estar marginando… Me cuestioné si nacería o no, tenía la opción de elegir, sopesé los pros y los contras, en aquel tiempo, aquel invierno en el que mi vientre volvió a acoger la vida veía pocos pros, todo lo veía en contra. Me hablaban de que perdería la libertad, de que una mujer a los cuarenta y cuatro, con un crío, perdería para siempre su derecho a decidir su propia independencia, me hablaron de escasez de fuerza física, de hartazgo, de que estamos preparadas para ser abuelas ya no madres… Me dijeron tanta tontería junta que decidí ser rebelde, como siempre lo fui, y aposté por la vida, por perder mi libertad, por dejar de ser una mujer independiente, por centrarme en criar y amamantar, por tomar Ibuprofeno para la escasez de fuerza, y para pedir a la vida que no me hiciera abuela demasiado pronto… Y acerté. Del todo. Soy madre, lo de abuela supongo que llegará cuando mi hijo mayor lo decida, yo no tengo ni voz ni voto, ni lo quiero, seguiré siendo madre, mi hijo, cuando lo decida será padre, pero nadie me podrá quitar las dos experiencias maternales, la de la juventud, en plena primavera de la vida, y la del otoño, cuando nada esperaba ya. Alberto me trajo alas, me trajo risas, muchas, me trajo distinto concepto del amor, del materno y del de pareja, me trajo la capacidad para saber lo que quería, pero sobre todo lo que no quería, me trajo la ausencia de culpa, esa que nos persigue a las madres de vez en cuando, ya no me siento culpable cuando le dejo unos días al cuidado de su padre o de su hermano, hago caso a su frase más habitual, “Lucha por tus sueños, mami, y sé feliz”, y cuando eso te lo dice un niño de nueve años sabes que lo dice de verdad. Los hijos a esa edad no tienen la manipulación paterna o materna a cuestas, se dejan llevar únicamente por el cariño, y mañana será un día grande, como grande fue aquel otro día, cuando supe que mi vientre no era “añejo”, sino que era capaz de crear vida, de parir con la facilidad de los veinticinco, de recuperarme como cuando fui madre a los veintiocho, un día grande en el que aposté por la Vida cuando todo estaba en contra. Y acerté. Alberto es mi bastón, mi bastión, mi almohada cuando el llanto me asalta y me abraza, mis oídos cuando su curiosidad pregunta, mi compañero diario, mi otro corazón, el que late al igual que el mío… Será un día grande para él, tendrá a toda su familia, a esa que sólo se la reúne en las grandes ocasiones. Y espero que sea feliz, que el beso que me dé mañana lleno de nervios esté revestido de todos los besos que le he ido dando desde que nació, de los que me da cuando regreso de mis viajes, de los que le doy la noche anterior a irme, de los que abarcan todo mi espacio cuando estoy escribiendo y me abraza por detrás… La maternidad tardía es sólo la que se impone, la que no se decide, la que no se comprende por mentes obtusas que creen que la madurez es vejez, cuando no se piensa que se puede aprender de ellos, de los que vienen, que nos pueden dar mucha ilusión, mucha fuerza y muchas ganas de luchar y de continuar… Mi deseo para mañana es mirar a mi hijo, ver su ternura, que no la pierda nunca, ni el respeto hacia los demás, ni esos besos que regala a quien se acerca a él, ni esa sonrisa a las nuevas personas que tiene que ir acogiendo en su pequeño mundo, que no pierda la capacidad de dar amor… que sea feliz, tan feliz como me ha hecho ser a mí durante estos nueve años, desde aquel otoño que se tiñó de primavera.