13 ene. 2019

SEÑOR YANN MOIX, USTED SE LO PIERDE... (Reflexión personal)



Hace una semana que las redes vienen ardiendo por las declaraciones de un señor escritor francés que se ha atrevido a decir que no podría amar a una mujer de cincuenta años… El señor en cuestión es Yann Moix, que, paradójicamente, tiene cincuenta años, y que, por extraño que parezca, nos quiere hacer ver la diferencia entre el cuerpo de una mujer de veinticinco y una de cincuenta, igual olvida que, una señora de cincuenta ya tuvo un cuerpo de una de veinticinco, por lo tanto, si la señora es inteligente, que no se duda en ningún momento, conoce a la perfección las diferencias que su cuerpo ha experimentado… al igual que conoce las diferencias que ha experimentado su mente. Lo digo con conocimiento de causa, ya que una servidora cruzó la cincuentena hace cuatro años y recuerda cuando tenía veinticinco como si hubiera sido ayer. Pero una servidora también recuerda todo lo que ha crecido, todo lo que ha aprendido, todo lo que ha luchado, y sobre todo sabe cuándo un señor vale la pena y cuándo no es más que un hombre con ojos para modular unas curvas. A mí, sinceramente, que este señor haya dicho esto ni fú ni fá, ni frío ni calor. Principalmente porque cada cual tiene sus gustos. Conozco caso de señores que se enamoraron de mujeres veinte años más jóvenes, de señores que lo hicieron de mujeres veinte años mayores, de mujeres que se enamoraron de yogurines de veinte siendo quince años mayores y señoras que perdieron la cabeza por señores con veinte años más… Así pues, en ese aspecto nada que objetar. Tampoco tengo nada que objetar sobre que un señor encuentre más apetecible un cuerpo de veinticinco que uno de cincuenta, seamos sinceras, nosotras también encontramos más apetecible a un chico de treinta que a un señor de sesenta… Ahora bien, la frase en sí sólo indica que un señor de cincuenta margina en sus posibles amores a mujeres de cincuenta sencillamente porque su cuerpo no es tan apetecible… En este caso el problema no lo tiene la señora de cincuenta, lo tiene este señor, porque se está perdiendo la magistral línea de vida que una mujer madura puede enseñarle, y sé lo que digo. Una mujer de cincuenta puede enamorar, conquistar, enseñar incluso a señores que creían que lo sabían todo respecto al sexo, y vuelvo a decir que sé lo que digo. Una señora de cincuenta años puede mantener una conversación interesante sobre surcos en la frente, patas de gallo, dietas y gimnasios a los que ha renunciado porque piensa que tiene edad de inflarse a galletas de chocolate, o a los que asiste porque quiere escalar alguno de los siete mil. Sandeces decimos todos y todas, pero es que cuando las dicen ellos suelen tener el regusto de la superficialidad y eso, a estas alturas a mí me provoca la carcajada. Si este señor no podría amar a una mujer de cincuenta será que igual lo ha intentado y le han dado una ración de sabiduría y de vida, o igual, si no lo ha intentado sería un poco jactancioso puesto que no sabe de lo que habla. Muy mal, señor Moix, porque usted, desde sus cincuenta va a comprobar que las de veinticinco, poco a poco, estarán a años luz, y acaba de cavar su tumba para las de cincuenta, y cuando usted tenga sesenta y sus problemas de próstata lo acosen y lo ninguneen verá sorprendido que las mujeres de cincuenta siguen elevando curvaturas masculinas que, por desgracia, a usted le quedarán lejos… No le voy a decir que me parece una imbecilidad su frase para no parecer que me toca de cerca, pero le puedo decir que hay mujeres, no de cincuenta, sino ya de sesenta y de setenta que lucen en sus sonrisas la belleza de lo caminado, viendo algunas fotos suyas (ya que se guía por el físico yo también lo hago) le aconsejaría que no fuera tan locuaz en sus aseveraciones. No me parece usted ni atractivo ni interesante, ni siquiera lo tendría como un futurible. Me gustan los hombres de verdad. De esos a los que les gusta mirar el trasero de una mujer de veinticinco, pero que sabe reconocer cuánto de sereno, de calmado, de erótico y de pasional puede ser el amor de una cincuentañera, algo que usted, señor Moix, se está perdiendo… No voy a hacer arengas feministas sobre la inteligencia femenina a determinada edad, porque usted ha hablado de físico, y como intento ser coherente, me ciño al tema. Hay curvas espectaculares en mujeres de cincuenta, de las que no han aumentado sus senos con silicona, ni han agrietado su piel con bisturí, hay curvas maravillosas en mujeres de cincuenta, sobre todo la sonrisa, para eso tengo la mía, y, desde luego, que no la dedico a cincuentones ávidos de elogios femeninos semi adolescentes en camas prestadas, seguramente porque, seamos sinceros, cuando la joven abandone la habitación pensará que no llega ni a la media… No ofende a las señoras con una sinceridad de conquistador trasnochado, no ofende porque no puede, ya sabe el dicho, ofende el que puede y usted no puede hacerlo por mucho que quiera.
Hace una semana leí, por casualidad, el enfado de muchas mujeres, algunos insultos, comenté el artículo que recogían las frases lapidarias de un señor que a mí, particularmente, me hizo soltar una carcajada, igual porque a mis años, con un señor de mi edad con el que ni siento complejos ni necesito machacarme a dietas y en gimnasios, he comprendido que el físico, señor Moix, no es lo exterior, el físico, he comprendido, es la capacidad de poder amar a quien te hace crecer, te hace necesaria, te hace valiosa y te hace importante, y todo eso, señor Moix, gracias a su frase, que no sé si tildar de estúpida o de magistral lección de humillación hacia el bello, valiente e inteligente género femenino… Así pues, para terminar con la misma frase propia con la que comenté en algunos perfiles de amigas su locuaz verbo, sólo decirle que “Usted se lo pierde…”, en unos quince años hablamos, ya me contará lo que piensa a los sesenta y cinco. Le recuerdo que yo, para entonces, espero rozar los setenta, y estaré encantada de tener mi piel descolgada, mis arrugas profundas y mis cabellos teñidos, eso sí, espero tener la misma carcajada dispuesta que cuando leí su excelsa frase creada para la eternidad…

9 ene. 2019

EL KARMA NUESTRO DE CADA DÍA... (Reflexión personal)


En estos mundos de redes y de memes, y de twiteos, y de compartir frases rotundas de verdades a medias, de falsas conclusiones y mucho más falsas reflexiones, últimamente nos ha dado por hablar del Karma, esa gran palabra proveniente de la India y que nos sumerge en una cultura escondida en la que, cualquier acto tiene su respuesta. Todo eso es lo que en España, con aquello del refranero, condensamos en varios refranes de los nuestros, “tiempo al tiempo”, “Todo se paga”, “Aquí nadie se va sin pagar”… Y así algunos más nacionales, para consolarnos cuando alguien nos hace daño y convencernos de que terminará pagando. Para concluir cuando alguien sufre un revés del destino y buscamos en sus actos anteriores. Yo no creo en el karma, sencillamente porque la vida me ha arrebatado a personas a las que quise con toda mi alma y sé que nade malo hicieron, porque la vida me ha dado reveses y tuve que aprender a lidiarlos sin conocimiento de haber actuado con maldad sobre mis prójimos… Porque todos conocemos a personas que han robado, matado y siguen ahí, con sus vidas, viviendo a lo grande, sin pensar siquiera en que pueden pedirles cuentas… Lo último sobre karma que se me ocurre es el caso de Laura, la chica violada y asesinada en Huelva… ¿qué pasó con el karma ahí? Igual sus padres andan buscando qué hizo mal su hija para recoger esos frutos, qué hizo bien el asesino para seguir vivo, para salir libre en unos años… Aparte de esto, el karma se utiliza en su origen para hablar de “vidas anteriores”, es decir, una persona tiene “mal karma” cuando sufre en esta vida, porque, según los budistas, se portó mal en su vida anterior, y, sinceramente, yo no recuerdo mi vida anterior, ya me cuesta recordar esta que vivo… No creo en el karma, creo que hay momentos buenos y momentos malos, obstáculos y zonas calmadas, que la vida es un camino sinuoso, que cada uno lo camina como buenamente puede según los zapatos que le hayan tocado calzar. No soy budista, ni siquiera sé qué soy en cuanto a religiosidad se refiere, creo en el Destino, en que hay cosas que están para ser cumplidas y cosas que se estarán negadas siempre. Creo que es bueno hacer el bien por uno mismo, no por lo que te vaya a reportar; pensar hacer el bien para que el karma no te lo reclame después es síntoma de egoísmo, puesto que haces bien esperando obtener un bien. Creo que cada persona tiene sus días contados, que decía mi abuela, un día naces, otro mueres, habrá una hora de la que no podrás huir, no sabemos cuándo, cómo, ni dónde, igual que nacemos de la misma manera. Y eso es todo… Leer frases sobre saldar cuentas porque una persona en concreto piensa que la dañaste, porque una persona concreta se sintió ofendida, porque una persona concreta se sintió dañada no es el karma, son resultados de situaciones personales, y todos, todos, en algún momento hemos priorizado nuestros deseos y nuestras necesidades, porque eso es humano, porque somos humanos, y porque, en algún momento de nuestras vidas merecemos ser un poco egoístas, intentar hacer el bien no está reñido con intentar ser feliz, pero sin necesidad de estar pensando continuamente en que si actuamos como deseamos el karma nos cobrará los réditos, sencillamente porque queremos actuar para ser felices nosotros mismos… Y luego está la vertiente de la intencionalidad, esa que, en muchas ocasiones no existe cuando realizamos un acto personal, cuando decidimos de manera autónoma y con libertad, nadie piensa en la maldad cuando decide tomar una decisión para su propio bienestar, porque no cree que en esa decisión se incluya maldad, así pues, si no hay intención de daño ¿el karma también nos requerirá pago sólo porque alguien vio maldad a título personal…?
Como digo, no creo en el karma, igual porque me coge un poco lejos y desconocido el término y el tema, igual porque lo hemos sumado a nuestro lenguaje como habitual, sin pararnos a pensar demasiado en lo que incluye, pero está tan integrado en nuestras conversaciones que ya es de lo más habitual eso de “El karma se lo cobrará”, y entonces pienso que nada más vengativo que ese karma del que se dice que es justo… No, el karma no se cobra nada, ni la vida, no se paga según se actúa, eso queda para los reconocimientos humanos, esos que los mortales presumen y envidian, los reconocimientos terrenales no tienen nada qué ver con los actos personales e íntimos que los pobres mortales realizamos… No creo que mis seres queridos que se fueron pronto pagaran actos que fastidiaron a los demás, ni creo que personas a las que quiero, que están sufriendo una enfermedad, estén pagando malos actos… No, no creo en el karma; creo que es el recurso de quien se sintió ofendido, dolido, molesto, por algo que una persona hizo, tal vez sin maldad, tal vez en busca de su felicidad… El Destino, en el que sí que creo, va poniendo oportunidades, ocasiones, situaciones, y el ser humano las resuelve como mejor cree… Así pues, seguiré escuchando y leyendo lo de las deudas del karma con una sonrisa, preguntándome si la persona que lo verbaliza sabe, realmente, a lo que el budismo se refería cuando atesoró la palabra…

KARMA: Fuerza generada por las acciones de un individuo. Esta fuerza o energía tiene consecuencias éticas que determinan la próxima RE-ENCARNACIÓN…

No olvidemos pues, que cuando se habla de KARMA estamos aceptando que venimos de otras vidas y aspiramos a re-encarnarnos, si no, este término no tendría sentido…

4 ene. 2019

QUERIDOS REYES MAGOS... (Un año más)


Mañana es la Noche Mágica, la noche de Reyes. Es lo primero que escribo en este año que no ha hecho más que asomar la cabeza para saludar y quedarse durante doce meses, cuatro estaciones y trescientos sesenta y cinco días. Y en esta noche, por eso de los Carteros Reales, yo también quería escribir mi carta. Hace mucho tiempo que no necesito cosas materiales, será que me hago mayor, o igual aprendí que tengo todo lo necesario para vivir, esas cosas que agradecemos cuando vemos los informativos llenos de miserias, de rostros tristes y hambrientos, de personas que tienen que abandonar sus casas y su tierra para sobrevivir. En esos momentos en los que se cierran los ojos y nos damos cuenta de cuánto de afortunados somos… Así que, como aquella niña que fui, comienzo mi carta con el hueco de la nostalgia…
Queridos Reyes Magos:
Un año más voy a pasaros la lista de deseos que he ido acumulando durante todo un año. No sé si fui buena o no, todos los mortales creemos que somos los mejores del mundo, que nos dañan otros, supongo que ignoramos cuánto de capaces somos de dañar aun sin darnos cuenta. Así que pasaré por alto el detalle de lo que merezco basándolo en mi bondad, apelaré a vuestra buena disposición… Quiero salud. En esta año que ha comenzado es lo primero que pido, lo que más deseo, porque, como decía mi padre, es lo único que no se puede comprar. Quiero que mis seres queridos sonrían sanos, y como sé que durante el año nos asaltarán algunas impertinencias en este tema, sí que pido que sean leves. Y quiero que al finalizar este dos mil diecinueve mi madre siga junto a mí, sé que es un deseo egoísta, pero es que las cartas a Sus Majestades siempre son un cúmulo de exigencias infantiles que luego convertimos en egoísmos adultos. Somos así de mezquinos, ustedes nos perdonarán… Y quiero felicidad, de esa que no dura veinticuatro horas, sino que es fugaz y que, para contrarrestar nos enfrenta a momentos no tan gratos, para aprender a valorar lo que sentimos con el corazón cuando fuimos felices horas antes… Quiero ver a mis hijos vivir, no existir, vivir, en el amplio sentido, disfrutar con cada minuto que la vida les regale. Y quiero ver al padre de mis hijos disfrutar con ellos, colaborar junto a él para que se eduquen y crezcan en el respeto y en la justicia… Y quiero poder besar a quien amo, y pasear despacio entre conversaciones maduras con manos maduras cogidas, sin grandes aspavientos ni necesidad de demostraciones frívolas de lo que sólo el corazón siente… Y trabajo. Que nunca falte el trabajo, que va unido a la salud. Porque, Majestades, el trabajo es la riqueza del pobre, y si falta salud faltará trabajo… No pido más. No es mucho, pero sé que al pedir todo esto estoy pidiendo lo que es fundamental…
Y sí, me gustaría pedir un gobierno justo, con leyes justas, con más respeto, con menos violencia verbal, con más transigencia, con más bienestar social para los pobres que los soportamos, me gustaría eliminar los colores y los partidos, que se unieran y lucharan por un país que se desmorona porque hay demasiados altos cargos, demasiado gandul, demasiada paga vitalicia, demasiado amor por un sillón, demasiada prepotencia, demasiado ególatra… Sí, Majestades, eso es mí país, no sé si ustedes lo saben, pero andamos enzarzados en dialécticas atormentadas porque unos cuantos inútiles nos han robado como a bobos y se dedican a pelear para ver quién lo hizo peor, y no se dan cuenta cuánto de mal lo hacen todos… Y no quiero sentarme a almorzar junto a mi hijo y tener que escuchar que un señor que dijo amar a una señora la ha matado, ni escuchar insultos de una señora hacia un señor porque dejó de amarla. Porque, no sé si lo saben, pero también hemos convertido el fin del amor en asesinatos y en luchas en las que los hijos quedan huérfanos o son utilizados para manipular a la otra parte… Queridos Reyes Magos, no quiero más recortes. Duele ver cómo la gente muere porque su tratamiento no llega, porque su cita médica no puede ser atendida con prontitud, porque hay dinero en las arcas para que los politicuchos se den la vida padre pero no lo hay para atender a enfermos terminales. Y quiero que mi madre cobre una pensión digna, porque trabajó toda su vida, soportó el sol y el viento, y el frío, y la dureza de la tierra, y merece una vejez vivida con toda la dignidad del mundo, la misma de la que carecen quienes recortan y gestionan este pobre país, pobre por muchos motivos… Mañana es el día de la ilusión, la Noche Mágica, quiero ver la Magia de la Navidad, hace años que se esfumó. Quiero que los universitarios españoles no tengan que salir fuera, que puedan ejercer su profesión en su tierra, y quiero que tengan ayudas para poder estudiar los que las merezcan y lo demuestren…
Queridos Reyes Magos, las utopías son sólo eso, pero es bonito soñar, porque sin sueños estamos perdidos, porque sin metas nos perdemos en la carrera, necesitamos saber que los pasos que damos van encaminados a una llegada. Igual el día seis me despertaré y nada habrá cambiado, pero igual, con un poco de suerte, durante todo el año, se van arreglando algunas cosas que nos hacen mirar triste y nos aprietan las entrañas… Yo, como aquella niña, sólo os escribo una carta, pero sabed que, estoy segura, son muchas las manos que escribirán pidiendo lo mismo, igual sucede, por aquello de que la unión hace la fuerza, porque eso, por desgracia, también se nos ha ido olvidando…
Que tengáis un buen viaje, que hagáis felices a muchos niños, sobre todo a aquellos a los que la vida les está enseñando la dureza del camino. Sería bonito que la Estrella, por una vez, os guiara hasta donde realmente hace falta vuestra magia… Os deseo un buen reparto, espero algún milagro durante el año, en la próxima carta os contaré si mis peticiones fueron escuchadas… Feliz regreso a Oriente.

29 dic. 2018

ADIÓS A DOS MIL DIECIOCHO... (Mi resumen del año que me enseñó a vivir)


Ya he perdido la cuenta de las veces en las que, así, como quien no quiere la cosa, se me ha ido un año más. Este fue un año especial, de esos años extraños, de esos que cuando comienzan sabes que van a suceder cosas, y sabes incluso las cosas que van a suceder, por lo que vas mentalizandote para el cambio. Ha sido un año especial que marcó mi vida, igual que sucedió algunos años atrás. De esos meses que se te presentan por sorpresa y decides que tienes que actuar, que tomar decisiones, que te llenan de dudas y te planteas que igual te equivocas, y que, por eso mismo, te llenan de fuerza y, aunque parezca contradictorio, también de ilusión. Años y meses que te renuevan. Días, uno detrás de otro, que te van enseñando que el miedo es humano y la lágrima es necesaria. Semanas en las que se añoró lo que fue y se sonrió a lo que llegó. En las que las dudas se clavan como alfileres, dar un paso, retroceder, permanecer inmóvil, caminar un poco más, no saber qué hacer pero saber que se quiere hacerlo. Un año en el que descubrí cuánto de dolor pude soportar en lustros anteriores, en años pasados, cuánto de pena cabe entre las pestañas y cuánto de angustia se puede vomitar en silencios, a solas, sin que nadie sepa y nadie sospeche. Un año en el que comprobé que aprendí a no responder, que me descubrió a una mujer nueva que aprendió a no entrar en provocaciones, a ser dueña absoluta de mis silencios, a guardar bajo siete llaves palabras que podrían haber destrozado almas que no correspondía a mí destrozar. Este año aprendí que los pasados casi siempre vuelven, de una forma o de otra, que todas las personas necesitamos nuestros tiempos y nuestros motivos para abrir ventanas y airear las estancias del espíritu. Aprendí de la amistad más honesta, más sincera, la que queda cuando hubo amor del bueno, de ese que se va pero que sigue abrazando cuando se necesita. Esa amistad de confesiones dolorosas, de ojos que saben que algo se rompió y es mejor recoger los trozos y formar una nueva figura para seguir admirando a quien se dio alas y se empujó para que se volara. Ha sido un año de amor, el que me han demostrado mis hijos. Siempre se tiene la duda de saber si se hizo bien el trabajo de educar en libertad y respeto, no se nos resuelve la duda hasta que se pone delante del alma la cuestión que angustia, y ahí se descubre que se formaron buenas personas, pero sobre todo responsables, cariñosos, honestos y libres… Este año ha sido un año para vivir, para aprender, para pensar, para entregar y para amar. A todas y cada una de las personas que han llenado mi corazón… He descubierto que soy otra, ni mejor ni peor, diferente, que son buenos los cambios. Se va un año juguetón, indiscreto, lleno de verdades y lleno de proyectos. Terminé mi quinta novela, la cuarta que será publicada cuando se concrete todo, vislumbro otro año de presentaciones y de caminos recorridos, de encuentros y de sonrisas… Y aprendí el desapego, comprendí que nada material vale la pena cuando de vivir se trata, que todo tiene arreglo cuando se quiere buscar, aprendí que las tardes de verano suelen pasar muy rápidas y que los inviernos llegan demasiado pronto. He aprendido que es mejor viajar ligero de equipaje, como diría Machado… Se queda atrás la Primera Comunión de mi pequeño, la última reunión familiar, la última Nochebuena y se queda atrás toda una vida, porque para comenzar un año nuevo hay que decir adiós a lo anterior. Me han abrazado en silencio, me han visto llorar destrozada y reír a carcajadas, me han visto caminar sin prisa y correr despavorida. Me han visto vivir. He sufrido con el sufrimiento de las que quiero, y he disfrutado de los logros de mi hijo mayor.
Comenzará un año diferente, volverá a estar lleno de esperas y de despedidas. Se llenará de sueños y de metas, y de desafíos, porque esa es la vida, aceptar los retos y vencerlos. Me quedo en mi mundo, en mi pequeño universo, en el que caben pocas personas. Porque también aprendí este año que no era oro todo lo que relucía, ni risas todas las carcajadas sonoras. Necesité este año para descubrir que es duro no pertenecer a la manada, porque se corre el riesgo de quedarse en la cuneta, pero, ahora ya sí, sé que en esa cuneta aparecerá siempre una mano sincera y honesta, que no necesitará justificaciones, ni explicaciones, su excusas. Se va un año que ha completado un ciclo que se inició hace años ya. Todo ciclo tiene su fin, y este año, como ocurre con el fin de los ciclos, se dio carpetazo con la consabida polvareda popular, esa en la que todos saben, de la que todos hablan, y que a mí, sinceramente, ya me coge muy lejos para que me duela. Estoy lejos de muchas normas, de muchos convencionalismos, de muchos conformismos y del vocerío que genera la infelicidad… Fin de año, un año mayor, un año menos de vida. Con el convencimiento de que nadie morirá por mí, de que quiero vivir lo que deseo. Un año para comprobar que quien quiso con honor querrá siempre con honestidad, esos valores que son extraños de encontrar… Sólo pido vivir, nada más, sólo vivir, creo que aprendí a respirar despacio, no quiero ser parte de un rebaño conformista, quiero que los vientos me doblen y me hagan saber que vivo, porque para existir ya no me quedan fuerzas…

18 dic. 2018

A MI HIJO NO LE HUBIERA PASADO... (Adiós, Laura Luelmo)


Tenía veintiséis años, como mi hijo, trabajaba en la profesión que había escogido para ganarse la vida, como mi hijo, era deportista, como mi hijo, seguro que salía de fiesta con sus amigas y disfrutaba de esa edad maravillosa, como mi hijo… Muchas coincidencias entre dos personas de igual edad, graduados universitarios los dos, jóvenes los dos, con una vida por delante los dos. Seguro que le gustaba la música igual que a él… Pero dentro de todas estas coincidencias había una gran diferencia. Mi hijo es un varón. A mí hijo ninguna mujer lo habría violado, ninguna mujer lo acosará cuando vuelva a casa de una noche de fiesta, a mi hijo ninguna mujer lo espiará para abusar sexualmente de él. Y todo eso sólo porque es un hombre… Mi hijo podrá usar la ropa que quiera, salir a correr cuando quiera, asistir a un gimnasio sin que se repare en sus formas, y si se repara no se le acorralará en una esquina para practicarle tocamientos… Es duro pensar y saber esto. Tan duro como saber que ella, Laura, murió por ser mujer. Vivimos en una sociedad así de enferma, en la que los hombres se saben fuertes, pero sobre todo se saben impunes. Laura nació en una sociedad que la hizo libre… o eso creemos. No nació en aquella época en la que los maridos violaban a sus esposas bajo la tapadera del débito conyugal para cobrarse su derecho de pernada. Tampoco vivió en los tiempos más cercanos en los que (todavía) hay mujeres que giran la cabeza y ruegan para que su santo varón termine pronto las acometidas, porque ellas no se sienten capaces de dar cerrojazo a una relación que las lleva hasta una cama para ser manoseadas aunque no tengan ganas, implantadas en sus mentes las ideas de que es su marido y, total, tampoco pasa nada… Ella nació libre, con derecho para elegir quién la podía tocar y quién no, quién podía besarla y quién no… O eso le hicieron creer, eso le hicimos creer todos, unas y unos. Le hicimos creer que era libre, igual que yo se lo hago creer a mi sobrina, unos pocos años menos que Laura, también graduada, también deportista, que también sale a correr en la creencia de que es libre y puede hacerlo… Pero no lo son. No son libres porque los encargados de crear leyes para que lo sean realmente siguen manteniendo penas irrisorias, porque violar y matar sale muy barato, porque con dos años de cárcel se salda la vida de una mujer. Es lamentable, penoso, irritable… Y luego están ellos, los que son como mi hijo, que nacen libres por su sexo y condición varonil. Los que deberían de respetar hasta la muerte a sus iguales, y sus iguales son también las mujeres que se codean con ellos en universidades y trabajos, en sus bloques y en sus barrios, en sus grupos de amigos y en sus vidas sentimentales… Y todavía hay penes andantes que se extrañan de que nos levantemos y reivindiquemos, y gritemos, y nos llaman locas, o salidas, o putas, que también los hay,pero algo sí hemos aprendido, que cuando se ataca a una se nos ataca a todas… Madres que tienen hijas, abuelas que tienen nietas, tías que tienen sobrinas… Y padres, y abuelos, y tíos. Los machos dominantes que olvidan que tuvieron madres, que olvidan que tienen o pueden tener hijas, vergonzosa sociedad que permite que un hombre impunemente viole, humille, veje y asesine, magistrados que se mofan y que se permiten el lujo de culpabilizar a quien se violó o se humilló por el hecho de ser mujer… porque eso a los hombres no les pasa… Mi hijo podrá seguir su vida, con sus veintiséis años, podrá salir a correr, podrá salir de copas, y no será agredido por una mujer, podrá seguir su vida y tener hijas, y, por desgracia, esperará levantado hasta que su hija llegue porque no sabe si alguien de su género le habrá arrebatado la vida… Aquí seguimos, sin Laura, un nombre más, estadística pura, antes de terminar el año, una cuenta más de un macabro rosario al que los responsables políticos y judiciales no ponen freno. Creando comisiones que basan su defensa para la mujer en cambiar términos, en sustituir vocablos, cuando violar es violar y asesinar es asesinar… Penas íntegras, como mínimo, no voy a pedir cadena perpetua por no parecer un animal que desea el mal ajeno, pero debería, porque Laura, porque todas ellas no van a poder vivir ni un día más, ni encerradas ni libres, no van a respirar más, ni a sonreír, ni a ver el sol. Es duro pensarlo, quienes somos madres lo sabemos… Que cumplan todas y cada una de las horas a las que sean condenados, y una vez cumplidas que se revise el caso y se vuelva a condenar, y así, un rosario, como el de ellas. Encoge el alma… Y sin embargo, yo, madre de varones, hoy lo que más siento es saber que mis hijos son libres sólo porque los parí varones… La gran tragedia de la sociedad española actual, nacer mujer, nacer libre para elegir, para opinar, para decidir, y saber que no importa si sales de copas o sales a hacer deporte, porque un hombre puede sesgarte la vida, simplemente, por haberte creído que eras libre… Queremos justicia ya, ya no nos valen los duelos, ni los minutos de silencio, ni los gritos, ni las manifestaciones. Somos libres y nos queremos vivas… Adiós, Laura, tuviste la mala suerte de cruzarte con la bestia. Ha bastado una diferencia entre las coincidencias con mi hijo para quitarte la vida: Ser mujer…

10 dic. 2018

GÉNESIS.... (Pequeño relato)


Ni siquiera había reparado en ti, supongo que tenía la cabeza en otro lado, o en otros ojos, o que, lo más probable, es que no fueras mi tipo para nada. Nos presentaron así, de golpe, me pareciste el niño más borde jamás creado, alejado totalmente de los parámetros a mi alcance. Igual pensé que eras demasiado guapo, por esas cosas raras que pensamos las mujeres, imagino que lo mismo que hacéis los hombres, creerse demasiado poco ante diosas que sabéis que no están a vuestro alcance. A mí me bastaba el chico que me acompañaba hasta un banco perdido, silencioso, tímido, sin grandes gestos de grandilocuencia. Me perdí ese instante en el que unos ojos reposan en los ojos que tienen enfrente y quizás por eso no vi ningún destello de interés en los tuyos… Y luego vinieron los cruces en la escalera de subida y bajada, los saludos siempre buscados y propiciados por aquel muchachito que jugaba a don Juan y que tenía muy claro que, enfrente, tenía a una doña Inés a la que no iba a ser fácil doblegar. Creo que siempre se me notó demasiado que era una niña difícil, que después fui una mujer difícil, poco apta para engrosar listas de conquistas adolescentes. Y así fueron pasando días, tú en tu bajada y subida de escalera, pendientes a timbres que nos llamaban a clase; yo en mis paseos hasta mi banco con aquel chico que, ahora, después de tus saludos y de tus sonrisas, dejó de parecerme tímido para ir pasando al adjetivo de aburrido sin ninguna misericordia por mi parte… El Destino juega así, a pasos cortos, dejando aire para respirar y camino por recorrer. Nadie me había advertido de que los muros de los conventos se escalan, que no son infranqueables, que hay accesos ocultos y que pueden escalarse con alguna dificultad cuando se tiene el tesón y el deseo… Después me contaste que hacía meses que me seguías con la mirada, mucho antes de aquella presentación nefasta para tu reputación ante mi persona. Que me viste entrar en un autobús y que, hasta entonces, no habías reparado en mi pequeña existencia, pero que, desde aquel día, espiabas mis salidas y mis caminos hasta el banco, que te comenzó a caer fatal la timidez del chico que me acompañaba y que envidiabas su suerte. Confesiones ya adultas, cuando unas cervezas son la mejor compañía y las luces se encienden porque el día ha terminado, entre risas maduras e incrédulas que preguntan por qué jamás se te contó aquello. Y es que el Destino juega así. Deja para la calma de los años las confesiones más importantes y los pecados más ocultos… Y me confesaste de la decepción cuando me buscaste en aquella primera fiesta de instituto, cuando yo no estaba junto al chico tímido y él andaba como perdido entre la marabunta de pantalones Lois y zapatillas Paredes de ellos y los tacones de aguja con faldas tubo de ellas… Y no sé cómo empezó todo. Creo recordar que, a la vuelta de aquellas vacaciones, días después de tu decepción por mi ausencia, después de que pasaras días pensando en que tenías que abandonar las subidas y bajadas para establecer una presencia más duradera, llegaste a la conclusión de que el asalto al convento era una cuestión de hombría juvenil, de un acceso de testosterona, que para eso a los diecisiete se tiene a raudales. Y me encontré con aquella carta, porque la doncella no era fácil de abordar, porque siempre iba custodiada por carabinas para que nadie pudiera acceder a ella sin antes pasar por su examen y su conformidad. Unas letras pequeñas y redondas, de las muchas que cruzamos a lo largo de años y días, y semanas y siglos, las primeras letras. Tengo que reconocer que ganaste bastante en distancia larga, lejos de tus presunciones de niño guaperas aprendiz de chuleta redomado. Te supe, desde entonces, incapaz de verbalizar sentimientos, defecto que se acrecentó con la edad esa, la que dicen que es de la seriedad, de que los hombres no lloran, de que no tienen venia para demostrar afectos sensibleros, esos que no están en vuestro diccionario masculino, lleno de monosílabos pusilánimes… El convento fue asaltado, la novicia doblegada, tampoco había sido tan difícil, aunque después, ante las mismas cervezas y las mismas risas, me contaras que sudaste mientras escribías, que sudaste y que temblaste cuando llegó aquella mañana y sonreí mientras te miraba, y te confesaba que yo no sabía cómo se comenzaba aquello. Cuesta volver a los diecisiete, como escribió Violeta Parra, pero cuando se consigue volver, despacio, sin prisas, sabiendo que no es posible recoger lo dejado a través de los años, se cuenta lo vivido con la nostalgia de ojos que, mientras narran, dejan de estar cansados, como si regresando suavemente fuéramos recuperando el esplendor en la hierba, la belleza de aquellas flores que no fueron cortadas, ni tocadas, ni rozadas siquiera, porque la pureza se respeta, porque los recuerdos están a salvo de quemas, de tormentas, de destrozos por huracanes… Y es que el Destino juega así de sencillo.
Mientras he llevado la copa con la cerveza a los labios nos hemos sonreído con la complicidad de un génesis compartido, los génesis, los prólogos, en ocasiones tienen epílogos  y tienen apocalipsis, y en ocasiones, no muchas pero alguna hay, somos nosotros los que decidimos que sea un epílogo con aires de continuidad o un apocalipsis en el que todo quedó hecho cenizas sin posibilidad de arreglo… Los años son aventureros, nunca fui de retener aguas, me gustan los ríos que fluyen, van creando su cauce, hasta que desembocan en el mar que les ha sido asignado… Conocemos nuestro prólogo, nuestro génesis, rara vez conocemos el epílogo o el apocalipsis, lo descubrimos cuando llegamos, después de ser cascadas, remansos, navegables, aguas bravas. Y aquí estamos, a pocos metros del epílogo, después de haber soportado la intemperie de los tiempos, de los años y los daños… Sigues teniendo la letra redonda, sigues sin saber verbalizar sentimientos, aprendiste demasiado bien el diccionario emocional de lo masculino, pero has adquirido el poder de la emoción, igual hay de nuevo subidas y bajadas, igual hay que tener tesón para conseguir la presencia, pero es que, la doncella sigue sin ponerlo fácil, y ahí nos da la risa. Después de todo, con unas cervezas, se suelen solucionar los mayores conflictos interpersonales, y aquí estamos, recordando y bebiendo, porque las novicias, de vez en cuando, también acompañan al don Juan de turno en el saludable vicio de beber, no para olvidar, sino, precisamente, para recordar lo que tanto nos dio… Y este fue nuestro Génesis, dos besos de presentación, el gesto contrariado de la chica ante el presumido de turno, los ojos que esquivó para que el chico luchara, y la sensación de que, después de todo, la vida sigue repitiendo gestos…

7 dic. 2018

DE PEQUEÑA QUERÍA SER MAYOR... (Reflexión personal)


De pequeña quería ser mayor. Desde siempre quise ser mayor y ser escritora. Y las dos cosas las realicé en mayor o menor grado, soy mayor y escribí, sé que moriré un día, pero también sé que mis hijos podrán acariciar el lomo de novelas que pasaron sin pena ni gloria, pero que fueron el sueño realizado de su madre… Fui una niña inquieta que siempre hizo o intentó hacer lo correcto, un alma rebelde encerrada en un cuerpo obediente, incapaz de rebelarse contra las normas, incapaz de dar un disgusto a sus padres y así me llegó la adolescencia: incapaz de dar un disgusto a mis padres, incapaz de romper unos horarios… y mi alma rebelde seguía enclaustrada, y deseaba volar y nunca supe cómo. Y perdí mi niñez y se fue mi adolescencia y mi juventud la marcaron las reglas que conforman el mundo en el que me tocó vivir. Y fui feliz. Siempre lo fui, aún encerrada en una jaula de obediente aceptación, aún sabiendo que podía llegar más lejos pero que no me dejaban mover las alas más allá del alar del tejado… pero fui feliz. Igual es cierto que ser feliz es aceptar la situación y disfrutarla, aunque sepamos que no es la nuestra, que tenemos otras situaciones.
Deseaba poner cintas en mi pelo y usar minifaldas, y atreverme con escotes que dejarían sin misterio mis exuberancias, y deseaba pintarme más y poder fumar sin ocultarme, y leer sentada en el suelo sin que supusiera una “postura poco decente”… Y deseaba que mi padre aceptara que me había enamorado del chico equivocado, ese que el odiaría de por vida porque era el canalla incurable que haría sufrir a su hija, pero que su hija lo adoraba. Y deseaba viajar sin tener que arrastrar una maleta llena de latas de conservas… Se nos va la vida y no nos damos cuenta, nos paramos poco a pensar en lo que deseábamos hacer y no hemos hecho, en lo que todavía podemos hacer. Ahora escribo y me hago mayor, y pongo en mi pelo cintas y sombreros, ya no vigilo relojes porque nadie me reñirá si llego tarde, no uso minifaldas por un mero sentido de la comodidad, no uso tacones porque mis pies me salieron impertinentes y me protestan si los martirizo… Pero uso gorritas, y sombreros, y boinas, y me gusta, y me pongo escotes aunque ya mis exuberancias den poco juego, siguen dando el justo y necesario para quien, todavía, sigue siendo aquel noviete canalla que mi padre odiaría toda su vida. Sé que ya no, sé que mi padre ya no odiaría, porque él, al igual que muchos, con el tiempo descubrimos que ser feliz es lo único que importa en este valle de lágrimas…
De pequeña quería ser mayor… Y me estoy haciendo mayor disfrutando del aire, sabiendo que mis hijos me ven feliz y con eso me basta, sabiendo que en sus abrazos está el ánimo para que vuele, porque ya mis alas crecieron y me permiten llegar más allá del alar del tejado. Y porque ellos, los míos, mis hijos, lo único que me importa, son los que realmente pueden empujarme o detenerme, y me empujan, y saben que renuncié a muchas cosas, como todas las madres, como la mayoría de las madres de esta generación mía mutilada un poco, conformista un mucho… Es mi hora de hacerme mayor y de volar, y de abrazar un cuerpo que dejé escapar, todavía estoy en edad de hacerlo, porque mi corazón sigue latiendo, porque nadie sabrá nunca de los pasos no dados ni nadie morirá por mí… De niña quería ser mayor, y me he hecho mayor así, sin prisa, descubriéndome a mí misma y decidiendo por mí misma, sabiendo, a estas alturas, que no debo explicaciones, que no debo nada a nadie, que quiero ser feliz como lo fue un día, sabiendo que todo pasa, que a veces se nos escapa el aire en un suspiro y el amor se nos va por la ventana, y tenemos que aprender de nuevo a respirar, a amar y a sonreír… Y yo quería ser mayor y lo conseguí, porque personas conocidas se fueron sin atisbar siquiera la belleza de una arruga… Y hoy que soy mayor quiero ser feliz, quiero arrugarme la piel junto a la piel que amo, que mis manos se completen con venas azules y coger otras manos, que mis párpados sean flácidos y miren otros párpados flácidos, porque será señal de que, al final, cuando fui mayor, escogí bien, porque será señal de que me hice mayor y fui capaz de volver a amar, porque así comprobaré que el recorrido mereció la pena…
De niña yo quería ser mayor. Nunca, hasta ahora, tuve claro para qué… Ahora sí, porque he descubierto que a veces te haces mayor para poder hacer todo aquello que, en un tramo de la vida te fue imposible realizar, conseguir, y alcanzar… Ahora que soy mayor, sólo quiero envejecer feliz, junto a mis hijos, junto a quienes hayan decidido quedarse a mi lado, junto a la persona elegida en este último tramo que fue el primero… y así irme despacio, sin prisa, sabiendo que un día mis hijos acariciarán el lomo de un libro que escribí, una foto en la que estará mi sonrisa y mi recuerdo, y sabrán que, al final, su madre fue mayor y fue feliz…