10 dic. 2016

ESPEJITO, ESPEJITO... (Reflexión personal)

Proliferan esos programas en los que personas anónimas y desconocidas nos muestran sus vidas o parte de ellas, o sus citas buscando maromo o señorita que le haga “tilín” a primera vista, es decir, confiando en que eso del flechazo sea cierto. Uno de esto programas es Firts Date, primera cita. Es bueno darse una vuelta de vez en cuando por estos programas que nos enseñan actitudes extrañas en personas normales, es decir, lo que nosotros, mortales todos, podemos llegar a hacer en algún momento, o pensar, o callar. Ya en una ocasión hubo un muchacho que llamó fea a la chica que le habían asignado, cosa que me dejó bastante perpleja. Es decir, se supone que un muchacho o muchacha va buscando alguien que sintonice con él o ella, por supuesto el físico es el primer impacto visual que tenemos de la otra persona, pero, también por supuesto, creo que a nadie le hunde en la miseria escuchar a una persona que, nunca se sabe, puede demostrarnos que es bonita por dentro, por muy raro que parezca. También es verdad que una primera cita da para muy poco, principalmente porque no se trata de un paseo al aire libre, sino un frente a frente, sentados en una mesa, con una cena por medio. Hace unos pocos de programas el patetismo volvió a repetirse, en esta ocasión al contrario, una señorita que confiesa que no se va a sentar con un señor porque es feo… Cada cual tendrá su concepto de belleza, es algo subjetivo, a una servidora, honestamente, el señor no le parecía para nada desagradable a la vista. La señorita en cuestión tampoco me parecía nada del otro mundo si tenemos en cuenta que las mujeres solemos pasar por chapa y pintura antes de una cita, mucho más si va a ser televisada y si queremos impresionar, por lo cual me hubiera gustado ver a la damisela delicada a primera hora de la mañana, recién levantada y sin afeites ni cosméticos. Me pareció patética la situación, realmente patética. Que una mujer que dice que le ponen veintiocho años (yo le hubiera puesto algunos más, la verdad aunque tenga en realidad cuarenta y uno) se queje, con una voz un poco pastosa, quejica y dominante de que un hombre es feo es un poco descojonante (perdón por la palabra), pero roza la indignidad cuando confiesa sin ningún tipo de arrepentimiento que le ha dado dos besos para “quedar bien”, no por educación, porque es norma de protocolo, porque es una forma de saludo cordial, sino para “quedar bien”, ella, en su inmensa generosidad hacia el otro, quedar bien ella que tacha de feo a un hombre por (sencillamente) no haber estado a la altura de sus expectativas. Lo tachó de no ser alto, hasta ese momento no supe yo que ser bajito es una tara (o bajita, en mi caso), una altura importante si comparamos con el presentador del programa, don Carlos Sobera, que, hasta donde yo sé, no mide metro y medio, y si comparamos con la señorita exquisita en cuestión tampoco ella le sobrepasaba, debería de haber detallado en sus requisitos que quería a un hombre con más de dos metros de altura, y ya puestos el color de ojos, el de pelo, cuántas piezas bucales eran propias, cuántos implantes llevaba, el tamaño de su pene y el número de pie, así mismo el contorno de pectorales, la talla de pantalón y camisa y si usa slip o bóxer, por si la cita hubiera sido un éxito en un principio y luego, en la cama, se hubiera sentido defraudada porque el señor en cuestión no usa la prenda que ella prefiere… Con todo esto observado, ridiculizado en las redes, catalogado de irrisorio, criticado a la chica, olvidado que hubo un chico que anteriormente hizo el  mismo comentario, yo he llegado a la conclusión de que hay personas que no están preparadas para citas a ciegas. Las citas a ciegas son eso, arriesgarse, te puede salir bien, conocer a un Adonis que luego resulta ser un lerdo que te aburre como una ostra, algunos casos he visto en el mismo programa, o bien conocer a un hombre normalito que te mira como si fueras la mujer más guapa del mundo a pesar de las arrugas, las mollitas, los kilos de más, los años de más, incluso se creerá los años que le dices tener, después de quitarte algunos. Hay citas a ciegas que no te ponen delante a hombres guapos, pero sí a hombres que te hacen reír, que te entusiasman con su conversación, que te interesan con sus anécdotas, hombres normales para mujeres normales, porque hasta donde yo sé, ninguna mujer de las que han acudido a Firts Dates ha sido Cameron Díaz, ni Claudia Schiffer, así pues, esas señoras tan desdeñosas y esos señores tan meticulosos a la hora de juzgar un físico deberían de darse una vuelta por el suyo, por su físico digo, mirarse al espejo, pensar que eso que ven, tan espectacular para ellas y ellos mismas y mismos, puede no ser el súmmum para el resto del mundo, pero sobre todo deberían aprender a respetar, a tratar al prójimo como a sí mismos. Pensar cómo se hubiera sentido ella (en este caso) si un señor hunde su autoestima basándose en que es “fea”, besarla como saludo para “quedar bien”, tomarse la licencia de cacarear que no es físicamente aceptable… y luego hablamos, pero primero esa premisa, tratar a los demás como nos gustaría ser tratados… Señorita exquisita, en este mundo estamos personas guapas, feas, altas, bajas, gordas, delgadas, la belleza no es un concepto homogéneo, a Dios gracias, porque de ser así, probrecita usted, se quedaría sola en su urna de Blancanieves esperando a un príncipe que igual no llegaría nunca, roto el espejito mágico de tanto preguntarle “Espejito, espejito, ¿quién es la más bella del Reino?”… a buen seguro que el espejito se habría mordido la lengua antes de decepcionarla y decirle que, físicamente, usted, para muchas personas, tampoco es guapa…

5 dic. 2016

SE LO DICE UNA MUJER... (Carta al Alcalde de Alcorcón)

Señor David Pérez, lo de señor es porque una servidora tiene educación, la misma que a usted, alcalde de un honorable pueblo como es Alcorcón, le ha faltado. Me considero una mujer normal, es decir, de esas que han trabajado en lo que ha ido saliendo, que ha sacado a una familia adelante, que ha enterrado a padres y seres queridos, que se ha desvelado cuidando a hijos bebés y velando por los míos. De las que llegan cansadas a casa y saben que tienen una segunda jornada, de las que aman a un hombre, a un señor, porque, a Dios gracias, todavía quedan algunos. Según esas pautas que acabo de darle no sé si debo de englobarme en ese grupo de amargadas y frustradas que usted, con toda la mala educación y la poca hombría del mundo, se ha atrevido a insultar por el mero hecho de que, yo también, aun habiendo tenido ese recorrido de vida, hemos exigido y pedido pacíficamente, que se nos iguale con los varones, esos seres iguales a nosotras a los que usted no representa, ni siquiera iguala. No suelo perder mi tiempo ni mis energías en bocazas y absurdos seres que ni tienen idea de cómo tratar a una mujer ni siquiera saben lo que es. Pero, ¡mire usted por dónde!, hoy me he enfadado. Quizás porque a mí ningún marido me puso a dedo en un puesto cómodo con un buen sueldo, o porque he conocido las desigualdades, o porque sé que he nacido libre, esto último, señor Pérez, me lo enseñó una mujer que con ocho años se arrastraba en un cortijo y un padre que se dejó parte de su vida y su salud emigrando, cosas que, estoy segura, usted no tiene ni la más mínima idea de lo que es. Soy digna, señor Pérez, como ellas, como todas a las que hombres (por llamarlos de alguna manera) como usted, han insultado sin saber por qué de su lucha y de la petición de derechos humanos, no feministas, HUMANOS. ¿Sabe usted lo que es eso? Debería de darse un paseo por los talleres de confección, las fábricas de embutidos, las empresas de limpieza, y también por las ONG, por las Organizaciones Solidarias (si sabe usted lo que es eso) y observar a mujeres, de las frustradas y amargadas, esas que ayudan, esas que, seguramente, limpian su casa, las que, tal vez, pongan un café en una barra de bar donde usted acomoda su codo… Somos dignas, señor Pérez, pedir justicia es de almas nobles, porque a veces las pedimos para otras. Olvida usted, señor alcalde, que entre las feministas se lucha contra el maltrato machista, y usted ha demostrado ser machista, olvida que el insulto machista también es maltrato verbal, olvida que luchamos a favor de las víctimas de violaciones, que luchamos para que la mujer pueda acceder a puestos de administración sin tener que enseñar sus piernas. Olvida que lo parió una mujer y que una mujer ha parido a sus hijos, que tal vez tenga hijas (no lo sé ni me importa), que algún día esas palabras se las puede lanzar a la cara su hermana. Olvida que con sus declaraciones le ha perdido el respeto a todas las mujeres del mundo, desde un pueblo como Alcorcón, que, pobres gentes y pobres mujeres de su pueblo, se deben de haber quedado boquiabiertas si todavía tienen noción de lo que es ser fémina, ese género que ha sido pisoteado durante muchos años. El feminismo, señor Pérez, es pedir los mismos derechos que tiene usted, gracias a los cuales se ha permitido faltarnos a la dignidad y al reconocimiento de personas. Debería de darse una vuelta por la historia de este país unos pocos años atrás. Enterarse de todo lo que se nos robó, incluido el derecho al trabajo, ya que, para poder trabajar necesitábamos la firma de nuestros tutores, maridos o padres, hombres… ¿Y usted nos llama amargadas y frustradas? ¡Cómo se atreve! Como he dicho, no suelo entrar en provocaciones cuando van hacia mi persona, pero es que, señor alcalde, resulta que usted ha insultado a mi abuela, a mi madre, porque feministas han sido todas las mujeres que han trabajado, callado, llorado, las que han bajado la cabeza y han continuado camino porque no podían hacer otra cosa, y por ellas, por mi abuela, por mi madre, yo sí reclamo mi porción de dignidad. ¿Soy feminista? No lo sé. Soy Mujer. Con mayúsculas, no pertenezco a movimientos extremos, no pertenezco a grupos concretos, no lo necesito, hago de mi vida ejemplo de mujer libre, me quiero libre para hacer libres a los míos, se muestra lo que se posee. Flaco favor haría a mis hijos si me recluyera temerosa en cuatro paredes dilapidando mis sueños, mis ilusiones, mis luchas. Quiero a mis hijos (varones) libres y justos, les doy ejemplo de obra y de palabra, pregúntese qué ejemplo le ha dado usted a los suyos o a las suyas. Es usted un machista, señor Pérez, y debería de analizar hasta qué punto lo es, un hombre que es capaz de insultar a mujeres en público, tan alegremente, tan soberbiamente, de una forma prepotente y dictatorial, tiene un grave problema de conceptos. Podría seguir diciéndole mil cosas, no me voy a permitir el lujo de caer en el insulto fácil, eso lo hace quien ya no tiene más argumentos, el pataleo insultante contra quien le origina miedo por la falta de seguridad a sí mismo. ¿No lo sabía, señor Pérez? El machismo es el miedo a admitir que, podría ser, la mujer puede comerle terreno y eso no lo toleran… Me voy a mis labores, a mi cocina, esa de la que, según usted, no debimos de salir, pero me voy voluntariamente, porque me apetece. No voy a perder ni un minuto más en unas palabras llenas de odio hacia las mujeres. Y estas palabras, señor Pérez, se las dice, no una feminista reconocida, ni de las de enarbolar banderas, ni de las de slogans gritados (reconozco que no suelo gritar), estas palabras se las dice una Mujer… Hágase un favor, señor alcalde de Alcorcón: dimita, es el paso más honesto que, una persona que insulta a sus iguales como usted lo ha hecho, puede dar.

2 dic. 2016

CON SU CONSENTIMIENTO... (Reflexión sobre la "perfecta esposa")

Anonadada me quedo cuando escucho o leo algo así como “a mí mi marido no me consentiría que hiciera eso”, el “eso” abarca desde tomar un café con un amigo, colocarse una falda un poco más corta de lo habitual, hablar con un compañero y reírse (no olvidemos que la risa es muy peligrosa), ponerse un escote que se luzca o cualquier otra razón que la estrecha mente del marido en cuestión considere que roza la indecencia… Y los hay… No sé si alguien puede creerlo pero los hay. A mí me pasó hace unos días, cuando, una de esas mujeres, a las que una cree conocer, soltó la susodicha frase, tras lo cual, tengo que reconocer, abrí mis ojos como platos, conocedora como soy de la domesticación masculina que se ejerce, pero sobre todo, conocedora del caso concreto en cuestión y sabedora de que es la propia mujer quien ha dado al feliz marido el poder completo sobre su persona… Y no exagero… Pudiera parecer que sí, que son casos aislados, pero los hay, basta escuchar ciertas conversaciones en las que, alegremente, se escoge a una mujer que vive su libertad sin tener que contar con el consentimiento marital, para darnos cuenta de que la envidia puede ser tan mala que se solapa en santurronería, en beatitud demostrada y deseos de conquista enquistados y ocultos, tapados, normalmente, a todas las amigas que pudieran llevarse las manos a la cabeza. No sé si me explico. Pondremos ejemplo que siempre es más fácil. La señora decente, cruzada la cincuentena, que se esconde para enviar mensajes, emoticonos, saludos, a señores de buen ver, pero que, públicamente, delante de las amigas los esconden, y, en su lugar, critica la actitud pública de la señora libre que no tiene inconveniente en bromear, charlar, reír (no nos olvidemos que la risa sigue siendo muy peligrosa), con un señor de buen ver, señora, esta última, que hace de menos a su marido por llevar a cabo todas las situaciones anteriores a los ojos del mundo, sin esconderse, sin taparse y sin negarlo… Pues existen… Es extraño, hace unos días hablaba yo con compañeras sobre que el peor enemigo de una mujer es otra mujer, se me llamó al orden porque, según parecía, esa afirmación caía en el error de culpar a la mujer de la desigualdad en cuanto a juicios y críticas. ¡Para nada! Sencillamente yo ponía un hecho encima de la mesa, algo que está ocurriendo a diario, las envidias entre chicas adolescentes, las rivalidades por un chico (¡que tiene narices! Ya les tocará descubrir que el chico no valía ninguna misa), los juicios crueles… y las envidias entre mujeres adultas, esas que desearían hacer lo que “fulana” pero no tienen los ovarios (perdón por la palabra, pero las mujeres tenemos ovarios) de hacer frente y reclamar su lugar, porque hay maridos que no “consentirían” que lo hicieran… ¿Quién es el culpable? ¿El marido por no consentirlo o la mujer por haber dado lugar a ese no consentimiento? Situaciones cotidianas en las que  (aseguro que esto es real) una mujer no puede tomar un café a solas con un amigo porque “la gente ya se sabe” (frase real sacada de la boca de una señora hablando de otra), en las que una mujer (mujer, no chica, mujer adulta) no puede hablar más de diez minutos con un señor y reírse con él porque eso es “dejar en mal lugar” al marido ausente, eso sí, las risas en público, a la vista del mundo. Esa señora que se ríe no está escondida en un pajar, ni en un hotel, ni en un coche en un descampado… y aunque lo estuviera ¿qué? ¿Quién es nadie para juzgar los actos que se llevan a cabo en la vida privada?... Pues sí. Así me quedé yo, mi abuela diría que “como a quien le cuentan un cuento”, es decir, boquiabierta, o, como se dice ahora, flipadísima… Me ha costado tanto mi libertad que jamás permití que me la coartaran, que me la recortaran, mucho menos que me la administraran, soy lo suficientemente mayor para administrar mis derechos, incluso administro los derechos de un menor a mi cargo ¿no voy a hacerlo con los míos? No entiendo esos celos cincuentones, o cuarentones, esos que se revisten de un trasnochado sentido de la “buena esposa”, ¿no los recuerdan? ¡Sí! En aquellos años cuarenta y cincuenta se editaban normas y reglas de cómo ser una buena esposa, a ellos no, ellos nacían buenos esposos ya al inspirar la primera bocanada de aire, a ellos los hacían buenos esposos las buenas esposas, esas que les permitían que no les “consintieran” según qué cosas, porque ¡pobrecitas!, ellas eran (y son) tan incapaces de ponerse sus propias reglas de dignidad que tenían (y tienen) que delegar en el maridito para que se la gestione… ¡Irrisorio! ¿Irrisorio?, pues pasa, les podría jurar sobre una Biblia que esto pasa, a diario, en ese entorno obsoleto de las vidas sin vida, de las que se abastecen de los “pecados” de otras, y lo más grave, se me diga lo que se me diga, es que esto lo hacen mujeres contra mujeres, las que enjuician, critican, vapulean, calumnian (calumniar e injuriar son delitos), insultan solapadamente… El caso más sangrante es el que, como fondo, tiene el no haber conseguido al señor de buen ver… pues sí, así me quedé yo, “como a quien le cuentan un cuento”… Todavía no me creo que, a cierta edad, cuando se tienen años para ser abuela, haya señoras que “tiren los tejos” ocultas, en secreto, con premeditación y alevosía, guardándose mucho de que su maridito, ese que no les “consiente” ciertas cosas, las descubra, pero denigrando, inventando, culpando a otras de lo que ellas desearían hacer, y todo porque, sin saber cómo, se han convertido en aquellas perfectas esposas y mujeres de hace sesenta años, con casi un siglo de diferencia… Sigo pensando, porque tengo el derecho para hacerlo (el mío, mi derecho) que el peor enemigo de una mujer es otra mujer, que para cambiar el chip, para darnos valor, deberíamos de dejar de entregar el derecho del “consentimiento” a un señor por el sencillo motivo de que un día se convirtió en nuestro marido, olvidando que, ese mismo día nosotras nos convertimos en sus señoras, no en sus esclavas, no en nuestro dueño… y cuando lleguemos a eso, tal vez, sólo tal vez, descubramos que no era tan difícil vivir en libertad… Y, repito, eso, aunque haya quien no se lo crea, sigue ocurriendo… ayer, sin ir más lejos…

30 nov. 2016

IDEAL Y "LA NIÑA ROTA"... (Un día de nervios)

Encarni Barrera presenta en el edificio de La Normal, ‘La niña rota’, «un canto a la esperanza y al perdón»

Esta tarde Encarni Barrera Fernández (Montejícar, 1964) presenta en el salón de Actos de la delegación del gobierno de Andalucía (Gran Vía, 34) su tercera novela, ‘La niña rota’ (Círculo Rojo), en cuyo acto estará acompañada por Sandra García, delegada del Gobierno y por el director emérito del IES Montejícar, Vicente García Espínola (18 h). En su tercera incursión en la narrativa, tras ‘Las manecillas del reloj’ (2012) y ‘El infierno cabe e un suspiro’ (2014), esta autora describe las vivencias de tres mujeres, desde los años de posguerra hasta el inicio de la democracia. La propia escritora describe su obra como «una historia de pasados que se hicieron presentes, de reconocimientos de pasiones que se enmascararon en odios, porque así correspondía, de perdones a tiempo, para morir en paz mirando mares gaditanos plagados de ‘Aires difíciles’ que diría la maestra Grandes, y de gaviotas que buscan el mar para morir».
La autora montejiqueña que reside en la localidad jienense de Huelma desde hace dos décadas cuenta con una larga trayectoria como escritora, se declara una enamorada de la poesía, aunque es más conocida por sus novelas. La última que califica de «novela intimista, pasional y contradictoria» cuenta con tres protagonistas pertenecientes a distintas clases sociales cuyas vivencias narra en tres partes «para saltar de tiempo y de historia». Se trata de un libro autoeditado, tras las positivas experiencias anteriores, pues Encarn afirma que quiere ser dueña de lo que hace y que prefiere controlar ella los ejemplares vendidos y las presentaciones. El libro lleva por portada un montaje fotográfico de Cristóbal Arco, compañero desde los años escolares y fotógrafo de profesión, que señala refleja claramente la trama.

La autora se muestra feliz con su grupo de fieles lectores muchos también seguidores de su blog (lavidasegunencarni.blogspot.com) donde publica casi diariamente experiencias y reflexiones. También por la respuesta que están teniendo sus presentaciones en varias localidades cercanas a Huelma y a su pueblo natal, la última la semana pasada en Deifontes. Reconoce que entre sus lectores predominan las mujeres aunque, curiosamente han sido los hombres los que le han abierto puertas y dado apoyo. Algunas de su primeras lectoras como Maribel Lirio afirma que la novela está «archicargada de emociones» y que su «léxico es muy rico en matices». Así mismo, que ha habido momentos en los que ha llorado de rabia e impotencia, para finalmente recomendarla por sus valores históricos, reivindicativos, sociales y emocionales. Por su parte, su corrector, Paco García Espínola, afirma que ‘La Niña Rota’ es «inocencia y pasión».

28 nov. 2016

HE SIDO AFORTUNADA... (Recuerdo para mi padre)

Es bonito recordarle. Es triste hacerlo cuando ahora, ya que no está, queda el vacío de su ausencia. Han pasado tantos años que parece que fue ayer. Siempre le doy gracias, porque él sigue estando. Le doy gracias a él y a mi madre, que me enseñó a quererle. ¡Qué harían las hijas sin las madres que enseñan a querer a los padres! ¡Qué triste ver cómo hay madres que enseñan el odio hacia el padre! Yo agradezco a la mía en el día en que la vida me robó al mío. Esos padres que cogieron en brazos, esos a los que cogimos de la mano, esos que nos enseñaron a compartir, que nos demostraron en los peores momentos que estaban ahí, esos que sacaron adelante las situaciones difíciles. Esos padres a los que se les apartó porque decidieron ser felices y hacernos felices desde otro prisma. Esos padres a los que, en privado, se les insulta por el simple hecho de no haber podido continuar con las farsas y con los desencuentros… Yo hoy recuerdo al mío. Padre es una palabra igual de bella que Madre, aunque las madres (entre las que me incluyo) hayamos hecho de la maternidad la exclusividad del amor olvidando que, para ser madres, necesitamos al otro, al que regalamos y el que nos regaló la vida. No hubiéramos podido hacerlo solas, y se nos olvida a veces. No tenemos la exclusiva del Amor hacia los hijos, tal vez la deseemos pero no la tenemos. Los padres aman, entregan, regalan, sufren, lloran, los padres sienten, tal vez no lo publiquen, no pongan fotos, no digan frases rotundas como “tesoro, estrella, princesa, príncipe, amor de mi vida, motor de mi vida”, ellos suelen ser, en su mayoría, más silenciosos en sus afectos… Mi padre se me fue un día como hoy, se llevó con él mi “te quiero, papá”, ese que a algunos padres le han racaneado porque las “mamis” hemos enseñado a odiar al par nuestro. Gracias a mi madre por hacerme sentir amor por quien fue germen de mi vida. Tengo hijos, soy madre y ellos tienen padre. Podré cambiar mi situación, su padre podrá cambiar la suya, pero seguiremos siendo padres de los mismos hijos, el desvelo mío ha sido desvelo suyo, el amor mío hacia ellos ha sido el amor suyo también. Me enseñaron a no escatimar nada a quien fue cómplice para crear vida. Me enseñaron a que dos personas extrañas pueden romper sus lazos, pero me enseñaron que nada ni nadie puede romper los lazos parentales, ni siquiera yo tengo derecho a hacerlo, la mitad de la sangre de mis hijos es de su padre. La nobleza de la mujer es otorgar al padre el derecho a amar a sus hijos, y a veces se lo robamos, por puro odio a quien decidió caminar solo. Gracias a mi padre que me enseñó del valor del amor paterno, a ser honesta conmigo misma y admitir que mi padre fue y es pilar inamovible de mi vida. La honradez de las madres y su dignidad como mujeres. Hoy lloro su ausencia, pero lo disfruté, lo hubiera disfrutado igual si no hubiera compartido vida con mi madre, porque ellos me enseñaron el respeto y la admiración por el otro. He convivido con un hombre que luchó, que sufrió, que caminó, que me abrazó y me besó, al que, tal vez, por aquella timidez de ambos, no dije todo lo que debí, al menos no en algún momento, pero supe besar su frente y dar las gracias cuando todavía había horas. Lloro su ausencia física, recuerdo su brazo portando el mío, su sonrisa en la mía y sus lágrimas junto a las mías. Sé que dio todo lo que era, y eso me basta. Orgullosa siempre del hombre que me quiso como ningún otro lo hará. Orgullosa siempre de la mujer que me inculcó el sentido del amor hacia él. Ningún hombre querrá a una mujer como lo hizo su padre, por mucho que nos digan, por mucho que nos cuenten, por mucho que nos inculquen otra idea. A pesar de sus errores, de sus defectos, de sus manías, a pesar de sus situaciones personales, a pesar de sus silencios. Ojalá todos los hijos lo entendieran, lo comprendieran, ojalá todos los hijos tuvieran en su memoria y en su retina las escenas en las que su padre sacó fuerzas de flaqueza, venció su cansancio y los abrazó y acompañó en momentos duros. Y si buscamos momentos todos los encontraremos. Tengo en mi vida, allá Arriba, o en algún lugar, a quien vigila mis sueños, yo no tengo ningún ángel, mi padre tiene un título mayor, yo tengo su estela, su ejemplo, su fuerza, su sangre, su vida, yo le tengo a él metido en mi piel y en mis ojos, yo le llevo siempre en mi corazón. Murió mi padre en una madrugada helada que me dejó helada el alma… Soy dichosa. He sido afortunada. Tuve a mis padres para enseñarme. Lo hicieron juntos, pero lo hubieran hecho igual por separado, la buena savia no es mejor por mezclarla, es buena por ella misma. He sido afortunada porque tuve al mejor, pero también porque la mejor me enseñó que el beso de un padre es tan importante como el de una madre, y eso, por suerte, lo aprendí tan bien que lo he conseguido transmitir a mis hijos. No sé lo que la vida les deparará, pero saben que, juntos o por separado, el amor de sus padres es indisoluble, es único y es el mejor… Gracias, papá, por darme mil razones por las que defender la paternidad, porque las razones de la maternidad ya las tengo en mis venas.

27 nov. 2016

LOS OJOS DE MI MUNDO... (Felicidades, Alberto)

Se preveían nevadas, era una noche fría y la autovía aparecía desierta. Las doce de la noche. Un poco antes de esa hora decidiste que ya no querías estar más ahí dentro, en una bolsa que te aprisionaba y te mantenía quieto. Eras y eres de naturaleza inquieta, dicen los que me conocieron de niña que eres igual que yo. Yo también lo pienso, rara vez lo digo. Por eso se me pone la sonrisa condescendiente ante alguna de tus rebeldías, porque me veo con tus poquísimos años y tu inconformismo presente. Naciste sin dar mucha lata, un parto rápido, colaboraste en todo momento, igual que ahora te ofreces para ayudar en todo. Laborioso, eres un niño lleno de temperamento heredado y propio. Te gusta que te hagan cosquillas, que te bromeen, montar bromas conmigo y con tu hermano. Eres ese regalo pausado que da la vida, el huracán que arrastró mi mundo. La luz que me dejó a la vista todo lo que el velo de los años me estaba tapando. Contigo llegaron mis preguntas, mis respuestas, cuestionarme, rebelarme, descubrirme, gustarme, aceptarme, tú me regalaste el don de la inconformidad, igual que tú. Inconformistas ambos. Me has descubierto la experiencia de la no competencia, de la asimilación, de las regañinas profundas y los profundos perdones. Tengo la calma necesaria para no alterarme por el desorden en casa, por las rabietas, por las negativas… ya he aprendido que todo eso pasa, y cuando todo pase te echaré de menos, lo echaré de menos. Sé que irás ligado a mí, allá adónde vaya tú estarás conmigo siempre, porque mis años son muchos y ya queda poco espacio para darme la oportunidad de la soledad. No la quiero. Tampoco quiero la tutela per sempre, no la necesito, quiero que vueles. Eres independiente, igual que tu hermano, igual que tu madre. No te gusta que te manejen, herencia de la que estoy orgullosa. Tienes la mirada limpia e inteligente, todo lo preguntas, todo lo guardas y conservas y lo absorbes. Conversar contigo es descubrir un rico espacio de momentos y de realidades cotidianas hechas de la naturalidad complaciente de los días. Eres vida. Das vida. Aquella madrugada escuché un llanto quebrado envuelto en piel propia, un niño inesperado que me devolvía la inquietud de noches y la energía de días. Y dicen que no se tiene energía depende a qué edad ¡que equivocación! Descubrir mi energía ha sido tu mejor entrega, me entregaste toda la potencia de mi voz de madre y de mi voz como mujer. Me apeé en la estación de la ilusión y de los sueños. Compartes generosamente tus charlas conmigo, las haces amenas y divertidas. Tienes la madurez de los ocho años, toda la madurez de las almas nobles. Un niño con buen fondo. Lágrima fácil, como tu madre. Rebotes llenos de “yo tengo la razón”, como yo. Carácter fuerte e indómito, no sé si eso será bueno o malo, en mi caso hubo de todo. Estás descubriendo la amistad y eso te hace generoso. Das cariño a quien te coge la mano y te sonríe. Olvidas el regreso a casa cuando estás feliz fuera, prometes que no volverás a llegar tarde y lo olvidas una y otra vez, también me conozco esa parte. Te queda toda una vida para corregir ese defecto y pulir otros, la vida te irá enseñando cómo de dura puede ser, pero también cuánto de bonito tiene el recorrido. Siempre me tendrás, y a tu padre, y a tu hermano, tienes tres bastones en los apoyarte. Esta noche en la que los recuerdos abarcan todo mi corazón y toda mi mente te he besado, duermes, profundamente, hueles a vida y tienes la piel suave del amor. Nunca proyecté ser madre a los cuarenta y cuatro, pero decidí aceptar el reto del destino y acerté. No sé dónde nos llevará la vida, habrá momentos duros, intentaré que te rocen lo menos posible, habrá momentos estupendos, intentaré que los disfrutes y los vivas en toda su amplitud. No podré evitarte el dolor pero sí mitigarlo, haré lo posible por inculcarte la honestidad y la lealtad, pero sobre todo haré todo lo posible para que sigas siempre los dictados de tu corazón, para que actúes según tu conciencia, para que dañes lo menos posible, enseñándote que, a veces, es imposible no dañar a los demás. Hay decisiones que causarán dolor a otros, habrá decisiones que te causen dolor a ti. La vida es así, hijo mío, un trueque, un toma y daca, un intercambio de momentos, situaciones, circunstancias, y de todas y cada una de ellas tendrás que intentar salir herido lo menos posible y herir lo menos posible, aunque en ocasiones sea inevitable. Quiero que seas feliz, te quiero íntegro y cabal, digno, sencillo y agradecido. Has venido a llenar el vacío que me trajo noviembre, años antes de tu llegada, veinticuatro horas después de que tú lo hicieras. Se me escapó la sonrisa un veintiocho de noviembre del año dos mil uno, a las cinco de la madrugada. El veintisiete de noviembre de dos mil ocho, a las cinco de la madrugada escuché tu llanto, rocé tu piel, besé tu frente y supe que la Vida es justa. Una fría madrugada te instalaste junto a mí, a mi lado, algún día te empujaré para que camines solo, pero, mientras eso ocurre, seguiré besando tu sueño y oliendo tu piel, porque en ellos se encierra el mundo que me regalaste con tu llegada. Feliz cumpleaños, Alberto, el niño que encierra el mundo en sus ojos.

25 nov. 2016

LOS ECOS... (Reflexión después de la huida)

Se habla de huidas, se habla de salir, de cruzar la puerta, de no permitir más acusaciones, más reproches, más indiferencias, más respuestas monosilábicas envueltas en miradas duras. Se dice que todo se soluciona escapando, saliendo, poniendo espacio, tierra, tiempo por medio. Se habla de que hay que recuperar la vida propia, volver a sonreír, aprender de nuevo a administrar la libertad propia, esa que se dejó entre jirones de tiempo y veladas absurdas llenas de silencios, la libertad que se entregó en leves inclinaciones de cabeza por no discutir, por no reprobar, por no querer exaltar ánimos que ya, de por sí, eran exaltados… Luego, cuando se dio el portazo, cuando se venció el miedo, o la  incertidumbre, cuando se respira fuera, cuando se mira al cielo y se sonríe creyendo que se logró, aparecen los muertos vivientes, esos que persiguen, acorralan, acosan, roban, se van escondiendo en las esquinas y siguen vigilando. Se cerró la puerta creyendo que sería para siempre, se olvida que, a veces, los demonios deciden que tienen las almas compradas y no las dejan marchar. Comienza el machaque diario, psicológico, robando lo poco que dejaron, negando el agua aunque se sepa que se muere de sed, el acoso y derribo a quien se cree ya libre y a quien se creyó que era propiedad privada, la manipulación emocional, los chantajes sentimentales. Todo valdrá, antiguas fotos, antiguos viajes, antiguos besos, actuales hijos. Todo es válido cuando quien fue la parte fuerte en una empresa se ve apartada, alejada, ignorada, simple y sencillamente porque no admite que el lacayo se cansó de las órdenes. Que la criada ya no puede doblar más la espalda. Se piensa que es fácil. Bastaría hablar con quienes han soportado la crudeza del intento de huida, del deseo de salir y volver a caminar a su paso y a su ritmo. No todo acaba con el portazo. Tras el portazo vienen los ecos. Esos que no dejan que el aire arrastre lo pasado, los ecos que no dejan que se viva en paz. Los ecos que van tejiendo, una tras otra, las maldades humanas más viles, las que se cosen con premeditación bajo la coletilla del “¡Qué te crees tú que te vas a salir con la tuya!”, y comienza el real Getsemaní, el recorrido interrumpido por vigilancias, las mismas, por espionajes, los mismos, por negativas paternas y maternas, por descalificaciones, por acusaciones, por calumnias, por versiones a medida de quien tiene que resultar víctima cuando sabe (porque lo saben) que se fue verdugo, que cuando se pudo no se quiso, que no se dio, que no se hizo, que se vapuleó, que se advirtió mil veces y sonrieron porque se creyeron con el poder Supremo, dioses moviendo hilos, confiando en las cobardías que no lo eran tanto, en los seres desvalidos que no iban a poder vivir fuera de cárceles cerradas con siete llaves… Hoy leí que bastaba un portazo. Hoy, veinticinco de noviembre, se han leído y se han dicho muchas cosas, deberían de leerse las frases de las maltratadas, de los maltratados, de los maltratadores, de las maltratadoras, paradójicamente, las y los primeros hablarán desde el dolor, desde el abandono, los y las segundas hablarán desde el victimismo. No hace tanto, una psiquiatra me dijo algo que me dio qué pensar: “Sorprendentemente, quien ha maltratado es quien termina haciéndose la víctima. La persona maltratada nunca habla de victimismo, sólo de dolor”… Y así es, basta escuchar u observar, o analizar a personas que sabemos que han manipulado la historia, bastará darse cuenta de que se erigen en víctimas, de que así lo relatan a sus cercanos, culpan a quien fue objeto de maltrato, la soberbia de la posesión es así, cruel. Hoy no basta un portazo. Porque detrás del portazo
vendrán los ecos… Día contra el maltrato, día contra los ecos, día para admitir y aceptar que es después del portazo cuando hay que apoyar, escuchar, acoger, empujar, hacer ver a quien estuvo en jaula que tiene alas, que le hicieron creer que no sabría usarlas, pero que basta con que las extienda y las bata, y volará. Espacio y tiempo. Reproches, mentiras, acosos, chantajes, negaciones, todo va engarzado como un rosario. Un portazo y serás libre… y así será, aunque haya que aprender a no escuchar los ecos, a no volver la vista atrás, aunque quienes no hayamos sufrido maltrato tengamos que aprender a descubrir las verdades, a descubrir realidades que, casi nunca cuentan las verdaderas víctimas. Otra paradoja. Las víctimas pocas veces vocean, ni narran, ni cuentan. Llevan demasiado tiempo callando y tienen que desprenderse de los tics adquiridos, siempre voceará el culpable, porque, otra paradoja, es quien necesita ser redimido, ser excusado, ser objeto de lástima, ser aceptado como quien se llevó la peor parte. Y todo eso, ironías de la vida, sólo porque alguien decidió que quería vivir… y a vivir, como ya dije muchas veces, tenemos derecho todos. Un derecho no es algo que te pueden dar, un derecho es algo que nadie te puede quitar. Jamás lo olvidemos.