18 jun. 2017

FRACASO: UN CONCEPTO PERSONAL... (Reflexión personal)

Hay quien así lo cree, hay todavía quien cree que dar por finalizada una relación es un fracaso, erróneamente nos han hecho creer que cualquier camino tomado hace veinte, treinta, cuarenta años, cuando se decide dejar atrás y coger una bifurcación es señal de que hemos fracasado en el caminar o en el trayecto. No se nos educó para la admisión de los cambios de ciclo, o para las elecciones libres cuando el camino nos cansa o, sencillamente, no nos lleva a ningún lugar. Los humanos evolucionados, pobre del que no lo haga, nadie es igual a quien era a los veinte, ni a los treinta, vamos mimetizando con el entorno y con las situaciones, nos van dejando huella los pasos dados, vamos abriendo los ojos a nuevos paisajes, es bueno que así sea. Lo que no sería normal es que siguiéramos viendo todo como cuando teníamos treinta años, y en ese todo, en ese cambio personal también están los que nos acompañan. Ni siquiera tenemos los mismos sentimientos hacia los padres aunque la base siga siendo el amor, ni siquiera es el mismo hacia los hijos, porque en el trayecto hemos comprendido que los años por los primeros pasaron para hacerlos más vulnerables y por los segundos pasaron para darles más libertad, los mismos años no pasan igual para unos que para otros. Hay mil formas de ver la vida, de pasar los años, de caminar el camino, ni siquiera un año dura lo mismo para una persona que para otra. Fracasar no es decidir terminar una relación, fracasar es mantenerse en una relación cuando nada nos aporta, nada nos queda, nada nos transmite, porque en esos tres gestos nos está privando de que aportemos, demos y transmitamos nosotros mismos. Una relación es un reflejo, reflejamos lo que somos, si ya no somos ya no podemos dar. No es un fracaso, es asumir que todo cambia, todo se transforma, que a veces esos cambios no conllevan los mismos fines con los que se comenzaron. Hay finales dramáticos, finales pacíficos, finales con sonrisas tristes y con manos cogidas, finales con insultos y con desgarros, finales con paciencia y con apoyo, finales con despechos y con culpas… en nuestras manos está cómo vivir el final si llega, cuando llegue, eso sí podemos elegirlo, en eso sí se basará el fracaso. Fracasar no es terminar una relación, fracasar es no saber cómo terminarla y llenarla de gritos, de reproches, de odios, porque si así se hace estamos fracasando como personas imposibilitadas para aceptar los cambios de la vida. El recorrido no se puede borrar. La madurez se demuestra asumiendo que todo cambió, que se necesitan otros horizontes y que los compartidos quedarán por siempre. No fracasa quien decide ejercer su derecho a la libertad, fracasa quien supedita su libertad a intereses creados, a opiniones ajenas, al qué dirán, a los juicios externos. Fracasa quien no sabe encarar los problemas y quien no reconoce que no hay culpables, sencillamente se terminó un proyecto. Mil formas de vivir un final, sigue habiendo finales compartidos, llenos de cariño, llenos de ayuda y de apoyo, llenos de puntos en común. Cuando se ama se desea la felicidad del otro, aún cuando no podamos dársela nosotros, amar es dejar que el otro crezca y vuele, y se haga más y mejor, acompañarle cuando se nos solicite, no entender de rabias ni de iras, porque si no lo entendemos así demostramos que amábamos por egoísmo, no por lo que pudiéramos entregar sino por lo que podíamos poseer, y son términos opuestos. Amar no es poseer, amar es dejar en libertad. Nadie puede comprar a una persona, eso es esclavitud, nadie nos pertenece, ni los hijos siquiera, les damos la vida para que la recorran en libertad. Un final no es un fracaso, es sencillamente un final. Nadie es juez en una situación que no le incumbe, los sentimientos no se juzgan, nadie puede forzar los afectos, son libres. Nos enseñaron mal. Nos hicieron creer que lo que decidimos veinte, treinta, cuarenta años atrás es lo que regirá nuestras vidas por siempre, la vida es tan larga que añadimos términos absolutos, “siempre”, “jamás”, “nunca”. Términos extremos que conllevan conceptos diferentes para cada persona. Nadie fracasa por intentar buscar su sitio, fracasa quien sabe que ya no es su sitio y se aferra a él aún a costa del daño emocional de saberse fuera… Hay quien todavía cree que dar por finalizada una relación es un fracaso… La gran equivocación del ser humano es conceptuar los sentimientos, sencillamente porque los sentimientos no se conceptúan, sólo se sienten… Fracasar es sentir dolor manteniéndose donde ya no hay nada, lo demás, sonriendo, es saber que vivimos todo y querer vivir más.

12 jun. 2017

HASTA PRONTO... (Un respiro para vivir)

Viene bien respirar sin prisa, de esas ocasiones en que pateas una ciudad y te das cuenta de que no hay nada mejor que hacer que dar pasos cortos, detenerse a mirar hacia arriba, a los tejados, esos que rara vez observamos, ocupados como estamos en nuestra vida pegada al asfalto. Y después bajar la vista hasta el suelo, un suelo empedrado de historia y de siglos, de esos pies descalzos que lo caminaron, mujeres de cabeza cubierta y faldas oscilantes entre sonidos quebrados de telas gruesas que reservan para los escogidos las piernas morenas de la raza de mujer que parió esa ciudad a fuerza de orgullos y de luchas… Es bonito pasear así, cogida de una mano, escuchando historias, aferrada a un brazo de vez en cuando para no caer, aceras tan estrechas que es imposible caminar a dúo, y limoneros que se escapan entre muros que los tienen cautivos, la cautividad permanente del Sur, de los soles que abrasan en veranos perdidos, rememorar a cada paso aquellas historias hebreas, judías, árabes, escuchar cascos de caballos rompiendo la soledad y el silencio de callejuelas ocultas, tan angostas que es difícil imaginar cómo serían aquellas escapadas y aquellas batallas. Córdoba es así. Es tímida, ha sido descubierta cuando ya se decidió que era Patrimonio de la Humanidad, que tiene en cada uno de sus rincones la belleza y la solera, y el derecho propio. Se abastece de mil lenguas, de una diversidad cultural increíble, el mismo lugar que se pisa ha sido Sinagoga, y pasó a ser refugio de Almanzor y después para los Grandes de Castilla… Piedra sobre piedra, igual que su Mezquita, columna contra columna, erguidas, como sus olivos. Pasear Córdoba es hacer del andaluz la bandera y el idioma, y reclamar el Califato, este Sur sí que es Reino propio, porque así se vivió y así se decidió. Patios que dan vida y rezuman paz, y calma… Y así ha sido, la calma para alejarme un poco del mundanal ruido, de este jolgorio popular en el que, en ocasiones, convertimos nuestras vidas, olvidamos los silencios, los ecos de nuestros pasos, el murmullo de los besos y el choque de las manos, y hay que recuperarlo. Tal vez por eso creo que es el momento de hacerlo, dejar que el tiempo me devuelva virgen a la memoria y se lleve lo que dolió, y me crezca con lo que se vivió. Recorrer Córdoba, que será escenario pletórico de mi última novela, que he procurado respirar para hacer que mis protagonistas la respiren . Y de allí a acá, decidiendo darme un margen, el justo para recuperar mi lugar, el que a veces olvidamos que tenemos, ignorar que existen redes, indiferente a pantallas y mensajes subliminales de los que todos nos hacemos eco porque nuestro psiquis así lo exige cuando pasamos los cuarenta días de rigor en algún desierto putrefacto que amenaza con contagiarnos la picajosa sarna de la maldad humana. Es bueno dejar todo eso atrás, olvidar para que nos olviden, desaparecer para que no nos encuentren, caminar de puntillas para que no nos escuchen. Escapar y dejar al mundo con sus devaneos y sus intercambios solapados… y escribir… ¿Qué me traje de Córdoba? La certeza de que es el momento, de que llegó el “Hasta luego”, ese que deseé tanto poder decir. Cuatro años escribiendo en un blog casi a diario, cuatro años en los que el alma se fotografía entre letras, cuatro años de sentimientos y de historias… son muchos años para quien no cogió jamás un ordenador hasta hace cinco años. Y eso es demasiado. Digo hasta pronto y desaparezco por el escenario sin demasiada pena ni gloria, intento seguir escribiendo, seguir ejerciendo mis papeles al margen de la literatura. Intento ayudar en lo que puedo, que no es mucho, intento animar a quienes están a mi lado. Yo yo yo, porque si el yo falla fallan las expectativas que los demás puedan tener en nosotros. Me voy porque tengo que amar, que besar, que acariciar, que caminar, que reír… y escribir, me esperan mis personajes reales, quienes me aman, quienes me odian y seguirán odiándome, quienes me conocen para compartir, quienes sólo conocen de mí mi rostro y mi nombre, quienes se me cruzan en la calle, quienes me comentan mis escritos… Paz. Necesito paz, hay vuelcos en la vida que son difíciles de salvar, cuando se salvan se sabe que, después del triple salto mortal, hay que demorarse un poco en reponerse del impacto. Así pues, digo “Hasta pronto”. Me retiro a mis aposentos, a asomarme a una reja forjada, a escuchar el murmullo de la plebe fuera, a ser mera observadora de fiestas, bailes, contubernios y confabulaciones. Detrás de la reja, escucharé el agua de fuentes cristalinas y la risa de la inocencia. Y escribir… A quienes leéis mi Blog, gracias, volveré pronto, cuando los astros de alineen y así lo decidan, mientras tanto, sed felices, cuando suceda en mi vida algo digno de ser recogido así lo haré, mientras tanto sigue mi ruta, íntima, sin demasiados sobresaltos, los justos para, como digo, respirar, porque todos los sobresaltos son necesarios para removernos por dentro… Feliz verano, sed felices, o, al menos, hay que intentarlo.

29 may. 2017

TENDRÉ... (Poesía)

«Tendré que inventar la vida, 
cuando la vida me enoje
cuando recorra mi cuerpo
 y cuando diga mi nombre,
cuando la vida me olvide
 y se llene de reproches,
y no recuerde quién era, ni quién fui...

 y la vida me traicione.
Tendré que inventar la vida 

paseando sus rincones,
los que quedaron escritos 

en algunas tristes noches,
en cada arruga vivida, 

en cada rostro sin nombre.
Inventar la vida nueva,

 llenarla de nuevos soles,
inventar otro camino 

que me permita ilusiones.
Yo voy a inventar mi vida 

y a vivirla a borbotones».

21 may. 2017

EL NO APRECIO... (Poesía)

Ya no me duelen las espinas de las rosas,
fue ayer, el pasado huyó, y con él el miedo,
ya camino descalza sin temores,
ya avivo sin quemarme el fuego,
ya levanto la mirada hacia los soles.
He perdido mil veces la partida,
rara vez gané en la ruleta de la vida,
aprendí del respeto al enemigo,
conseguí no atragantarme con la ira,
y he invitado al amor a caminar conmigo.
He vuelto la cabeza varias veces
hasta descubrir sombras que me perseguían,
hasta descifrar los pasos fantasmales,
hasta comprender que nada poseían
más que la soberbia que destruye a los mortales.
Y aquí estoy, acariciando mis rosales,
sin miedo a que sangren por espinas
los dedos que plantaron sus raíces,
las manos que regaron en los días
en los que el sol amenazó con derretirles.
Y huelo el aire que me envuelve en los aromas
de blancos cerezos, verdes azahares,
huelo a la vida que vida da a mis huesos,
y acato el dicho que calma los mares,
“el mejor desprecio es no hacer aprecio”.


19 may. 2017

PRIMERA COMUNIÓN, PRIMER LÍMITE... (Reflexión personal)

Leía un artículo del Juez Emilio Calatayud sobre las Primeras Comuniones. Estamos en plena época de vestido fantasía y trajes de almirantes, de búsqueda de las mamás de vestidos y los padres de trajes… y de restaurantes, que se han reservado uno o dos años antes (me baso en mi entorno, claro), y pensamos en los recuerdos que daremos, y miramos el precio de los cubiertos, y resulta que, si fuéramos lógicos, que no lo somos, no invitaríamos a nadie, porque, desde luego, es un robo a mano armada el coste de un cubierto para celebrar que el niño comulga, es decir, una fiesta privada, a la que, por supuesto, acuden los tíos, los primos, los abuelos, y ellos, si son lógicos, deberían de preguntar qué regalos desean los padres. Pero claro, últimamente la lógica ha huido calle abajo cuando se trata de esto, porque los padres son o somos (me incluiré y que Dios reparta suertes) los principales culpables, el niño quiere un móvil, una tableta, una bici último modelo, y le prometemos, nosotros, los padres, un viaje a París para ver al ratón más famoso del mundo… Es decir, lo llevamos para que vea EuroDisney, porque lo del ratón ya no se lo va a tragar, puesto que su tiempo lo vive entre juegos virtuales y deseando un móvil con toda su alma, alma que vendería al diablo… Olvidamos que los invitados ya hacen un desembolso que desequilibra la economía doméstica durante meses, sobre todo cuando los invitados son varios de la misma familia. Y luego están los inocentes niños, esos que se acercan al Altar a celebrar la Primera Comunión manos unidas, caras candorosas, pero que se pueden convertir en auténticos demonios si no reciben el regalo deseado, porque su amiguito, el domingo anterior lo consiguió, y esto de las Primeras Comuniones se ha convertido en una lucha encarnizada para ver quién tiene poderío y quién no, comenzando por los padres, fotos, banquete, regalos… ¡¡vergüenza!! Eso es lo que nos debería de dar, estamos criando y educando a pequeños dictadores que luego crecerán, que seguirán pidiendo “porque fulanito lo tiene”, y seguiremos cediendo, porque dado el primer paso los siguientes vienen por ellos solos. Y llegarán a adolescentes, y cuando algo no les cuadre nos montarán el pollo, o darán un portazo y durante horas no sabremos por dónde andan, o se irán casa de su abuela, o de su amiga, o de su madre o de su padre, que también eso está en la lista. Y llegarán a adultos. Y seguirán pidiendo. No, no es que todo venga de la Primera Comunión, pero es un punto de partida básico. Basta darse una vuelta por las aulas de los colegios o escuchar a los niños en un parque (como ha sido mi caso) comentando los regalos recibidos con otros compañeros llegar hasta el insulto porque un compañero no recibió un móvil, “pringado”, sí, palabras así de hermosas porque unos padres han decidido que no hay edad todavía. Así nos va. Así estamos… Creamos monstruos prepotentes que miden todo por los bienes materiales, por el dinero, por el poder adquisitivo que, sinceramente, si algún día les falta, puede hacerles enloquecer, sobre todo porque no les hemos educado en ganarse la vida por ellos mismos, porque hemos cedido cuando no correspondía, porque un castigo nunca traumatiza, (a mí ni siquiera me traumatizó un azote o una colleja). Emilio Calatayud dijo en una ocasión que, cuando un hijo delinque, muchas veces, habría que juzgar a los padres que lo educaron, porque, pudiera ser que ellos, que son los responsables de sus hijos, hubieran “pasado tres pueblos” del cometido que llega en cuanto se da a luz… Y así es… Mi hijo hace la Primera Comunión el año próximo. El pequeño digo. El mayor ya la hizo. También entonces había regalos de ordenadores, equipos de música, PlayStations… ¡¡no!! Mi hijo tenía que saber cuánto cuesta conseguir todas esas cosas, no lo que valen sino lo que cuestan. Cuesta trabajo conseguir las cosas, eso ha sido lo que primó en casa. Hay que poner límites, no se puede conseguir todo en la vida, segunda premisa. Somos los padres los que decidimos qué sí y qué no, tercera. Y así casi un Decálogo… ¿Recuerdan? El Juez Calatayud hizo también un Decálogo de cómo convertir a un hijo en un delincuente… Pues eso, coger ese Decálogo y hacerlo al revés. Cuesta, como madre cuesta decir no, cuesta escuchar una rabieta, cuesta poner un castigo… Y a los padres ¿quién nos castiga por nuestro afán de protagonismo? Porque pareciera que fuera nuestra segunda boda, deseamos ser más, estar más, llegar a más… ¿A más qué? No se sabe, a más que fulanito, o menganito, a más que ellos, a más que todos… Lo bonito de las Primeras Comuniones es ver a los niños juntos, a todos, mirar sus caras, ver cómo nos buscan con los nervios, disfrutar de cómo comparten con sus amigos y se miran los trajes sin ningún tipo de competencia, porque ellos no la tienen si no se la inculcamos. Lo bueno de ese día es comentar con otras madres, reírnos, besar a nuestros hijos, olvidarnos de lo material, porque todo lo que reciban será pasajero, lo único que nos quedará será la sonrisa de ellos y sus besos… Son niños, NIÑOS, lo estamos olvidando… Un día serán adultos, deberíamos de intentar que fueran buenos adultos, que supieran el valor de las cosas, lo que cuestan, que supieran defenderse ellos y mantenerse ellos, sin tener que recurrir al dinero de papá o mamá o de los dos… Me queda un año. Sé que su padre será igual de lógico que yo, así se decidió siempre y así se seguirá, es un niño que depende de nuestra responsabilidad, y, sinceramente, no quiero convertir a mi hijo en un delincuente, y mientras antes comience a ponerlo en práctica mejor para todos…

16 may. 2017

YO QUIERO SER FOFISANA.... (Dos años después sigo pensando lo mismo)

YO QUIERO SER FOFISANA... (Reivindicación de una gordita)

Fofisano, la moderna palabra, masculina, por supuesto, para definir a esos hombres estupendos que reconocen que tienen debilidad por una cerveza, por unas tapitas, por un buen comer y por importarles un pito su físico. Fofisana no existe, no lo busquen, no lo oirán, por ahora es sólo el deseo de miles de mujeres a tener el mismo derecho, es decir, el derecho a que les o nos importe un pito nuestro físico. Se nos ha educado tan mal que hemos creído que tenemos que renunciar al chocolate, al helado, a un refresco, y eso solamente porque, mire usted por dónde, estamos en época estival y tenemos que meternos en bikinis imposibles para deslumbrar en la playa, para encandilar a los fofisanos, mientras que nosotras aceptamos risueñas sus lorzas y sus mollas trabajadas a golpe de cañita fresca y aceitunas ricas ricas… Yo ya hace tiempo que me negué a seguir dietas, siempre he escrito sobre el tema, ahora, por salud, tiene una que cuidarse un poco porque, a fin de cuentas, yo todavía no quiero morirme, pero eso sí, creo que voy a acuñar el término fofisana para mi uso particular. Yo soy una fofisana, es decir, paseo mis lorzas y mis mollitas trabajadas a golpe de helado de chocolate, de refresco y de alguna patatilla frita, por aquellas playas y otros lugares repletos de fofisanos, que son congéneres míos pero masculinos. Yo reivindico el derecho de, a mis cincuenta años, poder lucir tipazo morcillero, bañador de cuello vuelto o bikini minúsculo, según me plazca, el problema de si soy difícil de mirar es de otros, que no miren, ya tengo años como para saber que mi cuerpo es mío, no tengo veinte años, ya los tuve, me sacrifiqué en un tramo de mi vida en que vendía mi alma al diablo por una talla treinta y ocho y la tuve, ahora tengo la cuarenta y ocho y me sienta estupenda. Me volveré a meter en el agua, desafiando el riesgo de que medio Mediterráneo se vacíe… Pero me da igual. Quiero el mismo derecho que tiene Leonardo di Caprio o George Clooney a pasear sus carnes, básicamente porque somos de la misma quinta, y si ellos pueden yo también. No estamos hablando de ganar un Oscar, eso se lo dejo a ellos, estamos hablando de un derecho a la igualdad. Pero resulta que las señoras somos tan obtusas a veces, que no pensamos en nuestros años, que casi siempre van unidos a nuestros kilos, que nos empeñamos en que tenemos que estar divinas, cuando ya lo estamos por el simple hecho de ser unas maduritas felices, no nos damos cuenta de que a ellos, a los de nuestra quinta, a esa generación recién resurgida de fofisanos, les da igual cómo estemos, porque ellos ya van a otra bola, y si lo que les interesa es un cuerpo diez no lo van a buscar en una mujer que roza o supera los cincuenta, sino en una chica joven…¡ellos se lo pierden! Las fofisanas reclamamos el derecho a poner nuestra barriga a un lado debido a un buen plato de paella, a poder sentarse en un banco con un cucurucho de stracciatella, a reírnos mientras nos tomamos un refresco aderezado con patatillas…reclamamos el derecho a ser dueñas nuestras, a estar sanas, a lucir curvas, y mollas, y lorzas, y pieles flácidas, igualito que ellos, que se cansaron de machacarse en un gimnasio cuando saben que hay músculos que se rebelan contra la maquinaria antinatura. Seamos fofisanas, nos lo hemos ganado. Yo, personalmente, prefiero a los fofisanos, me gustan los hombres que lucen alguna carne a esta edad, que la lucen bien, que se puede usar su barriguita (usaré diminutivo por no ser muy dura) como posavasos, y que ese señor use la mía con el mismo fin. Seamos fofisanas, que es muy sano, paseemos porque así tonificamos el corazón, lo aceleramos, lo hacemos vivir, pero luego, sentadas ante una mesa, no midamos la tapa en calorías, eso desmotiva al resto de comensales, hace sentir culpable al resto, disfrutemos, vamos a vivir sólo una vez, no importa qué bañador usemos, qué talla tengamos, dentro de cincuenta años eso será peccata minuta, porque ya, por desgracia, no habrá tiempo de comerse un bombón y luego otro… ¡Yo quiero ser una fofisana, porque me lo he ganado, porque entro en el perfil y porque me lo merezco!

15 may. 2017

Y SE REPITIÓ LA DEBACLE... (Una opinión personal)

Si soy sincera tengo que decir que me había olvidado de que el Festival de Eurovisión seguía en vigor y se seguía celebrando. Soy poco de ver televisión, ni siquiera sé la forma de elección de las canciones que concurren a dicho evento. Mis recuerdos “eurovisivos” se remontan a casi siglos atrás, yo recuerdo de niña a Karina, a Salomé, más mayorcita a Mocedades, a Sergio y Estíbaliz, a Betty Missiego, y ya, en mi juventud a Sergio Dalma, Azúcar Moreno, para llegar al colofón con Rosa López, no, no me he olvidado de Remedios Amaya, que, mucha risa mucha risa, pero paseó el arte flamenco; que no gustara fue otra cosa, pero arte lo tenía y lo tiene, al menos así lo veo yo, hay que tener arte y valor para presentarse delante de Europa entera, bailar descalza y cantar igual que se canta en las Cuevas del Sacromonte, que, dicho sea de paso y pese a quien pese, son visitadas por miles de turistas que, no nos votarían en el Festival pero se dejan el dinero en ver arte andaluz puro y duro… Llegada aquí mi corta memoria “eurovisiva” y sin olvidar aquello del Chiquiliquatre (que eso sí fue para olvidar), me encuentro las redes saturadas con críticas al chico que nos ha representado en esta ocasión. Se habla de que hizo un “gallo”, de que la canción no valía un duro, y no sé por qué, pero no me sorprendo. Cuando se da a elegir al pueblo a través de las redes nos olvidamos del cachondeo que se genera, dejar en manos de la idiosincrasia virtual la elección me parece, como mínimo, irresponsable. España, (y lo digo bien, España) siempre envió a dicho festival a cantantes consagrados, otra cosa luego fue la suerte, pero decir que la canción de Portugal era buena ya me parece un poco temerario. Se nos olvidan voces como Abba, Celine Dion o Mocedades, o Sergio Dalma, o Raphael, por poner unos ejemplos válidos. Lo cutre de Eurovisión no viene dado por los intérpretes sino por quienes los colocan en un escenario que les viene grande a la inmensa mayoría. Se ha cerrado el kiosco del buen gusto y lo extravagante comienza a hacer estragos para hacernos olvidar que estamos delante de un Festival de Música, música, que se nos ha olvidado incluso lo que es la música. España habla un idioma, el español, el castellano o como se le quiera llamar, pero se instauró la moda de mezclar inglés, no sé por qué se hizo o se permitió, desde aquel “Voulez-vous danser avec moi” de José Vélez en París, no sé el motivo, nos dio por incluir frases en lenguas extranjeras. Tal vez el deseo de empatizar con los lugareños nos llevó a la ridícula manía de dejar a un lado nuestra lengua, segunda lengua más hablada del mundo… Siguió Rosa López con su “Europe`s living a celebration”, y ya nos acostumbramos a decir alguna frase inglesa, aunque no tuviéramos ni idea, como es mi caso… Y llegamos a este muchacho, Manel, al que las redes han crucificado, las mismas redes que, supongo, votarían para que acudiera. Es decir, se confirma el refrán “nadie es profeta en su tierra”, no porque el Festival se haya celebrado aquí, que no ha sido así, sino porque los mismos que votaron ahora lo juzgan, he leído que la letra era malísima, que la voz era malísima, que la puesta en escena malísima… ¿por qué ha ido este muchacho a Eurovisión entonces? Se sabe que Rosa López, con una voz impresionante, con un coro de lujazo (no olvidemos que salían de una escuela de famosos, que no de música) tampoco fue lo que se esperaba. A veces pienso que la osadía se paga… Eurovisión fue Julio Iglesias, Raphael, Paloma San Basilio… ¡ahí es nada! Hemos osado creer que cualquier cosa vale, Portugal fue lo menos malo, sinceramente, no sé si con el corazón en la mano o no, pero España ha tenido muchas canciones, muchos intérpretes que debieron de ganar, que fueron buenos, que han seguido siendo buenos, que son, ahora, intérpretes de renombre. Eurovisión ha acogido a grandes voces, las mencionadas ya, y, de verdad, escuchar ahora, en estos años en los que todo se decide virtualmente, algunas interpretaciones, algunas puestas en escena, algún vestuario, me da mucha pena. Siempre creí que Eurovisión era una Gala, la Gran Gala de la Música en Europa. Esta mañana he escuchado, visualizado, reparado en muchas de las interpretaciones, se me quitaron las ganas de seguir, me daba cierta pena. Como dije al principio, hace años que no veo el Festival, de hecho, es cierto, creí que España ya no participaba en estas líderes, que se había retirado. Me picó la curiosidad cuando vi los muros de mis amigos, cuando supe que había quedado en último lugar. Sé que se habla de que Portugal ganó por sencillez, sin grandes estruendos, tal vez ahí esté el quid de la cuestión, en que menos es más, y se nos está olvidando. No se trata de mucha música, se trata de voz, y, quizás, las redes, están llenas de demasiado ruido y pocas nueces… No sé si España volverá a Eurovisión, pero yo, si tuviera voto decisivo, preferiría amarrar al puerto la nave, dar un descanso y plantear el tema de forma diferente, creo que con algunos ridículos ya es suficiente, y no hablo del ridículo de Manel Navarro, que fue quien dio la cara, sino de quienes votaron sin tener en cuenta que Eurovisión no es un concierto “botellonero” ni un evento para hacer aerobic en la playa. Siento mucho que este chico se tenga que volver con el sentimiento del fracaso, que se le esté desollando virtualmente, siento que haya sido la cabeza de turco para pagar, musicalmente hablando, la falta de responsabilidad a la hora de decidir qué voz va a defender a un país, repito, musicalmente hablando… ¿De verdad toda la culpa es de Manel Navarro? ¡¡ No sé yo, no sé… !!