31 dic. 2013

NOCHEVIEJA SIN UVAS.... (A los desfavorecidos).

Cuando quedan horas para el descorche, para el atragantarse, para el estallido de colores, de cohetes, de gritos histéricos y felicitaciones, para deseos universales de Paz. Cuando quedan horas para que nos invada ese sentimiento generoso y generalizado del Bien, de la Concordia y de la Beatitud, en esta tarde última del último año vivido, del último año respirado al que le quedan horas, que nos ha dejado desasosiego, desesperanza, impotencia y resignación, que nos ha colmado de injusticias, de recortes, de apretarnos no se sabe qué cinturón, porque ya no nos quedan cinturones que apretar, desde la soledad de mi casa, en tranquilidad, en paz conmigo misma, mi recuerdo para los que esta noche, en soledad obligada, sabrán que terminó un año por la algarabía ajena, cerrarán los ojos y apretarán los dientes. Por los que pasarán la última noche de este último año sintiendo el dolor del olvido, el dolor del desempleo, el dolor de la miseria. Para los que estarán trabajando, ¡dichosos ellos!, intentando alegrar la noche a los demás, a los afortunados mortales que pueden permitirse brindar en un local compartiendo despedida con otros afortunados mortales. Para los que velarán en hospitales a enfermos y consolarán a familiares, y sentirán que el dolor no descansa, que no conoce de efemérides paganas, ni de uvas, ni de cavas. Mi recuerdo esta noche, noche mágica de besos y cantos, para los que no los tendrán, para los que andarán vagando buscando un rincón acogedor, para los que compartirán un plato en comedores sociales. En estas últimas horas mi sonrisa para las manos ateridas por el frío, para los ojos inundados de recuerdos y los labios que ya no sonríen y se agrietan por las madrugadas gélidas de inhumanos mundos a los que han sido relegados. Tal vez no sea políticamente correcto hablar de desgracias, de dolor ni de llanto, pero creo que es de justicia hacerlo. Creo, honestamente, que es de justicia recordar a los menos privilegiados, a los no privilegiados. A los que sufren. A los que trabajan. A los solitarios. A los desertores de recuerdos para no molestar en una noche que no debe de ser empañada con miserias ajenas, porque no es noche para hablar de sufrimiento, no es noche para hablar de pobreza, no es noche para hablar de cansancio. Porque las Nocheviejas, las entradas en Años Nuevos están hechas para brindar, para desear a todo el orbe la mejor de las dichas, pero olvidar las desdichas, porque si las recordamos, tal vez, nuestra conciencia nos haga abandonar por unos minutos el jolgorio, y nos haga posar los pies en la tierra, y darnos cuenta de lo esperpéntico de la situación.
Gocemos, la noche es cómplice para hacerlo, disfrutemos porque la noche nos invita a ello, entremos en el nuevo año llenos de buenos deseos, pero no los olvidemos al despertar mañana. Deseemos un feliz año a todos, incluso al mendigo que nos tiende la mano, que nos la tenderá mañana y ante el que pasaremos de largo, eso sí, deseando feliz año nuevo al "igual" que se cruza en el camino. Sintámonos generosos todo el año, no sirve la fugaz estrella de una noche, no es justo para ellos, para los que sufren, pero lo es menos aún para nosotros. Y esta noche, mientras somos felices, mientras abrazamos, pensemos en la soledad de quienes no tendrán un abrazo... ni mañana, ni al siguiente, porque la vida, en ocasiones, nos engaña, y cuando el treinta y uno de diciembre del 2016 llegue no sabemos quiénes estarán tendiendo la mano esperando otra que la estreche.
Con mis mejores deseos, esta noche y siempre, Feliz Vida a todos, y en especial a los que sufren, a los solitarios, a los que deambulan por lagunas emocionales y a los que no escucharán campanadas.

30 dic. 2013

LAS BUENAS INTENCIONES... (Relato)

A través de la cristalera se veía la figura inmensa del Palacio, me había quedado inmóvil mirando la enorme mole con sus ventanas simétricas, sus torres definidas recortadas en un gris celestial que ocupaba la inmensidad del horizonte, enfrente el mar bramaba, en azules imperfectos y extraños, rizados de espumas turbias y salvajes. La recordé con pena, con ese amargo sabor a almendra amarga que se te queda en la boca cuando algo se agrió hasta el punto de hacerte sentir la bilis en los labios. No sabía el por qué, no sabía el cómo y ni tan siquiera sabía el cuándo comenzó toda aquella avalancha de desatinos y desaciertos. Ni tan siquiera sabía si eran desatinos. Había escuchado aquella historia mil veces, en otras voces, en otros labios, tal vez no mil, pero sí la cantidad necesaria para saber que esas cosas pasaban. Me toqué el brazo, me dolía todavía, me quemaban sus dedos sin tenerlos aferrados, como un garfio. En un gesto involuntario me palpé la mejilla y cerré los ojos. Igual que una serie de diapositivas, continuadas y espeluznantes, fueron pasando por mi mente los ojos inyectados en sangre, la frase que dio origen a la erupción del volcán violento que hasta entonces desconocía. Una frase, una pregunta, sencilla, sin complicaciones, "¿Vas a salir así?"... Era la primera vez que me hacía esa pregunta, y yo no la entendí, no sabía por qué me preguntaba aquello. Y respondí, de forma sencilla, igual que lo era su pregunta. Y su mano arrancó mi camisa, y yo repasaba mi respuesta "¡Claro, me voy de cena, claro que voy a salir así!".
Volví a tocarme la mejilla, ahora ya a conciencia, me asomé al espejo que quedaba frente a mi, a los pies de la cama, junto al ventanal; me acababa de descubrir y reconocer, hasta entonces no había tenido el valor para reconocerme en aquella mezcla de colores injustos que se esparcían por mi cara.
Había llamado aquella mañana, muy temprano, me llamó llorando; yo jamás lo había oído llorar y mis ojos se habían teñido de uno de aquellos azules marinos indefinidos, con la misma espuma turbia de las olas. Tembló mi barbilla, tembló mi cuerpo y me dolió el rostro, el mismo que él había desfigurado, golpe tras golpe, por una simple respuesta a una simple pregunta. Me dolió el alma, me hablaba de buenas intenciones, de que perdió la cabeza, de que no supo qué le había pasado, me habló de amor, el que sentía por mí, de nuestros besos, de nuestras risas, de los días felices, y de un solo momento de horror... me habló de necesidad, de agonía... y yo callaba. Me preguntó si lo quería, y le dije que sí, y era verdad. A pesar del dolor de mi rostro, del amarillo de mis ojeras y el morado de mis mandíbulas, a pesar de los dedos grabados en mi brazo, de la crueldad de mi cadera amoratada y de los gritos ahogados en mi garganta. Le prometí volver, no sabía cuándo. Creí sus buenas intenciones, las creía todas. Me preguntó en dónde estaba, me dijo que iría a buscarme para que volviera a casa, le respondí que estaba frente al mar...
Él había vuelto un rato antes, antes de que yo me asomara a la cristalera a ver el mar, antes de que mirara mi rostro en el espejo, antes de que me rozara la mejilla con la mano. Había vuelto lleno de buenas intenciones...o eso creí. Me di cuenta de que no podía llorar, ni gritar, ni hablar tan siquiera, desvié la vista hacia el suelo, hacia la cama, sobre aquella alfombra que la noche anterior era beis y ahora era roja. La vi tirada allí, con el pelo enmarañado, el camisón subido hasta las ingles y el brazo descansando en un costado. Tenía una expresión de paz infinita, era guapa aquella mujer, la que no respiraba, la que se parecía a mí, la que tenía sus ojos cerrados. Precioso camisón rajado demasiadas veces, jirones granates deshilachados y pegados a una piel morena y suave, igual que la mía, mi mismo lunar en el cuello, mi mismo color de esmalte en las uñas de los pies desnudos...
Volví a mirar el mar, sonreí y me toqué el brazo, y la miré a ella, salí a la terracita cerrada, supe que me había ido, me había ido para siempre, yo era la bruma del horizonte gris, la espuma de las olas, el azul indefinido, yo estaba en cada una de aquellas ventanas perfectas del Palacio que veía enfrente. Yo ya no podía llorar, la mujer que dormía en el suelo había llorado todo, había suplicado todo, había amado todo, había creído todo, hasta las buenas intenciones que le musitaban los labios besados, amados, los que fueron dueños de su mundo y de su vida... Yo ya era libre. Ella también. Decidí recogerla, colocarle bien el cabello, besarle la frente y decirle al oído, muy bajito, que a partir de ahora podría salir como quisiera. Caminé hasta su lado, me tumbé junto a ella, cogí su mano y cerré los ojos... Fuera, el mar seguía embravecido, el ruido de las olas se unió al de los gritos de una boca que sollozaba y de la que sólo podía entender "La han matado" y yo sonreí con tristeza... Yo seguía
creyendo en las buenas intenciones...

29 dic. 2013

"TRAGÁNDOSE LAS PALABRAS..." ... (Veladas con mi amiga Pili)

Hacía tiempo que no escribía una entrada de Blog sobre disertaciones varias con algunos y algunas de mis amigos y amigas. Y eso que tengo varias en el tintero, pero anoche fue la noche. Pili y yo somos de veladas filosóficas, de esas de cuestionarnos el mundo y terminar riendo, sobre todo cuando estamos al final de la conversación, digamos que nos da la risa floja, que a una frase de una responde una palabra la otra, de esas palabras que, siendo amigas, conocemos su significado sin decir nada más, y ello conlleva que nos ponemos a reír para desconcierto de quien nos pueda estar escuchando. Pero antes, durante la conversación, estuvimos hablando sobre los juicios ajenos. Yo le comentaba acerca de una opinión ajena, dos años atrás, sobre una situación peliaguda, la de una mujer enamorada que había decidido vivir sus sentimientos. Una persona, mujer en este caso, opinó al respecto, habló con cierta ligereza de esos "cornudos consentidos", yo me rebelé, no era cierto, si un señor o señora no sabe que se está viviendo algo a sus espaldas no son "consentidos" a todo caso será "ajeno al hecho en sí"... La incomodidad de la conversación me hizo callar, dejar a la otra señora con sus improperios sobre lo que se desconoce... Se dice que la vida es larga, que el tiempo pone las cosas en su lugar, que de repente, el destino, te hace comulgar con ruedas de molino y un buen día llama a tu puerta, te pone delante esos "cuernos consentidos" de los que en alguna ocasión se hizo daga para dañar a otras... y entonces ¿qué se hace?... porque la teoría se sabe, pero ahora no se trata de teoría, ahora se trata de que tú, de golpe, te ves en aquel papel que criticaste, con la agravante de que, en esta ocasión sí se conoce, sí se tienen pruebas, sí se aceptan, sí se consienten... Y ahora nos queda tragarnos las palabras... Le contaba a Pili que, cuando no se vive una situación somos ligeros, incluso insultamos con adjetivos que no son los adecuados, porque el desconocimiento los hace inapropiados para el insulto... pero que, ¡mire usted por dónde!, ese gran justiciero que es el tiempo pone delante de nuestras narices las pruebas justas para demostrarnos que somos cornudas... y como además lo sabemos, porque hemos comprobado con pruebas fidedignas, nos toca aceptar que somos "cornudas consentidas"... comentábamos lo irrisorio de la situación, porque siendo justas, siendo legales, cuando se ataca con insultos se pone en tela de juicio la situación ajena y se nos da la ocasión de hacer leña del árbol caído, tenemos todo a favor para hacer eso que nos gusta tanto, esto es: Decirle a la señora en cuestión eso de "¿Y ahora qué?"... porque claro, la boca que habló de consentimiento se equivocaba, puesto que no lo había, pero llegado el caso, cuando se sabe que lo hay, porque encima somos tan soberbias a veces que proclamamos la infidelidad con amigas, familiares y conocidos buscando el apoyo vano, la condena a la otra parte (ojo, a la otra parte, no al de casa, porque si se culpa al de casa hay que echarlo fuera, si se pretende dejarlo dentro hay que acusar a la otra, nunca mejor dicho) y buscando los aplausos de los allegados, y ese ataque de prepotencia, de intentar humillar, de intentar envilecer, nos lleva a que, quien conocía y sabía de comentarios hacia otros se sonrían, se muevan a gusto y te puedan hacer llegar ese "¿Y ahora qué?"... Jamás deberíamos enjuiciar situaciones que no conocemos, que no hemos vivido, que encima no nos importan porque nos son ajenas... Jamás... Porque la vida es larga, como decía Pili, el destino juega a veces con nosotras, y en un momento dado, eso que se ha criticado puede llegar, y entonces, sabiendo que en esta ocasión sí hay pruebas, sí hay motivos y sí se consienten para permanecer en un status creado para comodidad propia y crecimiento del ego, se nos puede adjudicar, con todo el derecho del mundo, ese calificativo que usamos, en aquella ocasión, para rebajar a otra persona,"cornuda consentida", y, por desgracia, en este caso, sería verdad.
No sabemos, nunca, cómo actuaremos cuando nos lleguen momentos duros, situaciones que nos sorprenden, el ser humano es complejo, hay intereses por medio, hay adoración al Ego propio, hay un nivel de soberbia y orgullo tal que nos impide reconocer que no somos más que un mero accesorio en una vida tranquila, el interés de mantener lo que se posee... La vida, a veces, como le decía anoche a Pili, es justa, y nos hace tragarnos palabras que no debieron de ser vomitadas como insulto hacia alguien... es mejor no tener que tragarse las palabras, pero sobre todo, es bueno dar las gracias a quien, pudiendo hacer leña del árbol caído, teniendo en sus manos todas las pruebas del mundo, sigue en silencio... más que nada, como decía Pili, porque la paciencia tiene un límite, y es mejor no forzar demasiado el límite de quien, con todas las palabras, con todas las pruebas fidedignas, puede ponernos en nuestro sitio, llamarnos por nuestro nombre y demostrar que la soberbia, la prepotencia y el super-ego en ocasiones se paga... Me encantan las conversaciones con Pili, nos reímos, nos narramos, nos comentamos, nos asombramos, descubrimos y vivimos... es decir, lo que se hace cuando se tiene a una amiga al otro lado.

25 dic. 2013

EL DIA DE DESPUES.... (Reflexiones de una mamá)

Esta mañana jaquecosa (por no llamarla resacosa, que queda muy mal), en la que despiertas por los grititos animados y animosos de un infante, inocente él, que no bebió, que no se "atiborró" de viandas varias, que no cantó a voz en cuello lo de "Pero mira cómo beben los peces en el río...", que se quedó dormido plácidamente a una deshora prudencial, y que, como está mandado, despierta después de la llegada de Papá Noél reclamando probar todos los juguetes que el buen anciano le trajo la noche anterior. La legaña la tienes todavía persistente, negándose a tus órdenes de dejarte abrir los párpados, te estalla la cabeza, repites para tus adentros eso de "¡si ya lo sabía yo!", y te levantas como si la noche anterior, en lugar de haber celebrado la Nochebuena hubieras participado en la Maratón de New York City... es decir, hecha un auténtico desastre, una masa indescriptible de pelo alborotado, las ojeras persistentes, la voz cazallera, de esa que denota una ingesta indecente de licores, vinitos y algún combinado un poco cargado. Pero te levantas, y consigues llegar al salón, y descubres horrorizada que, en cuestión de minutos, el infante de la casa, el inocente y primoroso niño que daba grititos por el pasillo y te ha servido de despertador, ha sido capaz en un tiempo record de desembalar todos los juguetes que trajo Santa, y que todos, absolutamente todos, están mezclados en una combinación de medios de locomoción terrestre encima de una alfombra, pendientes de que tú, una mamá al uso, de esas que sonríen ante un Nenuco, que visten primorosamente a una Barbie, se decida a hincar la rodilla en tierra y acople, uno tras otro, railes, carreteras, encaje pistas, engarce vagones con maquinarias, coloque metas, sepa en qué clavija entra el coche rojo, sepa manejar un destornillador y coloque pilas por doquier; esas pilas que serán las encargadas de destruirte el poco tímpano que te queda, porque lo que tienen los medios de locomoción es que hacen ruido. El caminón de bomberos tiene sirena, el tren tiene campana, los coches de carreras, como su nombre indica, tienen ruidos de coches de carreras, esto es, motores listos para correr las 24 horas de Le Mans, que rugen y que amenazan con hacerte llorar de la impotencia... A todo esto, en un rincón que no habías descubierto, aparece una granja... los restos de una granja, ves un cerdo boca arriba, la vaca que te sonríe y te dice entre mugidos "Es el precio de la Nochebuenaaaaa"... y tú suspiras desolada, porque encima de la mesa del salón un Cocodrilo que traga bolas ha dejado escapar por el suelo las bolas que no se ha tragado... ¡Pues sí!... Papá Noél pasó anoche... lo acabas de descubrir... Y te acuerdas, de pasada, pero muy intensamente, de los titos, de las abuelas, de esas personas generosas que deciden abastecer a Papá Noél con juguetes que traen instrucciones en alemán, chino, inglés...y que olvidaron el español, porque ellos, con su buena fe, han olvidado estas mañanas del Día de Después...Anoche, la noche anterior, la Nochebuena, no eras  consciente de lo que se avecinaba, estabas invadida totalmente por el espíritu navideño, reías mientras el infante inocente recibía regalos del abuelo del Polo Norte, le hacías fiestas a sus grititos, le alentabas a esperar a abrir algunos regalos, le prometías que al día siguiente le ayudarías a montarlos.... y ahora, ahí, en lo que antes era un salón, está el resultado...Las mamás somos de Nancys, de cacharritos de cocina y estuches de maquillaje, de carritos de bebés, de juegos tranquilos de peluquería... bueno, algunas mamás, a mí, en la ruleta, me tocó desde hace mucho ser mecánica aspirante a ocupar un puesto en Ferrari o formar parte de la plantilla de Renfe... Ya estoy acostumbrada... Manejo con una soltura increíble los destornilladores, conozco el recorrido por las peligrosas curvas de un bólido ultrarápido, me sé de memoria como Play Móbil encaja sus piezas... Uso con precisión milimétrica los mandos de un caminón teledirigido, soy increíble a la hora de hacer de granjera experta... Pero, eso sí, en estas mañanas, sin poder evitarlo, sonrío recordando a las mamás que, a estas horas, estarán vistiendo a Nenuco, colocándo sabanitas en cochecitos y ayudando a una infante inocente y gritona a pintar los ojos de un maniquí de plástico... ¡Es lo que tiene ser mami de varones!... Pero sobre todo, echo de menos aquellos Reyes Magos, en los que a mí me traían un libro, una muñeca (sólo una) y yo la abrazaba como el mayor regalo del mundo, y no tenía tiempo para quejarme, porque aquella muñeca (sólo una) era todo lo que necesitaba para creer en la magia... Y me da cierta pena, de esos niños cuyas mamás, esta mañana, no montarán trenes, ni pondrán pilas, ni vestirán Nenucos, sencillamente porque, en este mundo, nos quejamos cuando no tenemos motivo, y olvidamos que hay personas castigadas a no tener Día de Después, y que, seguramente, ni siquiera han tenido Nochebuena... Llegado a este punto me vuelvo a los destornilladores, pero ahora, después de darme un paseo por las injusticias que (a Dios gracias) todavía soy capaz de comprobar y me hacen hervir la sangre, lo hago con más conciencia de que mi niño, el infante que me despertó entre grititos animados, jamás tendrá conciencia él de lo afortunado que, este Día de Después, ha sido... Feliz Navidad, también a los que hoy no visitarán restaurantes, no comerán las sobras de una cena de despilfarro (porque no la tuvieron), a los que no montan juguetes, a los que no se quejarán de las exigencias infantiles... sobre todo a ellos, estamos en Navidad, creamos en la Esperanza, aunque cada vez nos queden menos motivo para hacerlo...

23 dic. 2013

LA NOCHEBUENA DE MI VIDA... (Recuerdos de una noche especial).

Se cenaba tranquilos, sin grandes algarabias, una conversación de familia, mi abuelo, mientras mi abuela y mi madre preparaban la cena, me cogía en su regazo, frente a la lumbre, me cantaba aquellos "Celos de San José" que yo iba repitiendo calmadamente. A mi hermana la sostenía mi padre, una niña tranquila con un padre tranquilo; era la Nochebuena de mi vida. Sin belén, sin árbol, con mucho amor, con muchas canciones entrañables, con la comida que mi abuela, una maestra de los fogones, había preparado con pocos medios y muchas ganas. No venía Papá Noél, porque, en aquellos años, Papá Noél no existía; había pocas televisiones en el pueblo y no se conocían las lejanas latitudes en donde habitaba Santa y sus renos. En casa de mis abuelos no había tele. No se escuchaba ningún mensaje del Rey, porque no había Rey en España. Y tampoco se escuchaba el mensaje del Caudillo... porque no había tele y mi abuelo, durante la cena, no ponía la radio. Era una cena para nosotros, para la familia, nadie más, ni tan siquiera a través de las ondas, tenía permiso para entrar en la pequeña casa de la calle Solar, en Montejícar. Los mayores tomaban unos vasitos de vino, a mí me daban Fanta de naranja, una de las pocas veces en que se me permitía tomarla. Toda la Fanta para mí, mi hermana era muy pequeña para eso. Yo contaba unos ocho años, aquel año hice la Primera Comunión; no me aburría de escuchar a los mayores. Yo era la única niña de mi edad, mi hermana no contaba, estaba aprendiendo a hablar; pero a mí me gustaba escuchar las conversaciones llenas de recuerdos de los mayores. Mi padre siempre terminaba el brindis, con anís de El Mono, con la misma frase. "El año que viene como este, mejor todo lo que Dios quiera"... Aquella frase le acompañó toda su vida, en cada Nochebuena... Después, cuando mi madre y mi abuela habían recogido la mesa, se había hecho un poco más tarde, las dos se colocaban los abrigos largos y los velos "de Misa". Mi madre me ponía mi chaquetita, azul con forro rojo, me colocaba una bufanda y me volvía a peinar, poco, me habían cortado el pelo aquel verano, me ponía el gorro de la chaquetita y me lo abrochaba con dificultad en el cuello, la bufanda abultaba mucho, pero tenía que abrigarme, siempre cogía anginas. Fuera había nevado. No importaba. Había que ir a misa, la Misa del Gallo. Los hombres en casa, las mujeres a misa, mi hermana a dormir, que era pequeña, yo no, yo iba a misa, con mucho tiempo, tenía que hacer de pastor en el Belén viviente; había que ir al colegio primero a prepararme... Y yo soportaba, con mi zurrón y mi gorrita, junto a compañeras y a los demás figurantes de aquel Belén durante un buen rato, me vencía el sueño. El silencio en la iglesia era tan inmenso que se diría que nadie había allí... Recuerdo la estufa detrás de la cunita en donde, el pequeño niño que hacía de Jesús descansaba, calentándonos del frío polar que invadía la iglesia de mi pueblo...
Crecí... Las Nochebuenas siguieron siendo entrañables, llegó el mensaje del Rey, le permitimos entrar en casa mientras cenábamos, mi hermana ya sí hablaba, cantábamos juntas mientras ayudábamos a mi madre a colocar la mesa; mi hermana comenzaba con Noche de Paz, buena voz, buen oído, yo le hacía los bajos, voz malísima, peor oído, pero la voluntad y la emoción contaban. Ya sí había un belén, y un árbol... mi padre seguía rematándo la cena con su copita de Marie Brizard, se olvidó del anís de El Mono, pero era fiel a su frase, "El año que viene como este, mejor todo lo que Dios quiera"... Recogíamos, nos poníamos los chaquetones, fuera había nieve, mi madre ya no usaba el velo "de misa" ni me ponía bufanda, aunque me repetía que me abrigara o cogería anginas.... Ya no hacía de pastor en ningún Belén viviente... Las tres mujeres a Misa, el hombre en casa... Y la emoción, cuando el cura Pepe aparecía delante de la escalinata de mármol, esa que ya no está, cuando el grupo Piel de Dios comenzaba a cantar aquel villancico que comenzaba diciendo "De la sacristía sale sacerdote revestido...", y mi voz acompañándoles... el villancico que mi abuela me enseñó, lejano, entrañable, recordado villancico de Nochebuenas idas para siempre... La emoción en esa Misa en la cual nadie hacía ruido, el mismo frío polar, la nariz roja, adorar al Niño al final de la Misa. Yo he llorado en las Misas del Gallo... de niña no, de niña me alegraba de ver luces diferentes, sonidos diferentes, alegría diferente... De mayor sí, porque ya, al mirar a los lados había ausencias, porque ya, en la mesa, no estaba mi abuelo, porque ahora, en la mesa me faltan demasiados... Porque he comprendido que hemos hecho de la Navidad la fiesta más pagana, más consumista, más elitista, más hipócrita... Porque ya importa más el contenido de un regalo traído por Papá Noél que la emoción de escuchar a un abuelo, porque los niños, ahora, quieren tener el mejor Belén y el mejor Árbol,  y porque los mayores nos preocupamos, sobre todo, de que en la cena haya de todo, sin recordar cuando hubo poco, pero hubo el mundo en una voz, en unos ojos y un hogar... Mañana me volveré a emocionar, miraré a mi lado, veré las ausencias, sabré que estarán siempre, no iré a la Misa del Gallo, pero recordaré los bancos helados de la iglesia de mi pueblo, mi chaquetita azul marino, la nieve que crujía en la medianoche montejiqueña, cuando mi hermana, mi madre y yo bajábamos mi calle cogidas del brazo, y sabíamos que nuestros deseos eran los mismos "El año que viene como este, mejor todo lo que Dios quiera"... ¡¡ Feliz Navidad !!

19 dic. 2013

AUDIOLIBRO DE "EL INFIERNO CABE EN UN SUSPIRO"....(Comienzo)

http://www.ivoox.com/libro-el-infierno-cabe-suspiro-editado-audios-mp3_rf_2658964_1.html

En esta tarde os dejo el enlace para que podáis escuchar las primeras páginas del primer capítulo de "El infierno cabe en un suspiro". La pequeña muestra de Audiolibro que Círculo Rojo ha creado para mí... Sólo espero que os guste, que os llene de curiosidad por saber qué le ocurre a Ana después de esa inquietud por verse en una página de contactos, qué le pasa tras descubrir que no es feliz, que desea más, que su mundo se le desmorona poquito a poco... sólo espero que os guste mucho... 

PENSANDOTE EN AGUA... (Poesía)

Yo pensándote a besos,
 pensándote a mordiscos,
caricias contenidas;
pensándote a tirones, a retazos, 
entre niebla, entre brumas,
pensándote en mi boca,
con mi cuerpo,
con la humedad del agua que me toca.
Yo pensándote a escondidas,
en silencios con sonrisas,
entre párpados cerrados,
pensándote en mentiras sostenidas,
pensándote detrás de las cortinas,
el agua cae, el mundo gira,
y yo pensando sin medida
en los besos de ojos entornados,
en bocas que se tatúan en esquinas,
el agua que las borra, ¡¡ tan mezquina agua,
que me deja sin tu amor y sin mi vida !!...
... Y yo pensándote en la lluvia,
en hojas mojadas, en vidas no vividas,
pensándote en agua, en viento,
en escalofrío recorriendo
el espacio cerrado en que caminas.
Pensándote en agua de lluvia,
en día de otoño,
en malvada lejanía,
... pensándote a oscuras,
en el hueco de un beso,
en la espalda inclinada
adorando mi fuente,
buscando mi agua,
buscando tu vida,
buscando el sustento
con el que alimentas
tus deseos ocultos,
tus íntimas fantasías...
Piensame en agua, en el agua que bebes,
en el agua en que nadas,
en el agua en que sientes,
en el agua que calma.
Pensándote en agua, serenamente,
mientras el agua cae y la vida pasa.

17 dic. 2013

LA SOBERBIA... (Relato corto)

Le pudo la soberbia, ese orgullo que se enmascara de amor propio, de sentido de dignidad, pero que, en el fondo, es la impotencia de no haber conseguido lo que se propuso. Había gritado, había amenazado, había llorado... había vaciado la rabia del alma, escupido palabras hirientes, había deseado que, con el solo poder de desearlo, Marina muriera, de repente, mientras ella acribillaba a salivazos a Gonzalo, y que le llamaran, con ella delante, y le dijeran que Marina había muerto. Era lo que más deseaba en el mundo. Había intentado averiguar desde cuándo, hasta cuándo, dónde, cómo, las veces que hubo, las que pudieron haber sido, las ausencias durante minutos, las sonrisas mientras miraba el móvil, la inquietud que no comprendía, los silencios que no soportaba, las indirectas directas, "¿En quién estabas pensando, eh?", públicas, intentando revestirlas de humor, tétrico y patético... Era patética, y se acababa de dar cuenta. Acababa de ver aquella foto perdida que le saltó a la cara; el paisaje que conocía perfectamente, el lugar que ella había caminado en muchas ocasiones. Era el fondo que jamás deseó ver como escenario para la obra perfecta que Marina había representado... La habían vencido. No lo aceptaba, no lo toleraba, no lo permitía... ¿O sí?... Tal vez sí, lo permitió desde el momento en que supo y no cortó, desde el momento en que pensó que con un simple deseo, con una simple llamada, con una simple retahíla de insultos y menosprecios, iba a ordenar y a conseguir que dos corazones que latían juntos desde los senos maternos dejaran de hacerlo... Le pudo la soberbia, ese orgullo que se enmascara de amor propio... y cuando le vio entrar, serio, como siempre...como siempre que entraba, como siempre que la miraba, pensó en si sería así con Marina, si cuando entrara en el recinto que ella ocupaba la miraría con la misma falta de ganas, falta de ilusión... y supo que no... y le pudo la soberbia. Sus ojos se clavaron en los de Gonzalo, él indiferente, haciendo que su ego se enervara aún más. Le espetó "Sé que os habéis visto, no sé la fecha, pero sé que ha sido"... Sin respuesta. El silencio. Ese silencio putrefacto que huele a confirmación, que huele a "quien calla otorga", y su soberbia saliendo en espumarajos por su boca... "¡No vas a decirme nada!"... No, él no iba a hablar. Marina le había enseñado que el silencio habla, que las miradas confiesan, que contra el ataque de los celos es mejor callar, sobre todo cuando los celos son tan fundados, tan ciertos, tan palpables... Y entonces ocurrió, debajo del mostrador al ir a buscar la llave, iban a cerrar, y tocó aquel aparato que, hasta entonces, no recordaba que poseía, lo rozó mientras lo asía suavemente, como quien roza una flor, o un flotador para salvar su vida. Victoria elevó la vista, Gonzalo de espaldas, mirando hacia la calle a través de los cristales del escaparate, esperando a que ella cogiera las llaves, porque tenía que cerrar... Sólo hizo un ruido seco, sin estridencias, como un globo al explotar; no hubo más, Victoria vio caer el cuerpo de Gonzalo como a cámara lenta... Y le pudo la soberbia, salió de detrás del mostrador, le miró, un charco de sangre oscura y viscosa se derramaba por el parquet... No temblaba ella, no lloraba ella, observaba, respiraba jadeante, la pequeña pistola en sus manos, se dió cuenta de cuánto pesaba entonces... Pero le pudo la soberbia y la agarró con más fuerza, y sonrió con la sonrisa del triunfo penoso que otorga la fuerza "¡Se terminaron los encuentros, los besos, las llamadas... ahora que se joda!"...

14 dic. 2013

APRENDIENDO A OLVIDARTE.... (Poesía)

... Y aprendí a caminar de nuevo,
 sola y despacio,
como lo hice siempre,
a no mirar atrás, a no recordar,
aprendí a dejar en blanco mi mente;
aprendí que los errores se pagan,
que las mentiras duelen,
que los adioses hieren;
aprendí el valor de un llanto,
el calor de un beso,
...como lo hice siempre.
Y aprendí a olvidar tu risa,
a olvidar tus ojos,
a mirar de frente,
a pedir sin súplicas,
a no lamentarme,
aprendí que nadie me tejió mi suerte.
... Y aprendí cómo duele la ausencia,
cómo mata el silencio,
cómo sangro al quererte...
cómo se llora en noches sin luna,
cómo se ríe cuando el sol se oscurece
y hace de la risa una mueca,
del amor esperpento,
de la vida la muerte...
... Y aprendí que amaré tu memoria,
que moriré con ella,
que seré finalmente
lo que no quise ser,
lo que no deseaba,
lo que ya no aprendí...
... Y así, cruelmente,
aprendí que las almas no olvidan
los besos que han dado,
las palabras cautivas,
los dedos que tocaron,
las caricias prohibidas.
 ... Y aprendí que tan sólo
podré olvidar tu nombre,
cuando la muerte cierre mis ojos,
cuando se detenga el tiempo,
cuando tú no me llames
,
cuando mire tu rostro y vea que no recuerdas,
y tu boca no hable en el silencio mudo
de los gritos que lanzas con miradas eternas.
...Y aprendí a caminar de nuevo,
cansada de haber caminado a tu lado,
aprendiendo a salir del infierno creado,
en donde ardí y quemé mis naves,
y quemé mi cuerpo... y aprendí a adorarte,
...y así, lentamente, igual que aprendí a todo,
juré ante tu cuerpo que aprenderé a olvidarte.-

12 dic. 2013

PEPE, EL RECUERDO DE UNA MANO.... (Felicidades AMIGO)

El primer recuerdo que tengo de él, el primero organizado y clasificado es el de una mano. Aquellas Primeras Comuniones que unían a chicos con chicas. Hasta aquel momento, el día de mi Primera Comunión, con mis siete añitos, yo no había compartido clases con chicos, tenía conocimiento de ellos por mis primos, mi amplio horizonte varonil se encerraba en ellos y en los vecinos (pocos) de mi calle. Fue el día del Corpus, cuando a todos los niños que comulgamos se nos vistió de gala, se nos alineó en una fila blanquísima, llena de coronas, vestidos largos, trajes de almirantes, guantes inmaculados y caritas rojas por el calor. Y se nos puso por parejas. Y a mí me tocó dar la mano a Pepe, con sus guantes blancos, con los míos también, con ese sentido del pudor infantil, el que ahora, por lo normal de la situación no se entiende, pero entonces, eso de compartir mano con un niño como que imponía un poco. Pepe fue parte del recorrido de la Procesión quejándose de que le sudaba la mano, se la limpió dos veces en mi inmaculado vestido, arrugué el ceño, puse cara de enfado, seguí cogida a aquella mano y decidí que el género masculino era insoportable, a pesar de tener cara angelical y unos hermosos ojos verdes...
Llovió mucho, crecimos, compartimos juegos en la calle de Los Leones, aquellas noches de verano formando grupos numerosos de chavales; nos hicimos mayores, compartimos pandilla, bailamos las mismas canciones con la misma gente, compartímos puente comiendo pipas, compartímos días de San Isidro, compartimos amigos, nos fuimos lejos, cada cual por su lado. Y un buen día él, durante un baile, conocedor ya de que había "alguién" a quien yo le interesaba un poco, mientras bailaba conmigo una camción lenta, fue acercándose al "alguien" interesado, que a su vez bailaba con otra amiga, y dijo aquello de "cambio de pareja", me soltó la mano, me dejó en otras manos, sólo dijo "luego me la devuelves", pero él sabía que me dejaba en las manos que no me devolverían, pero que él, Pepe, estaría si alguna vez las manos que me recogían me soltaban, desde entonces aquellas manos a las que me entregó me sostienen, pero la mano que me soltó era la de un amigo, el que entregó a otro a una amiga, sabiendo que entregaba a la mejor persona del mundo a una niña con "sus cosas"... Pepe es la prueba perfecta de que un chico y una chica sólo pueden ser amigos, y cuando lo son pueden ser los mejores... Discutimos, me canta las cuarenta, me bromea con un humor irónico y serio que, en muchas ocasiones, me deja sin palabras y hace que piense. Pepe llegó a mi mundo un caluroso día de verano, hace más de cuarenta años. Es bueno. En la amplitud de la palabra. De esos amigos que todos quisieramos, de los que se ríen contigo (yo sigo diciéndole que de mí, cosa que no está muy clara), de los que no necesito ver a diario para saber que están. El ramillete de amigos, esos que suele decirse que lo forman los dedos de una mano, y ellos, los dedos de mi mano, los amigos de mi mano, me hacen falta, todos; los que se ganaron que se hable de ellos con el respeto total y el cariño completo; será que han sido buenos, será que han sido honestos, será que han sido pacientes, será que han sido decentes en sus afectos... será que tenían que estar en mi vida, y por eso, los dedos, uno de los cuales es Pepe, siguen siendo necesarios para mi mano...Siempre pensé que se es según el ejemplo que se vive, en este caso es así. Buenas cepas dan buenos frutos. Por los días, por los años, por los minutos compartidos, por las risas (muchas), por las lágrimas (alguna que otra), por esa mano tendida, por que cuando me embarga la emoción él saca la fuerza de la lógica... por aquella mano tendida de niños, y por la que me soltó a los veinte, por este camino recorrido, con todo lo que ha conllevado. Por todo, Felicidades. Porque hoy, Pepe Tortosa Linde, cumple cuarenta y nueve años, y porque quiero que cumpla muchos más, y quiero que siga tendiéndome la mano cuando la necesite, y que me suelte cuando él  crea que estoy segura. Por todo eso, por todo esto que se resume en un sólo GRACIAS, te deseo amigo mío, que cumplas muchísimos más, con los tuyos, con todo lo que has construido junto a alguien que te mereció... Felicidades a esa mano que siempre estuvo y que está... y que sé que estará...

8 dic. 2013

A TRAVÉS DE UNA MENTIRA... (Reflexiones de la madrugada)

Anoche decidí  tomarme un descanso, en silencio todo, buscando algo que me apeteciera ver, recuperé aquella película que de vez en cuando viene a mi memoria. Me gusta revisar "Algunos hombres buenos". El alegato final de Nicholson me parece genial, las dudas que crea, la confrontación con Cruise que desea que confiese, que desea que diga, que desea que confirme, que basa su ataque en una suposición, en nada factible ni palpable, en una mentira sostenida por el tono, por las formas, la manera de acuciar, de rodear, de agobiar, las palabras justas, las que lanza, las dudas razonables... Me gusta... Me gusta la fuerza de Nicholson, pero sobre todo me gusta su pregunta, me gusta la inquietud que crea, el rostro de Cruise "¿Está preparado para escuchar la verdad?"... Es una pregunta que me hago muchas veces, que estoy segura de que todos nos hacemos muchas veces. Esas ocasiones en que gritamos, espetamos al rostro ajeno "¡Dime la verdad, sólo quiero la verdad!"...¿De verdad queremos saberla? ¿Estamos preparados para escuchar, para aceptar, para asimilar?... Tenemos una sospecha, queremos confirmarla, creamos incluso mentiras que enhebren la verdad que deseamos, decimos sin decir, damos rodeos, lanzamos dardos sin tocar la diana, sólo aproximándonos; todo esto simplemente porque deseamos conocer una verdad que, aunque lo gritemos a los cuatro vientos, no estamos seguros de querer saber... Hay un momento de inflexión en el alegato de Nicholson, que, si lo escuchamos serenamente, es nuestro alegato, el que tenemos los que sabemos una verdad, los que somos dueños de la verdad deseada, los que soportamos el deseo enloquecido del que desea saber, los que somos la diana y a los que acarician los dardos sin lastimarnos todavía... Hay un punto de inflexión... Nicholson nos hace pensar, porque a veces, conocer la verdad desestructura toda una torre de sentimientos, de comodidades, de emotividades, de convencionalismos, de conformismos... deseamos saber la verdad creyendo que será la verdad que deseamos escuchar, la nuestra, "nuestra verdad", la que nos haga seguir cómodamente en nuestra vida, con la sonrisa de la victoria puesta y la arrogancia que da saberse dueño absoluto de la absoluta verdad... pero ¿y si no es así?... ¿Y si escuchamos una verdad que no queremos?, ¿una verdad que es totalmente contraria a la que deseamos oír, que nos lanza contra la pared y nos destruye el mundo?...
Querer sacar una verdad a través de una mentira, de inventar para conseguir lo que otro sabe, de indagar con medias palabras, con la duda en nuestras manos y la desazón del secreto que otro guarda... A veces no estamos preparados para oír la verdad, porque aunque la sospechemos, aunque nuestro corazón la intuya, en nuestro más escondido yo preferimos seguir ignorantes, porque si esa verdad se nos confirma nos destruye el universo creado, la ilusión construida, la tranquilidad en la que, hasta el momento en que se abrió la Caja de Pandora y alguien a quien pedimos esa Verdad Absoluta para la que pensábamos que estábamos preparados para escuchar, abre su boca, nos hunde la vida... A veces, si somos sinceros con nosotros mismos, deberíamos de dejar esa mentira "anzuelo" porque si pescamos la Verdad Abisal, esa verdad que vive en el fondo del océano y que es mejor dejar allí, podemos comprobar que vivimos la verdadera mentira, la misma que hemos creado para comprobar el poder de destruccion de una bomba que se nos ha lanzado a la cara porque nosotros lo hemos pedido...en ocasiones deberíamos dar la vuelta, no someter a un tercer grado a quien permanece sentado en el estrado dando explicaciones que podemos admitir para continuar la vida que, en el fondo, deseamos... viviendo como los peces abisales, más que nada porque así, esa verdad que exigimos, no podrá despedazar la vida que nos creemos poseer, la que nos creemos porque así nos interesa... como diría Nicholson, "Para seguir tranquilos en nuestras vidas"...

7 dic. 2013

IR A CONTRACORRIENTE... (Reflexiones de una inconformista)

Sabíamos que llegaba la Navidad porque mi abuela Tita y mi madre se ponían en la ardua tarea de elaborar los mantecados caseros, los que luego, en grandes canastas o barreños cubiertos con un mantel de tela, limpísimo, recién recuperado de cajones que no se abrían hasta Navidad, de pequeñas arcas o baúles entrañables, cargaban hasta el horno, y una vez cocidos nos hacían participar al resto de la magia de envolverlos en papel blanco con flequitos después de rebozarlos en azúcar glass... La liturgia familiar, en la que yo era la única niña, la única niña que comprendía que aquello, envolver mantecados junto a mi abuelo, escuchar en su voz "Los celos de San José", aquel villancico centenario, que fue transmitido de padres a hijos, que fue repartido entre compañeros de trabajo, en cortijos y en casas con olor a leña quemada, a matanza, a matecados, aquel villancico que llenó de sonidos familiares mi infancia y mis recuerdos, aquello era la Navidad. Y yo las disfruté sola, cuando pudo hacerlo mi hermana yo ya me había instalado en la edad de la rebeldía adolescente; ya me gustaba menos envolver mantecados, y además, como un complot silencioso y malintencionado, las pequeñas tiendas del pueblo comenzaron a llenarse de mantecados industriales, eso sí, siempre bajo la coletilla "son caseros", pero yo sabía que no, yo sabía que los mantecados caseros eran los que las manos de mi abuela confeccionaban y mi abuelo envolvía primorosamente mientras me cantaba...
Ahora, con el puente de la Constitución (antes Puente de la Inmaculada) se da el pistoletazo de salida para la Navidad... Ahora ya casi nunca viene con nieve, y los mantecados se compran antes, envueltos en papeles brillantes y herméticos, ahora ya los niños juegan con el móvil o con la consola, los abuelos no tienen que envolver mantecados, y las abuelas piden hora en la "pelu" para estar guapas el día de Nochebuena... Ya no son abuelas de rodete y vestidos sobrios. Las abuelas de ahora son mujeres jóvenes, mujeres que se van a bailar con el abuelo, que se compran unos vestidos llamativos y sugerentes. Los abuelos hacen footing, visten ropa de marca y acuden a bailes de salón... Y todo eso me gusta... me gusta mucho... señal de que hemos avanzado un mundo, porque en aquellas navidades mías ni siquiera las madres hacían todo eso... Y me sigue gustando... Pero echo de menos los mantecados caseros, y el villancico de mi abuelo, echo de menos los preparativos sencillos, de pueblo pequeño, las nevadas impresionantes y el olor a leña quemada... Y es que, creo, me estoy instalando en la edad de la nostalgia, de esa que sabe que cualquier avance es mejor, que todo se ha ido puliendo hasta dejarnos como un anuncio de felicidad... y no...
Se acerca la Navidad, nos tiraremos a la calle, porque ese es otro "avance" de nuestra sociedad, invadiremos grandes almacenes, tiendas miles, cargaremos con bolsas y regalos, nos haremos mil preguntas sobre qué regalar... haremos cola para conseguir los langostinos, para comprar los dulces y para encargar la carne... nos quejaremos de la cantidad de gente que hay por doquier, miraremos el alumbrado, criticaremos que está demasiado flojo, que no se colocó bien... nos quejaremos de nuevo por lo caro que está todo...hablaremos de crisis, nos la pasaremos por el forro, olvidaremos a los que verdaderamente tienen motivos para odiar la Navidad, recordar a los desfavorecidos tocará en Nochebuena, cuando por un momento un raro halo de generosidad pase fugazmente por nuestra mente... mientras sacamos la cartera y pasamos la tarjeta no nos acordamos, somos abducidos por un extraño poder para olvidar lo que hay a nuestro alrededor...
¡¡ Pues sí !!... lo adivinaron... a mí, con perdón, no me gusta la Navidad... creo, sinceramente, que es la época más hipócrita del año, la más atea, con perdón, la más manipulada, la que se perdió hace muchos años y hemos creado un Vellocino de Oro para sustituirla, de oro justamente, porque hemos hecho de la Navidad el tren perfecto para destruir a nuestro hígado, para desequilibrar la economía, y encima hemos aprendido frases como "¡A ver, qué vamos a hacer!", y con esa excusa tan bananera seguimos en la espiral de "Mira como beben los peces en el río..."...
Pues sí... sintiéndolo mucho, a mí no me gusta ésta Navidad...

6 dic. 2013

SE APAGÓ LA VOZ NEGRA Y LA BLANCA SONRISA... (Poesía)

Se ha evaporado la voz de la justicia,
 la oscura piel y el puño alzado,
se ha ido lentamente, se llevó su vida,
 el ejemplo y el dolor que le causaron;
se ha quedado mudo todo un Continente,
 triste el mundo y vencido el esclavo.

Se fue Nelson, y se llevó su sonrisa,
se llevó su palabra, se llevó su calvario,
y las celdas de las cárceles verdes,
 de las sabanas profundas, de las cascadas,
en esta noche gris y oscura como su destino,
 lloran por el hijo, viven por su alma.
Se ha ido Mandela, todo se despieza, todo se destruye,
todo se recuerda,
los barrotes, las cadenas, los grilletes,
 las voces que clamaban, las gentes sin conciencia,
tambores con los ecos se elevan a los cielos,
estrellas que se caen, lunas que se desangran.
Se ha ido Nelson, y sólo se ha quedado la huella de su paso,
la voz de su palabra, la risa de su boca, el aura iluminada,
los años sorprendidos, las edades tapiadas,
la injustica que clama, la crueldad que se calla.

Los yunques seguirán siendo fuertes,
el puño seguirá reclamando,
el martillo seguirá golpeando.

Y no ha muerto Mandela,
pues sus pies seguirán caminando.


5 dic. 2013

ESE SUEÑO TRAICIONERO QUE ME PRIVA DE.... (Relato y risas con Luisi)

Las mujeres, cuando somos amigas, muy cómplices y muy bromistas, solemos compartir secretos, unos muy serios, unos muy tristes, unos muy felices... y algunos íntimos e irrisorios, de esas veces que, aunque no lo digamos a gritos, nos hemos reído en el momento menos indicado, porque algo nos hizo saltar el muelle, porque no era lo que se esperaba, y convertimos la decepción en anécdota cachonda, o porque, sencillamente, no nos hemos enterado de algo que debió mantenernos alerta, pero que se nos robó por un estado de sopor tal que nos privó de jadeos, placeres y sonrisas posteriores...dicho así, como que desconcierta un poco. La historia completa, esa que te hace reír a carcajadas cuando se narra es de las de "si no lo cuento reviento", y aquí Luisi, que es generosa, que es simpática, y que sabe que hay anécdotas dignas de ser vividas, me dio todo el derecho a hacerlo. Sucede a veces (muy pocas, por suerte), que después de un día de juerga, de haber estado de copas, de llegar al lecho compartido con ganas de más juerga, no tenemos claro qué deseámos más, si dormir o seguir entregándonos al placer sexual, y en este punto como que te dejas llevar. Te tiendes en la cama, te arrastra el deseo, pero llega el momento en que lo que te pone realmente es cerrar los ojos, dormirte y roncar... esto no es crítica a la pareja, que seguro que su trabajo lo estaba haciendo muy bien, sino a que la graduación ingerida el suyo, su trabajo, lo estaba haciendo mejor. Una, que es de tumbarse plácidamente, de dejar que se recorra el mapa corporal, de cerrar los ojos y sentir, siente sueño, por muy placentero que sea el recorrido al que nos están sometiendo, y llega un momento en el que, sin poder remediarlo te vence el sueño. Y eso, tan sencillo, tan cómico y tan anecdótico es lo que pasó. El partenaire estaba totalmente a lo suyo, que debería de ser "a lo de los dos", supuso que el cierre de ojos se debía a lo que todos estamos imaginando, que es lo que sucede muchas veces, sin caer en la cuenta de que, en ocasiones, el sueño es más poderoso que el sexo, que suele pasar... y ella se durmió, y él hubo un momento en que supo que Morfeo había poseído a su nena antes que él, que la tenía en sus brazos, pero que ya puestos, mejor termina la faena, por aquello que diría José Mota "ir pá ná es tontería" y ya que estamos en ello aprovechamos el camino. Dormida o no, el camino es el mismo, él estaba despierto, la que se estaba perdiendo la tanda de jadeos y placeres era ella; después de todo el morbo aumenta, ya sabemos la naturaleza varonil (porque nosotras, lógicamente, de morbo sabemos poco, y si sabemos o soñamos lo callamos o leemos las Sombras), esa naturaleza que se ve reforzada y aumentada con el concepto morboso de saber que, hagas lo que hagas, la otra se ha dormido, no te van a contestar, no te van a reprochar que lo estás haciendo mal, por lo tanto, se trata de terminar la siega... Y se terminó... Y a la mañana siguiente, más que nada para satisfacer la curiosidad, ella pregunta eso de "¿Qué pasó anoche?", que de haber sido formulada a un macho ibérico hubiera supuesto un problema, pero cuando enfrente se tiene a una persona con sentido del humor, pero sobre todo sentido del deber, se le informa del recorrido espectacular hecho "mientras dormías", que es un título que viene como anillo al dedo...
Hay conversaciones que provocan risas, que te hace ver que a todas, lo digamos o no, nos han pasado anécdotas sexuales que nos llevan a pensar "si lo digo no se lo cree nadie", y nos hace ver que, en esta vida, todo depende del color con que se mire, que puede haber momentos preciosos (nada más bonito que hacerle el amor a una mujer mientras duerme, pensarán las más románticas) o momentos llenos de humor, de carcajadas, que quedan para recordar... para que luego se diga que el sexo es siempre lo mismo... pues no, hay ocasiones en las que la frase "ni me he enterado" es totalmente cierta...

1 dic. 2013

¿QUÉ SABES TÚ?.... (Poesía)

¿Qué sabes tú de mis ojos cerrados,
de la soledad de mis labios mudos,
de los suspiros y los llantos olvidados,
de la pena, del dolor, de los susurros
de mi corazón esclavos?
¿Qué sabes del camino recorrido,
de las estrellas en el cielo sostenidas,
de la luna deseada y rechazado
el poder de tocarlas con mis manos,
de desear la muerte en un suspiro?
¿Qué sabes de mi miedo, de mi ira,
qué sabes de días en penumbra,
qué sabes de la oscuridad de las tinieblas,
de esas que acompañan a mi sombra?
¿Y me juzgas tú, y me condenas?
¿Por qué no te calzas mis zapatos?
¿Por qué no caminas mi camino?
¿Por qué me condenas sin defensa posible,
sin conocer que me faltó el aire que respiro?

Los jueces implacables, los que enjuician
en las barras de un bar, en una esquina,
mientras el viento se lleva sus palabras,
y las va clavando cual espina,
en las almas nobles de las nobles gentes,
las que viven su vida y su rutina;
las que caminaron y tropezaron y cayeron,
las que levantaron su cuerpo silencioso,
sacudieron el polvo del sendero,
y secaron el llanto de sus ojos.

Dejar de ser serenas aguas,
desear volverse el huracán
que arrastre las lenguas que asesinan,
las almas negras, los duros golpes
de la oratoriade bocas viperinas.
De las palabras que lanzan, sibilinas,
el cianuro de la maldad humana,
desear arrastrar las almas pobres,
que se alimentan de benditas almas.

Aprender a dar los pasos cautelosos,
mirando el piso que despacio se camina,
tanteando las paredes, mirando el sol,
anhelando que el viento sea sólo brisa,
que la dignidad se quede en su morada,
y  luchar con decencia y con honor.
¿Qué sabes de mi espera esperanzada?
¿Qué sabes del tic-tac de mi reloj?
¿Qué sabes de mi tiempo y de mi vida?
¿Qué deseo te mueve en tu rencor?

27 nov. 2013

SÍ, QUIERO... (Relato corto)

Les quedaban dos días, dos pequeños días, cuarenta y ocho escasas horas. El tiempo se había ido tan rápido que les dolía. Hicieron el amor despacio, como cada mañana durante aquella corta semana, la que sin saberlo, el azar, por eso de ser desconcertante, les había regalado. Él sabía que ella estaba triste, lo notó mientras hablaba con Isabel por teléfono, metida en el baño, bajando la voz, para que él, desde la cama, no pudiera oírla. Él también estaba triste. Se iba. Siempre era así. Cada vez que ella le regalaba días robados, en aquellos veranos inquietos en los que había aprendido a desaparecer. Bajaron al comedor tranquilos, riendo por la escalera, a él le gustaba que ella fuese delante, le gustaba palmearle el trasero y la cara de ella al volverse para recriminarle el gesto. Él sabía de sus creencias y aquél día era San Jaime, y él sabía, porque ella le contó, hacía muchísimo tiempo, que ese día era especial.
Cogieron el coche a media mañana, después de que ella hiciera algunas compras, los regalos típicos para su vuelta. Él no le dijo nada, ella no intuyó nada. Paró frente a la Iglesia, aquella iglesia románica pequeña y recogida que ella había visitado siempre, que había sido su refugio en otros veranos y otros días:
- Tú hoy querías venir, ¿verdad?
Y ella asintió sonriendo. No dijo nada. Le besó fugazmente y salió sin hablar. Y él la vio entrar, ligera, con aquel andar lleno de vida, y se dispuso a esperarla. Él hacía mucho tiempo que no entraba a una iglesia, que no creía, que no esperaba. Recordó en su ausencia los días pasados junto a ella. Dormido mientras ella leía, en las largas siestas, aquellas en las que a él le suponían trabajando. No. Él aquellos días no estaba trabajando, estaba viviendo su sueño, su regalo, sus horas escuchándola, sus horas discutiendo, sus horas abrazado a su cuerpo cálido y propio. Y ella dentro, sentada frente al altar, había encendido dos velas, con las gafas de sol puestas, sabiendo que no era correcto, usándolas como telón para que no se vieran sus lágrimas. Dos días y ya no estaría. Y se llevaría el silencio de aquella iglesia, las calles sombrías, los verdes intensos, sus besos y sus palabras, las que la hacían reír por ser demasiado tiernas. "No sé por qué te ríes", bromeaba él en aquellos minutos que seguían a una declaración perfecta de amor "Porque la ternura no te pega para nada"... Eran continentes opuestos, eran polos que chocaban, siempre, a cada segundo...pero se querían. La vio salir sonriendo, resuelta, como ella era. Le sonrió mientras subía en el coche "Ya, podemos irnos"... Y él arrancó sin mirarla:
-Te voy a llevar a un lugar especial...
-¿Me gustará?
-Te encantará...está un poco lejos, quizás pases miedo, está muy alto...
-Pues no vamos, ¿para qué vamos?
-Porque es un lugar especial, y quiero que lo veas...
Y ella le miró. Él cruzó su mirada durante un segundo, sonrió.
El camino era empinado, ella sintió miedo, en silencio, sin decirlo, lo vencía recreándose en un paisaje imposible, una carretera estrecha, perdida, rodeada de naturaleza viva, presente. Él le contaba cosas suyas, a ella le gustaba. Una vez él, mientras le cogía la mano, mientras le contaba, susurró aquello de "Me escuchas como nadie lo hizo nunca", y ella le sonrió y se le llenaron los ojos de pena. Y ahora le escuchaba, con los mismos ojos llenos de pena, la de saber que se volvía a ir, una vez más, era su sino, era el destino, era la vida... Llegaron a un altozano, una explanada perfecta. Sólo había una construcción. Una pequeña ermita, piedra oscura, algunos coches de turistas, algunos turistas de esos con cámaras increibles que deambulaban por aquel espacio perdido. Él la cogió de la mano. Apenas hablaban. Ella, la dicharachera, la que no callaba, la que de todo sacaba tema, había quedado muda, se centraba en la mano fuerte de él, en su espalda mientras tiraba suavemente de ella.
Entraron en un recinto minúsculo, sobrio, en penumbra a pesar del sol de fuera; al fondo un altar austero, una virgen de piedra, unas pinturas deterioradas. Apenas ocho bancos, de esos usados y gastados, una mesa con cirios blancos, unos visitantes silenciosos, como ellos. Ella sorprendida. Estaban en una ermita, y él estaba dentro. Él, que no creía, que no visitaba aquellos lugares, que no entendía... él estaba allí, junto a ella, dejándole paso en un banco, sentándose junto a ella, hablándole en voz baja "¿Tienes frío?"... la temperatura dentro era mucho más baja que en el exterior,  y ella había hecho aquel gesto de tiritar que no le pasó desapercibido "No, es la emoción", y le sonrió. Estuvieron en silencio un rato largo. Él se levantó "Ven"... y ella le siguió hasta el altar, tras sus pasos, miró con detenimiento las pinturas y a la virgen, aquella extraña figura, tan alejada de las virgenes a las que ella veneraba:
-¿Te quieres casar conmigo?
María le miró, sorprendida. Cerró los ojos y apretó la mano de él en la suya. Y él la besó, suave, se le escapó una pequeña carcajada:
-¿Eso es un no?
María no hablaba, sólo le miraba y sonreía. Y vio al niño, y vio al hombre, y vio su vida, la de los dos, y vio la pena y las risas, y los momentos robados, y las palabras no dichas; los paseos por la montaña, los desayunos compartidos aquellos días, y vio sus ojos, los de siempre, los que tenían que haber estado y no estaban. Y sus aventuras. Y sus mentiras. Y sus perdones. Y sus gritos. Y su ira. María le vio a él, tal y como era, tal y como siempre fue y tal y como sería. Y a pesar de todo, de los años, de las riñas, de los enfados, de las huidas, a pesar de todo se acercó un poco más, apretó su mano un poco más y le besó suavemente en los labios:
-Sí, quiero casarme contigo...
-Y yo morir junto a ti...
-Y yo que cierres mis ojos...
Y Jaime, en uno de aquellos momentos que "no le pegaban", abrazó aquella figura que se le iría, que ya no estaría, que se esfumaría. Pero sabría que era su mujer, siempre lo fue, siempre la sintió como tal, "su niña"; recordó las veces que llamó así a otras, recordó los besos dados a otras, su boca en el oído de María, su voz fluyendo, como si ella no lo oyera:
-Fueron muchas, y en el fondo, cuando todo terminaba, yo sabía que eras tú, y que un día, el que fuera, tú estarías... y me costó tanto que me creyeras, que me perdonaras, que estuvieras, que pensé que me faltaría vida para conseguirte...
María cerró los ojos. Todo lo sufrido, todo lo llorado, todo lo pasado. Las dudas, las preguntas, las respuestas, los descubrimientos que dolieron tanto que le rompieron el alma. Las súplicas de él, las peticiones de ella, las aceptaciones de él... la fuerza de los dos... Se besaron, salieron fuera, el sol calentaba demasiado, era mediodía. Iniciaron el descenso, apenas hablaron... Sólo dos días y ella no estaría... Sólo dos días, pero los suficientes para haberse dado cuenta de que todo había valido la pena.

PARIR A LOS 44.... (Recuerdos de una mamá)

Me decían que era complicado. No lo fue. Pasaron los nervios primeros, las pruebas primeras, la preocupación primera. Viví mi embarazo de forma única y especial, porque lo era. No era lo habitual, no era lo cotidiano, era un hecho esporádico, un hecho que se regalaba a unas pocas escogidas, y una de ellas fui yo. Aprendí a renunciar a la comodidad que se había instalado en mi vida, a la tranquilidad de las noches, al orden perfecto de la casa. Volví a recuperar las veladas, los biberones, los discos, los pañales, las ojeras, el sueño perdido... Un buen día, un día como hoy, a las cinco y cuarto de la mañana él decidió salir. Me había dejado nueve meses para que me hiciera a la idea, para que supiera que él llegaría en un plazo determinado. A mis cuarenta y cuatro años, cuando ya la vida te ofrece la calma de los silencios, las veladas tranquilas, el envejecer sin premura, sin aventuras y sin preocupaciones. Un parto que se inició de repente, dándome tiempo, dándome calma, ya sin nervios, porque lo que te enseñan los años es a no correr, a saber que queda tiempo para todo, y que aunque no quede te queda la valentía del género femenino. Ya no había miedos, ya había calma, ya se sabía lo que era, ya el dolor se soportaba, ya se sabía que no se muere de dolor al parir... yo decidí vivir el mío, ser consciente de cada contracción y de cada empuje, parir con dolor, parir sabiendo que estaba dando la vida, en cada segundo que pasaba, en cada palabra de ánimo, en cada mirada del doctor, aquel que me llamaba valiente, que cogía mi mano, que me decía que era afortunada, estaba viviendo el milagro de la vida. Y nació él, Alberto, que se esforzó en hacerme fácil el trabajo, que salió rosadito, que lloró con brío, que me llenó el rostro de lágrimas y la boca de risas. De esas nerviosas que las madres conocemos cuando les vemos la carita, esas caritas nuestras, las que hemos fabricado en un útero seguro y fuerte, en el hogar perfecto, en el que hemos cincelado deditos, orejas, piernas y corazones. Y parí con cuarenta y cuatro años. Cuando muchas mujeres comienzan a vivir su climaterio, cuando algunas se han quedado solas porque los hijos han volado ya, cuando otras ven como se pone el sol recordado cuando parieron, hace ya tanto tiempo... Yo me sentí dichosa, a pesar de las noches en vela, de los cólicos lactantes, de los biberones que no saciaban, de los llantos incontrolados, de la falta de fuerza, de la falta de sueño... Yo me sentí dichosa... Yo soy dichosa... Tengo ahora, en mi vida, implantado desde hace cinco años, el desorden en la casa, los espacios llenos de gritos infantiles, de juegos infantiles, de preocupaciones infantiles... Tengo mi vida ahora, a los cinco años de haber parido, llena de letras, de dibujos, de tareas escolares, de una voz chillona que me llama, de unos labios que me besan sin motivo, de unos brazos que me abrazan y unas palabras que me dicen que me quieren, y sé que es verdad, porque lo que tienen los niños es que dicen verdades, esas que olvidamos cuando crecen, pero yo soy dichosa, porque a mí se me repite diariamente para que no lo olvide...
Alberto cumplió años esta madrugada, a las cinco y cuarto, aquella madrugada fría, preludio de una gran nevada, aquella que pasé sentada en un pasillo, hasta que encontraron una cama libre, porque yo aprendí, con los años, que no había llegado la hora, que podía esperar, que parir es cuestión de tiempo, pero que hay edades que se instalan para hacerte ver que tienes vida y por tanto puedes darla. Habrá quien piense que es una locura... No... Es un milagro... A mí la vida me ha regalado tarde muchas cosas, con él aprendí la paciencia, las esperas, a medir el rumbo del tiempo y el tic-tac del reloj. Alberto me ha traído la fuerza de la maternidad, la fuerza de la sangre y el poder para luchar... Hoy hace cinco años que le tengo, ya no podría estar sin él, sin sus "Mami, te quiero tanto", sin sus caprichos, sin su carácter, ese que es un calco del mío, sin sus risas y sus travesuras... Hoy sé que la vida me regaló VIDA, y además, con ella, me trajo el poder para vivirla...Felicidades, Alberto, gracias por devolverme la ilusión, las ganas, el cansancio, la responsabilidad y la generosidad...


Foto: Alberto a las 7 horas de nacer.




25 nov. 2013

INMA FUE LA SORPRESA... (Felicidades para una AMIGA)

Ella es ternura, y voz baja, y risas, y un rostro agradable y amable, y un alma limpia. Es Inma. Inma que llegó a mi vida de rebote, porque consiguió conquistar el corazón del que era amigo, la que consiguió llevarlo al altar, la que le dió hijos, la que comparte con él desde hace mucho tiempo sus días, sus noches, su vida... Inma se convirtió en amiga desde aquel primer beso de presentación, el día de mi boda. Ràpido beso, el día y el momento no permitía demasiada demora en conocimientos personales. Pero hubo tiempo ¡vaya si lo hubo!, Inma que comparte y que escucha, que trabaja y que construye, que acompañó a los amigos de él para ser amiga de ellos, porque así fue y así debía de ser. Inma presente siempre, aún en la distancia, aún cuando no podamos vernos demasiado y se nos olvide llamar, Inma es sencillamente bella... Ella no lo sabe, o hace que no lo sabe; es del tipo de mujeres que no sabe lo que su mirada encierra, porque camina despacio, sin estridencias, y tal vez, desconoce que, en sus cadencias de voz y en sus risas espontáneas, esconde el poder del cariño ajeno. La quiero, quiero mucho a Inma. Le agradezco que me acogiera hace más de veinticinco años como a una amiga más, que haya estado cuando la he necesitado, que me haya dejado compartir su casa y su vida. Le agradezco a él, al que es suyo y un poco nuestro, que la trajera a mi vida. Hay personas que se pasean por las existencias de puntillas, pero dejan el perfume de su persona, caminan sin hacer ruido, pero calan, y ella es una. Sincera y honesta. Inma es viento. De ese que susurra, que nunca molesta, que acaricia y que deja huella, nunca arrastra, sólo empuja suavemente... Sólo sonríe, y eso ya es mucho.
Recuerdos de momentos compartidos, de risas y de confidencias, de alguna lágrima y esa exclamación suya de "¡Tú eres tonta!", que me hace soltar una carcajada pequeña y olvidar, poco a poco, porqué estaba triste, porque dudaba. La amistad no se hace de llamadas diarias, ni de visitas diarias, sino de estar diario, de saber que se habla con alguien que escucha y que trata de entender, tal vez no lo consiga siempre, tal vez no lo comparta siempre, pero basta la mirada limpia de quien entrega cariño.
Inma fue la sorpresa, la amiga que llegó para ocupar un hueco que ni yo sabía que estaba. Hoy cumple años, le prometí que no diría cuántos, ¡que más da!, ella tiene la edad perfecta para ser sonrisa, para ser empuje y para ser AMIGA, con mayúsculas, le prometí no decir su edad, tampoco importa, porque ella, tenga los años que tenga (que son muy pocos), tendrá el alma llena de cariño y los ojos plagados de momentos entrañables... Ella seguirá siendo, ya por siempre, la pieza del puzzle que encajó en mi corazón, felicidades, con todo mi cariño... quiero que sigas en mi vida con tu eterna sonrisa y tus gestos...

24 nov. 2013

LAS PALABRAS INDECENTES....(Reflexiones de una mujer).

Ayer fue día de conversaciones, de diálogos entretejidos, unos por la red, otros por teléfono, otros por whatsapp, y en todos ellos, sobre todo con tres varones, salió el tema de lo correcto y de lo incorrecto. Yo les contaba un espectáculo que presencié el viernes, un espectáculo que nos regaló el dúo "XL", dos mujeres jóvenes, rompedoras, que fue una reivindicación femenina de lo nuestro, de lo propio, del campo que nos pertenece, una denuncia clara de las modas que nos invaden, que nos hacen esclavas del consumismo y de la estética... y un reclamar la parte sexual que, a las mujeres, les estuvo negada durante mucho tiempo. Me sorprendió mucho el escándalo, ese que se oye entre murmullos y susurros, ese de "¡que barbaridad!", al escuchar una palabra, recogida por supuesto en el diccionario de la RAE, una palabra que todas hemos usado en alguna ocasión, aunque haya sido para describir el gesto de una persona. Me sorprendió porque (¡pura casualidad!), yo soy de la "malafollá" granaina, y que ante la palabra follar las mujeres se solivianten me hace gracia, me deja la duda del avance, me deja un poco sonriente, porque descubro que somos esclavos de la malsonancia, cuando en realidad es una palabra llena de connotaciones, una palabra que usamos en muchas frases, comenzando, como ya dije, por el vocablo con que se nos define a los granainos, y nadie se sorprende por ello. Hablando con Antonio Villegas comentábamos la decencia malentendida, esa que se sustenta en frases perfectas, que suenan bien, en posturas dignas de elogios, en no salirse del tiesto. Emilio me confirmó que en realidad no se ha avanzado tanto, y cuando las mujeres rurales llegamos a una edad, nos seguimos amoldando al patrón materno de antaño, cosa que yo ya estoy comprobando (por desgracia). Yo les hablaba del escándalo que podría suponer leer esa palabra en muchas frases, escrita por una de ellas, por una mujer que se supone decente, ¿y qué?... Nos guste o no, nos escandalice o no, hay palabras que encierran actos que hacemos todas, que disfrutamos, que gozamos, que buscamos, pero que ¡oh, contradicción!, nos escandalizan cuando se mencionan. No debería de ser así, el español es rico en palabras, los españoles somos dados a palabras llanas y simples, exclamaciones sexuales y sexuadas para describir un estado de ánimo, una situación límite, recurrimos a los órganos genitales de ambos sexos para sorprendernos, asustarnos, sonreírnos, alegrarnos, entristecernos, y sobre todo para gozarnos. Entonces ¿por qué en algunos ámbitos, a algunas edades que se supone superado el trauma de escucharlas, nos seguimos escandalizando? ¿Por qué no conseguimos leer entre líneas, escuchar entre sonidos, ver entre gestos? ¿Por qué, las mujeres, no conseguimos superar esa línea invisible de lo permitido? ¿Por qué a un hombre se le permite, y hasta nos hace sonreír, que diga palabras
(en el fondo "nos ponen") incorrectas, prohibidas, censurables y a la mujer se nos tacha de malhablada cuando las decimos o cuando las escribimos?.... El espectáculo del viernes fue valiente, fue innovador, con o sin palabras malsonantes, que para mí no lo eran, porque de lo que se trataba era de reivindicar un placer propio, unas necesidades propias, un deseo propio, y lo queramos o no, el acto que se desea, que se disfruta y que se convierte en goce y disfrute de los sentidos tiene un nombre. Por muy descarado que parezca, decir "las mujeres deseamos que nos hagan el amor" no deja de ser una cursilada, porque, a estas alturas de la vida, a esta edad en que ya todo está visto, vivido y disfrutado (o no) hay expresiones mucho más directas, mucho más reales, mucho más exigentes y mucho más claras, y yo, con permiso, ya estoy en esa edad de reclamar, como las chicas del espectáculo "XL", mi sitio, mi tiempo y mis deseos. Porque creo que, después de toda una vida, después de mucho luchar, de mucho trabajar, de mucho ofrecer, de mucho entregar y de mucho dar, es hora de que sienta por y para mí, de que reclame lo que mi naturaleza desea y de que lo disfrute, y ya, desde luego, que no me asusto de las palabras, ya que con las palabras juego, las comprendo, las coloco en el contexto justo, les doy el valor que tienen y, después de todo, en algún momento, esas personas que se escandalizan por un "follar" rematan una conversación con un "¡que malafollá tienes!" y se quedan tan anchas...
Como les decía ayer a tres varones muy importantes para mí, temblando estoy cuando se lea mi novela, cuando se vea mi rostro escribiendo, o se le ponga mi cara a la señora que habla, que actúa, que pide y que reclama, porque hasta que no comprendamos que el lenguaje es el que es, el que usamos en la intimidad, el que necesitamos en algunos momentos, el que permitimos y compartimos, el que nos brota de los labios porque la mente lo piensa, hasta que desliguemos la decencia de la oratoria y comprendamos que hay palabras que no son insultos, que no son indecentes, ni amorales, ni prohibidas, hasta entonces, nos seguiremos escandalizando de que haya mujeres valientes que dicen "al pan pan y al vino vino" que es un refrán muy claro, con palabras permitidas pero que encierra lo que otras menos permitidas reclaman....
Y reconozcamos que es peor decir "Subnormal" para insultar a una persona, que decir "Follar" para describir un acto físico... ¿O no?...

22 nov. 2013

HERIDAS DE LENGUA... (Dialogos con Antonio Villegas)

Solemos comenzar con un saludo, de esos de tú a tú, ràpidos, riéndonos gráficamente (ya se sabe, jajajaja)... Antonio es uno de los interlocutores más amenos que he conocido, yo soy de poco sintetizar (ya me lo dijo Paco Díaz también), me disperso mucho, pero con Antonio no... Con Antonio solemos ser de preguntas- respuestas, o respuestas-preguntas, y muchas risas. Las conversaciones son divertidas, y en una de ellas, hace unas noches, salió el tema de las heridas,  y sin proponérmelo yo dije eso de "heridas de lengua"... Antonio me sugirió que era un buen título para un libro, y luego nos dedicamos a desmenuzar las heridas de la lengua, esas que los dos sabíamos por qué se habían colado en la conversación, pero que, en un tono de humor del que siempre hacemos gala, conseguimos llevarlas a otro extremo, y es que, cuando la inteligencia se suma a la ironía suelen dar como resultado intercambios de opiniones de lo más variopintas. Las heridas de la lengua, esa que es daga y es puñal, la que apuñala a salivazos fuera de sitio y de lugar, la lengua que no se detiene ante nada, que es cobarde a veces, por eso hiere a la espalda, por eso se esconde en esquinas y se refugia en portales, para que su ataque sea secreto, a oscuras, en silencio, resguardándose en la boca una vez cometido el crimen. Las lenguas irrefrenables, esas que manejamos sin mucha lógica, sin medida, sin orden ni concierto. La lengua hiere, tanto o más que un arma blanca, porque el arma blanca, el puñal, la daga, la espada, hieren el cuerpo y en el cuerpo se ven las cicatrices y se curan. La lengua hiere al honor, al respeto, a la integridad psíquica y emocional, la lengua hiere a la dignidad, hiere los más íntimo que tiene una persona. Y esas heridas no son visibles, pero van lacerando el alma y van destruyendo la mente... Y a esas heridas comenzamos refiriéndonos.
Luego, de forma magistral, (porque ambos lo somos, valga la poca modestia) invertimos el significado, para hacer de un tema doloroso un tema sensual, las heridas de lengua, que yo sugerí que pueden ser otras, tal vez porque cuando charlas con un amigo, cuando la mirada se entristece y tu alter ego te avisa de que puedes cerrar los ojos y sufrir, sueles dar la vuelta a la tortilla, que se dice vulgarmente, y encuentras, en esos rincones divertidos, talentosos y semiprohibidos de la mente, la rendija por donde escapar del hastío que algunas lenguas provocan, y buscas unas mejores heridas de la lengua, las heridas de los besos, las de la caricia labial, bucal y lingual, las del roce sensual, erótico y provocativo que una lengua sugerente puede llevar a cabo en su recorrido cuando su ataque no pretende anular, ni hundir, ni envilecer, sino enloquecer, excitar, desear, amar y poseer. Decididamente me gustan más estas heridas, porque esas heridas, las heridas de la lengua amante son bálsamo para el dolor y acicate para los sentidos, porque en definitiva, las heridas de la lengua, esas que de verdad nos duelen, son palabras lanzadas al viento, frases dichas por lenguas podridas, y a mí, sinceramente, me gustan más que me hieran las lenguas sanas... Fue una conversación de risas, como suelen ser todas cuando al otro lado se tiene una mente rápida, una mente honesta, forjada en mil batallas (nunca mejor dicho) que sabe de la experiencia del dolor; siempre es grato comprobar que, las heridas de lengua, la mayoría de las ocasiones, no pasaron de ser un simple salivazo, un taco de impotencia o un insulto desmerecido para quien no podemos herir de otra forma mucho más digna, más valiente y más honesta... Gracias a Antonio Villegas, escritor, que me hace ver que los caballeros existen, que sigue viva la hidalguía, que hay quien sigue poniendo picas en Flandes y que hay quien sabe, a estas alturas de la vida, usar el noble acero toledano...

19 nov. 2013

GUARDO... (Poesía)

Guardo en mis ojos la luz de tus minutos,
el brillo de tu día y el silencio de tus noches,
el sabor de tu boca, los caminos olvidados,
el sonido del agua, el verde de los bosques;
guardo el tiempo pasado entre tus brazos,
los besos entregados a destiempo,
las risas de las bocas de dos niños
que supieron que jamás tendrían ya miedo.
La mano que enlazó aquella mano
que dejaba su rastro entre los vientos;
guardo el recuerdo de una noche ida,
guardo la luz del rayo, el sonido del trueno.

Te guardo entre los pliegues de mi cuerpo,
encerré tu memoria en mi memoria,
me hice caminante en tu sendero,
bebí el agua que brotaba de tu boca.

Guardé la calidez de tus abrazos
el aroma de tu piel y sus sabores,
y me hice mar y me hice cielo
y me hice barro.

Guardo la mañana eterna, guardo la tarde,
las horas que marcaban tu deseo,
el susurro de palabras en mi oído,
tu lengua paseando por mi cuello.

Guardo la calma y la ira sostenida
en segundos, la tristeza en horas,
la nostalgía en lánguidos minutos,
la esperanza entre mis labios y tu boca.


18 nov. 2013

QUIERO TU SONRISA... (Para una amiga que tiene los ojos tristes)

De esas cosas que no entiendes, que no sabes cuándo sucedieron, ni el por qué, ni el cómo, esas cosas que pasan sin que nadie te advierta, que te cogen por sorpresa y te hacen entristecer la mirada y llamar a las lágrimas. La fuerza que te abandona, los recuerdos que se instalan, crueles, los más dolorosos, y no sabes en qué momento los llamaste... Y recuerdas que tú eras feliz, eras alegre, eras luchadora, eras fuerte... Eras todas esas cosas que sigues siendo pero que has olvidado, porque por algún motivo que no conoces te han hecho estar cansada, tumbada, con los ojos cerrados y la mente perdida... Te hablan de depresión, esa palabra asesina, que mata a la propia vida, a la que ves a tu alrededor y no quieres... Pero tú no eres así, y lo sabes, y sabes que, con un soplo de oxígeno del bueno todo volverá, que no tienen razón de ser las lágrimas, que todos tenemos baches, que todos saltamos obstáculos, que todos somos carne de penas y de llantos... Somos humanos, por lo tanto, ese mecanismo mental y emocional puede fallar, como falla el corazón, como fallan los músculos... pero ¡claro!, los músculos y el corazón se ven, son palpables, y la mente no, el alma no se ve, y cuando está herida nadie lo sabe, nadie lo nota, es invisible, sólo lo notas y lo sabes tú, y eres tú quien tiene que decidirse a trabajarse el regreso, a volver a tu estado natural, ese que ahora no encuentras...¡Volverás!... Las mentes fuertes, los espíritus salvajes, lo que tienen, es que al final encuentran su sendero, igual que las aguas, aunque se seque el manantial, cuando llueve y se recupera tiende a restablecerse en la senda que fue suya. Y la vida es tuya, querida amiga, aunque no lo veas ahora porque los árboles del camino elevaron sus copas y taparon tu sol, sólo tienes que moverte un poco, caminar en busca de un hueco en el bosque desde el que puedas mirar hacia arriba y encontrar los rayos. Y habrá gente que te ayudará, porque ya nos tienes, ya los tienes... La vida, esa amiga cabrona que a veces te traiciona, suele, a la larga, devolverte lo que es tuyo, y tuya es la esperanza, la sonrisa, los enfados con tu carácter, las caricias a los tuyos, el respirar profundo y mirar un paisaje, tuya es la larga caminata, el cansancio que conlleva, las risas que te mantienen viva y los llantos que calman el alma. No te dejes vencer, porque si te dejas vencer la cabrona vida sacará la bandera de la victoria, y tú pensarás que nada valió la pena, y todo vale la pena, incluido el mayor dolor de la mayor perdida, porque eso, todo eso querida amiga, todo es vivir...
He mirado fuera y he pensado en ti, en tus preguntas, ¿cómo ha podido pasar esto? ¿Por qué a mí, que soy alegre, que soy vitalista?... Porque tú tenías tierra para sembrar, las personas que no tienen fondo, que no tienen un alma rica, lejos están de sufrir... Y es básico que tiendas la mano, porque te la cogerán, te mirarán a los ojos, te escucharán y te mostrarán el mapa de regreso a casa... Me pediste que escribiera sobre tu dolor, y te dije que lo haría, y te dije que estaba, y te dije que estoy... y aquí estoy, pensando en tu pena pero esperando tu sonrisa, esa que me debes, que te dije que quería, porque la necesito... y los que te miran y te tienden la mano también... Devuélveme a quien fuiste, porque puedes, porque sabes que hay "sanadores de mentes" que te explicarán el cómo, el cuándo y el por qué, y cuando sepas quién es el enemigo, segura estoy de que le habrás vencido... Por tí, para tí... quiero tu sonrisa...

13 nov. 2013

"POR LA MUJER ENTRÓ EL MAL EN EL MUNDO" (Rm. 5,12).... (Reflexiones de una mujer).

Una servidora creía haberlo leído todo, desde San Pablo de Tarso a Santo Tomás de Aquino, que nos obsequiaron con frases tan "hermosas" como la que da título a esta entrada. Yo los excusaba, eran otros tiempos, las ideas eran así de misóginas, la mujer era un ser inferior, era un apéndice de lo masculino, fue creada de una costilla, por lo tanto era propiedad del varón... era un cero a la izquierda. A lo largo de mis años me congratulaba  comprobar como íbamos avanzando, como la mujer era requerida por esa Iglesia que ella sustentaba, porque no nos equivoquemos, a la Iglesia la sustentan los brazos poderosos de mujeres, de esas que enseñan oraciones en la cama a niños pequeños, de esas que rezan rosarios eternos en Iglesias heladas, de esas que limpian altares y colocan flores, de esas que asisten diariamente a misa, que planean mercadillos, que comparten su tiempo con enfermos, de esas que dan Comunión ayudando al cura de turno porque les está prohibido "cantar" misa... La Iglesia es femenina, se mire por donde se mire, desde que María Madre de Jesús decidió decir que SÍ, que ofrecía su útero, ese que era objeto de desprecio por los varones, para albergar al Hijo de Dios. La Iglesia es femenina desde que María, hija de Joaquín y de Ana, decidió decir que SÍ, que era la Esclava del Señor, y que se hiciera en Ella según su Palabra... Y se hizo... Se la utilizó para dar a luz al mismísimo Hijo de Dios, y luego se la relegó a su papel de esposa de un carpintero, madre de un hombre que estaba llamado a dividir la historia fuera o no fuera cierto que era el Elegido, el Prometido, el Esperado... Pero bueno, aquello eran otros tiempos, y yo seguía congratulándome de que se hubieran superado, de que las mentes masculinas, con la llegada del Papa Francisco, hubieran respirado un poco de aire fresco, como frescos son los rostros de niñas educadas en la férrea religión católica ( y sé de lo que hablo ), fresco aire que debería de barrer las antiguas creencias, que nos daría una posibilidad igualitaria, María Magdalena, Marta y María, la Samaritana... las santas quemadas en las hogueras, las que perdieron ojos, las que fueron inmoladas por creer en ese Dios que hizo esclava de su Palabra a María... ¡¡ Pues no !!... De repente aparece el señor Arzobispo de Granada, y lanza un libro, lo lanza al aire, no lo edita, no lo publica, lo lanza como un ladrillo a la cabeza de las mujeres, esas que llenan iglesias y que cantan en Procesiones, las que han llorado amargamente hasta conseguir cargar con un Paso de Semana Santa, las que han estado marginadas en Hermandades, las que, ocultas tras la celosía del Confesionario desgranaban malos tratos, malos modos, violaciones maritales, infidelidades fuera de la Ley de Dios, y recibían a cambio esas palabras tan consoladoras "Hija mía, es lo que te ha tocado, tienes que volver con tu marido, porque es una unión consagrada ante Dios"... pues contra la cabeza de todas ellas este buen señor (ejem, ejem) ha lanzado su libro "Cásate y sé sumisa", ¡con un par...!, y de repente me encuentro con que nada ha cambiado, con que todo es igual, con la voz de aquel sacerdote que nos decía, en aquellos ejercicios espirituales que yo tanto me cuestionaba, que seguimos pecando cuando lucimos un bikini, porque alentamos la libido masculina, porque despertamos su bestia, porque pecamos contra nosotras mismas, nos robamos el propio respeto... ¿Respeto?. ¿Qué respeto?... ¿El que el buen señor Arzobispo nos ha otorgado en su libro?... Soy creyente, fui educada en la Fe, cumplí con sus normas, cumplí con sus Mandamientos, me gané el respeto que merezco como persona, no tolero que un señor, que un hombre, hable de mi género de la forma denigrante con la que lo hace, no deseo que mis iguales, que mi género vuelva a ser señalado como el mal que azota al mundo, no voy a quedarme callada, por muy creyente que sea, cuando desde la cúpula eclesial en este país se nos degrada y se nos insulta, y se nos manipula y se nos ordena... Somos mujeres, somos personas, somos iguales... Nos lo hemos ganado, nos hemos ganado la libertad de decisión, en todos los campos, incluidos el personal y ¡por supuesto! el sexual, no queremos ser violadas en camas legítimas, no queremos ser sumisas, queremos ser personas con libre albedrío, como lo son ellos... Pero, claro, este señor qué va a saber, si vive metido en un mundo machista, masculino, masculinizado, al margen del sentimiento de una mujer, al margen de sus necesidades y sus deseos... Señores míos, nos hemos cansado, ya se nos insultó bastante, con permiso o sin él, yo, por mi parte, no me casé para ser sumisa, me casé para compartir con mi compañero el amor, la vida, las emociones y la libertad... No se quejen de estar quedándose solos... Y ahora, si siguiera las directrices del señor Obispo, debería entrar en mi caverna, esperar al cazador que salió en busca de mamut, sonreír mientras me arrastra por el pelo y asumir que es el estado perfecto...

Ya deberían de corregir algunas cartas muy mal redactadas, por la mujer no entró el mal en el mundo, señores, las mujeres damos vida, parimos, parimos a hombres y a mujeres, somos generosas, somos empáticas, somos sufridoras, bueno está que carguemos con aquellas frases, no nos hagan cargar también con estas, actuales, cuando demostrado está la valía y el valor femenino... Somos la fuente de la vida, trátennos como iguales, nos lo hemos ganado a pulso, no se nos ocurriría publicar un libro que dijera "Cásate y sé sumiso"... Respétennos, nosotras les damos el aire, la primera comida y el primer beso, sólo por eso merecemos el máximo respeto... Por cierto ¿estos señores han pensado en esto del primer beso y la primera leche venida de mujer cuando admiten esto?--- No sé, no sé...

12 nov. 2013

"MIL TE HICE, TE FALLÉ EN UNA, NO TE HICE NINGUNA".... (La verdad de los refranes).

Decía mi abuela que "mujer refranera, mujer puñetera"... ella era de refranes, así que me voy a evitar el resto del comentario. Yo también soy refranera, y también me voy a evitar el resto... Mi abuela, cuando yo le llegaba con quejas, de esas que las niñas acumulamos de forma gigantesca (no me dejan jugar, yo me porto bien con ellas, le presté mis muñecas, le dejé la pelota, ahora no me la dan, yo estuve cuando estuvo sola, ahora no me busca....) me solía decir que la vida me enseñaría... no me concretaba el qué, pero yo, con mis cortos años, suponía que sería algo, y esperaba aquella enseñanza... Con el tiempo vas descubriendo que, efectivamente, la vida te enseña. Hay personas que son dadas a ayudar, dadas a creer que tienen que hacerlo, personas convencidas de que tienen que hacerlo. Ayudar a los demás ayuda a uno mismo. El que ayuda siempre piensa que, en algún momento, él puede verse en la misma situación. A esto se le llama ponerse en la piel ajena, o más modernamente, tener empatía... Pues sí, somos humanos, pensamos que las ayudas serán recíprocas... hasta que, como decía mi abuela, la vida te enseña. Te va dando golpecitos, de esos en la nuca, cachetitos para que espabiles, para hacerte egoista, (y eso que nunca lo fuiste), te va susurrando que aprendas del interés. Pero no, hay quien sigue siendo desinteresado...
Todo esto viene por un enlace, de esos profundos y lapidarios, que una amiga puso en su muro. De esas veces que, por algún motivo, no pudiste ayudar, no pudiste hacer ningun favor, no pudiste tender una mano. Y de repente, como por arte de magia, te das cuenta de que olvidaron todo lo anterior. Olvidaron las veces que sí estuviste, las manos tendidas, los momentos entregados... fallaste en una, sólo una vez, pero esa vez, esa única vez, borra todo lo que hasta ahora hiciste. Y eso crea ansiedad. La ansiedad que da la tristeza. La tristeza que da el olvido. El olvido que crea (de nuevo) la ansiedad. Y la persona desinteresada comienza a cuestionarse, la persona generosa se muerde los labios, cierra los ojos y recuerda, recuerda todo lo que la otra parte olvidó.... Mil te hice... Pero no importan las mil veces que estuviste, importa la única vez que no has estado... No te hice ninguna... Bastó una situación que no pudiste entregar, la mano que, en esa situación no pudiste tender, nadie preguntará tus motivos, simplemente no hiciste ninguna... Todo lo anterior se borra.... Los humanos somos muy proclives a olvidar lo que no nos interesa recordar, somos egoistas en nuestro fondo, excusamos mal, perdonamos peor, entendemos mal la empatía, somos soberbios, creemos que quien ayudó una vez tiene la obligación de hacerlo siempre, le otorgamos el título de "esclavo a tiempo total", nos convertimos en los poderosos amos de las manos que se nos tienden, y damos por hecho que tienen que estar siempre...
Que sabía era mi abuela, aunque fuera refranera, y por tanto puñe... y sí, tenía razón, la vida, la misma que me dio golpecitos en la nuca, cachetitos con advertencias, un buen día te da la "gran patada" y te despierta de golpe, y te enseña de golpe, porque se dio cuenta, (la vida es también sabia) que no aprendiste nada de los golpecitos y los susurros, y es hora de despertarte con una colleja que te dé dar dos pasos al frente, trastabillando y a punto de caerte... pero eso sí, si no te caes... ¡¡espabila...!!