28 feb. 2013

LA AYUDA DESINTERESADA... (Cosas de Alberto)

Buen día hace hoy para estar en casa, aprovechar para disfrutar viendo un desparrame de juguetes por el salón (o de medio juguetes, todo sea dicho), una va caminando tranquila, notas que pisas algo, miras y te encuentras con la rueda de un cochecito, la quitas, la tiras, no le das importancia, y decides aprovechar el tiempo limpiando un poco. Yo soy de olvidos tontos, de esos que, cuando cometes un error no aprendes, y olvido que, con Alberto en casa, algunas cosas simples se vuelven verdaderas aventuras. Y como lo olvido, pues vuelvo a caer. Recuperé el Pronto, un bote lleno, con su bayeta correspondiente, el Cristasol con su trapito que no deja huellas, me dispuse a quitar polvo y limpiar cristales, terminé la primera fase, tranquila, relajada, haciendo como que no veo la alfombra alfombrada de trozos de camiones, piezas de lego, algún puzzle desparramado. Ordené, así como cincuenta veces, que se recogieran los juguetes. Otra cosa no, pero Alberto es sincero, así que se limitó a un "No quiero" que ignoré, porque es festivo y no quería tener la fiesta en casa. Coloqué mi capacidad de límite a la altura del último pelo de mi cabeza, para que tardara mucho en sobrepasarme... Y dejé el Cristasol y el Pronto, con sus respectivas bayetas en la mesa... Me fui a la cocina, ese lugar al que mi enano de vez en cuando me exilia... Preparé comida, volví al salón, ya por el pasillo me encontraba restos de lo que parecía un camión, los recogí, los tiré a la basura, y llegó hasta mi nariz un olor conocido, un buen olor, no ambientador, no a comida... a Pronto... olía a Pronto... sabía lo que me iba a encontrar, pero no en esas dimensiones... Alberto, desinteresadamente, había decidido "ayudarme", esto es, vaciar completamente el bote entero en la bayeta blanca de los cristales, frotar el suelo con ella, después los muebles, para continuar con los cristales del balcón... No grité... Más que nada porque me quedé en estado de shock, si me pinchan no sale ni gota de sangre... Y mi paciencia, mi límite, ese que coloqué tan alto como inalcanzable, reventó... Exilié al dormitorio al limpiador voluntario, que se fue enfadado, porque él estaba ayudándome, recogí, intenté remediar en lo posible el destrozo... El limpiador voluntario asomó por la puerta, diciéndome que tenía algo que decirme, ni caso, lo devolví a sus dominios, pero, para mi asombro, al entrar en su propiedad me encontré el dormitorio "desmantelado", algo así como si nos mudáramos... había sacado la ropa de los cajones, los juguetes de las estanterías estaban apilados en la cama, había hecho un "siete" a un edredón divino de la muerte con un camión-grúa... todo esto en el tiempo récord de diez minutos... Me senté en la cama, respiré, me consoló, "Estaba ayudándote"... y me puse a reír... porque después de todo sé que, si él no estuviera, mi día de Andalucía habría sido lineal, aburrido, monótono y solitario... Le abracé, le dije que había que colocarlo todo y me abrazó susurrándome "Eres la mejor mamá del mundo"... y ahí es cuando a mí se me caen los galones, me quito la cartuchera y las botas de maniobras y me derrito... Y es que, Alberto, en ese sentido es como yo... que después de un broncazo, con una zalamería cree que lo tiene todo ganado... Igual no es así, pero se intenta, y conmigo lo consigue.

CONCLUSION

En esta hora cafetera y de sobremesa he hecho un alto, ahora terminaré de recoger, porque mañana será otro día, vendrán muchos para limpiar, pero los momentos con los hijos, los que nos regalan, si sabemos reírnos con ellos, aclararles bien, gritarles un poco, que nos vean enfadados, esos no tienen precio, y aunque mañana se repita, no será lo mismo, porque cada momento es único y especial... Buenas tardes, voy a seguir con mi enano "ayudándome", porque, otra cosa no, pero trabajador sí que me ha salido, justo ahora que no hay trabajo para nadie....

SER ANDALUZ....

"Ser andaluz es la forma que tengo de ser persona" (Carlos Cano).... Con eso está dicho todo. Andalucía inmensa, que repartió cultura y repartió sudor. Que fue centro del mundo islámico, del mundo cristiano, final de la reconquista, plagada de arte y duende. Andalucía que respira generosidad, que hace a sus hijos fuertes para la lucha. Andalucía olvidada, repudiada, hambrienta y triste... Levantándose contra los franceses, luchando por su libertad. Ocho provincias, casi la mitad de un país, habitantes que se levantan con sueños por cumplir, con ilusiones rotas, desesperación en unos malos tiempos. Andalucía que le ha tocado "bailar con la más fea", que comparte con el mundo su luz, su sol, su alegría, sus playas... su Alhambra, el monumento europeo más visitado, su Granada, la ciudad con la puesta de sol más bonita del mundo, su Córdoba, lejana pero nunca sola, judía y mora, cristiana y viva... Sevilla erguida, Giralda al cielo, Guadalquivir partiendo en dos una ciudad bruja, Almería, pescadora, morena, salinas y desierto, paz, Alcazaba perenne mirando a un mar azul inmenso... Jaén, olivares, mar de plata, verde y renacentista, Jaén resguardada bajo Santa Catalina, Abuelo mirando a sus nietos... Málaga... playas para vivirlas, blanca y serena, mujer malagueña de ojos imponentes, de semblantes serenos en su Malagueta... Huelva conquistadora, cuna de colonización, minera y dulce, reflejada en aguas serenas y profundas... Cádiz, la tacita, oratorio de Felipe Neri, cuna de constituciones, albergue de libertades, plaza de San Antonio, Cádiz y Falla, conjunto único... ¡ANDALUCÍA!...
Sufriendo y luchando siempre, hijos repartidos porque no les pudo alimentar... enseñándoles como ser andaluz es la única forma de ser persona. Andaluces que entregan constancia, sudor, lágrimas, esfuerzo, genio, arte, cultura, que saben qué son y lo demuestran. Orgullosos andaluces de su acento y de sus raíces, porque son raíces nobles, raíces de pueblos enlazados y unidos, andaluces que se levantan pidiendo tierra y libertad, porque las dos cosas le fueron negadas, porque las dos cosas les son necesarias para vivir, para respirar andalucismo y a Andalucía...
Hoy es tu día, hoy eres TU, aquella maltratada a la que, por su obedicencia y su generosidad dejaron sin nada en el reparto y tuvo que luchar sola, levantarse sola, ser una entre todas, pero ser la mejor, soportando bromas, insultos, soportando palabras de gentes que no te conocen, pero que, aún conociéndote nunca te valorarán, porque el interés, porque la prepotencia hace estrechas las mentes... Pero a tí, Andalucía, no te importa que te insulten, porque sabes lo que eres, lo que guardas en tus muros milenarios, en tus calles de pueblos de cal y de arena, en tus pequeñas calles y en tus corazones humildes e inquietos, aquellos que cantan y matan las penas cantando.
Hoy es tu día, y el mio. Que sufrí la ausencia y vivi tu lejanía, que extrañé tu lengua y tus alegrías, que lloré soñando con Granada mora, con mi pueblo humilde, con tu gente hermosa, lejos de tus calles, lejos de tu viento, de tu sol hermoso, de tu firmamento. Es mi día, porque yo tampoco sé ser otra cosa que ser andaluza, y porque diciendo Andaluza y granaina, ya me siento hermosa.

FELIZ DIA A TODOS LOS ANDALUCES, QUE SUFREN POR SU TIERRA, QUE ESTÁN LEJOS DE ELLA... ¡¡  FELIZ DIA ANDALUCÍA  !!

¡ IGUAL NOS HELAMOS !...

Yo no sé si es la sensación térmica, esa que, desde hace un tiempo ya nos cuentan los diferentes "hombres del tiempo". Yo he aprendido que hay sensación térmica ahora, toda la vida de Dios pensé que hacía frío, había humedad, hacía calor y luego estaban las variantes, un frío que pela, un calor para asfixiarte y la humedad, que era cuando el pelo se te dejaba caer, hecho chupones, melena abajo. Hoy es de lo primero, un frío que pela, pero mucho. No sé si nevará, tampoco sé si mañana nos congelaremos, el día de Andalucía, algunos años, tiene la mala costumbre de dejarnos como témpanos... Y mañana parece que volverá a su costumbre. Ahora, en estos tiempos, también es verdad que hemos pasado a abrigarnos poco. A mí mi madre me ponía una camiseta de tirantes, encima una de manga larga, para seguir la piel de cebolla con un "gamberro", que era, ni más ni menos que una camiseta de cuello alto, rematar con un jersey de lana, los leotardos, los pantalones de punto, los calcetines de lana... moverme no podía, pero frío no pasaba. Ahora no, ahora pasamos frío porque no nos abrigamos (mi madre me lo repite siempre que me ve)... No nos abrigamos porque luce mucho una camiseta ligera, porque en los lugares en donde entramos hay calefacción, porque vamos más ligeros y porque queda mejor... Y siendo sinceros porque, la verdad, es que hace años hacía más frío que ahora, o a mí me lo parecía... Mi madre, la mujer que sigue preocupándose por mis anginas en cuanto me escucha toser, cuando me ve, coge el tejido de mi camiseta, me dice que es muy "bonica" y añade, como quien no quiere la cosa "yo no sé cómo no os heláis con esto"... ¡Hombre! depende, comparado con lo que ella se coloca, seguro que sí...
Hoy ha sido un día de perros, se espera nieve, igual nos helamos, igual sobrevivimos, ya lo hicimos aquel año en que las heladas arrasaron con las olivas, y con nosotros no porque había calefacciones, la nieve se acumuló en tejados y los hundió, los días pasaban, amanecía nevando, anochecía nevando, solo se veía nieve... A mí al principio me entusiasmó, luego me sonreía, luego pasé al "¿Hasta cuando va a durar esto?", y remate con un humor de perros, porque la nieve es bonita, en cierta y justa medida, cuando ya se alarga, la nieve es cansina, nos pongamos como nos pongamos. Y se espera nieve, poca, porque, como escribí en otra ocasión, ahora no nieva, ahora amenaza, aunque yo siempre, si me dan a elegir entre un ataque y un simulacro, siempre escogeré lo último...

CONCLUSION

Mañana, si se decide a caer, veremos nieve, yo pido que así sea, porque si nieva, se supone, el frío irá pasando. Yo creo que el frío lo tienen acumulado las nubes y lo van soltando asi, como quien no quiere la cosa, para que recordemos que estamos en invierno, que no es época de ir con camisetas, que tenemos que recuperar los guantes, que los grandes almacenes y las boutiques tienen que vender prendas de abrigo, porque, en veinte días, El Corte Inglés dirá que es primavera y todos le haremos caso... Y no... Lo que toca, todavía, es ropa de invierno, que todavía no han cambiado la hora y estamos en febrero... Pues esperando la nieve, deseando que se vaya el frío, les deseo buenas noches... A descansar, mañana será otro día, y, blanco o no, será el día de Andalucía, que, por lo menos para mí, es la mejor región del mundo, con todo lo que le está cayendo....

27 feb. 2013

CUANDO SE ROMPE UNA VIDA... (relato)

Escuchaba temblorosa la voz de la operadora, le explicaba, le narraba, le desvelaba, la sumergía en un dolor inmenso, le facilitaba información, le aclaraba números; la hundía lentamente en un pozo oscuro y sin sentido... Y Marta recordaba; la sonrisa ante la dependienta cuando configuró las aplicaciones, cuando probó cada una de ellas, recordaba como entre niebla aquel día en el que le dijo a él que le regalaría un móvil, uno para ellos... sólo para ellos, para poder estar cercanos y escucharse más a menudo... Hacía meses que venían soportando "restricciones"; él tuvo que borrarla de su facebook, aquel al que cada noche se conectaba sabiéndola detrás de la pantalla, mirando su perfil, sonriendo ante lo que sabía que era para él, comentando lo justo... pero hasta eso desapareció, hacía meses que todo se había descolocado, la desconfianza en casa era mucha, él le pidió que lo entendiera, ella lo entendió y lo eliminó llorando de su lista de amigos... Aquella edad en que habían descubierto que, la madurez, también es una etapa para aprender, a todo... Se les terminaron los sms de media tarde, los de la noche, porque él era vigilado constantemente... Y ella pensó en aquel regalo, un teléfono sólo para ellos, mejor regalo imposible, con aplicaciones de whatsapp, con mensajes gratis, con llamadas gratis... Y Jaime recibió su móvil, riendo, contento, feliz. En aquel encuentro después de unos meses tensos sin poder verse... Iba a ir todo mejor, era a mediados de julio, el verano se acercaba y Marta sabía que aquel verano sería distinto, pero no quería pensar y no pensaba, sabía que estaría al otro lado del teléfono, siempre que pudiera burlar la vigilancia, que esa era otra, pero lo conseguirían, siempre lo hacían...
Y ahora escuchaba a la operadora aclararle las dudas, las que habían nacido mientras miraba las conexiones a internet, unos días antes, por casualidad, conexiones de aquel verano, lejano ya, pero que no cuadraban, distinto destinatario... Algo no era... Algo no estaba donde tenía que estar... Y la duda, y el repiqueteo de tambores en el estómago y la garganta... Tenía que saber, tenía que aclarar...
Se lo negó, todo; ella le iba preguntando, serena, en qué momento había conectado él a aquellas horas que no eran lógicas, en las madrugadas. No era con ella. Él negaba. Todo. No había usado aquel móvil con nadie más, y ella cerró los ojos, sonrió con pena y le dijo que le creía... Pero no lo hacía, y sabía que tendría que acudir a lo que más le dolía: averiguarlo por ella misma. Era su teléfono, ella pagaba la factura, ella lo compró, todo podía comprobarlo, moviendo las piezas adecuadas terminaría haciéndolo... Y ahora, mientras escuchaba a la operadora sentía que se abría la tierra debajo de sus pies... el número que ella conocía, el mismo que ella por casualidad consiguió era el destino de aquellos mensajes en la madrugada, de aquellas conexiones... de aquella traición, de aquel desengaño, de aquel dolor inmenso que se le extendía desde los ojos por todo su cuerpo... Respiró, siguió escuchando y supo lo que haría... lo que tenía que hacer, lo que debió de hacer... Tres mujeres en la vida de un hombre son muchas, sobraba ella, la misma por la que durante años él luchó, sin cansarse, olvidando ahora aquella lucha, la insistencia, la indiferencia de ella hasta que decidió que le iba a dar otra oportunidad... Colgó. Todo estaba claro.

Se había puesto nervioso, pero controló los nervios... fue un error, no lo había pensado. Ni por asomo siquiera creyó que aquellas conexiones fueran reveladas. Había mandado un sms a Julia unos días después de ver a Marta, de estar con ella, de amarse tanto que les dolía el alma, porque sabía que aquel verano iba a ser distinto y no podría verla... pero ahora tenía un teléfono, un móvil que la acercaría... Y le pudo la soberbia de creerse a salvo, la ilusión de una libertad recién estrenada... y Julia compró otro móvil porque él le dijo que ya tenía móvil nuevo desde el que poder estar en contacto a través de whatsapp, aquella aplicación a la que su hija era adicta, ellos también podían, aunque fuera sólo saludarse... o no, o más... Sabía que no debía, que Julia no era nada, que había sido un rollo puntual, "cuatro polvos" que le dijó a Marta cuando ella le preguntó, "solo para desahogarme, ella me buscaba y yo no decía que no", y Marta le creyó. Marta le había creído siempre... hasta cuando él sabía que le estaba mintiendo... Hasta ahora, en que él negaba aquellas conexiones, aquellos mensajes... Estaba nervioso porque en el fondo sabía que si Marta indagaba, y tenía el derecho a hacerlo, todo habría terminado... Y él amaba a Marta, por eso, por momentos, no sabía qué hacer, recordaba aquel mes de agosto, de fiestas en su pueblo, Julia con su recién móvil nuevo, con su aplicación, con sus momentos libres, y él con todos los suyos, pocos. Y recordaba  conexiones algunas madrugadas, incluida aquella, aniversario de Julia, que en lugar de estar toda la noche celebrándolo con su marido conectó con él a una hora indecente y extraña... pero estaban en fiestas, nadie se sorprendería de ver aquella hora en una conexión de ella... Ahora tenía miedo. por primera vez en mucho tiempo, después de un año ya, desde aquel primer descubrimiento por parte de Marta de que mensajeaba con otra, era la primera vez que tenía aún más miedo que tuvo entonces... Respiró y cerró los ojos, porque en el fondo sabía que, con su silencio, con sus mentiras, acababa de perder a Marta para siempre, y sabía que con ella se había llevado la vida... Sólo dos meses, había usado sólo dos meses aquellos mensajes, hasta que, sin tener demasiada consciencia de su importancia, un día Marta le dejó caer, sin ninguna intención aquella broma "¿No estarás usando mi móvil con otras?, sabes que soy la titular, tengo acceso a todo"... ¡Y se vio cazado!... y a partir de ahí terminaron los mensajes con Julia, pero estaban los anteriores, por todos los que Marta, unos minutos antes, le había preguntado. Los que él había negado, tres veces, como Pedro. Negar, negar, negar... sólo escuchaba aquello en su mente, cuando ahora, solo, sabía que había perdido la guerra, que su estrategia había sido errónea, equivocada totalmente... Había perdido a Marta.

Julia sonrió... leyó el sms y pensó que lo había conseguido, tarde o temprano sabía que Jaime volvería a buscarla algún día. Le enviaba un número nuevo de teléfono, le decía que cambiara el suyo y podían estar en contacto de vez en cuando. Simplemente por amistad...o no, pensó Julia, ya se encargaría ella de que no fuera así. Y lo hizo, cambió su móvil a finales de julio, y aquel agosto, mientras las fiestas del pueblo, mientras Jaime de vacaciones con su mujer y su hija, ella fue dichosa, porque "la otra", la que realmente le debía de importar, estaba lejos, y lejos se quedaría, su legítima no le importaba, sabía que no la quería, nunca la quiso... Mero trámite después de algunos acontecimientos que vinieron rodados... Dos años antes él comenzó a cambiar, y terminó por desaparecer de su vida, al menos como ella quería que estuviera, porque alguien había irrumpido en su existencia, y ella sabía que a "esa" sí tenía que tenerle miedo... Pero ya no; Jaime le había comenzado a enviar mensajes, conectaban siempre que podían, sonreía pensando en el triunfo, había ganado, él se había comprado un móvil para poder estar en contacto con ella...Tampoco le preocupaba mucho que estuviera la otra, sabía que la guerra era entre ellas dos, y aquel ejercito no le daba miedo siempre que sus filas estuvieran bien dibujadas... Por eso no entendió que, de repente, desde aquel treinta de septiembre él dejara de enviarle mensajes a través de whatsapp... Ahora miraba aquel mensaje en su móvil, no sabía a quién pertenecía el número, pero lo imaginaba "El teléfono desde el que te enviaron los mensajes, a través del cual "guaseaste" es mío, fue un regalo a Jaime. Me duele mucho decirte esto, yo pago la facturas, yo lo compré y he descubierto que durante dos meses estuviste en contacto con él. Nada te reprocho, no eres culpable, ni siquiera él lo es, sólo decirte que, por mi parte, tienes libre la senda. Él no lo sabe todavía, pero lo nuestro ha terminado. Suerte"... Y Julia miraba con tristeza aquellas palabras, mujer serena, sin acusar, sin números extras, histéricos e insultantes... La calma que da la verdad, el descubrimiento del dolor... No pudo evitar llorar, porque, en el fondo, las dos habían sido víctimas, pero Marta había sido valiente... Ella no. Ella deseó siempre que Jaime volviera, y lo hizo, y estaba pagando el precio de perder... y todavía no sabía que había perdido. Y miró el mensaje y contestó, despacio, intentando ponerse en el lugar de la mujer que estaba al otro lado "Lo siento mucho, no tenía ni idea. Habla con él antes. No ha habido nada más que esos mensajes inocentes y él te quiere, de eso estoy segura. Habla con él"...

Tres heridos, tres bajas, tres vidas sumidas en un compás de espera... Marta cocinaba tranquila y triste, esperando a su marido, llegaba en media hora, quería darse tregua, había luchado mucho, soñado mucho y esperado mucho. Estaba cansada, aburrida y decepcionada. Le dolía el alma, el alma que se le alojaba en el entrecejo de vez en cuando y la hacía llorar...

Jaime miraba el móvil, continuamente, Marta no había dado señales de vida desde hacía cuatro horas...Había enviado varios mensajes, sabía que tenía conectado el móvil, los veía como recibidos, pero no tenía respuesta... En unos pocos minutos supo que se había equivocado, que si hubiera sido capaz de reconocer que falló, Marta le habría perdonado, pero no... a veces la prepotencia es tan mala consejera que te hace perder a la mujer de tu vida, por la que estarías dispuesto a todo... Y deseó ser capaz de llorar...

Julia salió del despacho, cerró la puerta y agachó la cabeza... su marido tenía cita con el médico aquella tarde. Estaba triste porque sabía que Jaime iba a volver, y sabía que si lo hacía era porque Marta, aquella mujer que le envió un mensaje confesándole el dolor que sentía entre aquellas letras, se iba... no había ganado nada, no era ganadora, sólo estaba porque la rival, sabiéndose vencedora, se había retirado del torneo... Le podía aquella tristeza, después de todo ella sabía que él nunca la quiso... Sacó el móvil de su bolso, lo miró, buscó en la lista de contactos y bloqueó a Jaime...

"No respondí antes porque quise pensar... Te quise a una edad en que ya me estaba prohibido por mi situación y por la tuya, acepté lo inaceptable y luché contra el mundo y contra mí misma. Creí todo lo que me dijiste, incluido que era única y que me querías... No hay culpables, no hay inocentes, solo quiero vivir en paz, sin dudas, lejos de personas que me dañen... Jamás pensé que, un móvil, un pequeño regalo hecho con todo mi amor, destrozara mi vida como ha hecho... Te deseo que seas feliz, inténtalo, no dañes a nadie más... No sois conscientes, a veces, de que hay una edad para poder ser sinceros, honestos y justos y no por ello morir en el intento..."



DIBUJARTE... (poesía)

Dibujar con mis labios tus recodos,
con trazos diminutos e invisibles,
dejando que mi lengua te recorra,
sin dejar de dibujarte los perfiles
que guarda tu cuerpo madurado,
a fuerza de dolor y cicatrices
que fue dejando la vida que visviste,
el tiempo que no pude dibujarte
porque el tiempo te alejó y no estuviste.
Ahora estás, ahora te dibujo,
perfilando mis besos tu sonrisa,
mis dientes tus labios, mi mirar tus ojos,
mi respiración tu oído,
tu espalda mis caricias.
Dibujar entre suspiros de tu boca
el cuerpo que me ama y que se entrega,
y me entrega... toda la dulzura que esconde,
toda su alegría, toda su pena,
toda la angustia de saber que mi dibujo
se quedará perdido y enterrado
en tu piel, en tu cuerpo, entre tu boca.
Yo me iré, se te quedará tatuado mi dibujo,
tatuado hasta la muerte de tu cuerpo,
el mismo que mi pincel venera,
el mismo que me da la vida toda,
y me enseña a presentir la primavera.
Deja que te dibuje siempre,
déjame hacer con tu cuerpo mi acuarela.-  

¡ ESOS OLVIDOS TONTOS !....

Hay mañanas que amanecen asi, un poco despistadas, que te hacen ir de un lado para otro, sabiendo lo que tienes que hacer, pero que, llegada al lugar en cuestión te preguntas "¿Yo para qué vine aquí?", y como no lo recuerdas das media vuelta y sales de la habitación en cuestión, hasta que, a medio camino se te enciende la lucecita, recuerdas el motivo y vuelves sobre tus pasos. Ese es mi día hoy, un día olvidadizo, que yo le llamo. Y eso que tengo cosas pendientes, y sé las que son, miré toda la lista de cosas que tengo que hacer, lo que tengo que comprar, meto la lista en el bolso, voy al super, y cuando llego a casa compruebo que, a pesar de tenerlo todo anotado, me falta lo que más falta me hacía. A todos nos ha pasado. Seamos sinceros. Incluso aquello de, ir a ducharte, comprobar que está todo listo, meterte en la ducha, dar al agua y coger el gel, para sorpresa tuya, bote vacío, maldiciones varias, porque ya estás toda mojada, tienes que salir, ir al armario pequeñito del baño, rescatar un gel nuevo, goteando agua por todo el suelo, a pesar de haber colocado la alfombrilla, pero, no se sabe porque, el agua va salpicando por todos sitios. Y eso da mucha rabia, porque un rato antes el baño estaba impoluto gracias a los estropajos usados y las bayetas de microfibra, esas especiales que, te aseguran, no dejan rastros, pero que luego no cumplen la promesa hecha. Los olvidos son normales, y a una edad en que la mente está un poco más cansada, mucho más. Mis olvidos ultimamente son un poco alarmantes, me descubro revisando la encimera, las luces, el brasero, todo antes de salir de casa, y cuando bajo la escalera ya no recuerdo si dejé algo pendiente, hay que volver a subir para comprobar.
Acabo de llegar de hacer la compra, pasando un frío de esos de época, porque no sé el motivo de que la nieve se resista a caer y nos castigue con un frío que cala los huesos como suele decirse. Y ya que estaba yo toda feliz, pensando solo en que mi enano corre a las doce (una carrera solidaria, pero una carrera, su primera carrera)  y que ojalá me dé tiempo y pueda ir a jalearlo, me doy cuenta de que me falta lo imprescindible para una salsa de pollo... esto es: el pollo... Y tras maldiciones varias desde el arameo, pasando por el montejiqueño y el huelmense, tengo que salir otra vez a la copia de Siberia.

CONCLUSION

En mi pueblo se decía que los rabillos de pasas activan la memoria, me jacto de tener una memoria privilegiada, a veces para cosas que no son menester, que también diríamos en mi pueblo... No sé la solución, pero sé que estoy perdiendo disco duro, sé que puede que sean los años, o tal vez, solo tal vez, que ando estos días despistada con muchas cosas en mi cabeza, y me médula gris está dándome un toque. Lo del pollo ya ha sido el remate del tomate, así pues voy a eliminar las cosas que están ocupando neuronas tontamente, para centrarme en mi pollo con salsa... en la carrera de mi enano que, después de todo, es lo más importante... Buenos días, que ustedes lo recuerden bien...

26 feb. 2013

LA FORTALEZA ...(pequeño relato)...

Me hice fuerte después de tus mentiras. Las que iba desgranando frase a frase, recordando, recostados mis brazos en la baranda, mirando a lo lejos, la tarde caía y mi memoria desmenuzaba, igual que una miga de pan, cada una de las mentiras escuchadas, que luego, como un castillo de naipes, fueron cayendo una a una sin piedad. Pregunté mil veces, mil veces escuchada la misma frase "Tú y tus cosas", dejando en el aire la duda y la angustia, saber que era cierto y que no confirmabas. No tuve consciencia de lo que ocultabas. No del todo, sí de partes, de piezas aleatorias, sueltas, que yo aprendí a encajar, una a una, en ese espacio vacío que dejabas. Armando un puzzle perfecto de engaños y traiciones. De palabras que entregaste a otra a la vez que a mí me las decías. Negando siempre, desesperándome, haciendo que mis gritos se perdieran con los tuyos, palabras pisadas sin orden ni concierto, culpándome de todo, de celos enfermizos, que no eran, no existían, tú los hiciste presente con tus silencios. Descubrir, por mí misma, que había alguien ajeno que me robaba el aire que yo necesitaba. Y lejos de calmarme seguiste con tu estrategia, la de dejarme en vilo, hasta ir desencantándome. Cada hueco tapado de ese puzzle infinito era un naipe que caía haciendo más grande mi desconfianza. Sabías que sabía, negabas por costumbre. Jamás sentí deseos de romper nada, soporté lo insoportable, me acostumbré a quererte metido en tu soberbia, dejando que arrastraras con tu terrible lengua mi dignidad, mi calma, que me vapulearas con gritos, rozando en el insulto, lanzándome tus dardos, lanzándome palabras que nunca merecí. Sabías que sabía. Mandabas que callara. Y me callé, cerrando los ojos, dándote la ventaja y colocando los naipes que cayeron para comprobar cuánto tiempo más aguantaban en esa torre de mentiras tuyas, de silencios míos, de artimañas para que yo no conociera, para que yo ignorara.
Miré a lo lejos, cerré los ojos, abrí mi alma. Supe que ya nunca iba a formar más torres, que dejaría caer los naipes que quedaban, que son muy pocos ya. No queda tiempo... Y sin embargo sé de tu constancia, sé de tu amor por mí, a pesar de las mentiras sé que me amas. Lo supe siempre, desde el vientre de mi madre, porque nací para ti, mil veces te lo dije, nací para quererte, naciste para amarme, de la forma más dura, haciéndome muy fuerte, haciéndome infeliz, pero queriéndome a pesar de las mentiras, de tus palabras duras y tus silencios crueles... La vida es muy difícil, apenas si comprendo cómo, teniendo toda la capacidad vivida, acumulada, de años (¿años ya?) junto a ti, viviendo situaciones jamás imaginadas, todavía me sorprendo confiando en ti, sabiendo que me amas, de eso no tengo duda. Las dudas las creé porque tú me engañabas, sabes bien que lo hiciste, en un tiempo pasado... no sé si en el presente, mientras estoy echada en la baranda, creo que no, que ya no. Pero ya es tarde, porque ya, ahora, solo sé que estoy desengañada, que acumulé la fuerza que me dio tu vacío, que aunque sé que me amas, no puedo más que amarte, pero lejos, muy lejos, echada en la baranda.

25 feb. 2013

UN BUEN RECUERDO... (mi abuelo Jacinto)

Escuchaba ahora a una niña casi, hablar de su abuelo, un abuelo que la crió y le dio todo el cariño del mundo, y me emocioné, porque a veces, la vida, te pone delante a seres inmensos, esos que, sin saberlo te los encuentras al nacer y te acompañan siempre. Recordaba a mi abuelo. Yo he sido afortunada, a mí mis abuelos me duraron mucho, los cuatro, porque el quinto, el que era de sangre, la cruel guerra se lo llevó. Pero, desde algún lugar el ausente decidió regalarme a un auténtico abuelo. Mi abuelo Jacinto. Mi niñez sin él no hubiera sido la misma. Toda mi memoria infantil se va hasta él siempre. No hay ni un recuerdo de niña en el que no esté él, de una forma o de otra. Mi abuelo era bueno. Con todo lo que esa palabra conlleva. Fue buen padre para mi madre y mejor abuelo para mí. Me consolaba, me mimaba, me cuidaba, me perdonaba, me tapaba mis niñerías, me defendía cuando mis padres se enfadaban conmigo. Mi abuelo que estaba ligado a un yesquero, a una petaca con tabaco y a unos "recortables". Aquellos que él, siempre que iba al estanco, me traía, con los cromos, que los dos guardábamos en una caja de lata que antes había contenido carne de membrillo. Mi abuelo que me cogía de la mano y me daba una pequeña damajuana que él había enredado con esparto, para que le acompañara hasta el Pocico de San Marcos a coger agua. Y durante el camino me contaba cuentos, uno detrás de otro. Que no quería que me alejara mucho mientras él llenaba el agua. Mi abuelo que me metía en la cama, entre él y mi abuela, y seguía contandome cuentos, aquellas noches en las que mis padres, lejos, en Francia, pensarían en cómo estaba su niña, y su niña estaba feliz, porque estaba con sus abuelos. Mi abuelo que se quitaba la gorra cuando, en la tele, los domingos, ponían la misa, y que se quejaba de los largos rosarios de mi abuela en casa de Agustina, la vecina, con la frase bien aprendida de "es que ellas los rosarios los adornan y les rezan a todos los santos". Paciencia infinita, soportando el carácter de mi abuela (un poco parecido al mío, la verdad), el hombre que entendió que padre es el que cría, y abuelo el que malcría, a aquella niña solitaria que durante su infancia no se despagaba de él. El mismo que me guardaba arroz con conejo, hecho por mi abuela, excelente cocinera, cuando las cocineras tenían muy poco para echar en la cazuela, pero sabían como echarlo y como guisarlo, y él guardaba mi platito en la alacena, y me hacía un gesto con la cabeza.
Mi abuelo haciendo palomitas en la lumbre... palomitas no, "flores", porque en Montejícar las palomitas no existen, existen las "flores", y a mí me daba miedo aquel repiqueteo, y me escondía detrás de él mientras movía la sartén. El que hacía las migas de harina mejor que nadie...
Y un día se me fue, yo tenía dieciocho años. Él había peinado mi trenza, calzado mis pies, vestido mi cuerpecito. Me había consolado cuando lloraba y había jugado conmigo a los cromos. Había vestido a mis muñecas recortables, y me había enseñado que la vida cabe en un cuento.
Y me quedé sin él... Él y mi padre... Los dos me enseñaron que los hombres no son tan malos, ni las mujeres, a veces, tan buenas. Él me enseñó que, en ocasiones, los silencios dicen mucho, y las miradas más. Prudente y callado, sufrido siempre, trabajdor, honesto y honrado. Mi abuelo Jacinto, humilde y sencillo, con su gorra, su yesquero, que me dejó cuando volví de la vendimia, aquel año que, cuando me vió llegar comenzó a llorar, y me susurró al oído "menos mal que has venido, porque estoy malo"... y se fue en una semana. Y me dejó... Y esta noche entiendo a esa niña que habla de su abuelo, porque yo al mío le adoraba y le adoro... Y su recuerdo estará en mí, con sus "aguilandos", aquellos "Celos de San José" que me repetía sin cansarse...
Ojalá mis hijos hubieran tenido a sus abuelos... pero la vida decidió que no podía ser. Y se los llevó...
Esta noche el homenaje a los abuelos... A esos abuelos que nos han criado a la mayoría, que nos han hecho disfrutar y sonreír, y llorar cuando se marcharon. Lo mejor que un niño puede tener es la sonrisa bondadosa de su abuelo... Mi hijo menor no lo sabrá, pero mi hijo mayor aún recuerda la de mi padre, sus gestos, sus paseos... Y eso lo llevará siempre. Me da mucha pena cuando, por muchas situaciones, por muchas circunstancias, los abuelos no pueden disfrutar de sus nietos... porque no sabemos el tesoro que les negamos... Espero que, con esto, todos recordéis a aquellos que un día, de la mano, guiaron vuestros pasos y vuestra vida... Buenas noches... A mi abuelo Jacinto, allá donde esté, siempre estará paseando conmigo...

ROGANDO A UN DIOS DE CARNE Y HUESO.

Rota y destrozada mi mirada, y en silencio sigo
igual que un muerto, igual que un muñeco abandonado,
como se olvida de Dios un corazón blasfemo,
rota de dolor, de desengaño,
rota de rabia. Tanto sufrimiento
 vagando solo entre mis tristes manos,
escapando entre mis dedos, entres mis pestañas,
haciéndose caminos en mi cuerpo,
destrozando mis venas, las que laten,
mis pulsos que se paran y encomiendo
mi alma a tu bondad, a tu recuerdo,
encomiendo mi vida a tu misericordia,
a tus palabras que me saquen de mi infierno.
El infierno que creas, en el que ardo,
en el que me consumo sin remedio,
intentando comprender, sin conseguirlo,
el desdén que me lanzas desde el cielo.
Desde el cielo que presides y que riges,
desde el que dominas mi universo,
haciéndome títere en tus manos,
moviendo a tu antojo mis anhelos.
Derrite la nieve de tu alma,
convierte en tierra fértil este empeño
de quererte, sin querer, sin desearlo,
de morirme de amor, estos lamentos
que agotan mi cuerpo y mis entrañas,
que me atacan y me hunden en míseros silencios.
¡Cruel Dios!, que lastimas, que golpeas,
que olvidas, que ignoras, que desprecias,
que no entiendes de paz ni de perdones.,
que no buscas dar cura a mi locura
sino mover a tu antojo mis pasiones.
Devuélveme mi vida sin memoria,
mis ojos sin sombras ni despecho,
devuelve mi alma sin rencor,
y devuélveme mi boca sin tus besos.

¿QUE ES LA TENACIDAD?

Firmeza, obstinación y constancia para cumplir un objetivo. Eso es, según el diccionario, la tenacidad. Es bueno ser tenaces... o no. Depende del objetivo, depende de la estrategia, depende de si vale la pena la tenacidad... Las leonas cazan, buscan a su presa, la vigilan, son tenaces en su carrera, observan, intentan pasar desapercibidas hasta estar seguras de conseguirla. Y con todo eso, hay veces que, la presa se les escapa viva. Hablaba yo con una amiga de esto, bueno no, de leonas no, de tenacidad... pero también de leonas. Hay quien se pone tenaz (por no decir pesada), intentando que la presa caiga, y olvida borrar pistas sobre donde está refugiada, guarecida y mimetizada con el paisaje, así pues la presa la ve, o no la ve la presa, pero la ve el cazador que ha ido de safari buscando a la puñetera leona que se come a las pobres cebras. Así que, de una manera o de otra, la leona falla. También hay quien es tenaz en otros aspectos. Tenaz en intentar que todo siga bien, que todo esté perfecto, que el mundo sea como ella quiere que sea. Hay personas que necesitan creerse que nada se mueve, que ni la Tierra gira, y que las estaciones y el día y la noche son efectos ópticos, pero que todo es intocable. ¡Gran error!... La Tierra gira alrededor del sol (jejeje), y el sol, en verano, calienta la tierra, y en invierno el agua la riega preparándola para la cosecha, para la siembra. Las estaciones pasan. Pasan las dificultades, pasan los momentos tensos, pasa la vida. Y la vida está llena de tenacidades varias, esas que, a algunas personas las hacen estar vigilantes, escondidas, esperando que la presa caiga, y a otras las hace imaginar que nada se mueve.
Y luego está Ulises, viaje Homérico a través de la vida, años enteros intentando regresar a casa en donde, su Penélope le espera, tenaz también, fuerte y segura en Ítaca, porque sabe que, los cantos de sirena son solo cantos, y los mensajes, querida amiga, son solo mensajes, y las aventuras vividas, en busca de su Penélope son solo aventuras. Es bueno ser tenaz, siempre, aunque en ocasiones se nos llene la boca del regusto amargo de la derrota. Porque, si somos listos, nos daremos cuenta de que perder es también de humanos. Es bueno ser tenaz creyendo que todo se tiene, porque así somos felices, aunque sea una seguridad fatua, como el fuego. No importa cuánto luchemos, cuán tenaces seamos, en el fondo, lo que tenga que ser será. Llegará un momento en que nos daremos cuenta de que no era lo que quisimos que fuera, no era lo que creíamos que era, no era lo que era. Era otra cosa. Penélope no nos esperaba pacientemente. No había Penélope, no había ni siquiera cantos de sirena... Era la vida.
No siempre se gana, casi nunca se gana. En ocasiones sabemos que hemos ganado. Aunque el resto del mundo crea que la leona atrapará a su presa, aunque el resto del mundo crea que la Tierra no gira. Nosotros sabemos la verdad. Pero, como yo le dije a esta gran amiga, a veces no estamos preparados para escucharla ni para descubrirla, y seguimos con nuestra tenacidad baldía.
Yo ya no soy tenaz en temas varios, he decidido que creo, a pies juntillas que la Tierra gira alrededor de un sol espléndido y cálido, que hace mis días templados. El sol lejano que tiene el poder de calentar con sus rayos, desde casi ciento cincuenta millones de kilómetros, ¡que se dice pronto!, y sin embargo nos calienta, nos alienta, nos regala el verano, y la tibieza de la primavera.

CONCLUSION

Hay que ser tenaz, lo justo para intentar atrapar a la presa. Pero cuando esa presa huye, o cuando el cazador dispara y solo nos hirió, mejor buscar el refugio, mejor curar la herida y esperar tiempos mejores para la caza. Hay que ser tenaz, creer que nada es inamovible. Pero cuando descubres que, con una leve vibración de fuera el agua de un vaso crea sus ondas, hay que aceptar que no todo es tan perfecto como se creía. Y a todo eso nos enseña esta vida, que, llena de momentos, nos hace entender, comprender y aceptar que la vida sigue, la vida se vive y la vida da vida... Buenos y tenaces días... me toca zafarrancho, ya comenzado, a terminarlo que para luego es tarde... 

24 feb. 2013

¿QUE TAL LAS SUEGRAS?...

Se me ocurre hablar de las suegras. Entre ellas mi madre (¡claro!)... Me llegó un mensaje, de esos, saludándote en la tarde, mencionando a una suegra, esa a la que se invita a comer al mediodía de un domingo, y la señora, de esas que se apalancan, nada más entrar, en el sofá (todo esto es narrado de forma divertida por el sufrido yerno), esperando el platito, el mantelito, el vinito y el ratito estupendo en casa de su hija... y de su yerno, naturalmente... Yo le contesté con guasa, como es normal, deseando que sobreviva ante tamaña invasión y ante tamaña ingerencia. Y es que, las suegras (entre ellas mi madre, vuelvo a decir), es un género no muy bien visto, generalmente. Pero, claro, no todas las suegras son iguales. Están las suegras-canguro, las suegras-domésticas y las suegras-lapa. Y entre estas tres especies distintas, hay muchisimas diferencias... La de mi querido amigo, doy fé, de que es de las últimas, y eso que, a mí me cuesta mucho describir y opinar sobre las madres, pero hay que reconocer que, hay madres un poco pesadas, pero pesadas no por sus consejos, sus advertencias y sus "apostillamientos", que esos son llevaderos, sino pesadas en el amplio sentido de la palabra. De las que se les ofrece la mano y se toman el brazo completo, es decir, todo el pax,  comida, café, copa y merienda... y cena, si se tercia. 
Las hijas, a veces, no somos conscientes de lo que una suegra-lapa puede deteriorar una relación, pero es verdad también que, las hijas, siempre, solemos terminar pareciendonos a las madres, y cuando eso se lo recuerdas a los yernos, ya les hace menos gracia (eso me pasó esta tarde con mi querido amigo), porque lo que no queremos admitir es que, encima de que, a ratos, la propia, la legítima, la esposa y sierva, se nos vuelve insoportable, pueda, un día no lejano, convertirse en la señora que, abierta de piernas y cómoda, con sus mollitas extendidas por el sofá (descripción un poco suave de lo que se me contaba) que se nos planta en casa, que se nos apunta a un viaje, que se encarga de revisarnos la vida, que se olvida de algunas obligaciones, que jamás fue suegra-canguro ni suegra-doméstica, pero que, con el pasar de los años, aprenden que, a quien buen árbol se arrima, ya se sabe como será cobijada. 
Toda mi simpatía para las suegras, mi madre entre ellas, esas señoras a las que se recurre cuando el nieto o nieta tiene fiebre, cuando hay que irse de viaje, cuando tienes que hacer limpieza a fondo y vienen con el pronto, el plumero, el cristasol, la aspiradora y un trapo para el polvo. Mi admiración a las suegras que, dolidas por un desaire del yerno, se ponen en jarras y le recuerdan que, esa a la que han subido un poco la voz, son las niñas que ellas parieron, y con ellas no se pasa "ni Dios". Mi cariño hacia las suegras, las que se preocupan cuando al yerno le duele la cabeza, la que sale con la bata de guatiné para mirar la ventana de su niña, para ver si hay luz, porque salió de viaje y es tarde y no sabe si volvió. Mi cariño, mi admiración y mi simpatía por las suegras buenas, por las buenas suegras.
Pero para aquellas que, paso a paso, han ido olvidando que una madre es una madre siempre, las que huyeron en momentos duros, las que se cobijaron en su falta de salud, las que olvidaron quehaceres, obligaciones, olvidaron que se las necesitaba, solo decir que, aunque nos resulte extraño, tambien las hay. Y que entiendo a esos yernos que se quejan de ellas, que las sufren y las soportan, y que piden a Dios o a la Virgen de turno para que, su mujer, la misma a la que a veces no soportan, no terminen pareciendose, aunque ya se les parezcan demasiado fisicamente.

CONCLUSION

Mira a tu suegra, mírala la primera vez que tengas ocasión, cuando des la mano, con disimulo, a una niñita, porque, con el tiempo, lo que sea su madre, lo queramos o no, terminará siendo ella, tal vez no totalmente, tal vez no en todos los casos... pero, los años, la experiencia, y la observación me ha hecho creer aquello que decía mi padre a mi marido "Cuando quieras saber como será tu mujer, mira a su madre",... y ahora, para lo bueno y para lo malo, sé que es verdad, sobre todo cuando, en plan broma, en buenos o malos momentos, él me dice "eres lo mismo que tu madre"... Buenas noches, un cariño para mi madre, que ha sido una buena madre y es la mejor suegra del mundo... y para eso tiene a sus yernos, para que lo confirmen....

HABLEMOS DE PEDIATRÍA...

Conforme una va creciendo, o haciéndose mayor, como mejor queramos, se nos van añadiendo especialistas a nuestra lista médica, oculista, ginecólogo, neumólogo, neurólogo y, ajenos a nosotros totalmente, aparecen los pediatras. Esos especialistas que, de repente, controlan nuestra vida a través de una personita pequeña, que ni siquiera habla, que depende de nosotros para todo, que nos da malas noches y que nos fastidia la siesta. El pediatra se convierte en un buen amigo, o no, según se mire... Cuando una ya ha pasado la edad de "lo dice el pediatra", tengo que reconocer, que se vive más tranquila. Las mamás novatas, que todas lo hemos sido, acudimos al pediatra nerviosas, como si esperaramos el resultado de un examén de fin de curso, aquel que nos diga que nuestro niño es el no va más, y que en cuanto se nos dice "pero" nos ponemos a temblar... Admiro a los pediatras, reconozco que, con mi hijo mayor, era asidua de su consulta, seguía fielmente todo lo que me indicaba, salía de la cita con una sonrisa de oreja a oreja, pagaba religiosamente sus honorarios desorbitados, y encima venía feliz... Luego he aprendido, mucho además... Aprendí que, cuando un niño está enfermo necesita de cuidados médicos, pediátricos, observaciones y controles, pero lo que mejor aprendí ha sido que, si un niño crece sano, se ríe, sigue una pauta normal, no me importa demasiado si ha crecido menos que menganito, ni si está más gordo que fulanito... Ya no hago carreras maternales a ver quién de todos los niños del parque come mejor, corre más, duerme de un tirón, habla de corrido o usa bibi todavía, porque, después de todo, los pediatras, a veces olvidan que los niños, aunque lo disimulen, son seres humanos, y que, por ende, cada uno tiene su ritmo, necesita su tiempo, igual que las plantas. Pero que todos, cuando tengan veinte años, habrán crecido, habrán engordado o adelgazado, sabrán hacer pis solos, dormirán solos (con veinte alguno ya acompañado, para que vamos a engañarnos), todos habrán cogido su ritmo... Porque de ellos es... Y aprendí que, una visita al pediatra con un niño sano, una vez al año, es como una peregrinación, tu vas buscando el milagro de que tu hijo es lo no va más, pero tienes que buscar a alguién, lejos de las lenguas viperinas maternas del parque, que te lo confirme... Yo ya no, antes sí, antes todo, fuí novata, joven e inexperta, no sabía distinguir entre un llanto y otro... Ahora me alerto solo lo justo, ya no me pongo histérica porque un día no se coma, porque no hable bien, porque crezca muy rápido (que el enano sí que lo hace), ahora me pongo histérica por muy pocas cosas, y, desde luego, con ninguna que ataña a mi niño, porque sé que leerá, escribirá, sabrá las vocales e incluso, puede, que algún día sea un genio, todo depende del ritmo que él tenga en su interior, el que marque su organismo y su genética... Los pediatras ayudan, son necesarios, amigos y médicos, pero yo, a estas alturas, descubrí que yo sé más sobre mi hijo, que yo sé más sobre sus reacciones... Y cuando llegue el momento de una revisión no ponerme nerviosa, porque, lo más que pueden descubrir es que Alberto vea un poco mal, escuche un poco mal, hable un poco mal, no haya crecido lo que es la norma, no haya engordado según se espera de la generalidad, pero que, todo eso, no són más que baremos generales, por lo que afectar me tiene que afectar lo justo y necesario... Todos llegarán a los veinte siendo guapos, siendo listos, siendo únicos, pero viviendo sus propios tiempos, y no todos los tiempos son iguales para todos.

CONCLUSION

Ya superé la "prueba del parque", esa que te hace sentirte culpable porque todos los niños ajenos son mejores que el propio, ya superé la ansiedad de querer que mi hijo fuera el mejor, ya no entro en carreras sobre lo listo que es, lo guapo que es, lo bien que come... Ahora reconozco que Alberto es un trasto, que habla mal, que tiene que ir a logopedía, que sufre un soplo infantil que no afecta para nada, que es desobediente... pero para saber algunas de esas cosas no tuve que llevarlo al pediatra, y a pesar de todo eso, mi niño es único, es mío, vive su ritmo, va a su bola, porque tiene una edad en que así debe de ser... tiempo hay de ir marcándole sendero... primero hay que observar su carácter, para decidir cuál sendero caminará mejor, y eso, ningún pediatra (con permiso de ellos) puede decirmelo, y mucho menos enseñarmelo.... Buenas tardes, me voy a hacer deberes con mi enano...

MEJOR REIR...

Anoche charlaba yo con mi amiga Pili, esa que, cada sábado, si se puede, está detrás del teléfono y nos echamos unas risas, nos comentamos la semana, nos hablamos del tiempo y asuntos varios. Y, como suele pasar, una cosa lleva a la otra, y de repente, te encuentras desnudando el alma, me gusta escuchar, me gusta que me escuchen, sobre todo cuando, sabiéndolo, lo haces con alguien que comparte mucho tuyo, que te hace sonreír con un comentario, aunque a ella le cueste sonreír también... Sin proponertelo, hay momentos que se llenan de risas, de esas nerviosas, envueltas en voces temblorosas por emociones y por sentimientos. Y vas llenando huecos de tiempo, minutos y horas, tranquilamente, con una voz que te cuenta y un oído que te escucha. Hay personas que llegan a nuestra vida por sorpresa, de esas personas todos tenemos alguna. Y descubres que, sin pretenderlo, se hacen necesarias, y te dicen cosas que no te gustan, y te dan consejos que te duelen llevar a cabo, te levantan el alma y te despiertan los sentidos. Hay personas que te dan alegría. Se habla de momentos duros, y lloras, y ríes, todo junto, todo a la vez, personas que entienden tu pena, que saben de lo que hablas y te comprenden tanto como si fueran ellas mismas... Todas las vidas, ¡todas!, están llenas de momentos y de personas, algunos buenos, algunos no tanto, algunas necesarias, otras prescindibles. Con las que vives esos momentos, con las que caminas, personas llenas de vida que transmiten vida, que son fuertes y valientes y te hacen fuerte y valiente... Que te enseñan a enfrentarte a una decisión, que te muestran la dificultad de un acto, pero que, sin saberlo, te ponen enfrente la necesidad de hacerlo.

CONCLUSION

No quiero a muchas personas como Pili, tengo a las que deseo y quiero tener. Tengo a las personas que me hacen reír, aunque segundos antes me hayan escuchado llorar. Me gustan mis amigos, los que ayer me visitaron, la que anoche me escuchaba, el que esta mañana me saludaba con un mensaje, la que ayer me reñía por recordarle los años, el que esta mañana me hacía reír con dos frases, porque sabía que me levanté mal (otra vez)... mejor reír, mejor reírse con ellos y ellas, las que están, las que son, las que se ríen contigo, lloran contigo y sueñan contigo, las que te riñen con risas... porque, desde luego, siempre es mejor reír, aunque el tema sea serio y doloroso... todo se ve mejor con una sonrisa... A seguir con la ropa, que el día se presta a tender, como un buen amigo me comentaba que acababa de hacer mientras yo seguía haciéndolo... A comer un poquito, que los kilos hay que conservarlos... ¡Buen provecho!... pero riéndo....

23 feb. 2013

MI ENANO MISÓGINO... (¡no me lo puedo creer!)

Ya había descubierto yo, así como de pasada, que Alberto es un poco machista... En casa, con su media lengua, me había hecho ver en más de una ocasión que, hay tareas "que hacen las mamás", esto es, todo lo concerniente a limpiar, fregar, lavar, cocinar e incluiremos, recoger los juguetes, tarea añadida por él a mi larga lista de "mis labores", como digo siempre.
En casa todos hacemos todo, normalmente, claro está, mi feudo es mi feudo y mis poderes los tengo bien amarrados, que a la tropa, en cuanto se instala un soplo de anarquía, le entra la vena de golpistas y me derrocan en un pis pas, cosa que no estoy dispuesta a consentir. Así pués, mi casa es la República, pero no independiente, más bien yo diría que "bananera", o "barrerada" para definirla mejor. Pues bien, aclarado el punto en cuestión, para dejar claro que, la presidenta "c´est moi" y no tolero desobediencias, mire usted por donde me ha crecido un pequeño Ché, que a al grito de "eso lo hacen las mamás", como digo, me ha agregado más tareas, asexuales y asexuadas, a mis poderes y funciones. Como digo, yo notaba cierta misogínia en el enano, comenzó con un no querer invitar a la parte femenina de su clase a su cumple, por lo que la celebración se convirtió, desde ya, a un grupo de "machitos" (lo digo por la estatura) jugando salvajemente en la piscina de bolas y empujandose, como toca al sexo fuerte, para hacer valer su fuerza y conquistar el poder. Me sorprendí, pero accedí, de todas formas es normal que se encuentre mejor dando patadas que vistiendo muñecas, más que nada, porque algunos lo llevan en la sangre, y este, se ve, que es uno de esos... Pero tras algunos apuntes, que iban encaminados a hacerme ver que, la diferencia de sexos él la tiene bastante clara, esta tarde, mientras yo escribía, él veía dibujos, me ha dado la puntilla... Me pidió que le cambiara el canal, le dije que en el que veía había "dibus" y me dijo que eran para niñas... Le miré por encima de las gafas, sonriendo con guasa, miré la pantalla, había unas princesa, un principe, música de "El lago de los cisnes", es decir, bucólico total, de esos "dibus" que las madres nos quedamos embobaitas mirando, supongo que más las mamis de varones, porque las de hembras estarán más curadas sobre romantiqueo, pero a las de varones nos ataca el "mono" principesco de nuestra infancia... No le hice caso y continué mirando aquella historia preciosa con música genial, mientras mi pequeño Ché vociferaba que quitara aquello, que era de niñas y no le gustaba, como mi indiferencia era aplastante decidió pasar a la acción armada: Se levantó, me apagó la tele, se me quedó mirando y como vió que yo ponía cara de enfado, anunció mi exilio "Si quieres ver cosas de niñas te vas a la tele de la cocina".... ¡Y se quedó tan ancho!
El problema viene en que, yo, que suelo ser bastante luchadora pro-derechos y dignidades femeninas varios, estoy pensando si expulsarlo de mi República, si encarcelarlo de por vida, hasta que comprenda que, ni hay cosas de niñas, ni la cocina es el lugar perfecto para las mamás (por mucho que lo piensen algunos papás) o bien dejar que crezca... Porque, eso sí, desde que me anunció que se casaría con Carmen, tengo claro que, una vez llegado el momento, solo llegará a lugarteniente, porque la presidencia, en realidad, la ejercerá la Carmen que le toque en la vida.

CONCLUSION

Lo mejor del mundo es reirse con los roles, pensar que hay cosas de niños y cosas de niñas, y ver como, desde la más tierna infancia ellos hacen la distinción, ahora, eso sí, también es bueno ver que se fijan en que las niñas son complemento, distintas, y por eso ellos quieren casarse con ellas, y ellas, que son y serán listas, porque eso lo conlleva el género, terminaran siendo presidentas de sus Repúblicas y haciendo que ellos marquen el paso... Buenas tardes, se despejó el día, mañana hará un bonito día de sol y mi enano seguirá haciendome reír....

CUANDO EL LLANTO AMARGA...(pequeño relato)

Descubrió de repente que no era... no era nada, no lo había sido nunca, había vivido en una burbuja de palabras, le hizo creer que la quería, durante años fue así, o no, quizás solo fue así el primer año, los primeros días, los primeros tiempos, cuando él le prometía y ella le creía, y le creyó porque así deseaba hacerlo, así lo sentía. Y de repente todo se desmoronó. Ya llevaba tiempo metida en la indiferencia, tanto tiempo que ya ni le dolía. Se amoldaba a sus horarios, acataba sus órdenes, asentía mientras le escuchaba, aunque su alma dentro se le rompiera como el cristal de un espejo.
No sabía por qué, no sabía el motivo, al menos no el motivo exacto, pero se encontró en la cocina, pelando patatas, su mente caminando por esos años de amor fingido, o tal vez no, por parte de él. Sin saber muy bien qué hacía en ese punto, cuál era el paso siguiente, la orden que vendría a continuación para que él mantuviera su mundo intacto y su universo despejado. Pelaba patatas, con la vista perdida en la monda, y la mente evocando instantes. Cuerpos abrazados y enlazados,  y te quieros que retumbaban en sus oídos. Se negaba a recrearse con lo bueno que había sido muy poco. Tenía que rememorar, segundo a segundo, todo lo impúdico de aquella situación. Volver a escuchar los gritos, volver a cerrar los ojos ante las palabras hirientes, "no eres perfecta, tienes muchos defectos", "no me gusta como eres", "ella tenía muchos valores"... ¿qué había sido en su vida entonces?... ¿qué era en su vida ahora?... Cuando ya no quedaba nada más que palabras de cumplido, te quieros de cumplido y besos de cumplido... Cuando la tristeza se le había acomodado en la mirada y hasta su cuerpo se negaba a responder con la misma vitalidad de antaño, de aquellos años en que sonreía por todo. No quería revivir los besos, no sabía, ni siquiera, si habían sido sinceros, o tal vez solo el que él hubiera cubierto una carencia de años atrás. Notó la hoja afilada del cuchillo cortar su dedo, y la sangre, sin avisar, mojándole la mano y el corazón. Chupó el dedo sin dejar de pensar. Movimientos autómatas e involuntarios. Cogió el móvil, lo mantuvo frente a ella, mirándolo, sonriendo. "Se terminó". No va más. Todo estaba reducido a unas palabras alejadas y lejanas, no quería más distancia, ni más indiferencia, ni más cumplidos. Quería el mundo que él le regaló y ahora le robaba. ¡Ni siquiera eso!... Quería su mundo, aquel que vivía a diario, con sus rutinas, con sus tareas, con sus esperanzas y sus ilusiones. ¡Quería ser libre!... Y él no se lo había permitido porque sin saberlo la había ido encarcelando entre te quieros que no eran. Había sido cobarde. Habían sido cobardes. No se merecían el siguiente escalón, porque en el primero se detuvieron durante demasiado tiempo. ¡No va más!. Se cerraron las apuestas y ellos no podían seguir apostando. Se cerró la subasta. Ella ya no iba a pujar más por aquello que él le había hecho creer que era amor. No era nada, no tenía nada. Lo mismo que ella le dijo un día, no tenía nada, nunca lo tuvo.
Escribió serena. El dedo sangrándole, mojando las pequeñas teclas del móvil blanco. "Se acabó. Déjame ser feliz." Y lo envió.
Un nudo en el estómago se le instaló de forma automática. Deseó volver atrás, recuperar el mensaje, recuperar la indiferencia, recuperar la pena... Esperó... Todo silencio... Angustia... No había respuesta. No la habría, de eso estaba segura. Él pensaría que aquellas frases eran uno de las salidas de ella cuando tenía malos días, cuando no tenía en qué pensar, cuando se le creaban aquellas dudas infantiles y molestas que, a él, le sonaban a inestabilidad. Cuando, en realidad, la inestabilidad se la creó él, desde el momento en que apareció en su vida, tambaleando los cimientos... Ninguna respuesta...
Fuera llovía, escuchaba el repiqueteo del agua sobre una chapa suelta del muro vecino. Como una campana anunciando un funeral, metódica y regular, gota a gota, sonando a metal... Se miró el dedo, ya no sangraba... Miró el móvil, seguía mudo... Sonrió... El sonido del agua del grifo se mezclaba con la sonata que fuera, la lluvia componía sobre el metal de la chapa... Dejó el agua correr... Estaba llorando, no se había dado cuenta, no sabía desde cuándo lloraba, se dio cuenta de que lo hacía porque, una de sus lágrimas, la más osada, resbaló hasta la comisura de los labios, y ella la atrapó con su lengua... Amargaba... no era salada, era una lágrima amarga, como amargo había sido el camino recorrido hasta aquel último mensaje, el que no había sido contestado, tal vez ni leído todavía... Porque, quizás, a aquellas horas, él estuviera comiendo, riendo, en compañía de las personas con las que no era indiferente, ni duro, ni a las que gritaba, ni a las que ordenaba... Quizás él estaba ocupado en vivir su vida, la que en realidad importaba... La lágrima amarga, la que le hizo arrebatar con furia una servilleta de papel al servilletero de madera, con la que se frotó los ojos, sin limpiarlos, sólo frotando con rabia, intentando limpiarlos del llanto que él jamás se había ganado, pero que ocasionó con cada uno de sus "no" actos y cada una de sus "no" palabras...

Y pasó el tiempo... Y al día siguiente apareció un sol radiante, y encontró un mensaje en la bandeja de entrada... El que no recibió el día anterior, mientras su dedo sangraba y llovía fuera... Mientras su llanto amargaba y el alma le dolía, y su cuerpo no respondía, y sus ojos no podían ver... Sonrió mirando hacia fuera, respirando la vida, respirándose mientras abría aquel mensaje, el mismo que, ella sabía, respondería, llena de nuevas ilusiones... Dentro de aquel sobre minúsculo y virtual, solo cuatro palabras "¿Qué hice ésta vez?".... Serena, mirando al cielo, esperando encontrar la palabra justa, la que encerrara todo, pocas palabras, contar una historia, decir adiós y dejarlo todo dicho para siempre. Tecleó sin miedos, por primera vez tecleó segura... La noche es una buena consejera, su silencio es capaz de contarte lo que te queda por vivir. De recordarte lo que te mereces, de mostrarte lo que tiene preparado para que no sientas dudas, para que confíes, para que creas... Para que el llanto jamás sea amargo.... Y supo la respuesta.... "¡Todo!... Lo hiciste mal todo"... Entró en la habitación, envió el mensaje y pensó que, en el fondo, decir adiós tampoco costaba tanto.-

22 feb. 2013

AMAR CON LA PALABRA...

Escuchar tu voz en un suspiro,
 imaginar tu risa cuando hablas,
escuchar tus silencios, tus sentidos,
los que me llegan al fondo de mi alma,
y me levantan y me alientan y enamoran,
las que cubren de azules mi infinito,
tus palabras que van desde mi cuello
al espacio perdido de mi ombligo.
Buscar tus ojos en la lejanía,
mientras tu voz me envuelve y me enloquece,
mientras tu risa se junta con la mía,
y tus labios se posan en mi frente...
y recorren tus manos mis caminos,
y tu lengua de fuego me estremece,
deambular de tu voz que busca huecos,
los mismos huecos que te pertenecen.
Cerrar los ojos, imaginar la brisa,
imaginarte amandome en la noche,
o en el día, o en el cielo o el infierno,
solo amarme, sin importarme donde.

Tu voz que se cuela entre mi oido,
mientras mis ojos niegan mi locura,
mientras mi cuerpo niega el sacrificio,
y la luna dibuja tu figura.
Amame con tu voz, con tu deseo,
no importa dónde mientras estés presente.
Mientras ahuyentes mis demonios con tus dedos,
mientras tus labios se tatuen en mi frente.-


PROLOGO DE "LA NIÑA ROTA"...


Comprendí, en un instante, en el fugaz segundo de un suspiro, que la vida te la cambias tú, que yo había destrozado mi vida, nadie más culpable, nadie más que yo. Había tenido en mis manos el poder de aceptar que no era, pero decidí, sin pensarlo, que quería creer que sería. Y había convertido mi vida en un infierno durante aquel tiempo, el mismo que había pasado por mi cuerpo y mi mente, dejándome exhausta, abatida, metida en una nebulosa de demonios y de engaños… Y tocaba remontar, porque el fondo ya había sido caminado. Es increíble cómo puedes hacer tu vida añicos por una pasión, una pasión que nadie te ofrece, pero que tú alimentas, que nadie sabe, que nadie entiende. Una vida rota en una edad en la que, se supone, el raciocinio y la mesura deberían de haber regido tus propias decisiones.
Continuaba el viento golpeándome la cara, haciéndome abrir los ojos, caminar deprisa. Estaba viva. Estaba bien. Había recuperado el mundo que olvidé, el que destrocé, el que ignoré para recrearme en lo no vivido pero deseado… Levanté mis ojos al cielo, sonreí de nuevo, me quité las gafas de sol y sentí sus rayos, inmisericordes quemando mis pupilas, pero ya no me dolían, me dolieron por el llanto… y aquel llanto ya no volvería.

¡ QUE LLUEVA QUE LLUEVA !...

Todos, de pequeños, hemos cantado eso de "que llueva que llueva...", yo la sigo cantando, es lo que tiene tener un niño pequeño, que encima se asoma a los cristales de su balcón y la canta, una y otra vez. Gracia no me hace. Seamos sinceras. Porque este tiempo, que es muy necesario y no lo voy a discutir, para mí es un suplicio. Y es que yo soy una ama de casa. De esas que, por las mañanas, disfrutan abriendo ventanas, sacudiendo alfombras, fregando suelos y pasando el cepillo. Bueno, pues estos días, todo eso queda relegado. Y ahora, las amas de casa, y los amos de casa que, haberlos hailos, me digan que no llevo razón: Te levantas, abres la ventana, la cortina, por el viento, sale casi en su totalidad, por lo que se moja. Imposible abrir la ventana de par en par, solo la rajita justa para ventilar y que la cortina no se moje. Lo de pasar el cepillo se puede hacer. No os recomiendo los de goma, porque la humedad los atrae como si fueran imanes, y tienes que tirar de ellos para poder despegarlos, deslizarlos o moverlos por el suelo. Se forma una babilla, que decía mi madre, que recorre todas las baldosas. La tarea de fregar. Bien, con mucha paciencia se puede hacer, tranquilamente, eso sí, si habéis abierto las ventanas el suelo tarda como cuatro o cinco horas en secar, por decir algo, porque se empaña, y lo miras de lejos, y ves unas rayitas muy sospechosas, vaho puro y duro. Trabajo baldío.
Pero lo que sí colma ya estos días son las lavadoras. Pones una, tiendes bajo techado, o bajo toldo, o bajo balcón. La ropa no se seca, pero al menos no se moja. Ahora, eso sí, se te queda la lavadora llena otra vez, sin opción para el tendido, porque ya no tienes sitio, lo que si vas teniendo, cada vez más, es ropa acumulada, y de repente aparece la casa como un mercadillo, te encuentras prendas por todos los sitios que, meditados serenamente, pueden conseguir que se vayan secando. Incluida la ropa interior, por lo que rezas, muy bajito, para no tener visitas, cosa que te obliga, mientras suben la escalera, a recoger calcetines, bragas y slip (con perdón). La lluvía es un incordio para el ama de casa. Al menos para mí. Se te empañan los cristales, no se seca la ropa, el suelo se humedece, no puedes ventilar en condiciones... ¡Un rollo!... He mirado el timpo veinte veces, intentando, mentalmente, cambiar las condiciones meteorológicas, pero se ve que mi mente no tiene ese poder...¡todavía!... todo se andará (jejeje).

CONCLUSION

Los días de lluvía se han creado para que la ama de casa descanse, cosa, repase puntos, vea "Puente Viejo" (reconozco que no lo he visto en mi vida, pero se ve que tiene adeptas), los días de lluvía se han hecho para, sentarse frente al balcón, coger un libro, mirar como llueve... para escuchar música, soñar con junio (que más adelante ya hará demasiado calor), para evocar y recordar... Y se ha hecho, para que yo cante "que llueva que llueva..." con mi enano, porque sino se enfada, y para mis adentros piense que, será una maravilla, pero a mí, la lluvía, me parte mis tareas y me descuadra el planning, y eso no me gusta... así que voy a mirar otra vez el parte, para ver si consigo dos o tres días de sol y puedo evitar tener bragas por sitios donde no deben de estar... Buenas noches, a seguir escuchándo llover, que eso relaja mucho...

21 feb. 2013

LOS DIAS INFINITOS...

Esos días que tienen de todo, que parece que los has vivido sin tiempo, sin orden ni concierto. Que te hacen desayunar en una ciudad, tomar café en otra, almorzar en casa, cenar en casa, y entre ese espacio de tiempo, has hecho kilómetros, te has reído, te has emocionado, te has cansado. Llegar a casa y sentarte, resoplar, "¡Ya está!"... y aún no está, aún te queda tiempo para repasar, revisar, recordar que olvidaste cosas, que mañana tienes que volver a hacer llamadas, a mirar agenda, a cuadrar fechas. Un poco de locura, un poco de acelero. Por hoy ya está, toca un poco de calma, la mínima... Y de repente, gracias a que la tecnología, a veces es perfecta. Gracias a que recordaste que tenías que recuperar un disco duro, te descubres mirando fotos de hace tres años, de hace diez años o de hace mil años... Fotos llenas de nostalgía, recuperadas en una petaca, conteniendo en su interior un disco duro de un viejo ordenador. Descubres conversaciones pasadas y perdidas, y sonríes, ¡¿cómo pudiste decir aquella tontería?!... ¿adónde se habrán ido todos aquellos momentos?... Y piensas que, gracias a la tecnología, vuelves a vivir. Recuperas fotos de un viaje, hace ya casi dos años, fotos de una estancia, hace muchos más años. Fotos de una vida. Recuperas un borrador, aquel que te llevó horas y días... Y vuelves a instalar la nostalgía en la mirada, evocas instantes ya idos, palabras ya dichas, oyes ecos en tu mente. Recuperas videos que te hacen sonreír. Habías olvidado miradas a una cámara, guiños y risas. Besos tirados mientras grababas, besos devueltos mientras grababas. ¡Que bueno recuperar la vida!, la que sabes que viviste pero que habías olvidado, devuelta en brumas de añoranzas y melancolías varías. Envías un sms "Recuperé unas fotos, luego te las mando", y recibes la respuesta, simple, escueta, amigable y cariñosa "Me encantará tenerlas, envialas"... Esas fotos idas y retenidas. Los videos llenos de voces y de risas, y de bromas. Los borradores que ya no serán, porque otro ocupó su lugar...
Y fue día para ver que, cuando hay alguién a quien quieres en una cama, sabiendo que siente dolor, tienes que hablar de todo, menos del dolor, y cuentas una historia que será, y se cambian impresiones, y te aconsejan "No tomes partido, sé neutral", y sabes que quien te lo dice, aunque tenga dolor y lo disimule, aunque unas horas antes haya estado inconsciente, ahora es lúcido y leal. Un día para patear una ciudad, para sonreír, para convencer de que, tal vez, no es malo tu trabajo, para escuchar halagos de quien no tiene porque dartelos, haciéndote entender que, lo que has conseguido pocas veces se logra desde tu humilde peldaño, y te sonrien y te asesoran. Te abren puertas, te tienden manos... ¡te dan la vida!... Y en esta noche, cansada, en que ha habido cosas que he olvidado hacer, llamadas que tuve que realizar, que se quedan pendientes para mañana, en esta noche en casa, lluviosa fuera, todo perfecto dentro, he vuelto a los catorce, a los veinte, a los treinta, he vuelto a recrear mi vida, a reflejarme en mi espejo de la vida, ese desde el que miro como va pasando y me va dejando huellas visibles, me deja kilos y arrugas, dolores y temores, pero ha sido una vida digna de ser vivida...

CONCLUSION

Valió la pena en cansancio, después de todo, días vendrán para descansar. Valió la pena la prisa, las carreras, el no llegar. Valió la pena el dolor por todo un día de caminata, excepto esos minutos, tranquila, sentada en una habitación, con dos personas y mi marido, hablando, comentando, riendo... ver llover desde el coche, ver el sol de las primeras horas, efímero y engañoso, que no tardó en desaparecer para dejarnos un día gris, pero un día completo... un día único, como lo será mañana... Buenas noches, se acerca el final de febrero, hagamos que haya valido la pena... que descanseis, yo lo voy a hacer con una amplia sonrisa...

TODO LO QUE SE APRENDE EN UN DÍA...

He llegado a la conclusión de que Alberto me enseña mucho... Cada día, durante su vuelta del cole me da alguna explicación lógica, una lógica digna de los cuatro años, esa que te deja una sonrisa, que tú asimilas lentamente, y alientas y animas para que te siga explicando. Hoy no fué distinto. Recorriamos el corto espacio que hay del colegio a casa, el tema de hoy eran sus botas nuevas. Nuevas porque se compraron ayer, porque, la realidad es que, si alguién las miraba hoy hubiera dicho que las botas en cuestión, ya tenían más de un repaso. Yo le comentaba que, se había comprado las nuevas botas porque las anteriores las había roto. Me comentaba él, con un lenguaje un poco raro (personal y propio), que no las había roto él, sino el hielo. Sí, como lo digo, el hielo, ese que se forma cuando hace mucho frío. No lo entendí muy bien, decidí seguir camino con su manita cogida a la mía y escuchándole atentamente. Y de repente me lo soltó: la culpable de que las botas se rompieran la tenía yo. Comencé a preguntarle el porqué decía eso, la respuesta fue clara y concreta: Las botas anteriores, las que el hielo había roto, eran para niños grandes, él todavía es pequeño, yo le compré unas botas que no le iban bien, porque sus pies son pequeños. Intenté defenderme, decir que eran unas buenas botas, que eran de su número. Pero él ya había decidido que, la culpable, alegara lo que alegara, era yo. Así que me mandó callar, con esa frase suya de "no me digas nada" y se dispuso a terminar su recorrido solo. Mientras le miraba caminar delante de mí pensaba en sus botas. En sus zapatos. En sus pies. Esos que ya son capaces de caminar solos, de pararse en la esquina, porque saben que cruzar es peligros. Los que ya golpean un balón y corren. En los pies de nuestros hijos. Los que les permitirán irse lejos, andar por sí mismos, deambular por la vida, encontrar su camino y continuarlo. Y nos dejarán atrás, pero vigilantes, observando desde lejos, para ver si, al llegar a la bifurcación del sendero escogen la dirección correcta. Y pensaba en sus pies.
Esta tarde me tocó mi hijo mayor, ese que ya camina solo, que tiene pies grandes y escoge sus botas, el que decide un look con el que no estoy de acuerdo, pero es el suyo, porque él ya decide, y, después de escucharle al teléfono, después de escuchar un perdón humilde por su parte, reconociendo un error, después de comentarme su última nota y hacerme sonreír, pensaba que el tiempo pasa demasiado deprisa, recordaba cuando colocaba en orden las botas de Martín, cuando le escuchaba a él. Cuando era él quien cogía mi mano, de la que se fue soltando poco a poco. Dar alas, enseñar a usarlas, mirar como levantan el vuelo, como caen, como se equivocan, como ayer se equivocó Martín, como aprenden a reconocer sus errores, a pedir perdón. Y yo, después de colgar el teléfono. Después de dos reuniones. Después de charlar con mi pequeño por la mañana y con su hermano unos minutos antes, ya noche cerrada, supe que he aprendido. Que todavía soy capaz de aprender. Aprender de ellos. Del pequeño que, importa mucho el número de calzado, porque, a cada edad, hay que colocarle el calzado exacto, el número que debe de entrar sin apretar y sin dañar. Del mayor que, no importa que pase todo un día, o toda una semana, cuando se sabe que se falló lo legal, lo noble, es pedir perdón y decir "mamá, lo siento". Y supe que sonreía, sin darme cuenta de ello, porque mis hijos me hacen feliz. Me enseñan. Me quitan el sueño y me hacen soñar. Porque la vida me ha bendecido. Después de todo, como diría Victor Manuel " los hijos, hijos son, igual llegan que se van".... Y así debe de ser, porque, para eso les compramos botas, para que aprendan a caminar con ellas y soltar nuestra mano cuando llegue el momento...

Buenas noches, hoy he aprendido que, en un día, si se sabe analizar todo, se pueden aprender muchas cosas...A descansar, me espera un largo día mañana...