30 jun. 2013

OTRO TRECHO HASTA LA LUZ... (pequeño relato)

- No quiero que lo hagas... no es necesario, no te lo voy a pedir, no lo necesito...

Lo había dicho de un tirón, sin querer pensar en la renuncia, en lo que estaba rechazando, en lo que se estaba negando... No quería pensar, sabía que para él no era fácil, no era justo. Si ella pedía, si ella exigía,él renunciaría a su mundo, al que se había ganado, renunciaría a poder ver crecer a su hijo, a estar a su lado. Ella sabía de las amenazas. Ella tendría su mundo, y él perdería el suyo. No era justo. Era egoista en ocasiones, era egoista cuando pedía, cuando solicitaba, cuando olvidaba la situación ajena, cuando tenía sólo presente sus deseos y sus reclamos. Pero cada día, en un segundo, el segundo preciso y puntual se daba una vuelta por la cordura, y sabía que no era justo para él. Había sido testigo de algunas escenas, vividas a lo lejos, en la mesa de al lado de algún bar, donde se habían encontrado "por casualidad", había comprobado aquella amargura ajena, femenina, cansada, la que imperativamente dejaba caer órdenes, una tras otra. Sabía que le tenía atado mientras ella quisiera, aún sabiendo que no la quería, lo sabía desde hacía tiempo. Sabía porqué estaba a su lado, por su hijo y por miedo, miedo a las pérdidas, a todas, a las emocionales y a las económicas. A lo que él había ido construyendo poco a poco, lentamente, día tras día.
Lidia se giró en la cama, le acarició el hombro y se lo besó, siempre hacía aquel gesto cuando quería tranquilizarlo:
- ¿En algún momento yo te exigí algo?...-dejó la pregunta en el aire, él la miró y le sonrió-, nunca lo haré, porque sé todo lo que te juegas, yo estaré bien si tú estás bien... No me compensa vivir en un infierno permanente, porque nos convertiríamos en enemigos, cada día un poco más...

Luis la besó en el pelo, le gustaba como olía, lo acarició, pensaba, siempre pensaba, nunca expresaba lo que pasaba por su mente, el dolor de la despedida, en unas horas, hasta el próximo encuentro, le dolía la lejanía de ella, cuando la extrañaba por las noches, cuando se acostaba solo y abría el móvil para desearle buenas noches. Le dolía no tenerla a diario, hablando de lo cotidiano, le dolían aquellos silencios continuos, las dudas presentes, los espionajes a los que los dos eran sometidos, cada uno desde una vertiente distinta. La escuchaba respirar, su pecho oscilaba pausadamente, su dedo recorría sus labios, los dos en silencio. Aquello que ella decía, aquello que ella contaba, todo era cierto, lo habían discutido en aquel paseo nocturno, una de las pocas noches que podían pasar completas, un escape gestado de mil formas, mil mentiras. Dolía la mentira. Tener que estar mintiendo siempre, disimulando siempre. El deseo de gritar cuando aquella voz, la voz pegajosa que se le pegada a la piel, le reprochaba que había otra, y aquellas ansias de gritar que sí, que confirmara lo que la voz pegajosa sabía. Sólo le bastaba que él lo confirmara porque aquella voz era conocedora del hecho. Tantas viejas tradiciones, tantas ataduras estúpidas, tantos obstáculos puestos por el egoísmo, el deseo de mantener atado lo que ya estaba desatado en el corazón, desatado desde hacía años. Y aquellos dedos recorriendo su hombro, aquella sonrisa generosa que sabía que podía pedir, que se le concedería, pero siendo consciente de que no era lo mejor. Y la voz, suave, tranquila, lejos de asperezas, de tonos podridos por el odio:
- Sería incapaz de convivir contigo, porque habría un momento en el que me culparas, en el que me pusieras como diana de tus amarguras... Cuando extrañaras a tu hijo, cuando te citaran a declarar, cuando te negaran la custodia, cuando él, que todavía no entiende, te culpara del abandono al que sometiste a su madre... ¡No!, yo no quiero eso, yo quiero que haya un momento de paz, uno sólo, tardío, lejano, espaciado, un momento como este... abrazarte en calma, sabiendo que esta noche sólo volverás a desear abrazarme... No necesito más, no soy cobarde por no pedirte, tú no eres cobarde por no ofrecerme... Tú eres valiente por soportar la infelicidad, porque estás regalando felicidad a quien más amas, y yo contra ese amor no puedo y no debo de luchar, porque soy madre, porque sé qué se siente, porque mis hijos también sufrirían, también reprocharían, y porque, después de todo, se trata sólo de horas, se trata de presencia física, y esa, al fin y al cabo, no es nada... Los seres queridos mueren, y no se les olvida, convivimos a diario con personas a las que odiamos y lo soportamos...- le besó sonriendo, mordiéndole el labio con suavidad-, mucho más fácil convivir con el odio si, al final del túnel, tenemos una luz que nos devuelve amor cuando llegamos a ella...

Luis se volvió, la besó tranquilo, la tenía debajo, sonriéndole, con aquella mirada deseada siempre... Siempre supo que Lidia no le ataría, no le encadenaría a compromisos, ni siquiera lo hizo en aquel tramo de su vida, ya lejano, cuando también coincidieron. Siempre le dejó libre, siempre le dejó abierto el horizonte, nunca un reproche... La quería por eso, porque ella le había hecho entender que el amor es sacrificio, que es llanto, que es desespero, pero que en sus encuentros, el amor era, sencillamente, tumbarse, dejar que le acariciara el hombro y amarla desesperadamente, porque volvería a entrar en otro túnel, y quedaría otro trecho hasta encontrar de nuevo la luz...

29 jun. 2013

90-60-90... LA PERFECCIÓN HECHA MEDIDAS...

Anoche leía el artículo que mi amiga Encarni colgaba en su muro. Deprimente. Comentaba o comentábamos (ella lo hizo después) lo que la mujer ha dejado que se le haga. Pensaba yo en esas personalidades débiles, los caracteres maleables y manejables, aquellos a los que les hacen creer que una mujer tiene que ser perfecta en sus formas, aunque su fondo de armario sea un total desastre no importa, lo importante es su capacidad de seducción externa. Hemos llegado a dejar que algunas revistas femeninas nos manejen PARA ELLOS, nos hagan creer que hay que estar guapas siempre PARA ELLOS, nos hagan creer que una mujer con unas medidas distintas a la perfección no es atractiva. Nos hemos dejado llevar por unos cánones de belleza totalmente desorbitados, creados por los hombres (en su mayoría), hemos dejado que se nos esclavice con dietas, con palizas en gimnasios, con geles, cremas, saunas... todo ello para un mejor ver, para un mejor estar, para un mejor entender la belleza, porque DEBEMOS de estar bellas, DEBEMOS de ser perfectas. Como si no lo fuéramos ya. Lo peor es que han conseguido que nos lo creamos, que creamos que TENEMOS que estar bellas siempre, porque eso nos hará más poderosas, más deseadas, elevara nuestra autoestima. Nos hemos creído unos mandamientos efímeros, porque el tiempo pasa, la edad nos va situando en un lugar exacto para conocernos, si es que somos sensatas. La silicona, los quirófanos, el botox, han pasado a ser el remedio contra la imperfección, contra el paso del tiempo, contra la edad, contra lo vivido y reflejado en un rostro o en un cuerpo. Nos hemos dejado embaucar, nos hemos dejado engañar, hemos dejado que la mujer sufra desórdenes mentales, que visite psicólogos, que renuncie a una sonrisa, todo porque la celulitis, esa compañera de viaje después de los cuarenta, se ha instalado cómodamente en nuestras nalgas. Hemos dejado que la mujer se deprima porque sus huellas de sonrisa son patentes en sus ojos, hemos dejado que nos hagan creer que la mirada madura no es hermosa, y retoquemos ojeras, narices, pómulos, labios... Hemos dejado que nos manipulen, los varones, los que no son perfectos, las mujeres, esas que lucharon por serlo sin conseguirlo, y el resultado está en la obsesión por una 40-42 cuando se tienen ya cincuenta o más años, cuando se tienen casi nietos, cuando se tiene una genética en contra, cuando ya, lo único que debería de tenerse, son las ganas de reír, de camuflar graciosamente la arruga. En cierta ocasión hablé de que la arruga es bella, puede que no, puede que para algunos no lo sea. Pero yo miro a mi madre, miro sus arrugas, miro su vida, miro su rostro, jamás usó maquillaje, tal vez eso también lo heredé, no me gusta usar maquillaje, mi rostro es el reflejo de los años vividos, me gustan las caras lavadas, las celulitis incómodas, las mollitas fuera de sitio, ahora sí, ahora ya descubrí que ser perfecta es extremadamente cansado, que tengo muchas cosas importantes, que mi tiempo es primordial, no puedo gastarlo en mirarme a un espejo continuamente y quejarme por una nueva cana, por una nueva arruga, ni subirme a una báscula a diario, si no entro en una talla pido otra, camino por salud, me pinto los labios porque me apetece, me tinto las canas porque me gusta, llevo el corte de pelo que deseo, no el que está de moda... Y me gustan las mujeres que se embarcan en proyectos comunes, que dignifican el género y sexo femenino, que no necesitan psicólogos para salir de un bache estético, porque para decirme lo que yo valgo no necesito un diván, más bien es necesaria la mirada interior, mirar adentro, en donde está la belleza, la de todas y cada una de nosotras. Mirar a nuestros hijos, mirar a nuestro entorno, preguntarnos qué hacemos para que los demás sonrían, preguntarnos quiénes somos, cómo queremos continuar esta edad difícil en estos tiempos duros.,.. Y desde luego que, a mí, unos kilos, una arruga, una piel de naranja, tal y como está el patio, es lo que menos me importa... 90-60-90, medidas de Marilyn Monroe, murió con treinta y seis años, no tuvo hijos, se dedicaba al mundo del espectáculo... y nos hicieron creer que una mujer debe de conservar la figura y físico de los treinta toda su vida... Yo, a dos meses de los cuarenta y nueve, decidí no aceptarlo, no creerlo y no admitirlo...

Por cierto, Marilyn sufrió muchísimo, mentalmente fue inestable, creo que era inteligente, mucho, pero con ella nació ese tópico incoherente de "todas las rubias son tontas", y su muerte fue una incógnita... reconoció que los hombres se acercaban a ella por su físico, se debatió en los infiernos por esta causa... Y por supuesto, belleza exterior e interior no están reñidas, pero si en algún momento hay que escoger, porque así lo pide y solicita la vida, siempre me quedaré con lo segundo... Belleza interior y una amplia sonrisa exterior, digna de la serenidad que da la aceptación de los cambios....

28 jun. 2013

GESTANDO UNA MENTIRA...(relato corto)

Me contaba Elisa que se iba unos días, que estaba cansada, necesitaba descansar, no soportaba a Pablo, ultimamente le rompía los nervios y le quitaba la energía... Se iba sola. En principio pensé que hacía bien, después de todo Elisa se pasaba todo el año trabajando, después de todo yo sabía de sus dudas, de sus desencuentros, después de todo yo sabía demasiado... Me senté en su cama, mientras ella trajinaba haciendo una pequeña maleta roja, hablaba en voz baja, no era la mujer dicharachera que yo había conocido años atrás, cuando nuestros hijos coincidieron en el colegio, cuando los dos matrimonios nos hicimos íntimos, compartíamos fines de semana, secretos, problemas económicos y vacaciones. Pablo y Luis se llevaban bien, muy amigos, muy colegas, al fútbol juntos, al gimnasio juntos, el mismo color político, el mismo equipo, el mismo gusto por un tipo de mujer... Elisa hacía su maleta, para irse unos días, ví ropa interior atractiva, demasiado sexy, le bromeé, me miró seria, giró la cabeza y siguió su tarea sin responder a mis bromas... Supe que había otro. Nunca me lo había dicho, nunca me lo insinuó... o quizá no, quizá no había nadie, simplemente iba preparada para lo que pudiera haber. Miré hacia el balcón, estuvimos calladas un largo rato... Se escuchó la puerta. Elisa me confirmó que Pablo llegaba, yo seguí mirando por el balcón. Me dolía aquello, la distancia, la frialdad, la ausencia de Elisa los próximos días... Me dolía ver el equipaje, la ropa colocaba primorosamente en aquel reducido espacio, el neceser, los cosméticos, unos zapatos... La voz de Pablo en la puerta, saludándo, girándome levemente, clavándole la mirada, su seriedad, su interrogación en los ojos mientras los míos se deslizaban hasta ella:
- Se va unos días, dice que tiene que pensar, que está agobiada...
Explicándome, no hacía falta... yo lo sabía todo. Pablo salió del dormitorio, igual que había entrado, sin estridencias, pasos que se alejaban, Elisa mirando el fondo del pasillo, mirándo su espalda. Suspirando sonoramente.
Desde la cocina la pregunta "¿Queréis café?", nuestra aceptación, mis manos corriendo la cortina, volviéndome hacia mi amiga, sin hablar, acariciando una blusa de seda roja. Elisa rompiéndo el silencio, apenas un murmullo:
- No hace falta que disimuléis, Charo, lo sé...
Un extraño escalofrío me subió de repente, desde los tobillos al rostro, me ahogaba en la garganta, me estaba dejando sin respiración, estaba a punto de caer, buscaba en dónde sentarme, sin saberlo había clavado mis ojos en el suelo, no sabía qué decir, no sabía qué responder, me sentía abandonada en una estación sin que ningún tren me rescatara. "Busca una excusa", mis neuronas gritándome, ellas tenían que buscarla, y no sabían hacer su trabajo, estaban en huelga, no tenían recursos. Y Elisa continuaba metiéndo su ropa en aquella maleta, Pablo apareció en la puerta justo en el momento en que ella salía, iba al baño, había dicho. Cuando escuchamos el cierre él me miró:
- Unos días para nosotros, un poco más relajados...
- Lo sabe...
- ¿Lo sabe?, ¿cómo...?
- Me lo acaba de decir, no sé cómo, pero lo sabe...
Pablo miró al fondo, hasta donde Elisa se encontraba, detrás de una puerta, sabiendo que en aquella habitación había dejado a dos personas a las que había querido, a dos personas que se querían, a dos personas que la habían traicionado... O no, simplemente a dos personas que sentían. Pablo me miró con pena, la misma que yo le devolví:
- Después de todo era cuestión de tiempo...

26 jun. 2013

TIRAN MAS DOS TETAS QUE DOS CARRETAS...(refrán español)

Hace un mes más o menos, en una charla con mis mujeres en la Asamblea, hablábamos del poder de la mujer, del poder sexual se supone, porque otros los tenemos muy limitados. Y ¡claro!, como sólo sabemos que tenemos uno que nos funciona al cien por cien (la mayoría de las veces) pues lo exprimimos, lo utilizamos y lo hacemos mucho más poderoso, si sabemos hacerlo, que a veces olvidamos los protocolos. Hablábamos de hombres grandes o grandes hombres que han estado manipulados por una mujer, o al menos "encoñaos" que se dice en mi pueblo (con perdón por la palabra). Casos hay en que una mujer ha manejado el poder desde la sombra, en que ha jugado con Imperios, con Religiones, con Coronas... hombres que, no se sabe por qué razón, quedaban anulados ante la hembra. Y a veces nos sorprendíamos porque, efectivamente, la señora en sí no era una belleza, (véase a Camila Parker, por poner un ejemplo), pero como suele decirse, algo tendrá el agua cuando la bendicen; el poder de una mujer, su enganche, muchas veces no está en su belleza exterior, sino en lo que un hombre sabe ver o descubre, cualidades que están ocultas, que el resto de los mortales no ven, y para uno solo es la vida.
Hace unos días también hablaba con mi amiga Pili de esto mismo, del descubrimiento por parte de la mujer de que posee ese poder porque a veces ignoramos que lo tenemos, hasta que llega un punto de inflexión, una situación en que descubres que lo tienes, que llevas riendas que no sabías ni tan siquiera que manejaras, y hay ocasiones, en que encima, para tu regodeo, para tu autoestima, te lo dicen, y cuando esto sucede, cuando te confirman eso de "Me tienes loco", piensas, maliciosamente, que todavía el subjeto en cuestión no sabe hasta qué punto de locura puedes llevarle, te entra la risa floja interna, piensas para tus adentros, haces una lista mental de peticiones y comienzas a usar tus poderes, esos sensuales y sexuales que desconocías, que veías en otras pero que en ti ignorabas... ¡¡Y la felicidad te embarga!!... Digamos lo que digamos, a todas nos gusta tener al subsodicho comiendo de nuestra mano. Las hay que lo intentan (todas en alguna ocasión lo hemos hecho) por el "ordeno y mando", colocarnos los galones y sacar a Agustina de Aragón de su tumba... No funciona, puede que te cojan miedo en  según que temas, pero funcionar no funciona, porque se vuelven rebeldes internamente... Así que, visto lo visto, y como somos listas tenemos el ejemplo de Salomé, que con un baile de lo más provocativo consiguió un corte de cabeza, y si bailamos bien conseguiremos que ellos bailen mejor, porque bailaran al ritmo que marquemos, ¡¡comprobado!!, puede que sea sibilino, malicioso o tramposo...¿y qué?, hasta ahora son las únicas armas con las que contamos, llevar hasta un punto de locura sus hormonas, porque encima, digan lo que digan, les gusta. En el amor y en la guerra todo vale, maquiavelicamente hablando, y a veces hay que ser maquiavelicas, porque, tal y como está el patio es mucho mejor escuchar un "Nena, me tienes loco", que un "¡Que te den!" no dicho pero pensado...¡¡Dónde va a parar!!... Las charlas con mujeres amigas, cuando sale este tema, me gustan mucho, son divertidas, son inspiradoras, se aprende una barbaridad escuchando, y al remate se llega (por desgracia) a la misma conclusión: Tiran más dos tetas que dos carretas... Eso sí, si sabes moverlas (las tetas, digo, con perdón)... Buenos días, comprobar que "Estoy loco por tí" ayuda mucho a sonreír....

25 jun. 2013

DESÉAME...DESEARÉ... (poesía)

Deséame cuando la luna rile en el mar oscuro de tus sueños,
y tus deseos sean los míos, y tu anhelos sean mis dueños,
deséame en el lago etéreo y largo de la noche,
en el calenturiento y cruel desierto de tu cuerpo,
en las yemas de tus dedos, tus pestañas,
en el azabache de tus ojos negros.
Desearé ser agua para saciar tu sed voraz,
la sed de amor, la sed que mana de tu sexo,
desearé ser alud de nieve, derretirme en tus entrañas,
ser silencio de tu voz, ser sombra oscura en tu pecho,
padecer las penas del infierno con tal de tener tus besos.
Desearé ser luz en tus tinieblas, ser manantial y ser cruz,
ser tu universo, el que se llena de fuego en tus
encuentros,
deseáme tanto que te duela la vida,
la que te doy, la que te entrego,
deséame y seré tuya en el suspiro de la noche,
en el frío amanecer de tus inviernos.
Seré por siempre deseo y deseada,
objeto de tu íntimos secretos,
seré por siempre querida y bienamada,
seré por siempre el jugo de tu cuerpo.
Deseáme cuando la noche emigre,
cuando se marche y se lleve el tiempo,
y se lleve mi edad, y me robe el ansia
de querer morirme mientras duermo
abrazada a tí, perdida toda
en el agua serena de tu océano.-

( Fotografía de Manuel Castellano Izquierdo.- )

UNA PEQUEÑA VICTORIA...UNA GRAN CONQUISTA...(reflexión personal)

Hace tiempo que no hago una reflexión personal, de aquellas del día a día, de las intimistas y privadas... Ya me toca. Hoy me toca reflexionar sobre esas pequeñas victorias. Las que, cuando comenzamos a lucharlas dudamos de conseguirlas, esas que te hacen expulsar el aire tras pedir, tras solicitar, tras cerrar los ojos y asimilar que te negarán lo que deseas.... Escuchas evasivas, escuchas explicaciones, te escudas en el silencio, abres tu corazón, dices lo que sientes, sabes que estás usando la lógica, tratas de hacer entender la importancia y solo queda esperar... Hay victorias inesperadas, esas que te hacen sentir bien, saber que todo está bien, y comprender que, sin esa victoria quizás nada fuera lo mismo. Hay veces en las que te coges a un deseo nímio, a un detalle que para el resto de los mortales es insignificante, pero lo bueno de los deseos, lo bueno de los detalles, es que cada uno les da la importancia que cree necesaria. No importa que los demás piensen que son pequeñeces, en ocasiones las pequeñeces son abultadas razones para confirmar, para sonreír, para volver a expulsar el aire, pero en esta ocasión con satisfacción, con tranquilidad, de forma relajada. Lo mejor que en ocasiones te puede pasar es, que cuando tu batallita interior ha comenzado, cuando creías que tu ejercito estaba derrotado, te des cuenta de que, a tus espaldas, tus guerreros hicieron su trabajo. Los guerreros de la lógica, de tu lógica, los guerreros de la convicción, de tu convicción, pero sobre todo, los guerreros de los sentimientos, de tus sentimientos... Darte cuenta de que tuvieron en cuenta tus sentimientos, el dolor producido por algo que no debía de ser, que no era agradable, que te hacía daño y te molestaba. Retirarte, meditar en el pabellón tus razones para la batalla, dejar a tu ejército haciendo su trabajo, decidir no volver al campo de batalla hasta no estar segura del éxito, y de repente, cuando menos se espera, en una sopresa inesperada y medio olvidada, enquistada ya en el corazón, pensando que esa plaza estaba perdida, abrir los ojos, mirar al horizonte y descubrir que venciste, que sin alardes el enemigo se ha rendido, que te ofrecen la llave de entrada a la ciudad, simbólicamente representada en un gesto. Un gesto que callan, hasta que eres tú quien descubre la victoria... Y te sabes conquistadora, comienzas a tener conciencia del poder de tus guerreros, sobre todo del poder de tus sentimientos...
A mí me pasó hoy... Cuando, tras mes y medio, intentando no volver a una batalla que creía perdida, decidí mirar el horizonte, y descubrí que me tendían las llaves, que me rendían la plaza, que me entregaban el deseo pedido tras cuarenta días de asedio, de hambre, de silencios, de pesadumbre, de risas y sonrisas intentando olvidar la batalla que libraban mis guerreros... Hoy descubrí que, en el fondo, cuando se nos hace una promesa, solo queda dar tiempo para cumplirla, y hoy, la que me hicieron a mí se cumplió... He retirado mis tropas, he ordenado a mis guerreros volver al pabellón, descansar en el castillo de mis ojos y creer, porque ya sí creo, creo que cuando alguién sabe del dolor que causa una situación ilógica, hace lo posible por enmendarla, hoy sé cómo se sienten los que ganan, una pequeña batalla, eso sí, muy pequeña para el resto de los mortales, pero para mí la conquista de una plaza, la conquista de la confianza, la conquista de la credibilidad... Saber que lo que digo no cae en saco roto, saber que cuando se me dice "De acuerdo, será así" termina siendo así, no por mi propia soberbia, sino por la decisión libre, por la personal decisión de quien decide que ha comprendido lo que realmente importa, y eso, aunque nos parezca insignificante, puede ser el primer escalón para comprender que importas, que te tienen en cuenta y sobre todo, para saber que, después de todo, la plaza perdida no era tan importante... Buenas tardes, voy a disfrutar de mi pequeña victoria y de mi gran conquista, que batallas así no se ganan todos los días, como diría mi abuela "Zamora no se ganó en una hora"....

24 jun. 2013

JUAN ALBERTO BARRERA LINDE...(felicidades papá)

Era el menor de cinco varones, ocho hermanos, el pequeño era él, las chicas vendrían después. Me contaban que era un niño travieso, de mirada profunda, inteligente. Me contaban que se enamoró de una niña pequeña, gordita, alegre y cantarina. Me contaron que fue noble y prudente... Yo llegué a su vida después de esperarme mucho. Sé que hubiera querido un varoncito, pero nació una niña horrible, que daba un poco de miedo, pero que, con el paso de los días se convirtió en un bebé hermoso y llorón. Una niña rebelde, que siempre replicaba, pero que le traía buenas notas. Que se sentaba junto a él, escuchaba sus historias y le obligaba a hacerle figuras de plastilina. Fui feliz con mi padre. Discutiamos siempre. Me cayeron pocos castigos y algún azote, porque me enseñó disciplina espartana, aquella de "Aquí se hace lo que yo digo", frase contra la que me rebelé en toda una adolescencia... Pero los años pasan. Las luchas generacionales dan lugar a la lógica. Un buen día me descubrí mirándole, me descubrí descubriéndole. Y supe que era el hombre que más me querría. Más que a nada, más que a nadie. Entendí palabras que hasta entonces estaban lejos de mi comprensión, entendí consejos de aquellos absurdos, y supe de su confianza en mí. Supe de su dolor con el mío. De su sonrisa tímida y de sus silencios... Tuve el mejor padre (todos decimos lo mismo, o así debería de ser), mi madre me acusaba de quererle más a él, pero es que él quería un varón y yo tenía que demostrarle lo bien que quiere una niña a su padre. Los días de su santo eran especiales, porque mi madre nos enseñó a que así fuera. Cuando estaba lejos le recordaba todo el día, sonreía al escuchar su voz al teléfono dándome las gracias por mis postales y mis palabras. Juan Barrera era un gran hombre, fue un buen padre y hoy es su santo. Anoche le recordé en mi muro, hoy lo hago aquí, porque hoy le recordaré todo el día, como cada día, como a cada hora...
La vida nos deja sin seres queridos, pero no porque les queramos les añoramos, sino porque echamos de menos el cariño de ellos hacia nosotros, somos egoistas, yo echo de menos el amor de mi padre, su mano en mi cara cuando volví de Mallorca, sus lágrimas y las mías, no porque yo le quiera, sino porque necesito que él siga queriéndome como ningún hombre lo hará. Se me quedó un vacío en una madrugada, y palabras de despedida que él sabía que lo eran y que están guardadas en mi corazón, porque son las últimas que me dijo, y porque en ellas me dijo que me quería, que sentía no haber podido darme más. Siempre digo que me dió todo. A veces damos demasiado a los hijos, todo material, pero les privamos de palabras, miradas y gestos que son únicos, que creemos que no recordaran...¡¡que error!!, todo se recuerda, para bien o para mal. Me dejó frases repletas de sabiduria y de amor de padre. Miradas y sonrisas guasonas, porque el gran desconocido que era, el hombre serio y prudente, también sabía cuando sacar el sentido del humor, el mismo que yo he heredado, aunque mi carácter sea más materno, mi sentido del humor es totalmente de mi padre ¡quien lo diría!... Ahora llegó el momento de felicitarle, de desearle que allá en dónde esté siga cuidándome, sé que lo hace, sé que me da fuerzas, escucho su voz, escucho sus ánimos, escucho sus consejos. Dicen que como una madre no hay nada, es verdad, pero con mi padre se me fue media vida, se me instaló una tristeza que sé que llevaré siempre, aunque aprendí a vivir con su ausencia... Feliz día de tu santo, papá, te sigo echando de menos...

23 jun. 2013

ESA PRIMERA VEZ DEL... ¿YA ESTÁ?

Hace una tarde estupenda, noche de San Juan, noche mágica, noche para recordar...¡¡Que bonito es recordar!!...¿Alguien se acuerda de la primera vez?... Hace poco recordamos el primer beso; hay una primera vez para todo, para montar en bici, viajar en avión, subir en barco, conducir sin ayuda, y una primera vez para el sexo... ¿Alguien lo recuerda?, igual la mayoría han decidido olvidarla, porque, lo queramos o no, hay primeras veces nefastas, de esas que intentas olvidar, que escondes en el fondo del baúl, que nunca enseñas pero que sabes que están. Yo alucino un poco, esa es la verdad, cuando oigo relatar esas "primeras veces" idílicas, llenas de momentos mágicos, llenas de instantes inolvidables (bueno, inolvidables si que son), me quedo un poco boquiabierta, no es que la mía (con perdón) fuera un desastre, pero desde luego que una historia de "Las mil y una noches" tampoco. Seamos sinceros, pero sobre todo seamos sinceras: La primera vez, para la mayoría de las señoras de mi generación fue un auténtico desastre...¡¡punto pelota!! Por supuesto que, en la mayoría de los casos, en los ambientes rurales, las que tenemos más de cuarenta y cinco, tuvimos una primera vez bendecida y sacramental, (siempre habrá quien no, pero no voy a pedir que levanten la mano). Da igual si una era una santa esposa, una novia fogosa, una joven que quería experimentar, porque la primera vez es la primera vez, se  mire por donde se mire. Eso sí, no es lo mismo la trasera del coche que la comodidad del lecho conyugal, encima recién estrenado, con las sábanas del ajuar, blancas inmaculadas, como la honra de la novia, ni es lo mismo un descampado de "aquí te pillo aquí te mato" con un adolescente inexperto lleno de granos, que con el marido que acabas de "mercar" en una ceremonia entrañable llena de familiares, esos que, a esa hora de la noche ya saben lo que tú estás haciendo, con quién lo estás haciendo y, si tienen imaginación, empezaran a pensar cómo lo estás haciendo. Lo que tiene casarse, llegar casta y pura y tener noche de bodas, es que todo el mundo sabe cuál ha sido tu primera vez, eso sí, lo que no saben es cómo ha sido...
En las reuniones de amigos, esos que compartieron contigo y tú con ellos los distintos enlaces, suelen salir temas de estos, tan graciosos, tan estupendos, tan llenos de risas... risas porque ya se han quedado muy lejos, porque si el temita te lo sacan al día siguiente como que gracia te hace poca. Yo supongo que para los señores de mi edad, y a alguno conozco, la primera vez fue distinta, porque ya se sabe que las hormonas masculinas son muy activas, y que siempre había una chica que igual servía para un roto que para un descosido, esa que a fuerza de querer experimentar se labra la fama de "ligerita", mientras que los chicos que la ayudan a experimentar se la labran de "muy machos", y es que las diferencias de género y sexo (nunca mejor dicho), por más que queramos fueron siempre injustas. Los varones llegan como quien está de vuelta de todo, pero eso sí, recordemos que ellos, man que les pese, también tuvieron una primera vez. A mí me sorprende que mis amigas, esas de siempre, con las mismas que compartí bodas, las que por esas cosas de la educación llegamos inmaculadas, hablamos sin tapujos sobre el tema, contamos nuestra primera vez, los maridos saben que es cierta (porque ellos estaban presentes, y esas cosas se saben) y bromeamos. Pero todavía no he oído a ninguno de ellos contar la suya... ¿Por qué será?... Tal vez porque no fue con la novia inmaculada, a la que llevaron en brazos sobre las sábanas del ajuar... Tal vez porque podría salir a relucir el nombre de la amiga, esa a la que le gustaba experimentar y que se encargó de hacerlo con todo el grupo de amigos comunes....  Tal vez porque, para una mujer, cuando su primera vez ha sido con el legítimo, es una medallita colgada (para ellos, que conste) mientras que si ellos narran su primera vez fuera del santo sacramento la llegada a casa puede ser de todo menos santa... Somos diferentes, somos distintos, vivimos la primera vez de forma distinta, igual que todo. La primera vez ha perdido la esencia ñoña que tenía hace años, gracias a Dios, hemos crecido, todos. Contar la primera vez como un anécdota hace que sea más divertida, más amena, que se convierta en un hecho gracioso, porque lo que no me creo es que la primera vez fuera el estallido de fuegos artificiales, y si lo fue, la señora en cuestión ya puede estar encendiendo velas de agradecimiento al santo del día. La mayoría pasó de la expectación a la decepción, o como mínimo a la espera, porque suponía que tenía que haber más, sino a ver de qué las mamás iban a estar tan preocupadas por semejante evento... Y se diga lo que se diga, se cuente como se cuente, eso, con mis años, era así. Las primeras veces normalmente crean un estado de impaciencia, de deseo, de ganas que luego no se acompañan con la realidad. Y es que ya se sabe, esperar demasiado es el primer paso para quedarte, como diría mi abuela "como a quien le cuentan un cuento", boca abierta esperando el remate....

QUIEN TIENE UN AMIGO...¿TIENE UN TESORO?...

Hay quien dice que, un amigo/a es quien, sabiendo todo de tí aún te quiere... Bueno, términos muy relativos para definir la amistad. La amistad, según Encarni Barrera, es decir, servidora, es un sentimiento de cariño, de cómplicidad, de intercambio que, a ser posible, es mejor si se comparte. No todos los amigos lo conocen todo de tí, no todos los amigos te quieren (aunque simulen hacerlo) no todos los amigos son AMIGOS. Para una servidora la amistad es sagrada. Siempre. Piensen algunos lo que piensen, si piensan o creen, conociéndome, que no es así, que digo algo que no siento, deberían de preguntarse el por qué con ellos no. Siempre habrá un motivo, y por suerte o por desgracia, los que se sienten aludidos, siempre saben el por qué, aunque no sea políticamente correcto decirlo, aunque lo callen a oídos ajenos, porque si lo contarán quedarían a la intemperie las miserias. Siempre que he roto una amistad, o lo que yo creía una amistad, he tenido motivos de sobra para hacerlo, siempre. Pero no vamos a hablar de mí, ni de mi concepto de la amistad, ni tan siquiera de los amigos de siempre, porque esos sí saben por qué están, si saben los que son, si saben lo que "pintan" en mi vida, sí me conocen y aun así me quieren. Sino de esos otros "amigos" que de repente te explotan en la cara. Me pedía una persona hoy que hablara sobre las amigas, en femenino.
Quienes habéis escuchado las presentaciones de mi novela, esas en las que diserto, en las que desgrano los matices de "Las manecillas del Reloj", veréis que hago hincapié, siempre, en la amistad femenina, esa amistad generalmente falsa, generalmente desleal, generalmente interesada, generalmente cotilla, generalmente vana y vanal... Generalmente, eso sí.... Las mujeres (y mujer soy y defiéndo a la mujer a rajatabla) somos esa especie sibilina, que hizo morder a Adán una manzana, causante del sufrimiento humano. La mujer cuando es amiga es muy amiga, pero en ocasiones hay un punto que rompe. Hablar de la amistad interesada es tan viejo como comer. Hay amigas de esas que crees para siempre, que has ayudado, con las que estuviste cuando te necesitaron, que les diste sonrisas, que les prestaste una mano, y un buen día, sin saber por qué, deciden que han descubierto a otra persona, y como si tuviéramos quince años, deciden que dos amigas no pueden estar en el mismo bando, y deciden diferenciar, dejarte en "la reserva" como un jugador suplente, que puede ser necesario, pero que, mientras el partido se desarrolla bien va a seguir chupándo banquillo. Hay amistades que acogen porque así les interesa, porque saben que habrá un momento en que necesiten al suplente, pero a las que les gusta más jugar con las estrellas, con los titulares, con los que son aplaudidos, porque hacer de acompañante del crack viste mucho, y algún aplauso robaran ellas, aunque no sea para su persona.
Sucede o puede suceder que, un buen día, el suplente se canse de chupar banquillo, decida firmar contrato con otro equipo, otra amiga que sepa valorar lo que en su día compartió con la acompañante de estrellas. Dejar de ser la que escucha, la que sonríe, la que ayuda, para ser la que, simplemente acompaña. Porque la amistad, según una servidora, es eso, acompañar, estar. No solo para jugar el gran partido junto a los que brillan, porque se corre el riesgo de ser marginada por otras estrellas, la amistad es tratar por igual a todos los amigos, repartir el corazón entre todos, abarcar y acoger, y saber quién estuvo, quién ha estado y quién estará, mirar atrás, valorar, pesar y medir los pasos acompañados. Los amigos advenedizos, los que llegan y cogemos porque pensamos que deslumbraremos a su lado, son fugaces, porque para ser amigo, para ser amiga, se tiene que tener la raíz y la solera, y ya, a esta edad, una no puede fiarse ni de su sombra. Admiro a las amigas que están siempre, a las que no se ven públicamente, a las que se acompaña en una cerveza, las que estuvieron cuando las cosas fueron mal, las que se hicieron visibles entonces, las que cuando las cosas van bien se ven menos, discretas. Todas tenemos muertos en el armario, amigas que un buen día te hicieron cerrar los ojos, sentirte utilizada, sentirte marginada, sentirte sola... el secreto está en abrir el armario, ir enterrándo lentamente los cadáveres, ir aireando el espacio, decidir si se quiere seguir en el banquillo esperando a ser necesaria, o se prefiere jugar en un equipo de menos renombre, pero sólido. Porque un equipo lo hacen todas y cada una de las jugadoras, nadie es más que nadie, la amistad igual, eso sí, cuando el sentido de la amistad es igual de leal, de honesto, de comprometido y de sincero para todas y todos los que juegan en el mismo bando. Con cariño para una amiga, que desde luego, sabe que estaré aquí, jugando en su equipo.

HABRÁ VALIDO LA PENA... (carta de despedida, a petición de mi amiga Ana)

Cuando despiertes mañana yo ya no estaré a tu lado. No me has oído marcharme. Como te digo en la nota que dejé en la mesita, te dejo mi adiós en unas letras, en Recepción. Soy cobarde y sé que si lo hago mirándote a los ojos mi alma se encadenará a ellos y no me dejará partir...y tengo que hacerlo. No es cumplido mi tiempo de tomar decisiones libres. Me atan demasiadas cosas a mi vida, a la vida que yo creé, aquella que fui confeccionando lentamente porque tú un día decidiste que no me querías en la tuya. Y yo tuve que inspirar fuerte y otear el horizonte, cerrar los puños y los ojos, y tomar conciencia de que tenía que seguir adelante sin ti. La vida que era perfecta, yo la hice perfecta. Tengo que volver a mi vida, me subiré en el autobús que me aleje de ti y me llevaré todo lo vivido estos días contigo, los amaneceres robados, los minutos perdidos entre bosques y entre cielos azules. Me llevo la rabia de tus palabras cuando te enfadas, me llevo el silencio de mis labios cuando tus demonios salen y no entienden de quietudes ni de sentimientos. Me llevo tus gritos, tus enojos, tus manos crispadas, tu mandíbula tensa y tus labios crueles que a veces pronuncian palabras dolorosas y mezquinas... Pero habrá valido la pena... Todo... Habrá valido la pena desafiar al mundo, mentir hasta que el corazón se encalla, llorar en las noches alejadas de tu cuerpo. Habrá valido la pena. Habrán valido la pena las esperas y los llantos, las dudas, los miedos, aquellos que se instalaron en mí cuando decidiste hundir mi vida perfecta. Habrá valido la pena. Me has hecho sentir mil cosas olvidadas, las que quedaron en un baúl adolescente, las que dejaste rotas y has recompuesto. Recuperar los besos perdidos, crear nuevos besos y nuevas caricias en manos maduras que amaron sabiendo y siendo conscientes de que lo hacían. Habrá valido la pena el engaño, vivir en la mentira constante de te quieros no sentidos, de besos entregados que no eran para los labios besados, que te pertenecían a ti y no podías recibirlos. Habrá valido la pena esperar para amarnos apenas durante unos minutos. Mirar el reloj, salir con prisas, olvidar la última caricia porque alguien esperaba un regreso que odiábamos los dos, pero aceptábamos.
Habrá valido la pena. He vivido. Hemos vivido. El adiós entraba dentro de los planes, aunque nunca lo dijéramos, nunca lo mencionáramos, estaba ahí, escondido siempre entre las discusiones, cuando tú me decías que no me hacías bien y yo te recordaba que quería que estuvieras, aunque muriera en el intento. El adiós que mil veces nos insinuamos, aquellas palabras que éramos incapaces de pronunciar, yo pidiéndote que lo hicieras tú, tú incapaz de hacerlo, silenciando tu voz durante unos minutos, sabiendo que si pronunciabas el protocolo de despedida ya no habría marcha atrás,
ahora llegó, llegó el momento de decir adiós. Me voy de tu vida recomponiendo la mía. Estos días han sido el Mundo. Verte llegar desde la terracita, esa en la que desayunamos tranquilos, mirando horizontes perdidos y lejanos, alejados de mí ya para siempre. Disfrutar de tus besos primeros, cuando apenas el día ha despertado, sabiendo que la tarde llegaría y tendrías que volver a tu mundo, yo me quedaría esperándote en el que por unos días hice mío. Morirme de celos en la noche, cuando otro cuerpo dormía junto a ti, desvelándome por la angustia de la duda, aun teniendo constancia de que nada hay, de que al día siguiente volverías a aparecer en el pequeño jardín que veía desde la terraza, mirando hacia arriba y sonriéndome, prometiendo con tu sonrisa la entrega total de caricias que son mías, que siempre fueron mías.
Me voy llena de ti, llena de besos, de momentos, de palabras, de recuerdos, de miradas, de ternura, la que pensaba que no tenías, la que siempre exigí y tú negabas. Me voy con mis años doloridos de amor y de impotencia, la de no poder tenerte, no nos ha sido dado el deseo de estar juntos, juntos ya hasta la muerte, morir a tu lado me dices siempre, susurrándolo en mi oído. No ha podido ser, no puede ser, no nos dejan, nos es prohibido el deseo de mirarnos a los ojos y morir tranquilos.
Cuando leas esto estaré lejos, mis ojos lloraran mirando un paisaje ajeno que se alejará de mi vida, kilómetro a kilómetro, para siempre. Te dejo en tu mundo, en tu vida extraña que no quieres, que te consume día a día, y regreso a la mía, a consumirme con ella y con tu ausencia. Hoy, por fin, llegó la despedida, sabemos que el futuro no nos pertenece, así lo asumo y lo entiendo. Pero ha valido la pena. Hay historias perdidas, comunes y frecuentes, que nadie lleva escritas porque no sería decente, porque no son decentes, el mundo creó normas, pensando que con ellas podría manejar los sentimientos, y el alma y el corazón son libres, no entienden de reglas ni convencionalismos, y aun así los vivimos y aceptamos. Dejo tu vida, dejo tu alma para que me siga amando en el silencio de tu boca y la tristeza de tus ojos al recordarme. No lo hagas, no estés triste, porque ha valido la pena. Vive siempre con mi recuerdo, vive siempre con mis manos enlazadas mientras reíamos, después de amarnos tanto que nos dolía el cuerpo. Vive pensando en mí, mi amor, porque eso, por desgracia, es lo único que tenemos... Yo intentaré vivir sin ti, pero eso sí, sabiendo siempre que valió la pena...

22 jun. 2013

EL BESO DEL PIANISTA... (pequeño trozo de un relato escrito en 1984 en Granada).

Le espiaba cada tarde, se solía sentar al piano sobre las cuatro. Le veía desde mi balcón, la cortina levemente abierta, lo justo para ser discreta, para no ser vista. La visión hermosa de aquella silueta, paseándose despacio por un salón abierto a la calle, cercano para los ojos ajenos, que desde las ventanas cercanas, podían mirar sin ser vistos. Tocaba para un público invisible pero presente. Y seguía aquel ritual, diariamente. Y yo me quedaba quieta, sin mover ni un músculo, esperando el concierto, ver aquellas manos deslizándose sobre las teclas, acariciándolas, el gesto serio, la mirada perdida al frente. ¿Qué objeto, qué recuerdo, que imagén tendría frente a él para aquella liturgia de gestos amargos?... Cada tarde, a las cuatro, se paraba el mundo. Yo abandonaba mis libros, me asomaba al balcón, veía la fachada del Hospital Real, espléndido frente a los Jardines del Triunfo, y esperaba serena a que la sonata me llegara, cercana y perdida, entre ruidos de coches, muy pocos, los que a aquella hora, cálida y somnolienta del verano granadino, invadían la calle...
Un día le seguí, espié su salida, vuelto el rostro hacia los cristales de una tienda de muebles, viendo su reflejo en el espejo, con su chaqueta gris, con su pelo revuelto, sus gafas y su caminar tranquilo. Le seguí calle Elvira arriba, sin volver la vista en ningún momento. Enmascarada tras unas gafas de sol, con mi mochila y mis pasos acompasados a los suyos. Se detuvo delante de aquella tienda, pequeña, con la cerámica típica en la calle, a la venta, a los ojos de turistas y de viandantes, cuadros en lienzos de autores desconocidos, genialidad anónima, los que nunca estarían en museos, aunque lo merecieran. Arte oculto a las miradas de críticos, aquellos eruditos que van de sobrados, que se dedican a destrozar ilusiones y a matar sueños, a dejar inertes pinceles que podrían ser reconocidos, y que gracias a su crítica, quedarían guardados para siempre... Miró varios cuadros, con detenimiento, un deje de despiste en su mirada, ladeó la cabeza y me vió... Bajé la mía, me ruboricé... Volví a levantarla, y allí estaba, acercándose a mí, sonriéndo, mi corazón saliendo de mi pecho, huyendo calle abajo, buscándo una escapada decente y una excusa perfecta... Y él acercándose, escasos metros, a cámara lenta, mis ojos detenidos en su figura, no podía moverme, mis pies no me obedecían, no había ningún asidero al que cogerme, nada que pudiera usar como ayuda para explicar aquella estatua de sal en la que me había convertido:
   -Tú eres Nadia...
   Y sonreí, me conocía, conocía hasta mi nombre, había sabido de mi persecución, incluso pensaba que la había provocado. Le sonreí y asentí con la cabeza:
   -Te veo cada tarde...
   Y yo seguía callada, sonriéndo. Tenía el atractivo de los locos maravillosos, aquellos que viven su vida sin importarles los jaleosos aplausos de famas efímeras y fugaces. Le recorría centímetro a centímetro, la mandíbula pronunciada, pero suave, unos ojos perdidos tras los cristales claros de sus gafas...unos ojos profundos, negros, azabache engarzado en unas ojeras tranquilas, ojeras de una edad incompleta:
  -Toco para tí...
   Seguía sonriendo, descolocada, desquiciada, mi corazón había dado la vuelta a mitad de su huída, había vuelto a colocarse, despacio, en aquel hueco que pocos minutos antes estaba vacío:
   -Sé que cada día me escuchas tras la cortina...
   Me había apoyado en la pared, la cadencia de su voz, su suavidad, miré sus manos, aquellas que cada día recorrían las teclas y tocaban para mí, y las mías sudaban, enlazadas en la espalda, sin saber qué hacer con ellas, mirándo las suyas, tranquilas y seguras, mis ojos bajos, alzándo de vez en cuando la mirada, su boca fina, la pequeña perilla y un bigote bohemio... ¡y sus ojos!... mis piernas temblaban, no sabía por qué:
   -Tú me escuchas y yo te intuyo, sé que estás, sé que cierras los ojos y sé que me miras...y yo también lo hago...
   ¿Cómo?, me miraba...¿cuándo?, mis ojos interrogándole, clavados en los suyos, su sonrisa, mi desconcierto, mis dudas en el ceño fruncido, su carcajada:
   -Cuando estudias, por la noche, a la luz de la lamparita azul, yo tengo la luz apagada, por eso no me ves... ¡Ven!
   Y me arrastró hasta la tienda pequeña, hasta los lienzos y las cerámicas, había recuperado una de mis manos de su refugio en mi espalda. Tiraba de mí con dulzura, me dejaba llevar, mirando sus rizos y su nuca, oculta por el pelo negro que se movía libre. Frente a mí el lienzo, aquel cuadro, aquel rostro, aquellos ojos...los míos... Miré incrédula, mi retrato, perfecto retrato de una niña bella, una boca joven, unos rasgos suaves, una mirada limpia... Mi gesto de inocencia, aquel que no sabía si poseía:
   -Eres tú...
   No podía dejar de mirar el cuadro, y a él, alternativamente, a los dos...a los tres...a la chica del cuadro también, a la chica que era yo, que había sido pintada por él, o eso suponía. Mi corazón estaba gritándome, acelerado, rápido. Intentaba controlarlo pero iba por libre, a su ritmo y a su marcha. Nos miramos, sin hablar, largo rato, con el solo testigo de la chica del retrato... Y de repente me besó... Igual que tocaba el piano, tranquilo, como si no tocara, como si solo rozara, dándome vida, entreabriendo mis labios con los suyos, sabían dulces... No moví ni un músculo, seguí respondiendo a su beso, mis manos sueltas, deseándo acariciar los rizos negros, bajar hasta su nuca y enredar mis dedos en ellos, pero sin hacerlo... Me dejó abandonada, mirándome tras el beso, sonriendo, los dos, pasó un dedo por mis labios y mi rostro:
   -Y ahora vamos, voy a cerrar la ventana y solo tocaré para tí... tengo pendiente un dibujo mucho más perfecto...

Cada tarde, a las cuatro, él tocaba el piano, yo me sentaba frente a él, y ahora él me miraba a mí, ya no necesitaba el cuadro, aquel retrato adornaba nuestro salón... Era primavera, Granada olía a lilas, seguían sonando las mismas notas que diez años atrás, y sus ojos seguían sonriéndome de la misma manera, solo que, ahora, la mirada era devuelta de forma distinta, porque yo ya había respondido a su beso acariciando sus rizos.-

21 jun. 2013

¿CÓMO HACES?... (poesía).

¿Cómo haces para hacerme diferente?
¿Para hacerme sentir tan única y bella?
¿Qué poder escondes en palabras?
que mi alma se agita, mi cuerpo se quema,
mis labios suspiran, mi ojos se cierran,
y sueño contigo. Tu cuerpo un poema.
Cuerpo hecho poesía para mis sentidos,
los que tu boca aviva,
los que vuelan lejos, tras la primavera,
aquella perdida, la que se quedó entre hojas muertas.
¿Qué esconden tus manos, que pueden matarme,
o darme la vida según tú decides?
¿Qué esconden tus labios?
Dime tú que escondes, dime cómo haces
para lentamente, convertir en mares de deseo
el leve susurro que cruza mi mente.
¡Dime cómo haces para amarme tanto!,
entregarme el alma que me entregas toda,
tan lejos, tan cerca, sintiendo tu aliento
cerca de mi nuca, rozando mi pelo.
Bajarme del cielo la luna en la noche,
apagarme el sol y seguirme amando,
regalarme estrellas, dejarlas dormidas
mientras abres surcos con tus dedos cautos,
llenos de caricias, y llenos de besos,
y llenos de ansia, y llenos de miedo.
Miedo por perderme, porque el alba llega,
los sueños terminan, tu cuerpo se aleja.
Sin saber si habrá otra noche eterna,
para volver a bajar la luna,
susurrar mi nombre entre la penumbra
de mis sueños rotos, mis sueños perdidos,
y en la noche clara regalarme estrellas

Dime cómo haces para amarme tanto,
para que te ame a pesar de todo,
para convertir en risas mi llanto.-
 

 

CORAZÓN ADOLESCENTE...(aquellas canciones)

Mi amiga Maribel Lirio, con la que coincido en mucho, en su blog, me ha hecho mover el recuerdo. Ella hablaba del cine de su vida, de sus peliculas, las que la marcaron, las que hicieron mella. Yo recordé mientras leía, y recordé, aparte de las peliculas, en las canciones que marcaron para siempre mi vida, las que se instalaron en mi memoria, las que se canturrean sin tan siquiera saber que se están cantando. Las canciones que nos han hecho felices o desgraciados, las que asociamos con un momento concreto, ya sea de dicha o de desdicha... Yo soy de esa generación que continuó el fenómeno fans, y que lo aumentó y lo incrementó cuando, en el panoráma musical español, allá por finales de los setenta y principios de los ochenta, aparecen Pecos, Miguel Bosé, Pedro Marín, Mecano, Tequila... entre muchísimos otros, algunas fugaces estrellas, que tras un verano desaparecieron, otros haciendo historia, y alguno quedándose como uno de los grandes. Mi pasión eran Pecos, sin lugar a dudas, a mi Javier Herrero me traía por la calle de la amargura, cosa que no entendía, porque una servidora siempre fue de morenos, y no entendía qué pintaba un rubiales con melena en mis sueños adolescentes. Pero me encantaban, tenía las paredes del dormitorio empapeladas de posters de ellos, de Javier más. Posters que mi padre, ciclícamente, arrancaba, porque, según él, eran nidos de bichitos en verano. Trabajo baldío, yo volvía a colocarlos, con la paciencia del Santo Job, besando a Javier (pobre mío, que lo habían destronado) mientras las chinchetas iban agujereando paredes. Tenía una libretita azul, mis compañéros seguro que la recuerdan, todas las letras de las canciones. Y aprendía a soportar la envidia juvenil de mi primer noviete, (aquel del primer beso), hacia el rubiales cantante, que decía lo de "Habláme de tí" y yo comenzaba y no paraba. Un buen día descubrí que a los chicos, aunque lanzaran pestes contra los ídolos de sus noviecitas, también les gustaban las letras, eso sí, las escuchaban en secreto y a escondidas, y jamás iban a reconocerlo. Un buen día, algunas amigas decidimos hacer la prueba. Yo ya escribía poesía, así que se nos ocurrió copiar la letra de "Y decir que te quiero" como si fuera una de mis poesías. Sentados en un banco de aquel parque (esto es real, no es la canción de Pecos) le dí a mi noviete la letra, diciéndole que era una poesía mía para él, y en cuantito comenzó a leerla soltó lo de "Esta canción es "Y decir que te quiero" de Pecos", sonreí con maldad, él supo que le había pillado, y desde aquel día bailabamos las canciones de Pecos al unísono, sin necesidad de escucharle despotricar en contra de la melenita del rubio que me quitaba el sueño, porque para moreno ya le tenía a él, y tiene que haber de todo, uno real y otro sueño... Ha pasado el tiempo, mucho además, pero yo sigo emocionándome cuando les escucho, seré una blanda, una ñoña, una cursi, no me importa, tengo constancia de eso, pero sé que mientras escucho esas canciones, mi corazón y mis recuerdos se pasean por una adolescencia feliz, llena de "Recuerdos", de "Y voló", de "Madre" o de "Que no lastimen a tu corazón"... Porque en el fondo, nuestros sentimientos se engarzan de vez en cuando, en unas letras que fueron hechas a nuestra medida, que fueron creadas para una generación de jóvenes que comenzaban a vivir, en una sociedad que se abría al exterior, muy lentamente. Aprendimos a gritar, a llorar al verles, a olvidar que eran de carne y hueso... Aprendimos a soñar y a sufrir con todos ellos... Y yo, a Dios gracias, todavía sigo haciéndolo, porque cuando me traslado con una canción en el tiempo, sé que desearía tener para siempre el corazón adolescente...

18 jun. 2013

NO PIENSES, NO EXISTES... (poesía triste para un alma amarilla).

Los labios que niegan lo que el alma siente,
los ojos que lloran por tenerte ausente,
los silencios tristes, las horas mojadas
en llanto...cuajadas de horas... las horas pasadas.
No pienses, no existes, eres ilusión, eres fantasía.
...eres su pasión, aunque no lo diga,
no puede decirlo, no puede contarlo,
vive entre silencios y vive entre llantos.
Pero eres amada, ¡tanto, tanto, tanto!

No pienses, no existes... pero serás siempre,
tú eres la eterna causa de su risa,
la eterna mirada perdida,
tú eres esa estrella por la que suspira,
cuando nadie mira, cuando nadie observa,
cuando escala el muro cuajado de hiedra,
tú eres el perfume que aspira lejano,
y eres su deseo, el más deseado,
... y calla, y sonríe, y oculta su rostro
cuando te recuerda clavada en sus ojos.

Eres la ternura con la que despierta,
eres la pasión con la que se acuesta,
invisible siempre, y siempre presente,
presente en sus manos, presente en su mente,
eres la princesa del cuento perfecto,
eres la locura de su pensamiento.

 No pienses, no existes...
eres su consuelo cuando te recuerda,
bálsamo que calma con manos de seda,
eres el volcán que rompe la tierra,
eres quien le espera y le desespera.
Piensa, porque existes, eres verdadera,
tú eres real, él te hizo quimera,
te querrá cerrados los ojos, quieto el corazón,
helado el aliento,
bajo tierra inerte quedará su cuerpo,
y te seguirá amando por siempre,
en la vida eterna y hasta en el infierno...

No pienses, no existes...
eres tan real, te siente tan lejos,
que solo pensarte le hace vivir triste.-

17 jun. 2013

"HOMBRE SOLTERO, HOMBRE CASADO"...(mis charlas con Luisi)

Lo que tienen mis charlas con Luisi es que, de repente, coges una frase y resulta que es la frase que te hace preguntarte mil cuestiones, una frase que, encima, no tiene nada que ver con el tema en cuestión, es sólo una nota aclaratoria, hacer hincapié en un detalle sin mayor trascendencia, pero a mí, de repente, me da por desmenuzar la frase. La frase de hoy es "¿Podemos elegir de quién nos enamoramos?", hay quien dice, de forma rotunda, que jamás se enamoraría o se "liaría" con un hombre casado... bueno, esto será si sabe que es casado, porque hay quien no se enteró de semejante circunstancia hasta bastante tiempo después. Gran error esa creencia. No por nada, simplemente porque, a la hora de sentir, el corazón, por desgracia, no es el Registro Civil. Tú conoces a una persona que no es de tu entorno, que no sabes su estado civil, simplemente hay un momento en el que dos miradas se encuentran, descubres que te ríes, que sueñas, que te ilusionas, no te ha enseñado el carnet, sólo te ha enseñado a sentir... y de golpe te enteras, de pasada, por algún detalle extra, que es casado...¿Y ahora?... matamos al mensajero, que diría aquel. Te puedes alejar, puedes dejarle, puedes patalear, puedes jurar que no lo harás... y de hecho se hace, pero no puedes evitar pensar en él, soñar con él, saber que era él y no otro quien te hacía sonreír, quien te hacía ilusionarte, quien te besaba mejor que nadie... Estar casado o estar soltero, tal y como está el patio, es un mero accidente, hay accidentes mortales de necesidad, los hay leves, y los hay que dejan secuelas. Si todos fuéramos tan milimétricos pondríamos nuestros ojos en quien debemos, pero es que hay un error de fábrica, que nuestro corazón va por libre, que no suele responder a la lógica y que una vez que se empeña en sentir, siente. Los divorcios más frecuentes ocurren entre los cuarenta y los cincuenta y cinco años... ¡Que casualidad!... la generación que se casaba con su primer novio, la que no tenía demasiadas relaciones anteriores, la generación que se casaba por un embarazo no deseado, la generación que se casaba "porque-así-está-mandao"... Cuando creces mental y emocionalmente te das cuenta, a tu pesar, de que no era lo que creías, en realidad no era nada, porque no creías nada, mi generación se educó para formar una familia estable, para criar unos hijos y estar juntos hasta que la muerte los separe... La muerte del amor, deberían de haber añadido... Nadie controla de quién se enamora, es genial hacerlo de un soltero, de un separado, de un divorciado (las dos últimas opciones recordemos que vienen con ex-de fábrica, es decir, han estado casados), siempre que una señora esté soltera... Hay otro prisma, lo ideal sería que uno se enamorara de una soltera, una separada, una divorciada o una viuda... ¿Y si ocurre que no es así?... ¿Y si Cupido, ese cabroncete (con perdón) falló con la dichosa flechita?... Matemos al mensajero... El paso de la separación, hoy en día, no es tan urgente, se piensa, porque las situaciones, algunas, no están para tirar la casa por la ventana, hay hipotecas (de esto hay mucho), hay hijos, hay economías mal sostenidas, hay impedimentos... Pero pudiera ser que ya no hubiera amor y alguna de las dos partes haya descubierto que, lo que le falta dentro lo tiene fuera, y no se hunde el mundo, y no se pide el carnet, y no se va una ni uno al Registro Civil a pedir cuentas, porque se trata, simplemente, de que te hagan soñar, sonreír, vivir, sentir e ilusionarte... Y, como yo le decía a Luisi, cuando una decisión es tomada por dos adultos, teniendo en cuenta no dañar a nadie, teniendo en cuenta que son mayores de edad, responsables de sus actos, vivirán su relación como buenamente puedan, esperando que los brotes verdes surjan, que todo se normalice y deseando que así sea...
Mientras tanto, yo, personalmente, no voy a juzgar, jamás, a quien sufriendo por no tener en su vida a quien ama, decide continuar dando estabilidad a un hogar, a una familia y a una sociedad, porque parece que, cuando alguien decide separarse, toda la sociedad de su entorno tiene que dar su veredicto, tiene que se juez, tiene que impartir justicia y sobre todo, tiene que despellejar a quien sólo cometió el error de enamorarse...¡mire usted que delito!... Y ahora, cuando somos ya muy mayores, cuando tenemos hijos con parejas, cuando se nos llena la boca de "si no se llevan bien lo mejor es dejarlo", hacemos de las vidas privadas el cotilleo preferido de tertulias... ¡Que más da!, casados, solteros, divorciados, separados, viudos... como diría mi recordado Agustín González en aquella pelicula "Las bicicletas son para el verano": "A este valle de lágrimas hemos venido a llorar lo menos posible". Que de hacernos llorar se encarga la vida, sólo faltaría también que se encargara el Registro Civil... Se supone que esto no es políticamente correcto, pero es que, señoras y señores, las parejas están compuestas por dos personas, dos, el resto, los demás, importamos nada, una pareja vive como le da la gana su relación, igual que cada uno vivimos la nuestra, y lo que no nos gustaría que juzgarán no debemos de juzgarlo, lo de los cuernos consentidos, lo de las otras y los otros, lo que yo no lo agüantaría, con todo el perdón del mundo, no le importa a nadie, porque no es a nosotros, no es a usted a quien debe o no importar, sino a las personas que están en una relación privada, personal e íntima, y ahí cada uno y cada una debe aguantar su vela, tomar su decisión o hacer de su capa un sayo...lo que prefiera... Buenas noches, un poco de dejar vivir, el Registro Civil para documentos físicos, para los emocionales, con todo el respeto, no es válido...

¿DE VERDAD NOS GUSTA QUE SEAN SINCEROS?...(la contradicción femenina)

Todas decimos eso de "Quiero saber la verdad, no va a pasar nada, pero dímela, porque yo lo entenderé"...¡¡Falso!!... Queremos saber la verdad para montar "el pollo", quizá no sea en ese momento, tal vez en el mismo momento en que se deciden a decirla nos frenemos, pongamos cara seria, de esas que escuchan, que comprenden y aceptan, pero llega un momento en que explotamos, saltamos por los aires igual que la tapa de una olla expres, que diría un amigo mío. No queremos saber, o sí, queremos saber para tener piedras que arrojar. Nos gusta la sinceridad, siempre y cuando, esa sinceridad conlleve que nuestra persona quede en los altares, que seamos únicas e irremplazables e irremplazadas porque, en el mismo momento en que nos dicen algo que nos haga ver que no es lo que queremos, la tapa de la olla se estrella contra el techo, los garbanzos salen aleatoriamente y van a parar a cualquier sitio, golpeando lo que encuentren. Seamos sinceras nosotras: No queremos que sean sinceros... No queremos porque no estamos preparadas para escuchar la verdad, porque se nos bajará del altar, se nos suplirá por otra, sentiremos que no hemos sido únicas, sentiremos que hubo un momento de inflexión en el que se nos sustituyó por otra, y eso no somos capaces de asimilarlo... y si no, toca pensarlo. Eso de "Dime la verdad" suena muy bonito, es perfecto, sobre el papel es lo ideal, pero no es, no es ni ideal, ni perfecto, ni lo toleramos. Nos mentimos nosotras cuando decimos que queremos saberla, mentimos a él cuando decimos que sabremos aceptarla... Yo ya he decidido que no quiero la verdad, ¿para qué?, lo que haya pasado pasado está, lo que vaya a venir vendrá, lo que tenga que pasar pasará, pero si me puedo ahorrar un disgusto mejor, si puedo ahorrarme un rebote, muy de masoca sería querer vivirlo, si con ese rebote se soluciona algo pues se soporta el rebote, si no vas a arreglar nada mejor vive en la tranquilidad de la ignorancia... eso sí, mientras no haya dudas, porque si hay dudas habrá desconfianza, y una cosa es cierta, la duda es peor que la confirmación, aunque si analizamos la situación, una vez aclarada la duda, si esta no es a nuestro favor, a pesar de tenerlo confirmado, seguirá la duda, por y para siempre... ¡Es extraño!, cuando te lo aclaran, te lo cuentan, te lo confirman, se debería de evaporar la duda, pero es el efecto contrario, las dudas crecen más, desconfiarás siempre, te genera ansiedad cualquier sospecha... por lo cuál yo me pregunto: ¿Queremos, realmente, que nos confirmen nada?...
Yo no, yo sigo feliz en mi hinopia, si algo pasa que pase, si me entero ya actuaré, pero a mí, por favor, que no me lo digan, aquel refrán de "Ojos que no ven..." es muy falso, ojos que no han visto, ojos que ya no mirarán nunca con confianza, ojos que sospechan, ojos que han confirmado, corazón que sentirá mucho miedo, mucha desazón y mucha angustia... Por eso, cuando en algún momento digamos "Dime la verdad, que estoy preparada para escucharla" estemos totalmente convencidas de que es así, de que no usaremos esa verdad como daga, para lanzarla en cualquier momento, estemos convencidas de que tenemos la madurez mental y sentimental como para saber que, las cosas pasan, que no hay nada eterno, que si queremos saber, tenemos que tener la convicción absoluta, de que podemos no escuchar lo que queremos... y sobre todo, que podemos descubrir situaciones dolorosas... Y después de todo esto, ahora toca preguntarse "¿De verdad estoy preparada para saber la verdad?"...

16 jun. 2013

LOS SONIDOS DEL...¿SILENCIO?... (llamémosles así).

¡Qué bonito que llegue la hora de dormir!, esa hora perfecta, la que decides en un momento dado, después de dar tres bostezos seguidos en el sillón, desesperezarte y decidirte a cerrar los ojos con una sonrisa de satisfacción. El ritual de la liturgia nocturna, tan poco variado y tan familiar. Limpiarte los dientes, limpiarte la cara, encaminar tus pasos al dormitorio, donde, desde hace un ratito, en tu cama, ese lugar sagrado y sacramental, descansa, placenteramente, tu santo cónyuge... Y ahí se te tuerce el gesto, porque abres la puerta, y justo en ese momento se escucha esa sinfonía inacabada, ritmica y persistente, en que se ha convertido el ronquido de tu cónyuge. Respiras hondo, piensas que con dos toquecitos en el pie todo volverá al silencio ansiado, te tumbas sin hacer mucho ruido, cosa que, si la piensas con lógica, carece de ella, porque aunque en ese momento hubiera un terremoto, tu cónyuge ni se enteraría. Has decidido dormir, aunque tengas que estar toda la noche tambolireando con el pie en la pantorrilla ajena, movimientos estos que cambian a codazos, nada disimulados, cuando han pasado dos horas y la sonata sigue su ritmo, después de que el músico haya cambiado de postura, te haya espetado con toda la poca delicadeza del mundo eso de "A la cama se viene a dormir", conclusión, por otro lado, que olvida en algunas ocasiones... Cuando ya han pasado horas, cuando las paredes se han movido por los sonidos, cuando has escuchado que hasta los pájaros del parque cercano han huido, decides pasar a la acción, le despiertas, sin mala conciencia, sin remordimientos, porque decides que quien debería de tener mala conciencia es tu santo cónyuge, que lleva cuatro horas de sueño eterno, profundo y "roncaril".
Es un misterio, cotejado, comparado y admitido por varias féminas, el por qué los señores tardan segundos en conseguir ese sueño envidiado y envidiable. La mayor rabia es cuando se coincide en la hora de tumbarse a descansar, una saca un tema de conversación que acaba de recordar, comienza su relato, y a la pregunta de "¿Tú que piensas?" te responden con un ronquido... No sé las demás, a mí (con perdón) me han dado ganas, en más de una ocasión de tapar la cara con la almohada, de todas formas soy mujer, soy lista, sé esconder un cadáver y "nunca-más-se-escucharon-sus-ronquidos"... pero no sé por qué, me aflora la paciencia, esa virtud que no sé que tengo hasta que llegan algunas noches. Los varones (el mío) tarda diez segundos, cronometrados, en emitir la primera nota de la sinfonía. Un buen día me atreví a grabarle, porque una se cansa de relatarle sus noches musicales sin que él lo crea, así que necesitaba pruebas fehacientes. Al día siguiente, cuando estaba tranquilo, viendo baloncesto, apagué la tele, convertí mi salón en un estado silencioso, y procedí a que se escuchara... Respuesta "¿Y eso es para tanto?"... Conclusión: He vuelto a los golpecitos sutiles al principio en las pantorrillas, he vuelto a los codazos a conciencia dos horas más tarde... he vuelto a cambiarme de lugar para dormir tres horas después, sigo usando mi paciencia, mirando amistosamente a mi almohada que me susurra, sibilina "Cógeme y tápale la boca, te ayudo a ocultar el cadáver y podrás dormir tranquila el resto de tu vida"... Hay quien dice que una se acostumbra a los ronquidos, supongo que ya llegará mi momento, supongo que veinticinco años son pocos, igual una se acostumbra cuando el sentido del oído pierde facultades...
Nada más molesto que un ronquido cuando estás a punto de quedarte dormida, después de un lapsus de varios minutos solo escuchándo los sonidos del silencio, y sonríes, beatíficamente, la sonata en do mayor ha terminado, y es en ese justo momento cuando hacen su aparición los trombones, justo cuando él se ha dado la vuelta, ha colocado su boca a la altura perfecta junto a tu pabellón auditivo, y la nota musical te cruza el cerebro, te abre un boquete y te destroza el tímpano... Recogida de zapatillas, camino hasta el sofá, acomodar postura, cerrar los ojos y decidir que, cuando son las cinco y media de la mañana, aún te quedan dos horas para poder dormir, porque después de todo, al día siguiente, o a las horas siguientes, él se levantará, habrá olvidado los golpes, habrá olvidado esos exabruptos a la petición (perdida la compostura propia) de "¡Deja de roncar, por el amor de Dios!", habrá olvidado que yo he dormido escasas tres horas, que tengo mal despertar, y que él, siempre, se levanta contento... Supongo que es lo que tiene dormirse con la mecida de un buen concierto, que te levantas encantado de la vida... Y supongo que, muchas amigas (algún amigo también, porque me lo cuenta) sabrá de qué hablo, habrá pasado noches recordando a Simon y Garfunkel, y aquellos "Sonidos del silencio" con los que, encantada de la vida, me podría dormir... Todo sea cuestión de intentar cambiarle la partitura, después de todo, cosas más raras se han visto....

15 jun. 2013

FANTASIAS ANIMADAS ROZANDO LA CINCUENTENA... (reto con Maribel Lirio)

Tengo cuarenta y ocho años, espléndidos, hermosos (hermosísimos si valoramos lo que dice la báscula y el tallaje), cuarenta y ocho años llenos de vida, la vivida, la que me espera, la que deso, la fantaseada, la imaginada, la compartida... ¡La fantaseada!... Todas, a mi edad, hemos fantaseado alguna vez... Que levante la mano quien no lo haya hecho, porque se habrá quedado huérfana de sensaciones personales, íntimas y profundas que le pertenecen. Cuando una es joven, normalmente, fantasea poco, no me refiero a la cantidad de fantasías, sino a la calidad. Vamos a centrarnos en las fantasías sexuales o sensuales, o sentimentales, o esas de locura total, de evasión sin límite. Esas fantasías tan de moda, que aparecen escritas, relatadas, contadas y vividas por otra persona, mujer normalmente; yo me pregunto por qué los señores escriben menos sobre esto, quizás es porque ellos han tenido acceso a cumplirlas, siempre ha bastado con pagarlas, últimamente las mujeres también. Algunas... Otras señoras, ya a mi edad, rozando el medio siglo, con mucha vida, con mucho oído, con mucho leído, saben que una fantasía narrada en un libro, impresa y contada, suele ser irreal, impersonal, ficticia... Precisamente esta tarde, hablando con un buen amigo, de esos a los que no te importa contarles una fantasía, le decía que cuando se escribe sobre sexo ni se siente ni se padece. Porque, amigas mías, digamos lo que digamos, pero sobre todo leamos lo que leamos, el sexo está para vivirlo, no para que te lo cuenten en quinientas páginas, porque va mucho más allá, es mucho más, el libro se cierra, y no es mentalmente sano tener que recurrir a las escenas leídas para llevar a cabo lo que se desea. Más que nada porque cada mujer debería desear por ella misma, no por lo que le cuente la escritora erótica de turno. Yo, naturalmente, he tenido mis fantasías sexuales, todas las hemos tenido. Que levante la mano quién no lo haya hecho... porque se estará perdiendo en algún vericueto de difícil examen. Todas hemos soñado, deseado, suspirado y pensado en una fantasía, desde Julia Roberts a Cenicienta...¡¡Todas!!... Por supuesto yo no voy a contar las mías, porque, por suerte para mí, yo las he cumplido. Tal vez por eso no necesito encerrarme en el baño (como cantaba una Chirigota de Cádiz) para leer ciertas cosas, principalmente porque, a mi edad, no necesito esconderme, porque sé que la historia que leo es ficción, creada y recreada para un fin concreto, sea llegar a ser un superventas, sea llegar a ser un "pelotazo" económico, pero desde luego, nunca habrá sido creada para hacerme vivir a mí mi fantasía... Tengo casi cincuenta años, creo, sinceramente, que a esta edad se pueden seguir viviendo y cumpliendo fantasías, que se siguen teniendo, porque si no fuera así todo sería aburrido, creo que en el ámbito de una pareja, sea del tipo que sea, el sexo será siempre un pilar muy importante, que cuando se tambalea, cuando se derrumba, se cae una gran parte de la consistencia del edificio, puede que sea lamentable, pero es así. Porque ahora, con nuestra calidad de vida, cincuenta años no son nada, cincuenta años te dan para abrir puertas, abrir la mente, pedir, solicitar, vivir, imaginar, desear... Cincuenta años dan para fantasear hasta los límites que dos adultos pongan, pero límites reales y personales, los límites propios, los que se crean en la intimidad de una habitación y de una relación... Todo es válido cuando se acepta, cuando se asume y cuando se desea. Lo que ya no considero válido es el tener que vivir fantasías ajenas en la página de un libro, porque empobrece, los libros están para vivir una historia que llegue al alma, que te cuente y narre hechos verídicos, que te ilusione o te refleje, nunca para que vivas algo tan íntimo como lo sexual porque no se pudo vivir... Tengo casi cincuenta años, mis ganas no diré que están intactas, pero tampoco que han sufrido un gran deterioro, soy más selectiva, soy mucho más directa, soy hija de mi generación, he sabido huir de mojigaterías y de tabúes impuestos. Creo que he crecido... Mis fantasías son mías, propias, compartidas con quien debo o quien deseo o quien escojo, que no tiene porque estar todo englobado en lo mismo... Un tema peliagudo, un tema natural, hablar de sexo es algo tan normal como cotidiano, nos seguimos ruborizando al hacerlo y olvidamos que compramos a "mogollón" (perdón por el palabro) libros eróticos, que luego comentamos entre risitas y entre vergüenzas disimuladas... ¡No!, de sexo se habla abiertamente, reconociendo las necesidades, ya se fueron los diecisiete, ya somos adultos, ya pensamos, amamos, deseamos... hemos adquirido con los años la experiencia y la capacidad de saber qué nos gusta, qué no, qué queremos hacer y que nos hagan... Así pues, lo dicho: Tengo casi cincuenta años, y sexual o sensualmente, me siento totalmente realizada... Buenas tardes, un buen libro, del erotismo, de cómo vivir el mío, me encargo yo...

14 jun. 2013

VACACIONES FELICES...(al menos movidas)

En una semana tenemos vacaciones... Perdón, rectifico, en una semana mi peque tiene vacaciones. Es ese espacio de tiempo finito, que cuando ha superado la segunda semana se nos hace eterno, conllevan las vacaciones el caos total en casa, tanto de horarios como de tareas, actividades varias, idas y venidas por el pasillo golpeando balones, un triciclo ronroneando de una habitación a otra y la locura total... Yo comprendo, perfectamente además, a los profes, esos santos y santas que, cuando llega el quince de junio ya han rezado a San Antonio y San Juan, que es el siguiente, y saben que para San Pedro ellos, los profes, tendrán una sonrisa de oreja a oreja, porque la realidad pura y dura es que los críos, los pequeños y los mayores, se han pasado calibrando su paciencia durante nueve meses. A las mamás nos comienza a entrar la comezón a primeros de Junio, contamos los días, yo he comenzado una terapía de asimilación del tema, me he hecho propósito de la enmienda, he decidido que, durante tres meses tampoco hay que estar con el paño en la mano, que tampoco es tan importante la alineación de las sillas, y que una camiseta (o muchas) estén encima de la cama es soportable, siempre y cuando eduques a tus ojos para no verlas... Ya se sabe, ojos que no ven, camisetas que no existen... Me he mentalizado a que tendré pinche de cocina permanente, ayudante para tender, para colocar ropa, tendré un Pepito Grillo que me recuerde "Eso no se dice" cuando se me escape uno de esos palabros poco apropiados, cuando ya la paciencia se ha ido escaleras abajo, huyendo despavorida, y te queda la desazón y la impotencia que te persigue por toda la casa... Estamos de vacaciones... Una semana y la Tercera Mundial se habrá instalado en casa, en parque, en compras... Desearé más que nunca retirarme a un monasterio de clausura eternamente, desearé más que nunca ser el Mudito de Blancanieves, y desearé que llegue Septiembre, y no comprenderé esa manía de dar tantas vacaciones. Prometo meditar sobre el trabajo de los docentes, prometo admirarles profundamente, prometo tener en cuenta su capacidad de sufrimiento, pero por favor, que las hagan más cortas... Ahora llegan las Escuelas de Verano, donde les "aparcamos" por las mañanas, al menos para hacer al galope las camas, sin necesidad de tener que estar enmendando la almohada porque él decidió colocarla "mejor", preparar la comida sin necesidad de vigilar cuchillos, tijeras y todo lo que pueda ser cortado, roto o partido... Comprar a la velocidad del rayo, porque si esperamos a que esté él enano el carro se va llenando de chuches, galletas, zumos, se despista en el super, se esconde por los pasillos, sales a la calle con los cuarenta grados de rigor, más los treinta y ocho que llevas encima, a pique del colapso...¡Que bonitas son las vacaciones!... Eso sí, luego llega la tarde, cuando refresca, toca turno de parque, reunión de madres, discusiones sobre ropa, notas, curso próximo, libros varios, lo listos que son los niños, el mío que todavía habla mal, sin preocuparme siquiera, soy ya muy mayor para eso, columpios, carreras de bicis, patadas de balones, perritos que pasean, personas mayores que también pasean, esquivando bicis, esquivando balones, esquivando perritos y esquivando globos de agua, enanos desperdigados y alocados... ¡gloria bendita!, las madres charlando, de vez en cuando oteando el horizonte, de vacaciones, recogiendo cuando ya es noche a los polluelos, meterlos en la centrifugadora después de un prelavado... y al día siguiente igual... Pues sí, en una semana nos esperan unos días muy completos, por no hablar de los desplazamientos a piscinas y playas, que dan mucho de sí, pero eso ya es otro tema... Disfrutar de las vacaciones, que los profes disfruten, porque como diría Terminator, en Septiembre volverán... y lo harán en plan salvaje después de un verano sin demasiados límites y con toda la energía de sus años... Feliz tarde, voy a seguir mentalizandome, que esto lleva su tiempo...

13 jun. 2013

EL PRIMER BESO...(un recuerdo bueno o malo, según se mire)

Voy a hablar en femenino en esta ocasión, más que nada porque una es mujer, conoce los sentimientos de su sexo y género, ignora muy mucho los de los varones, y mucho más en aquella edad, de la prehistoria mía, en que sucede el primer beso... Ha llovido a cántaros desde entonces, pero hay que reconocer que las mujeres, (algún varón habrá también) recordamos siempre el primer beso. Yo hoy, haciendo un poquito de esfuerzo para superar la vergüenza, recordaré el mío y lo mezclaré con otros contados, porque he descubierto que los pasos suelen ser los mismos, y es que nada mejor que tener la consciencia de que todas las de mi generación pasamos, más o menos, por el mismo trance. Como todas las mortales, yo también tuve un noviete, de esos de los diecisiete, que un buen día se decide a besarte, una sabe que va a llegar ese momento, no fuí yo muy de besuqueos, educada en la fé católica, apostólica y romana, me hicieron creer aquello de "el buen paño en el arca se vende" y que los chicos se divertían con las fáciles y se quedaban con las decentes... y yo me lo creí, naturalmente, porque aunque rebelde solía "coger de la abuela el consejo"... Mi noviete, hormona andante, como todos los novietes a esa edad, se pasaba el día entre intentos vanos, acercamientos varios, retrocesos muchos y mucha paciencia. Yo le insistía una y otra vez en que "eso tendrá que esperar" y ofrecía mi casta mejilla, mis amigos, los de entonces, saben que aquello me sirvió, por parte de mi chico, la frase que daba título a una película de aquellos años "Encarni es casta, Encarni es pura, Encarni es casta y pura", y el pobre mío se volvía a su pueblo, a su casa, con un calentón profundo, y yo seguía como Tarifa, inexpugnable... Hasta que, claro, llega un día en que se celebra una fiesta, en que sabes que va a pasar, te preparas, te entran las dudas y todas esas cosas que le entraban a una chica de diecisiete (mi primer beso, tengo que reconocer que me pilló ya mayor-risas-), porque aunque ninguna lo reconociéramos, nosotras también teníamos hormonas, por mucho que las negáramos a los ojos de Dios y de los hombres. En las fiestas de instituto solían ocurrir los hechos que daban lugar al beso, al primero, el que una chica siempre recuerda, y aquello conllevaba una serie de pasos. Se comenzaba con un tomar algo, el muchacho, caballeroso, iba a la barra, te acercaba tu consumición, por aquel entonces la consumición de la chica sin alcohol, la del chico "con" por supuesto, porque ellos eran muy duros, muy mayores y muy machos, y nosotras damiselas sumisas, risueñas y expectantes al próximo paso. Conversación entre risas, algún toqueteo en las manos, un brazo por encima del hombro, un casto beso en la mejilla, para dar paso, desde la cabina de sonido, a la música lenta... El pistoletazo de salida, te preparabas (yo me preparé), respiras hondo (yo respiré), te vas a bailar a la pista, te abrazan, salen las hormonas, (más que nada porque se notan) y se empieza a visualizar en la mente un beso, de esos de cine, espectaculares, porque supones que sabes besar, aunque no lo hayas hecho nunca, y supones que el otro también sabe, y te consta que él lo ha hecho más. De repente te besan el cuello, te sube un calor que, sino fuera porque es imposible a esa edad, se diría que es sofoco menopausico, y te preparas, porque es la tercera canción lenta y sabes que el recorrido va a terminar en tus labios, se desea que así sea, pero por supuesto eso jamás se va a admitir... A mí me dieron mi primer beso de forma estupenda, tengo que reconocerlo, es decir, que exceptuando los nervios sentí más bien poco, o mejor dicho, un poquito de asco, para que mentir, luego ya te acostumbras y te gusta, pero también es verdad que te gusta porque aprendes, porque olvidas que es el primero y porque descubres que tampoco era para tanto, que se trata de divertirse besando, de tranquilizarse y de disfrutar... Hace unos días recordábamos, aquel noviete y yo aquellas fiestas, nos reíamos mucho, lo que tiene la edad es que ya se puede hablar de todo sin sentimiento de culpa, ni remordimiento, ni tapujos ni tabúes. Le pedí permiso para contar el primer beso, y me lo dio, me decía que sería estupendo que lo contara, pero que no olvidara decir que le costó meses conseguirlo, que él también estaba nervioso, porque, según parece, cuando una plaza es inexpugnable la victoria se disfruta más (muy guerrilleros ellos, como siempre). Cuando pasó mi primer beso me quedé mirándolo con la interrogante en los ojos de "¿Ya?", esa interrogante que luego, a lo largo de nuestra vida femenina, nos acompaña de vez en cuándo... ¡Eso era todo!... Aquel intercambio de saliveo era lo que los curas, en los ejercicios espirituales durante mi internado, catalogaban de "actos impuros"... bueno, opiniones hay varias, a mí aquello me pareció de todo menos impuro...
Hoy las cosas han cambiado, no sé si en ese sentido para bien o para mal, siempre hubo quien no dió importancia a ciertos momentos, pero lo que si sé es que la ilusión de entonces se ha perdido, quizás debería de matizar, porque no todas lo viven de la misma forma, no es lo mismo haber comenzado pronto y tener bastantes labios comparativos, que haber empezado un poco más tarde y delimitar bastante el mercado, pero a veces, o siempre, cantidad y calidad no van unidas, es preferible tener uno bueno para recordar que mil varones que solo engrosan la lista... Las chicas de hoy han aprendido rápido, no sé si eso es bueno, porque las mujeres hemos copiado lo que siempre consideramos defectos masculinos, seleccionan poco, todo vale (generalizando), suelen vivir deprisa y cuando llegan a los diecisiete, desde luego, lo que no suele ocurrir es que den su primer beso... Pero el mío fue bonito, y ahora, después de poder conversar con el besucón noviete, sé que para él también, siempre es bueno, pasados los años, recabar información sobre fechas (para subirte el ego y saber que te recuerdan), poder contar con presencias que fueron importantes, que aún lo son... Los recuerdos del primer beso siempre estarán en el alma de mujeres de mi generación, porque vivimos diferente, sin la castidad extrema de nuestras madres, ni la libertad, un poco extrema también, de nuestras hijas... Creo que encontramos el término medio, descubrimos a chicos estupendos, que nos dieron nuestro primer beso, que nos hicieron ver que el mundo no se convertía en la hoguera del infierno, y nos derribaron creencias un poco trasnochadas...
Mi reconocimiento a esa generación, a las mujeres entre cuarenta y cinco y cincuenta y cinco años, las que fuimos y las que somos, las que nos reímos recordando y contando nuestro primer beso, que, por ser el primero siempre tendrá un lugar especial, como sucede con todas las primeras veces. Y un recuerdo a aquellos chicos pacientes, que sabían que sus hormonas funcionaban más rápido, pero que supieron esperar, porque la niña a la que querían besar bien valía una misa....

12 jun. 2013

"CONVIDADOS DE PIEDRA" QUE NO LO SON TANTO...

He estrenado móvil, por esas cosas de término de portabilidad, de pensarte que estaba obsoleto y que mi número más público tenía que tener más herramientas, porque el privado, el otro número secreto para la gran mayoría las tiene, así pues cambié de móvil. Y lo probé está tarde, descargué las aplicaciones modernísimas, esas que son imprescindibles, Lin, Whas, Viber, y demás etcéteras, que luego no usas nunca pero que visten mucho. Para comprobar su funcionamiento me decidí "guasear" (perdón por el coloquial vocablo) con un amigo, de esos con números secretos también, con los que se pueden mantener conversaciones sin demasiado "golismeo ajeno" (que decimos por estos lares) y charlamos sobre un artículo que mi amiga Luisi puso en su muro, sobre los "trolls", un artículo de lo más cierto, de lo más fiel, que refleja la realidad de las personas sin vida, esto es, de las personas que, careciendo de una vida plena propia tienen que abastecerse de vidas ajenas, incluídas suposiciones varias sobre la persona escogida. Hablaba yo de que tanto él (mi amigo) como mi propio ser, conocíamos algun "trolls" y de repente, yo recordé que comenté a Luisi que existían los "comparsas". En cierta ocasión dije que no me gusta ser comparsa, el comparsa ni vive ni opina, solo acompaña, se acerca al sol que más calienta y se deja influir por las palabras del "trolls", las que, de repente, le hacen ver que ambos tienen un enemigo en común, y que ya puestos, aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, vamos a unirnos a la causa, aunque se trate de despellejar a alguién, sin motivos, o al menos, sin comprobar que lo que nos están contando es cierto. Los convidados de piedra, que no lo son tanto, ya que, con sus risas, con sus aplausos, con sus vilezas soterradas, animan al "trolls" a seguir difamando, inventando, creando y recreando incluso historias falsas, falacias tales que, de ser escuchadas por el inocente escogido, podrían ser motivo de denuncias, de juzgados y de indemnizaciones, por menoscabar y menospreciar la dignidad personal... Me decía mi amigo, que me conoce desde hace tantos años que lo hemos olvidado, que los "trolls" se captan enseguida, basta con que el interlocutor conozca un poco mejor que él a la inocente presa de sus críticas, para comprender que le están contando "una de vaqueros", los convidados de piedra sonríen, los que no son de piedra escuchan, y luego, como son honrados, llaman a la víctima y les advierten un poco, que una cosa es hacer un comentario y otra muy distinta atentar contra el honor... Los convidados de piedra son aquellas personas que encuentran en las palabras hirientes lanzadas contra el enemigo común, el perfecto motivo para risas, lo peor es que suelen tomar consejos equivocados, en su afán de seguir su lucha, su gesta personal, confían demasiado en que, lo que ellos hacen, solo es escuchar, pero olvidan que, igual que ellos son ahora convidados de piedra, oyentes risueños, hubo otros que lo fueron antes, y quizás fue su persona, la que ahora el "trolls" busca como aliada, la que fue vilipendiada, su vida la que se expuso ante otros oídos, y las risas lanzadas las que lanzaron contra ellos. Mi amigo me contaba todo esto, parte común de los dos, parte individual de cada uno, parte compartida, porque lo que tienen los amigos comunes es que también suelen tener enemigos comunes, "trolls" varios y convidados de piedra, también varios, a los que una negación, una indiferencia, un olvido, les hizo crecerse como Colosos en llamas, pero cobardes ellos, porque su situación no les permite hacer o decir según qué cosas, confiaron en el "trolls" de turno para que las dijera por ellos... Eso sí, al convíte del insulto fueron invitados, al de la broma, al de la vejación, al convite de medio pelo también... Y se dejaron seducir por cantos de sirenas o sirenos, que les hicieron creer que eran lo mejor del mundo mundial, que el gran terror que amenaza el mundo es otra persona, y que por lo tanto, se deben de unir por eso de que "la unión hace la fuerza"... Ignorando que, a veces, las víctimas se hacen fuertes, se hacen tan sólidas que los convidados, por muy de piedra que sean, rebotan... Dejaba hablar (mejor dicho, escribir) a mi amigo, que le cuesta mucho, que siempre me dice que él no estudió administrativo, que siempre me dice que deje que acabe las frases porque sino no tendrán sentido, y para poner el colofón a una charla amena durante un buen rato, llegamos a la conclusión general resumida en el rico refranero "No ofende quien quiere, sino quien puede", a lo que yo le contesté que "La mejor bofetada es la que no se da"...

Hay tardes intensas, de esas en las que, sin saber porqué te encuentras charlando sobre algo que no tenías previsto, más que nada porque con él siempre se tocan temas distintos, pero reconociendo que es bueno hablar de todo, conocer opiniones, saber de esos convidados, que como tales, se van apuntando, poquito a poco, a convites varios, para que se sepa de su presencia. Saber que hay "trolls" cercanos que andan ávidos de saber, porque, de lo contrario tienen que imaginar y suponer, cosa que puede ser muy divertida, ya que en el fondo, nadie daña a otro sino se deja dañar, si quien importa conoce el percal de ambos dos: víctima y "trolls"... y sienta muy bien mantener la intriga, mantener las dudas, nada más excitante que saber que se sabe sin que nadie más sepa... Dejar que el mundo siga, seguir en un mundo de calma, de complicidad, admitiendo el desgaste que puede suponer tener un "trolls" en tu vida, con su correspondiente "convidado/a de piedra", porque en definitiva, hay una edad en que se sabe quién es quién y en qué punto está cada uno... La pena es que haya quien todavía está buscando el punto suyo, no lo encuentre, y tenga que hacer parada y fonda en puntos y en vidas ajenas... Buenas tardes. Por cierto, mi móvil funciona de maravilla, agradezco a mi amigo Paco la sugerencia de que escogiera ese y no otro, comprobado está que va como la seda... A seguir disfrutando del verano, que, como dice la canción, ya llegó...