30 oct. 2013

YO ERA GUERRERA... (Recuerdos de una niña rebelde).

A colación de un comentario con una amiga, sobre aquellos juegos masculinos, sin saber por qué, me trasladé a mi infancia, a esa que la mayoría recordamos de forma nostálgica, que está llena de momentos, de rostros familiares, de olores entrañables, de recuerdos que se quedaron en nuestro corazón de niños, ese que nunca creció, que se quedó infantil siempre. Yo recuerdo que era una niña guerrera, de esas rebeldes, de esas que contraatacan, de las que imponía sus criterios, y además, para que negarlo, hacía valer mi dulzura cuando la situación se me escapaba a la fuerza. Un día recordaba mi querido Miguel, mi primo del alma, las situaciones que le hice vivir, cuando la edad traumática de la infancia no dejaba resquicio para la lógica. Yo era de las de "Conmigo o contra mí", cuando algo iba mal y veía que no podía con lo que se planeaba lanzaba mi llanto desconsolado, esas lágrimas sentidas que nacían en un plis plas, mi tío o mi padre asomaban serios su rostro por la puerta, preguntaban el motivo del llanto, yo, con ese dedito acusador inocente y maquiavélico, señalaba a Miguel, él, ¡pobre!, negaba hasta la saciedad, pero la reprimenda no se la quitaba nadie, de vez en cuando un pescozón de aquellos de "a la proxima que la niña llore será peor" y mi sonrisita triunfal, eso sí, cuando los adultos habían abandonado el espacio desde el que podrían descubrirme. Mi primo me lanzaba la mirada asesina que no asesinaba, y yo, para rematar y terminar con la discusión, ejercía mi derecho, le daba otro pescozón y me quedaba feliz y contenta... ¡¡La crueldad infantil!!... O la fuerza del sexo débil... Una de dos... Yo ganaba a las canicas, al quema, al aro; yo decidía a qué se jugaba, cuándo y cómo, ponía las normas, las hacía cumplir a los demás, y para mí firmaba una especie de bula invisible que me salvaba de guardar turno, de pedir la vez y de irme a la "cárcel" en el juego de La Oca... ¡¡un ejemplar!!... Claro que, con el tiempo, la niña comprende que le tiene cierto cariño a esas personas a las que, de vez en cuando, obsequia con su dictadura, y decide que es el momento de ceder... Y cede, y llegan los deberes escolares, algo más serios que el juego de La Oca, y entonces, yo, que en el fondo era buena, decido contrarestar los pescozones ayudando un poco...o un mucho... Me convertí en la "escribana" de mi pobre primo (ya no tan pobre), le dejaba copiar, le chivaba en algún exámen, le hacía algunos trabajos, ocultaba algunas notas que no eran de todo deseables...y expié mi culpa...
Ahora, cuando ya somos maduros, cuando han quedado atrás los años infantiles, cuando recordamos, nos centramos más en la juventud, ahora ya, repasando historias y momentos, me encuentro con que fui obediente, con que superé el afán de dominio, con que mi primo siguió a mi lado, aconsejando, escuchando, sosteniendo, y yo a él, al chico que aguantaba los pescozones porque me dedito le señalaba, al que copiaba mis tareas y escuchaba mis susurros en pleno examen, al que me advertía sobre chicos porque yo no tenía ni idea de cómo se movían sus hormonas. Y ahora, todavía, cuando recuerda el dedito y el pescozón, me recuerda que todavía siente un escalofrío cuando le señalo con un dedo, que el trauma no lo ha superado, que me tiene "miedo", y nos reímos... Porque las chicas, esas niñas dulces, con lacitos, con calcetines, las que sabíamos usar el llanto y la dulzura de una mirada cuando tocaba, hemos crecido, ya hemos pasado por el tacón de aguja, por la minifalda, por el pantalón pitillo, y ahora vestimos como nos gusta, como estamos cómodas, hemos superado el límite de ser guerreras para ser apacibles maduras, que vivieron una época llena de cambios, que pasaron de la timidez aprendida a encarar la vida de frente, que hemos educado, que hemos visto como nuestras hijas también usaban nuestras armas, como nuestros hijos eran diana de deditos infantiles de niñas dulces... hemos sido "cocineras antes que frailes", y hemos aprendido a seguir guerreando para conseguir nuestro lugar... Yo era guerrera...sigo siéndolo, pero ya, ahora, sé que la mejor forma de luchar es usar el dedo para rozar un rostro, usar el llanto para desahogar el alma... y seguir ayudando en las tareas y "soplando" las respuestas correctas en los exámenes...

29 oct. 2013

LAS SILUETAS INVISIBLES... (Poesía)

Lacerada el alma con dardo de angustia,
el dolor inmenso que cabe en mis manos,
la pena en los ojos, cuajados de agujas,
el mar desbordado, la hoja en el viento,
el viento cansado, negro firmamento,
tranquilos mis labios
que fueron sellados,
que son silenciosos y no dicen nada.
La extrema tristeza, el duro cemento
que enlosa mi boca y tapa mis palabras.
Las aguas de un mar que se agita dentro,
que dentro se queda, que dentro se calma,
palabras sencillas de sencillas gentes,
las sombras que besan, las sombras que abrazan,
que aunque no las veo las siento a mi lado,
que me dan el aire cuando a mi me falta.
A esas voces dulces, a esas manos suaves,
para las presencias que nadie sospecha,
presencias serenas, presencias tranquilas,
que cogen mis riendas y enfilan mi vida.

Las siluetas invisibles de quien da alegría,
de quien sin saberlo te regala un día
repleto de horas, repleto de ansias,
lleno de esperanzas, lleno de sonrisas.
Tranquilas las aguas, pasó la tormenta,
pasó la zozobra y pasó la duda,
y pasó la vida... y quedó la espera,
queda dar las gracias por la gran ayuda
de las sombras largas, las que nadie ve,
las que me acompañan y las que me miman,
y las que me dicen que el día que pasó,
fue tan sólo un día,
que la vida es larga, que el camino es lento,
la mayor virtud la que llevo dentro,
la que nadie ve, la que yo mantengo.
Gracias a las sombras, que con su presencia
me hacen saber que la vida existe,
que la vida es risa para quien camina
con siluetas hechas de junco y de mimbre.


Foto de Bernardo Roa (Gracias por esta foto, Bernardo).-

28 oct. 2013

TE TENGO EN MIS MANOS... (Relato).

A veces, las casualidades, de repente, te dejan abierta una ventana que desconocías que estuviera. Belén había abierto aquella mañana la ventana, se había convertido, sin esperarlo, en una de esas espías domésticas que sueltan un "¡Te tengo!" cuando en su vida se ha instalado el caos momentáneo que da lo desconocido. Su amiga María le había enviado aquel juego inocente, en el que, sin saberlo, se iba a colocar entre un listado de fotos y nombres alineados y coloristas...y desconcertantes. Se vio metida en una página de contactos, de esos que buscan "amistad y lo que surja". La tarde de antes discutió con Roberto porque él tuvo un descuido imperdonable, de esos que rozan el límite de la ruptura, y ella fue centro de insultos varios a través del móvil, vía sms, de indirectas irónicas vía ordenador, y se sabía centro de burlas y comentarios en algún café robado a la mañana. No conocía aquella página, sabía que se llamaba Badoo, y que su foto estaba allí... pero, sorprendentemente, al pinchar sobre el enlace saltaron, una tras otra, las fotos de todos sus contactos, todos y todas las que alimentaban aquella página desconocida e intrigante. Por el conocimiento personal de algunos de ellos supo enseguida que se encontraban allí víctimas de la misma carambola que había jugado con ella... pero había un nombre, había un rostro, aquel que la había insultado, la que le había lanzado indirectas, la que había dicho que no tenía vergüenza por estar liada con su marido, poniendo en mayúsculas la palabra marido...
"¿Qué hacía Montse en aquella página...?" investigó, le pudo la curiosidad y se armó de paciencia, una paciencia infinita para, día tras día, visitar el perfil de Montse, preguntó, indagó cómo podía tener acceso, "Hazte un perfil masculino", le sugirió su amigo Julio... y lo hizo. Se creó un perfil varonil, afincado en la zona geográfica que Montse demandaba... Montse que estaba en aquella página, en aquel Badoo desde el 2009...
"¿Roberto sabía algo de aquello...? ¿su MARIDO conocía el perfil de su mujer en Badoo...? ¿Tenía conocimiento de que desde hacía tres años su mujer chateaba por esos lares cibernéticos buscando "amistad" masculina...? ¿Tan pocos amigos masculinos, de esos de siempre, los leales, los honestos, los fieles, tenía Montse para recurrir a una página de contactos...? ¿O es que era consciente de las infidelidades de Roberto, mucho antes que la mía, y quería vengarse de aquella manera...?"

Belén marcó el número de Roberto, lo hizo meses después, cuando comprobó que Montse, a lo más en un plazo de dos días, tenía actividad en aquella página... Cuando le envió un mensaje camuflada en el perfil creado, cuando le contestó ella, cuando confirmó que, puestos a insultarla, Montse no tenía la talla moral para hacerlo, puestas a lanzar indirectas, de esas que a las mujeres les gustan tanto vía redes sociales, tampoco tenía derecho...¿Quién era Montse, que mendigaba amistades masculinas, que reclamaba las obligaciones de fidelidad de su marido, para cuestionarla a ella, para amenazarla, para criticarla...? Belén sonrió triunfal cuando fue descubriendo, lentamente, sin prisas, que tenía enfrente a una mujer despechada, le dolió comprobar el grado de indignidad femenina que se puede conseguir cuando, con la negrura de la conciencia, nos permitimos el desprestigio de los demás... Belén esperó que el teléfono diera unos tonos, escuchó la voz de Roberto. Le cogía en mal momento. Serán sólo unos minutos:
- ¿Tú sabías que tu mujer está en una página de contactos?
El silencio detrás del teléfono. Belén se hinchó de orgullo personal por lo comprobado:
- No, pero ahora ya lo sé, porque si has sido tú la que lo ha comprobado estoy seguro de que lo has hecho bien...
- Lo hice tan perfecto que hasta yo me sorprendo...¿tú no te sorprendes de esto?
- ¿De qué, nena?
- De que ella se atreva a cuestionarme cuando lleva tres años buscando amistades, según ella, en una página de contactos...
- Puede hacer lo que quiera -se hizo una pausa, no habló Belén, esperó y tuvo la respuesta que sabía que era-, esto es fachada, te lo he dicho mil veces, todo es fachada de cara al exterior, dentro ella sabe lo que hay, se cumple como un trabajo más, me cuesta horrores hacerlo, se hace lo que se tiene que hacer, pero sabe que mis silencios, mis pensamientos y mis momentos no son de ella... y tú también lo sabes...
- No sabía esto de la página, pero ahora juego con ventaja, porque ya, cariño, sé que cuando ella sonríe contigo, cuando habla de amor, de las relaciones tan sólidas, de sus estructuras familiares perfectas, sé que no es nada, no existe, y eso me da un poder increíble, me da el poder de copiar la página, copiar el perfil y ponerla en su lugar, a vista de todos...
- ¿Cómo te has enterado tú?
- Porque por una carambola, un juego que envió María, me vi metida de lleno entre esos perfiles, fue cuestión de variar situación geográfica, de crear un perfil masculino...-pensó que debía de dar más explicaciones-, estamos un buen número de conocidos ahí dentro, pero nadie tiene actividad reciente, yo sí, yo he intentado indagar, y lo he conseguido... pero una mujer que durante tres años está en esa página, no es de forma involuntaria, y si durante un mes tiene actividad frecuente tampoco... por cierto, su ex cuñada también engrosa esa lista...
- ¿También...? Bueno, de ella no me sorprende demasiado...ni de Montse tampoco, puede ser una forma de afirmar su autoestima, la tiene muy desplomada últimamente...
No se rieron, no hubo bromas, no hubo ni el más mínimo deseo de despedazar a nadie... Belén suspiró, le había tocado en suerte, en aquella ruleta, aprender a vivir con los silencios a sufrir los desprecios, a ser la parte culpable, a ser la "mala" aparte de "la otra"... pero ya no había lugar, porque ahora, con todo aquello, sabía que había muchas "otras", las que en las cavernas de su vida ocultaban bajo piedras sus hechos y sus actos. Esperó la voz pausada de Roberto, su despedida, no tenían más tiempo. A eso también se había acostumbrado Belén, a luchar contra el tiempo, pero se había situado tan bien en el campo de batalla que arañaba los segundos mejor que nadie:
- Adiós, nena, te tengo que dejar, luego quedamos y hablamos otro poco... y gracias, porque ella no lo sabe, pero acabas de darme un arma tremenda para usarla cuando deba... Te quiero y lo sabes...
- Tú también...hasta luego... Después de todo no es tan lista...y habrá "listos y listas", pero ella también forma parte de ese entrecomillado, porque tampoco lo ha sido... Besos, cariño, hablamos luego...
Colgó el teléfono... Miró una foto de ellos, aquella que se hicieron en la visita de él, la noche de un paseo tranquilo, cuando Belén, como regalo sorpresa, le entregó el primer amanecer juntos... Suspiró, miró hacia fuera, el invierno se acercaba, un cielo gris amenazaba lluvia, vio su imagen reflejada en el espejo del salón y sonrió... "Después de todo, Montse, no has sido tan lista"... cerró los ojos y sintió que se le alegraba el día....

26 oct. 2013

ME QUEDÓ EL RECUERDO... (En recuerdo a mis abuelos)

Mañana es veintiseis de octubre... No, hoy ya es veintiséis de octubre... Era el año mil novecientos ochenta y tres, era un día soleado, fue un día soleado, con el frío otoñal propio de los montes, el que, en aquellos años de normalidad climatológica, llegaba a finales de septiembre... Hacía una semana que habíamos vuelto de la vendimia francesa. Mi abuelo Jacinto no estaba bien...aparecí por el fondo de la calle, no me esperaba, sentado en su silla de anea, con aquel extraño mal que se le había instalado dentro desde el verano, que no se sabía qué era, pero no le dejaba tranquilo. Y me abrazó llorando, y yo le dije que ya había vuelto, que ya estaba allí y que todo estaba bien. Y él al oído me respondió "Menos mal que habéis venido, porque no estoy bien"... Y aquella noche, siete días después, mi abuelo se me fue. El abuelo que me contaba cuentos, que me hacía acompañarle a buscar agua, que me defendía de los enfados de mi madre, que se quitaba la gorra cuando televisaban la misa, que excusaba a mi abuela y sus eternos rosarios con aquella frase con la que me reía "Es que adornan el rosario, niña, le rezan a todo el santoral"... El abuelo que me vio llorar por que rompí con mi primer noviete, que con sus leves movimientos de cabeza profetizó lo de "Otro vendrá que te querrá más"... El hombre prudente, el hombre callado, el que "soportó" a mi abuela, tan exigente, con aquel genio de hembra curtida. Mi abuelo Jacinto se me fue una noche, camino de casa, porque en el hospital ya no podían hacer nada, y el camino de vuelta lo engulló, y no pudo ver a su niña, como me llamaba, ni su niña le pudo decir adiós... Octubre me llenó de despedidas la vida... la de mis dos abuelos, el veintinueve, casi yéndose ya, se llevó a mi abuela, en el mil novecientos noventa y dos... Pocos días y unos pocos años de diferencia... Mi abuela, que decidió marcharse en silencio, igual que él, unos días sólo para que supiéramos que su carácter se apagaba, que sus exigencias ya no estarían, que aquellas comidas que cocinaba con pocos medios y mucha magia ya no serían más, la abuela que me acostaba entre ella y mi abuelo, cuando todavía no estaban las normas sanitarias tan extremas, y los niños nos metíamos en las mismas camas que los mayores, en colchones de lana mullida por ella, en cámaras que hacían de dormitorios; mi abuela que me enseñó a rezar por las noches, que me hacía mi trenza cuando mi madre no estaba, que acudía al colegio a recogerme porque la aceituna me privaba, por unos días, de la presencia de mi madre... La misma abuela que me vio salir vestida de novia, que me dijo que ya nada volvería a ser lo mismo en mi vida... Mis dos abuelos... los dos se me fueron en octubre... Octubre da sus últimos coletazos, y con él se lleva los recuerdos de otros años, de otros momentos... Octubre que me trajo la noticia de que mi padre se me iba, que me hizo fuerte en aquel viaje de vuelta, sabiendo que tenía que prepararme para el adiós más doloroso vivido hasta ahora... Octubre cruel, que no entendía de deseos imposibles... Hoy ya es veintiseis... Ni un sólo año olvidé este día, porque este día se me fue mi abuelo, porque tres días después dejé a mi abuela dormida para siempre, y yo no estaba tumbada con ella, como lo hacía de niña... He llenado mis despedidas de minutos otoñales en octubre... Ahora ya, con los años, sé que me quedó el recuerdo, que eso nadie me lo podrá arrancar jamás, sé que fueron míos y yo fui suya, su niña, y ellos fueron ejemplo y ternura en manos trabajadas, en paciencias domadas por mis caprichos... Se va octubre, hoy ya es veintiseis... Octubre lleva siendo generoso algún tiempo, pero cada año, cuando comienza, cierro los ojos, cruzo los dedos, les invoco y les pido que Octubre no me robe más cachitos de mi alma...


Foto de Blas Rivera.-

24 oct. 2013

¡¡ADIÓS MANOLO... Y GRACIAS!!... (Descanse en paz Manolo Escobar)

Tenía yo un noviete, de esos que se casarían un día contigo, de los de largas cartas y pocos encuentros, de un pueblo cercano pero, como había pocos coches y tenía quince años, la cosa estaba complicada. Antonio (y él sonreirá después de vernos cinco minutos este verano tras cuarenta años sin vernos) me cantaba aquello de "Con la cara lavada y recién peiná", y yo me ponía roja, y bajaba la cara porque con trece años muchos potingues tampoco se ponían... Mi madre cantaba cuando hacía las faenas aquello de "No me gusta que a los toros te pongas la minifalda" y mi abuelo Andrés tarareaba lo de "Yo soy un hombre del campo, ni entiendo ni sé de letras"... y mi niñez se llenó de letras y sones de canciones que él cantaba... Salió el que "Viva España", y lo hicimos himno nacional con letra, ya que no conseguíamos ponernos de acuerdo en una más apropiada para la música oficial... Recorrimos con él Almería, y cantamos a las madres que se llamaban Carmen... fuimos acompañantes de su trayecto a través de sus canciones, y todo un país buscó como loco un carro que le robaron mientras dormía... Manolo Escobar enseñó que no hacía falta "menearse" mucho en el escenario, bastaba plantar los pies, separar las piernas, mover la cabeza con gestos pícaros, aquella sonrisa que llenaba un mundo, atractiva, lo queramos o no, y todo estaba hecho... Manolo se ha ido, pero no... ellos no se van, porque los grandes, lo que tienen, es que detrás dejan una cola de notas y de voces que nos acompañarán siempre... Era andaluz emigrante, emigrante en su Barcelona, a la que defendía siempre, un almeriense-catalán, demostrando que se puede ser de todos los lugares, y encima se enamoró de una alemana sin hablar el alemán, y demostró que en el amor, lo menos importante, es el idioma... Nos cantó de todo y para todos, y yo lloraba cuando escuchaba "Que bonita que es mi niña", aquella canción que mi madre me cantaba siempre a mí... Y hoy apagó su voz, estaba cansado, se cansó Manolo de luchar, pero jamás de cantar, cantó hasta el final, porque era grande... Su familia humilde, y él un buscavidas que demostró que cuando alguién vale, cuando se tienen ganas, simplemente hay que creérselo... Y fue grande entre los grandes, y honesto, y sencillo, y pueblo, y voz, la voz de un pueblo en una época en que todo cambiaba, diana de algunos chistes malos, porque cuando creemos que la cultura es exquisita, nos olvidamos de que la cultura es de todos, y de que, a cada cual lo suyo, y de que hay etapas que se vivieron y se recuerdan porque algunas personas las marcaron a fuego... Se ha ido... sin demasiados premios de esos grandilocuentes, pero los justos, tal vez pocos, pero justos... Manolo ya no está, porque se cansó, porque una enfermedad se complicó, y él ya había dejado su herencia, y él ya había cantado a "la bien pagá", a "la piconera", a "Antonio Vargas"... y ya sólo le quedaba cantarle a Dios... y para allá se ha ido, en su carro, que ha terminado encontrando, cantando que "Viva España", esperándo que todos comprendamos el mensaje y así lo hagámos... Adiós, Manolo... y gracias por llenar mi vida con tu voz, con tus canciones, con el recuerdo de personas que quedaron unidas a ellas para siempre... Descansa en paz, te lo has ganado... Y tu Virgen del Mar te acogerá, porque, como tú decías, es tu estrellita y tu guía... Hasta siempre,...

23 oct. 2013

LA DESCOORDINACIÓN SEXUAL...(Reflexiones de una madurita)

En ocasiones pienso que eso de que la naturaleza es sabia lo decimos por decir... porque algunos fallos son muy notables y se le debió de quedar la sabiduria perdida en algún rincón. Hablábamos hoy mi amiga Ana y yo sobre la edad; de esas veces que una cosa lleva a la otra y nos encontramos centradas en el tema rey de las conversaciones cachondas, esas que te llevan a decir barbaridades que, cuando las piensas, no lo son tanto. Hablábamos de la descoordinación sexual. Pues sí. La hay. Retrocedíamos a la adolescencia, a esa edad que unida a la juventud, es la única en la que la naturaleza dejó su sabiduría en el tema sexual, por aquello de que altera las hormonas de ambos sexos y nos hace creer que eso durará siempre... bueno, debería de ser así, pero no... Medicamente, psicológicamente y estadísticamente, está comprobado que la mujer alcanza su mayor deseo y plenitud sexual después de los veinte, cercana a los treinta y sobrepasados estos. Los varones la agotan en la veintena, y digo agotan con todo lo que la palabra conlleva. Así que, cuando una mujer descubre el multiorgasmo, cuando exige, cuando ella responde, ellos se han quedado ya con el depósito vacío, necesitan repostar varias veces para continuar camino, y a veces no hay gasolineras cerca, por lo que el repostaje, al no realizarse, deja al auto parado totalmente. Esto, dicho así, puede parecer algo exagerado, no olvidemos que se habla desde la generalidad, luego están esos super machos que están dispuestos a hacer las 24 horas de Le Mans sin despeinarse, (pocos, pero haberlos haylos). Al llegar a la cuarentena como que los supermachos ya escasean más, mientras que la mujer sigue activa, ha adquirido un conocimiento tal de su cuerpo que es capaz de disfrutar mucho más hasta de un roce, como la Anna de Las sombras de Grey pero en real y con la edad justa. Y ellos entran en eso que se llama "la crisis de los cuarenta", que yo creo que es un mito que ellos se han creado para excusarse por haber gripao el motor antes de la hora... Las mujeres decentes, al llegar a una edad, (al menos algunas) suelen decir que "no les importa demasiado el sexo", pero eso sí, se han leído las Sombras, han alucinao, se han enganchao con ellas y se apuntaron a "No te escondo nada", imagino que para seguir flipando con el sexo de mujeres ajenas a ellas, a las que el sexo todavía les importaba... No es cierto. El tema sexual, como comenté en alguna ocasión, es una necesidad fisiológica, por lo tanto, dura mientras tenemos vida, unas veces con más pena que gloria, pero vive. Lo que pasa es que con la edad, como el dormir, se necesita menos. Y al igual que el dormir, cuando se da una cabezadita, ya se pierde el sueño totalmente. Cuando llegamos a los cincuenta, ellos, los machotes, quieren seguir empeñados en que todo sigue igual, nosotras hemos comprobado que van de farol, y como somos generosas y comprensivas seguimos alabándoles los logros, pero eso sí, seguimos activas, menopáusicas o no, pero activas, ellos están superando la "crisis de los cuarenta" y descubren, de repente, que se les junta con la pitopausia, que existir existe... es decir, que esto conlleva que las gasolineras ya quedan muy lejos, que el repostaje es complicado, que cuando se vacía el depósito cuesta llenarlo y que el bólido se va a la cochera a esperar la próxima carrera enfriando motores... Y nosotras, dueñas absolutas de toda sensación nueva, estamos preparadas para dar tres vueltas al circuito sin despeinarnos... ¡Descordinación total!...
Ellos, hay una edad, en que dejan de ser Ferraris para ser Pegasos, nosotras pasamos de ser utilitarios a ser deportivos, y para quedar bien nos queremos creer que no nos importa, nos lo queremos creer tanto que terminamos creyéndonoslo...pero seguimos leyendo las Sombras, el No te escondo nada, y nos enganchamos con el sexo ajeno... Ellos no, porque ellos, eso sí, entendieron hace mucho que lo que realmente les importa es el tema sexual propio, quedar bien, estar bien, cumplir fantasías y poder repostar a menudo... Y llegados a una edad madurita, a esos requerimientos normales, cuando las señoras queremos parecer "correctas"en las conversaciones con las amigas seguimos diciendo que "menos mal que pasó la fogosidad"... ¿Seguro que lo pensamos?... Entonces ¿por qué nos molesta tanto que ellos miren a otros deportivos? ¿Por qué les criticamos cuando buscan fuera?... Digamos lo que digamos, el problema de descoordinación, el tema del sexo en la madurez nos sigue gustando, porque, como decía la abuela de Ana "cuando la cama se termina, hijas mías, se terminó lo mejor"...
Ya que estamos descoordinados, ya que nosotras vamos un poco por delante, ya que ellos van un poco de farol, ya que demasiado tenemos con pitopausias, menopausias, crisis de los cuarenta, gasolineras lejanas, bólidos cansados, yo pienso que, lo mejor para estar medianamente felices y no tener que recurrir al sexo de una niña de veintiuno es ser sinceras, reconocer que nos siguen poniendo los recorridos por el circuito, aunque sólo podamos dar una vuelta de reconocimiento, aunque nosotras podamos dar dos más pero las aplacemos, reconocer que somos humanas, que tenemos bajos instintos como todo bicho viviente porque, por suerte, somos MUJERES, y como tales sentimos, gozamos y padecemos... A coordinarse pues, que cuando la coordinación existe tanto el piloto como el bólido forman un buen tandém, mejoran los tiempos, y consiguen la pole position... Buenas noches, a posicionarse primeros y calentar motores...

LA NIÑA QUE CORRÍA.... (Poesía)

Volver a ser la niña que corría entre calles de piedra y blancas casas,
riendo porque él me perseguía, y decía mi nombre: "¡No me alcanzas!"
gritaba yo, y mi padre se reía, y me reía yo, y todo estaba.

Recorrer aquellos años con tijeras, sentada en el tranco de una puerta,
haciendo mantelitos de papel, frente a mí cosía mi abuela,
y mi madre cantaba aquella copla, "Bien pagá", copla de pena
que se quedaba enredada entre mi pelo,
yo miraba a mi madre y a mi abuela, y era feliz... y era...

Los años de llantos por partidas,
los abrazos que eran miel y eran azúcar,
olían a trabajo y a comida.

Las manos agrietadas por la vida,
que peinaban mi pelo y tocaban mi cara,
los pasos agarrada de su mano,
los cuentos que su boca me contaba.

Mi padre que tejía con su paciencia
el esparto seco, yo le miraba;
mi abuelo que líaba un cigarrillo,
mi abuela y mi madre... mi edad que se alejaba.
Se llevó la vida lo que tuve,
me dejó el recuerdo de sus rostros,
me dejó en la piel suaves caricias,
se quedaron sus ojos en mi ojos.

La niña que corría por las calles,
falda al viento, desafiando al tiempo,
dejando que la vida pase,
sin saber entonces sufrimientos.
La niña feliz que se escondía debajo de la cama,
escuchando su nombre en la escalera:
"Sé que estás arriba, Encarnita, ¡baja!"
y ahogaba mi risa con la mano,
les hacía esperar; cuando bajaba
la risa de mi abuelo y de mi abuela,
el enfado de mis padres: "¡Castigada!"...

Se fue todo, es cruel la vida, que nos crea amor,
que nos da magia, que nos roba luego lo entregado,
que nos vuelve a dejar sin nada...
Los días de otoño... infinitos días,
que llenan la memoria de nostalgia,
los ojos de lágrimas calladas,
de recuerdos la mirada...

Mi niñez feliz, aquella niña que corría
buscando el refugio de los brazos,
los que la abrazaban, los que la guiaban,
los que le enseñaron de partidas y de llantos...

22 oct. 2013

SE RUEGA SILENCIO... (Reflexiones de una parlanchina)

Yo creo que lo que nos ocurre es que no tenemos consciencia de lo que hacemos...lo digo pidiendo perdón por las veces que lo hice yo. Cuando lo miras desde fuera, cuando tomas distancia, cuando observas y eres capaz de asumir,
es cuando, muy bajito, mentalmente, para que nadie te escuche, entonas el "mea culpa".... Les hablo de las consultas médicas, de los hospitales, de los espacios que llenamos de gritos, voces elevadas, risas, carcajadas, comentarios... Olvidamos en dónde estamos, nos quejamos cuando algún médico, un poco hasta las narices, asoma por la puerta y nos llama al orden...¡¡ cómo se atreve !!... ¡¡ llamar al orden a personas maduras y adultas y responsables y educadas !!... Pués sí, yo fui consciente hoy... Porque cuando acudimos a las consultas acompañadas de amigas, cuando nos encontramos en plena "capital" con conocidas, cuando hay un grupo que habla en comunidad de un tema en el que podemos meter baza, olvidamos que estamos en la sala de espera de un hospital, de un ambulatorio, que detrás de las puertas que vemos hay gente que está trabajando, que quizás estén dando una mala noticia mientras nuestras carcajdas llegan nítidas y puras, porque estamos comentando la operación de estética de Belén Esteban... Y hoy me pasó a mí. Me pasó porque yo hoy tenía cita médica, rutinaria, de esas femeninas que nos aglutinan a todas en torno a una puerta, esperando que se diga nuestro nombre, que escuchamos de milagro, porque cuando la enfermera se asoma y dice un nombre tiene que gritarlo, porque si no grita no hay manera de que se la escuche, porque seguimos con la interesante vida de la Esteban, y porque llevamos dos conversaciones a la vez... Yo hoy fui sola. Llevaba los folios de mi nueva novela, iba a tener mucho tiempo para sentarme en un banco, en una cafetería, en el ambulatorio, y decidí aprovechar y releer sobre papel. Llegué a la sala de espera, no había sillones libres, me apoyé en la pared, y saqué mis folios para seguir leyendo...o esa era mi intención. Me ví rodeada de una jauría de féminas parlanchinas, como lo soy yo, que se contaban las desdichas propias y ajenas a voz en cuello, eran paisanas, de un pueblo determinado, todas, se ve que hoy tocaba a su localidad, yo era la nota discordante, pero si hubiera sido de esta localidad me hubiera inflado de información "fiel y digna" con distintas versiones, sobre los habitantes del pueblo, los ausentes, naturalmente... Y yo no podía leer, no podía porque el griterío era ensordecedor. Miré un posters, ese que todos conocemos, que aparece una guapa enfermera, con su gorrito mono y su dedo en los labios en señal de silencio, y que, para que no quepan dudas, lo aclara con la frase, educada y corta de "Se ruega silencio" y para dar más fuerza a la petición, abajo, a pie de foto te recuerdan tu ubicación en esos momentos "Está usted en un hospital".... ¡¡ Cómo quien oye llover !!... Reconozco que sentí vergüenza, propia primero, por haber sido yo la que, en muchas ocasiones, habré elevado la voz por encima de los decibélios lícitos y lógicos, y ajena porque, desde mi soledad y mi distancia veía como nos pasamos la petición, educada, por el forro... Y claro, las críticas vienen cuando una enfermera, asomada a una puerta, nos solicita que bajemos el tono... Y entonces, sin saber por qué, pensé en lo injustos que somos... O lo mal educados, a una edad en que ya hemos educado a hijos, algunas a nietos, en que hemos vivido momentos duros quizás, sentadas en sillones de hospital, en los cuales nos molestaban las risas ajenas... Olvidamos porque somos humanos, y tenemos la capacidad tremenda de no empatizar a veces con los demás...mala capacidad que nos invade cuando creemos que se nos está tachando de lo que no somos por unas simples palabras... ¡¡Pues sí!!, somos mal educados a veces, olvidamos dónde estamos, olvidamos que algunas personas necesitan silencio para desarrollar su trabajo, otras para que se les comunique una noticia que puede no ser agradable... Y cuando terminé mi cita médica, cuando salí por la puerta con mis folios guardados en el bolso, al cruzarme con una señora que lloraba pensé, con mucha vergüenza propia y ajena, que la generosidad nos abandona en las ocasiones en que debería de ser patente e innata... Buenas tardes, y recuerden, en algunos lugares "Se ruega silencio"... porque puede que nosotros, en algún momento lo necesitemos...

APRENDE TÚ A EXTRAÑARME... (Poesía)

Quiero que extrañes mi ojos cerrados,
mis manos tranquilas y mi voz callada,
mi intención es que sueñes que me pierdes,
que tu miedo no te deje tener esperanza;
deseo que extrañes mi presencia en tu vida,
que desees morir cuando llega la noche,
cuando mi ausencia te sea insoportable,
cuando extrañes mi cuerpo y grites mi nombre.

Extrañar mis palabras sembradas
de ternuras que morían en tus labios,
mis manos que rozaban la luna de tus ojos,
mis pies que te guiaban detrás de mis pasos;
que me extrañes tanto que el dolor te invada,
y aulles en las noches, mirando hacia la luna,
que cuentes las estrellas, que me busques en ellas,
y que pierdas el rumbo y sientas que ninguna
me acoge ni me guarda, que me perdiste para siempre,
que no tienes mis risas, aquellas que llenaban
de luz tus negros días y de calma tu frente.

Deseo que la locura recorra tu memoria,
que los recuerdos griten mi nombre y no consigas
serenar tu demencia, apaciguar tus dudas,
y me pienses besando una boca perdida,
la boca que no es tuya, el cuerpo que es ajeno,
pero que me posee y que te arranca el alma;
deseo que naufragues entre olas de celos,
que te ahogues en llanto, que sepas que perdiste
que como yo jamás te amará ya ninguna.

Extrañarás mis risas...extrañarás mis ojos,
seguirás con tu vida miserable y perdida,
echándome de menos, llorando mi memoria,
escondiendote a solas para irte al pasado,
para hacer que regrese mientras golpeas tu imagen,
y te recuerdes bebiéndo de mi cáliz sagrado;
tus cinco sentidos me llevaré conmigo,
habrás perdido todo, te dejaré sin nada,
haré leña del árbol caído,
aprendí bien de ti la maldad consumada;
aprendí a odiar tanto, que ahora ensayo contigo,
que ahora gano la guerra que tú me declaraste,
ahora escucho tus ruegos, ahora ya yo no cedo,
comprendí que gané; aprende tú a extrañarme.-

20 oct. 2013

EL CONCEPTO DE LIMPIEZA... (Reflexiones de una ama de casa)

Decididamente el concepto personal de los términos es determinante para valorar los hechos y las situaciones. No todas las personas tenemos el mismo concepto de las cosas, de los términos, de los hechos. Somos personas autónomas que pensamos por nosotros mismos, y por tanto, nuestras ideas son personales...y los conceptos también. Esta noche me voy a centrar en el concepto de la limpieza, ese que las amas de casa, generalmente, tenemos en un diez en la escala de uno a diez, y los maridos, generalmente, lo colocan en un cinco...en un cinco en nuestro ranking, en el suyo supera el diez con creces. Es por esto que afloran las discusiones domésticas, cuando "ordenamos" que se limpie algo y luego repasamos el resultado...y es que, en ocasiones, nenas, somos el mayordomo con el algodón a cuestas... y lo somos, nos podemos reír pero lo somos. Yo tengo ya claro que, en mi santo hogar, mientras las pelusas no hagan piña y se paseen como la hojarasca en las peliculas del oeste, esas bolas que nadie sabe de donde salen, pero que cruzan la pantalla movidas por el viento, todo está limpio. Es decir, que cuando yo veo polvo por doquier, en casa se ve una simple capa insignificante... Las camas, esos muebles que nos ayudan al descanso, en mi caso personal, tienen que estar cuadriculadas, es decir, la raya del edredón tiene que coincidir con la raya de la almohada, el embozo tiene que estar totalmente recto, eso de los desniveles lo llevo fatal, ¡pero!...mi señor esposo ha llegado a la conclusión de que se duerme igual con un embozo recto que con otro oblicuo, total, para lo que va a durar (explicación muy socorrida en los señores)... Las camas son mi trauma, desde el internado, yo hacía mi cama perfectamente, pasaba revista la directora, miraba las esquinas, tenían que estar dobladas perfectas, nada de arrugar y meter debajo, había que cuadrar, así que, día sí, día también, la directorar tiraba de las sábanas y me obligaba a volver a hacer la cama...y todavía arrastró el trauma, me da la impresión de que Sor Pilar Feijoo va a entrar por la puerta de mi dormitorio, tirará de las sábanas y tendré que volver a empezar. Trauma puro y duro, lo reconozco... Como digo, cuestión de conceptos... Pero hay uno que creo que nos persigue a todas, el concepto de limpieza en la cocina, sobre todo a la hora de fregar los platos... Fregar los platos, para la mayoría de los varones fregar los platos es eso "fregar", los aledaños no existen. Ellos se atienen al tema en cuestión, si quieres que recorran todo lo que la limpieza de los platos y sus cercanías conlleva tienes que especificarlo, porque su recorrido termina en las palabras que tú digas... Asi sucede que, terminada la tarea, una entra a la cocina y se encuentra las migajas de pan en la encimera, algún charquito de agua, la vitro con un brillo dudoso, el paño de cocina en un lugar diferente, los platos fregados, eso sí, pero el fregadero un poco sospechoso... Y rematamos la faena. ¿Por qué?... Muy simple, el concepto de limpieza no es el mismo. Yo ya, llegado a este punto, cuando me dicen que van a fregar los platos, sonrío, me tomo unos minutos de relax, y cuando se termina su concepto de fregar entra el juego el mío... Supongo que todo será cuestión de cambiar conceptos, aunque, si soy sincera, no tengo la más mínima idea de cómo se hace eso...

... Y A PESAR DE TODO... (Poesía)

...Y a pesar de todo tengo que amarte,
en los silencios que el aire acoge,
en los espacios que en blanco dejas,
en las miradas que no respondes.
Tengo que amar tu indiferencia dolorosa,
esa que me deja marginada aquí, en tu orilla,
tengo que amarte por encima de las cosas,
y secar el llanto en mi mejilla.
A pesar de que el amor sea hielo frío,
que corta las entrañas y las pudre,
el amor que te deja en el vacío,
que te lanza contra paredes, te golpea,
te roba la sonrisa y la destruye,
el amor que se alimenta de promesas,
las que te hacen vivir y nunca cumples.
A pesar de tus miradas sin mirarme,
de tus palabras que salen de un infierno,
a pesar de las tinieblas con que cubres
el cielo de mis pestañas y mis besos,
a pesar de todo eso he de amarte,
mi corazón tan sólo entiende la llamada
del tuyo, compañero desleal,
que bulle por mi sangre,
que me late en las sienes,
que vive entre mi carne.
Te amo en la soledad de mis caricias,
en la boca que no besa,
en la piel que no responde,
en el tiempo con sus prisas.
Te amo igual que el prisionero
acoge la mano que alimenta
su presidio, lo acepta, lo acata, lo mantiene,
aunque su alma sepa del suicidio
al que va abocada su existencia,
la muerte que acabará con su martirio.
A pesar de todo eso, yo te amo,
repetirlo entre callejas en penumbra,
las que se hacen para que mis pasos vaguen
entre esquinas creadas por las dudas.
...Te amo a pesar del sacrificio
que supone tu amor,
a pesar del desgarro en las entrañas,
a pesar de morir en mi dolor...



19 oct. 2013

LA NOSTALGIA DEL OTOÑO...(Recuerdos de mi niñez)

Los otoños nacían siempre entre hojas secas que pisaba sin piedad. Me gustaba caminar por la plaza del pueblo, porque toda ella se llenaba de hojas de color naranja y marrón, frágiles como un suspiro, esperando que mis zapatos "Gorila", aquellos horribles zapatos que mi madre me compraba un número más grande, dejaran caer todo el peso de mi pequeño cuerpo sobre ellas. Las rompía con pena. Las oía crujir bajo mis pies, como si se lamentaran por última vez antes de morir.
Los otoños eran fríos, se presentía el invierno, se dejaba sospechar en aquellas brumas matinales, las que me acompañaban camino del colegio. Mi uniforme azul marino, con sus pliegues y su faldita por encima de las rodillas. Mi madre me compraba a finales de septiembre leotardos marino; los odiaba. Mi madre tenía la manía de abrigarme en exceso, pendiente siempre de mis anginas, las que aparecían con el otoño y ya no se iban hasta que la primavera mediaba... Pero me gustaba el otoño, con el ruido de los árboles, aquellos árboles enormes que jalonaban los márgenes de las calles, los que ahora, cuando visito mi pueblo, han desaparecido, aquellos márgenes convertidos en aceras enlosadas, olvidadas ya las piedras dispares, oscuras y gastadas, de mis recuerdos. Montejícar se llenaba por las tardes de olor a castañas asadas; yo solía sentarme en aquel poyete elevado sobre el nivel de la calle, con el papel de estraza que mi madre me ponía en la falda, para no mancharla, y mis castañas, a las que aborrecía profundamente en el momento justo en que se resistian a ser peladas. Me gustaban las castañas crudas. Me recreaba en su crujir en mi boca y en su sabor increíble... Me gustaba el otoño. Me gustaba la letanía de mujeres, enlutadas en su mayoría, que comenzaban el recorrido, a mitad de octubre, por la calle Santa Ana, la calle Joya, la calle Álamos, para confluir en aquel punto en el que arrancaba el camino del cementerio. Cubos de plástico azules, casi todos azules, alguno de aluminio, en su interior bayetas que fueron sacadas de viejas camisetas de gamuza, las que los varones usaban para mitigar los fríos inmisericordes del invierno montejiqueño. Las que habían sido sudadas en trabajos mal remunerados, mal reconocidos, bajo soles invernales y fríos arrastrados por las sierras para congelar el alma... Y ellas en grupos, charlando, camino de aquel lugar en el que reposaban los que se fueron, los que las vistieron, para siempre ya, de luto... El luto riguroso del mes de noviembre, aquel color a los que los niños y niñas de una generación nos acostumbramos. Nuestras abuelas no eran jóvenes mujeres vestidas con colores resplandescientes. Nuestras abuelas era rostros benditos enmarcados perfectamente por un cabello recogido en un moño, vestidas de negro, con delantales a cuadros, con la expresión de la ternura y del dolor en sus caras divinas, aquellas que nos besaban y nos mimaban, porque nuestras abuelas, las que acudían al cementerio a honrar a los suyos con sus rezos y sus recuerdos, habían vivido la devastación y el llanto, y habían aprendido a sonreír a sus nietos, a amarlos más que a nadie, porque descubrieron que la vida puede cambiar, que se puede llevar el brillo de ojos infantiles, porque ellas vivieron la despedida de niños como sus nietos... Y a mí me gustaba el otoño...
Me sigue gustando el otoño, con sus días de clima incierto y su calor a destiempo, con sus fríos matinales y sus colores imposibles en árboles que se siguen moviendo con calma y furia, según los golpee el viento... Me gusta el otoño porque trae la nostalgia de lo ido y el recuerdo de lo eterno, y me hace recordar días infinitos de colegio, compañeras niñas con sus uniformes marino y sus zapatos "Gorila"... las que pateaban, junto a mí, aquella plaza aplastando hojas...
Hoy recordé el otoño de mi infancia, al cruzar la Plaza de la Iglesia de Huelma, no es la de Montejícar, porque el destino me ha regalado otro paisaje otoñal...cuando descubrí a niños corriendo, cuando volví a ver hojas secas y tuve el impulso de pisarlas, y sonreí, porque no fueron mis pies, sino los de mi hijo los que aplastaron hoy las hojas... esas hojas otoñales que adornaron y embellecieron los árboles en una primavera y un verano que ya se fueron... Me gusta el otoño, me sigue gustando el otoño... como cuando era niña...

16 oct. 2013

¿A QUÉ VENÍA YO?... (Reflexiones de una ama de casa)

Espero no ser la única a la que le pasa esto (sé que no soy la única) más que nada por eso de, "mal de muchos..."(no es políticamente correcto seguir, pero todas sabemos terminar la frase)... Llega un tiempo en que culpamos a la edad, culpamos a esos años que se nos instalaron en la cabeza también, aparte de en las caderas, en la tripa, en los senos y en las arrugas (que ya quedamos en que eran bellas) y, sin sospecharlo, también se han instalado en la memoria... Suele pasar esos días en que estamos haciendo faenas domésticas, o comidas; centradas en cada movimiento manual y perfecto de nuestro laborioso ser. En la cocina es bastante frecuente. Estamos con la paleta, con los cuchillos, con los ajos, miramos la encimera, catalogamos los condimentos, las verduras, y recordamos que nos falta el laurel, seguimos pelando las patatas, pensamos eso de "ahora lo traigo", y al terminar el pelado patatero vamos a la despensa... y es ahí, ¡justo en ese momento! cuando miramos hacia arriba, cuando intentamos recordar qué se nos olvidó, cuando sabemos que estamos allí por algo, pero ... ¿por qué?... ¿A que venía yo?... Yo suelo recurrir a la memoria fotográfica, esa que me hace cerrar los ojos, recorro cada movimiento, repaso mentalmente el pelado de las patatas, el vistazo a la encimera; moví el contenido de la cacerola con una paleta, faltaba algo, miré la tele, daban un programa de cotilleo, me entretuve con la boda de Fran Rivera y sus chisteras... Supe que anda medio peleado con su hermano "Paquirrín", volví a mirar la cacerola... estoy en la despensa, ¿a qué venía yo?... Vuelvo a salir, vuelvo a mover el guiso con la paleta, miro en el interior de la cacerola... No falta nada... Habré tenido un lapsus... La tele sigue puesta, me interesa sobremanera la batalla entre Sonia Monroy y Yola Berrocal, me sorprende que esta última sea capaz de andar derecha por las dos poderosas razones que, ahora mismo, los señores están pensando... Reviso la comida, no falta nada... Salgo al patio, pongo una lavadora, recojo algunos utensilios de limpieza, y veo el amoníaco... ¡ el laurel !...
No me pregunten cómo, ni por qué, ni se pregunten que tiene que ver el amoníaco con el laurel, no lo sé, nadie lo sabe... sencillamente la memoria es así, cuando menos lo esperas te recuerda que hiciste una visita justificada a la despensa, que volviste con las manos vacías, incapaz de recordar qué fuiste a buscar... Y lo mismo nos pasa, infinidad de veces, cuando vamos a comprar... Y es que, la memoria falla, culpamos a la edad... puede que sea eso, no lo sé, yo sólo sé que también me pasaba hace veinte años, cuando tenía las gafas puestas y las buscaba como loca por toda la casa, o cuando buscaba el paquete de pañales de Martín y los tenía cogidos...
La mente es extraña, va por su lado en ocasiones, yo creo que lo hace a posta, para despistarnos, para hacernos ver que, algún día, puede abandonar su capacidad para recordar, y nos va dando pequeñas pinceladas, para hacernos sentir culpables por decir eso de, "que mala memoria tiene" cuando nos referimos a nuestras madres, que se quejan de lo mismo que nosotras, pero con veinticinco años más... ¡que ya es gana de quejarse!... Y esta entrada de blog, este texto, viene a cuento de que, esta noche, hace escasos diez minutos, cuando pensé que iba a ordenar la ropa planchada, al entrar en el dormitorio, a pesar de ver la ropa, primorosamente colocada en la banqueta, yo me pregunté "¿A qué venía yo?"... y como ya lo recordé, sólo desear que estos lapsus nos sigan acompañando, porque eso nos hace ver que somos humanos, que tenemos fallos, que tenemos otras cosas importantes en la cabeza y que terminaremos recordando a lo que veníamos...

15 oct. 2013

LA MUJER RURAL, EL VALOR DEL MATRIARCADO.... (Por todas ellas)

Hoy se celebra el día de la Mujer Rural. No sé muy bien cómo entender esto, no sé si las mujeres rurales somos distintas, ni sé si las mujeres urbanas, o provinciales, o nacionales reivindicarán un día para ellas. Yo creo que, en el fondo, todas somos mujeres rurales, porque todas somos pueblo, "de" pueblo... unos pueblos más numerosos que otros, pero pueblos al fin y al cabo. La mujer rural. La de pueblo. Las de mis pueblos. Esos pueblos que jalonan el paisaje español, el europero, el mundial... Pero yo, como soy de uno en concreto, me ceñiré a él... a las mujeres de "mis" pueblos, de los dos, o de los muchos, de los comarcales, de los de Montes y Sierra... Montes Orientales, Sierra Mágina, los dos enclaves, granadino uno, jienense otro. Dos provincias repletas de mujeres rurales, las que han hecho camino. Esas mujeres que llenaron sus vidas con un caminar que englosaba a familias enteras, porque cuando la madre fallaba fallaba el núcleo. Los hogares que crecieron porque ellas los hicieron crecer, y vivir. Llenas de ternura y fuerza, de sufrimiento, de soledades y silencios. Mujeres entregadas al cuidado de padres, de hijos, de maridos... de varones, y ejemplo de hembras, de mujeres que venían detrás, pisando fuerte, reclamando un lugar mejor, unos horizontes más abiertos, menos esclavos, más valorados, más iguales. La mujer rural que abandonó su nido y voló por ella misma, lejos de la madre que fue bastón y fue empuje, para colocarse delante de mesas de despacho y dirigir empresas, y enseñar en Universidades, y operar en quirófanos, y regir Ayuntamientos, y reclamar su valía, y a través de ella la de su madre, la de su abuela, la de las mujeres criadas en núcleos pequeños, cerrados, herméticos... lugares que ellas abrieron lentamente, porque eran mujeres rurales, y los vientos comenzaban a soplar, lentamente, a su favor... Y les enseñaron el poder de las raíces, el valor del esfuerzo... aceitunas recogidas, una a una, por manos callosas, manos dulces que mecían cunas y cuidaban arrugas mayores en rostros paternos y maternos.... Mujeres rurales, las de casta, las que hemos aprendido (yo me incluyo) que el poder de decisión es nuestro, nuestro es el mundo, el que nos rodea, nuestros son los hijos, porque cuando la madre se ausenta se ausenta la vida, se sigue ausentando la vida misma, el oxígeno que les hace respirar y las manos que les acarician mientras duermen...
Mis mujeres rurales, esas que llenan calles portando bolsas de compra, que corren para no llegar tarde al colegio, esas que, todavía, se hacen cargo de todo, de ordenar ropas y ordenar vidas, las que siembran el caos cuando desaparecen, brújulas de vidas ajenas, esas vidas que no controlan, pero que vigilan, que cuidan, que miman... Hoy es el día de la Mujer, de la mujer nuestra, la que vemos sentada en un parque, mayor, con sus manos quietas sobre el regazo, las que vemos correr portando libros, las que vemos en pasillos de hospital con la bata movida mientras corren, porque de esa carrera depende una vida... La misma vida que ellas llevarán siempre, las que las ha hecho grandes y merecedoras de Premios, de Títulos, de reconocimientos, de aplausos... Por las de pueblo, por las que lo proclaman, por las que saben que diciendo que son de Huelma, o Montejícar, están llenando su boca y su historia con todos los nombres de las que fueron antes, de las que les dieron sus ojos para ver el mundo, y con ellos el derecho a reivindicar el lugar que siempre tuvieron... Porque digamos lo que digamos, como mi abuela Tita decía, como falte una madre falta el mundo....

13 oct. 2013

LA ENTREVISTA QUE PUBLICÓ WADI-AS INFORMACIÓN... (Respuestas desde el corazón)



ENTREVISTA A ENCARNI BARRERA FERNÁNDEZ
Autora de “LAS MANECILLAS DEL RELOJ”

ü  ¿Llega usted a Guadix sin nadie conocido?
-No del todo. Cuando decido “invadir” Guadix me apoyo en una amiga de Solera, que vive aquí desde hace tiempo, ella me acompaña a las librerías, me informa de las direcciones; hace un poco de Lazarillo. Siempre es muy bonito compartir la experiencia de presentarme estando acompañada por gente cercana y conocida.
ü    ¿Cómo se presenta a sí misma una escritora?
-Se presenta con mucho miedo, con mucho respeto, intentando defender de forma honesta un trabajo, intentando explicar el contenido del libro. Una escritora, un escritor, cuando es desconocido, es su propia tarjeta de presentación, y tiene en sus manos el futuro de su trabajo, el convencer, el enganchar al librero…Es algo muy bonito, porque si todo va bien, la primera presentación ante un librero es básica para posteriores trabajos.
ü  ¿Qué hace una montejiqueña/huelmeña en la comarca accitana?
-No es tan raro, como bien dices soy montejiqueña, Montejícar, en algunos momentos con algunas empresas y algunos organismos, ha dependido de Guadix, es una localidad ésta, cercana kilométricamente, somos parte del Reino de Granada. Jaén me abrió puertas, muchas localidades siguen abriéndolas, y tenía la espinita de que Granada se me resiste, de que es menos receptiva, así que pensé en Guadix por proximidad, por importancia, tenía conquistadas Motril, Almuñecar, Granada y Santa Fé, ¿por qué no Guadix? En cuanto a Huelma, mi pueblo de adopción, está a menos de una hora en coche, era un bonito reto, cercano, próximo y de paisanaje.
ü  ¿Por qué escribir y no pintar, esculpir o…cualquier otra actividad?
-Escribir me da vida, para la pintura soy una negada, me gusta el arte, cualquier forma de arte, pero reconozco que la pintura no es lo mío, la escultura sería un riesgo, puedo ser peligrosa con un cincel jajaja. Yo era de las alumnas que ante una redacción no veían el momento de terminar, pero que temblaba en clase de dibujo artístico, la música me emociona y la vida me negó una voz bonita y un oído afinado. La escritura ha sido mi pasión desde pequeña, es una terapia estupenda para descargar tensiones. La escritura porque el gusanillo interno me lo dicta, simplemente.
ü  Escribe prosa  ¿poesía también?
-Escribo poesía, prosa TAMBIÉN, jajaja. Yo soy de poesía, he escrito poesía desde que tengo uso de razón. Es extraño, un amigo poeta, Juan Leiva, cuando terminó “Las manecillas del reloj”, al hacerme su reseña, me dijo que yo había escrito una poesía en prosa. La narrativa me gusta mucho, pero la poesía me llena el alma.
ü  ¿Qué le mueve a crear un mundo, unos personajes, una trama…, un relato corto o una poesía?
-No sabría decir el motor cuál es. Mercedes Rueda, escritora linarense, en mi presentación en Linares, me dijo que nada se crea, todo se recrea, puede que sea verdad. En literatura todo está inventado, se trata de contar una historia, de narrar una historia. A mí me mueve la posibilidad de vivir mil vidas, de meterme en pieles ajenas, de comprobar hasta qué punto puedo mimetizarme con una situación que, en mi vida real, sería totalmente impensable, contar y narrar micromundos ajenos a mi mundo personal. Una poesía es distinto, al escribir poesía revelo emociones más profundas, más de las entrañas, más mías. El motor creo que debería de ser siempre la propia necesidad de vivir una aventura y disfrutar de su trayecto.
ü  ¿Su pasión por la escritura le lleva a escribir incluso mientras se “cuecen  las lentejas”?
-Jajaja, esa frase es mía, la usé en la presentación en el Palacio de los Condes de Gabia en Granada, luego, Juan de Dios Villanueva, escritor, profesor de la Universidad de Granada y colaborador de Ideal, decidió usarla como título para un artículo sobre “Las manecillas del reloj”, sí, yo escribo siempre que mis personajes me piden vivir, incluso mientras cuecen las lentejas, para escribir lo único que se necesita son personajes que deseen que les des vida, y ellos no saben de horarios; pero mi hora favorita es la noche, soy noctámbula, me gusta escribir con nocturnidad y alevosía, mi hora bruja es esa en que todo está en silencio y los fantasmas pueden vagar a sus anchas.
ü  ¿Qué sueño le gustaría alcanzar como escritora?
-Pienso que yo cumplí ya mi sueño. Yo no escribí para publicar, de hecho “Las manecillas del reloj”, hasta su último capítulo, fueron escritas para ir a parar a un cajón. Y cuando las vi publicadas supe que mi sueño estaba cumplido, pero puesta a pedir uno de esos sueños imposibles escogería ganar el Planeta jajaja, supongo que como todos los escritores españoles, los consagrados y los desconocidos. Pero como digo yo ya cumplí mi sueño, todo lo que venga a partir de ahora lo disfrutaré con toda mi alma.
ü  ¿”Las manecillas del reloj” es su primera obra publicada?
-Sí. No la primera escrita, pero sí la primera publicada. Todo lo escrito hasta ahora duerme plácidamente en un cajón.
ü  ¿Está autoeditada?
-Sí. La autoedición es el recurso que nos queda a los que escribimos sin una editorial fuerte detrás. En España se publican anualmente entre 45.000 y 60.000 libros, España es uno de los países que más publica y menos lee. Las editoriales apuestan a caballo ganador, la literatura hoy por hoy es un negocio, nadie arriesga en tiempos de crisis. Autoeditar es una manera honesta de dar a conocer un trabajo, que sin esa posibilidad quedaría para siempre relegado en cajones.
ü  ¿Dónde está ambientada?
-Especialmente en Montejícar, el paisaje de mi pueblo es el que mejor conozco del mundo. Y es un bonito y desconocido paisaje. Granada, puesto que soy granaina, Alcudia en Mallorca, y el segundo escenario principal, junto a Montejícar, es Sant Juliá de Lória, un pequeño pueblo de Andorra. Tenía que hacer difícil una relación, visité Sant Juliá en cuatro ocasiones, y quedé enamorada de sus paisajes. Un pueblo perdido entre montes en el norte y un pueblo perdido entre montes en el sur, un bonito contrapunto.
ü  ¿De qué trata la novela?
-Es un recorrido por la vida de Laura Sánchez, su vida emocional y laboral, más emocional. Una historia de infidelidad, de desamor, de desencuentros, de relaciones difíciles, de amistad, de enfermedad, de educación. Es una novela de matices, de injusticias sociales, esas que nos llevan a opinar sobre vidas ajenas, desconociendo lo que el alma de los prójimos esconde. Es una historia difícil, una relación complicada, muy actual, muy conocida o escuchada o comentada.
ü  ¿Por qué  la elección de una mujer, Laura, para ser protagonista?
-Yo soy mujer, conozco el alma femenina. Las mujeres creemos que somos distintas unas de otras; no es verdad. El alma femenina se entristece generalmente por lo mismo, sufre por lo mismo, se emociona por lo mismo, pero tenemos un punto discordante, y es que las reacciones no son las mismas. Somos complejas en las reacciones, pero somos muy simples en los motivos.
ü  ¿Tiene Laura algo de Encarni Barrera?
-¡Uf!, todo… Laura Sánchez ha vivido todo lo que Encarni Barrera vivió en muchos momentos de su vida, ha vivido sus recuerdos infantiles, sus emociones admirando sus paisajes juveniles, ha vivido la emigración de su tierra, ha vivido sus valores, sus principios, sus opiniones sobre los comportamientos ajenos, sobre los juicios rápidos y sumarísimos, los que casi siempre están equivocados, pero que pueden destrozar vidas. Hay un impasse entre Laura y Encarni, yo jamás hubiera podido vivir la situación que ella vivió, soy más visceral, más exigente, menos comprensiva, mucho más rebelde, y siempre tuve claro que el pasado no vuelve, y Laura vivió su vida pendiente y dependiente de un pasado que ya se fue.
ü  ¿Qué descubrirán entre sus páginas los lectores de Wadi-as?
-Descubrirán que hay historias que son dignas de ser vividas, con su sufrimiento, con su llanto y con su soledad. Descubrirán que, cuando enjuiciamos una situación, unos actos, unas decisiones, olvidamos que detrás hay personas que sufren, que pueden tener el alma rota por el desgarro que les produce la vida. Descubrirán la generosidad de la amistad, el pragmatismo ante la muerte, la forma de vivir la infidelidad, la manera en que influenciamos a los hijos y el daño que podemos causarles. Descubrirán momentos hermosos, dolorosos, únicos. Descubrirán que quien tiene una vida fácil, quien ha tenido una relación fácil, puede creerse con el derecho de juzgar a quien no la tuvo, y se puede llegar a descubrir lo crueles que podemos ser los humanos con nuestros semejantes. Porque como digo, es una situación que actualmente se repite, que es diana de comentarios y que nos eleva a quienes no la vivimos al grado de dioses con poder para condenar o absolver, y descubrirán que no lo somos.
ü  ¿Qué ha pretendido transmitir con “Las manecillas del reloj”?
-No tengo claro lo que quise transmitir, pero sí que intenté hacer una crítica solapada, un poco entre líneas, para tocar el alma, para que quien lea comprenda que las normas sociales, esas que están escritas en el aire, que se crearon por unos pocos, no son el Evangelio; que cualquier relación, cualquier situación meditada y asumida, siempre que sea por dos adultos, es válida, respetable y honorable. Que, lamentablemente, estar casados no quiere decir estar enamorados, que todos tenemos derecho a ser felices, a buscar la manera de serlo, y a que se nos respete en las decisiones que tomemos. Y sobre todo, en la parte final, que la vida te puede sorprender, que, el destino, es caprichoso, que hay que vivir el tiempo presente porque el futuro es una incógnita demasiado frágil, demasiado lejana.
ü  Esta su primera publicación. Sin embargo, ¿si ha escrito más obras no publicadas aún?
-Sí. Tengo una novela larga escrita, tengo varios libretos de poesía, hay dos diarios novelados, y hubo varios relatos adolescentes que destruí hace tiempo, porque pensé que jamás publicaría, que tenía que renunciar a mi sueño, y que no merecía la pena guardarlos.
ü  ¿Dónde se puede encontrar su novela?
-En Guadix está en tres librerías: Librería Pipper, Librería DMT y Librería Acci-Copias. En cuanto a lugares, está en Granada, Motril, Almuñecar, Santa Fé, Montejícar, Guadahortuna, Domingo-Pérez, Jaén, Úbeda, Linares, Jódar, Villanueva de la Reina, Alcaudete, Alcalá la Real, Huelma, Cambil, Belmez de la Moraleda, Cabra del Santo Cristo, Campillo de Arenas, Córdoba. Ha viajado a Málaga, Madrid, Barcelona, Valencia, Castellón, Sevilla, Navarra, Mallorca, Argentina, Alemania, Francia, y a lugares diversos, ya que fue regalo de Navidad para gentes de fuera, me ha sorprendido la cantidad de gente que me lo pedía directamente, porque a sus ciudades no había podido llegar. Y está pendiente de estar en otras siete localidades de Jaén, en donde ya están cerradas las presentaciones.
ü  Se ha tomado usted su tiempo para escribir y publicar ¿ha tenido un  buen arranque literario?
-No es que me haya tomado tiempo, es que hasta ahora, por mi trabajo, me fue totalmente imposible centrarme en escribir de una forma serena y más seria. El arranque ha sido de vértigo, la novela tiene nueve meses de vida, va por la segunda edición, que ya está casi agotada, muy poco tiempo teniendo en cuenta que es mi primera novela, que soy una total desconocida, que este no ha sido nunca mi mundo, que era ajena a personas y a medios. Si tengo en cuenta todas estas circunstancias, tengo que decir que estoy muy feliz, muy contenta.
ü   ¿Está teniendo la novela el alcance esperado?
-Sí. Nunca imaginé la respuesta de la gente. Hay lugares a los que no llega, pero gracias a internet, a las redes, a los correos electrónicos, la gente comenzó a escuchar hablar de ella, leyeron las reseñas y comentarios que quienes lo habían leído me hacían a través de mi página en Facebook y comenzaron a pedírmelo directamente. Y estoy muy contenta con el resultado.
ü  ¿Se siente satisfecha con la distribución de su obra?
-Sí. Si se refiere a la aceptación por parte de las librerías, estoy muy contenta, se me han abierto puertas siempre, se me ha aceptado generosamente, se ha publicitado desde las librerías, se ha recomendado. La distribución que hice yo personalmente ha sido igual, me solicitaban la novela y no era ningún problema enviarla. El boca a boca es muy importante, el que esté en bibliotecas municipales es garantía de que llega a mucha gente, no solo a quien la compra. Distribuir no solo es vender, es colocar un trabajo de forma accesible a la gente que quiera disfrutar de él.
ü   ¿Es difícil publicar en estos tiempos de crisis galopante?
-Sí. Ya comenté anteriormente que, hoy por hoy, las editoriales se lo piensan mucho. Son malos tiempos para arriesgar, hay que salvar los muebles. Con esto ocurre que, un escritor que consigue un contrato con una gran editorial tiene asegurados todos sus trabajos, sean buenos, malos o regulares, porque el marketing los venderá todos como obras estupendas, y en ocasiones los lectores leen mucho por la crítica, olvidan que los críticos tienen gustos personales y subjetivos, y que todos debemos de reivindicar con nuestro propio criterio.
ü  ¿Cuál es su siguiente proyecto?
-Hay varios, ahora mismo estoy concluyendo un relato corto para un certamen, nunca participé en ninguno y tenía curiosidad por saber cómo funcionan, así mismo también acudo a otro con un poemario, será mi primer poemario recopilado y ordenado, por decirlo de alguna manera, soy muy anárquica a la hora de guardar poemas y ha sido una verdadera sorpresa, muy grata, poder tener en mis manos una recopilación de poemas míos, registrados, saber que ya son míos, que mis emociones tienen dueña y esa dueña soy yo. Y por otro lado, cuando termine con estos dos, que es cuestión de unas dos semanas, remataré mi segunda novela, quiero intentar que esté en la calle para Navidad, “El infierno cabe en un suspiro” es una novela que me está gustando mucho escribir, me da juego, me cunde cuando comienzo a teclear, y ese siempre es un buen síntoma. Después, cuando todo esto se cierre, me tomaré un tiempo para continuar con un reto personal, “La niña rota”, una novela de post-guerra en Montejícar, algo más complicada, que requiere más energía, más concentración, más entrega, y ahora no le puedo dedicar por completo todo eso.
ü  ¿Qué autores o lecturas han influido en su estilo literario?
-Me gustan mucho las escritoras españolas de los 50 y 60, creo que fueron mujeres que crearon un referente, que hicieron lo imposible posible y llegaron donde nadie pensó que llegaran sin grandes titulaciones, demostrando que el genio y el don de la literatura no es cuestión de aulas, sino que se encuentra en las venas. Y actualmente me gusta mucho Almudena Grandes, Clara Sánchez, Ángeles Caso, Isabel Allende, y muy sorprendida con Luz Gabás, sus “Palmeras en la nieve” son una maravilla. Creo que en ellas Ana María Matute, Mercedes Salisachs, Mercé Rodoreda o Josefina Aldecoa tienen unas excelentes sustitutas. Me gusta la literatura femenina, me siento más cómoda leyéndola, más identificada, pero por nombrar a los varones que me son válidos, Ruiz Zafón, Ildefonso Falcones, Muñoz Molina o Pérez-Reverte.
ü  ¿Cree que los autores veteranos que acaparan el panorama literario pueden suponer un taponamiento para las nuevas generaciones?
-No. Yo creo que quien tapona no son los autores consagrados, sino las editoriales. Tampoco hay que olvidar que cuando una historia llega a una editorial todo depende de quién tenga que valorarla, si a un redactor no le gustan las historias románticas no dará paso a una de ellas, son decisiones subjetivas y muy personales. Los gustos literarios varían, hay estilos diversos, y hay que tener la suerte de dar con un crítico, con un redactor que sea amante del estilo que esté leyendo. Las grandes editoriales no apuestan por noveles, apuestan por quienes ya han vendido, ya sea en papel o en digital, cierto número importante, van a seguro. Ahí los autores consagrados no tienen nada que ver. Aunque sí echo de menos la generosidad de los de arriba, pensemos que un libro es algo que se lee en dos semanas, un escritor no tapa a otro, mi novela se lee y a las dos o tres semanas el mismo lector leerá otra historia, ¿por qué no se puede hablar de un libro ajeno, de alguien que escribe, y darle la oportunidad de ser conocido?
ü  ¿Cree que las escritoras están en inferioridad con respecto a los escritores?
-Para nada. Al contrario. Yo creo que actualmente la literatura femenina supera en ventas a la masculina, no solo ya me refiero a la nacional, Julia Navarro, María Dueñas, Matilde Asensi o Almudena Grandes arrasan. Es difícil encontrar un cuarteto masculino español que iguale sus ventas. Yo creo que las escritoras españolas han demostrado que se puede escribir con fiabilidad histórica, con rotundidad, plasmando igualmente sentimientos, emociones, que los varones en ocasiones omiten.
ü  ¿Algo que quiera añadir?
-Dar las gracias a Wadi-as Información por su generoso ofrecimiento al proponerme esta entrevista. Agradecer a todos los que se han volcado conmigo en esta aventura de escribir, a los varones que me han demostrado que los hombres también saben de “historias de relaciones”, como la mayoría ha catalogado mi novela. Esperar que Guadix y su comarca, me dé la oportunidad de presentarla en directo, de forma amena y familiar, y que los lectores de la comarca occitana se emocionen leyéndola, que conozcan que hay escritoras granainas que escriben mientras se cuecen las lentejas. Muchas gracias.

(Foto que Wadi-as recoge, un momento de mi Pregón en las Fiestas de Montejícar 2013).