1 feb. 2013

VIVIR HISTORIAS AJENAS...(cuando se te llena el alma)

Intenté sentarme y escribir fluido, sabía la historia, sé la historia, sé lo que quiero contar, conozco cada paso de Adela, cada respiración y cada gesto. Solo me quedaba comenzar a narrar. Me ha hecho partícipe de su dolor, de su risa, de su ilusión y de su miedo,. no tenía nada más que contarlo. Me estoy perdiendo entre escenarios olvidados, entre un pasado demasiado reciente de lugares compartidos, vividos y trillados. Conozco cada ventana de cada casa descrita, cada voz, cada frase, cada acento. Pero se me llenó el alma de una historia ajena, y entendí que, después de todo, Adela tiene que vivir un poco de mi mano, que, entre las dos, tenemos que narrar una historia conjunta y a trazos compartida. Contarnos, la una a la otra, como se vivía en Sacer hace ya tantos años, que, necesitamos ayuda para completar el puzzle. Se me llenó el alma de nostalgía... De recuerdos... ¿Os acordáis? "Que una y que dos, los hijos de Jacob..." la interminable cancioncilla mientras la combra giraba y giraba. O aquellos "colaches", esa palabra tan autóctona montejiqueña que, solo los oriundos, sabemos que se trata de la rayuela. Se me llenó el alma de olores a incienso en semana santa, de gritos de madres en las puertas, llamándonos cuando, las noches de verano eran infinitas e infinitos nuestros juegos callejeros.
Adela y yo tendremos que desandar un camino para volver a caminarlo, entre calles empedradas, pilares públicos que ya no están, calle San Marcos, calle Leones... Adela y yo tendremos que darnos la vez para narrar y vivir... Esta tarde no pude seguir, porque, igual que ella, me quedé clavada recordando el pasado infantil y eterno...

REFLEXIONES DE UNA HIJA AGRADECIDA. (a mi padre)

Tenía apenas seis años, mi padre me trajo de Francia un plumier con flores, cada pétalo era un círculo, y yo, en cada círculo colocaba una letra. Me sentaba frente a la lumbre, en la calle Hospital, número 3. Aquella casa que me vió crecer. Y cada noche, en invierno, en aquellos inviernos helados y nevados de Montejícar, yo hacía que escribía a máquina. Mi padre tejía esparto, siempre le gustó, lo hacía estupendamente, forraba garrafas de cristal. Recuerdo que me cogía la cabeza y me la echaba hacia atrás, y nos mirabamos al revés, y a mí me hacía mucha gracia. Una de esas noches él me preguntó qué iba a ser de mayor, y le dije que escritora. Y él empezó a reír. Me dió mucha rabia, pensaba que se reía de mí y me enfadé. Y él, con el cigarro colgando de sus labios y su voz profunda me dijo: "- No te enfades, porque si eres escritora, de estas risas escucharás muchas".
No sé si soy escritora, sé que me gusta escribir. Doy gracias a la vida por lo que me ha ido regalando. Doy gracias por hacerme vivir momentos que no pude imaginar. Pero sobre todo, doy gracias a la vida por el padre que tuve. Hoy, durante mi entrevista, en más de una ocasión le he recordado, porque he tenido que defender posturas y reglas que eran suyas. El bien general por encima del personal, guardarse las ideas propias, las ajenas son también importantes, la discrecíón, lo que se habla se queda entre las personas que lo hacen. Hoy mi padre sabría que he escrito, que igual hubo risas como las suyas, pero también vería que ha habido sonrisas sinceras. Hoy sé que tuve al mejor padre del mundo... ese gran desconocido. Hoy que soy madre, sé que tengo en mi casa a un gran padre para mis hijos. Y es que hoy sé mucho más.

CONCLUSIÓN
No siempre recordaré, algún día, si la vida me da vida, mis recuerdos se esfumaran, o se harán livianos y ligeros, tanto que no los notaré. Pero agradezco la capacidad de recordar, las fotografías que tengo clavadas en mi mente y en el alma. Y que me hacen ver que, aunque no lo sepa, estoy dejando iguales instantáneas en la mente de mis hijos, y algún día ellos recordaran el momento en que, yo escribía, les hablaba, les sonreía y les aconsejaba... y eso, hoy por hoy, me basta... mañana feliz de charla con Tere, sin demasiadas preguntas, dejandome fluir, dejandome hacer... buena mañana con buena compañía tomándome un café...

CUANDO ESCRIBIR CUESTA....

A veces, en esta nueva singladura, con mi "niña rota", imaginando, recordando, reviviendo historias contadas por quienes las vivieron. Separando la realidad de la ficción, metiendome en el alma y en la vida de quien, sin saberlo, me contaba, me narraba situaciones límite, llevadas a la máxima potencia, al máximo riesgo. Cuando intentas sentir lo que alguién sintió, te quedas a solas con tu silencio, contigo misma, con tus vivencias, tu vida lineal y la comodidad de lo logrado, entonces, solo entonces, te puede la emoción. Y vives en Adela, la niña que fue, la niña que un día creció. Y cuesta darle vida, te rindes, no sabes, porque tú jamás has sufrido así, ni has vivido asi, ni has luchado así.... O... ¿quizás sí y hasta ahora no lo supiste?... Hay que dejarla vivir, que ella narre, que cuente, que sufra en tus carnes, que viva en tus ojos y viva en tus dedos... Y al pararte, al respirar, te asalta la duda de que, tal vez, no sepas hacerlo... De todas formas, la que vivió fue Adela, es tan fácil como eso, dejarla que sea ella la que te cuente, la que decida decirte, bajito, al oído, el momento exacto en que Luis le rompió el alma...