2 feb. 2013

LA IMPORTANCIA DE LOS GESTOS...

La vida me enseñó a leer en los gestos y las miradas, no es algo innato, un poco sí, pero también hay que aprenderlo. Cuando has sido una niña "patito feo", cuando has crecido llena de complejos, aprendes a leer sonrisas irónicas, miradas burlonas, incluso sabes cuando un pie golpea a otro por debajo de una mesa. La vida me siguió enseñando a leer miradas, sonrisas y gestos. La vida es sabia, y yo conseguí ser buena alumna.
Hoy me alegré de que la vida me enseñara tanto, y que me enseñara a ser capaz de dar un giro sin volver la cabeza. De sonreír al hacerlo y no arrepentirme. La vida es sabia, y fuí buena alumna, quizás no conseguí todo lo que deseé, pero tuve lo que la vida me dejó tener, y estoy orgullosa porque ahora sé que conseguí mucho. He trabajado, he luchado, he reído y he llorado. Pero los que me conocen saben que siempre fuí honesta. Y la vida me enseñó que hay sonrisas, miradas y gestos que no lo son. Y que yo también los tengo, y me alegré al descubrir que los tengo....

Fue un buen día. Un gran día. Sonrisas tras un mostrador llenos de proyectos. Sonrisas de quien no me conoce, y aún así me anima, y me ayuda, y me mira con mirada limpia y mirada joven. Y me sostiene la mirada, porque de eso se trata, de saber sostener la mirada con limpieza y con generosidad. Fui feliz hoy. Muy feliz. Me espera "El tango de la Guardia Vieja", porque a mí me gusta comprar libros, y me gusta saberlos míos. Me espera Pérez-Reverte para enseñarme a escribir... porque, sinceramente, no sé hacerlo y tengo mucho por aprender. Buenas noches. Fue un gran día.

PARTE DEL SUFRIMIENTO DE MI ABUELA...(la realidad de la muerte)...

Y Lola le vio partir, sin una lágrima, sonriéndole, desde el tranco, Adora cogida al pico de su delantal y Rosa en sus brazos, apenas nueve meses, apenas unos pasitos andados en los brazos de su padre, el mismo que la cogía por las tardes y le hacía el arre borriquito, arre burro arre. Y el borriquito dejó de andar aquella mañana. Ramón se fue y no volvió jamás, tres meses después, mientras Lola amamantaba a Rosa y Adora jugaba con una muñeca de trapo, se presentó un número de la guardia civil y le tendió un papel, y Lola sabía lo que era, un papel, solo tenía eso. Ramón había caído durante un bombardeo. Y Lola no pudo llorar, ni moverse, ni mirar a Adora que preguntaba qué pasaba. Lola dejó de vivir, respiraba por inercia, ni sabía que lo hacía, ni sabía que vivía. No escuchaba, no veía, no sentía.

RELEYENDO MI SEGUNDO CAPÍTULO...(no está mal del todo)...

Terminó la guerra, comenzó la paz, la victoria, el hambre. Las represalias, los odios camuflados, los aires de grandeza, las humillaciones, los ruegos y el desierto. Un desierto hecho pueblo, hecho miseria. Y las niñas crecían, esqueléticas, racionando el pan, haciendo colas, cociendo collejas, las que escaseaban. Rosa pasaba hambre, y Adora, y Lola. Vestida ya de negro eternamente. El pelo rubio recogido en un rodete pegado a la nuca. Los ojos verdes tristes, duros. Dureza en la mirada, ojos que han visto mucho, sufrido mucho, callado mucho. Los ojos verdes llenos de dolor y de rabia. Ojos sin esperanza, carentes de ella para siempre. Lola lavaba ropa ajena, cosía ropa ajena, limpiaba casas ajenas.

UN PEQUEÑO TROCITO DE UNA NIÑA ROTA...

Era el año cuarenta y seis cuando Rosa hizo su Primera Comunión. Lola la llevó al Colegio Era unos meses antes, tenía que aprender a leer, o a rezar, o lo que debiera de aprender, porque lo importante era que hiciera la Primera Comunión. Adora había comulgado dos años antes, cuando había gentes que se preguntaban para qué servía aquello de la Primera Comunión, y otras gentes podían vestir a sus hijos de fiesta, celebrarla en casa, matar algún conejo o alguna gallina, hacer algún bizcocho. Cuando había gentes y había clases. Adora no celebró la suya, fue a comulgar con un vestido que Lola le cosió por las noches, puntada a puntada, blanco, inmaculado, dejándose los ojos a la luz del candil, con su luto eterno y su rodete rubio, Lola guapa, cansada y ajada. Con hambre y con sueño. La misma que, ahora, cuando Rosa se aproximaba a su fecha, remodelaba aquel vestido blanco de la hermana mayor, metía un poco el bajo, ajustaba los hombros, aprovechaba hasta el último milímetro de hilo, no podía permitirse el lujo de desperdiciar ni una hebra. Lola que buscaba las horquillitas blancas, regalo de la señora para la que trabajaba, heredadas de la niña rica, igual que unos guantes blancos con un lacito en la muñeca. Y Rosa comulgó. No sabía para qué. Pero sabía que su madre le había probado un vestido blanco, una y otra vez, hasta cansarla, hasta dejarlo a su medida, perfecto.

REFLEXIONES DE UN DIA TENSO...(armando "circos" jajaja)...

Algunos días nos hacen torcer el gesto a los diez minutos de poner el pie en el suelo. Comienza el Via Crucis, primera estación: Noticia non grata que te hace torcer el gesto, poner morros y decirte a ti misma "¡Pues empezamos bien!" y ya te cuelgas el malhumor como si fuera una mochila, para repartir mejor el peso. Durante todo el día vas mascando, mascullando, "relatando" (que diríamos en Montejícar) en voz baja por toda la casa y por todo con lo que tropiezas. Refunfuñas, te agrías, te enfadas contigo misma, con quien te hizo enfadar y, cuando, de repente, tu lógica (esa cosa que todos tenemos, pero algunos usamos poco, por ejemplo yo) te hace la pregunta de "¿Tú te estás escuchando?", te das cuenta de que eres un poco lela, o absurda, o histérica (igual es la pre-menopausia que hace su trabajo). Y entonces se comienza a tejer la táctica del ataque, para cuando recibas el siguiente aluvión de malas noticias, sinsabores, indirectas o enfados ajenos varios.
Pero no es así, por el contrario te encuentras que la tarde, ese espacio de tiempo que va desde que te sientas después de almorzar hasta que el cielo se vuelve negro totalmente, te trae un cambio de humor. Porque, aunque no nos demos cuenta, el día se va llenando de instantes, pensamientos, razonamientos, y certezas. Y el Via Crucis se termina rematando, porque hasta los rosarios tienen sus misterios gloriosos, los gozosos y los aleluyas.

CONCLUSIÓN
Como penitencia por mis dudas, mis enfados, mis morros y mis "regañeras" entre dientes, prometo cumplir aquel propósito de la enmienda que jamás cumplíamos, pero que nos hacía muy buenos pecadores, con deseo de enmendarnos. Sé que mañana, si me levanto con el pie izquierdo de nuevo, comenzaré otro Via Crucis más, pero para eso están los buenos confesores, los que ponen penitencias suaves y además con una sonrisa... Mi día se remató con una sonrisa de oreja a oreja, una lágrima de emoción, que siempre es bueno que te la arranquen, y como dice algún interesado "a otra vamos"  (jajaja) es lo que tiene tener en su vida a una pre-menopausica llena de rebotes .... a planchar un ratico....