3 feb. 2013

CUANDO TODO ERA CUESTION DE SUPERVIVENCIA...

Lola se casó. Adora tenía once años, Rosa nueve. No sabía por qué, simplemente necesitaba a un hombre para llevar el peso de la casa, un buen hombre que luchara junto a ella por sus hijas, que trabajara junto a ella para hacer más llevadera la carga, que mitigara la soledad y le hiciera sonreír de vez en cuando. Y encontró a Alfonso, un buen hombre, soltero, ya mayor, la guerra le había separado de una juventud perdida entre campos de batalla, entre muertos y entre desolación. Y cuando volvió al pueblo, dejando atrás los campos desolados, cubiertos de sangre, de pus, de enfermedades, de suciedad. Caminos con muertos, que no tenían nombre ni rostro, cuerpos mutilados y desfigurados. Alfonso quería vivir, le habían robado tres años de su vida, quería recuperarlos, y trabajar, sudar y cansarse, en un hogar, con una familia. Y Lola se tropezó con él. Siempre le gustó Lola, la veía casada, mujer, muy mujer, preñada de sus hijas, trabajando, siendo de otro. Ya no. 

Fotografía de Angel Del Moral Gómez (perfecta).-

TROPEZAR... O NO... HE AHI LA CUESTIÓN...

Nunca suelo cometer el mismo error dos veces, porque la segunda vez no es un error, es una decisión voluntaria...!!!... Con este estado robado del muro de mi amigo Emilio, comencé a pensar, y lleva razón, y yo le comentaba que, la vida, en el fondo, es más divertida tropezando, porque mientras tropiezas, caes, sacudes el polvo, miras a ver si te vio alguien, te ríes de tí mismo por la torpeza y continuas camino, vives. Tropezar dos veces no existe, y menos con la misma piedra. Se tropieza una vez, y, por algún motivo que desconocemos, nuestros pasos nos llevan a buscar la misma piedra y le damos una patadita, de esas disimuladas, para ver si la piedra se mueve, si somos capaces de no hacernos demasiado daño en el tropezón, pero desde luego que tropezar dos veces y con la misma piedra no se tropieza. Aquello era una canción de Julio Iglesias, que buscaba una excusa para perdonarse a sí mismo por su torpeza, o para esconder que, la piedra en sí misma le gustaba mucho. Más bien, se busca el tropezón, porque además, la experiencia, esa señora tan sabia que se nos instala en la neurona ágil y rápida, nos hace darnos cuenta de que nos acercamos, peligrosamente, a la misma piedra, así pues podemos sortearla, esquivarla, ignorarla o cogerla y tirarla para atrás. 
Pero no... vamos derechitos a ella, con media sonrisa irónica, de esas que dicen "Ya vas a ver tú como esta vez no me caigo", Y te caes, pero sabiendo que esa piedra ya fue la causante de aquella caída, la misma que te hizo levantarte, sacudirte el polvo y mirar a ver si te había visto alguien. Y da igual, tú has sido feliz mientras te planteabas el "tropiezo", has vivido, has razonado, has cavilado, has filosofado contigo misma o mismo, y todo eso no ha servido para nada, pero llegas a la conclusión de que fue divertido, o no, pero viviste.
Yo agradezco a la vida mis tropiezos, porque el primero me sorprendió, los demás no, te sorprende la capacidad de la piedra, una simple piedra, para causarte daño, o para hacerte reir porque tropezaste sabiendo que lo harías, agradezco los vértigos de las dudas, las sensaciones, infinitas, que al acercarnos a nuestra piedra querida, tenemos, sentimos y padecemos... Después de todo, vivir es eso, tropezar, levantarte, y seguir, y volver a buscar tu piedra para volver a demostrarte que siempre te ganará la partida, pero que mientras intentas no tropezar, sólo sortearla, te hará vivir infinitamente más que si te quedas quieto en un lugar aburrido viendo como tropiezan los demás... buenas noches, a tropezar que son dos días...

SIGUIENDO EL RECORRIDO DE ADELA....

Francisco miraba a su mujer, joven y guapa, el cuerpo pequeño que había sido capaz de traer al mundo a aquella niña, que se llamaría Adela, cuando ya el verano terminaba. Se preguntaba, taciturno, cómo iba a explicar a su madre que no llevaría su nombre. Su madre que entraba, ágil y erguida en aquel dormitorio. Un dormitorio al que no había entrado nunca. Ni siquiera cuando Rosa lo preparaba para su boda, cuando colocaba su ajuar, reducido y humilde, en los cajones de aquella cómoda de madera oscura, pagada, peseta a peseta, por el sudor de su frente y los callos de sus manos. Angustias que repasaba la estancia examinando cada rincón, desde el crucifijo senillo sobre la cabecera de la cama, al reclinatorio junto a la ventana.

(Mención especial a Angel del Moral Gómez, autor de la fotografía que ilustra este página).-

ALBERTO: EL REGALO DE MI VIDA....

Anoche hablaba con una amiga sobre la maternidad, esa cosa que, en ocasiones, te coge desprevenida. Como a mí. Le relataba yo, ya a carcajada limpia, el "trauma" que me supuso saber que, incomprensiblemente (jajaja) estaba embarazada a los cuarenta y tres años. Y le recordaba el peregrinar preñado de mis nueve meses, totalmente plenos y llenos, jamás me había encontrado tan bien. Las dudas que se olvidan cuando ves que todo va bien, la ilusión de los que te rodean, el volver a una edad que creías perdida, el perderte en eso de ponerle cara, emocionarte con una eco, aunque te tengan que ir diciendo que eso que se ve es tu hijo, porque si no te lo explican dirías que es un dibujo de psicología. Y de repente, rompes aguas, y se materializa una cosita pequeña que, sueñas, va a llenarte de alegría. ¡Pues sí!... A mí me llenó... de alegría, de grititos histéricos, de noches en vela y las consabidas ojeras, y sobre todo, de darme cuenta de que, a los cuarenta y cuatro das vida, vives vida y respiras vida. Y cuando lo piensas, se te coloca una sonrisa bobalicona, de esas de caerte la babilla, porque no tendrás las mismas fuerzas, pero compruebas que tienes muchas más ganas de reirte con él y "pasar" de creencias obsoletas, de ideas antiguas, de opiniones sin fundamento y de comentarios que desconocen la maravilla de ser una madre madura.
Alberto se ha vuelto a cortar su, ya escasa "melena". Y yo monté el cirio pascual ante tamaña hazaña, y me volví a reír a escondidas, para que no vea que eso es gracioso. Alberto, que necesita traducción simultánea, que cuando tiene deberes, antes de comenzarlos ya tiene que "descansar un poito" porque está cansado de jugar. Alberto que me ha devuelto la preocupación, el desconcierto, el "no saber si lo estaré haciendo bien", pero que me confirma que es feliz, porque crece sano, porque está integrado, porque, a pesar de su lenguaje, es un niño vivaz, listo, inteligente y cariñoso, de los que prueban la comida y te dicen "Esta uuummm... te quiero mamá, eres la mejor". Alberto que es mi vida, que es la vida y la esperanza. Que tiene un carácter materno heredado, lleno de órdenes, de "dominio" y de caprichos. Pero sé que, todo eso pasará, muy rápido además, que crecerá sin que me de cuenta, y un día volará, porque ya sé lo que es eso... Porque la vida me dio ocasión de comprobarlo, de admitirlo y de asimilarlo.

CONCLUSION
Después de todo, lo vivido, recorrido y disfrutado, lo llorado, lo sufrido y lo temido, Alberto ha sido lo mejor que podía pasarme, y si alguién piensa que ya las fuerzas no son las mismas, que te corta libertad, que era hora (esta edad) de disfrutar uno mismo, se equivocan, porque se puede disfrutar "uno mismo" disfrutando con lo que tienes, que es el regalo y la demostración de que la vida decide, y de que lo más importante del mundo es formar un puzzle, montar un lego y recibir el beso de agradecimiento... esos besos que, a veces, a esta edad, se nos niegan ya, nos resultan lejanos... yo tengo la suerte de seguir teniéndolos... Buenos días, voy a por la máquina de pelar y poner el peine del 1..."terminator" cumplió su palabra y volvió (jajaja)....

HOY ME VISITO PAQUI....

Hoy me visitó Paqui, mi Paqui, esa "culpable" de que escriba, la que me "cansoseaba" con lo de "escribe, escribe, escribe"... Pues ya escribí. Sorprendida de que guarde, entre otras muchas cosas, un diario novelado de la que es destinataria, porque fue en uno de esos "cansinismos" suyos, cuando me decidí a narrarle mi vida, la de diario, los días en que abandoné Montejícar para instalarme en su pueblo, del que ella ya había salido, dejandome sola con mi suerte. Esperando sus visitas para que me dijera "escribe, escribe, escribe". Y yo escribí, le escribí a ella una novela con mi vida, una historia de novela, jajaja, y algún día se la anillaré, se la entregaré y será ella la que decida qué hacer... Hoy me visitó Paqui, me remató una tarde fantástica, colofón de un día que no lo fue tanto, pero que, simplemente por la sobremesa especial que me hizo vivir, valió la pena. Haciendo publicidad de su amiga, porque el libro le gustó, mucho, lo está releyendo, ahora sin buscar "peros", solo por el gusto de volver a vivir. Hablamos del próximo proyecto, de mi vértigo a Granada, de un mes un poco entre carreras... De un jueves, este que se acerca, para visitar Villanueva de la Reina, porque allí también ya, se está leyendo mi libro, y hasta allí han viajado algunos más... Hoy me visitó Paqui, la que desde hace más de treinta años me decía aquello de "escribe, escribe, escribe". Y le hice caso... Y escribí... Gracias Paqui, hermana-amiga, gracias a todos... Buenas noches... me toca sonreír mientras me duerno.

ADELA ES NOMBRE DE CAMPAMENTOS ESTUDIANTILES......

Ahora no, ahora le había vuelto la alegría, a pesar de las horas en las que, estaba segura, moriría, reventaría, ella y su bebé, los dos, a la vez. No tenía duda de que su cuerpo se haría trizas. Pero no había sido, su cuerpo pequeño, consumido por aquella angustia que le impedía comer, había soportado aquel dolor que amenazaba con hacerle perder el conocimiento, sintiendo como una cabeza se deslizaba entre su vientre, abriéndole las piernas, haciéndole gemir de dolor, deseando gritar, recordando que no debía de hacerlo, la mano de su madre secando aquel sudor frío, hablándole despacio, no grites Rosa, muérdete el labio, aprieta la sábana y los puños, pero no grites, todas las mujeres paren. Sí, podía ser, todas las mujeres paren, pero ella no lo había hecho nunca, no sabía del dolor, ni de la angustia, ni de la tristeza.



 Francisco asomó la cabeza con miedo, serio, triste, inseguro. Miraba aquella cama niquelada, algunos restos del parto aun desparramados por el suelo, Adora y su suegra se apresuraban a recogerlos. Como si el hombre que había dejado encinta a Rosa, el mismo que era padre de la criatura que acababa de nacer, no pudiera ver el desangro que había supuesto, para aquella medio mujer medio niña, traer a la pequeña que dormitaba entre sus brazos al mundo. Rosa sonrió a su marido, tímidamente, igual que si hubiera sido descubierta en un beso escondido, en algo pecaminoso y pecador:
–Se llamará Adela.

CREANDO UNA VIDA... MUCHAS VIDAS Y UNA HISTORIA...

Las escenas que nunca volverían, las que ellas olvidaron pronto, porque la realidad hacía necesario el olvido para poder vivir. Para poder seguir. Para subsistir. Las niñas crecían, veían, se buscaban las espinas de los arenques en las basuras, aquellas basuras que se acumulaban en espuertas de goma negra, o cubos de lata, niños hambrientos en busca de cáscaras de naranja, dichosos los que se habían comido la pulpa, dichosos los que comieron los arenques. Miseria. Crecer entre miseria, aprender a salir de ella, a construir, a reconstruir, a reconstruirse, cada uno, desde el más pequeño al más anciano. Había que volver a inventarse. Había que volver a aprender a soñar, cuando los sueños habían dejado de existir.



 Nació en guerra, en un país que se desangraba por los cuatro costados, nació cuando su padre fue llamado a filas, los últimos, los de “la quinta del saco”, los más mayores, los pocos hombres que aún quedaban en Sacer alejados de los frentes, de uno o de otro. Su padre no quería guerras, no podía permitírselas, tenía una casa que mantener, una hija a la que ver nacer y crecer, en una casa humilde, perdida en un oscuro callejón, una niña que le esperaba en una cuna de madera, cada tarde, cuando terminaba su jornada en el campo. Ramón no quería guerras. No quería que aquella niña naciera en un país destrozado y hambriento. Ya tenía una hija, una niña de dos años que se le cogía al pico del jersey, uno de aquellos jerséis de lana tejidos por Lola en las largas noches de verano, preparando el invierno.

DE LA ABUELA EL CONSEJO... (digo yo...)

Mi abuela decía que nada peor que creerse ser la mejor, que creer que nadie podía igualar, que menospreciar, a veces sin pretenderlo, a otros que no habían llegado a la misma altura, porque eso nos podía hacer creer, erroneamente que somos los mejores. En ocasiones, la vida te sorprende, te planta delante a alguién a quien, hasta entonces, no habías pensado, ni por asomo, que pudiera hacer algo "digno de mención", y se te desestructuran algunas creencias. Y como no se sabe como luchar para recuperar tu "status", se recurre a la burla intimista entre alguien que aplauda la envidia, que, en definitiva, es lo que mueve algunos comentarios, aunque se hagan en un tono de "no me importa", en el fondo sabemos que se nos ha robado un minuto de gloria... Y olvidamos que todos tenemos derecho a respirar, a disfrutar cuando realizamos un trabajo digno, mejor o peor, pero digno, a tener "nuestro momento de gloria". Que los comentarios malintencionados, con un público reducido y envidioso también, no hacen más que demostrarnos que somos incapaces de admitir que, a veces, el trabajo humilde tiene también un pequeño aplauso, aunque sea pequeño.
CONCLUSIÓN:

Como mi abuela decía, sé humilde, porque quien tenga un corazón limpio, lo verá, quien tenga una mirada justa te aceptará, no te averguences de lo que haces, si lo que haces es honrado y no daña.... Pués lo dicho. Yo, de mi abuela, cojo el consejo....