5 feb. 2013

"LA NIÑA ROTA"...EMIGRANDO A ALEMANIA...


–¡A Alemania no!...
            Y bajó los ojos, turbios, apagados y húmedos por un llanto que no debía de salir, no quería ni oír hablar de que él se fuera. ¿Qué iba a hacer ella sola con su hija?, veía a las  mujeres del pueblo, las que habían quedado viudas sin serlo, ausentes de esposo, de hombre de la casa, esperando la vuelta veraniega, un mes, un escaso mes para compartirlo con el hombre que, según la ley de Dios, había prometido cuidarlas. Y esos hombres las habían dejado solas, a su suerte, pendientes del cuidado de los hijos comunes, de los padres comunes, de las familias comunes. Pendientes de la administración de la casa. Y ellos lejos, muy lejos, trabajando, visitando la Casa de España en alguna ciudad alemana, solos, viviendo como solteros sin serlo, sin plantearse la cuestión de llevarse a la familia, para, según ellos, no desarraigarla, no arrancar a sus mujeres del lado de sus padres, que las necesitaban, porque eran mayores, para que sus hijos se educaran en España, porque era lo correcto. 

Foto de Angel del Moral Gómez (Puente de Hacho).-

VOY A DAR TIEMPO AL TIEMPO....

Esta mañana me tocó recordar mi internado, mis días en Úbeda, recordar a Sor Pilar, la directora, un hibrído entre monja, meiga y cuervo que era el azote de las internas, y que, en aquellas tardes, cuando terminaba la merienda, nos decía con su voz aflautada:"Señoritas, ahora dos horitas de estudio y luego diez minutazos de recreo", poniendo un énfasis exagerado en el aumentativo y el diminutivo del tiempo... Con los años he descubierto que es así, a veces, dos horas, ciento veinte minutos no tienen valor, pero diez minutos, esos diez minutazos, tienen todo el poder de cambiarte el rostro y el gesto. El concepto de tiempo es relativo, siempre, lo que para unos es fugaz para otros se eterniza. Lo que para unos pasa volando para otros es una pesadez. El tiempo es un concepto subjetivo y propio, es personal y se gestiona de forma autónoma. Un día puede estar siendo laxo, sin sentido, de esos días tan soporíferos que te cansan el alma, y sin embargo, solo diez minutos tienen el poder de cambiar el sentido, de hacerlo interesante, de que te comas la vida, y solo esos diez minutos vencen al resto de los que está lleno ese día pesado y vacío. El tiempo, que dicen que todo lo pone en su sitio, dame tiempo, da tiempo, da tiempo al tiempo. Todo se rige por el tiempo, por unas manecillas que avanzan sin que tengamos el poder de pararlas, pero que en su recorrido nos llegan de momentos increíbles, que hacemos eternos y guardamos en la memoria, porque ese sí es nuestro tiempo, el real, el creado para vivir, el propio.
Esta mañana, como muchas otras, a mí me bastaron diez minutos, porque en esos diez minutos decidí que me gusta ser dueña de mi tiempo, o al menos, de algunos segundos que no pueden escaparse entre los dedos, porque he aprendido a sujetarlos y a vivirlos, y a recordar. Y recordar siempre es volver a vivir.

CONCLUSION
Voy a dar tiempo al tiempo, pero solo porque me apetece hacerlo, porque sé que es justo jugar esa partida en igualdad de condiciones, sé que el tiempo me va robando vida, pero también sé que me está dando vida, cada día me regala veinticuatro horas para que yo, desmenuzandolas, recoga diez miserables minutos que valen por muchos más... La impaciencia juvenil la dejé atrás, la vida me enseñó a esperar serenamente, porque, como decía mi abuela, lo que está para tí, aunque te escondas llegará... seguiré dando tiempo al tiempo, porque después de todo, no me ha tratado mal y merece toda mi confianza... Buenas tardes ya... me toca un poquito de viaje luego y dejar pasar la vida...