11 feb. 2013

ERRORES Y EQUIVOCACIONES VARIAS....

Hay veces en las que una mete la pata hasta el fondo, y agradeces mentalmente que el error sea subsanable y pueda ser subsanado, y miras al cielo y das gracias a Dios porque, por lo menos en esa ocasión, el error no ha conllevado malentendidos dificiles de explicar... Luego explico a qué me refiero con esto. La cuestión es que, yo, buena amiga donde las haya, me dispuse hace unos días a enviar unos ejemplares de mi novela a unas amigas, con la promesa de una dedicatoria, de esas guapas, a cada una la suya, ¡naturalmente, faltaría más!. Mi sorpresa surgió cuando, a media tarde, de estas tardes cómodas de sofá y brasero, Luisi, muy graciosa ella, me envia un whastsapp (esa palabra que nadie sabe como se escribe) y yo sonreí, abrí el mensaje pensando "Mira que bien, Luisi ya tiene su libro fijo, y me lo va a decir"... pues sí, me lo dijo... con mucha gracia (que pa eso es sevillana) y un poco de guasa, que no de whatsapp... me lo dijo y me lo confirmó, enviandome foto vía whatsappera la prueba fehaciente de mi error colosal, nos reímos un poco, intentamos solventar el error, me precipité hasta el teléfono y marqué el número de Isa, la otra pobre amiga, lectora que, ya había recibido su novela, con dedicatoria para Luisi, que la pobre no sabía quien era, pero daba por hecho que se trataba de alguién, según me contó, amiga y cercana... Isa comenzó a reír nada más escuchar mi voz, sabiéndo lo que había ocurrido, sin darle mayor importancia, a lo que yo, desgranando un poco estos errores, le hablaba de que, igual, si hubiera equivocado un mensaje, uno de esos comprometidos, nos hubieramos reído menos, por mi parte sobre todo, digo yo, y decía ella ¡claro!... Y es que hay equivocaciones graciosas, que te sirven de excusas para reirte un rato, y otras que no lo son tanto.
A colación de este fallo entre amigas, gracioso, subsanable y anecdótico, me vino a la mente un mensaje, hace ya años, unos cinco años, que me llegó por equivocación. De esos que abres el móvil, lees, relees, meditas, arrugas el ceño y piensas "Yo creo que esto no es para mí", sobre todo porque el tratamiento final no se corresponde con el que, normalmente, te dedican. Yo fruncí los labios, pensé si debería de reenviarlo a la persona que lo remitía, o hacer que no lo había recibido y hacer de la discreción un valor. Y opté por lo primero, mejor decir la verdad. Y reenvié el mensaje, me reía mientras lo hacía, porque la verdad, el tratamiento me hizo mucha gracia, el contenido también y el tener que reenviarlo y esperar las explicaciones, me hacía muchisima más gracia todavía... Y esperé... Y recuerdo, riendome ahora casi como entonces, que me respondieron con un "No sabes como siento haberme equivocado, pero...¿a tí quién te ha dicho que me equivocara y no lo hiciera a posta?", cosa que, la verdad, me hizo estallar en carcajadas... Y es que, a veces, hay equivocaciones, como la de entonces, como la de hoy con mis dos amigas, que hay que tomarlas a risa, que te hacen ver que, en un momento dado, una equivocación puede tener su gracia, puede servirte de excusa para comunicarte con alguién o, sencillamente, puede hacerte ver que, no todas las equivocaciones son involuntarias y por despiste. La mía de hoy sí, perdón a Luisi y a Isa, que se lo han tomado muy bien, con risas, que en unos días, cada una tendrá su libro, con su dedicatoria, que, entonces sí será para ellas. Se ha quedado en una anécdota y en la confirmación de que no soy perfecta.

CONCLUSION

Personalmente puedo decir que, una equivocación puede hacerte reír o te puede fastidiar el día, que un simple fallo, despiste, error al enviar un paquete, al pulsar una tecla, al colocar una dirección dando por hecho que todo está perfecto, te puede, incluso, cambiar la vida, y no exagero, casos se han dado. Hay errores terribles, otros estupendos, hay equivocaciones hechas de bromas, hay equivocaciones que no son tales, pero que así nos las quieren hacer creer. Yo me quedo con las de risas, con las que te pueden cambiar el gesto y te divierten, pero sobre todo, con las que, en el fondo, sabes que no es un error, sino que te quieren hacer creer que así ha sido, porque esos fallos, esos despistes, solo indican que somos humanos, no solo al equivocarnos, sino también a la hora de "gestionar" un error... Buenas noches, día de errores, de risas... de recordar otros, y de regresos, que ya era hora... me voy a leer, que me lo he ganado...

 La foto que acompaña la reflexión de esta noche, es la dedicatoria que Luisi me envió, la que tendría que haber recibido Isabel, la de Luisi, cuando ella la reciba, se quedará para ella, porque suya es... esta ha sido mera anécdota, y así la he contado... cosas normales, de gente normal....

LA NIEVE DE ANTES...¡ESO SI ERA NIEVE!

Amaneció nevado...solo amaneció, pero, ¡claro!, comenzó la incógnita, ¿habrá instituto? ¿va Alberto al colegio?. Seguía nevando, como si fuera a caer la nevada mundial, oscuro todo, con una manta de nieve que esas que dices, "Trae la cámara que haga fotos", y nos colocamos en el balcón buscando el ángulo desde el que se ve mejor caer la nieve, haces unas pocas, te metes para adentro, porque corres riesgos de congelación y piensas "Luego hago más"... ¡Pues no!... Porque ultimamente los inviernos no son lo que eran, y la nieve ha caido solo, para que se le hagan cuatro fotos, se cuelguen en facebook, veamos que existe y ya está. Los que no hayan madrugado, los que se hayan levantado a las diez sabran que ha nevado, precisamente, por las fotos, porque de la nieve caída queda el recuerdo.
Antes no, antes eran otros tiempos y otras nieves. Yo recuerdo nevadas, o nevazos, como decimos por estos lares, de esos de abrir caminos, de esos de meterme en nieve hasta la ingle (no exagero), era pequeña, si, pero hasta la ingle de entonces había casi cuarenta centímetros. Recuerdo, y muchos de mi pueblo también lo harán, repartir el pan con aquella borriquilla o en una mula, y el animal y el panadero enterrados en nieve, (y no exagero), recuerdo que las botas de agua, aunque existian y algunos las tendrían (yo no) servían de poco, porque la nieve superaba la boca y se metía por dentro... Antes nevaba, ahora amenaza, es distinto, totalmente distinto. La nieve de entonces, la de mi pueblo, daba para hacer helado casero, en aquellas ollas de porcelana, durante semanas, se eternizaba en los ángulos situados en la umbría del corral, o del patio, o de la calle. Antes nevaba así, días enteros, noches enteras, llenas de palomitas y de lumbres. Pero entonces no había cámaras de fotos, ni móviles con cámaras de alta resolucion (ni de baja, no había móviles y listo) y solo unos pocos podían sacar una foto, en blanco y negro, de aquel espéctaculo. De mi pueblo, nevadas, hay pocas fotografíadas, pero os puedo dar fe, y mis paisanos también, de que allí nevar, nevaba... Ahora solo amenaza...Y algo muy curioso... Cuando nevaba eran los casi unicos días en que a los niños se les veía con pantalón largo, porque en invierno, por muy crudos que hayan sido, se abrigaba de cintura para arriba, las piernas se dejaban con un pantalón corto, calcetines y zapatos... y nos ponían un gorro, y las niñas seguiamos usando unas falditas minúsculas o las de tipo "refajo", según la edad, pero faldas, y eso que estabamos a bajo cero. ¡Oh, los nevazos de antes!... ¿ande andarán?...

CONCLUSION

Ahora no nieva, a riesgo de ser repetitiva, sigo diciendo que, ahora solo amenaza, caen unos cuantos copos, pocos y cobardes, avanzadilla que intenta que pensemos que vendrán muchos más, y desaparecen enseguida, debe de ser por los recortes... Definitivamente, los recortes han llegado también a las nevadas, se nos enseñan un poco, para que veamos que existen y punto pelota...¡se terminó el espectaculo!... menos mal que hoy si hay cámaras, y móviles de alta definición, y se nos quedan impresos y compartidos en muros, para que quede constancia de que la nieve, existir existe... otra cosa es que podamos disfrutar de su vista blanca y deslumbrante más de veinte minutos seguidos.... Buenos días, que ustedes no pasen frío... nieve no nos ha quedado, pero viento sí, y además frío....

¿ALGUIEN ESTÁ CELOSA?...

¿Alguien alguna vez sintió celos?... ¡Sí, mujer!, esa cosa que te hace pasear por la casa dándole vueltas a la cabeza, maldiciendo en arameo, mascullando palabras que nadie entiende, ni comprende, ni tiene noción de que existan, sólo tú... Los celos son esos mosquitos que se te instalan en el estómago, o en la cabeza, pero que te salen por la boca, unas veces en forma de indirectas, de esas que lanzas como quien no quiere la cosa, tipo Federer golpeando pelota, con elegancia y sin demasiado esfuerzo. Y en otras ocasiones a grito pelado, más tipo McEnroe, tirando raqueta al suelo y pateándola... Los celos son aquellos alfileres que se te van clavando, uno a uno, en todas las articulaciones de tu cuerpo, que hacen que te pongas tensa, que respires con trabajo, que la tensión se te dispare, que registres, cual posesa, bolsillos, móvil, cartera, y lleves la nariz al cuello de una camisa... Total, los celos son esas cosas que nos hacen volvernos locas, o locos, que celosos también los hay aunque se hagan los suecos... Pero una mujer celosa es la peor criatura, no humana, con la que un varón-león se puede tropezar, porque, efectivamente, en cuanto los celos hacen su aparición una mujer deja de ser humana, se transforma en niña del exorcista, pero peor, con más mala leche. Y ahora seamos honestas, admitamos que perdemos los papeles, que aunque nos lo callemos, por dentro estamos que saltamos, es como si nos fueran dando gas, poquito a poco, como si fuéramos una olla a presión esperando el punto máximo de ebullición, y al conseguirlo somos capaces de hacer saltar la tapa al techo... sin ningún esfuerzo.
Seamos honestas... Perdemos los papeles, nos volvemos ilógicas, histéricas, nos dejamos llevar por la letra de canciones copleras e imágenes de "Atracción fatal", se nos llena la mente de escenas del hombre de nuestra vida con cientos de mujeres, o sólo una, nos da igual, pero no somos nosotras. Hasta que, de repente, una vocecita de esas que en esos momentos tienen miedo hasta de respirar, te dice en tu interior "¿Se puede saber a qué viene todo eso?, piensa y razona", como si fuera un consejo de la doctora Olga Bertomeu pero sin sexo. Y tú lo haces, piensas, que eso lo hacemos estupendamente, y razonas, que eso, depende en qué situaciones se te da peor... Pero consigues hacerlo, y consigues que, a medida que el razonamiento va funcionando, se te vaya escondiendo Regan McNeil (la niña del exorcista) y vuelves a tu estado natural, ese dulce y pacífico... Y te preguntas qué hizo que sintieras celos, y descubres, un poco avergonzada, que fue solo un mensaje olvidado, que está desfasado, que encima es a una antigua amiga y que es inocente como Heidi.

CONCLUSIÓN

No soy celosa, nunca lo he sido. No al menos hasta el punto en que he conocido celos ajenos. Y he visto a celosas obsesivas perder los papeles, rogando en mi interior que Dios me libre de semejante ridículo y de semejante sufrimiento. Pienso que, efectivamente, los celos existen por imaginar no por ver. El celoso lo es por lo que imagina, siempre... Me gusta ser lógica, pero si en algún momento vuelvo a descubrir tan solo un granito que me haga suponer algo rarito espero que llamen al padre Merrin y al padre Karras, porque necesitaré un exorcismo profundo, y yo, cuando me pongo me pongo... ¡que tiemble el planeta!, ahora, eso sí, sigo pensando que lo tenga que ser será, ya le pongas puertas al campo, ya gires la cabeza y vomites coles... Buenas noches, esta tarde tocó hablar de celos con una amiga... y es que, a veces, hay que reírse con temas serios... Que descanséis, sin muchos celos, solo los justos para dar "vidilla", que diría alguien que yo me sé...