12 feb. 2013

HABLEMOS DE SEXO...(con guasa)

Hablemos de sexo, esa cosa que, normalmente, está prohibida en conversaciones serias, que se aplaza y se margina porque no es políticamente correcto, que parece vulgar y ordinario, que se sale de lo que debe de ser una conversación inteligente. El sexo, el gran relegado de las conversaciones serias, de personas maduras y cultas, porque, normalmente, de eso habla "otra gente". Para mí hablar de sexo es de lo más divertido del mundo, porque es uno de los pocos temas que admiten varias y diferentes posturas, dicho esto con toda la segunda intención del mundo. Hablar de sexo relaja, divierte, enseña y entretiene (que diría Petete). Si nos ponemos a pensar un poco relajadamente nos daremos cuenta de que, no hay conversación entre amigos de los de toda la vida, de esos que admiten todas las conversaciones creadas y recreadas, que no terminen o no incluyan indirectas, bromas, palabras o giros de carácter sexual. Y, naturalmente, lo decimos de la forma más normal del mundo. Bueno, ese es mi caso, supongo que no debo de ser muy culta, ni muy madura, ni muy inteligente, porque, como dije al principio, todas esas cualidades no admiten conversaciones triviales sobre sexo.
Pero sigo convencida de que es el tema socorrido, el que brota sin querer, ya cuando casi todo está aprendido. No entiendo la reserva tan ridículamente tonta y decente a hablar de sexo, porque, si lo pensamos fríamente, hablamos de temas como guerras, odios, criticamos a los ajenos, nos metemos en sus vidas y, por muy raro que parezca, nos importa hasta la vida sexual ajena, pero eso sí, de sexo no se habla, porque no está bien. Deberíamos ser más divertidos, más abiertos, más tolerantes, más amenos, más transigentes, más receptivos, escandalizarnos menos y divertirnos más. Le damos demasiada importancia a palabras simpáticas creadas para definir al acto sexual, pero usamos sin piedad las que insultan, las que menosprecian, como si decir idiota fuera menos grave que decir polvo. ¿O no?. Quizás esté equivocada, casi siempre lo estoy. Siempre hay alguien en tu vida, que, de repente, te hace ver que el lenguaje íntimo, que el lenguaje coloquial, es el mejor de los lenguajes, que no hay que definir el acto sexual como si fuera el evangelio, porque, precisamente, puede ser todo menos eso. Nos pasamos la vida teniendo cuidado a la hora de nombrar "lo innombrable", porque decir depende qué cosas no está bonito según a qué edad, pero luego, sin el más mínimo recato, catalogamos a una mujer de ligera de cascos usando la palabra que define la profesión más antigua del mundo, y nos quedamos tan tranquilos. ¿O no?.
Hablar de sexo, cuando se hace con seriedad, es educativo, cuando se hace en petit comité es divertido, cuando se hace en la intimidad es excitante, y cuando se practica sexo, simplemente, es normal, genial y enriquecedor (cuando se haga bien, claro está). Sin importar esas posturas tan rectas (me refiero a las posturas mentales jejeje), esas que todo lo catalogan, que todo lo critican, que todo lo conceptúan dentro de sus reglas, sus normas y sus líneas, rectas, severas y aburridas.
Hablar de sexo es normal a una edad en que ya deberíamos de aceptar casi todo como normal. Porque, lo que no es normal es que se difame, se enjuicie, se menosprecie, se vapulee, se critique y se haga de la vida personal ajena un tema de conversación permanente.

Aprendamos a reírnos hablando de sexo, aprendamos a divertirnos haciéndolo, la vida ya nos trae temas serios, palabras serias, palabras duras, mucho más duras, mas feas y mas desagradables que las que podamos utilizar para hablar de una relación, personal, madura, consentida, disfrutada y vivida. Después de todo, dentro de cien años, todos calvos, y la vida tiene que enseñarnos a dar importancia a lo que realmente la tiene. Los antiguos pudores, los antiguos conceptos de la educación sexual han hecho mucho daño, han creado mutilados, pero, sobre todo, mutiladas sexuales. Y ahora que ya tenemos edad para ser completas deberíamos de permitirnos un poco de alegría, un poco de risa y un poco de atrevimiento.... Hablemos de sexo, que se acerca San Valentín y habrá que homenajearlo... Buenas noches... a practicar, que a caminar se aprende caminando....

A MI MARIDO... (FELIZ CUMPLEAÑOS)

Mañana cumple cincuenta y un años. Más de medio siglo. De ellos, casi veintinueve los ha pasado a mi lado. Fue de esos encuentros que, la vida, sin pensarselo, te regala. Cuando ni siquiera te has propuesto comenzar nada, porque, hay ocasiones en que, el corazón está tan herido, que se negaba a latir. Pero late. Se tropieza con una mirada sincera y honesta. Una timidez llena de respuestas a preguntas que ni siquiera yo me había hecho. Le encontré en silencio. Porque la buena gente no hace ruido. Y decidió que quería acompañarme el resto de mi vida. Y así lo ha hecho. Decidió que tenía que buscarme, cuando me fui lejos, a buscar yo otra vida distinta. Y nos encontramos lejos, los dos, el uno junto al otro. Unos niños comenzando y aprendiendo a luchar. Me respetó hasta límites insospechados. Soportó mis neuras, mi genio, mi carácter insoportable a veces. Sonrió cuando yo lo hacía, y me abrazó en el dolor. Es mi marido. El mismo que, ahora, cada día, me mira y me alienta. Como lo lleva haciendo casi treinta años. Sin desfallecer nunca. Enredado en mis abrazos y buscando mis besos, y yo los suyos. Malos momentos, siempre los hay. Empalagoso a veces, mucho más que yo. Venció su timidez, él dice que gracias a mí, yo le digo que gracias a él, porque lo que es, lo que fue lo que tenga que ser, siempre se lo habrá trabajado él. Las riñas, los enfados, los momentos tensos, el futuro incierto... la esperanza, las risas, la complicidad, las bromas, esas que yo le hago y que nunca le enfadan. Mi soporte y mi ayuda. Mi rincón cuando soplan malos vientos. El hueco que busco cuando la vida me hace daño.
El padre de mis hijos. El que consiente más que yo, el que apenas se enfada con ellos. El poli bueno y el amigo-padre. Mi marido. Que fue digno hijo político de mi padre y es buen yerno de mi madre, esa abuela que lo adora. Hermano de mi hermana. Que olvida cuando estoy escribiendo y me interrumpe contándome sus cosas. Con el que comparto largas charlas en la noche, abrazados, porque así seguimos charlando, como sino hubieran pasado tantos años.
El que piensa que me engaña cuando, día tras día, va guardando un poquito de dinero para hacerme un regalo. El que me regaló su vida, que es lo mejor que pudo darme. Dichosa siempre con él. Buena gente, buen padre, buen hijo... buen esposo, compañero de camino, que olvidó el suyo a veces para andar el mío. Que me alentó y me animó. Jamás cortando alas, confiando siempre y siendo recompensado por ello. Manuel. Que está cuando no queda nadie. Que sufrió conmigo, que me cogió la mano y me miró sin hablar. Escribiendo cartas especiales, escribir se le daba mal decía, no, se le dio siempre bien, muy bien, porque ponía el alma.
Mañana cumple cincuenta y un años... Muchos años... no tantos. Años que han sido trabajados, cumplidor, fiel a sus amigos, callando cuando no sabe y admirando a quien lo merece. Especial siempre. Y sé que, quienes le conocéis, sabéis que no exagero, que no es amor de mujer, sino amor de persona hacia la otra persona. La que un día de verano, cuando la tristeza se había instalado en mi rostro, cuando me habían hecho tanto daño que me dolía el alma, solo me dijo, "Puedes contar conmigo, no todos somos iguales". Y conté, y él no fue igual... Distinto a todos, único y valioso. Que llegó a mi vida para restaurarla y hacerla nueva, que me hizo mujer y que me cambió el chip. Manuel, mi marido, mi compañero fiel, mi amante siempre. Que me abriga en el frío y da sombra con el calor.
Se pasa la vida, se pasan las primeras pasiones, los primeros sueños, las primeras ilusiones... Pero siempre serán nuevas, porque así las hace. El gran desconocido, el callado, el que está detrás y el que acompaña. Los hombres de mi vida, mis dos hombres maduros, mi padre y mi marido, dos desconocidos, que me enseñaron el mundo y así me lo dieron. Porque cuando se entrega el alma, quien la recibe, sabe que te están entregando todo un universo de sentimientos.
Por él, que me espera, que me hace respirar y me recuerda que, a pesar de todo, con los altibajos, con las penas, con los llantos, siempre, siempre, estará detrás, o al lado, pero estará al volverme, al buscarlo. Como lo busco ahora cuando estoy inquieta, cuando me asalta la duda y él me hace recuperar la calma. Mostrándome la lógica, haciéndome mejor, haciéndome especial y única.
Manuel cumple años, y con él los cumple mi vida entera, "Eres el timón de mi vida" me dijo un día, y olvidó que, para conducir un timón hace falta un capitán que sepa manejarlo...