16 feb. 2013

LA EMOCION DE LO VIVIDO...

¡Gracias!... Con una simple palabra bastaría, no "muchas gracias", porque jamás el aumentativo podrá expresar todas las que necesito dar. Fue una noche intensa, de esas que te cogen un pellizco en el estómago y un nudo en la garganta, el nudo que intentas controlar para que no se derrame. Notando ausencias queridas que no están, que ya no estaran nunca. Pero disfrutando de las presencias, esas que, frente a tí, guiada por sus rostros, te van haciendo saber si todo fluye, si lo estás haciendo medianamente bien. Y ves una sonrisa cómplice ante un comentario, y personalizas, y dices nombres, los que, sin querer, se te van quedando en el alma. Noche vivida con emoción y con saturación de lágrimas que no derramas, pero que sientes. Rostros amigos y conocidos, otros no,  otros estan aprendiendo a conocerte, a través de tus palabras y de tus gestos. Mi novela en muchas manos que ojean y hojean. Mi novela, sencilla, sobre una mesa, mientras yo intento no desentonar, no defraudar, ser yo y ser aceptada. Noche de sonrisas llenas de ternura, llenas de cariño. Besos que mis mejillas guardaran. Rostros, muy cercanos al mío, distancias cortas, palabras en voz baja, consejos y aplausos sin batir palmas, aplausos del corazón, esos que te dicen "¡sigue!". Hacer mención a todos personalmente sería imposible. Pero si, reconocer, que la tecnología, esa que a veces hace daño y que nos hace aumentar la desconfianza, en ocasiones, crea sentimientos que, con el conocimiento personal, descubres que se quedaron cortos. Porque el abrazo enviado en un comentario, cuando te lo dan unos brazos, es más intenso, más emotivo, "más mejor", y las lágrimas intentan volver a salir al repartir abrazos amigos, que han escuchado mi humilde presentación, sin ni siquiera interrumpida por el vuelo de una mosca. Respeto para alguién humilde, sin avales, sin nada que les impida levantarse e irse. Pero allí estaban, escuchando atentos, riendo conmigo, asintiendo conmigo, viviendo mi noche y mi momento. Llenando mi alma y mi vida.
¡Gracias!... porque, en ocasiones las palabras faltan o sobran, según se mire y se entienda. A la simpatía de mis amigos de siempre, que, aún así desconocían como podía expresarme ante un público mayor, diverso y distinto, y se sorprendieron, y me hicieron reír con eso de "¡Niña, como hablas!", y te hacen descubrir que, puede que sí tengas imaginación. A todos, a los ausentes, que no pudieron estar pero que yo sabía que estaban, al fondo, sentados en la última fila, escuchandome y sonriendo también.

¡Gracias a todos!, me hicisteis sentirme en casa, bien arropada, bien acompañada, bien tratada y bien escuchada. Ese Palacio de los Condes de Gabia, era mucho palacio para una humilde montejiqueña que tan solo ha hecho lo que le gusta. Gracias por hacer de ese Palacio mi casa, durante unas pocas horas. Gracias por vuestra presencia... Y como digo siempre, y lo digo desde el corazón, jamás podré agradeceros todo lo que habéis hecho, todo lo que habéis transmitido y todo lo que me habéis hecho sentir. Hay un refrán que dice que "Quien siembra recoge", yo solo sembré un sueño, pero estoy recogiendo muchas realidades hechas personas y hechas cariño. Y eso, amigos míos, es impagable.

Desde mi casa, desde mi hogar, desde mi corazón, ¡Gracias!... porque jamás olvidaré la emoción de lo vivido.