19 feb. 2013

MUJERES Y HOMBRES... EL EQUILIBRIO PERFECTO...

Hablaba yo ésta noche con mi amigo Emilio, tras otros temas de los hombres y de las mujeres, de quiénes se venden mejor. Le conté (aunque no se lo dijé) un sketch de Andrés Pajares, en el que, con mucha gracia, escenificaba la forma de venderse de un hombre (exagerado hasta límites insospechados) y la suave, dulce y modesta forma en que lo hace una mujer. Aquel sketch, de hace muchísimos años, siempre lo recuerdo, entre otros motivos porque es real como la vida misma. No sé si alguién lo habrá visto, si no es así, os aseguro que os habéis perdido la justa visión de un hombre de como hacen ellos las cosas, y de como lo hacemos nosotras. Resultado: salimos ganando (risas contenidas para no ser demasiado mala).
Pero, también, ya enfrascados con el tema, le decía yo a Emilio que a mí me gustan los hombres, es de justo reconocerlo (me gustan porque, por algo soy mujer, aunque una cosa no tenga nada que ver con la otra), y le aclaraba el por qué me gustan, le hablaba de que, salvo muy contadas ocasiones y con muy contadas amigas, suelo enriquecerme más escuchando al sexo masculino, porque, sinceramente, a riesgo de que me crucifiquen mis amigas feministas, pienso que el hombre es noble (un poco así, de esa manera, pero noble), pienso, sinceramente, que la hobleza del hombre le viene de género. Porque las mujeres, hasta en la Biblia, con la primera, somos más listas, y ellos, (que no digo que sean tontos, ¡dios me libre!), siempre se han dejado llevar más por nosotras. Hagamos un poco de examen de conciencia. Normalmente (digo normalmente, no vayamos a liarla) la mujer arrastra con ella, cuando se casa, a su marido hasta su familia. Aunque el hombre odie a la suegra, termina tragando, porque es su suegra, esto es, la madre de su mujer. Normalmente, cuando hay una discusión, suegra-nuera, él termina o bien callando, o bien poniéndose del lado de su mujer, en el caso contrario no solemos hacer ni una cosa ni otra (nosotras callamos menos y ¡por supuesto! no damos la razón a nuestra suegra, ¡faltaría más!). Sé que ésta noche estoy muy poco feminista, pero soy mujer, soy nuera, soy madre de varones, y mi padre fué yerno. Mi abuela vivió en casa (mi abuela materna, digo), yo a mi abuela la adoraba, me crió ella, me reí muchísimo con sus cosas y la lloré como a una madre, pero eso sí, para tocar las narices no había otra. Y una de dos, o mi padre era el Santo Job o sabía que, en una lucha, cuerpo a cuerpo en dialéctica con mi abuela (y mira que mi padre sabía) tenía las de perder.
Es extraño como, con los años, olvidas un poco los roles, esos que te adjudican, tipo, eres la mujer, por tanto eres perfecta, todas las mujeres llevan razón, porque tú eres mujer y tienes la obligación de apoyarlas, los hombres tienen tarea, por tanto hay que lidiar con ellos. Yo, con los años he aprendido que, para mí el sexo es lo de menos (me refiero a las relaciones humanas, lo demás lo voy a omitir jajajaja), porque, en realidad, lo importante es la persona, y yo, creo, he sido afortunada, porque he encontrado hombres fenomenales y mujeres que no lo son tanto. Y viceversa.
Hablaba yo con Emilio de que, no deberíamos de andar siempre con eso de la lucha soterrada de sexos, cuando juntos somos un equipo estupendo, único, nos buscamos, mutuamente, desde pequeños. Mi enano ya habla de novias, no seremos tan malas, no serán tan malos. En realidad es una relación humana, personal y maravillosa. La relación sentimental, emocional, sexual, el compartir, el crear, el crecer juntos es algo que no valoramos, porque, en un momento, cuando alguno falla, lo único que se nos ocurre es eso de "mujer tenía que ser", o de "todos los hombres son iguales"... Y olvidamos que, por lo primero nos buscan ellos, porque somos mujeres... Y nosotras porque no nos creemos lo segundo, y buscamos al distinto.
Me gustan los hombres. Me gusta la honradez en un hombre, el sentido de la lealtad, mucho más serio que el nuestro, dicen algunas mujeres que los hombres son más cotillas, bueno, puede ser. Se nos olvida cuando nosotras nos ponemos a "cortar trajes", digamos, con justicia, que defectos tenemos todos. Pero lo que sí es cierto es que, cuando dos personas, del sexo que sean, dialogan, se ríen, comparten y viven, la experiencia es maravillosa, porque, cuando esa relación se hace intimidad, complicidad, y se riega con toques mucho más sentimentales, más sexuales y más familiares, somos capaces de crear a un ser humano, que tendrá nuestros genes, los de los dos. Tendrá genes masculinos y genes femeninos. Cosa que, a veces, olvidamos, porque cuando hablamos de que "todos los hombres son iguales" si tenemos hijos varones, olvidamos que, dentro de ellos también estamos nosotras.
Somos mitades, somos complementos, somos nexos y somos uno. Digamos lo que digamos. Tenemos la mitad de nuestra genética masculina, gracias a nuestro padre. Ese al que adoramos, al que echamos en falta cuando se va. Al que desearíamos besar cuando ya no está. Somos madres de hijos, y madres de hijas que llevan la mitad de genes de un hombre... Somos especiales, ambos sexos, ambos dos. Y juntos somos "la caña de España"... Así pues, seamos justas y justos, no todos los hombres son iguales, igual que tampoco nosotras lo somos... Y ellos lo saben, por eso escogen, por eso escogemos...

CONCLUSION

Me gustan los hombres, de eso estoy segura. Me gustan mis hijos, que son varones, que son míos y del hombre que comparte mi vida. Ese que es igual que todos, que me hace enfadar, que me hacer reñir, que colma mis nervios y mi paciencia. Pero sé que, igual, se lo hago yo a él. Y sin embargo hemos sido capaces de realizar el milagro de la vida, y por partida doble... Me gustan los hombres. Adoraba a mi padre, adoraba a mi abuelo Jacinto, que nunca colmaba los nervios de nadie, porque era prudente, callado y paciente. Mi padre, que era la discreción y la quietud. Hombres maravillosos en mi vida... Tal vez, por eso, por ellos, descubrí la nobleza del hombre... Tal vez, por ellos pienso que, todos, absolutamente todos, son únicos, especiales e irrepetibles... Buenas noches, voy a charlar con un hombre, al proyecto del que será lo tengo dormidito, y al que ya es, le tengo lejos, pero presente siempre, y es que yo tuve dos varones, porque a mí me gustan los hombres....

LAS "BARRAS FIJAS"... (Hablando de maquillarse)

El maquillaje. Esa cosa o cosas (porque abarca una infinidad de artilugios varios) con las que, las mujeres, normalmente, nos restauramos. Yo, reconozco, soy un poco rarita en ese aspecto. Creo que puedo contar, con los dedos de las dos manos, las ocasiones en que lo he usado y estoy segura de que me sobran dedos. Primero porque no sé maquillarme, segundo por mi manía de tocarme la cara, y tercero porque una tiene la piel estropeada pero delicada, y se pone roja con afeites artificiales. Pero aún así, naturalmente, tengo maquillajes en mi casa, algunos, por cierto, de hace veinticinco años. Hago limpieza de bolsa de aseo, los miro, recuerdo cuando los compré y hasta el lugar, vuelvo a guardarlos, y así, una vez tras otra. Me da pena tirarlos.
El maquillaje consta de una base, de un rubor, de la sombra de ojos, del "eye line" (línea del ojo dicho a la pata la llana y en castellano) y la barra de labios. De esta última voy a hablar. Del resto sólo conozco el lápiz de hacer la raya y la brocha del "colorete", como le hemos llamado toda la vida de dios al rubor compacto o en polvo, que ese sería otro tema. Para mí las barras de labios han sido siempre mis grandes enemigas. Me atraen como cantos de sirena, es decir, yo entro a una droguería, perfumería, grandes almacenes, lugares en donde haya barras de labios, y yo acudo, solícita, a su llamada. Busco colores entre el rojo y el marrón, que tengan un poco de brillo y que me prometan que no desaparecerán en cuanto me tome un café, y queden pegadas, cual "calcomanía" de mis huellas labiales, en la taza en cuestión. De esta manera, (vergüenza me da decirlo) he llegado a acumular alguna más de la cuenta, muchas más de la cuenta, la verdad. Pero ellas, traidoras infieles, envidiosas del poder de mis labios cuando uso carmín, se confabulan contra mi persona y desaparecen al primer roce de uno de mis labios contra el otro.
¡Gran error!, olvidaban mis enemigas coloreadas que, siendo mujer y no muy torpe, yo encontraría la solución. ¡Y la encontré...! La solución es una barra de labios, de esas con pincelito incorporado, que tengo que decir que a mí me hace cosquillas (es lo que tiene tener los labios sensibles) y su correspondiente brillo. Me prometió la dependienta que la barra permanecería, fija, perenne, inamovible sobre mis labios durante doce horas. No me lo creí. ¡Para nada!, de esas promesas yo me conocía unas cuantas. Pero me la llevé... la añadí al grupo, para que, entre las demás, la hicieran comprender que ella estaba allí para hacerme creer que los labios perfectos existen, pero para dejarme sin color en dos segundos, porque si no lo hacía así, la pobre barra terminaría sus días muy rápidamente y moriría en su envase... Pues bien. Esta vez se cumplió la promesa.
Me compré una barra cara, de marca, de firma, con un color precioso, y me pinté con ella mis labios, que son pequeños (cuando los abro ya es otra cosa) y me dispuse a comprobar su fidelidad... Y fue fiel. Tanto que, pasó el día, llegó la noche, el brillo se fue, se quedó reseca, pero, eso sí... se quedó. Tanto que, después de todo un día de ajetreo, me duché, me limpié la cara, me lavé los dientes, y... seguía teniendo los labios pintados... Quedaba un poco ridículo, todo sea dicho. No es muy normal que tu marido llegué, después de todo un día de curro, y te encuentre en pijama, con la cara limpia, el pelo recogido con una pinza, de esa manera tan poco sexy ni sensual que todas lo hacemos, pero, eso sí, con los labios pintados... Y hay que explicar que no es una segunda intención (a veces tenemos que explicar algunas cosas, porque si no lo hacemos les creamos dudas y falsas expectativas)... Pues sí, mi barra de labios es perenne, duradera, fiel, y reseca... Y al día siguiente seguía con los labios pintados, se ve que por la noche hay poco desgaste....


He descubierto que me gustan más mis barras de labios traidoras, esas que me abandonan (cual desodorante barato), porque así, al menos, hay una excusa para ir al baño "a pintarme los labios", porque así, mientras los pintas ves lo guapos que quedan y como brillan. Y quizás, porque, en el fondo, no me gusta a mí estar lavandome los dientes y ver que sigo con un color, "mu mono" pero poco apropiado para el pijama correspondiente... Voy a volver a mis barras fugaces y burlonas, esas que ya sé que me mienten y huyen al primer roce, pero que son divertidas, porque, en el fondo, no importa lo que duren en los labios, sino lo bien que te lo pasas mientras te las pones... igual que las bonitas medias... Buenos días, voy a tirar algunas barras, que, sinceramente, tienen veinte años y ya no es higiénico ni saludable usarlas... Buen cafelito... a disfrutar del día...

(Por cierto, la barra duradera y fiel es la que está en la foto, metida en su cajita negra, diferente color, pero misma marca, por si alguna de mis amigas la quiere).