22 feb. 2013

AMAR CON LA PALABRA...

Escuchar tu voz en un suspiro,
 imaginar tu risa cuando hablas,
escuchar tus silencios, tus sentidos,
los que me llegan al fondo de mi alma,
y me levantan y me alientan y enamoran,
las que cubren de azules mi infinito,
tus palabras que van desde mi cuello
al espacio perdido de mi ombligo.
Buscar tus ojos en la lejanía,
mientras tu voz me envuelve y me enloquece,
mientras tu risa se junta con la mía,
y tus labios se posan en mi frente...
y recorren tus manos mis caminos,
y tu lengua de fuego me estremece,
deambular de tu voz que busca huecos,
los mismos huecos que te pertenecen.
Cerrar los ojos, imaginar la brisa,
imaginarte amandome en la noche,
o en el día, o en el cielo o el infierno,
solo amarme, sin importarme donde.

Tu voz que se cuela entre mi oido,
mientras mis ojos niegan mi locura,
mientras mi cuerpo niega el sacrificio,
y la luna dibuja tu figura.
Amame con tu voz, con tu deseo,
no importa dónde mientras estés presente.
Mientras ahuyentes mis demonios con tus dedos,
mientras tus labios se tatuen en mi frente.-


PROLOGO DE "LA NIÑA ROTA"...


Comprendí, en un instante, en el fugaz segundo de un suspiro, que la vida te la cambias tú, que yo había destrozado mi vida, nadie más culpable, nadie más que yo. Había tenido en mis manos el poder de aceptar que no era, pero decidí, sin pensarlo, que quería creer que sería. Y había convertido mi vida en un infierno durante aquel tiempo, el mismo que había pasado por mi cuerpo y mi mente, dejándome exhausta, abatida, metida en una nebulosa de demonios y de engaños… Y tocaba remontar, porque el fondo ya había sido caminado. Es increíble cómo puedes hacer tu vida añicos por una pasión, una pasión que nadie te ofrece, pero que tú alimentas, que nadie sabe, que nadie entiende. Una vida rota en una edad en la que, se supone, el raciocinio y la mesura deberían de haber regido tus propias decisiones.
Continuaba el viento golpeándome la cara, haciéndome abrir los ojos, caminar deprisa. Estaba viva. Estaba bien. Había recuperado el mundo que olvidé, el que destrocé, el que ignoré para recrearme en lo no vivido pero deseado… Levanté mis ojos al cielo, sonreí de nuevo, me quité las gafas de sol y sentí sus rayos, inmisericordes quemando mis pupilas, pero ya no me dolían, me dolieron por el llanto… y aquel llanto ya no volvería.

¡ QUE LLUEVA QUE LLUEVA !...

Todos, de pequeños, hemos cantado eso de "que llueva que llueva...", yo la sigo cantando, es lo que tiene tener un niño pequeño, que encima se asoma a los cristales de su balcón y la canta, una y otra vez. Gracia no me hace. Seamos sinceras. Porque este tiempo, que es muy necesario y no lo voy a discutir, para mí es un suplicio. Y es que yo soy una ama de casa. De esas que, por las mañanas, disfrutan abriendo ventanas, sacudiendo alfombras, fregando suelos y pasando el cepillo. Bueno, pues estos días, todo eso queda relegado. Y ahora, las amas de casa, y los amos de casa que, haberlos hailos, me digan que no llevo razón: Te levantas, abres la ventana, la cortina, por el viento, sale casi en su totalidad, por lo que se moja. Imposible abrir la ventana de par en par, solo la rajita justa para ventilar y que la cortina no se moje. Lo de pasar el cepillo se puede hacer. No os recomiendo los de goma, porque la humedad los atrae como si fueran imanes, y tienes que tirar de ellos para poder despegarlos, deslizarlos o moverlos por el suelo. Se forma una babilla, que decía mi madre, que recorre todas las baldosas. La tarea de fregar. Bien, con mucha paciencia se puede hacer, tranquilamente, eso sí, si habéis abierto las ventanas el suelo tarda como cuatro o cinco horas en secar, por decir algo, porque se empaña, y lo miras de lejos, y ves unas rayitas muy sospechosas, vaho puro y duro. Trabajo baldío.
Pero lo que sí colma ya estos días son las lavadoras. Pones una, tiendes bajo techado, o bajo toldo, o bajo balcón. La ropa no se seca, pero al menos no se moja. Ahora, eso sí, se te queda la lavadora llena otra vez, sin opción para el tendido, porque ya no tienes sitio, lo que si vas teniendo, cada vez más, es ropa acumulada, y de repente aparece la casa como un mercadillo, te encuentras prendas por todos los sitios que, meditados serenamente, pueden conseguir que se vayan secando. Incluida la ropa interior, por lo que rezas, muy bajito, para no tener visitas, cosa que te obliga, mientras suben la escalera, a recoger calcetines, bragas y slip (con perdón). La lluvía es un incordio para el ama de casa. Al menos para mí. Se te empañan los cristales, no se seca la ropa, el suelo se humedece, no puedes ventilar en condiciones... ¡Un rollo!... He mirado el timpo veinte veces, intentando, mentalmente, cambiar las condiciones meteorológicas, pero se ve que mi mente no tiene ese poder...¡todavía!... todo se andará (jejeje).

CONCLUSION

Los días de lluvía se han creado para que la ama de casa descanse, cosa, repase puntos, vea "Puente Viejo" (reconozco que no lo he visto en mi vida, pero se ve que tiene adeptas), los días de lluvía se han hecho para, sentarse frente al balcón, coger un libro, mirar como llueve... para escuchar música, soñar con junio (que más adelante ya hará demasiado calor), para evocar y recordar... Y se ha hecho, para que yo cante "que llueva que llueva..." con mi enano, porque sino se enfada, y para mis adentros piense que, será una maravilla, pero a mí, la lluvía, me parte mis tareas y me descuadra el planning, y eso no me gusta... así que voy a mirar otra vez el parte, para ver si consigo dos o tres días de sol y puedo evitar tener bragas por sitios donde no deben de estar... Buenas noches, a seguir escuchándo llover, que eso relaja mucho...