23 feb. 2013

MI ENANO MISÓGINO... (¡no me lo puedo creer!)

Ya había descubierto yo, así como de pasada, que Alberto es un poco machista... En casa, con su media lengua, me había hecho ver en más de una ocasión que, hay tareas "que hacen las mamás", esto es, todo lo concerniente a limpiar, fregar, lavar, cocinar e incluiremos, recoger los juguetes, tarea añadida por él a mi larga lista de "mis labores", como digo siempre.
En casa todos hacemos todo, normalmente, claro está, mi feudo es mi feudo y mis poderes los tengo bien amarrados, que a la tropa, en cuanto se instala un soplo de anarquía, le entra la vena de golpistas y me derrocan en un pis pas, cosa que no estoy dispuesta a consentir. Así pués, mi casa es la República, pero no independiente, más bien yo diría que "bananera", o "barrerada" para definirla mejor. Pues bien, aclarado el punto en cuestión, para dejar claro que, la presidenta "c´est moi" y no tolero desobediencias, mire usted por donde me ha crecido un pequeño Ché, que a al grito de "eso lo hacen las mamás", como digo, me ha agregado más tareas, asexuales y asexuadas, a mis poderes y funciones. Como digo, yo notaba cierta misogínia en el enano, comenzó con un no querer invitar a la parte femenina de su clase a su cumple, por lo que la celebración se convirtió, desde ya, a un grupo de "machitos" (lo digo por la estatura) jugando salvajemente en la piscina de bolas y empujandose, como toca al sexo fuerte, para hacer valer su fuerza y conquistar el poder. Me sorprendí, pero accedí, de todas formas es normal que se encuentre mejor dando patadas que vistiendo muñecas, más que nada, porque algunos lo llevan en la sangre, y este, se ve, que es uno de esos... Pero tras algunos apuntes, que iban encaminados a hacerme ver que, la diferencia de sexos él la tiene bastante clara, esta tarde, mientras yo escribía, él veía dibujos, me ha dado la puntilla... Me pidió que le cambiara el canal, le dije que en el que veía había "dibus" y me dijo que eran para niñas... Le miré por encima de las gafas, sonriendo con guasa, miré la pantalla, había unas princesa, un principe, música de "El lago de los cisnes", es decir, bucólico total, de esos "dibus" que las madres nos quedamos embobaitas mirando, supongo que más las mamis de varones, porque las de hembras estarán más curadas sobre romantiqueo, pero a las de varones nos ataca el "mono" principesco de nuestra infancia... No le hice caso y continué mirando aquella historia preciosa con música genial, mientras mi pequeño Ché vociferaba que quitara aquello, que era de niñas y no le gustaba, como mi indiferencia era aplastante decidió pasar a la acción armada: Se levantó, me apagó la tele, se me quedó mirando y como vió que yo ponía cara de enfado, anunció mi exilio "Si quieres ver cosas de niñas te vas a la tele de la cocina".... ¡Y se quedó tan ancho!
El problema viene en que, yo, que suelo ser bastante luchadora pro-derechos y dignidades femeninas varios, estoy pensando si expulsarlo de mi República, si encarcelarlo de por vida, hasta que comprenda que, ni hay cosas de niñas, ni la cocina es el lugar perfecto para las mamás (por mucho que lo piensen algunos papás) o bien dejar que crezca... Porque, eso sí, desde que me anunció que se casaría con Carmen, tengo claro que, una vez llegado el momento, solo llegará a lugarteniente, porque la presidencia, en realidad, la ejercerá la Carmen que le toque en la vida.

CONCLUSION

Lo mejor del mundo es reirse con los roles, pensar que hay cosas de niños y cosas de niñas, y ver como, desde la más tierna infancia ellos hacen la distinción, ahora, eso sí, también es bueno ver que se fijan en que las niñas son complemento, distintas, y por eso ellos quieren casarse con ellas, y ellas, que son y serán listas, porque eso lo conlleva el género, terminaran siendo presidentas de sus Repúblicas y haciendo que ellos marquen el paso... Buenas tardes, se despejó el día, mañana hará un bonito día de sol y mi enano seguirá haciendome reír....

CUANDO EL LLANTO AMARGA...(pequeño relato)

Descubrió de repente que no era... no era nada, no lo había sido nunca, había vivido en una burbuja de palabras, le hizo creer que la quería, durante años fue así, o no, quizás solo fue así el primer año, los primeros días, los primeros tiempos, cuando él le prometía y ella le creía, y le creyó porque así deseaba hacerlo, así lo sentía. Y de repente todo se desmoronó. Ya llevaba tiempo metida en la indiferencia, tanto tiempo que ya ni le dolía. Se amoldaba a sus horarios, acataba sus órdenes, asentía mientras le escuchaba, aunque su alma dentro se le rompiera como el cristal de un espejo.
No sabía por qué, no sabía el motivo, al menos no el motivo exacto, pero se encontró en la cocina, pelando patatas, su mente caminando por esos años de amor fingido, o tal vez no, por parte de él. Sin saber muy bien qué hacía en ese punto, cuál era el paso siguiente, la orden que vendría a continuación para que él mantuviera su mundo intacto y su universo despejado. Pelaba patatas, con la vista perdida en la monda, y la mente evocando instantes. Cuerpos abrazados y enlazados,  y te quieros que retumbaban en sus oídos. Se negaba a recrearse con lo bueno que había sido muy poco. Tenía que rememorar, segundo a segundo, todo lo impúdico de aquella situación. Volver a escuchar los gritos, volver a cerrar los ojos ante las palabras hirientes, "no eres perfecta, tienes muchos defectos", "no me gusta como eres", "ella tenía muchos valores"... ¿qué había sido en su vida entonces?... ¿qué era en su vida ahora?... Cuando ya no quedaba nada más que palabras de cumplido, te quieros de cumplido y besos de cumplido... Cuando la tristeza se le había acomodado en la mirada y hasta su cuerpo se negaba a responder con la misma vitalidad de antaño, de aquellos años en que sonreía por todo. No quería revivir los besos, no sabía, ni siquiera, si habían sido sinceros, o tal vez solo el que él hubiera cubierto una carencia de años atrás. Notó la hoja afilada del cuchillo cortar su dedo, y la sangre, sin avisar, mojándole la mano y el corazón. Chupó el dedo sin dejar de pensar. Movimientos autómatas e involuntarios. Cogió el móvil, lo mantuvo frente a ella, mirándolo, sonriendo. "Se terminó". No va más. Todo estaba reducido a unas palabras alejadas y lejanas, no quería más distancia, ni más indiferencia, ni más cumplidos. Quería el mundo que él le regaló y ahora le robaba. ¡Ni siquiera eso!... Quería su mundo, aquel que vivía a diario, con sus rutinas, con sus tareas, con sus esperanzas y sus ilusiones. ¡Quería ser libre!... Y él no se lo había permitido porque sin saberlo la había ido encarcelando entre te quieros que no eran. Había sido cobarde. Habían sido cobardes. No se merecían el siguiente escalón, porque en el primero se detuvieron durante demasiado tiempo. ¡No va más!. Se cerraron las apuestas y ellos no podían seguir apostando. Se cerró la subasta. Ella ya no iba a pujar más por aquello que él le había hecho creer que era amor. No era nada, no tenía nada. Lo mismo que ella le dijo un día, no tenía nada, nunca lo tuvo.
Escribió serena. El dedo sangrándole, mojando las pequeñas teclas del móvil blanco. "Se acabó. Déjame ser feliz." Y lo envió.
Un nudo en el estómago se le instaló de forma automática. Deseó volver atrás, recuperar el mensaje, recuperar la indiferencia, recuperar la pena... Esperó... Todo silencio... Angustia... No había respuesta. No la habría, de eso estaba segura. Él pensaría que aquellas frases eran uno de las salidas de ella cuando tenía malos días, cuando no tenía en qué pensar, cuando se le creaban aquellas dudas infantiles y molestas que, a él, le sonaban a inestabilidad. Cuando, en realidad, la inestabilidad se la creó él, desde el momento en que apareció en su vida, tambaleando los cimientos... Ninguna respuesta...
Fuera llovía, escuchaba el repiqueteo del agua sobre una chapa suelta del muro vecino. Como una campana anunciando un funeral, metódica y regular, gota a gota, sonando a metal... Se miró el dedo, ya no sangraba... Miró el móvil, seguía mudo... Sonrió... El sonido del agua del grifo se mezclaba con la sonata que fuera, la lluvia componía sobre el metal de la chapa... Dejó el agua correr... Estaba llorando, no se había dado cuenta, no sabía desde cuándo lloraba, se dio cuenta de que lo hacía porque, una de sus lágrimas, la más osada, resbaló hasta la comisura de los labios, y ella la atrapó con su lengua... Amargaba... no era salada, era una lágrima amarga, como amargo había sido el camino recorrido hasta aquel último mensaje, el que no había sido contestado, tal vez ni leído todavía... Porque, quizás, a aquellas horas, él estuviera comiendo, riendo, en compañía de las personas con las que no era indiferente, ni duro, ni a las que gritaba, ni a las que ordenaba... Quizás él estaba ocupado en vivir su vida, la que en realidad importaba... La lágrima amarga, la que le hizo arrebatar con furia una servilleta de papel al servilletero de madera, con la que se frotó los ojos, sin limpiarlos, sólo frotando con rabia, intentando limpiarlos del llanto que él jamás se había ganado, pero que ocasionó con cada uno de sus "no" actos y cada una de sus "no" palabras...

Y pasó el tiempo... Y al día siguiente apareció un sol radiante, y encontró un mensaje en la bandeja de entrada... El que no recibió el día anterior, mientras su dedo sangraba y llovía fuera... Mientras su llanto amargaba y el alma le dolía, y su cuerpo no respondía, y sus ojos no podían ver... Sonrió mirando hacia fuera, respirando la vida, respirándose mientras abría aquel mensaje, el mismo que, ella sabía, respondería, llena de nuevas ilusiones... Dentro de aquel sobre minúsculo y virtual, solo cuatro palabras "¿Qué hice ésta vez?".... Serena, mirando al cielo, esperando encontrar la palabra justa, la que encerrara todo, pocas palabras, contar una historia, decir adiós y dejarlo todo dicho para siempre. Tecleó sin miedos, por primera vez tecleó segura... La noche es una buena consejera, su silencio es capaz de contarte lo que te queda por vivir. De recordarte lo que te mereces, de mostrarte lo que tiene preparado para que no sientas dudas, para que confíes, para que creas... Para que el llanto jamás sea amargo.... Y supo la respuesta.... "¡Todo!... Lo hiciste mal todo"... Entró en la habitación, envió el mensaje y pensó que, en el fondo, decir adiós tampoco costaba tanto.-