24 feb. 2013

¿QUE TAL LAS SUEGRAS?...

Se me ocurre hablar de las suegras. Entre ellas mi madre (¡claro!)... Me llegó un mensaje, de esos, saludándote en la tarde, mencionando a una suegra, esa a la que se invita a comer al mediodía de un domingo, y la señora, de esas que se apalancan, nada más entrar, en el sofá (todo esto es narrado de forma divertida por el sufrido yerno), esperando el platito, el mantelito, el vinito y el ratito estupendo en casa de su hija... y de su yerno, naturalmente... Yo le contesté con guasa, como es normal, deseando que sobreviva ante tamaña invasión y ante tamaña ingerencia. Y es que, las suegras (entre ellas mi madre, vuelvo a decir), es un género no muy bien visto, generalmente. Pero, claro, no todas las suegras son iguales. Están las suegras-canguro, las suegras-domésticas y las suegras-lapa. Y entre estas tres especies distintas, hay muchisimas diferencias... La de mi querido amigo, doy fé, de que es de las últimas, y eso que, a mí me cuesta mucho describir y opinar sobre las madres, pero hay que reconocer que, hay madres un poco pesadas, pero pesadas no por sus consejos, sus advertencias y sus "apostillamientos", que esos son llevaderos, sino pesadas en el amplio sentido de la palabra. De las que se les ofrece la mano y se toman el brazo completo, es decir, todo el pax,  comida, café, copa y merienda... y cena, si se tercia. 
Las hijas, a veces, no somos conscientes de lo que una suegra-lapa puede deteriorar una relación, pero es verdad también que, las hijas, siempre, solemos terminar pareciendonos a las madres, y cuando eso se lo recuerdas a los yernos, ya les hace menos gracia (eso me pasó esta tarde con mi querido amigo), porque lo que no queremos admitir es que, encima de que, a ratos, la propia, la legítima, la esposa y sierva, se nos vuelve insoportable, pueda, un día no lejano, convertirse en la señora que, abierta de piernas y cómoda, con sus mollitas extendidas por el sofá (descripción un poco suave de lo que se me contaba) que se nos planta en casa, que se nos apunta a un viaje, que se encarga de revisarnos la vida, que se olvida de algunas obligaciones, que jamás fue suegra-canguro ni suegra-doméstica, pero que, con el pasar de los años, aprenden que, a quien buen árbol se arrima, ya se sabe como será cobijada. 
Toda mi simpatía para las suegras, mi madre entre ellas, esas señoras a las que se recurre cuando el nieto o nieta tiene fiebre, cuando hay que irse de viaje, cuando tienes que hacer limpieza a fondo y vienen con el pronto, el plumero, el cristasol, la aspiradora y un trapo para el polvo. Mi admiración a las suegras que, dolidas por un desaire del yerno, se ponen en jarras y le recuerdan que, esa a la que han subido un poco la voz, son las niñas que ellas parieron, y con ellas no se pasa "ni Dios". Mi cariño hacia las suegras, las que se preocupan cuando al yerno le duele la cabeza, la que sale con la bata de guatiné para mirar la ventana de su niña, para ver si hay luz, porque salió de viaje y es tarde y no sabe si volvió. Mi cariño, mi admiración y mi simpatía por las suegras buenas, por las buenas suegras.
Pero para aquellas que, paso a paso, han ido olvidando que una madre es una madre siempre, las que huyeron en momentos duros, las que se cobijaron en su falta de salud, las que olvidaron quehaceres, obligaciones, olvidaron que se las necesitaba, solo decir que, aunque nos resulte extraño, tambien las hay. Y que entiendo a esos yernos que se quejan de ellas, que las sufren y las soportan, y que piden a Dios o a la Virgen de turno para que, su mujer, la misma a la que a veces no soportan, no terminen pareciendose, aunque ya se les parezcan demasiado fisicamente.

CONCLUSION

Mira a tu suegra, mírala la primera vez que tengas ocasión, cuando des la mano, con disimulo, a una niñita, porque, con el tiempo, lo que sea su madre, lo queramos o no, terminará siendo ella, tal vez no totalmente, tal vez no en todos los casos... pero, los años, la experiencia, y la observación me ha hecho creer aquello que decía mi padre a mi marido "Cuando quieras saber como será tu mujer, mira a su madre",... y ahora, para lo bueno y para lo malo, sé que es verdad, sobre todo cuando, en plan broma, en buenos o malos momentos, él me dice "eres lo mismo que tu madre"... Buenas noches, un cariño para mi madre, que ha sido una buena madre y es la mejor suegra del mundo... y para eso tiene a sus yernos, para que lo confirmen....

HABLEMOS DE PEDIATRÍA...

Conforme una va creciendo, o haciéndose mayor, como mejor queramos, se nos van añadiendo especialistas a nuestra lista médica, oculista, ginecólogo, neumólogo, neurólogo y, ajenos a nosotros totalmente, aparecen los pediatras. Esos especialistas que, de repente, controlan nuestra vida a través de una personita pequeña, que ni siquiera habla, que depende de nosotros para todo, que nos da malas noches y que nos fastidia la siesta. El pediatra se convierte en un buen amigo, o no, según se mire... Cuando una ya ha pasado la edad de "lo dice el pediatra", tengo que reconocer, que se vive más tranquila. Las mamás novatas, que todas lo hemos sido, acudimos al pediatra nerviosas, como si esperaramos el resultado de un examén de fin de curso, aquel que nos diga que nuestro niño es el no va más, y que en cuanto se nos dice "pero" nos ponemos a temblar... Admiro a los pediatras, reconozco que, con mi hijo mayor, era asidua de su consulta, seguía fielmente todo lo que me indicaba, salía de la cita con una sonrisa de oreja a oreja, pagaba religiosamente sus honorarios desorbitados, y encima venía feliz... Luego he aprendido, mucho además... Aprendí que, cuando un niño está enfermo necesita de cuidados médicos, pediátricos, observaciones y controles, pero lo que mejor aprendí ha sido que, si un niño crece sano, se ríe, sigue una pauta normal, no me importa demasiado si ha crecido menos que menganito, ni si está más gordo que fulanito... Ya no hago carreras maternales a ver quién de todos los niños del parque come mejor, corre más, duerme de un tirón, habla de corrido o usa bibi todavía, porque, después de todo, los pediatras, a veces olvidan que los niños, aunque lo disimulen, son seres humanos, y que, por ende, cada uno tiene su ritmo, necesita su tiempo, igual que las plantas. Pero que todos, cuando tengan veinte años, habrán crecido, habrán engordado o adelgazado, sabrán hacer pis solos, dormirán solos (con veinte alguno ya acompañado, para que vamos a engañarnos), todos habrán cogido su ritmo... Porque de ellos es... Y aprendí que, una visita al pediatra con un niño sano, una vez al año, es como una peregrinación, tu vas buscando el milagro de que tu hijo es lo no va más, pero tienes que buscar a alguién, lejos de las lenguas viperinas maternas del parque, que te lo confirme... Yo ya no, antes sí, antes todo, fuí novata, joven e inexperta, no sabía distinguir entre un llanto y otro... Ahora me alerto solo lo justo, ya no me pongo histérica porque un día no se coma, porque no hable bien, porque crezca muy rápido (que el enano sí que lo hace), ahora me pongo histérica por muy pocas cosas, y, desde luego, con ninguna que ataña a mi niño, porque sé que leerá, escribirá, sabrá las vocales e incluso, puede, que algún día sea un genio, todo depende del ritmo que él tenga en su interior, el que marque su organismo y su genética... Los pediatras ayudan, son necesarios, amigos y médicos, pero yo, a estas alturas, descubrí que yo sé más sobre mi hijo, que yo sé más sobre sus reacciones... Y cuando llegue el momento de una revisión no ponerme nerviosa, porque, lo más que pueden descubrir es que Alberto vea un poco mal, escuche un poco mal, hable un poco mal, no haya crecido lo que es la norma, no haya engordado según se espera de la generalidad, pero que, todo eso, no són más que baremos generales, por lo que afectar me tiene que afectar lo justo y necesario... Todos llegarán a los veinte siendo guapos, siendo listos, siendo únicos, pero viviendo sus propios tiempos, y no todos los tiempos son iguales para todos.

CONCLUSION

Ya superé la "prueba del parque", esa que te hace sentirte culpable porque todos los niños ajenos son mejores que el propio, ya superé la ansiedad de querer que mi hijo fuera el mejor, ya no entro en carreras sobre lo listo que es, lo guapo que es, lo bien que come... Ahora reconozco que Alberto es un trasto, que habla mal, que tiene que ir a logopedía, que sufre un soplo infantil que no afecta para nada, que es desobediente... pero para saber algunas de esas cosas no tuve que llevarlo al pediatra, y a pesar de todo eso, mi niño es único, es mío, vive su ritmo, va a su bola, porque tiene una edad en que así debe de ser... tiempo hay de ir marcándole sendero... primero hay que observar su carácter, para decidir cuál sendero caminará mejor, y eso, ningún pediatra (con permiso de ellos) puede decirmelo, y mucho menos enseñarmelo.... Buenas tardes, me voy a hacer deberes con mi enano...

MEJOR REIR...

Anoche charlaba yo con mi amiga Pili, esa que, cada sábado, si se puede, está detrás del teléfono y nos echamos unas risas, nos comentamos la semana, nos hablamos del tiempo y asuntos varios. Y, como suele pasar, una cosa lleva a la otra, y de repente, te encuentras desnudando el alma, me gusta escuchar, me gusta que me escuchen, sobre todo cuando, sabiéndolo, lo haces con alguien que comparte mucho tuyo, que te hace sonreír con un comentario, aunque a ella le cueste sonreír también... Sin proponertelo, hay momentos que se llenan de risas, de esas nerviosas, envueltas en voces temblorosas por emociones y por sentimientos. Y vas llenando huecos de tiempo, minutos y horas, tranquilamente, con una voz que te cuenta y un oído que te escucha. Hay personas que llegan a nuestra vida por sorpresa, de esas personas todos tenemos alguna. Y descubres que, sin pretenderlo, se hacen necesarias, y te dicen cosas que no te gustan, y te dan consejos que te duelen llevar a cabo, te levantan el alma y te despiertan los sentidos. Hay personas que te dan alegría. Se habla de momentos duros, y lloras, y ríes, todo junto, todo a la vez, personas que entienden tu pena, que saben de lo que hablas y te comprenden tanto como si fueran ellas mismas... Todas las vidas, ¡todas!, están llenas de momentos y de personas, algunos buenos, algunos no tanto, algunas necesarias, otras prescindibles. Con las que vives esos momentos, con las que caminas, personas llenas de vida que transmiten vida, que son fuertes y valientes y te hacen fuerte y valiente... Que te enseñan a enfrentarte a una decisión, que te muestran la dificultad de un acto, pero que, sin saberlo, te ponen enfrente la necesidad de hacerlo.

CONCLUSION

No quiero a muchas personas como Pili, tengo a las que deseo y quiero tener. Tengo a las personas que me hacen reír, aunque segundos antes me hayan escuchado llorar. Me gustan mis amigos, los que ayer me visitaron, la que anoche me escuchaba, el que esta mañana me saludaba con un mensaje, la que ayer me reñía por recordarle los años, el que esta mañana me hacía reír con dos frases, porque sabía que me levanté mal (otra vez)... mejor reír, mejor reírse con ellos y ellas, las que están, las que son, las que se ríen contigo, lloran contigo y sueñan contigo, las que te riñen con risas... porque, desde luego, siempre es mejor reír, aunque el tema sea serio y doloroso... todo se ve mejor con una sonrisa... A seguir con la ropa, que el día se presta a tender, como un buen amigo me comentaba que acababa de hacer mientras yo seguía haciéndolo... A comer un poquito, que los kilos hay que conservarlos... ¡Buen provecho!... pero riéndo....