26 feb. 2013

LA FORTALEZA ...(pequeño relato)...

Me hice fuerte después de tus mentiras. Las que iba desgranando frase a frase, recordando, recostados mis brazos en la baranda, mirando a lo lejos, la tarde caía y mi memoria desmenuzaba, igual que una miga de pan, cada una de las mentiras escuchadas, que luego, como un castillo de naipes, fueron cayendo una a una sin piedad. Pregunté mil veces, mil veces escuchada la misma frase "Tú y tus cosas", dejando en el aire la duda y la angustia, saber que era cierto y que no confirmabas. No tuve consciencia de lo que ocultabas. No del todo, sí de partes, de piezas aleatorias, sueltas, que yo aprendí a encajar, una a una, en ese espacio vacío que dejabas. Armando un puzzle perfecto de engaños y traiciones. De palabras que entregaste a otra a la vez que a mí me las decías. Negando siempre, desesperándome, haciendo que mis gritos se perdieran con los tuyos, palabras pisadas sin orden ni concierto, culpándome de todo, de celos enfermizos, que no eran, no existían, tú los hiciste presente con tus silencios. Descubrir, por mí misma, que había alguien ajeno que me robaba el aire que yo necesitaba. Y lejos de calmarme seguiste con tu estrategia, la de dejarme en vilo, hasta ir desencantándome. Cada hueco tapado de ese puzzle infinito era un naipe que caía haciendo más grande mi desconfianza. Sabías que sabía, negabas por costumbre. Jamás sentí deseos de romper nada, soporté lo insoportable, me acostumbré a quererte metido en tu soberbia, dejando que arrastraras con tu terrible lengua mi dignidad, mi calma, que me vapulearas con gritos, rozando en el insulto, lanzándome tus dardos, lanzándome palabras que nunca merecí. Sabías que sabía. Mandabas que callara. Y me callé, cerrando los ojos, dándote la ventaja y colocando los naipes que cayeron para comprobar cuánto tiempo más aguantaban en esa torre de mentiras tuyas, de silencios míos, de artimañas para que yo no conociera, para que yo ignorara.
Miré a lo lejos, cerré los ojos, abrí mi alma. Supe que ya nunca iba a formar más torres, que dejaría caer los naipes que quedaban, que son muy pocos ya. No queda tiempo... Y sin embargo sé de tu constancia, sé de tu amor por mí, a pesar de las mentiras sé que me amas. Lo supe siempre, desde el vientre de mi madre, porque nací para ti, mil veces te lo dije, nací para quererte, naciste para amarme, de la forma más dura, haciéndome muy fuerte, haciéndome infeliz, pero queriéndome a pesar de las mentiras, de tus palabras duras y tus silencios crueles... La vida es muy difícil, apenas si comprendo cómo, teniendo toda la capacidad vivida, acumulada, de años (¿años ya?) junto a ti, viviendo situaciones jamás imaginadas, todavía me sorprendo confiando en ti, sabiendo que me amas, de eso no tengo duda. Las dudas las creé porque tú me engañabas, sabes bien que lo hiciste, en un tiempo pasado... no sé si en el presente, mientras estoy echada en la baranda, creo que no, que ya no. Pero ya es tarde, porque ya, ahora, solo sé que estoy desengañada, que acumulé la fuerza que me dio tu vacío, que aunque sé que me amas, no puedo más que amarte, pero lejos, muy lejos, echada en la baranda.