27 feb. 2013

CUANDO SE ROMPE UNA VIDA... (relato)

Escuchaba temblorosa la voz de la operadora, le explicaba, le narraba, le desvelaba, la sumergía en un dolor inmenso, le facilitaba información, le aclaraba números; la hundía lentamente en un pozo oscuro y sin sentido... Y Marta recordaba; la sonrisa ante la dependienta cuando configuró las aplicaciones, cuando probó cada una de ellas, recordaba como entre niebla aquel día en el que le dijo a él que le regalaría un móvil, uno para ellos... sólo para ellos, para poder estar cercanos y escucharse más a menudo... Hacía meses que venían soportando "restricciones"; él tuvo que borrarla de su facebook, aquel al que cada noche se conectaba sabiéndola detrás de la pantalla, mirando su perfil, sonriendo ante lo que sabía que era para él, comentando lo justo... pero hasta eso desapareció, hacía meses que todo se había descolocado, la desconfianza en casa era mucha, él le pidió que lo entendiera, ella lo entendió y lo eliminó llorando de su lista de amigos... Aquella edad en que habían descubierto que, la madurez, también es una etapa para aprender, a todo... Se les terminaron los sms de media tarde, los de la noche, porque él era vigilado constantemente... Y ella pensó en aquel regalo, un teléfono sólo para ellos, mejor regalo imposible, con aplicaciones de whatsapp, con mensajes gratis, con llamadas gratis... Y Jaime recibió su móvil, riendo, contento, feliz. En aquel encuentro después de unos meses tensos sin poder verse... Iba a ir todo mejor, era a mediados de julio, el verano se acercaba y Marta sabía que aquel verano sería distinto, pero no quería pensar y no pensaba, sabía que estaría al otro lado del teléfono, siempre que pudiera burlar la vigilancia, que esa era otra, pero lo conseguirían, siempre lo hacían...
Y ahora escuchaba a la operadora aclararle las dudas, las que habían nacido mientras miraba las conexiones a internet, unos días antes, por casualidad, conexiones de aquel verano, lejano ya, pero que no cuadraban, distinto destinatario... Algo no era... Algo no estaba donde tenía que estar... Y la duda, y el repiqueteo de tambores en el estómago y la garganta... Tenía que saber, tenía que aclarar...
Se lo negó, todo; ella le iba preguntando, serena, en qué momento había conectado él a aquellas horas que no eran lógicas, en las madrugadas. No era con ella. Él negaba. Todo. No había usado aquel móvil con nadie más, y ella cerró los ojos, sonrió con pena y le dijo que le creía... Pero no lo hacía, y sabía que tendría que acudir a lo que más le dolía: averiguarlo por ella misma. Era su teléfono, ella pagaba la factura, ella lo compró, todo podía comprobarlo, moviendo las piezas adecuadas terminaría haciéndolo... Y ahora, mientras escuchaba a la operadora sentía que se abría la tierra debajo de sus pies... el número que ella conocía, el mismo que ella por casualidad consiguió era el destino de aquellos mensajes en la madrugada, de aquellas conexiones... de aquella traición, de aquel desengaño, de aquel dolor inmenso que se le extendía desde los ojos por todo su cuerpo... Respiró, siguió escuchando y supo lo que haría... lo que tenía que hacer, lo que debió de hacer... Tres mujeres en la vida de un hombre son muchas, sobraba ella, la misma por la que durante años él luchó, sin cansarse, olvidando ahora aquella lucha, la insistencia, la indiferencia de ella hasta que decidió que le iba a dar otra oportunidad... Colgó. Todo estaba claro.

Se había puesto nervioso, pero controló los nervios... fue un error, no lo había pensado. Ni por asomo siquiera creyó que aquellas conexiones fueran reveladas. Había mandado un sms a Julia unos días después de ver a Marta, de estar con ella, de amarse tanto que les dolía el alma, porque sabía que aquel verano iba a ser distinto y no podría verla... pero ahora tenía un teléfono, un móvil que la acercaría... Y le pudo la soberbia de creerse a salvo, la ilusión de una libertad recién estrenada... y Julia compró otro móvil porque él le dijo que ya tenía móvil nuevo desde el que poder estar en contacto a través de whatsapp, aquella aplicación a la que su hija era adicta, ellos también podían, aunque fuera sólo saludarse... o no, o más... Sabía que no debía, que Julia no era nada, que había sido un rollo puntual, "cuatro polvos" que le dijó a Marta cuando ella le preguntó, "solo para desahogarme, ella me buscaba y yo no decía que no", y Marta le creyó. Marta le había creído siempre... hasta cuando él sabía que le estaba mintiendo... Hasta ahora, en que él negaba aquellas conexiones, aquellos mensajes... Estaba nervioso porque en el fondo sabía que si Marta indagaba, y tenía el derecho a hacerlo, todo habría terminado... Y él amaba a Marta, por eso, por momentos, no sabía qué hacer, recordaba aquel mes de agosto, de fiestas en su pueblo, Julia con su recién móvil nuevo, con su aplicación, con sus momentos libres, y él con todos los suyos, pocos. Y recordaba  conexiones algunas madrugadas, incluida aquella, aniversario de Julia, que en lugar de estar toda la noche celebrándolo con su marido conectó con él a una hora indecente y extraña... pero estaban en fiestas, nadie se sorprendería de ver aquella hora en una conexión de ella... Ahora tenía miedo. por primera vez en mucho tiempo, después de un año ya, desde aquel primer descubrimiento por parte de Marta de que mensajeaba con otra, era la primera vez que tenía aún más miedo que tuvo entonces... Respiró y cerró los ojos, porque en el fondo sabía que, con su silencio, con sus mentiras, acababa de perder a Marta para siempre, y sabía que con ella se había llevado la vida... Sólo dos meses, había usado sólo dos meses aquellos mensajes, hasta que, sin tener demasiada consciencia de su importancia, un día Marta le dejó caer, sin ninguna intención aquella broma "¿No estarás usando mi móvil con otras?, sabes que soy la titular, tengo acceso a todo"... ¡Y se vio cazado!... y a partir de ahí terminaron los mensajes con Julia, pero estaban los anteriores, por todos los que Marta, unos minutos antes, le había preguntado. Los que él había negado, tres veces, como Pedro. Negar, negar, negar... sólo escuchaba aquello en su mente, cuando ahora, solo, sabía que había perdido la guerra, que su estrategia había sido errónea, equivocada totalmente... Había perdido a Marta.

Julia sonrió... leyó el sms y pensó que lo había conseguido, tarde o temprano sabía que Jaime volvería a buscarla algún día. Le enviaba un número nuevo de teléfono, le decía que cambiara el suyo y podían estar en contacto de vez en cuando. Simplemente por amistad...o no, pensó Julia, ya se encargaría ella de que no fuera así. Y lo hizo, cambió su móvil a finales de julio, y aquel agosto, mientras las fiestas del pueblo, mientras Jaime de vacaciones con su mujer y su hija, ella fue dichosa, porque "la otra", la que realmente le debía de importar, estaba lejos, y lejos se quedaría, su legítima no le importaba, sabía que no la quería, nunca la quiso... Mero trámite después de algunos acontecimientos que vinieron rodados... Dos años antes él comenzó a cambiar, y terminó por desaparecer de su vida, al menos como ella quería que estuviera, porque alguien había irrumpido en su existencia, y ella sabía que a "esa" sí tenía que tenerle miedo... Pero ya no; Jaime le había comenzado a enviar mensajes, conectaban siempre que podían, sonreía pensando en el triunfo, había ganado, él se había comprado un móvil para poder estar en contacto con ella...Tampoco le preocupaba mucho que estuviera la otra, sabía que la guerra era entre ellas dos, y aquel ejercito no le daba miedo siempre que sus filas estuvieran bien dibujadas... Por eso no entendió que, de repente, desde aquel treinta de septiembre él dejara de enviarle mensajes a través de whatsapp... Ahora miraba aquel mensaje en su móvil, no sabía a quién pertenecía el número, pero lo imaginaba "El teléfono desde el que te enviaron los mensajes, a través del cual "guaseaste" es mío, fue un regalo a Jaime. Me duele mucho decirte esto, yo pago la facturas, yo lo compré y he descubierto que durante dos meses estuviste en contacto con él. Nada te reprocho, no eres culpable, ni siquiera él lo es, sólo decirte que, por mi parte, tienes libre la senda. Él no lo sabe todavía, pero lo nuestro ha terminado. Suerte"... Y Julia miraba con tristeza aquellas palabras, mujer serena, sin acusar, sin números extras, histéricos e insultantes... La calma que da la verdad, el descubrimiento del dolor... No pudo evitar llorar, porque, en el fondo, las dos habían sido víctimas, pero Marta había sido valiente... Ella no. Ella deseó siempre que Jaime volviera, y lo hizo, y estaba pagando el precio de perder... y todavía no sabía que había perdido. Y miró el mensaje y contestó, despacio, intentando ponerse en el lugar de la mujer que estaba al otro lado "Lo siento mucho, no tenía ni idea. Habla con él antes. No ha habido nada más que esos mensajes inocentes y él te quiere, de eso estoy segura. Habla con él"...

Tres heridos, tres bajas, tres vidas sumidas en un compás de espera... Marta cocinaba tranquila y triste, esperando a su marido, llegaba en media hora, quería darse tregua, había luchado mucho, soñado mucho y esperado mucho. Estaba cansada, aburrida y decepcionada. Le dolía el alma, el alma que se le alojaba en el entrecejo de vez en cuando y la hacía llorar...

Jaime miraba el móvil, continuamente, Marta no había dado señales de vida desde hacía cuatro horas...Había enviado varios mensajes, sabía que tenía conectado el móvil, los veía como recibidos, pero no tenía respuesta... En unos pocos minutos supo que se había equivocado, que si hubiera sido capaz de reconocer que falló, Marta le habría perdonado, pero no... a veces la prepotencia es tan mala consejera que te hace perder a la mujer de tu vida, por la que estarías dispuesto a todo... Y deseó ser capaz de llorar...

Julia salió del despacho, cerró la puerta y agachó la cabeza... su marido tenía cita con el médico aquella tarde. Estaba triste porque sabía que Jaime iba a volver, y sabía que si lo hacía era porque Marta, aquella mujer que le envió un mensaje confesándole el dolor que sentía entre aquellas letras, se iba... no había ganado nada, no era ganadora, sólo estaba porque la rival, sabiéndose vencedora, se había retirado del torneo... Le podía aquella tristeza, después de todo ella sabía que él nunca la quiso... Sacó el móvil de su bolso, lo miró, buscó en la lista de contactos y bloqueó a Jaime...

"No respondí antes porque quise pensar... Te quise a una edad en que ya me estaba prohibido por mi situación y por la tuya, acepté lo inaceptable y luché contra el mundo y contra mí misma. Creí todo lo que me dijiste, incluido que era única y que me querías... No hay culpables, no hay inocentes, solo quiero vivir en paz, sin dudas, lejos de personas que me dañen... Jamás pensé que, un móvil, un pequeño regalo hecho con todo mi amor, destrozara mi vida como ha hecho... Te deseo que seas feliz, inténtalo, no dañes a nadie más... No sois conscientes, a veces, de que hay una edad para poder ser sinceros, honestos y justos y no por ello morir en el intento..."



DIBUJARTE... (poesía)

Dibujar con mis labios tus recodos,
con trazos diminutos e invisibles,
dejando que mi lengua te recorra,
sin dejar de dibujarte los perfiles
que guarda tu cuerpo madurado,
a fuerza de dolor y cicatrices
que fue dejando la vida que visviste,
el tiempo que no pude dibujarte
porque el tiempo te alejó y no estuviste.
Ahora estás, ahora te dibujo,
perfilando mis besos tu sonrisa,
mis dientes tus labios, mi mirar tus ojos,
mi respiración tu oído,
tu espalda mis caricias.
Dibujar entre suspiros de tu boca
el cuerpo que me ama y que se entrega,
y me entrega... toda la dulzura que esconde,
toda su alegría, toda su pena,
toda la angustia de saber que mi dibujo
se quedará perdido y enterrado
en tu piel, en tu cuerpo, entre tu boca.
Yo me iré, se te quedará tatuado mi dibujo,
tatuado hasta la muerte de tu cuerpo,
el mismo que mi pincel venera,
el mismo que me da la vida toda,
y me enseña a presentir la primavera.
Deja que te dibuje siempre,
déjame hacer con tu cuerpo mi acuarela.-  

¡ ESOS OLVIDOS TONTOS !....

Hay mañanas que amanecen asi, un poco despistadas, que te hacen ir de un lado para otro, sabiendo lo que tienes que hacer, pero que, llegada al lugar en cuestión te preguntas "¿Yo para qué vine aquí?", y como no lo recuerdas das media vuelta y sales de la habitación en cuestión, hasta que, a medio camino se te enciende la lucecita, recuerdas el motivo y vuelves sobre tus pasos. Ese es mi día hoy, un día olvidadizo, que yo le llamo. Y eso que tengo cosas pendientes, y sé las que son, miré toda la lista de cosas que tengo que hacer, lo que tengo que comprar, meto la lista en el bolso, voy al super, y cuando llego a casa compruebo que, a pesar de tenerlo todo anotado, me falta lo que más falta me hacía. A todos nos ha pasado. Seamos sinceros. Incluso aquello de, ir a ducharte, comprobar que está todo listo, meterte en la ducha, dar al agua y coger el gel, para sorpresa tuya, bote vacío, maldiciones varias, porque ya estás toda mojada, tienes que salir, ir al armario pequeñito del baño, rescatar un gel nuevo, goteando agua por todo el suelo, a pesar de haber colocado la alfombrilla, pero, no se sabe porque, el agua va salpicando por todos sitios. Y eso da mucha rabia, porque un rato antes el baño estaba impoluto gracias a los estropajos usados y las bayetas de microfibra, esas especiales que, te aseguran, no dejan rastros, pero que luego no cumplen la promesa hecha. Los olvidos son normales, y a una edad en que la mente está un poco más cansada, mucho más. Mis olvidos ultimamente son un poco alarmantes, me descubro revisando la encimera, las luces, el brasero, todo antes de salir de casa, y cuando bajo la escalera ya no recuerdo si dejé algo pendiente, hay que volver a subir para comprobar.
Acabo de llegar de hacer la compra, pasando un frío de esos de época, porque no sé el motivo de que la nieve se resista a caer y nos castigue con un frío que cala los huesos como suele decirse. Y ya que estaba yo toda feliz, pensando solo en que mi enano corre a las doce (una carrera solidaria, pero una carrera, su primera carrera)  y que ojalá me dé tiempo y pueda ir a jalearlo, me doy cuenta de que me falta lo imprescindible para una salsa de pollo... esto es: el pollo... Y tras maldiciones varias desde el arameo, pasando por el montejiqueño y el huelmense, tengo que salir otra vez a la copia de Siberia.

CONCLUSION

En mi pueblo se decía que los rabillos de pasas activan la memoria, me jacto de tener una memoria privilegiada, a veces para cosas que no son menester, que también diríamos en mi pueblo... No sé la solución, pero sé que estoy perdiendo disco duro, sé que puede que sean los años, o tal vez, solo tal vez, que ando estos días despistada con muchas cosas en mi cabeza, y me médula gris está dándome un toque. Lo del pollo ya ha sido el remate del tomate, así pues voy a eliminar las cosas que están ocupando neuronas tontamente, para centrarme en mi pollo con salsa... en la carrera de mi enano que, después de todo, es lo más importante... Buenos días, que ustedes lo recuerden bien...