4 mar. 2013

¡EL BUEN PAÑO EN EL ARCA SE VENDE!... (para Pepe Quesada)

Hablabamos, medio en broma medio en serio, ayer tarde, mi amigo y colega Pepe Quesada (escritor) y yo, sobre ya tradiciones antiquísimas. Yo recordé algunas cosas, y él también las recordaba, cada uno en su papel. Hay tradiciones que se han perdido, se ha perdido la Nochevieja en casa sustituyéndola por cotillones, se ha perdido la costumbre del helado casero, porque no nieva y se ha perdido "la guerra de codos", ésto es, ni más ni menos, que aquella batalla campal en la pista de baile de la discoteca, el cuerpo a cuerpo en el que una parte terminaba agotada de empujar el cuerpo ajeno con los codos, para impedir la invasión en terreno poco hostil (la verdad sea dicha) pero que se resistía porque así estaba mandado, y la otra parte terminaba agotada...sin dar detalles de cómo era el agotamiento. Digamos que, hay ciertas cosas que, si no fluyen son dolorosas (risa irónica). Recordaba yo a mi abuela Tita, sabia mujer y mejor abuela, pero que en temas sexuales y de conquista, la mujer, se había quedado en los años veinte, que en mi pueblo tampoco eran tan liberales. Mi abuela era la de "esa falda es muy corta", "cruza las piernas decentemente" y "el buen paño en el arca se vende". Esto último era discutible, porque yo intentaba hacerle ver a mi abuela que, si no enseñas el paño nadie sabe cómo es, nadie puede comprar una cosa que no conoce, nadie puede pagar por algo que no sabe ni si existe, porque si el arca está tapada, ya me dirán ustedes cómo se averigua si el paño es bueno... Con aquella enseñanzas una servidora llegó al momento de las batallas campales, "las tremendas batallas de codos", yo aprendí bien, una servidora es bajita, pero fuerte, mis brazos, creo, que todavía estarían capacitados para aguantar muchas batallas de codos más...aunque ahora no me apetece nada luchar así... Las batallas de codos comenzaban en la discoteca, en la tanda de canciones lentas, el enemigo se acercaba, te solicitaba bailar, los dos contrincantes os ibais a la pista de baile, él enlazaba tu cintura, una colocaba sus manos en los hombros masculinos y apoyaba los codos sobre los costados, pecho o alguna zona de las cercanías, se trataba de que, llegado el caso, cuando el enemigo comprendía que tenía que lanzar el ataque, tú hubiera colocado estratégicamente tus defensas, parar en seco los simulacros de lanzarse a la conquista extrema, a tumba abierta. Aquello era deprimente, todo hay que reconocerlo, para ambos, también hay que reconocerlo... primero porque, una, que era mujer (joven pero mujer) salía un poco "molida" de aquella lucha mientras, además de empujar con los codos, tenía que bailar, charlar y dominar sus instintos básicos, recordando a su abuela y sus consejos, para él porque, aparte de salir con el "corazón partío" literalmente, terminaba con sus instintos, mucho más básicos todavía, un poco hechos añicos, destrozado anímica y sexualmente... Los bailes de la discoteca se convertían en un puro placer de, digamos lo que digamos, conocer nuestro poder de "seducción", porque luego, con los años, has comprendido que, a los pobres "enemigos" les dejabas un poco maltrechos sin haberles tocado ni un pelo (o por eso precisamente)... Pero, por otro lado ¡que bonito era aquello!... aquel juego, tú miras, yo te miro, yo te prometo enseñarte el paño, abrir el arca, tú lo intentas, yo te lo muestro, yo lo retiro a tí te dejo hecho una piltrafa... y el domingo que viene más... ¡Y que felices éramos!... O no, porque una, que era mujer (joven, pero mujer) se iba a casa, y también se retiraba del campo de batalla con señales visibles, porque, las batallas, las guerras, es lo que tienen, que dejan señales...
Ahora, con el paso de los años, una se ríe y el otro también, después de todo, en ocasiones, cuando la nostalgía te invade piensas. "Pues no era tan malo", y recuerdas el forcejeo por un beso, las palabras buscadas, sin ser soeces, sin rozar la vulgaridad, porque éramos mujeres, y algunas todavía guardaban el paño en el arca, y tenías que ser un buen comprador, para saber que, viendo el arca, sabías que el paño valía la pena...

CONCLUSION

Hoy ya no hay paños, porque ya no hay arcas, los paños se guardan en armarios empotrados, no hay guerra de codos ni canciones lentas, hoy ya no hay palabras buscadas ni forcejeos por un beso... Hoy ya somos muy modernos, vemos todo con mucha naturalidad, tanta que, nos permitímos pensar que éramos antiguos, cuando, a lo mejor, lo único que éramos era inocentes... y pienso que, tampoco es tan malo serlo, que era bonito y que, después de todo, la inocencia tiene una edad para perderse, y hoy, desde mi punto de vista, se pierde demasiado pronto... Buenas tardes, a recordar a Adamo, a Pecos, a Miguel Bosé, a bailar poniendo las manos en la cintura, que ya sí tenemos "licencia para matar"...