5 mar. 2013

DECISIONES PERSONALES...(Luisi y Emilio, ¡dos grandes!)

Sucede a veces que, hay tardes muy completas, de esas que comienzan con un mensaje, como quien no quiere la cosa, y como la cosa se alarga se usa el teléfono, para que perder tiempo tecleando cuando te puedes reír en vivo y en directo. Eso fue el comienzo con Luisi, luego, ya cercana la noche, el mismo tema desde otro bando, el masculino, con Emilio, más vida, más experiencia, más... de otra forma. Lo que tiene el disponer de amigos buenos y buenos conversadores es lo que se aprende de cada uno, y de un mismo tema visto de formas distintas.
Y hablamos, en resumidas cuentas, por darle un título, de las decisiones personales. Esas que se toman, se supone, desde la madurez, desde el razonamiento pero siempre, también, desde el corazón, de situaciones difíciles, de situaciones complicadas, de vidas totalmente distintas, pero de decisiones personales, tomadas con la total libertad que da el libre albedrío, el poder de escoger, serenamente, sopesando, planteando y sabiendo que, después de todo, nadie puede decidir por tí.
Las decisiones personales son subjetivas, privadas, íntimas, nadie tiene el derecho a juzgarlas, a pretender cambiarlas, a analizarlas. Son privativas de la persona, por eso son personales, y cada persona tiene sus motivos para tomarlas, en total libertad, y cuando esa decisión incumbe, además, a otra persona las decisiones deben de ser compartidas, aceptadas y comprendidas, tan solo, por esas dos personas. No tenemos el poder de saber lo que mueve a una persona a decidir lo que, en un momento dado, decide. Cada cual tiene sus motivos, cada cual tiene sus razones. Pero una vez tomada la decisión es digna de respeto, porque la persona que así actuó, pensó, sopesó y decidió. Nunca me gustaron los juicios sobre ajenos, nadie conoce el sufrir, o el pensar ajeno, ni las necesidades que, interiormente, en un momento dado tenga. Todos somos conscientes de que, en nuestra vida hay altos y bajos, hay crisis, hay momentos en los que, de repente, sabemos que tenemos que tomar una decisión, y todas son respetables, porque respeto nos merecemos todos. La decisión de seguir adelante con una situación que, igual es un tanto desconcertante, pero es la que en ese momento nos toca. La decisión de que, quedándonos en donde estamos, necesitamos un aliciente que aliente, que ayude, que dé vida, y decidimos que, tal vez será difícil, pero es lo que, tranquilamente, maduramente decidimos... Hay quien decide manejar vidas, sin darse cuenta de que las maneja, hay quien toma una decisión equivocada...¿y qué?¿nadie se ha equivocado nunca? Se toman decisiones erróneas, pero...¿desde qué punto de vista?, solo del nuestro, claro, porque es el único que conocemos, nadie conoce los puntos de vista de quien la tomó... Pero juzgamos, pero nos atrevemos a pensar y a decir que no es la correcta...¿y si fuéramos nosotros?, sí, nosotros, los que, en ése justo momento viviéramos lo que otras personas están viviendo, los que pasaran por cada peldaño que ha hecho que esa persona decida actuar así, ¿tomaríamos la decisión correcta?... Olvidamos a menudo que nadie vive las mismas circunstancias, nadie soporta las mismas cosas, nadie es un calco de nadie, por lo tanto ni piensa ni actúa igual. Y cuando toma una decisión es íntima y personal, y contiene cada una de las razones de la persona...
Somos libres, todos, atados de distinta forma, pero libres en espíritu, hay quien decide en libertad y pide que se le respete en libertad, con una decisión libre tomada, adulta y madura. Somos libres, y hay quién expone, en libertad, su situación, y en libertad se debe de aceptar o no, aunque no sea la situación perfecta, la ideal, la mejor, pero para eso tenemos el poder de escoger, de meditar y de razonar, para pensar si deseamos vivir todo eso o no. Buena tarde, buena noche, buenas charlas, buen tema. El mismo que decide que, a pesar de todo, cuando tomemos una decisión será porque hemos pensado, sopesado y escogido, y será libre, y será madura, después de meditar, de saber que nada es fácil, que a veces las personas nos traicionan, que nos decepcionan, que intentan manipular, que intentan controlar. Porque, todo eso, lo vamos a seguir encontrando en la vida, de una forma o de otra, y todo eso serán razones para que actuemos de una manera o de otra.

CONCLUSION

Yo decido, yo sopeso, quizás me equivoque, seguramente lo haré, seguramente lo he hecho, pero si lo hice fue porque en ese momento decidí que eso era lo que quería, que iba a apechugar con lo que en su momento decidí. Mis decisiones son mías, personales, íntimas, voluntarias, y las que involucren a otra persona serán también íntimas, maduras y adultas, y con esas dos reglas juegan dos personas, las demás no tienen ni el poder ni el derecho de juzgar, porque nadie, absolutamente nadie, puede ponerse en mi piel, ni en la de otra persona, solo dos personas conocen los motivos de la otra, los comprenden y los aceptan... Los demás importan poco, porque mis errores son míos, igual que mis aciertos... Como digo, buena tarde, buena noche y buenas charlas regadas con risas, porque la mejor decisión personal es la de reírse aunque, a veces, nos traguemos lágrimas de rabia, de decepción o de tristeza... Buenas noches, voy a tomar la decisión personal de irme a dormir... que esa, a esta hora, siempre es acertada...

ESOS HIJOS Y ESOS PADRES...(cuando la sangre duele)

Está lloviendo, uno de esos días en que todo está húmedo y te encuentras que pesa el clima, y que ya cansa el frío del invierno, jornadas femeninas, preludios del día de la mujer, de actividades varias y sin ánimo de cansarte. Y de temas desmenuzados... ¿Alguién sabe si se puede dejar de querer a los padres? ¿O a los hijos?... preguntas son que me hizo alguién a quien quiero. Yo siempre pensé que no, sigo pensando que no, que hay lazos de sangre que generan amor, o deberían de generarlo. Pero cuando te han golpeado el alma, te han dado la espalda, cuando hay puñaladas hechas palabras que duelen, precisamente, por venir de quien vienen, entonces te creas dudas... Los hijos son egoistas, todos lo hemos sido, a veces no entienden comportamientos ni situaciones que, lamentablemente, tienen que vivirse, no entienden que se busque la felicidad, y en su defecto la no infelicidad. Cuando una relación se rompe siempre se busca un culpable, nunca lo hay, las cosas pasan, tienen que pasar, el mundo gira, seguirá girando, y lo único que se busca es intentar ser un poco más feliz, o no ser tan infeliz... y a veces eso rompe esquemas, siempre los rompe, porque los hijos, esos a los que amamos más que a nuestra propia vida, no comprenden, no entienden, no comparten ni toleran que nuestra felicidad sea importante, porque, como ya he dicho, son egoistas, todos hemos sido niños, y adolescentes, y queremos una estabilidad emocional en casa, un status permanente de derechos pedidos, un saber que todo está bien... y se niegan a creer que no lo estaba, se niegan a admitir que, sus padres, esos adultos responsables de su paga y de sus caprichos, tienen derecho a ser felices, aunque sea por separado. Y culpan al que decide romper la estructura, que no era tan sólida en realidad, pero que los padres, nos hemos encargado de hacer creer que así era. Y odiarán al que dio el paso, al que decidió que él o ella también tiene derecho a vivir. Pero será temporal, los hijos crecen. Sobre todo las hijas, las mujeres somos más crueles, somos más jueces y más verdugos, somos más manipuladoras, sabemos hacerlo, dañamos más con la lengua (soy mujer, soy presidenta de una asociación de mujeres, que quede claro, narro lo que he visto, vivido y me han narrado, sin malas interpretaciones)... Llegará un día, en que esa niña, esos niños, sean adultos, vivan, comprendan, entiendan que no fue fácil, pero que hay siempre un resquicio por el que, el amor de los adultos se va, y ya no puede ser, y no se ha hundido el mundo, y sus padres siempre han seguido siendo sus padres, pero mejor separados, porque, dos personas felices aún alejadas les harán más felices a ellos. No es bueno disimular eternamente, porque un día ellos se irán, y por mantener lo que no existía nos dejaran con lo que no deseamos...
Y luego están los padres, los abuelos, los padres que quieren que todo esté bien, que no aceptan que su hija o su hijo (normalmente la hija al hijo se le entiende más) decidan que no se puede mantener una relación social, porque la sentimental, la amorosa ya no existe. Desean que su hija siga en el estado de "perfecta casada", viviendo cenas, comidas, viajes, salidas, que siga sonriendo, que delante del mundo sea feliz, y no les preocupa cuando, dentro, en casa, todo es silencio, monosílabos llenos de aburrimiento... Y no entienden que, su hija (o hijo) tiene derecho a vivir su vida, que a veces un error no tiene que ser para siempre, que igual no fue un error, pero terminó siendo un lastre para sonreír con calma. Los padres también, a una edad, nos volvemos egoistas, queremos que nuestros hijos vivan la vida que nosotros deseamos, y eso es imposible, porque, una vez que les damos alas y les hemos enseñado a usarlas, tienen el poder de volar, y nuestra misión ya, solo se reduce a ver como cruzan su cielo y levantan el vuelo. Los padres que, siempre, deberían escuchar, atender y consolar, aunque no comprendan, porque casi nunca comprendemos, porque no serán nuestras ideas y nuestras opiniones, no podemos hacer de la vida de nuestros hijos un lago sereno, un lugar ideal. Dar la espalda a un hijo cuando nos necesita, cuando no ha ocurrido nada tan grave como para que el mundo se hunda, es vil, nos exponemos a que se alejen, y eso, siempre duele, no nos permitiremos la duda de si fuimos nosotros los culpables, y eso es muy grave, porque los hijos no son perfectos, pero los padres tampoco... y hay que aprender a vivir con imperfecciones. Comprender que, en un momento dado, un matrimonio puede convertirse en una relación social, sostenida solo por un interés o por dos intereses, y que cuando uno de los socios decide que quiere romper la entidad está en su derecho, porque fueron dos firmas, solo dos, los demás no deberían de contar jamás, ni padres ni hijos, decidimos nosotros al formar la entidad, decidimos nosotros cuando ya no es productiva para nuestro propio yo...

No hay conclusión, solo dejar en el aire de, si en un momento dado, después de sufrir reproches de los hijos, después de sufrir violencia verbal por parte de quienes más quieres, te puede quedar la duda de si quieres a tus hijos... Después de soportar ser la "mala" o el "malo" de la pelicula por parte de tus padres, puedes seguir queriéndolos. Cuando se te llena el alma de amargura, porque sabes que tienes derecho a ser feliz, que no debes de pagar toda tu vida por un fallo, por que no es lo que antes era, que no quieres cerrar los ojos y seguir con las tristeza metida en la piel, entonces es cuando necesitas buscar tus apoyos, los incondicionales, los que deberían de abrazarte, de ayudarte, de empujarte y de quererte... Porque el amor de padres a hijos, de hijos a padres, por depende qué situaciones, debería de ser incondicional, generoso y comprensivo... En realidad, un padre quiere siempre la felicidad de un hijo... o así debería de ser. Los hijos un día serán padres, creceran, viviran, se enamorarán, se desenamorarán, entenderán que no todo era tan sencillo, que no todo era tan válido, que los status perfectos, las estructuras sólidas en ocasiones no existen, que mantener una relación social de cara a la galería, no tiene mucho sentido... Hasta que llegue ese día, tendremos que cargar con sus incomprensiones y sus egoismos, porque fuimos hijos, fuimos niños y así fuimos... Buenos días, para alguién a quien quiero mucho, luchadora y optimista... sigue lloviendo, el agua es vida...