10 mar. 2013

AUSENCIA DESEADA... (poesía para una noche lluviosa).

Se quedó mi casa desolada,
 la tristeza deambulando entre mis huesos,
las sombras de las sábanas mojadas
 envolviendo la blancura de mi cuerpo,
tu sonrisa instalada eternamente
 entre la almohada y la luna del espejo,
tu voz susurrándome en la mente,
 olvidada dentro del silencio.
Se quedó mi voz rota por la angustia,
jamás tendré tu cuerpo adolescente,
se marcharon tus crecidas primaveras,
 se marcharon tus besos en mi frente,
en mis labios, en mis manos, en mi espalda,
 en el hueco perdido de mi vientre.

Se me quedó tu ausencia cruel e injusta,
 se me quedó tu sonrisa permanente,
me llenó de soledad tu marcha,
me volví como el resto de la gente,
la gente que camina sin saberlo,
la que respira por inercia siempre,
la que carece de sueños y de encuentros,
 la que mece el aire sin saber que mece.

Me transformé en rutina milenaria,
la que llena lugares y segundos,
la rutina que destruye la esperanza,
 la que me grita que jamás ya juntos.

Lejos de la compañía de tu cuerpo,
 lejos de tus caricias y tus manos,
lejos de tus palabras y tus gritos,
 lejos de dios, lejos de un ídolo de barro.

Te creé a mi imagen y a mi forma,
 te creí en tus múltiples engaños,
deseé mi deshonra y ser tuya,
 deseé ser un yunque golpeado,
¡nada me importó!, me supe débil
 cuando tú te ausentabas lentamente,
supe de la fortaleza de mis gritos,
 supe de tus desprecios, tan vilmente
que convertí en coraza la seda de mi alma,
 mi cuerpo en fuente permanente,
para la sed tuya y de tus ansias,
para satisfacerte y para complacerme.

Y ahora lloro tu ausencia deseada,
 la que dejas en mi piel y que me escuece,
la que supe que llegaba de puntillas,
 mientras el viento soplaba del oeste,
y se llevó del sur mi tibia noche,
 y sólo me dejó el aroma de la muerte.-


SER PATITO FEO... (por todas las patitos feos que se lo creyeron)

No sé a vosotras, las féminas, si en alguna ocasión os pasaría, en algún momento de la vida, ya que a una edad, los momentos son muchos y habrá habido para todo. Yo fui patito feo, o eso creo, o eso creía o eso me hicieron pensar. Yo fuí patito feo en la adolescencia y primera juventud, esa que nos pone un físico un poco extraño. En mi infancia yo, según me cuentan, era una niña "monilla", normalita, rozando la media, con rasgos normales según los cánones de belleza que prevalecían, esto es, una niña un poco regordeta porque las mollitas eran salud, y en aquellos años llenos de polio, de sarampiones, de viruela, de paperas y demás enfermedades antiguas y desfasadas, más. Luego me llegó la adolescencia, esa que puso en mi cuerpo rechoncho unas curvas no muy acordes con mi edad cronológica, la que comenzó a salpicar mi cara de acné, que yo convertía en heriditas porque me entretenía mucho "tocándome los granos" que decía mi abuela. Ahí fue cuando nació mi complejo, ese que me hacía ver monumentos andantes en mis amigas, modelazos entre mis conocidas, que crecían esbeltas, con cinturas de avispa y caderas justas, las otras redondeces no las voy a mencionar, porque las mías eran un suplicio. Con mi complejo de patito feo nació el afán de "tapar", esto era, no marcar ni un centímetro de mis curvas (que ahora, viendo fotos, he descubierto que las tenía, y además bien puestas y rotundas jajaja), yo no tenía un cuerpo para marcar sino para olvidar, y así intentaba hacerlo, ropas amplias, pantalones y zapatillas, porque, de todas formas, ni con tacón me miraría nadie, así que, para evitarme el mal rato yo ponía medios para que nadie lo hiciera.
Es curioso, el complejo de patito feo te acompaña siempre, porque te lo llegas a creer de tal manera, que te crea un sentimiento de inferioridad que no te quitas nunca. Por muy mayor que seas, por muy adulta, muy madura y muy segura que te sientas siempre hay un momento en el que el dichoso pato regresa a ti. Lo que tienen los complejos es que están hechos para vencerlos, yo el mío lo vencí hace ya unos meses, pero hace poquisímos días no sólo lo vencí, sino que le dí el tiro de gracia. Porque comprendí que tal vez, sólo tal vez, no fui nunca patito feo, fui patito pequeño, es distinto, y además fui patito pequeño rellenito, listo para hacerlo a la naranja, después de todo no es mal plato. Para vencer un complejo, sobre todo el de patito feo, lo primero que tienes que hacer es mirarte al espejo, sonreír, recordar a qué le tenías miedo, volver a sonreír, porque, de repente, mientras recuerdas la causa de tu terror, te das cuenta de que hay quien es más terrorífico, por mucho que se escondan en un complejo de abejas reina o de cisnes. Nada de eso existe, ni los patitos, ni las abejas, ni los cisnes. Hay una edad en que las arrugas aparecen, aparecen los michelines o no, depende del grado deportivo que se tenga, pero llegará, no nos preocupemos las que los tenemos y vemos a otras que no los tienen, acabaran teniéndolos, porque, por suerte o por desgracia, la vejez llega para todos, ya nos empeñemos en peinarnos una coleta tipo "joven despreocupada", colocarnos una chaqueta "modernísima" de color llamativo y queramos ser jóvenes, los cuarenta y tantos no nos los quita nadie, seguiremos cumpliendo años, mirándonos al espejo y descubriendo arrugas y celulitis, unas antes y otras después, pero todas. Y por supuesto que, una vez que te has mirado, has sonreído y has respirado pensando eso de "después de todo he envejecido bien" llega el turno a tu interior. Y descubres que eres cisne, porque la belleza está en una risa, en no poner pose de glamour, seria toda, maquillada toda, sino que, la belleza está en una risa alegre, divertida, espontánea, llena de arrugas, de madurez y de frescura. Esa frescura que ninguna crema te devolverá si no la tienes de fábrica. No existen patitos feos, sólo personas que te lo hacen creer, pero ¡mire usted! que llega una edad en que, de repente, te sorprendes gustando, cayendo bien, escuchando de quien nunca pensaste eso de "sigues mirando igual que de niña", y es ahí cuando sabes que es cierto, que el patito feo sólo lo era porque creyó que los demás eran cisnes, y olvidó que cisnes somos todas, que todo depende de quién nos mire, cuándo nos mire, pero sobre todo de cómo nos miremos nosotras.
Yo ya no soy patito feo, soy cisne maduro, dentro de la generalidad, de la normalidad, del montoncito, dentro de ese grupito de maduras bajitas, con mollitas, que se ríen espontáneamente, porque no les importa que les salga una arruga. Ya soy cisne, nado en mi lago seguro y calmado, porque quien me tenía que ayudar a decir adiós a mi complejo, era mi espejo, y ese, desde hace unos poquísimos días me lo ha confirmado.

Afortunadamente yo creo en las casualidades, esas que te hacen enfrentarte con tu complejo, verlo frente a ti y que te haga sonreír, te haga vivos los ojos y ligero el paso, te haga respirar, mirarte al espejo, y reconocer que ya diste el tiro de gracia al pato, que lo puedes hacer a la naranja, o puedes quitarle el hígado y hacer paté, pero lo más bonito y mejor es, que quien creías cisne tampoco lo era, y que las abejas reinas no existen más que en el mundo animal, en el humano nada de eso se corresponde con la realidad... Somos mujeres, hermosas todas, hablando a través de ojos hermosos, bocas jugosas y andares ligeros... todas tenemos esa virtud escondida que, en un momento dado, nos pondrá frente al espejo a reirnos de nuestros complejos y que nos enseñará que, con el tiempo, como en el cuento, nos hemos transformado en cisnes... Buenas tardes, éste patito va a tomarse una coca-cola con amigos, que tiene que mantener las mollitas para que lo hagan a la naranja....

"PASEANDO PANCARTAS"...

Se terminó el día, los días, porque han sido varios. Se pasó el día de la Mujer, ese día, en el que, según algunas opiniones, las que andamos desocupadas, paseamos pancartas y perdemos el tiempo. Ese día en el que, por desgracia, otras mujeres critican los que unas cuantas hacen, en favor de todas, lo que unas pocas desocupadas piden, para que todas disfrutemos de los derechos que, como iguales, merecemos. Pasó el día en que nos sentimos ofendidas por críticas de nuestro propio sexo, que son las que duelen, porque a otras críticas ignorantes y ofensivas ya estamos acostumbradas. Pasó el día para nosotras, las que hemos paseado pancartas porque, algunas, sabemos de las diferencias injustas e innobles. Porque en algunas partes del globo terráqueo, ese que adorna el dormitorio de algunos de nuestros hijos, en este Planeta nuestro, sufren mujeres dignas, mujeres valientes, luchadoras incansables, dan la vida por defender un trozo de educación, un trozo de supervivencia, un trozo de respeto, el mismo que, las que viven en una urnita de cristal, impermeable a todo, tienen porque otras lo ganaron para ellas, porque mientras ellas están sentadas, tomando un café, viendo el televisor y charlando con amigas, hay quienes, desocupadas, pasean pancartas, para que su género, las que son como ellas, las que nacieron mujeres sin pedirlo, tengan su ración de reconocimiento como iguales. Para que, a nosotras, dichosas occidentales, se nos reconozca el derecho y la valentía de ser distintas, de ser útiles, de ser valiosas, de poder ocupar cargos políticos, cargos educativos, lugares en la cultura, sin ser por ella vilipendiadas, critícadas, censuradas, porque trabajamos bien, porque somos honestas, porque madrugamos y trasnochamos en pos de una obligación, de un sueño y de un bienestar que deseamos y anhelamos. Mujeres que ordenan y organizan, que estudian y se forman, que acarician y consuelan, que escriben, leen, pintan y pasean pancartas cuando están desocupadas, porque quieren que todas las mujeres, todas, tengan las mismas oportunidades, los mismos elogios cuando lo hacen bien, el mismo reconocimiento y el mismo respeto. Mujeres que sonríen y alegran la vida de los que las rodean, que son heridas por palabras de desprecio hacia su cargo, hacia el camino emprendido, hacia la lucha que no cesa. Mujeres que no han olvidado que, para que ellas puedan ocupar un cargo importante, hubo otras, hubo muchas, a las que, también, se las acusó de pasear pancartas, que fueron encarceladas, golpeadas, torturadas y muertas. Mujeres que no olvidan que, para que ahora podamos entrar a un bar, algo tan sencillo como tomar un café, otras tuvieron que soportar insultos e improperios. Por eso, por todo eso, algunas que andamos desocupadas, que por un día, que por unas horas dejamos una lavadora sin poner, un suelo sin fregar, un botón sin coser, paseamos una pancarta, pedimos que se nos respete, que se nos iguale y que se nos valore. Que sean las mismas mujeres las primeras que, desde su conciencia, analicen lo que poseen, el derecho al voto, el derecho a estudiar, el derecho a elegir, que miren a sus hijas, que piensen lo que desean para ellas, lo que quieren que sean. Sus hijas serán médicas, abogadas, ingenieras, presidentas, alcaldesas, diplomáticas, enfermeras, escritoras, escultoras, pintoras, porque en un momento de la historia, unas cuantas desocupadas, haciendo oídos sordos a insultos, soportando en sus rostros salivazos, pasearon pancartas, gritaron y pidieron.

A esta hora de la madrugada, cuando todo ha pasado, cuando se nos terminaron las jornadas para pedir, cuando ya hemos paseado pancartas, escuchado manifiestos, hemos soportado críticas de las que viven en su urnita, a esta hora indecente y loca, como somos las que, todavía creemos que algo puede cambiarse, mi único deseo es que las que no pueden votar, las que no pueden estudiar, las que no pueden decidir sobre su vida y sus actos, e incluso ni sobre sus emociones, las que no pueden llevar su rostro descubierto, las que soportan violaciones legales, escudándose en un derecho marital impuesto, las que soportan ablaciones, las que miran al cielo y sufren, y lloran, porque sus hijas tampoco podrán pasear una pancarta, ni gritar, tengan en nuestras gargantas, en nuestros pasos, en nuestras manos sujetándo una pancarta, la esperanza de que, para ellas, algún día también brillará un poco el sol, ese que sale para todos los seres humanos, iguales todos, mismos derechos, mismas obligaciones, mismos sueños y mismos deseos. Yo, por ellas, por todas ellas, por un día al año, uno solo, pasearé una pancarta, porque mañana estaré en mi vida cómoda, opinaré con libertad, seré desigual en valoración, se me criticará por mis actos, que si los realizara un hombre serían, tal vez, valientes, pero mi condición de mujer conlleva que, los mismos actos sean "una estupidez", porque mañana, cuando salga el sol, yo podré seguir luchando por las que no pueden hacerlo, podré seguir con "mis labores", cuidando de los míos, pero libre, pidiendo más derechos, pero libre, disfrutando de los que consiguieron unas valientes que se enfrentaron a todo, que lucharon por mí antes, ahora me toca el turno por las que vienen. Porque ser mujer es un orgullo, es un privilegio, es abrir la mente, es abrir el alma, es ser generosa, es entregar y es luchar. Porque ser mujer obliga a ser solidaria y justa, a sentarse en un despacho y organizar un municipio, a entrar en un quirófano a salvar una vida, abrir una puerta y enseñar en una universidad, a planchar la colada, a hacer la compra, a consolar el desamor de una hija, a entender los problemas de una pareja y atender a unos padres. Y sí, algunas seguimos paseando pancartas, de pie, erguidas, crecidas, delante de otras comodamente sentadas en una terraza, criticando el gesto, olvidando que, para que ellas puedan estar sentadas otras hicieron el mismo camino que, ahora, hacemos las desocupadas, y que en muchos lugares del mundo, las mujeres, las iguales, no pueden sentarse a mirar ni hacer el camino, porque, por su condición, por nacer mujer, les negaron ambas cosas.

Mi reconocimiento a quienes, estos días, han paseado pancartas, han elevado la vista, para quienes, mientras se leían manifiestos, han recordado injusticias, han pensado en las que no podían escucharlos, en las que sufrían vejaciones en esos momentos, y han deseado que un día, esos paseos, pancarta en mano, consigan que todas, todas, seamos iguales, con los mismos derechos, las mismas obligaciones, los mismos sueños y las mismas esperanzas... Buenas noches, es madrugada ya... ojalá mañana algunas entiendan mejor el significado de "pasear una pancarta"....