15 mar. 2013

HOY VISITE MI PUEBLO...

Aún me parece que no puede ser. Soy consciente de que es cuando, de repente, mientras quito el polvo a mi mueble librería, lo veo. Entre Julia Navarro y Dulce Chacón, entre "La sangre de los inocentes" y "La voz dormida"... Ahí está mi novela, sonrío, cierro los ojos, los abro, sigue estando, me emociono, delante de los lomos de los tres hay una foto de mi padre, vestido de militar, veinta guapisimos años, ¡que guapo era mi padre!. He recorrido el cristal con un dedo, he besado mi indice y mi anular y he depositado un beso en su rostro: "Lo conseguí, papá, tu Encarnita escribió un libro"... Aún no me lo creo... Me lo creo porque, cuando abro los ojos, después de besar a mi padre, miro el lomo negro, brillante, veo mi nombre, el mío, con mi apellido, el de él, y el título, ese que pregunté a muchos si gustaba... Mis manecillas, las que me hicieron llorar mientras las escribía, las que me hicieron vivir historias ajenas, que hice propias, las que me hicieron meterme en la piel sensible y dolida de Laura... ¡Cumplí mi sueño!... Aún no me lo creo, si no fuera porque, a media mañana, éstos días, casi siempre tengo llamadas, casi siempre tengo que contestar correos, casi siempre tengo que cerrar algo, pensar en carteles, en notas de presentación, en comunicarme con mis presentadores... Casi siempre alguién te llama, "Me ha encantado", y entonces, incrédula, pregunto "¿De verdad? ¿me lo dices en serio?", y te giras, con el teléfono en el oído, escuchando como te narran la odisea de una novela que yo he escrito, y miró el lomo de mi libro y la foto de mi padre, y miro las dos novelas que flanquean la mía, Dulce Chacón, a quién la enfermedad le dejó la voz dormida para siempre, y miro su foto, la de mi padre, con una media sonrisa juvenil y cómplice, y le oigo, voz profunda, ya también dormida para siempre: "¡Lo has conseguido, Encarnita!"... Y a través del teléfono sigo escuchando a quien se ríe contandome que lo pasó feliz leyendo lo que yo escribí... Y yo solo puedo ser feliz, por ella, que ha disfrutado, por mí que lo escribí, por mi padre que, desde su sueño lo ve, por mi madre, que se preocupaba hoy de que estuviera bien, que me decía que no escriba, que eso cansa mucho, pero que está orgullosa, porque, de vez en cuando alguién, a la salida de misa, le dice que ha leído mi libro "y es mu bonico", y me lo cuenta, sin entender, porque alguién le quitó la capacidad de aprender cuando tenía edad, pero el tiempo decidió que ella había nacido para trabajar y hacer felices a otros, aunque no supiera escribir...
Hoy volvi a mi pueblo, a la Fuente Cabra... y me emocioné, mucho... recorrí con mi cámara y mis ojos muchas piedras, mucha agua, mucho paisaje... y pensaba que yo, una mujer de Montejícar, débil, pequeña de estatura y sin avales, está defendiendo cada piedra de las que veía, cada rincón descrito y vivido, porque se merece eso mi pueblo, que me parió y me crió, y me hizo fuerte, como fuertes son las rocas que veía, y me emocionaba viendo a mi hijo corriendo por los mismos lugares que yo, por donde yo paseé y corrí un día con mi padre, el mismo que, desde una foto, vestido de militar, custodia mi novela en mi mueble librería. No puede tener mejor guardian... Hoy fui a mi pueblo... me encontré paseando por mi novela, mirando la sierra, sabiendo que, en una semana, me encontraré describiendo Montejícar delante de personas que igual no saben ni donde está, pero lo sabrán, porque yo me ocuparé de que así sea... Hay noches en las que, de repente, cuando te quedas sola, sabes que eres feliz, que cumpliste un sueño, que costó mucho, que tu vida fue dura, que no has llegado a meta, pero que estás disfrutando de la carrera... sabes que, igual tienes que abandonar, porque desfalleces, porque te caes, porque te zancadillean, pero no me importa, porque el tramo recorrido estará en mis piernas, lo habré recorrido, y porque mi padre, ese que custodia mi libro, me enseñó que en la vida, lo importante es luchar, y yo estoy luchando, y mi madre, esa que me pide que descanse, que no escriba porque eso es muy dificil, me enseñó a sonreír, y yo sonrío siempre... Hoy volvi a mi pueblo... el mismo pueblo cuyo nombre retumbará en Motril, en Linares en Úbeda, tan solo en una semana...

CONCLUSION

Estoy feliz esta noche, porque me traje los aires fáciles, esos que soplan suaves, que se deslizan sierra Alta Coloma abajo, que mueren entre los álamos desnudos del camino de la Fuente Cabra, porque miré la torre de mi iglesia, y crucé el Pilarejo sonriendo, y ví el Cantón del Cañuelo, y supe que en "Las manecillas del reloj" estaban todos esos lugares, y ya estarán por siempre y para siempre, y fue mi mano quien lo hizo, y me sentí muy orgullosa de ser mujer, de ser montejiqueña y de que sea mi voz quien describa un pueblo digno, trabajador y humilde, que ha parido y ha criado a mujeres de raza, débiles y pequeñas, pero que se hacen fuertes y crecen... Hoy visité mi pueblo... Buenas noches, a cerrar los ojos, a sonreír... que esas dos cosas, si se hacen a la vez, relajan el alma y aquietan el espíritu...