16 mar. 2013

VAMOS A COCINAR JUNTOS...(con paciencia)

Admiro profundamente a los varones "cocinillas", esos que se meten en la cocina y te fabrican unos manjares dignos del mejor chef del mundo. En mi caso personal el detalle carece de mérito, ya que mi marido es cocinero, eso sí, hay varias clases de cocinillas, y a esos es a los que vamos a dedicar unos minutos, a las distintas variantes. Sin ánimo de ofender, cada uno (varones) que se vaya catalogando a sí mismo. Empecemos: El marido solícito y dispuesto que, en un arranque de esos solidarios con su mujer, se ofrece para ayudar y dice aquello de "Hoy cocino yo". Dependiendo del grado de adiestramiento, la señora en cuestión se puede, o bien sobresaltar, corriendo hasta la cocina, intentando quitar todo aquello que, durante la batalla, pueda ser objeto de toda clase de mancillamiento, o bien la señora que, desde el punto opuesto de la casa, sonríe feliz, satisfecha y tranquila. Yo soy de las primeras... ¡para que ustedes vean que no todo el monte es orégano!... todo comienza con esas preguntas, que salen por la puerta de la cocina, una vez que la decisión está tomada. Preguntas a saber: "¿Dónde están los tomates?", "¿Qué bol cojo?", "¿Dónde me seco las manos?"... desmenucen, concienzudamente éstas preguntas, porque, como se puede ver, son complicadas de responder... más que nada por el desconocimiento de la ubicación de los tomates, la duda sobre el bol y no saber con qué utensilio se seca uno las manos... Este es el comienzo, las preguntas invaden todo el hogar, a grito pelado, tú contestas con una paciencia digna del santo Job, a medio grito, porque ya sabes que los verdaderos gritos vendrán después, y dosificas energías...
La segunda parte comienza cuando, una vez enfrascado el cocinillas en la monda de patatas, pelado de ajos y golpe de sartén de sofrito, tú entras a la cocina, y descubres que, los azulejos frente a la encimera están alunarados de tonos varios, que van desde el rojo tomatero, al amarillo del colorante, miras alrededor, intentas sujetar el demonio que llevas dentro y lo sustituyes por Super Nany, pero para mayores, "Como vuelvas a manchar la cortina, te quito diez puntos", porque, lo que no llegas a entender es cómo han podido saltar gotitas a la cortina... primera regla: No te hagas preguntas tontas, porque no tienen respuesta... Tú limitate a limpiar el estropicio, y observa cómo él va, pasito a paso, creando una paella. Después te tocará quitar los granos de arroz sueltos, desparramados por el suelo, la encimera, el fregadero, y te los encontrarás hasta dentro de un vaso que estaba a dos metros... Repito, no te hagas preguntas tontas, los granos de arroz saltan, así de simple... Cuando ya la paella está a medio confeccionar, y terminó la masacre verdulera, pescadera y carnicera, tú vuelves a la cocina, la imagén es más o menos ésta: el cocinillas está sentado, paleta de madera en mano, cerveza en la encimera, televisión puesta, están dando los resumenes del fútbol, moviendo de vez en cuando la paellera... y el fregadero rebosando de cacharros, platos varios, algunos cuchillos, y las consabidas manchas, por doquier del tomate, y los ya sabidos granos de arroz salpicando el espacio libre... Ya ni te tomas la molestia de protestar, la respuesta es la ya conocida "Iba a fregar ahora mismo", ese ahora mismo abarca desde el minuto siguiente a la pregunta hasta dos horas después...
El segundo caso es distinto en su totalidad. El cocinillas avisa de que hará la paella, tú sonríes al final de la casa, respiras, sigues en tus tareas, te olvidas de hacer la comida, y pasado un tiempo prudencial entras al feudo ocupado por tu cocinero favorito, en donde te encuentras el fregadero recogido, la encimera impoluta, los azulejos propios de Mister Proper, a tu señor esposo con un vasito de vino preparado para tí, con una tapita de jamón, la cortina limpia como los chorros del oro... no te ha preguntado, ni una sola vez, en dónde están los tomates, porque sabe que solo hay una respuesta, ha abierto él solo el frigo y los encontró sin necesidad de GPS, se ha secado las manos en el paño correcto y todo esto sin tu ayuda... El segundo caso es menos divertido, pero más relajante, yo no conozco muchos, pero haberlos hailos, queridas amigas, fijo que los hay...
Yo ya he decidido que, cuando a mi marido, cocinero, acostumbrado a hacer comidas para muchas más personas de las que estamos en casa, se le ocurra hacerme una paella, voy a desaparecer, no estoy dispuesta a ser un pinche raso, a reconocer que la paella está de muerte, porque para que eso suceda, yo tuve que estar limpiando, recogiendo y fregando... y poniendome yo el vasito de vino que me tomé entre cacharro y cacharro, sin jamón, eso sí... ¡Pero que bueno que hoy me hicieron la comida!... no he notado diferencia, pero me la hicieron, y eso ya es de agradecer, ¿no?.

CONCLUSION

A mí, llegados a este punto, lo que más me gusta es que me digan eso de "Vamos a comer fuera", entonces sí, se me pone la sonrisa como a la señora de la segunda opción, tardo dos minutos en cambiarme, paso por mi cocina, la veo recogida y se me instala una paz extraña, porque sé que no tendré que fregar, ni refregar, ni armarme de paciencia, y que, por supuesto, no tendré que ir desgranando, paso a paso, en donde están los tomates, que bol hay que usar y que paño de cocina es el de las manos... Ahora, eso sí, como la paella que hace mi marido, pocas, salvando las de mi amigo Pepe, que desde que estudió en Valencia se ve que algo le quedó, deseando estoy que mejore él y el tiempo, que yo tenga un clarito y me fabrique una, que Pepe si es de los que recogen, limpian y cocinan, todo a la vez... para que luego digan... A dormir, que se me hizo tarde, y me dará hambre si sigo con el temita....

UNA RELACIÓN EXTRAÑA..

El mando a distancia. El amigo íntimo, personal, de absoluta confianza, inseparable, de nuestros señores, esos que se sientan en el sofá, colocan el mando en una parte innombrable de su anatomía, te cambian de canal (sin preguntar, naturalmente) y hacen zapping de una forma tan descontrolada que no te da tiempo a ver más que décimas de segundo de cada emisión. Esto no sé si me pasa solo a mí y a mi respectivo santo o es mal general. Pero, mirando y escuchando por ahí, creo que no soy la única. El mando a distancia es el juguete favorito de los maridos. Visualicen la situación. Señora mirando la tele, tranquila, con su programa o película, metida de lleno en el tema, sabiendo de qué va, sin querer perder detalle. El santo que irrumpe en escena, rescata el mando de la mesa, lugar donde las señoras tenemos la manía extraña de colocarlo. Él lo secuestra, se deja caer en su sillón y ahí comienza la odisea, sin mediar un "¿Estás viendo algo?", que sería lo más normal del mundo, digo yo, pasa a pulsar botoncito tras botoncito, mientras que la señora, atónita, va mirando como en el televisor se suceden imágenes a velocidad de vértigo, sin poder clasificar ninguna de ellas porque la retina y el cerebro no tienen la suficiente agilidad mental para hacerlo. El señor en cuestión, de repente, ve algo que le hace detener la alocada carrera, esto es, o bien fútbol, o bien algún deporte, o bien un spot publicitario con señorita en ropa íntima, o un documental que, finalmente, descubres que es de la vida de las orugas somalíes, o un programa sobre compras y ventas extrañas en América del Norte (que no nos toca ni de lejísimos). La señora abre los ojos, los entorna, mira al señor, decide coger su libro, se pone a leer, renuncia al programa que estaba viendo, porque en el fondo sabemos que, una discusión sobre la importancia de lo que nos interesa a nosotras, dará lugar a mil discusiones sin sentido más, y pasamos de escenas filosóficas. Al cabo de unos pocos minutos enfrascadas en la lectura, miramos el televisor, descubrimos que la oruga somalí también se alimenta de hojas verdes, como en todos sitios, miramos a nuestro cónyuge y descubrimos que, cabeza ladeada, babilla cayendo y comenzando un ronquido sonoro y rítmico, ha depositado el mando en sus pudendas partes. Con un sigilo digno del mejor ladrón de diamantes, la señora se dispone a recuperar el mando...¡Error!... no se sabe que soporte salta, pero debe de haber algo en el cerebro de los señores que, de repente, les hace abrir los ojos, aferrar el mando, mirarte tal cual psicópata, y la señora, lo único que espera es que de los labios de su marido salga eso de "¡Mi tesooooroooo!", porque como a tal se aferra la garra del marido.
Señoras del mundo mundial, digan si me equivoco, señores mundiales, despejen las dudas y confiesen en qué momento nos ven, en qué momento saben que estamos a punto de recuperar su "tesooorooo", porque estoy segura de que hay algo, dentro de su cerebro, conectado con los infra del mando, porque sino, señores, una servidora no entiende ese mimetismo con algo tan pequeño, tan abotonado y tan ajeno a ustedes mismos. Lo peor de ésto es que, cuando termina el programa de la oruga somalí la señora sabe, con total certeza, de que su cónyuge sigue tan ignorante sobre la vida del insecto como estaba al principio, mientras que ella que estaba viendo un debate sobre ley hipotecaria, ha perdido una información que SÍ hubiera comprendido, SÍ hubiera escuchado y SÍ hubiera satisfecho su curiosidad.
Lo único que pedimos, señores del mundo mundial es que, de vez en cuando, rompan la costumbre, pregunten antes de secuestrar el mando, no lo coloquen encima de ciertas partes de su anatomía, y consigan concentrarse, con ojos y mente, en el programa escogido. No nos hagan, por favor, perder la paciencia, que ya tenemos motivos suficientes (todo esto desde el cariño), sean comprensivos, y, por una vez, señores, dejen esa relación tan extraña que mantienen con una cosita que funciona a pilas, que luego los comentarios sobre aparatos varios los soportamos nosotras (jajaja).

CONCLUSION

Ahora, que ya es la hora de la primera cabezada de mi cónyuge, que ya escuché sus primeros ronquidos y que he descubierto un hueco para atrapar el mando sin ser descubierta, voy a ver si consigo por una vez, dejar de ver resúmenes de baloncesto y atrapo algún programa decente, que lo dudo, porque digamos lo que digamos, la televisión cada vez enseña menos, engaña más, es más pozo de discordias, es cada vez más partidista según qué canal, responsable de lavados cerebrales varios, y es responsable de la escasa capacidad de opinión subjetiva y personal que todos, como individuos, tenemos... Así pues, pensándolo detenidamente, me da igual que me roben el mando, yo soy más feliz recuperando mi libro, ese que siempre tengo a mano, esta noche le toca a Pérez - Reverte, rematando "El tango de la Guardia Vieja", media hora y lo terminaré...así que, señoras, dejen que les roben el mando, rescaten un buen libro y vivan la historia de las letras, que siempre es trepidante, emocionante y enriquecedora... Buenas noches, me voy a perderme entre renglones y le dejaré el aparato con pilas a él, hay relaciones incomprensibles....