18 mar. 2013

REGALAME... (poesía para una noche bonita).

Lléname de sonrisas el alma serena, la que vive en mis ojos,
que deambula en mis manos y la vida te entrega,
lléname de risas mis labios amantes,
los que muerden los tuyos y los llenan de estrellas,
los que te regalan momentos fugaces,
robados al tiempo, mirando la luna, que nos desafía,
que nos reta siempre cuando llega el día.
Muérdeme la vida, la que te regalo junto a tu sonrisa,
la que vida da, la que entrega el alma,
esa de las manos, esa de los labios,
la sonrisa eterna, que me pertenece,
porque yo la prendo, porque yo la agoto,
porque yo la beso y yo la conozco.
Regálame dichas sin fin, eternidades dormidas,
regálame naranjas amargas,
el sabor que dices tiene mi saliva,
la que mezclas en besos imposibles, robados siempre,
soñados eternos, infinitamente dejados del tiempo.

Regálame rosas, pero con espinas, que sangre mi mano,
bésame la nuca, despiértame siempre con besos robados,
asomado desnudo al balcón abierto de mi fantasía,
el que se abre inmenso al amanecer,
el que, misterioso, nos entrega el día,
un día más de besos, de risas, de palabras tiernas,
de tiernas caricias,
regálame vida, mi vida, la tuya, la nuestra,
regálame el mapa hasta tu guarida,
la que tú custodias sabiendo que es mía.

HABLANDO DE RESPETO... (charlas con Emilio).

Todos tenemos amigos con los que, sin saber cómo, comienzas hablando de un tema, saltas a otro, desmenuzas una idea, filosofeas un poco, recuerdas momentos duros vividos por ambos, intentas descubrir el por qué del destino, buscar una lógica a lo ilógico, planteas dolor del alma que se queda para siempre, vivencias que te marcan y ya no te abandonan. Emilio es uno de esos amigos, de los pocos que, escuchando, mientras lee o escucha, va uniendo, va evaluando, y yo lo voy haciendo a la vez que él. Hoy, después de una charla animada que tuvimos que abandonar porque otra me requería desde un teléfono distinto, cuando me quedé tranquila, comencé a pensar en nuestros temas. A pensar, sin saber por qué, en el respeto. El que yo le tengo, y el que sé que él me tiene, los amigos, aunque se bromeen, aunque se suelten algunas de esas "paridas" propias de la confianza, siempre saben manifestarse el respeto. Al menos yo lo entiendo así.
El respeto, según el diccionario, es la consideración hacia algo o alguien, por el valor que tiene por él mismo. El respeto es saber que ese a quién nos dirigimos tiene dignidad personal, la que tiene que ser tenida en cuenta, un valor propio y respetable. A veces insultamos las inteligencias ajenas, queremos hacer creer a los demás lo que ni somos ni podremos ser, ahí les estamos perdiendo el respeto, ya que olvidamos considerar su valía y la nuestra propia, por lo que, en este caso, también nosotros nos perdemos el respeto. Nos perdemos el respeto a nosotros mismos cuando, creyéndonos onmipotentes, sapiens perfectos, ninguneamos la inteligencia ajena, intentamos manejar hilos invisibles para hacer del ajeno objeto de burla, para crear un polichinela que nos haga reír cuando caiga en nuestras trampas, soterradas, subterráneas, invisibles para ojos ajenos, pues ahí, en ese intento de menospreciar a otro, nos estamos perdiendo el respeto a nosotros mismos, y en caso de ser descubiertos les habremos dado el derecho a los demás para que también nos lo pierdan. Hablaba con Emilio, mi amigo, del respeto que me merecen las gentes sencillas, él puede dar fe de nuestra conversación, igual que puede darla mi amiga Encarni Fernández, cuando hablamos del respeto que, para mí, tienen todas y cada una de las personas que me escuchan .. el respeto lo tiene el pueblo, que es el que sufre cuando vienen mal dadas y el que levanta un país con su trabajo, el respeto lo merece el agricultor, que se deja la piel, los años y la vida en el campo, mirando al cielo. El respeto de la mina, el respeto de los hombres de mar, el respeto para quien no sabe leer, porque la vida se lo negó, el respeto para la madre que saca a sus hijos adelante, pero sobre todo, a la que es capaz de enseñar la dignidad de los parias de la tierra. El respeto, esa palabra que, en estos tiempos de crisis, se nos tendría que clavar a fuego, porque merece respeto quien tiene que acudir a comedores sociales, merece respeto quien es desalojado de su vivienda, merece respeto quien perdió el trabajo y decidió emigrar... Todas las bases, las que hacen grande a un país. Hablemos con respeto, hablemos de respeto, pero sobre todo, respetemos. Respetemos a quien se abre hueco, respetemos a quien cayó y lucha por levantarse, a quien luchó, a quien te sonríe con sinceridad, a quien te da la mano y sabes que es honesto... Pero medita si se lo estás entregando a quien, a hurtadillas, se sonríe con sorna, intenta que seas el hazmerreír de amigos y conocidos, intenta descargar en tu persona frustraciones propias e inseguridades varias... El respeto es innato, y solo nosotros tenemos el poder de hacerlo grande, de extender el propio y otorgar el que damos a los demás. Y sobre todo, y después de pensar mucho, saber que cuando intentamos faltar el respeto urdiendo estrategias que buscan el desprestigio ajeno, no hacemos más que desprestigiarnos como personas nosotros mismos...

Me gusta hablar con Emilio, y como él, con todos mis amigos, los que saben quien soy, si soy digna del respeto con el que me tratan; me gusta hablar con quien recibe el mío, porque lo merecen, me gustan las personas llanas, me gusta el pueblo, me gustan los míos, porque, a lo largo de mi vida he aprendido que nada más respetable, nada más digno de admiración, que la persona que se dejó la piel luchando, desde la base, para que otros que son base intenten llegar a la cima... Buenas tardes, mi respeto para todos los que lo merezcan, mis sonrisas para quien entreteje respetos disimulados, y mis rechazo para quien no respeta los sentimientos ajenos, para quienes han olvidado la capacidad de reconocimiento de la valía personal del otro...