20 mar. 2013

¡VAMOS A RECORDAR FECHAS!...(olvidos imperdonables).


Si algo tenemos las mujeres es la capacidad innata de recordar fechas. Y como para eso somos unas agendas perfectas, pretendemos que los señores, los mismos que se saben trescientos nombres de futbolistas, fechas en las que su equipo jugó campeonatos, (aunque ocurrieran treinta años atrás) y diversas firmas y modelos de coches, tengan la misma capacidad. ¡Gran fallo!, lo primero que tenemos que entender, es que para nosotras es importante una fecha "tontería", mientras que para ellos la fecha de la Copa de Europa es una Fecha, lo demás es anecdótico. Y aclarado este punto, que es vital para entender, resumamos momentos varios. La fecha de tu santo, según te llames, porque no es lo mismo llamarse Carmen que es famoso en el mundo entero (como la sidra El Gaitero) a que tu nombre sea Lorena, por poner un ejemplo. Las fechas importantes, o las fechas "tontería", según a quién se pregunte, se van avisando días antes, con indirectas, tipo "Ese bolso me vendría bien para mi cumple", o "¿Dónde vamos a ir por nuestro aniversario?", o "Dentro de tres días es mi santo", (ya más directo imposible), pues aún así, con ese martilleo, se olvidan. Se olvidan porque ellos se ocupan de fechas importantes, entrada de España en la ONU, la fecha de las próximas elecciones, y por supuesto, la fecha de la final de la Copa de Europa. Es una batalla perdida querer ampliar su disco duro, no tiene más cabida, admitámoslo. Así pues, llegado el día en concreto, una se levanta esperando que se la felicite. Más que nada porque la noche anterior, antes de irse a dormir, mientras tu santo miraba la tele y cómo Fernando Alonso se prepara para la temporada de Formula 1, tú desde la puerta, saliendo hacia el dormitorio, como quien no quiere la cosa, giras la cabeza y dejas caer "¡Anda, mañana es mi santo!", sales sonriendo, sabes que te han oído, y esperas que al despertar te suelten un besazo tipo Clark Gable y te digan "¡Felicidades, mi nena!", otro gran error. Porque a la indiferencia ante una fecha "tontería" hay que añadir la memoria de pez. Tu santo se levanta, se va al baño, se toma el café, se despide al irse, te deja con la bata de seda o de guatiné, según el gusto y el status, con la tostada en la mano y mirándole entre, "¡Te la estás jugando!" y "¡Me va a dar una sorpresa luego, seguro!".... Otro gran error... Pero mientras lo compruebas, vas haciendo tus faenas, o te vas al trabajo, sonríes imaginando el bolso, la reserva de un hotel, la cena romántica en un restaurante chic, y eso te pone... Te pone tanto que, cuando llegan las once de la noche, ya te ha puesto del todo... Como venganza dejas pasar un rato más, hasta que la tapadera de la olla salta y, muy dignamente, como quién no quiere la cosa, te vuelves a levantar, como la noche anterior, comunicas que te vas a dormir, y, desde la puerta del salón, te giras y dices "¡Anda!, hoy era mi santo"... Lo que continua que cada uno lo imagine... Yo soy de las dignas, esto es: yo no recuerdo, ni lanzo indirectas, ni advierto, yo no martilleo, ni cuando llega la noche del día en cuestión, me pongo de ninguna manera... Más que nada porque después de tantos años, yo he aprendido que si me gusta un bolso me lo compro, si quiero un viaje hago yo la reserva y si me apetece cenar lo digo... Me evito muchos enfados, me evito discusiones, me autoregalo, que siempre es una salida, porque te evitas devolver lo que te regalan (que eso sería un tema muy aparte, porque hay gustos espeluznantes), quien no se consuela es porque no quiere, y como no estoy de acuerdo con eso de, "mal de muchos consuelo de...", y no me considero lo último, he decidido que, al mal tiempo buena cara, que yo tengo memoria selectiva, que dice mi cónyuge y hemos decidido repartirnos las fechas importantes. Él las oficiales y deportivas,  y yo las privadas y personales. Es un buen remedio, y ya se sabe, a grandes males grandes idem...

CONCLUSIÓN

Lo que más fastidia, eso sí, es que no recuerden una de las fechas "tontería", pero sí recuerden una fecha ajena, de alguien ajeno, porque no sabes muy bien si lo hacen por fastidiar o realmente la recuerdan, cosa que fastidia más. Y como (con perdón) los varones suelen ser simples, encima te lo dicen, y es ahí cuando, sin ningún tipo de disimulo, clavas la mirada de "O te mato o te mato", la que les hace alejarse prudentemente, salir de tu campo de acción, olvidar la fecha ajena, y cambiar de tema, todo a la vez. Para que luego digan que sólo saben hacer una cosa. No hay que perder la calma, ni ser cansinas con las fechas, ni creer que te quieren más porque recuerdan datos. Quien más recuerda datos es un ordenador y no siente. Así que, vamos a fijarnos en los detalles tontos del resto del año, en las miradas bonitas y los besazos tipo Clark Gable que nos dan sin pedirlos. En ese masaje suave cuando estamos cansadas y ellos lo están también y lo olvidan. Vamos a ser un poco maduras, vamos a no estar reprochandoles lo que olvidaron, porque, siendo sinceras, eso nos convierte en una tarjeta de crédito con patas, y yo de plástico tengo poco... Buenas tardes, para las Lolas, Dolores, Lolitas, Marilós, que se acerca su santo, mucha paciencia... Para las Encarnis, Encarnas, Encarnitas, Nanis, Anuncias, Nuncis, Chonis, que se acerca el suyo, también paciencia, a salir de compras, que ha mejorado el tiempo y a hacerse autoregalos, después de todo una fecha es un número en el calendario...

EL ESPEJO DE LA VIDA...(mirarse en el otro).

Fué un invierno largo. Era el primer día de primavera. Después de un invierno lluvioso, un marzo frío y hostil. Pero aquel día no, aquel día comenzaba la primavera, y me regaló un día soleado. Era el veinte de marzo de mil novecientos ochenta y ocho, y a las doce de la mañana yo me casaba. Una niña. Veintitrés añitos. Ilusionada, como todas las niñas, como todas las novias. Un día que pasó rápido, porque, por alguna razón desconocida, los días extraordianarios, los días especiales pasan muy rápido. Lo viví intensamente. Una boda sencilla, de un pueblo sencillo, con mucha gente, con mucho ajetreo, con amigos en casa, rematando el día. Veinticino años. Han pasado veinticinco años. Mañana, a las doce de la mañana, yo recordaré que, veinticinco años atrás estaba decidiendo una vida, escogiendo un camino, comenzando a recorrerlo acompañada, cogida de la misma mano que me guió mientras salía de la iglesia. En mi pueblo, con mi gente, con mi familia, con mis amigos. Del brazo de mi padre, quejándome de los tacones, del peso del vestido, de los movimientos del velo. Mi padre hablándome bajito, "Es lo que tiene vestirse de novia, que es incómodo", me reía mientras bajaba la pendiente hacia la iglesia. Lectura compartida con mi hermana. Lágrimas de mi madre, seriedad de mi padre. Sonrisas de los novios. Y han pasado veinticinco años. Juntos, acumulando experiencia, y risas, y llantos. Ilusiones compartidas, momentos duros, los dos, de la mano. Igual que salimos de la iglesia. Hemos cambiado. Mucho. Los dos. Es ley de vida, pero tal vez, por esa misma ley, siempre supe que escogía bien. Siempre supe que, esa frase tan feminista "detrás de un gran hombre hay una gran mujer" en ocasiones no se cumple. En mi caso siempre fue al contrario. Juntos, siempre juntos. Y las ausencias enormes, llenas de esperas, las pocas ausencias. Libertad, respeto, sabiendo que, lo que haya que vivir se vivirá, se aceptará, se respetará, se compartirá. Que la vida no es una ecuación matemática, que a veces dos y dos no son cuatro, que hay factores que intervienen en la suma, que alteran el producto, pero nunca restan. Han pasado momentos de dolor, las pérdidas, esas que te superan, cuando lo único que te puede consolar es ese abrazo sin palabras, un beso en la frente, un murmullo "todo estará bien", y se consigue estar bien. Han pasado momentos felices, muchos, muchisimos, recuerdos para inundar una vida, dos vidas. Mi espejo es él, mi marido. Mi compañero y mi amigo. El que escucha, comprende, comparte, anima y consuela. Mi marido callado, ese que me hace reír mucho, enfadarme mucho, discutir mucho y ser feliz, mucho. Con el que comencé la rutina de gestos, esa rutina que te lleva a dormirte con un brazo cogido, a escuchar unas buenas noches en el oído, a recibir unos buenos días alegres, aunque los míos son desastrosos. La aceptación de la diferencia, de la imperfección. El saber que, detrás de un "piensatelo" te están diciendo, estaré en lo que decidas. Aprender juntos todo, absolutamente todo, con lo que la palabra TODO implica. Él mío, y yo suya. Desde hace veinticinco años. Niños entonces, jóvenes e inexpertos. Aprendiendo la manera de caminar juntos.
El espejo de la vida, mi imagén reflejada, la que me devuelve mi sonrisa y me enjuga las lágrimas. El optimismo que me falta, la seguridad que necesito. Las palabras que me abren los ojos, la otra mirada, la que necesito cada día para ver el mundo con otros ojos. Los suyos. A pesar de su miopía, esa que hace profunda la mirada. La que mira con el corazón. Hoy, veinticinco años después, sé que no me equivoqué. Que aquella mañana soleada de marzo, la primavera me estaba regalando los rayos que calentarían mis inviernos. Muchos años, más, espero. Juntos. Riñendo, imperfectos, la nobleza del varón, el genio femenino. Pero adaptados totalmente. Hablando las miradas. Hablando las sonrisas, hablando las manos. Trabajo de dos, esfuerzo de dos, respeto de dos. Gritos, a veces, de dos, para romper en risas, porque, si algo hemos aprendido, es que nada, absolutamente nada, merece un enfado, porque nos enfadamos con la indiferencia suya y los rebotes míos. Veinticinco años ya... ¡quién lo diría!... si parece que fue ayer. Pero no, no fue ayer, fue en un día perdido, soleado, que nos trajó dos hijos, uno muy deseado, otro muy inesperado. Vivencias todas, como todas las parejas que consiguen llegar. Nosotros llegamos. Contra todo pronóstico. ¡Tan distintos!. Los polos opuestos se atraen y, en ocasiones, no se sueltan nunca....

Mañana celebraremos nuestras Bodas de Plata. Una mañana de primavera se nos llenó la vida de ilusiones en común, de miradas cómplices y gestos comunes. Un veinte de marzo, hace muchos años, me vestí de novia para ir incómoda, mañana cerraré los ojos en plena madurez, con la convicción total de que no me equivoqué. Y volveremos a reñir, a reirnos después, a charlar sobre nuestros hijos, sobre nuestros amigos, a compartir mis nervios. Mañana es el primer día de nuestra vida en común, porque, para que algo funcione, tienes que revestir cada día de sueños, de palabras bonitas, de rutina compartida y aceptada, sin dejarla ser rutina. Mañana será veinte de marzo y me volvería a casar de nuevo, con el mismo hombre que, día tras día, me ha soportado.... en mi caso "detrás de una gran mujer, siempre habrá un gran hombre", el mío tiene nombre, se llama Manuel, le llamo Manu, mis hijos papi, y para el mundo es mi marido... Buenas noches, ésta noche recordaré veinticinco años llenos de amor, gracias a la vida que me dió el don del recuerdo, porque no quiero olvidar ni uno solo de los momentos compartidos a su lado... Esta noche, ésta entrada, va por él...