24 mar. 2013

MOTRIL... EN LA MESA INMACULADA TORRES, CONCEJALA DE IGUALDAD Y JUANJO CUENCA POETA Y AMIGO... MOMENTOS ENTRAÑABLES, ENCUENTROS CON PAISANOS, CON GENTES QUE ESCUCHAN CON RESPETO, QUE YA SON AMIGOS... MOTRIL QUE ME ABRIO PUERTAS Y ME HIZO COSTERA POR UN DIA, ESPERO SERLO MUCHOS DIAS MAS... LA CASA CONDESA DE TORRE-ISABEL, SU SALON DE LA CHIMENEA, EL MARCO PERFECTO, INTIMISTA, SENCILLO, PARA PASEARSE POR UNA VIDA...
UBEDA... LIBRERIA EL CANDIL, ACOMPAÑADA DE ENCARNI FERNANDEZ, TARDE-NOCHE DISTENDIDA, FELIZ CON LOS LECTORES, CHARLA AMENA, SIN GRANDES MOMENTOS DE PROTOCOLO, COMO EN CASA, PORQUE PARA MI, ESTAR EN UBEDA, ES ESTAR UN POCO EN CASA...

EL CORAJE CONTRA EL MIEDO... (Alex Rovira)

Leía hoy un párrafo lleno de razón, lleno de sentido, lleno de palabras coherentes y ciertas, un texto de Alex Rovira. Pensaba que, aún sin haberlo leído antes, aún sin conocer este texto, aún sin saber ni siquiera que existía, yo le dí a Laura el coraje para vivir, y ella añadió el miedo con que lo hizo. Porque, efectivamente, tener coraje no es estar carente de miedos. Y eso, los que hemos luchado por algo, los que nos hemos arriesgado con algo, lo sabemos. Sabemos del "bocado" en el estómago del miedo, ese que te atenaza en ocasiones, que te hace dudar y te hace pensar, el mismo que te paraliza. Si seguís mi blog, recuerdo, en una de mis entradas, que yo ya hablé de esto. De ese miedo de "no saber si debo pero saber que quiero", que diría Laura. El tema controvertido del coraje, daría para conferencias enteras, porque cada persona lo vivimos de una manera distinta, lo entendemos de forma personal, lo entendemos dentro de una situación limitada. Por muchas clases de psicología que nos den, por mucho que nos motiven, por mucho que nos expliquen con palabras enormes, nadie, absolutamente nadie, podrá hacernos vivir el coraje de manera distinta a como nosotros seamos capaces de vivirlo. Arrastrando nuestros miedos, nuestras cadenas, que son propias, no de nadie, no de otros, sino nuestras. Elogiaremos a otros por tener coraje, porque nosotros estaremos paralizados por nuestros miedos, o al contrario, juzgaremos el miedo ajeno, porque nuestro coraje es capaz de superar a nuestros terrores más absolutos. La psicología no es una ley perfecta, ni es el decálogo en el que nos movemos todos. Cada persona es especial, única, vive sus filias y sus fobias de manera subjetiva, cada persona es un mundo, un puzzle, un conglomerado de sentimientos, de valores, de miedos, de tormentosas sensaciones y emociones desparramadas por todo su aparato circulatorio. Yo estoy muy de acuerdo con los filósofos, nos ofrecen frases enormes, llenas de verdades y de razones que son paradigmas de lo que debería de ser el comportamiento humano. Pero tiene un pero... que cada ser humano tiene sus propios vericuetos, esos insondables, que nos hacen bipolares, contradictorios, intransigentes, insolidarios, ilógicos e irracionales. La filosofía es filosofar, la psicología es meterse en el cerebro humano, ese lleno de chip desconocidos que reaccionan con libertad total, dependiendo del momento, de la situación, de la meteorología, de la carta astral y de la realidad que le ha tocado vivir.
Mi abuela, que aparte de ser una gran refranera (ya se sabe, mujer refranera, mujer puñetera) era una gran filósofa, me solía decir aquello de "¡Que bien habla el sano con el enfermo!", me lo decía cuando yo, que tenía la razón absoluta en aquella edad en que, todavía, las verdades absolutas existen, le decía lo que ELLA tenía que hacer. La hacía ver que "fulanita" con su misma edad, era y actuaba distinto, y yo, que era muy sabia, porque mi edad veinteañera me hacía sabia, olvidaba que, aquella "fulanita" era distinta a mi abuela, porque su vida, sus valores, sus ideas y su situación era distinta. Con los años, yo, que ya no soy tan sabia, que mi edad me ha hecho ignorante, que me ha enseñado que tengo que aprender de todos y cada uno de los días, estoy de acuerdo con mi abuela. Reconozco que tengo coraje, que cuando lo saco para vivir, para cumplir mi sueño, para llevar a cabo lo que deseo, me atenaza el miedo, pero, por eso mismo es coraje, porque lucha para tapar los temores, para ocultar las dudas, para solapar la inseguridad en mí misma. Pero, a lo largo de mi vida si me he demostrado que, a pesar de todo eso, tengo coraje, he decidido vivir lo que me ha ido llegando, he tenido que enfrentarme, a veces, a situaciones duras. Y no me ayudó la filosofía, al menos no la ajena, sí la propia, la psicología íntima, la mía, porque, si decimos que es difícil conocerse uno mismo, cuando se consigue saber tus defectos, saber tus limitaciones, ser consciente de tus errores y admitirlos, y crear una imperfección que no sea censurada sino compartida con las virtudes, puedes ser capaz de volar alto, de hablar como enfermo sin serlo, de hablar siendo sano con alguién que no lo es y comprenderlo. El coraje, para mí, es la capacidad innata, la que todos tenemos, la que sacamos cuando se nos pone un reto y decidimos aceptarlo, recoger el guante que nos lanza el destino y llevar a cabo un duelo con nosotros mismos, sabiendo que, gane quien gane, al menos lo habremos intentado, y habremos disparado contra el miedo que nos crea una rigidez mental y corporal, que nos impide apretar el gatillo contra lo que no nos gusta de nosotros mismos, contra lo que nos impide vivir y lo que nos impide soñar....

CONCLUSION

Mi padre, en una ocasión, me dijo que era valiente... Me lo dijó muchas veces, cuando yo, todavía, no sabía qué quería decir. Con los años, cuando he ido teniendo el concepto claro de lo que, para mí, es la valentía, sé que llevaba razón, soy valiente, valentía escondida en un cuerpo pequeño, en una edad indecente para serlo, pero sé que lo soy, porque decidí que soy mi mejor psicóloga, soy la que mejor me conoce, a mi pesar, porque a veces, no me gusta nada lo que veo, pero lo acepto, me acepto, me distribuyo mis defectos y los hago puzzle con las pocas virtudes, y todo eso me hace valiente... No sé si en algún momento de mi vida me volveré cobarde, fui cobarde mucho tiempo, ya no, ahora me permito autosicoanalizarme, reñirme, ponerme tratamiento, esto es, aceptar, totalmente, la diferencia de las gentes, ahora ya tengo edad para no ser sabia, para pensar que mi abuela llevaba razón y para saber que, como decía Ortega "Yo soy yo y mi circunstancia", y esa circunstancia merecerá, siempre, vivirla con todo el coraje del mundo, vaciando todo el cargador contra los miedos que puedan atenazarme....