31 mar. 2013

LOS DIAS DIFICILES...(Relato corto).

Te ha dicho que serán días, apenas unos días, pero los ojos se te han llenado de pena y los labios han curvado en una sonrisa triste y lastimera. Unos días; se mide el tiempo por horas, el tiempo real, el que cuenta, el que nos rige y nos domina. Pero tú sabes que esos días, esos pocos días son tu mundo, todo lo que tienes, unos días, tan cortos, tan rápidos o tan lentos. Te ha vuelto a repetir, por décima vez, que no se acaba el mundo, y tú le has hablado de ausencia, de que abra puertas cuando vuelva, porque tú, por esas decisiones personales y propias, sabes que vas a cerrar la tuya, al menos durante esos pocos días, esas horas enormes y opresoras que te llenaran de dudas y de desiertos polvorientos y ventosos. Los que moverán arenas y te las meterán en los ojos haciéndote llorar en las noches largas o cortas, noches llenas de desvelo y de minutos. Has callado escuchándole, le has preguntado la hora de salida, le has recordado que tenga cuidado y le has sonreído a través del teléfono. Él sabe como es esa sonrisa, todo lo que esconde y todo lo que teme. Has hablado bajito, como a él le gusta, pausada y serena. Y no has podido evitar el temblor de la voz. No te gusta que vea tu debilidad, eres fuerte, siempre lo has sido, siempre lo demuestras, hasta que llegan esos momentos, justo esos, los que te anuncian que estará ausente unos días, pocos días, pocas horas, minutos eternos que vas a llenar en un cine, en un paseo con amigas, hablando de todo y pensando en él; mirando el reloj, olvidando que llevas un teléfono en el bolso, que puedes usarlo pero que no debes. Matarás el tiempo leyendo, escuchando música, centrándote en tu rutina y en tus quehaceres, esos que son nimios comparados con su ausencia... Te tembló la voz, y a él le pudo la pena, te aconsejaba, te advertía, te sonreía también al otro lado, y tú también has sabido del dolor de su sonrisa, la que enmascara en esa broma vuestra, la que intenta disimular con un tono perentorio, preguntándote el color de la ropa interior, ¡sus cosas!, las que os hacen reír cuando la tensión os puede. Has pasado un mechón de cabello por detrás de la oreja, has bajado la vista y la has vuelto a subir, has mirado al cielo le sientes tan lejos ya, tan cerca ahora. Minutos y horas sin saber de él, ni cómo estará, ni cómo se sentirá, y en un arranque de ternura desconocida te ha susurrado eso de "Te voy a extrañar hasta morirme de pena", y ya sí, ya te permites sonreír llorando, y él lo sabe pero esta vez  no te riñe, porque sabe que lo necesitas, has seentido su brazo por tus hombros, su beso en tu cabello y deja que llores, porque, como le dices siempre, es lo único que tienes para desenmascarar el alma de alegrías inútiles, esas lágrimas pueriles y olvidadas en unos ojos rodeados de arrugas ya, las mismas que el tiempo, ese que ahora se balancea sobre tu cabeza, ha ido forjando a través de momentos duros y momentos dulces. La arruga del alma y del sentimiento, la que se ha clavado en un rostro de mujer hermosa con ojos hermosos, con la boca que besa y que desea, la que añora cuando no la tiene, la que recrea para poder seguir. La boca que fue suya y sigue siéndolo, la que no lo es porque tú no diste tregua, ni oportunidad, ni diste esperanza a su boca para hacerla tuya.
Has caminado despacio bajo el paraguas azul, bajo el agua persistente, la que golpea la lona, la que enturbia las copas de los árboles y hace que brillen las losetas del parque. "En unos días todo será igual", su promesa, tu súplica "Ábreme puertas cuando vuelvas".,.. y sabes que las abrirá, que seguirá abriéndolas cada día de tu vida, aunque no pueda ser y cada noche las vuelva a cerrar, y tú la empujes al día siguiente dejando que entre un tibio rayo de sol. Tus pasos en llanto, maldito ese tiempo, maldito el reloj, maldito el destino que no te dejó y que no te enseñó, que te hace vivir el desamor del equívoco, el dolor de la equivocación juvenil a destiempo, el mismo destiempo que ahora lo aleja de ti, por unos días, por unos minutos, por muchos segundos...

Llueve fuera, miras a través de los cristales y sabes que ya, mientras el calendario pasa sus días y las manecillas de tu reloj caminan despacio, no será tuyo, pero suyo tampoco, porque tú estarás presente en cada respiración, en cada parpadeo, en cada sonrisa entregada al prójimo, en el suspiro que se escapará de su boca y el latido involuntario de su corazón. Fuera llueve, sólo llueve, la lejanía es un concepto relativo, los tiempos son impuestos por personas crueles, no existe el tiempo, entre vosotros nunca ha existido ni tiempo ni distancias, habéis alcanzado la madurez exacta para comprenderlo... Fuera llueve, gotas que te ponen una sonrisa, porque, de repente, sin esperarlo, has visto su imagen a través de los cristales,
instalada en las hojas mojadas del árbol que tienes enfrente, y le has visto sonreírte y susurrarte "Yo siempre abriré tu puerta, pero lo que deseo es cerrarla contigo y conmigo dentro, y dejarla cerrada para siempre"... Después de todo, sólo se trata de tiempo....

ORGANIZANDO LUNA DE MIEL...(bodas de plata).

Tenemos la manía, extraña por cierto, de celebrar los aniversarios que terminan en números redondos, como si los veinticinco años fueran más importante que los veinte, digo yo que será por el cuarto de siglo que abarca, cuarto y mitad, porque algunas veces, veinticinco años de casados, más que un aniversario es una condena, digamos lo que digamos, pero, digamos lo que digamos, todos nos ponemos a organizar bodorrio "repe", otra extraña manía, porque, durante esos veinticinco años, en más de una ocasión (y más de dos) hemos dicho aquello de "si lo sé, ¡anda que me iba a haber casado yo!", nos hemos quedado tan anchas al decirlo porque, sinceramente, lo pensamos. Pero, ¡mire usted por dónde! que cuando llegan las Bodas de Plata, que son las primeras y, a veces, las únicas que celebramos, nos entra la vorágine celebratoria, la vena viajera, la añoranza por rememorar aquellos días y un extraño placer por fastidiar, (esto no lo decimos porque no es correcto). Olvidamos, porque somos olvidadizos cuando nos interesa, que ya han pasado veinticinco años, que hemos cambiado, como diría la canción, que ya aquello de ver techos no nos "pone" mucho y, sinceramente, otras cosas tampoco. A mí me ha tocado este año, este mes, después de barajar lugares, de haber tenido reservado hotel dos veces, de preguntar, pacientemente, la preferencia viajera. Cuando falta una semana, mi cónyuge ha decidido cambiar de itinerario, porque, ¡mire usted qué cosas!, quiere llevarme a "un lugar en el recuerdo", el lugar ya me lo sé, pero el recuerdo prefiero ignorarlo, sinceramente. Olvida mi cónyuge aquellas vicisitudes, veinticinco años antes, cuando todo era comenzar, o intentar comenzar, abrir camino, lo de abrir nunca mejor dicho, y ver techos. Y a mi edad, todo sea dicho también, lo que más me "pone" es ver piedras, que dice mi señor esposo, cosa que él no comprende muy bien. Yo me evito explicarle demasiado, porque nada peor en un segundo viaje de Luna de Miel, que un señor esposo desmotivado. Bastante tenemos ya, las señoras esposas, con crearnos unas expectativas ilusorias desmesuradas, como para que, encima, desinflemos la emoción, confesando que, pasear por la Plaza de San Antonio de Cádiz, es mucho más instructivo que pasar un rato de "asueto" en el maravilloso hotel que se nos ha ofrecido. Y es que ya, a una edad en la que te ríes de todo, en la que de todo haces leña del árbol caído (lo de "árbol caído" dicho con todo el cariño) y en la que, eso de batir récord, se queda para las Olimpiadas veraniegas, lo mejor de todo es planear un viaje sin demasiadas pretensiones, las justas para pasear de la mano, sentarse en un banco y decir "Aquí nos dimos un morreillo" y sonreír recordándo el morreo en cuestión, porque ya no se tiene edad para repetir, a no ser que se quiera ser diana de niños precoces y parejas adultas, poco comprensivas con el valor de los recuerdos. Me toca Luna de Miel "repe", mejor dicho, me toca viaje repe, pero sé que voy a disfrutarlo de forma distinta. Ya no se entra en una habitación para comprobar el estado del catre (que diríamos en mi pueblo) sino que entras directa al baño, compruebas si han dejado papel, si hay vasos y el número de toallas. Y es que, aunque las cosas no cambien, sí se modifican, ¡afortunadamente!, que ya una tampoco tiene ganas de jornadas maratonianas, a ver "quién aguanta más". Viajar para celebrar las Bodas de Plata es lo más de lo más, porque siendo sinceros, aprovecharemos los paseos para descubrir rincones espléndidos de una espléndida ciudad, para tomarse un vinito con pescaíto frito sin prisas, para enlazar las manos, pero sabiendo que, ese gesto, ya no implica tener que salir corriendo, sino que conlleva el placer de pasear, de haber paseado un cuarto de siglo, de la misma mano, descubriendo nuevos rincones y nuevos horizontes.
Viajar en las Bodas de Plata indica que se caminó juntos y se caminó bien. Que bromas aparte, se descubrió el sexo juntos y juntos se sigue viviendo, con los cambios, sin las urgencias y con la entrega. Y todo eso, parece que no, pero cuesta mucho aprenderlo. Cuesta veinticinco años de dos vidas. Hay viajes sin precio, porque para todo lo demás, tenemos Master Card, y aparte, tenemos la paciencia, el sentido del humor, la risa y las miradas. Y saber que, ya no nos "pone" mirar techos, ni hacer carreras de fondo, pero nos sigue poniendo descubrir que somos únicas, que seguimos siendo las mismas niñas, únicas, que dejaron que se abriera camino (lo de abrir, de nuevo, nunca mejor dicho).
Mi generación, en aquella sociedad, en aquellas situaciones, vivimos unas bodas llenas de ilusión, demasiado jóvenes, demasiado inexpertas y demasiado ilusionadas. Hemos dado paso a una generación de mujeres adultas, maduras, que saben lo que quieren, lo que tienen y lo que mantienen, que han aprendido a reírse hasta de su sombra, a dar importancia a lo que realmente es importante y que, llegado el momento, planean sus Lunas de Miel "repes" llenas de ilusión, pero con un sentido del ridículo mucho menos arraigado, afortunadamente...
Me toca viajar, de forma distinta, porque, esta vez, volveré al lugar en el que disfruté de mis primeros días de casada, de mis primeros momentos descubriendo un mundo, de mis primeros baños compartidos, de maletas para dos, de ropa mezclada. Vuelvo al mismo sitio que paseé, sentándome en un banco, dándome un "morreillo" con mi estrenado marido, porque era mi luna de miel, cogiéndo una mano y saliendo corriendo. Voy a volver a recordar, que, bromas aparte, me gusta mucho, cuando los recuerdos son compartidos de la misma manera, con las mismas ganas y la misma ilusión.... y todo lo demás me sobra... Noche de risas, noche de planes, que luego no saldrán, pero que, mientras se cuentan te hacen feliz y te ponen un brillo especial en la mirada, la misma mirada de una niña que descubría y confirmaba que estaba recién casada....