5 abr. 2013

ESA PALABRA TAN MALSONANTE...(Reflexión personal).

A mis años, que ya son unos pocos, he tenido que aprender palabras extrañas creadas para definir extrañas relaciones, o no tan extrañas, aunque yo, dentro de mis límites culturales y sociales, todavía me sorprendo de ciertas cosas, (aunque no lo parezca y no debiera). Mi generación, o al menos yo, tenía muy clara cada palabra que se usaba para definir relaciones personales, sentimentales y sexuales, las palabras amigo, amante, novio, marido y, últimamente "rollo". Pero, ¡mire usted por dónde!, nos ha aparecido la palabra "follamiga", que abarca un abanico extenso de relaciones varias, porque es una palabra "minipimer", que igual te monta claras, que tritura aliños, así pues y como una tiene que ir ampliando el limitado lenguaje, he empezado a darle a la palabra algún sentido, aunque, siendo sincera, no sé por dónde cogerla. Se supone que, ese palabro extraño (todavía me cuesta escribirlo), sirve para definir una relación indefinida en la que dos personas, mayores preferiblemente (es decir, mayores de edad, y se supone, mayores en experiencia, porque sino no se entiende), deciden que un "rollo" va a ser una "follamiga", esa a la que se recurre, de vez en cuando, sin lazos sentimentales, para calmar los ardores físicos y sexuales; no es una amante, ya que, para mí, una amante es una relación en el tiempo, consolidada, que además del tema sexual abarca el tema emocional, es un desahogo para el cuerpo y para el alma, y muchas veces, en mayoría, tiene en la vida personal mucha más importancia que la relación legítima, y muchas veces, por desgracia, no puede hacerse legítima la situación por escollos insalvables. Así pues, la palabra amante (que para mí es preciosa), además de antigua, además de tener un caché, (nos pongamos como nos pongamos), no es la justa. La "follamiga" en cuestión se queda al margen de los problemas personales, de las charlas íntimas, se suele acudir a ella para mensajear, para ir al cine, para ir de copas y después de las copas ir a la cama, o eso creo. Se suele salir con ella en grupo, y, casi siempre, pertenece al grupo de amistades, por lo que la relación es aceptada entre todos, si es que se conoce, y siempre se termina conociendo, porque algunos machitos tienen la costumbre de "cascarlo", hay hombres que eso de cazar tienen que pregonarlo porque les da prestancia. Y además de a sus amigos, los hay que, cuando comienzan una relación más seria, sea del tipo legítimo o ilegítimo, (que de este último caso hay relaciones muy serias, como ya he dicho), cuentan también las relaciones con sus "follamigas" a la que es escogida para una relación mucho más estable, sobre todo porque tienen la manía de aclarar sus relaciones fugaces, esas que no son nada más que "cuatro polvos" (con perdón, que diría un amigo mío). Otras veces suelen confesarlas cuando la persona elegida de forma más madura, más asentada y más perdurable descubre, como quién no quiere la cosa, un número de teléfono que corresponde a una antigua amistad, y quiere conocer el grado de amistad, o descubre una conversación, o descubre unos comentarios en facebook alusivos a tiempos pasados, o descubre unas conexiones a través del whastsapp, porque, por esas casualidades, tiene los dos números de teléfono. Y no queda otra que confesar, eso sí, entre excusas masculinas, que las señoras sabemos cuáles son y el peso que suelen tener.
Antes, cuando todo era tan simple que no se usaba esta rara palabra, cuando todo era tan simple que constaba de flirteo, coqueteo, salidas, besuqueo y catre, todo estaba delimitado, no era nada, los encuentros esporádicos y secretos, cada uno en su casa y Dios en la de todos, y a ser posible, oculto todo para los conocidos y sobre todo conocidas, que ya sabemos esa tendencia de las mujeres a juzgar el comportamiento ajeno, sobre todo si es femenino y a nosotras no nos ha dicho nadie "Negros ojos tienes". Ahora ya no, ahora, cuando alguien pregunta qué tipo de relación se tiene, sin necesidad de tapar, ni de disimular, ni de ocultar se dice eso de "es una follamiga" y todo el mundo sabe lo que se quiere decir, así se evitan preguntas del tipo "¿Vas en serio?", "¿Es algo importante?" o "¿Pensáis vivir juntos?", a todas esas preguntas la respuesta es "No", pero se evitan las excusas, que como digo, son algo galopantes e increíbles.
Esto viene a colación de una conversación con una amiga, hablando de cuando esa "follamiga" a la que el señor en cuestión no le ha dejado claro lo que la palabra implica, comienza a pensar que las tres preguntas anteriores pueden ser "Sí", porque, queridas, nos pongamos como nos pongamos, la mayoría de las mujeres, llegadas a una edad, queremos, buscamos o necesitamos una solidez emocional que la dichosa palabra no conlleva. Y cuando el señor en cuestión descubre que, de repente, se ha enamorado de otra persona, que no le va a dar ese calificativo y comienza la retirada, la "follamiga" se empieza a cuestionar qué ha estado haciendo (piensa que ha hecho el canelo, porque no ser importante para la parte que compartía su cama de vez en cuando no es agradable, ¡nos pongamos como nos pongamos!). Hay amigas que no entienden que todo ha terminado, que siguen con mensajes, que siguen con llamadas, que reciben de vez en cuando algunas en homenaje a lo que hubo, reciben algún mensaje, pero desde luego no el que quisieran, no el que pensaban y no el que debiera. Y llegadas a este punto, cuando la dignidad debe prevalecer, es el momento de retirarse, entender que llegó el momento del adiós, que su "follamigo" tiene a alguien a quien sí dirá "te quiero" y no precisamente en esos momentos en los que se va el santo al cielo porque se confunde el clímax con los sentimientos, y eso confunde y aturde a la "follamiga" en cuestión, tanto que se lo cree, el "follamigo" habrá encontrado a quién sí comentará cosas íntimas, personales y privadas, a quién no calificará de "follamiga" porque es otra cosa, es mucho más, es un todo, o una parte, pero más asentada, más seria y más perdurable.
Así pues, después de decidir que no queremos relaciones eternas, ni sólidas, ni comprometidas, que somos liberales y liberadas, nos vamos a un baño, lloramos un poquito, recordamos que sabíamos a qué se estaba jugando, y decidimos que hay que continuar la vida, buscándonos otro "follamigo" con la esperanza de que sea más estable, más sólido y más duradero, que sea desconocido, que no sea del grupo de amigos, y a ser posible, que después de los mensajes, del cine, de las copas y de la cama, en algún momento se le escape un "te quiero" y no sea mientras se escapa el placer a chorros (nunca mejor dicho) que eso es poco creíble, porque, digamos lo que digamos, a todas nos gusta que nos quieran, aunque sea un poquito, aunque sea a salto de mata y aunque sea en secreto. Buena mañana, volvió el agua, si es que alguna vez se fue... para una amiga a la que quiero mucho y que le debía esta entrada desde hace muchos días, por esas conversaciones entre risas y entre conclusiones femeninas absolutas y ciertas...