13 abr. 2013

PARA UNOS LABIOS...

Dibujame en un beso que me anule,
que me deje sin vida y sin historia,
que me cierre los ojos para siempre,
que me entregue la luz de estrellas rotas,
nublame la mirada con un beso,
y deja que persiga tu memoria.
¡Dejame morir entre tus labios!.
¡Déjame eternamente entre tu cuerpo!.
¡Déjame recorrer tu piel amada!.
¡Déjame tatuarme en tu recuerdo!.
Dibujame un beso, muerde el labio
que te entrega la vida, quedáte dentro
de mi boca, entre mi lengua, cincelando
cada mordisco, cada caricia..
Déjame ser saliva.
Mójame de tus ansias de deseo.
Rómpeme entre tus brazos, hazme trozos.
Mírame mientras me fundes con el cielo...

Dibujame en un beso eterno y largo,
que me haga entender que Dios existe,
dame la plenitud entre tus brazos,
y te daré la  gloria que pediste.-

¿SALIMOS DE CAZA?... (conversaciones en la sobremesa).

Charlaba yo, al mediodía, por ese invento nombrado y renombrado hasta la saciedad, como es el whatsapp, en una de esas charlas que te hacen reír a carcajadas, porque, aunque no sea de viva voz, lo que tienen éstas conversaciones es que te vas pisando, no das tiempo, a no ser que, como me ha pasado a mí, la persona al otro lado tenga también velocidad digital y la conversación fluya ràpida y divertida. Hoy tocó hablar de las riñas de enamorados, esas que, todo bien, todo en orden, de repente, por un "no me has dicho..." se tiñen de nubarrones, hablábamos de las primeras riñas, da igual la edad que se tenga, cuando se comienza una relación, podemos ser treinteañeros, cuarentones o cincuentones, pero actuamos como adolescentes, no se sabe bien el motivo, pero así es. Y sino pensemos en alguien con una edad prudencial que se haya enamorado, intentemos recordar las conversaciones, lo que se nos contaba, lo que se nos decía, y nos daremos cuenta de que, por mucho trigo nunca es mal año, de la misma forma hemos actuado todos cuando hemos tenido quince o veinte años. Las primeras riñas de enamorados, ahora, con la distancia de los años, intentando recopilar las que ha habido, (misión imposible porque son infinitas o siendo finitas son abultadas) pensaba yo que, en realidad, todas y cada una de ellas vienen originadas porque somos distintos, totalmente, porque pedimos lo que no se posee, porque queremos que piensen por nosotras, porque necesitamos lo que a ellos no les hace falta, y por consiguiente no ven necesario darlo. Esto es muy básico, muy fácil de entender, el problema salta cuando no lo entendemos porque nos negamos a aceptar la diferencia. Se nos olvida que, enfrente, tenemos a una persona con sus días malos, sus despistes, sus problemas, e intentamos que se centre, absoluta y totalmente en nosotras, y viceversa, de ahí que, cuando una dice una frase, de esas que nos brotan de vez en cuando, carentes de toda necesidad, de todo sentido y de toda lógica, esperemos que se nos responda tal y como hemos visualizado en nuestra mente que se hará, y si no se hace "la liamos parda", porque entendemos que no se nos tiene en cuenta, que se nos ignora, que se nos trata con indiferencia y, por mucho que el sufridor contrincante nos quiera hacer entender que, no tiene nada que ver el tocino con la velocidad, nosotras, como martillos, seguimos golpeándo, palabras dichas al aire, para ver si las captan, seguimos con un rosario de quejas que, si las miramos desde fuera, verdaderamente nos hacen ser muy ridículas. Digo todo esto en femenino porque, mayoritariamente, somos nosotras quiénes más exigimos, quiénes queremos que se nos quiera como nosotras queremos, quiénes no entendemos que se pueda querer de otra manera. No entendemos la parquedad en palabras, eso de "¿Me quieres?" tiene que tener un aluvión de adjetivos, de lindezas y gentilezas, porque, lamentablemente "Si" es un monosílabo aburrido, pequeño y demasiado fácil de decir, y cuando se ha dicho en seco, sin añadir nada más, comenzamos a pensar que nos faltan aumentativos, que nos faltan detalles y que nos faltan matices. Con los años, en todas las relaciones, sean cómo sean, sean cuáles sean, y sean a la edad que sean, se aprende que, cuando algo está estable, cuando algo ya está consolidado, a la dichosa pregunta, basta con la dichosa respuesta, no hay más. Para el sexo masculino "Sí" es exactamente eso, no necesitan matices, ni hacer acopio de descripciones multiples ni de adjetivos varios. Todo es tan sencillo como eso.
También es verdad que, cuando ellos están en pleno trabajo conquistador, desarrollan, no se sabe bien el motivo, una capacidad increíble para ofrecerte el mundo en una frase, y lo hacen realmente bien, tanto que nos llegamos a creer que siempre será así, que todo será así, y que eso de "Te quiero hasta el infinito y más allá" se va a estar repitiendo eternamente. Pero no. Ellos cazan, recogen la presa y se la comen, no necesitan seguir adobandola, no necesitan condimentarla más, la han estado condimentando mientras la perseguían, por lo que, una vez en las fauces, solo queda comer y tragar, tragan ellos y tragamos nosotras. Ellos siguen con su rutina, hicieron su trabajo y esperan que su presa sea digerida de la mejor manera. No cuentan con la rebelión posterior, no cuentan con que la presa adora la forma en que fue cazada, no cuentan con que, echa

de menos la carrera hasta conseguirla y por supuesto, no cuentan con el rosario de quejas que se desata cuando, la dichosa presa, no obtiene lo que desea.
¡Ay, las difíciles relaciones!, ¡las bonitas relaciones!, esas que, una vez establecidas, cuando menos lo esperas, te sorprenden con una carrera como las del comienzo del ritual de caza, y entonces es cuando comprendes que, el depredador simplemente caza cuando lo necesita, no cuando la presa le mueve las caderas y le provoca. Y sabiendo todo esto, siendo conscientes de ello, es cierto que, la presa es cazada porque se deja, que conocemos perfectamente el poder que tenemos para esquivar, engañar y manipular al cazador. Les hacemos pensar que fueron ellos quienes cazaron, les dejamos que se lo crean, ocultamos que, fuimos nosotras, ¡pobres piezas de caza! las que, con nuestro caminar lento, nuestros gestos y nuestras tácticas, les llevamos al punto exacto en el que queríamos caer en sus fauces...
Tarde de charla con risas, tarde de recordar, por ambas partes, riñas novatas, aquellas que se quedaron atrás, las que ya se recuerdan. Tarde de confirmar que, sea como sea, nosotras somos las que realmente cazamos, las que realmente manejamos los aperos de la guerra, las que realmente dejamos miguitas de pan para que nos encuentren... Las que seguimos con los rosarios de quejas, y conseguimos que, en un momento dado, la lucecita se prenda y ellos también recuerden lo bonito que era, en plena sabána, perseguir a una tierna pieza y devorarla lentamente...

LIBERTAD DE EXPRESIÓN ¿ESO QUÉ ES?...

La libertad de expresión es eso que, sin darnos cuenta, porque hemos crecido con ella, usamos para expresar (como su nombre indica) opiniones, para comentar hasta el estado del tiempo, para acordarnos de algún sinsabor y ponerle adjetivo, y para, llegado el caso, decidir que vamos a contar lo que es nuestro. No somos conscientes muchas veces, de que libertad de expresión tenemos todos. Esto es: cuando alguién se ofende por una crítica nuestra, por un comentario, por un análisis, o por una opinión, decidimos que no queremos que así sea, con lo cual vulneramos la libertad de expresión ajena catalogándola de hipócrita, enmascarada, solapada, reservada y lo último, pero muy recurrido, insultando, y además, culpando a otros, terceros, sin que estén en batalla de que todo lo que decimos es cierto, porque quien ha osado ejercer su derecho de opinar o de actuar lo ha hecho de mala fe. Y nos quedamos tan anchos. Y somos tan poseedores de la razón universal que no pensamos en nada más. Somos incapaces de enjuiciarnos a nosotros mismos, de pensar con un poco de objetividad, que, desde luego, es la mejor forma de pensar. Solemos poner puertas al campo, vallas a los sembrados y cadenas a los caminos. Y todo, porque alguién ha decidido hacer uso de su derecho a expresarse libremente, a decidir libremente, a no insultar, a no injuriar y solamente comentar o realizar un acto en libertad personal.... ¿Os acordáis de aquella entrada mía en la que hablaba de las decisiones personales?... aquella en la que hablaba de que, para bien o para mal, cuando se toma una decisión hay que respetarla, es una decisión personal, y todos, absolutamente todos, tenemos una razón para tomarla, para escoger entre varias y decidirnos por una, la que más se amolde a nuestras ideas, a nuestros sentimientos, a nuestro estado de ánimo, pero sobre todo, la que sea más honesta con lo que pensamos.
Hasta no hace mucho, yo, cuando me ponía a escribir (y esto ya es a título personal) pensaba en lo que debía o podía contar, me basaba en la intimidad, en el buen juicio, en historias pasadas pasadas quedan, en principios claros, nítidos y delineados... ¡Ya no!... Ahora creo que, cogiéndome a la libertad de expresión que me otorga mi país, mi constitución y mis principios, puedo contar una historia siempre que no falte a la verdad, siempre que sea contada con conocimiento de causa, siempre que yo haya sido la protagonista, con lo cuál pasa a ser "mi" historia, y como tal puedo narrarla y exponerla al público si ese es mi deseo, aunque ese deseo choque con otras opiniones, cada cuál defiende la suya, cuenta su historia y es libre de callarla si así lo desea. Afortunadamente vivimos en un país libre (hasta ahora) para poder hacer uso de la palabra, para poder defendernos, para poder exponer ideas, para poder denunciar ilegalidades varias, para poder, en definitiva, expresarnos libremente. Y, por desgracia, en éste país que nos ofrece todo eso, seguimos contando con quienes no aceptan tal derecho, con los que se sienten poseedores de la verdad absoluta, los que no admiten un comentario, los que no aceptan una opinión, y los que no respetan al ajeno, suele pasar que, en estos casos últimos, hay quién recuerda demasiado un pasado en el que "las fuerzas vivas del pueblo" (cura, alcalde, maestro, médico, boticario y la señora viuda de...) organizaban y estructuraban el día a día de los moradores de la villa. Se olvidan de que, por suerte, aquellos tiempos pasaron, de que ahora, es igual de legítima la opinión de un albañil, de una empleada de hogar, de una trabajadora agrícola, como la de un boticario, un maestro, un cura, un alcalde o un médico, porque todos son votos, y a la hora de manifestarse contra las injusticias, el pueblo que sufre lo hace más y mejor, quizás su libertad de expresión esté mermada en palabras, en frases o en oratoria dignas de un público entendido, pero, desde luego, lo que no les pueden negar es que libertad tienen, expresión también y opinión por supuesto.
Un profesor mío (hago algo de broma) decía que, desde que el hijo de un vaquero había llegado a la Moncloa, aquí opinaba ya "tó Dios", pues sí señor profe, porque, hasta dónde yo sé, el señor hijo del vaquero nació igual que el hijo de un senador, su madre sufrió los mismos dolores y fue amamantado de igual manera. Porque iguales somos todos, derechos tenemos todos y opiniones también. Y comentarios, pidiendo algo que es justo, que es de Ley, y que entra dentro de lo razonable, también podemos hacerlos todos, nos llamemos como nos llamemos o estemos rodeados de gente de pueblo o de gente "chic", que no sé bien hasta dónde abarca el término.
Afortunadamente, en ocasiones, en este país, todos podemos dar nuestra versión, exponer nuestras ideas y hacerlo con grandilocuencia o con sencillez... y en ocasiones, todos somos inocentes hasta que no se demuestre lo contrario, y en ocasiones se nos olvida que, el mayor derecho y el mayor deber que tenemos es ser respetados y respetar... y eso, por mucha libertad de expresión que tengamos, sólo se aprende desde dentro, desde las entrañas y desde la convivencia, y además, cuando no queda otra, con el paso de los años, con el llanto vertido, con los golpes recibidos y con las palabras que pretendieron hundirnos... Pero como digo, yo me siento muy dichosa de vivir en un país, donde, gracias a una Constitución, yo tengo el mismo derecho a expresarme que las fuerzas vivas de mi pueblo, se diga lo que se diga y se escriba lo que se escriba....