14 abr. 2013

CARTA A UNA HIJA... CUANDO LA VIDA DUELE...(a petición de un amigo).

A tí, que sufres ahora, que sufres por mí, por ella y por tí. Que no entiendes qué ha pasado, que no sabes cómo, la vida encauza el río y lo bifurca en un punto de su recorrido. A tí, querida hija, que eres mi mundo, mi sueño y mi desvelo, la única persona a la que tendré presente mientras viva. Mi ilusión y mi dolor. Tocan días de llanto, de incompresión, de rabia, de tristeza, de ira contenida, de odios múltiples y múltiples preguntas. No te preguntes jamás por qué, no tienes todavía la edad correspondiente, la que puede ayudarte a comprender, esa edad en que sabrás por qué las cosas pasan y la vida duele. Tenía la misma edad que tú tienes ahora, la edad del amor eterno y la eterna sonrisa, del drama por un grito, del llanto por una negación, la edad repleta de sueños compartidos. Y me enamoré de ella. Como tú ahora de ese chico que, a mí, no me gusta para nada, que le creo canalla y arrogante, que le pienso besándote y le maldigo. Tu misma edad, la edad preciosa de un beso robado. Y se lo robé a ella. Y ella fue presente y fué pasado. Porque la vida tiene esas cosas incomprensibles, y nos arrebata el mundo sin avisarnos. Ha vuelto a ser presente, ha vuelto a ser "ahora", ha vuelto a ser la barca en la que quiero navegar por siempre. Cuando mis sienes ya son blancas y mi pelo escasea, y mis manos envejecieron tanto o más que mi corazón. Tú empiezas tu vida llena de momentos que serán inolvidables, que se llenarán de imágenes precisas, las que jamás olvidarás tampoco, como yo tampoco olvidé las mías. Mi niña, mi hija, consuelo, la que mecí en noches largas llenas de llantos extenuantes. La que caminó junto a mí sus primeros pasos. Tu mirada que me taladra me martiriza. Ojalá pudieras entender todo lo que he pasado, todo lo que ha pasado, todo lo que no busqué, todo lo que no buscamos, ni ella ni yo, ninguno lo hizo, se ofreció el mundo y lo cogímos, ella con una mano, yo con otra. Sabiendo que estabas tú, que te rompería el alma, que te dejaría rota de dolor y de zozobra. No me has perdido, nunca me perderás. Simplemente abandono lo que me agota, me cansa, me aprisiona, me desola la vida y me la rompe. Y todo eso no lo haces tú, ni yo, ni nadie. Es el resultado de un error puntual, maravilloso, porque ese error te trajo a mí y en mí te pierdes.
Mi princesa de cuento, mi adolescente rebelde. La que todavía no sabe lo que la palabra Amor encierra, ni sabe del sufrimiento de quién lo padece, ni sabe de las palabras que duelen al decirlas, porque no las escucharán los oídos adecuados, ni sabe de la boca que esperó un beso, que fue entregado a otra boca equivocada, cerrando los ojos para, en la mente, ver otra imagén y sentir otra boca. Te harás mayor, te irás, te derrumbarás porque no te quisieron. Recordarás a tu padre llorando, como ahora, intentando contarte cómo me derrumbé yo y cómo me levanté. Me recordarás triste, sentado en un banco, mirando tus juegos, sonriendo, solo porque a tí te tenía. Triste la vida que me tocó vivir, cariño mío, mi razón y mi fuerza, has hecho del camino una senda llevadera, pero mis pies ya no quieren continuar la senda, necesitan volver sobre mis pasos, recuperar lo que dejé debajo de un árbol perdido en el sendero. Tal vez jamás me entiendas, tal vez me ignores, te cierres en tu juicio, que es tuyo y es legal, pero, cuando eso pase, recuerda los besos que das ahora, los que deseas, y por un momento, piensa en todos los que yo no tuve y deseé, solo para que tú fueras feliz. Me tomo el derecho, el poco que me queda, para ser feliz con ella, para poder sonreír sin remordimientos y besar sin cerrar los ojos, me tomo el derecho de intentar ser feliz, a una edad en que la vida comienza a entregarme el tiempo justo para despedirme. Quiero morir junto a ella. No pido mucho, lo justo, un tiempo para entregarle en paz conmigo mismo, la paz que no he podido entregarle en años, porque tú fuiste siempre más importante, y aún lo eres, y lo serás siempre; pero el egoismo me hace querer reclamar una porción de risas y de calma. Y creo, mi princesa, que debes de ser justa y dejar que lo viva...
Siempre estaré contigo, igual que cuando te contaba cuentos, te llevaba al médico, te secaba el llanto y te hacía cosquillas. Estaré siempre que tu boca diga mi nombre, siempre que tu mente me recuerda y tú desees mi presencia. Estaré yo... y estará ella. Y estarás tú, porque siempre estuviste, y fuiste aceptada, y fuiste preocupación de ella también, y fuiste la razón por la que ella renunció a ser feliz, a dormir a mi lado y a vivir junto a mí... Perdona el dolor que te he infligido, el que no podré expíar nunca... permíteme ser feliz,
por esos años, los que te entregué hasta hacerte mujer y hacerte hermosa... Escoge siempre con libertad, lucha por lo que deseas, enamórate de quien te haga soñar con estrellas, y, si alguna vez lo pierdes, vuelve a desandar el camino hasta encontrar el árbol en el que se quedó esperándote....