17 abr. 2013

¿DÓNDE ESTÁ EL PUNTO "G"?... JEJEJEJE...

Hay conversaciones, de esas insignificantes que, en un momento cambian totalmente de forma y de fondo, sobre todo cuando, sin proponertelo, a algún varón le da por desmenuzar el "Cosmopolitan" y creerse cada uno de sus artículos, generalizados, sobre la fisionomía femenina, esa que, a Dios gracias, es tan diversa como colores. A una se le pone la sonrisa irónica, pícara, y le deja hablar, tranquilamente, escuchando, intentando no reírme a carcajadas sobre el punto exacto en el que, según la revista famosísima, está el tan ansiado punto, ese que parece ser que existe pero nadie ha visto, como los billetes de quinientos euros. No entienden algunos varones, por más que una intenta explicarles que, a nosotras, lo del punto espectacular nos importa más bien poco. Que la sexualidad femenina es rica en puntos diversos, desperdigados, como la gracia de Dios, por todo nuestro lozano cuerpo, siempre que el buscador incansable del puntito se olvide un poco de hacer de Indiana Jones y se centre en buscar, más y mejor, los cuatro puntos cardinales de su patria. Intentaba yo, ya muerta de la risa totalmente, hacerle ver que puntos hay muchos, que se pueden ir alternando durante la interpretación de la melodía, y que todos los instrumentos (puntos) son importantes, eso sí, cuando la batuta está bien dirigida, porque si no, querido mío, te encuentras que la melodía es un desafine totalmente, y todo porque, en un momento dado, al buen director le dio por ir a buscar un acorde de violín que no sabe ni cómo se señala.
Según parece, toda esta conversación venía porque un señor doctor experto en féminas (o al menos debería de serlo) ha decidido colocar el punto de la discordia en un lugar concreto... y perdone, doctor, que le diga que las mujeres no somos matemática pura, que la libido femenina es extraña y compleja, que el dedo gordo del pie puede ser tan importante como el lóbulo de una oreja, y que algunas montañas están para escalarlas, colocar la bandera cuando se ha llegado a la cima y disfrutar del paisaje olvidando un poco si arriba del todo habrá un tesoro. Hay que contentarse con que la nieve de la montaña vaya cediendo a los pasos y punto pelota. Basta recordar que cada señora es un mundo, un mundo estupendo, preparado para ser explorado, ninguna nos regimos por las mismas leyes, ni tenemos los mismos gustos, no nos gustan los mismos pasteles ni nos maquillamos igual. En el sexo tampoco. Ahí, señores doctores, también somos distintas.
Yo no sé si es un mito lo del punto en cuestión, a mí me da la risa floja cuando algún genio (casi siempre varón para más inri) decide que sabe su ubicación exacta, quizás me dé la risa porque soy mujer, y ya un poco entrada en años, y como tal siento y padezco, y como tal y como buena señora madura ya tengo una edad en que conozco mi cuerpo, y la verdad, a mí que me hablen de que se anda buscando un punto en mi anatomía cuando tengo miles me suena a cachondeo puro y duro. Deberían aprender algunos doctos en la materia que, lo único que consiguen, es despistar a sus congéneres, les despistan, les desinforman y les traumatizan, porque ellos quieren saber si es ese, y cuando les dices que no necesariamente, pero puede ser, que quizás, tal vez, que igual tienen que seguir buscando, se quedan con esa mirada perdida, como cuando no saben qué hacer, y eso, queridos, es muy desalentador... Doña Isabel Allende se atrevió a decir que todo aquel varón que busque el punto G más abajo del oído de una mujer pierde el tiempo, y hagan caso los señores, la señora Allende sabe de lo que habla, porque igual se pierde el Norte buscando crucecitas falsas cuando el verdadero "Ábrete Sésamo" está tan a la vista que pasa desapercibido.
Ustedes, varones mortales, dejense llevar por la señora en cuestión, que si no encuentran "su" tesoro no pasa nada, porque de lo que se trata es de que el juego sea un mano a mano entre dos buenos jugadores, el as de picas puede estar en cualquiera de las cartas que le toquen...o que toquen. No hagamos de algo tan placentero un estudio científico, porque, afortunadamente, cada señora es un mundo por descubrir con mil aventuras durante el trayecto... Seamos un poco sensatos, admitamos que somos especiales, que somos diferentes unas de otras, que cada una, igual que el físico es personal, tiene su personal sexualidad y sensualidad. Dejémonos de perseguir hadas, o puntos, porque, ambos dos igual existen, pero nadie los ha visto. Yo solo sé que soy mujer, que siento y que padezco... y que padezco la desazón masculina, cuando mi varón particular me hace reír, con conversaciones que, a esta edad, ya nos hacen comprender las cosas que importan, que nos hacen felices, que nos hacen mejores y nos hacen buenos amantes... No hay que preguntar dónde está el dichoso punto, si no preguntar si se está haciendo bien el recorrido, lo demás, queridos míos, irá viniendo dado y rodado... y amado y gozado, que, después de todo, es de lo que se trata.