21 abr. 2013

TIEMPO DE COMUNIONES... (llegó Mayo).

Mayo está a la vuelta de la esquina, en unos días diremos adiós al mes de las aguas mil, nos meteremos de lleno en el mes de la Madre, de la Fiesta del Trabajo (tal y cómo está el patio, por decir algo), y ¡por supuesto!, habremos llegado, un año más, al mes de las Comuniones, esos eventos catalogados de cristianos, católicos y romanos pero que, en la generalidad, es la fiesta pagana infantil por deseo expreso, aunque desconocido, de los padres. Todos los dedos se nos vuelven huéspedes. Por vivir en un entorno rural, (no sé si será la nota dominante en el resto del territorio patrio) nos da por pintar la casa, (éste hecho no lo entiendo muy bien, pero reconozco que, cuando me tocó, caí de lleno). Luego, sin matizaciones rurales o urbanas, nos llega el caos a nuestra lineal vida. Hay que comprar el traje del infante o infanta, en el primer caso es más bien sencilla la cuestión, en la segunda, el tema es peliagudo, porque, según la nena, según la moda, según la madre y según la fisionomía femenina (aunque sea una niña todavía) tendremos que escoger entre distintos cuellos, distintos colores, distintos adornos florales, distintas aperturas, y largos y anchos y cinturas más o menos bajas, y vuelos de falda y tejidos...¡la locura!... Porque, en ocasiones, se nos olvida que vamos a vestir a una niña para que tome su Primera Comunión, no para la Gala de Miss España... A esto sigue el peinado, el tocado, los lacitos, más flores, más tonalidades, más formas, flequillos, bucles, alisados, recogidos y horquillas, que parece que no, pero son muy importantes... Zapatos, obviaré éste tema, porque las niñas de diez años, hoy día, poseen un número de pie un tanto escandaloso. Es lo que tiene que hayámos alcanzado en estatura a Europa, que en pie también lo hemos hecho o superado... La ropa interior, porque no basta, ese día, con una ropita sencilla, como el resto de los días, ese día, como si de una novia se tratara, la ropa interior también tiene que ir acorde con el modelo externo...

A todo esto, cuando hemos terminado con el look de la criatura, comenzamos con el resto de los moradores del hogar. Las mamás, que para éso somos muy expertas, pero sobre todo somos las mamás, acarreamos a los papás y hermanísimos de la agasajeada, nos perdemos en dudas bastante existenciales: traje de pantalón, vestido de cocktail (no sé muy bien porque se le llama así, porque se va a un almuerzo, se ve que almorzar es menos glamouroso), colores suaves, colores fuertes, tejidos, formas, porque, por mucho que nos duela, el vestido que nos gusta nos cae "como un tiro" que diríamos en mi pueblo. Buscamos traje para el papá de la criatura, que, hasta ese momento, no había sido consciente de lo que se estaba cociendo, porque, afortunadamente, la factura todavía no le había llegado. Le hacemos probarse trajes, él se ve con todos bien, es lo que tiene la autoestima masculina, que esta muy arraigada, le colocamos delante camisas, corbatas varias...él sigue viéndose estupendo de la muerte, le hacemos probarse las que nos gusta, decidimos que puesta no es igual, olvidamos que, el maniquí que tenía la camisa, es una figura modelada, esto es, no le sobran michelines, tiene el color perfecto y es más alto... El resto de los moradores del hogar, lentamente, van pensando, aunque no lo dicen, que a su madre se le ha ido la cabeza, que se está convirtiendo en una mezcla entre la teniente O´Neil y Terminator... No saben no contestan...

Llegados a este punto, las conversaciones con amigas, con vecinas, con allegadas y con familiares es muy variada, muy rica y muy enriquecedora: La Primera Comunión de la niña o niño... Nos queda escoger restaurante, fotógrafo, pedir hora para el albúm o book, que es más fino, decidirnos por los recuerdos de ese día que daremos, pedir hora en la "pelu" para hacernos las mechas, en la esteticien, decidirnos por los complementos y la bisutería fina... Y cuando abril no ha hecho más que empezar, la familia, conocidos, amigos y allegados, están un poco hasta las narices de la Comunión de la niña o el niño, y todavía queda mes y medio. Porque, lo que todos ellos saben es que, con ese evento, su economía se verá afectada durante meses, porque son cuatro invitados, porque nadie les pide que regalen, pero han hecho cálculos, saben lo que se suele pagar por un cubierto y quieren ser generosos, más que nada para, pasada la fiesta, no caer en el "fulanito ni cubrió gastos", que, sabemos, se termina sabiendo... Y llegado el día de la Comunión, todos, absolutamente todos, padecemos una jornada descontrolada de nervios, hasta que, ¡bendito tiempo!, llega la hora de la copa, el almuerzo pasó, y nos permitimos quitarnos un poco los zapatos, que nos costaron un ojo de la cara, pero incómodos son un rato largo. El papá se guarda la corbata en un bolsillo, respirando aliviado, porque, aunque él no había dicho nada (de todas formas su opinión no iba a ser tenida en cuenta) la corbata no le gustaba lo más mínimo... Y se termina el día, y se llega a casa, se descansa, se relaja una porque ya, hasta que le toque al hermano pequeño, podemos pasar unos años de tranquilidad... Nos olvidamos de los invitados, esos que, aparte de la nuestra, tienen que acudir a tres Comuniones más, porque todas son de "obligado cumplimiento", nos olvidamos que, quizá, solo quizás, hemos dado una importancia de Conferencia Internacional sobre la Paz Mundial, a un hecho común y cotidiano, que, en el fondo, si somos católicos, apostólicos y romanos, pero sobre todo creyentes, lo que menos importa es todo ese caos, esa vorágine espeluznante en la
que hemos estado metidas. Olvidamos que, de seguir en esta línea, de seguir con estos despilfarros, estaremos creando lo que tenemos ahora, una sociedad consumista, en donde la mejor Comunión es en la que se derrocha, en la que se gasta más, se regala más y se luce más. Nos olvidamos de que son niñas y niños... Nos olvidamos de su infancia, de valores que deberíamos de recuperar, porque, actualmente, tendremos que aprender a explicar muchas cosas, y lo mejor para hacer comprender es predicar con el ejemplo...

Yo tengo Comuniones, como todos, porque es mayo... Recuerdo la de mi hijo mayor y, sinceramente, creo que la del pequeño no será igual, solo espero poder verlo, solo espero que tenga a sus padres y a su hermano a su lado, solo espero que sea feliz ese día, que disfrutemos viéndole, pero desde luego, a mi edad, he aprendido que no voy a repetir la pintura de la casa, la locura de las ropas y las decisiciones tremendas de combinar los complementos. He recordado que mi Comunión fue la más feliz del mundo, que no tuve restaurante, que no tuve regalos, que no tuve book, mi vestido era un calco de todos los de mis compañeras... Fuimos felices todas y todos... Y, mirando el panoráma, no me atrae mucho la idea de que mis conocidos se vean en aprietos que, todos sabemos, desestructuran la economía de una familia durante meses, por desgracia, hoy por hoy esto es así, nos guste o no, lo digamos o no, a no ser que, los amigos sean potentados...

Vivamos la Primera Comunión de nuestros hijos como lo que es, ni más ni menos, sin hacer espionaje secreto sobre los preparativos de los compañeros, sin querer hacer ver que todo está bien, porque, lamentablemente no lo está, hagamos que sea feliz, si somos creyentes animándo e inculcando en lo que significa ese día, si no lo somos, si solo queremos vivir una fiesta social, hagámosla en consonancia con los tiempos, que pintan bastos, que son difíciles y que son duros... Llega Mayo en unos días, llegan las Primeras Comuniones... con los años aprendí que, en definitiva es un día, y lo que importa es el resto de los días... Buenas tardes, y felices Comuniones...