1 may. 2013

¿VALIÓ LA PENA?... (carta a un amor perdonado).

Atardecía de forma invernal y solitaria, un atardecer más, o uno menos, el concepto de los tiempos es personal y subjetivo. Se sentía fuerte, desde aquella hora de la mañana en la que él, a través del teléfono, con aquella llamada inesperada y alegre, le había dedicado tiempo en silencio, señalándole que le apetecía hablar con ella, que todos sus encuentros no iban a ser simplemente saciar un deseo imperioso de una edad impropia y trasnochada. Meditó durante todo el día, pensó en cómo comenzar su historia, la que ella conocía, la que a él ocultaba y aquella que los dos sabían. La lluvia se había dejado oír durante una siesta glotona y perezosa. La mirada hacia el exterior, tras los cristales el verde oscuro de los árboles y en el interior una sonrisa llena de afirmaciones y palabras. El rostro relajado, ya sí, ya segura, tenía que hablar, contarle que sufrió, que lloró sangre, que conoció sus juegos a dos bandas, que perdonó y decidió dar un margen para la confianza. Temía su reacción, pero ahora era fuerte, muy fuerte. Había comprobado el valor de la resistencia, la valentía de levantarse haraposa, herida, empolvada y cansada, coger la espada y continuar la lucha. Una carta. Le gustaba escribir cartas, siempre le había gustado escribirle. Dejarle jirones de su vida, trozos inconexos unos de otros, corazón latiendo en letras azules de un bolígrafo familiar y cómodo:
"Contarte mi vida, la que no conoces, de mi sufrimiento cuando tú no estabas, ni siquiera eras. Contarte que fui feliz en un tiempo lejano, porque le tenía, porque le amé aun cuando tu sombra permanecía quieta en la pared, vigilándome siempre. Decirte que se me fue pronto, en una sala de hospital, llena la mirada de te quieros que no fueron pronunciados, ojos clavados en los míos, diciéndome adiós para siempre, dejándome a merced del mundo. Contarte, mi amor, lo que no sabes ni supiste nunca. Que me amó con toda su alma, hasta el final, hasta la muerte. Y que en mis noches jóvenes de fantasmas sobre ruedas, los que se lo llevaron de mi lado, evocaba tu nombre para asirme a tus brazos, y poder ser feliz con el recuerdo de un vivo. Y te encontré en la bruma de mi enloquecida mente. Recuperé tu historia y continué la mía. Descubrir tus mentiras, que me hicieron daño, que me destrozaron. Tres son multitud, y ella lo sabía. Sabía de lo nuestro, y aún así no quiso desaparecer de tu vida, los dos me llenasteis de tristeza los labios. Pero creí en ti, te dije siempre que te creería. Hoy tocó pasear por el bosque de espinas de un recuerdo. El que él se llevó, el que me dejó herida. Pasear por el camino comenzado contigo. Recordarte a aquella niña a la que enseñaste a besar, a la que mirabas desde el respaldo de un banco, en un parque frío, lleno de promesas que jamás fueron cumplidas... Hoy tocó contarte de mi sufrimiento... Decirte que siempre supe lo que había con ella, lo que no cortaste cuando llegué a tu vida. Los dos hiriéndome. Tú más. Ella, por lo menos, nada me debía. Tú me debías el mundo y hasta tu alegría... Y te perdoné mil veces, sin decirte nada, deseando que por tí volvieras... Y volviste, y entendiste de mis lágrimas en silencio, de esa tristeza que odias, de las miradas vacías... En esta tarde gris, cuando fuera llueve, tan solo quiero preguntarte si valió la pena, si valgo la pena, si la muerte de él, que me devolvió a tu vida, no fue en vano. Si después de estos años has comprendido que soy el aire que respiras. Decirte, mi amor, que nada pido más. Supe remontar todas tus mentiras, sin pedirte explicaciones, a fin de cuentas, las explicaciones se piden cuando se cree que te deben algo, y tú a mí nada me debías. Libre te encontré, libre me aceptaste, libertad para amar, libertad para volar, compromisos huecos, no los necesito... ¡Ahora ya sí!, sé que te sotienes porque estoy en tu vida. Sin pedirte nada, sin reproches nunca, sin amargas muecas, sin llantos culpables. Estás libremente, hasta que decidas. Sin ella. Sin nadie. Yo tuya y tú mío, como siempre dices cuando los colmillos de los malos celos, te muerden el alma. Yo tuya y tú mío... como debió ser, como es ahora. Y ya me despido. Tan solo quería decirte que, en una època de mi vida se me rompió el alma sobre cuatro ruedas, y me devolvió a tu vida. Para que viviera, para que vivieras... Solo una pregunta, después de pasado lo que hemos pasado, después de estos años plagados de dudas, de palabras duras, de gritos y enojos, de enfados y llantos, para tí ¿valió la pena?"

Era un atardecer más, caminaba despacio, sonreía. Sabía que le había llegado aquella carta virtual a través del correo. Sabía que, en unos minutos, cuando terminara aquel paseo ligero, kilómetros andados, vaho caliente expulsado en cada paso, cuando abriera su correo tendría la respuesta. Sabía que era parco en palabras escritas: si, no, bien, mal, todo, nada. Sabía que ella le vencía cuando la dialéctica era epistolar, pero también sabía que, solo con una, solo, le sería suficiente. El calor de la casa la invadió, fuera había empezado a llover lentamente. En la bandeja de entrada tres correos sin abrir... Uno era de él, sonrió mientras se abría y leyó, corto, preciso, lleno de vida. La maleta estaba preparada encima de la cama. Solo faltaba leer, solo faltaba que lo leído la empujara a cerrarla y salir a su encuentro:
"Valió la pena, siempre. Tú vales la pena, siempre. Más que nada, más que nadie. Porque me contagias vida, porque tu risa me alimenta. Siempre, todo, por tí, habrá valído la pena."

Sólo una aclaración más, sólo el deseo de hacerle saber que ya había crecido, que su espada ahora luchaba a favor, que sus fantasmas habían huido y su miedo también. Hacerle saber que ella ya no era la niña miedosa. Pulsando la opción "Responder":
"Sólo decirte, mi vida, que si en algún momento, a partir de ahora, me siento engañada, se me trata con indiferencia, se me lastima, si en algún momento soy consciente de que en la partida hay un jugador que sobra, actuaré de la manera que considere más digna, y tú sabes la que es. Permití hasta ahora frases inmerecidas, permití faltas de respeto, llegamos a dañarnos hasta rozar el esperpento. Se acabó. Soy fuerte y soy valiente, y tú lo sabes. A partir de ahora no va más. A partir de ahora reclamo mi lugar, mi sitio, mi dignidad y el respeto que a veces me negaste. En tres horas estaré contigo. Te quiero"