13 may. 2013

SALIO MAL EL "FAROL"...(por los que se creen ganadores siempre).

- ¡Dilo, di que quieres terminar con esto, que no puedes, que te viene grande!.
- ¡Dilo tú, estás lanzándome un órdago y la jugada puede salirte mal! -masticaba cada sílaba lentamente.
- ¡No podemos estar así, me haces sentir mal, me haces sentir culpable, me agobias y me agotas!
- Dilo tú. Por una vez en tu vida sé valiente, crees que no voy a decirlo nunca, estás tan seguro de tí mismo que me retas, me lanzas un guante para que yo lo recoja. ¡Siempre hiciste igual!... ¡No tientes a la suerte, Juan, no la tientes!.
Silencio, espeso silencio, una respiración jadeante al otro lado del teléfono. Nica en la cama, sentada, fumando, tranquila. No iba a darle el gusto de decir adiós, quería escucharle a él, quería escuchar como él rompía el mundo que había construido:
- Pues dejémoslo estar... ¡no sé qué quieres!, ¿quieres que coja el coche y me plante ahí, ahora?
- Debería de decirte que sí, para ver cómo reaccionas, para saber qué harías, porque preguntas eso sabiendo que jamás te lo pediría ...
- Pues si estás agotada dilo, es tan fácil como decir , "Juan, se acabó, no puedo más, esto no es lo que pensaba, ni lo que creía, ni lo que esperaba".
La ahogaban sus gritos, no soportaba aquel tono desmembrado de su cuerpo que se le colaba en las sienes y le reventaba el entendimiento. No soportaba aquella insistencia. Una luz, un rayo fugaz, la idea de que, sin que él lo supiera, le podía salir mal la jugada, se le podía volver en contra su osadía:
- ¡No puedo más, no ERES lo que esperaba, no ERES lo que creía y no ERES lo que pensaba!, con cualquier otra persona esto sería llevadero, no acusaría, no culparía y no me maltrataría con sus desaires y sus soberbias estúpidas... no es la situación, Juan, a quien no soporto es a tí.
Colgó. Lo había dicho. Respiró. Hizo un amago de recuperar el teléfono. Olvidó el amago, olvidó el teléfono. Se levantó de la cama, vio su reflejo en el espejo del armario, cerró los ojos y prometió no llorar.

Juan no entendía, de repente, qué había salido mal. Siempre la instigaba a seguirle el juego, a que fuera ella la que se sintiera culpable, la que pidiera perdón. La acosaba mentalmente, sin dejarla hablar, apropiandose del espacio y del tiempo. Respondiendo con sus "Vaya por dios" a cada una de las peticiones de ella, de sus explicaciones, de sus razonamientos. Sabía que la superaba cuando, en uno de los intentos de Nica por explicar, él remataba con un "Ni una niña de quince años tiene tus tonterías"... y aún así salía victorioso, ¡siempre!, ¿por qué no aquella vez?. Algo había fallado, ella jamás le colgó el teléfono, ella jamás le dio aquella explicación determinada y determinante. Y sintió miedo.

No supo que le salió mal el farol hasta que, días después, cuando menos lo esperaba, recibió aquella llamada. Hasta entonces esperó, no movió un dedo, no tecleó un número, no hizo nada, porque, siempre, el hacer algo había correspondido a ella. El humillarse, el someterse, el volver a hacerle reír, el intentar olvidar. Aquella mañana, cuando descolgó, una voz serena, de alguién pausado, sincero, tranquilo, le devolvió el sentido de la vida, pero, como si le golpearan en el costado, como si le hubieran roto una costilla, se encogió sobre él mismo, después de todo, a los jugadores, cuando menosprecian al adversario, alguna partida les puede salir mal, y a él acababan de robarle la partida de la vida:
- Jamás pensé que, algo tan fácil de decir, de solucionar, de terminar, me haya costado tanto tiempo de entender... Por primera vez, en años, siento que solo soy culpable de haber recuperado mi vida.

DIME SIEMPRE TE QUIERO...(en el oído)

La vida que me quitas con tus besos.
La que me das con un te quiero ausente,
lleno de amor, de dolor, de adolescencia,
la ternura de tus besos en mi frente.
Lléname el alma de momentos,
y los ojos de sueños e ilusiones,
lléname mi mundo de te quieros.
Lléname de todo tú mis mil rincones:
los prohibidos, los ocultos, los secretos,
los que están en mí y solo tú conoces.
Te quiero en el llanto de la pena,
te quiero en tus gritos y reproches.
En tus ojos oscuros y en tu espalda,
la que mi boca recorre y reconoce.
Dime siempre que me quieres entregada,
adolescentes niños, maduros y precoces.
Tanto se recorrió y se ha vivido,
tanto se ha llorado y se ha sufrido,
que tus te quiero son mis asideros,
tu voz penetrante son mis flores.

Dime siempre al oído ese te quiero.-