15 may. 2013

ESAS LECTURAS "EXCITANTES"...

Esta mañana, después de leer un artículo en el nuevo blog de mi querida amiga Maribel Lirio, nos surgió a tres mujeres el mismo sentimiento. Compartimos la misma opinión sobre la nueva ola de literatura erótico-festiva que nos está invadiendo. ¡Ya sabía yo esto!. La literatura está empezando a ser una moda, es decir, una autora o autor (generalmente autora) comienza a describir situaciones increíbles de sexo duro y reprimido y, como por arte de magia, todas la seguimos, supongo que reflejando en los escritos los deseos sexuales secretos y ocultos, no cumplidos, deseados y relegados porque, o bien no creíamos tener el poder, o la capacidad, o la pareja... Recordé, aunque no lo dije entonces, cuando hace ya unos años (muchos años), doña Almudena Grandes sorprendió a un país que comenzaba a desperezarse sexualmente con una novela increíblemente impúdica e indecente. Una novela que, las entonces adolescentes, leíamos a escondidas alimentando nuestros, entonces, precoces deseos, suponiendo que aquella niña rasurada podíamos ser nosotras. Almudena Grandes escribió un libro "políticamente incorrecto" pero perfecto en sus formas y en su fondo. Cómo se consigue que una mujer normal, que va cediendo su deseo al macho, caiga tortuosamente en la adicción al sexo. Vimos que, sorprendentemente, leer literatura erótica no te hacía ser una "salida", seguías controlando tus instintos básicos y además aprendías a conocer poco a poco tu cuerpo que comenzaba su andadura, separándose a veces de tu control... Pero ¡claro!, a esa edad, cuando vienes de una sociedad en que el sexo es pecado, en que se ha educado a toda una generación o dos en mantener ocultos los deseos y mucho más las palabras, era normal el revuelo, era normal la curiosidad y era normal la causa.

Lo que ya no veo tan normal, no lo veíamos estas tres mujeres es que, cruzando la cuarentena, cuando se supone una vida sexual plena, (o debería de haberlo sido porque para eso todas tenemos boca), nos enclaustremos para leer erotismos varios que intentan hacernos creer éxtasis teresianos imposibles, increíbles y desorbitados. La moda no ha hecho más que empezar, nos saturarán con novelas llenas de datos descriptivos, de posturas un poco acrobáticas, de artilugios varios como complementos, artilugios que, a estas alturas, están ya desfasados. Porque, en estos años, la industria sexual ha descubierto hasta la viagra, amén de geles, dildos, vibradores, anillos, muñecas y muñecos hinchables... esposas y látigos... Yo creo que, por mucho que intenten convencerme, lo que se describe en alguna de esas novelas es irreal, y en nuestro país pasado de moda, eso sí, para las mentes capaces de haber vivido, asimilado y aceptado que todo eso existe, y haberlo hecho en la edad perfecta para disfrutarlo. Hacer creer a las mujeres que el sexo perfecto es ese, con perdón, es una soberana tontería. El sexo perfecto es individual, subjetivo, íntimo y compartido. Una palabra bien dicha tiene mucho más efecto, depende a qué edad, que el mejor de los consoladores (con perdón).

Como ya no tengo dieciocho años, ya no me escondo para leer literatura erótica, ya no me sorprende el sexo duro, ni el sado, ni el sexo masoca, ni suelo responder fisicamente a escenas escritas (esto me dicen que es porque yo escribo y sé que son mentira, no lo sé), suelo elegir una novela o libro que, en su fondo, al menos, me haga vivir historias pasadas o actuales, reales, que puedan ser vividas o lo hayan sido. Como literatura fantástica me quedo con Harry Potters, que, con mucha diferencia, está muy bien escrita... No juzgo a quien escribe, sabe lo que hace, no juzgo a quien lee e intenta convencerse de que, un señor como el protagonista, es lo más de lo más, depende de los señores que se hayan conocido... El sexo es como la fruta, a cada uno le gusta una distinta... pero, eso sí, como madura, cincuentona, mujer y señora que pretende vivir una sexualidad tranquila (porque es lo mejor del mundo) prefiero un buen susurro a unas esposas, yo necesito mis manos, y creo que los señores, todos, necesitan las suyas... Así pues, Maribel y Nieves, totalmente de acuerdo con vosotras. Y os puedo decir que, afortunadamente, somos muchas.

HUIDA HACIA ADELANTE...(sonriendo cuando se pierde).

Ni un grito más, ni más violencia verbal, ni la amenaza escondida en aquellas frases torcidas y camufladas de consejos. ¡Ni un grito más!... Colocaba, una a una, con cuidado, cada prenda en la maleta, sin prisas, sin amargura, con aquella sensación extraña de haber vencido, de haber rozado la gloria aún sabiendo que todo lo perdía en aquella huida, huida hacia adelante, buscando el sol. No soportaba ya los fríos días y las heladas noches. ¿Vacío dentro?, ¡no!... se sorprendía de no estar triste, de no escuchar a su corazón latir con pena. Siempre pensó, en las muchas escenas que imaginó, que se le hundiría el alma en un pozo sin fondo, que sería incapaz de rescatarla. Que su vida detendría sus pasos justo en ese momento, que moriría por él... y no había sido. Era otra cosa. Sin determinar, sin explicación. Una paz rara que le hacía cosquillas en los labios. Recogió una camiseta, sonreía, se iba pero sonreía. Tal vez sabía que, en unas horas, él la buscaría, amablemente, buscándola por la casa, diciendo su nombre, con su voz serena, ya sin violencia, sin angustia. Creyendo que las heridas, como siempre, se habrían curado en minutos. Pero ella ya había perdido aquella capacidad de sanación que a él le venía tan bien y a ella le mermaba de fuerzas... La buscaría, aquel día, aquella noche, en unas horas, y ella ya no estaría...Nunca estaría ya más... Se lo decía siempre que él perdía los nervios, que la acusaba de actos imprecisos y palabras que no recordaba "un día me iré"... Y se iba. Le dejaría con la locura de su amor por ella, la que le impedía terminar algo que les estaba destruyendo, tenía que ser ella... Las mujeres somos fuertes, le decía su madre en ocasiones, parimos, y eso nos da la fortaleza física, la mental, porque criamos, y unimos a nuestras vidas más vidas de las que cuidamos y a las que protegemos, y eso nos hace ser rocas y ser leonas, y ser seda que acaricia... Y ella era leona y roca y seda...

Con la noche vino el llanto. El no oler su perfume ni escuchar su voz. El notar su ausencia abriendo grifos y huecos en una cama tan vacía que se perdía en ella. Con la noche la vio ausente, siempre pensó que no había amenazas, sólo deseo de dar miedo, y ahora lo tenía, mucho miedo, la soledad, sabiendo que tan solo le quedaba el regusto amargo de los años junto a ella. El dulce sabor de una boca hecha para él, y esa boca se había ido. Fuera iluminaba una luna enorme que entraba por el balcón y se reflejaba en la almohada. "Ahora ya sé donde estás, en la luz de la luna". Cerró los ojos, pensó en el tiempo, pensó en su edad, recordó sus días felices, muchos, su violencia que lo sometía a él mismo a un estado incontrolado. Deseó que volviera, con todas sus ganas, pero sabía que eso ya no ocurriría.

Miró el reloj. Faltaban diez minutos para que su tren saliera, sentada en la butaca, mirando hacia el exterior, el trajín de las gentes, las prisas, el tiempo que corre para todos. No había dado señales de vida durante una semana. La misma que tardó en buscar un destino, en cobijarse en un pasado muerto e idear un futuro incierto, pero libre. Abrió el móvil. Todos los mensajes de él sin abrir, uno tras otro, siete días de letras impresas. No iba a leer por ahora, quizás, algún día, cuando se pudiera permitir el lujo de no sentir, tal vez algún día, cuando deseara recobrar sus abrazos y sus caricias. Comenzó a escribir, despacio. Las lágrimas le corrían y le impedían ver la pequeña pantalla. Socorrida tecnología que te permite terminar una vida sin ver el sufrimiento en un rostro. Que te facilita el acto cobarde de un adiós, cuando a quien se lo dices le crecen las fauces: "Fue bonito, fue duro, fue increíblemente bello... pero sólo eso, FUE. Ya no quiero que sea más."