8 jun. 2013

EVOCARÉ PARA SEGUIR VIVIENDO...

Evocaré tu nombre y haré acto de presencia
en la oscuridad que tienes por coraza,
en el cristalino lugar en el que habitas
sin rencores, sin odios... solo esperanza
para reconstruir el rumor del oleaje
que se perdió en el cielo de mi alma.
Evocaré el ansia de vivir, las noches lentas,
las tibias y tímidas mañanas,
aquellas que abrían amaneceres dorados
entre el rosa de mi boca y el blanco de tu almohada.
Evocaré tu nombre para seguir viviendo,
para quedarme solo con el color del agua.
Para luchar por ocupar mi sitio, por volver a mi vida,
por olvidar tu rostro y tu espalda,
y evocaré los llantos, las mentiras,
recordaré las tristes madrugadas,
me haré fuerte, me haré dura, me haré herida,
y sangraré para olvidar la espada que mi hirió,
que destrozó mi vida,
que dejó mi mirada desolada.

Evocaré tu voz serena, tu voz perdida...
tu voz que siendo culpable me culpaba.-

CONVERSACIONES DIFERENTES...(sin malicia)

He descubierto esta noche cómo somos de distintos los hombres y las mujeres en cuanto a una tertulia se refiere. Empezamos en conjunto, pero no se sabe cómo, en un momento dado nos encontramos totalmente ubicados en grupos distintos. Yo esta noche (aparte de hablar, que lo hago mucho), observaba y sonreía. Los pobres amigos míos, incluido mi cónyuge, delimitan pronto sus conversaciones, trabajo, más trabajo, algún tema deportivo socorrido, algo de trabajo, concentración total, escuchan al otro, dan opiniones por turnos, son educados al escuchar, crean grupo, homogéneo y compacto, y suelen reirse cuando escuchan, como de pasada, la conversación femenina. Como de pasada o como de llegada, porque nosotras nos esforzamos en que así sea. Nosotras, mientras ellos charlan, pobres, ajenos a nuestras conversaciones, hemos hecho un repaso cruel y jalonado de maldades, sobre la forma de envejecer de unos y de otras, que, por suerte, no es la misma. A ellos les descubrimos la falta de pelo, las barriguitas repartidas muy malamente, la falta de visión y la negativa a usar gafas, porque eso sí, ver no ven, pero presumidos todavía siguen siendo. Para cuando hemos terminado el recorrido físico ya hemos olvidado, totalmente, que se trata de nuestros maridos, aquellos jóvenes a los que un día encandilamos, conquistamos, dejamos que creyeran que eran ellos quiénes lo hacían, los llevamos al Altar, porque sino no había nada que rascar, y hemos conseguido mantenernos a su lado durante años, muchos años, durante los cuales el pelo se ha caído, se ha aumentado la talla de pantalón y se ha perdido visión... Eso ellos... Nosotras hemos optado por mechas, por colores totalmente diferentes a los que nuestras madres usaban, no tenemos barriga, tenemos mollitas bien repartidas, vemos perfectamente, porque para eso tenemos una gama extensa de modelos de gafas o usamos lentillas, y además, a la hora de conversar, hemos descubierto temas más divertidos que el trabajo, principalmente uno: ELLOS... Sabemos que nos duelen los huesos, que estamos en puertas de la menopáusia, que tenemos kilos donde antes no los había, arrugas indecentes fatídicamente colocadas, pero, la verdad sea dicha, si miramos al cónyuge respectivo, salimos ganando...
Las charlas con mis amigos están llenas de risas, de bromas, de exageraciones, y no sé por qué, de guasa por mi parte. Enterarme de que uno de ellos no usa gafas porque se marea, ver la foto de otro, con gafas, que es demoledora totalmente, haciendo que se me caiga un mito por los siglos de los siglos, escuchar al tercero dar la réplica, defender que tienen "solera" (bueno, por decir algo) y mi cónyuge, que reconoce que nosotras estamos divinas y ellos menos... ¡al menos hay uno sincero!.
Me divierto con mis amigos, me río con mis amigas, descubrimos que hemos avanzado, olvidando aquellas estrictas normas de mujeres rozando la cincuentena, ahora tenemos diana para lanzar los dardos, no nos abandonan en la mesa de un bar, mientras ellos se quedan en la barra, ahora comparten mesa con nosotras, sobrellevan como pueden nuestras bromas y nuestras irónias, han aprendido de la jovialidad, de la alegría, de la frescura de las mujeres maduras, que no lo son tanto, que siguen siendo estupendas, aquellas niñas, (porque todas lo éramos) que conocieron hace treinta años, que se sonrojaban con ellos y por ellos, y ante las que ahora callan, porque ellas gritan más, ríen más, sacan los colores, y tocan temas que, antaño, ni se les ocurría. Nosotras dividimos grupitos pequeños, no callamos mientras una habla, metemos baza continuamente, hacemos una broma de un tema serio. No esperamos turno, y además llevamos dos conversaciones, la nuestra y la de nuestras compañeras de mesa, y la de ellos, que al ser monótona pierde enseguida el aliciente de seguirla... Somos mujeres que toman una cerveza al mismo ritmo que ellos, que pueden estar en tres conversaciones distintas, pasar de la risa a la seriedad en segundos... Mi grupo de amigos sigue siendo el mejor. Porque el conocimiento, los años vividos y compartidos, el cariño, la complicidad, el saber en el punto en que se está, el que se fue, aquello que se vivió y se compartió, une mucho. Sobre todo porque, a lo largo de los años, no hemos mezclado churras con merinas, podemos mirarnos a los ojos sin daños colaterales, demarcamos siempre nuestras posiciones, sabemos el lugar que ocupa cada uno... Y eso, para una amistad es básico. Hemos sido testigos de boda unos de otros, hemos repartido parejas entre amigos y amigas, el mismo grupo emparejado, sin nada que echar en cara a otros, la limpieza de conciencia... Los amigos son amigos, sin importar sexo... Cuando el sexo se mezcla en una amistad, esta deja de serlo, o debería de dejar de serlo. Porque los ojos no pueden mirar ya igual, mirarán de otra forma, pero no como amigos... Las camas están para deshonrarlas, pero si se hace con un amigo, jamás volverá la honra de la amistad, porque se quedará mezclada con las sábanas deshonradas, y de eso, por suerte, con mis amigos no pasó, ni ellos con mis amigas... Y mañana me toca el resto, el otro grupito
que hoy no pudo estar, con los que seguiré hablando de mil temas, cogiendo del brazo y abrazando, besando con limpieza en el alma, que los años ya son muchos, que se ha caminado juntos, y se ha respetado siempre... Y lo demás es otra cosa. Por esas conversaciones diferentes, por esos calvitos entrañables que han caminado pasos igualados, por esas manos tendidas, las que siempre han sido lazos que unían, las que nunca fueron nada más. Por todos ellos, por mi grupo de amigos y amigas, que están siempre en mi corazón, merece la pena haber aprendido el sentido de la amistad que ellos y ellas me enseñaron.