11 jun. 2013

¿QUE ES ESO DE "TE AYUDO"?...

Los varones jóvenes, o los más modernos, o los urbanitas, o los profesionales concienciados, o los que se han integrado totalmente en las labores domésticas, quizás no lo sepan, pero mi generación, mejor dicho, las señoras de mi generación, nacidas, educadas y vividas en ambientes rurales, conocemos, muy de sobra la frase tan repetida, tan socorrida de "A qué te ayudo"... Esta pequeña frase, que a mí sinceramente me pone de los nervios, es la respuesta de los señores cuando, de repente, les vemos desparramados en el sofá, les vemos absortos en el apareamiento de las cebras y la vida salvaje de los leones, mientras las señoras, delantal colocado, zapatillas arrastradas, colocan ropa planchada, ordenan la compra, limpian el cristal de la mesa, retiran la taza del café del señor, riñen al niño, llaman por teléfono a su madre, prepara comida para el día siguiente, y de repente, cuando descubren que solo tienen dos manos, se  colocan delante del televisor y diseñan su estrategia, las hay que, brazos en jarras, con un tono un poco elevado sueltan eso de "¡Qué bien vivimos!", y las hay más sibilinas, se dejan caer en la silla, cara de cansancio a cuestas, y ronronean un "¡Que cansada estoy!", eso sí, comprobando que en la tele están los anuncios, que le toca al de detergente y que pueden acaparar, por unos segundos, la atención del varón. Entonces a ellos, se desconoce la causa, se les enciende una luz, de esas rutilantes, que les hace decir la frasecita: "¿A qué te ayudo?"... Colocan el "TE", para dejar claro que no son sus labores, que no es su obligación, que se trata de un favor, y que son generosos... Desconocen que los pantalones no andan solos, que la ropa se coloca porque hay unas manos que la cuelgan, que la mesa está impoluta porque una bayeta, guiada por otra mano, pasó mientras él disertaba con él mismo sobre la caza leonil, desconoce qué se comerá al día siguiente, aunque él se sentará y engullirá, y a veces incluso sacará el consabido "Croquetas como las de mi madre ningunas", que es una especie de puntilla de matarife, y a la que no se le responde porque, llegado el mediodía, la señora en cuestión ya está cansada de hacer croquetas, de hacer camas, de fregar baños y sabe que por la tarde le espera un segundo turno... El "TE" es primordial, porque si se prescinde de él la frase queda mejor, pero eso ya sería rizar el rizo, y peras al olmo como que no... En la sociedad actual, afortunadamente está variando la frase, pero existir sigue existiendo, modificada, variada, un poco camuflada, pero el "TE" no puede faltar, hay otra, mucho más cruel, el "¿Qué quieres que te haga?", cuando la frase se suelta a una le dan ganas de darle ideas, pero sabe que son bastantes improbables, más que nada porque, lo primero que se piensa es "Que desaparezcas por arte de magia", y eso, queridas, es políticamente incorrecto, aunque no menos que la frase...
Que levante la mano la señora, pasados los cuarenta, de ambiente rural, a la que nunca jamás le hayan dicho alguna frase así. Vamos a obviar, por no reiterar, las preguntas absurdas, esas que un día recordé, porque a esta hora, la mayoría de las señoras ya han tenido que soportar las anteriores, y el horno no suele estar para muchos bollos... Eso sí, llegada la noche, cuando avisas de que te vas a la cama, el resorte masculino, ese que anda escondido en algún lugar bastante remoto, suele responder, e invariablemente se suelen acostar a la vez, porque entonces el "¿Qué quieres que te haga?" toma mucho más sentido, sin tener en cuenta que, a esas horas, lo único que a la señora le apetece "que le haga" es que no le ronque al oído, que la deje cerrar los ojos, que no tenga que recurrir al "Estoy cansada", porque queda muy mal, además de ser cierto, y además de no ser comprendida, que ha habido casos en que la excusa ha sido seguida por un "No sé de qué", frasecita que alimenta los instintos asesinos que las mujeres tenemos bastante escondidos, pero que en más de una ocasión asoman las orejas.
Como colofón al día, explicar que no necesitamos que NOS hagan nada, que NOS ayuden en nada, simplemente necesitamos que HAGAN, no ayuden sino compartan, que es lo que no se les da demasiado bien... En mi pueblo se decía que había tres cosas que no se comparten: la escopeta, el coche y la mujer, yo añadiría que tampoco las tareas del hogar, porque eso, algunos señores las desconocen, y si las conocen prefieren ignorarlas... Afortunadamente algo está cambiando, los jóvenes suelen ser buenos compañeros, se dan cuenta de que las mujeres de hoy en día les cuadran, les hacen caminar a paso ligero por el pasillo, saludar y sobre todo, les enseñan que todo, absolutamente todo lo que se vive en pareja, es cosa de dos... A esperar que siga el ejemplo, que se cunda, que se propague, que las señoras encima no sean diana de comentarios en barras de bar, porque, acostumbradas estamos a críticas sobre nuestra vida, y eso que solo se nos ve pasear con bolsas de compras, niños de la mano y caminar ligero, porque además, esos señores llegaran a casa, se sentarán, esperarán a que una mujer les ponga la mesa, o le haya hecho la cama, tendido su camisa, recogido su salón y limpiado su polvo (con perdón)...
Un poquito de por favor, vamos a ser justos, vamos a ser solidarios, vamos a llevarnos bien, que el mismo techo nos protege a todos, que el mismo aire es respirado por ambos y que la naturaleza nos dió el regalo de la vida, del sufrimiento y del descanso a todos por igual...

VA POR FRANCISCO... (el cantante, que conste)

Ayer tarde comentaba mi amigo Emilio uno de mis enlaces, con guasa, con sorna. El enlace en cuestión era de Francisco, el cantante, una canción suya... Mi pasado es un pasado de fans, yo he sido fans, yo viví aquellos años de Miguel Bosé, Pecos, Pedro Marín, y anteriormente el fenómeno fans con Camilo Sesto, en las personas de mis primas mayores. Francisco no era muy de ocasionar mis gritos ni mis histérias. Tal vez porque a mí Francisco me llegó más tarde, cuando tenía totalmente superado mi fenómeno fans particular y personal, cuando tenía ya claro que, las estrellas normalmente están en los cielos, no son santificadas y sus reinos son de este mundo, como los de todos los mortales. Pero apareció él, sin ser ya adolescente, sin ser ya una hormona andante, teniendo ya un poco claro mi gusto musical y, para rematarlo, estando embarazada de siete meses. Su descubrimiento tuvo lugar en el Puerto de Alcudia, en las fiestas de San Pedro, una noche en que, mi amiga Tere (a la que le entusiasmaba) me arrastró sin mucha resistencia por mi parte, hasta el Puerto Marítimo, dejamos a los cónyuges al final del tendido, colocados en una terracita desde nos podían observar a distancia, y nos colocamos a pocos metros del dios, porque eso sí, en cuantito Francisco apareció en el escenario, el restro de las estrellas de la noche mallorquina desaparecieron, y descubrí que una estrella puede ser santificada de mil formas, que mis hormonas existían todavía (supongo que por mi embarazo) y que yo iba a intentar entrar en el reino fugaz de un señor vestido de negro, guapisimo, altísimo, estupendísimo, que cantaba como los ángeles. A mi lado un señor de edad, al otro lado también, espectadores maduros y espectadoras maduras, recatadas, de esas educadas que se sientan y no se mueven, a mí me falló la lógica, cuando Francisco decidió cantar "Adónde voy sin tí" yo ya había perdido los papeles totalmente. Yo me levanté con mi consabido blusoncito premamá blanco de topos negros, toda entregada, gritando aquello de "Tío bueno" que ya había olvidado, me faltó lo que "Quiero un hijo tuyo", pero viendo mi bombo no cabía como deseo, aunque la moderación, a aquellas alturas la había perdido. Yo grité, reí, lloré escuchándole, el señor mayor que había a mi lado me miraba de arriba a abajo, sorprendido, escandalizado, no es muy decente ir piropeando a un señor con semejante preñez, debería de haber pensado que estaba loca, para rematar el número mi amiga Tere gritaba que ella se iba al hotel, que, para más inri, estaba frente a nuestra casa, habíamos decidido esperar allí su llegada, pasaríamos la noche en el Maritimo hasta que él llegara... Toda ésta algarabía era observada por nuestros cónyuges, y creo que Francisco, encima del escenario, debería estar pensando en las dos locas que gritaban de aquella manera, una preñada hasta las trancas, y la rubia de ojos azules impresionantes, eso sí, si se fijó en alguna tuvo que ser en Tere, yo mido casi medio metro menos y pesaba entonces (ahora el peso no ha variado mucho) casi veinte kilos más... Y nuestros cónyuges, benditos ellos, se acercaron, dijeron que nos ibamos ya, que aquello era vergonzoso, intentaron convencernos, se terminaron mosqueando, pero en aquel momento Francisco decidió cantar "Granada", dedicársela a las mujeres que había allí, a las granainas que aplaudían y que le habíamos pedido que la cantara una y otra vez, y ahí ya se rompió la noche... Las lágrimas salían de todos los presentes, nuestros maridos miraban a aquel señor, no le veían guapísimo, pero escuchaban el nombre de su tierra en su boca, y decidieron que, después de todo, todos tenemos una razón para admirar a quien lo hace bien... a quien emociona, a quien consigue crear un ambiente bonito, lleno de melodías perfectas, una voz, porque en definitiva, se admiraba su voz... Francisco dejó en mi memoria una noche preciosa, unas anécdotas divertidas, un recuerdo que irá en mi alma y en la de mi amiga Tere, seguimos riéndonos evocando el gesto del señor mayor, de las personas más mayores, las caras ante aquellos grititos histéricos, desaforados y desubicados totalmente, porque yo ya había crecido. Francisco fue mi gran descubrimiento, una voz profunda, digno heredero de otro valenciano, y ahora, al compartir en mi muro ayer sus canciones, no pude por menos que sonreírme recordando la pérdida de la dignidad femenina en pos de un traje negro, de un tipazo y de unas letras que merecen ser cantadas al oído...