13 jun. 2013

EL PRIMER BESO...(un recuerdo bueno o malo, según se mire)

Voy a hablar en femenino en esta ocasión, más que nada porque una es mujer, conoce los sentimientos de su sexo y género, ignora muy mucho los de los varones, y mucho más en aquella edad, de la prehistoria mía, en que sucede el primer beso... Ha llovido a cántaros desde entonces, pero hay que reconocer que las mujeres, (algún varón habrá también) recordamos siempre el primer beso. Yo hoy, haciendo un poquito de esfuerzo para superar la vergüenza, recordaré el mío y lo mezclaré con otros contados, porque he descubierto que los pasos suelen ser los mismos, y es que nada mejor que tener la consciencia de que todas las de mi generación pasamos, más o menos, por el mismo trance. Como todas las mortales, yo también tuve un noviete, de esos de los diecisiete, que un buen día se decide a besarte, una sabe que va a llegar ese momento, no fuí yo muy de besuqueos, educada en la fé católica, apostólica y romana, me hicieron creer aquello de "el buen paño en el arca se vende" y que los chicos se divertían con las fáciles y se quedaban con las decentes... y yo me lo creí, naturalmente, porque aunque rebelde solía "coger de la abuela el consejo"... Mi noviete, hormona andante, como todos los novietes a esa edad, se pasaba el día entre intentos vanos, acercamientos varios, retrocesos muchos y mucha paciencia. Yo le insistía una y otra vez en que "eso tendrá que esperar" y ofrecía mi casta mejilla, mis amigos, los de entonces, saben que aquello me sirvió, por parte de mi chico, la frase que daba título a una película de aquellos años "Encarni es casta, Encarni es pura, Encarni es casta y pura", y el pobre mío se volvía a su pueblo, a su casa, con un calentón profundo, y yo seguía como Tarifa, inexpugnable... Hasta que, claro, llega un día en que se celebra una fiesta, en que sabes que va a pasar, te preparas, te entran las dudas y todas esas cosas que le entraban a una chica de diecisiete (mi primer beso, tengo que reconocer que me pilló ya mayor-risas-), porque aunque ninguna lo reconociéramos, nosotras también teníamos hormonas, por mucho que las negáramos a los ojos de Dios y de los hombres. En las fiestas de instituto solían ocurrir los hechos que daban lugar al beso, al primero, el que una chica siempre recuerda, y aquello conllevaba una serie de pasos. Se comenzaba con un tomar algo, el muchacho, caballeroso, iba a la barra, te acercaba tu consumición, por aquel entonces la consumición de la chica sin alcohol, la del chico "con" por supuesto, porque ellos eran muy duros, muy mayores y muy machos, y nosotras damiselas sumisas, risueñas y expectantes al próximo paso. Conversación entre risas, algún toqueteo en las manos, un brazo por encima del hombro, un casto beso en la mejilla, para dar paso, desde la cabina de sonido, a la música lenta... El pistoletazo de salida, te preparabas (yo me preparé), respiras hondo (yo respiré), te vas a bailar a la pista, te abrazan, salen las hormonas, (más que nada porque se notan) y se empieza a visualizar en la mente un beso, de esos de cine, espectaculares, porque supones que sabes besar, aunque no lo hayas hecho nunca, y supones que el otro también sabe, y te consta que él lo ha hecho más. De repente te besan el cuello, te sube un calor que, sino fuera porque es imposible a esa edad, se diría que es sofoco menopausico, y te preparas, porque es la tercera canción lenta y sabes que el recorrido va a terminar en tus labios, se desea que así sea, pero por supuesto eso jamás se va a admitir... A mí me dieron mi primer beso de forma estupenda, tengo que reconocerlo, es decir, que exceptuando los nervios sentí más bien poco, o mejor dicho, un poquito de asco, para que mentir, luego ya te acostumbras y te gusta, pero también es verdad que te gusta porque aprendes, porque olvidas que es el primero y porque descubres que tampoco era para tanto, que se trata de divertirse besando, de tranquilizarse y de disfrutar... Hace unos días recordábamos, aquel noviete y yo aquellas fiestas, nos reíamos mucho, lo que tiene la edad es que ya se puede hablar de todo sin sentimiento de culpa, ni remordimiento, ni tapujos ni tabúes. Le pedí permiso para contar el primer beso, y me lo dio, me decía que sería estupendo que lo contara, pero que no olvidara decir que le costó meses conseguirlo, que él también estaba nervioso, porque, según parece, cuando una plaza es inexpugnable la victoria se disfruta más (muy guerrilleros ellos, como siempre). Cuando pasó mi primer beso me quedé mirándolo con la interrogante en los ojos de "¿Ya?", esa interrogante que luego, a lo largo de nuestra vida femenina, nos acompaña de vez en cuándo... ¡Eso era todo!... Aquel intercambio de saliveo era lo que los curas, en los ejercicios espirituales durante mi internado, catalogaban de "actos impuros"... bueno, opiniones hay varias, a mí aquello me pareció de todo menos impuro...
Hoy las cosas han cambiado, no sé si en ese sentido para bien o para mal, siempre hubo quien no dió importancia a ciertos momentos, pero lo que si sé es que la ilusión de entonces se ha perdido, quizás debería de matizar, porque no todas lo viven de la misma forma, no es lo mismo haber comenzado pronto y tener bastantes labios comparativos, que haber empezado un poco más tarde y delimitar bastante el mercado, pero a veces, o siempre, cantidad y calidad no van unidas, es preferible tener uno bueno para recordar que mil varones que solo engrosan la lista... Las chicas de hoy han aprendido rápido, no sé si eso es bueno, porque las mujeres hemos copiado lo que siempre consideramos defectos masculinos, seleccionan poco, todo vale (generalizando), suelen vivir deprisa y cuando llegan a los diecisiete, desde luego, lo que no suele ocurrir es que den su primer beso... Pero el mío fue bonito, y ahora, después de poder conversar con el besucón noviete, sé que para él también, siempre es bueno, pasados los años, recabar información sobre fechas (para subirte el ego y saber que te recuerdan), poder contar con presencias que fueron importantes, que aún lo son... Los recuerdos del primer beso siempre estarán en el alma de mujeres de mi generación, porque vivimos diferente, sin la castidad extrema de nuestras madres, ni la libertad, un poco extrema también, de nuestras hijas... Creo que encontramos el término medio, descubrimos a chicos estupendos, que nos dieron nuestro primer beso, que nos hicieron ver que el mundo no se convertía en la hoguera del infierno, y nos derribaron creencias un poco trasnochadas...
Mi reconocimiento a esa generación, a las mujeres entre cuarenta y cinco y cincuenta y cinco años, las que fuimos y las que somos, las que nos reímos recordando y contando nuestro primer beso, que, por ser el primero siempre tendrá un lugar especial, como sucede con todas las primeras veces. Y un recuerdo a aquellos chicos pacientes, que sabían que sus hormonas funcionaban más rápido, pero que supieron esperar, porque la niña a la que querían besar bien valía una misa....