15 jun. 2013

FANTASIAS ANIMADAS ROZANDO LA CINCUENTENA... (reto con Maribel Lirio)

Tengo cuarenta y ocho años, espléndidos, hermosos (hermosísimos si valoramos lo que dice la báscula y el tallaje), cuarenta y ocho años llenos de vida, la vivida, la que me espera, la que deso, la fantaseada, la imaginada, la compartida... ¡La fantaseada!... Todas, a mi edad, hemos fantaseado alguna vez... Que levante la mano quien no lo haya hecho, porque se habrá quedado huérfana de sensaciones personales, íntimas y profundas que le pertenecen. Cuando una es joven, normalmente, fantasea poco, no me refiero a la cantidad de fantasías, sino a la calidad. Vamos a centrarnos en las fantasías sexuales o sensuales, o sentimentales, o esas de locura total, de evasión sin límite. Esas fantasías tan de moda, que aparecen escritas, relatadas, contadas y vividas por otra persona, mujer normalmente; yo me pregunto por qué los señores escriben menos sobre esto, quizás es porque ellos han tenido acceso a cumplirlas, siempre ha bastado con pagarlas, últimamente las mujeres también. Algunas... Otras señoras, ya a mi edad, rozando el medio siglo, con mucha vida, con mucho oído, con mucho leído, saben que una fantasía narrada en un libro, impresa y contada, suele ser irreal, impersonal, ficticia... Precisamente esta tarde, hablando con un buen amigo, de esos a los que no te importa contarles una fantasía, le decía que cuando se escribe sobre sexo ni se siente ni se padece. Porque, amigas mías, digamos lo que digamos, pero sobre todo leamos lo que leamos, el sexo está para vivirlo, no para que te lo cuenten en quinientas páginas, porque va mucho más allá, es mucho más, el libro se cierra, y no es mentalmente sano tener que recurrir a las escenas leídas para llevar a cabo lo que se desea. Más que nada porque cada mujer debería desear por ella misma, no por lo que le cuente la escritora erótica de turno. Yo, naturalmente, he tenido mis fantasías sexuales, todas las hemos tenido. Que levante la mano quién no lo haya hecho... porque se estará perdiendo en algún vericueto de difícil examen. Todas hemos soñado, deseado, suspirado y pensado en una fantasía, desde Julia Roberts a Cenicienta...¡¡Todas!!... Por supuesto yo no voy a contar las mías, porque, por suerte para mí, yo las he cumplido. Tal vez por eso no necesito encerrarme en el baño (como cantaba una Chirigota de Cádiz) para leer ciertas cosas, principalmente porque, a mi edad, no necesito esconderme, porque sé que la historia que leo es ficción, creada y recreada para un fin concreto, sea llegar a ser un superventas, sea llegar a ser un "pelotazo" económico, pero desde luego, nunca habrá sido creada para hacerme vivir a mí mi fantasía... Tengo casi cincuenta años, creo, sinceramente, que a esta edad se pueden seguir viviendo y cumpliendo fantasías, que se siguen teniendo, porque si no fuera así todo sería aburrido, creo que en el ámbito de una pareja, sea del tipo que sea, el sexo será siempre un pilar muy importante, que cuando se tambalea, cuando se derrumba, se cae una gran parte de la consistencia del edificio, puede que sea lamentable, pero es así. Porque ahora, con nuestra calidad de vida, cincuenta años no son nada, cincuenta años te dan para abrir puertas, abrir la mente, pedir, solicitar, vivir, imaginar, desear... Cincuenta años dan para fantasear hasta los límites que dos adultos pongan, pero límites reales y personales, los límites propios, los que se crean en la intimidad de una habitación y de una relación... Todo es válido cuando se acepta, cuando se asume y cuando se desea. Lo que ya no considero válido es el tener que vivir fantasías ajenas en la página de un libro, porque empobrece, los libros están para vivir una historia que llegue al alma, que te cuente y narre hechos verídicos, que te ilusione o te refleje, nunca para que vivas algo tan íntimo como lo sexual porque no se pudo vivir... Tengo casi cincuenta años, mis ganas no diré que están intactas, pero tampoco que han sufrido un gran deterioro, soy más selectiva, soy mucho más directa, soy hija de mi generación, he sabido huir de mojigaterías y de tabúes impuestos. Creo que he crecido... Mis fantasías son mías, propias, compartidas con quien debo o quien deseo o quien escojo, que no tiene porque estar todo englobado en lo mismo... Un tema peliagudo, un tema natural, hablar de sexo es algo tan normal como cotidiano, nos seguimos ruborizando al hacerlo y olvidamos que compramos a "mogollón" (perdón por el palabro) libros eróticos, que luego comentamos entre risitas y entre vergüenzas disimuladas... ¡No!, de sexo se habla abiertamente, reconociendo las necesidades, ya se fueron los diecisiete, ya somos adultos, ya pensamos, amamos, deseamos... hemos adquirido con los años la experiencia y la capacidad de saber qué nos gusta, qué no, qué queremos hacer y que nos hagan... Así pues, lo dicho: Tengo casi cincuenta años, y sexual o sensualmente, me siento totalmente realizada... Buenas tardes, un buen libro, del erotismo, de cómo vivir el mío, me encargo yo...