23 jun. 2013

ESA PRIMERA VEZ DEL... ¿YA ESTÁ?

Hace una tarde estupenda, noche de San Juan, noche mágica, noche para recordar...¡¡Que bonito es recordar!!...¿Alguien se acuerda de la primera vez?... Hace poco recordamos el primer beso; hay una primera vez para todo, para montar en bici, viajar en avión, subir en barco, conducir sin ayuda, y una primera vez para el sexo... ¿Alguien lo recuerda?, igual la mayoría han decidido olvidarla, porque, lo queramos o no, hay primeras veces nefastas, de esas que intentas olvidar, que escondes en el fondo del baúl, que nunca enseñas pero que sabes que están. Yo alucino un poco, esa es la verdad, cuando oigo relatar esas "primeras veces" idílicas, llenas de momentos mágicos, llenas de instantes inolvidables (bueno, inolvidables si que son), me quedo un poco boquiabierta, no es que la mía (con perdón) fuera un desastre, pero desde luego que una historia de "Las mil y una noches" tampoco. Seamos sinceros, pero sobre todo seamos sinceras: La primera vez, para la mayoría de las señoras de mi generación fue un auténtico desastre...¡¡punto pelota!! Por supuesto que, en la mayoría de los casos, en los ambientes rurales, las que tenemos más de cuarenta y cinco, tuvimos una primera vez bendecida y sacramental, (siempre habrá quien no, pero no voy a pedir que levanten la mano). Da igual si una era una santa esposa, una novia fogosa, una joven que quería experimentar, porque la primera vez es la primera vez, se  mire por donde se mire. Eso sí, no es lo mismo la trasera del coche que la comodidad del lecho conyugal, encima recién estrenado, con las sábanas del ajuar, blancas inmaculadas, como la honra de la novia, ni es lo mismo un descampado de "aquí te pillo aquí te mato" con un adolescente inexperto lleno de granos, que con el marido que acabas de "mercar" en una ceremonia entrañable llena de familiares, esos que, a esa hora de la noche ya saben lo que tú estás haciendo, con quién lo estás haciendo y, si tienen imaginación, empezaran a pensar cómo lo estás haciendo. Lo que tiene casarse, llegar casta y pura y tener noche de bodas, es que todo el mundo sabe cuál ha sido tu primera vez, eso sí, lo que no saben es cómo ha sido...
En las reuniones de amigos, esos que compartieron contigo y tú con ellos los distintos enlaces, suelen salir temas de estos, tan graciosos, tan estupendos, tan llenos de risas... risas porque ya se han quedado muy lejos, porque si el temita te lo sacan al día siguiente como que gracia te hace poca. Yo supongo que para los señores de mi edad, y a alguno conozco, la primera vez fue distinta, porque ya se sabe que las hormonas masculinas son muy activas, y que siempre había una chica que igual servía para un roto que para un descosido, esa que a fuerza de querer experimentar se labra la fama de "ligerita", mientras que los chicos que la ayudan a experimentar se la labran de "muy machos", y es que las diferencias de género y sexo (nunca mejor dicho), por más que queramos fueron siempre injustas. Los varones llegan como quien está de vuelta de todo, pero eso sí, recordemos que ellos, man que les pese, también tuvieron una primera vez. A mí me sorprende que mis amigas, esas de siempre, con las mismas que compartí bodas, las que por esas cosas de la educación llegamos inmaculadas, hablamos sin tapujos sobre el tema, contamos nuestra primera vez, los maridos saben que es cierta (porque ellos estaban presentes, y esas cosas se saben) y bromeamos. Pero todavía no he oído a ninguno de ellos contar la suya... ¿Por qué será?... Tal vez porque no fue con la novia inmaculada, a la que llevaron en brazos sobre las sábanas del ajuar... Tal vez porque podría salir a relucir el nombre de la amiga, esa a la que le gustaba experimentar y que se encargó de hacerlo con todo el grupo de amigos comunes....  Tal vez porque, para una mujer, cuando su primera vez ha sido con el legítimo, es una medallita colgada (para ellos, que conste) mientras que si ellos narran su primera vez fuera del santo sacramento la llegada a casa puede ser de todo menos santa... Somos diferentes, somos distintos, vivimos la primera vez de forma distinta, igual que todo. La primera vez ha perdido la esencia ñoña que tenía hace años, gracias a Dios, hemos crecido, todos. Contar la primera vez como un anécdota hace que sea más divertida, más amena, que se convierta en un hecho gracioso, porque lo que no me creo es que la primera vez fuera el estallido de fuegos artificiales, y si lo fue, la señora en cuestión ya puede estar encendiendo velas de agradecimiento al santo del día. La mayoría pasó de la expectación a la decepción, o como mínimo a la espera, porque suponía que tenía que haber más, sino a ver de qué las mamás iban a estar tan preocupadas por semejante evento... Y se diga lo que se diga, se cuente como se cuente, eso, con mis años, era así. Las primeras veces normalmente crean un estado de impaciencia, de deseo, de ganas que luego no se acompañan con la realidad. Y es que ya se sabe, esperar demasiado es el primer paso para quedarte, como diría mi abuela "como a quien le cuentan un cuento", boca abierta esperando el remate....

QUIEN TIENE UN AMIGO...¿TIENE UN TESORO?...

Hay quien dice que, un amigo/a es quien, sabiendo todo de tí aún te quiere... Bueno, términos muy relativos para definir la amistad. La amistad, según Encarni Barrera, es decir, servidora, es un sentimiento de cariño, de cómplicidad, de intercambio que, a ser posible, es mejor si se comparte. No todos los amigos lo conocen todo de tí, no todos los amigos te quieren (aunque simulen hacerlo) no todos los amigos son AMIGOS. Para una servidora la amistad es sagrada. Siempre. Piensen algunos lo que piensen, si piensan o creen, conociéndome, que no es así, que digo algo que no siento, deberían de preguntarse el por qué con ellos no. Siempre habrá un motivo, y por suerte o por desgracia, los que se sienten aludidos, siempre saben el por qué, aunque no sea políticamente correcto decirlo, aunque lo callen a oídos ajenos, porque si lo contarán quedarían a la intemperie las miserias. Siempre que he roto una amistad, o lo que yo creía una amistad, he tenido motivos de sobra para hacerlo, siempre. Pero no vamos a hablar de mí, ni de mi concepto de la amistad, ni tan siquiera de los amigos de siempre, porque esos sí saben por qué están, si saben los que son, si saben lo que "pintan" en mi vida, sí me conocen y aun así me quieren. Sino de esos otros "amigos" que de repente te explotan en la cara. Me pedía una persona hoy que hablara sobre las amigas, en femenino.
Quienes habéis escuchado las presentaciones de mi novela, esas en las que diserto, en las que desgrano los matices de "Las manecillas del Reloj", veréis que hago hincapié, siempre, en la amistad femenina, esa amistad generalmente falsa, generalmente desleal, generalmente interesada, generalmente cotilla, generalmente vana y vanal... Generalmente, eso sí.... Las mujeres (y mujer soy y defiéndo a la mujer a rajatabla) somos esa especie sibilina, que hizo morder a Adán una manzana, causante del sufrimiento humano. La mujer cuando es amiga es muy amiga, pero en ocasiones hay un punto que rompe. Hablar de la amistad interesada es tan viejo como comer. Hay amigas de esas que crees para siempre, que has ayudado, con las que estuviste cuando te necesitaron, que les diste sonrisas, que les prestaste una mano, y un buen día, sin saber por qué, deciden que han descubierto a otra persona, y como si tuviéramos quince años, deciden que dos amigas no pueden estar en el mismo bando, y deciden diferenciar, dejarte en "la reserva" como un jugador suplente, que puede ser necesario, pero que, mientras el partido se desarrolla bien va a seguir chupándo banquillo. Hay amistades que acogen porque así les interesa, porque saben que habrá un momento en que necesiten al suplente, pero a las que les gusta más jugar con las estrellas, con los titulares, con los que son aplaudidos, porque hacer de acompañante del crack viste mucho, y algún aplauso robaran ellas, aunque no sea para su persona.
Sucede o puede suceder que, un buen día, el suplente se canse de chupar banquillo, decida firmar contrato con otro equipo, otra amiga que sepa valorar lo que en su día compartió con la acompañante de estrellas. Dejar de ser la que escucha, la que sonríe, la que ayuda, para ser la que, simplemente acompaña. Porque la amistad, según una servidora, es eso, acompañar, estar. No solo para jugar el gran partido junto a los que brillan, porque se corre el riesgo de ser marginada por otras estrellas, la amistad es tratar por igual a todos los amigos, repartir el corazón entre todos, abarcar y acoger, y saber quién estuvo, quién ha estado y quién estará, mirar atrás, valorar, pesar y medir los pasos acompañados. Los amigos advenedizos, los que llegan y cogemos porque pensamos que deslumbraremos a su lado, son fugaces, porque para ser amigo, para ser amiga, se tiene que tener la raíz y la solera, y ya, a esta edad, una no puede fiarse ni de su sombra. Admiro a las amigas que están siempre, a las que no se ven públicamente, a las que se acompaña en una cerveza, las que estuvieron cuando las cosas fueron mal, las que se hicieron visibles entonces, las que cuando las cosas van bien se ven menos, discretas. Todas tenemos muertos en el armario, amigas que un buen día te hicieron cerrar los ojos, sentirte utilizada, sentirte marginada, sentirte sola... el secreto está en abrir el armario, ir enterrándo lentamente los cadáveres, ir aireando el espacio, decidir si se quiere seguir en el banquillo esperando a ser necesaria, o se prefiere jugar en un equipo de menos renombre, pero sólido. Porque un equipo lo hacen todas y cada una de las jugadoras, nadie es más que nadie, la amistad igual, eso sí, cuando el sentido de la amistad es igual de leal, de honesto, de comprometido y de sincero para todas y todos los que juegan en el mismo bando. Con cariño para una amiga, que desde luego, sabe que estaré aquí, jugando en su equipo.

HABRÁ VALIDO LA PENA... (carta de despedida, a petición de mi amiga Ana)

Cuando despiertes mañana yo ya no estaré a tu lado. No me has oído marcharme. Como te digo en la nota que dejé en la mesita, te dejo mi adiós en unas letras, en Recepción. Soy cobarde y sé que si lo hago mirándote a los ojos mi alma se encadenará a ellos y no me dejará partir...y tengo que hacerlo. No es cumplido mi tiempo de tomar decisiones libres. Me atan demasiadas cosas a mi vida, a la vida que yo creé, aquella que fui confeccionando lentamente porque tú un día decidiste que no me querías en la tuya. Y yo tuve que inspirar fuerte y otear el horizonte, cerrar los puños y los ojos, y tomar conciencia de que tenía que seguir adelante sin ti. La vida que era perfecta, yo la hice perfecta. Tengo que volver a mi vida, me subiré en el autobús que me aleje de ti y me llevaré todo lo vivido estos días contigo, los amaneceres robados, los minutos perdidos entre bosques y entre cielos azules. Me llevo la rabia de tus palabras cuando te enfadas, me llevo el silencio de mis labios cuando tus demonios salen y no entienden de quietudes ni de sentimientos. Me llevo tus gritos, tus enojos, tus manos crispadas, tu mandíbula tensa y tus labios crueles que a veces pronuncian palabras dolorosas y mezquinas... Pero habrá valido la pena... Todo... Habrá valido la pena desafiar al mundo, mentir hasta que el corazón se encalla, llorar en las noches alejadas de tu cuerpo. Habrá valido la pena. Habrán valido la pena las esperas y los llantos, las dudas, los miedos, aquellos que se instalaron en mí cuando decidiste hundir mi vida perfecta. Habrá valido la pena. Me has hecho sentir mil cosas olvidadas, las que quedaron en un baúl adolescente, las que dejaste rotas y has recompuesto. Recuperar los besos perdidos, crear nuevos besos y nuevas caricias en manos maduras que amaron sabiendo y siendo conscientes de que lo hacían. Habrá valido la pena el engaño, vivir en la mentira constante de te quieros no sentidos, de besos entregados que no eran para los labios besados, que te pertenecían a ti y no podías recibirlos. Habrá valido la pena esperar para amarnos apenas durante unos minutos. Mirar el reloj, salir con prisas, olvidar la última caricia porque alguien esperaba un regreso que odiábamos los dos, pero aceptábamos.
Habrá valido la pena. He vivido. Hemos vivido. El adiós entraba dentro de los planes, aunque nunca lo dijéramos, nunca lo mencionáramos, estaba ahí, escondido siempre entre las discusiones, cuando tú me decías que no me hacías bien y yo te recordaba que quería que estuvieras, aunque muriera en el intento. El adiós que mil veces nos insinuamos, aquellas palabras que éramos incapaces de pronunciar, yo pidiéndote que lo hicieras tú, tú incapaz de hacerlo, silenciando tu voz durante unos minutos, sabiendo que si pronunciabas el protocolo de despedida ya no habría marcha atrás,
ahora llegó, llegó el momento de decir adiós. Me voy de tu vida recomponiendo la mía. Estos días han sido el Mundo. Verte llegar desde la terracita, esa en la que desayunamos tranquilos, mirando horizontes perdidos y lejanos, alejados de mí ya para siempre. Disfrutar de tus besos primeros, cuando apenas el día ha despertado, sabiendo que la tarde llegaría y tendrías que volver a tu mundo, yo me quedaría esperándote en el que por unos días hice mío. Morirme de celos en la noche, cuando otro cuerpo dormía junto a ti, desvelándome por la angustia de la duda, aun teniendo constancia de que nada hay, de que al día siguiente volverías a aparecer en el pequeño jardín que veía desde la terraza, mirando hacia arriba y sonriéndome, prometiendo con tu sonrisa la entrega total de caricias que son mías, que siempre fueron mías.
Me voy llena de ti, llena de besos, de momentos, de palabras, de recuerdos, de miradas, de ternura, la que pensaba que no tenías, la que siempre exigí y tú negabas. Me voy con mis años doloridos de amor y de impotencia, la de no poder tenerte, no nos ha sido dado el deseo de estar juntos, juntos ya hasta la muerte, morir a tu lado me dices siempre, susurrándolo en mi oído. No ha podido ser, no puede ser, no nos dejan, nos es prohibido el deseo de mirarnos a los ojos y morir tranquilos.
Cuando leas esto estaré lejos, mis ojos lloraran mirando un paisaje ajeno que se alejará de mi vida, kilómetro a kilómetro, para siempre. Te dejo en tu mundo, en tu vida extraña que no quieres, que te consume día a día, y regreso a la mía, a consumirme con ella y con tu ausencia. Hoy, por fin, llegó la despedida, sabemos que el futuro no nos pertenece, así lo asumo y lo entiendo. Pero ha valido la pena. Hay historias perdidas, comunes y frecuentes, que nadie lleva escritas porque no sería decente, porque no son decentes, el mundo creó normas, pensando que con ellas podría manejar los sentimientos, y el alma y el corazón son libres, no entienden de reglas ni convencionalismos, y aun así los vivimos y aceptamos. Dejo tu vida, dejo tu alma para que me siga amando en el silencio de tu boca y la tristeza de tus ojos al recordarme. No lo hagas, no estés triste, porque ha valido la pena. Vive siempre con mi recuerdo, vive siempre con mis manos enlazadas mientras reíamos, después de amarnos tanto que nos dolía el cuerpo. Vive pensando en mí, mi amor, porque eso, por desgracia, es lo único que tenemos... Yo intentaré vivir sin ti, pero eso sí, sabiendo siempre que valió la pena...