24 jun. 2013

JUAN ALBERTO BARRERA LINDE...(felicidades papá)

Era el menor de cinco varones, ocho hermanos, el pequeño era él, las chicas vendrían después. Me contaban que era un niño travieso, de mirada profunda, inteligente. Me contaban que se enamoró de una niña pequeña, gordita, alegre y cantarina. Me contaron que fue noble y prudente... Yo llegué a su vida después de esperarme mucho. Sé que hubiera querido un varoncito, pero nació una niña horrible, que daba un poco de miedo, pero que, con el paso de los días se convirtió en un bebé hermoso y llorón. Una niña rebelde, que siempre replicaba, pero que le traía buenas notas. Que se sentaba junto a él, escuchaba sus historias y le obligaba a hacerle figuras de plastilina. Fui feliz con mi padre. Discutiamos siempre. Me cayeron pocos castigos y algún azote, porque me enseñó disciplina espartana, aquella de "Aquí se hace lo que yo digo", frase contra la que me rebelé en toda una adolescencia... Pero los años pasan. Las luchas generacionales dan lugar a la lógica. Un buen día me descubrí mirándole, me descubrí descubriéndole. Y supe que era el hombre que más me querría. Más que a nada, más que a nadie. Entendí palabras que hasta entonces estaban lejos de mi comprensión, entendí consejos de aquellos absurdos, y supe de su confianza en mí. Supe de su dolor con el mío. De su sonrisa tímida y de sus silencios... Tuve el mejor padre (todos decimos lo mismo, o así debería de ser), mi madre me acusaba de quererle más a él, pero es que él quería un varón y yo tenía que demostrarle lo bien que quiere una niña a su padre. Los días de su santo eran especiales, porque mi madre nos enseñó a que así fuera. Cuando estaba lejos le recordaba todo el día, sonreía al escuchar su voz al teléfono dándome las gracias por mis postales y mis palabras. Juan Barrera era un gran hombre, fue un buen padre y hoy es su santo. Anoche le recordé en mi muro, hoy lo hago aquí, porque hoy le recordaré todo el día, como cada día, como a cada hora...
La vida nos deja sin seres queridos, pero no porque les queramos les añoramos, sino porque echamos de menos el cariño de ellos hacia nosotros, somos egoistas, yo echo de menos el amor de mi padre, su mano en mi cara cuando volví de Mallorca, sus lágrimas y las mías, no porque yo le quiera, sino porque necesito que él siga queriéndome como ningún hombre lo hará. Se me quedó un vacío en una madrugada, y palabras de despedida que él sabía que lo eran y que están guardadas en mi corazón, porque son las últimas que me dijo, y porque en ellas me dijo que me quería, que sentía no haber podido darme más. Siempre digo que me dió todo. A veces damos demasiado a los hijos, todo material, pero les privamos de palabras, miradas y gestos que son únicos, que creemos que no recordaran...¡¡que error!!, todo se recuerda, para bien o para mal. Me dejó frases repletas de sabiduria y de amor de padre. Miradas y sonrisas guasonas, porque el gran desconocido que era, el hombre serio y prudente, también sabía cuando sacar el sentido del humor, el mismo que yo he heredado, aunque mi carácter sea más materno, mi sentido del humor es totalmente de mi padre ¡quien lo diría!... Ahora llegó el momento de felicitarle, de desearle que allá en dónde esté siga cuidándome, sé que lo hace, sé que me da fuerzas, escucho su voz, escucho sus ánimos, escucho sus consejos. Dicen que como una madre no hay nada, es verdad, pero con mi padre se me fue media vida, se me instaló una tristeza que sé que llevaré siempre, aunque aprendí a vivir con su ausencia... Feliz día de tu santo, papá, te sigo echando de menos...