28 jun. 2013

GESTANDO UNA MENTIRA...(relato corto)

Me contaba Elisa que se iba unos días, que estaba cansada, necesitaba descansar, no soportaba a Pablo, ultimamente le rompía los nervios y le quitaba la energía... Se iba sola. En principio pensé que hacía bien, después de todo Elisa se pasaba todo el año trabajando, después de todo yo sabía de sus dudas, de sus desencuentros, después de todo yo sabía demasiado... Me senté en su cama, mientras ella trajinaba haciendo una pequeña maleta roja, hablaba en voz baja, no era la mujer dicharachera que yo había conocido años atrás, cuando nuestros hijos coincidieron en el colegio, cuando los dos matrimonios nos hicimos íntimos, compartíamos fines de semana, secretos, problemas económicos y vacaciones. Pablo y Luis se llevaban bien, muy amigos, muy colegas, al fútbol juntos, al gimnasio juntos, el mismo color político, el mismo equipo, el mismo gusto por un tipo de mujer... Elisa hacía su maleta, para irse unos días, ví ropa interior atractiva, demasiado sexy, le bromeé, me miró seria, giró la cabeza y siguió su tarea sin responder a mis bromas... Supe que había otro. Nunca me lo había dicho, nunca me lo insinuó... o quizá no, quizá no había nadie, simplemente iba preparada para lo que pudiera haber. Miré hacia el balcón, estuvimos calladas un largo rato... Se escuchó la puerta. Elisa me confirmó que Pablo llegaba, yo seguí mirando por el balcón. Me dolía aquello, la distancia, la frialdad, la ausencia de Elisa los próximos días... Me dolía ver el equipaje, la ropa colocaba primorosamente en aquel reducido espacio, el neceser, los cosméticos, unos zapatos... La voz de Pablo en la puerta, saludándo, girándome levemente, clavándole la mirada, su seriedad, su interrogación en los ojos mientras los míos se deslizaban hasta ella:
- Se va unos días, dice que tiene que pensar, que está agobiada...
Explicándome, no hacía falta... yo lo sabía todo. Pablo salió del dormitorio, igual que había entrado, sin estridencias, pasos que se alejaban, Elisa mirando el fondo del pasillo, mirándo su espalda. Suspirando sonoramente.
Desde la cocina la pregunta "¿Queréis café?", nuestra aceptación, mis manos corriendo la cortina, volviéndome hacia mi amiga, sin hablar, acariciando una blusa de seda roja. Elisa rompiéndo el silencio, apenas un murmullo:
- No hace falta que disimuléis, Charo, lo sé...
Un extraño escalofrío me subió de repente, desde los tobillos al rostro, me ahogaba en la garganta, me estaba dejando sin respiración, estaba a punto de caer, buscaba en dónde sentarme, sin saberlo había clavado mis ojos en el suelo, no sabía qué decir, no sabía qué responder, me sentía abandonada en una estación sin que ningún tren me rescatara. "Busca una excusa", mis neuronas gritándome, ellas tenían que buscarla, y no sabían hacer su trabajo, estaban en huelga, no tenían recursos. Y Elisa continuaba metiéndo su ropa en aquella maleta, Pablo apareció en la puerta justo en el momento en que ella salía, iba al baño, había dicho. Cuando escuchamos el cierre él me miró:
- Unos días para nosotros, un poco más relajados...
- Lo sabe...
- ¿Lo sabe?, ¿cómo...?
- Me lo acaba de decir, no sé cómo, pero lo sabe...
Pablo miró al fondo, hasta donde Elisa se encontraba, detrás de una puerta, sabiendo que en aquella habitación había dejado a dos personas a las que había querido, a dos personas que se querían, a dos personas que la habían traicionado... O no, simplemente a dos personas que sentían. Pablo me miró con pena, la misma que yo le devolví:
- Después de todo era cuestión de tiempo...