29 jun. 2013

90-60-90... LA PERFECCIÓN HECHA MEDIDAS...

Anoche leía el artículo que mi amiga Encarni colgaba en su muro. Deprimente. Comentaba o comentábamos (ella lo hizo después) lo que la mujer ha dejado que se le haga. Pensaba yo en esas personalidades débiles, los caracteres maleables y manejables, aquellos a los que les hacen creer que una mujer tiene que ser perfecta en sus formas, aunque su fondo de armario sea un total desastre no importa, lo importante es su capacidad de seducción externa. Hemos llegado a dejar que algunas revistas femeninas nos manejen PARA ELLOS, nos hagan creer que hay que estar guapas siempre PARA ELLOS, nos hagan creer que una mujer con unas medidas distintas a la perfección no es atractiva. Nos hemos dejado llevar por unos cánones de belleza totalmente desorbitados, creados por los hombres (en su mayoría), hemos dejado que se nos esclavice con dietas, con palizas en gimnasios, con geles, cremas, saunas... todo ello para un mejor ver, para un mejor estar, para un mejor entender la belleza, porque DEBEMOS de estar bellas, DEBEMOS de ser perfectas. Como si no lo fuéramos ya. Lo peor es que han conseguido que nos lo creamos, que creamos que TENEMOS que estar bellas siempre, porque eso nos hará más poderosas, más deseadas, elevara nuestra autoestima. Nos hemos creído unos mandamientos efímeros, porque el tiempo pasa, la edad nos va situando en un lugar exacto para conocernos, si es que somos sensatas. La silicona, los quirófanos, el botox, han pasado a ser el remedio contra la imperfección, contra el paso del tiempo, contra la edad, contra lo vivido y reflejado en un rostro o en un cuerpo. Nos hemos dejado embaucar, nos hemos dejado engañar, hemos dejado que la mujer sufra desórdenes mentales, que visite psicólogos, que renuncie a una sonrisa, todo porque la celulitis, esa compañera de viaje después de los cuarenta, se ha instalado cómodamente en nuestras nalgas. Hemos dejado que la mujer se deprima porque sus huellas de sonrisa son patentes en sus ojos, hemos dejado que nos hagan creer que la mirada madura no es hermosa, y retoquemos ojeras, narices, pómulos, labios... Hemos dejado que nos manipulen, los varones, los que no son perfectos, las mujeres, esas que lucharon por serlo sin conseguirlo, y el resultado está en la obsesión por una 40-42 cuando se tienen ya cincuenta o más años, cuando se tienen casi nietos, cuando se tiene una genética en contra, cuando ya, lo único que debería de tenerse, son las ganas de reír, de camuflar graciosamente la arruga. En cierta ocasión hablé de que la arruga es bella, puede que no, puede que para algunos no lo sea. Pero yo miro a mi madre, miro sus arrugas, miro su vida, miro su rostro, jamás usó maquillaje, tal vez eso también lo heredé, no me gusta usar maquillaje, mi rostro es el reflejo de los años vividos, me gustan las caras lavadas, las celulitis incómodas, las mollitas fuera de sitio, ahora sí, ahora ya descubrí que ser perfecta es extremadamente cansado, que tengo muchas cosas importantes, que mi tiempo es primordial, no puedo gastarlo en mirarme a un espejo continuamente y quejarme por una nueva cana, por una nueva arruga, ni subirme a una báscula a diario, si no entro en una talla pido otra, camino por salud, me pinto los labios porque me apetece, me tinto las canas porque me gusta, llevo el corte de pelo que deseo, no el que está de moda... Y me gustan las mujeres que se embarcan en proyectos comunes, que dignifican el género y sexo femenino, que no necesitan psicólogos para salir de un bache estético, porque para decirme lo que yo valgo no necesito un diván, más bien es necesaria la mirada interior, mirar adentro, en donde está la belleza, la de todas y cada una de nosotras. Mirar a nuestros hijos, mirar a nuestro entorno, preguntarnos qué hacemos para que los demás sonrían, preguntarnos quiénes somos, cómo queremos continuar esta edad difícil en estos tiempos duros.,.. Y desde luego que, a mí, unos kilos, una arruga, una piel de naranja, tal y como está el patio, es lo que menos me importa... 90-60-90, medidas de Marilyn Monroe, murió con treinta y seis años, no tuvo hijos, se dedicaba al mundo del espectáculo... y nos hicieron creer que una mujer debe de conservar la figura y físico de los treinta toda su vida... Yo, a dos meses de los cuarenta y nueve, decidí no aceptarlo, no creerlo y no admitirlo...

Por cierto, Marilyn sufrió muchísimo, mentalmente fue inestable, creo que era inteligente, mucho, pero con ella nació ese tópico incoherente de "todas las rubias son tontas", y su muerte fue una incógnita... reconoció que los hombres se acercaban a ella por su físico, se debatió en los infiernos por esta causa... Y por supuesto, belleza exterior e interior no están reñidas, pero si en algún momento hay que escoger, porque así lo pide y solicita la vida, siempre me quedaré con lo segundo... Belleza interior y una amplia sonrisa exterior, digna de la serenidad que da la aceptación de los cambios....