11 jul. 2013

MIS ENEMIGAS LAS DIETAS...(reflexión personal)

Decididamente, después de escribir sobre lencería femenina, sobre comienzo de dietas, sobre los kilos de más... después de probarme ropa, comprarme ropa con mi talla de siempre (a Dios gracias) y pensar mucho, he decidido que las dietas se han creado para fastidiarme. Me he convencido de que van en mi contra, basta repasar, uno a uno, todos los alimentos que se permiten, o mejor dicho, los que se imponen para dejar kilos, no me extraña que se dejen kilos, porque, sinceramente, cuando lees lo que se te permite comer, a mí, personalmente, me entra una congoja digna del mejor de los duelos. Siempre, cuando alguien te dice que está haciendo dieta te advierte, "hay que tener mucha fuerza de voluntad", bueno, yo tengo, o creía que la tenía, o la tengo para otras cosas, o la he perdido en los últimos años, o los últimos meses, o en la coca-cola fresquita con mis amigas, o en los helados... pero que la he perdido, eso seguro. Igual que he perdido mi cintura, mi fortaleza glútea, mis manos jóvenes y mis rodillas cuasi perfectas. Miro el folio en el que tengo una dieta, lo miro con una convicción tremenda, recuerdo todo lo que hay en el congelador, incluidas dos tarrinas de helado... Bueno, la comenzaré cuando termine el helado, de todas formas dos tarrinas tampoco tienen que engordar tanto (risas). Recuerdo un taper con pisto, esa comida a base de verduras, mezcladas, eso sí, con un buen aceite de oliva, todo frito, pero que está de muerte. Recuerdo que hay también otro taper, congelé algunos chorizos, los terminaré y entonces comenzaré con las ensaladas... O mejor no, o mejor acompaño los chorizos con las ensaladas... Y es llegado a este punto cuando me recuerdo paseando por los grandes almacenes, pidiendo una talla de ropa interior, la mía no está, no existe, no lo entiendo pero es así. Bueno, pues no es mi problema, la prenda en mi talla no existirá, pero yo bien lozana andaluza que luzco, tampoco es para cortarse las venas, porque me pruebo otra, realmente bonita, y me queda perfecta. Recuerdo que sigo colocándome la ropa de hace diez años, recuerdo que nunca fui delgada (bueno sí, en una etapa joven y una etapa no tan lejana en la que los nervios decidieron que no querían que comiera, y recuerdo los kilos perdidos y el malestar creado en mi organismo), y recuerdo que, de todas formas, en algún momento de mi vida, no lejano ya, algún médico de esos que miran analíticas, va a comenzar a prohibirme alimentos de esos que me gustan, como el pisto y los helados.
Y, de repente, recuerdo a mi padre, cuando ya esa enfermedad cruel y sin escrúpulos le impedía comer, cuando yo estaba a dieta, cuando me privaba de lo que me gustaba por unos kilos de más, y le recuerdo con su voz ronca y profunda "Algún día dejarás de comer por obligación, echarás de menos lo que te gustaba, y sabrás que si lo comes tu salud se quebrará. Mira a quien no puede comer y alégrate por poder hacerlo tú"... Y sé que llevaba razón... Mi naturaleza me respeta, me ha respetado, a raya el colesterol, a raya la tensión, a raya la diabetes... Los años que pasan, lo que es normal que llegue, lo que es inevitable... y yo aquí, leyendo que no puedo comer helado, que me tengo que olvidar del pisto congelado, porque, por decisión propia he decidido que estoy gorda, bueno sí, gorda estoy ¿y qué?. Mi descripción personal podría ser: Hola, soy Encarni Barrera, tengo cuarenta y ocho años, y soy gorda... y seguro que el mundo sigue girando, porque lo que no he añadido es que, soy mamá de dos hijos estupendos, tengo en mi vida a un hombre al que adoro, tengo una familia que me quiere, tengo amigos que me hacen indispensable y a los que hago necesarios, soy feliz, tengo días buenos y malos, para poder comparar, valorar y aceptar, y sobre todo, para mi ego personal, sigo usando la misma talla que hace diez, con lo cual mi pregunta es ¿por qué tengo que darles el gusto a mis enemigas las dietas de privarme de comer lo que me gusta?. Estoy sana, puedo masticar, saborear, tragar, ingerir... puedo pelar pipas y comerlas, machacar palomitas, disfrutar de una ensalada de marisco, acompañarla de una dorada a la sal... Puedo comer de todo lo que me apetece... En este mundo nuestro hay personas a las que les está negado el pan, que pasan hambre, que mueren por inanición, personas que por enfermedad tienen que alejarse de manjares, personas que económicamente no tienen acceso a alimentos que les gustan... Y yo estoy sana, mi familia está sana, pero resulta que tengo una lucha contra una talla...¡ya me vale...!
Decididamente, una vez aceptado que soy gordita, supongo que he llegado a la conclusión involuntaria de que voy a disfrutar, de que voy a tomarme un helado porque mi cantidad de glucosa aún me lo permite, de que la vida me está regalando tiempo para poder apreciar el sentido del gusto y el olfato y que los dos me hagan sonreír mientras como. Decididamente una talla más no vale la pena, no vale la pena sabiendo como sé que no voy a engordar más, porque la naturaleza, esa que de vez en cuando es sabia, también me regaló el poder de estabilizar mi peso. Y decididamente, lo que sí tengo claro es que no voy a ser más feliz, más mujer, más madre, más amiga, más compañera, por tener una talla menos, simplemente sería una talla más delgada....


(Foto para romper complejos... de vez en cuando la mejor terapia es mostrar que no todo tiene que ser perfecto)