16 jul. 2013

NO DEJES QUE PIENSE QUE TE PIERDO...(poesía)

Cubre de pétalos dorados cada rincón del cuerpo que veneras,
cubre despacio cada centímetro encontrado,
cada pliegue, cada poro y cada huella,
y moja mis labios deseados con la saliva que tu boca segrega,
y ámame tanto que tu alma se canse, se canse tu cuerpo,
se vaya la rutina,
se aleje la nostalgía de no estar entre mis dedos,
la tristeza dulce de la dulce despedida.
Ámame con fuerzas renovadas, con ardiente pasión,
con ganas todas, intactas y rotundas,
con tus oídos escuchando mis palabras,
con tus sombras buscando mis penumbras,
visita mi cuerpo consagrado a tí,
tu altar eterno, tu cáliz escondido,
el manantial de miel que oculto entre mis piernas,
que elabora el néctar para mi Elegido.
Fúndeme entre tu nieve y con tu fuego, moldea mi piel,
haz estallar mis sentidos, que florezcan primaveras,
que los veranos sequen las nieves de los montes,
las aguas de los ríos,
que mi cuerpo sea otoño bajo el tuyo,
hojas volando al viento, golondrinas sin nido,
buscándo soles y calor lejanos, buscando tu cuerpo
tú buscando el mío.
Cúbreme de pétalos de flores, colores mágicos,
tardes de eternos soles, de eternas horas,
de placeres eternos y eternos amores.
Cúbreme de besos, llena mi boca de sabores,
sabores tuyos, los que llevo, los que ansío,
los que recuerdo,
los que busco en el hueco de una almohada,
en la sombra de una duda, en el roce de un deseo.
Cubre mis ojos con tus labios, con tu rostro, con tu cuerpo,
no dejes que los abra nunca,
no dejes que piense que te pierdo.-

VAMOS A ENCONTRAR TESOROS...(limpieza profunda...y sorprendente)

Lo que tiene eso de limpiar a fondo es que, cuando menos esperas, te vas encontrando cosas ajenas, ajenas a tí totalmente, o a tí actualmente, porque claro, si están en tu casa son tuyas. Suele pasar con esas cajas primorosas, que precintas, que colocas en un altillo (lugar en alto, como su nombre indica) o en un trastero. Un buen día decides que es hora de limpiar, de tirar cosas inútiles, y te colocas el disfraz de pirata para descubrir el nuevo mundo... y sus tesoros. Y los míos. Que no tienen desperdicio. Los míos son ya como la canción "¿Dónde están las llaves?", me encuentro de todo... ropa que hace como treinta años que no coloco en mi cuerpo serrano, mayormente porque no quepo, escritos varios (hasta en una tapa de una caja de puros, que ya tenía yo que estar inspirada), unas pulseras rocieras, acompañando a las peinas, claveles y pendientes, todo a juego, azul (mi color favorito) y blanco, con su malla correspondiente, sus mantoncillos y hay algo que todavía no he conseguido saber qué es... Luego salen los recordatorios de Comunión, esos con los que las madres nos devanamos los sesos pensándo cuál será el más bonito, el más útil ¿?, el que más "apaño" haga ¿?... unas preguntas muy lógicas, con unas respuestas bastante absurdas, porque en realidad, ningún regalo de Comunión es útil, ni hace apaño, va a parar a alguna caja en un desván, alguno a la basura, y muchos terminan relegados en no se sabe qué lugares... hasta que se hace limpieza y salen...¡todos!, muñecos, abanicos, alfileres, boligrafos, pisapapeles, abrelatas, llaveros, joyeros, pulseras (sí, pulseras), pendientes (sí, también pendientes)... total, que yo pensaba en que yo escogí como regalo por la Comunión de Martín ceniceros... unos se habrán roto (porque eran de cerámica) y otros, seguramente, están en algún lugar perdido de todas las casas en las que fueron distribuidos, eso sí, con mucho cariño... Después de los regalos de Comunión vienen los recuerdos, yo soy mucho de guardar recuerdos, guardo recuerdos que no recuerdo de dónde son, ni en qué momento los adquirí o conseguí, o quién me los regaló: una flor seca, una caja de cerillas de un hotel, una factura, una entrada de un concierto, una muñeca Caperucita Roja (esto sí, esto es de mis amigos Lolo y Javi por unos Reyes), una sortija (grande), unas braguitas (con perdón, que no sé que hacían ahí, de Bug Bunny), más pendientes, unos paquetitos de jabón de varios hoteles, de varios lugares, una medalla... postales cientos, autógrafos de algún famoso, desde el de Joaquín Sabina en una servilleta de papel, al de Miguel Ríos en una entrada de la Alhambra, pasando por el de Bertín Osborne en una toallita de gafas... Me he encontrado el reloj de mi abuelo, pero ese sí sabía que estaba, igual que sabía que estaba la Cartilla Militar de mi padre, y sus gafas, las últimas... Me he encontrado un mechón de pelo de Martín, el primero que se cortó, y su primer diente, su chupete, su primer babero... Y entonces he sido consciente de que somos recuerdos... Vamos llenando nuestra vida de tesoros que guardamos, para un día, de esos que nos empuja algo hacia la aventura, decidimos conquistar, o reconquistar, o volver a vivir los momentos. Mirar una factura de un hotel, sonreír, cerrar los ojos, revivir lo vivido... o ver ese pañuelo con las iniciales de mi padre, olerlo, volver a su lado, el olor a Brummel... a su piel recién afeitada, cuando yo le decía "Papá, afeitate que pinchas" al besarle... El velo de misa de mi madre, que ella bordó, negro, de tul, con sus florecitas diminutas y sus remates de encaje... Mi vida en una caja... Mil vidas en mil cajas...
Colocadas ordenadamente, para dejarlas, para que alguién, un día, vuelva a abrirlas, y piense, y recuerde y evoque... Encontrar tesoros llenos de magia, llenos de vidas vividas, llenos de momentos que se fueron pero están ahí, entre el cartón de una caja blanca, precintada, ocultos tesoros a ojos ajenos... Mi vida toda, con sus sonrisas y sus lágrimas, sus gritos y sus calmas... Mi vida es un tesoro, guardado, oculto, lleno de pequeños objetos con significado propio, lleno de cosas útiles, necesarias, que por eso están guardadas, para salvarlas de demoliciones de los estados de ánimo... Es muy bonito encontrar tesoros, se trata solo de hacer la prueba, quitar el precinto y recorrer tu vida, lentamente, dándote tiempo y respirando nostalgia...